Memorias de la lucha Sandinista

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Los héroes de El Dulce Nombre

Gregorio Aburto Ortiz


Gregorio de Jesús Aburto Ortiz nace el 8 de mayo de 1955 en la comunidad de El Dulce Nombre de Jesús, comarca situada al noreste del municipio de Jinotepe. Abandonado por su madre, fue criado por sus abuelos Leoncio Aburto Aguilar y Juana María Traña, y por su padre Leovigildo Aburto Traña y su esposa Cándida Brenes.

Estudia hasta cuarto grado en la escuelita de su comunidad y luego tiene que dedicarse a labores agrícolas, pero empeñado en el estudio, ingresa más tarde en la Escuela Nocturna San Martín, en Jinotepe, donde aprobó su primaria, y aprende sastrería, y con el maestro Joaquín Portocarrero, un poco de música. Después de unos años estudia, siempre en las noches, en el Instituto “Alfonso Urroz Martínez”, y logra concluir el segundo año de secundaria.

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Narra Gregorio que El Dulce Nombre de Jesús está compuesta de familias vinculadas a los Aburto, mezclados con Brenes, Calero, Hurtado y Marenco, de tal manera que de una u otra forma todo mundo está emparentado.

Los pobladores de El Dulce Nombre se comprometieron a fondo en la lucha contra la dictadura somocista, y ahí crecieron y se forjaron dos heroicos militantes, Juan Fernando Brenes, “Boanerges”, y Carlos Humberto Aburto, “Tom”, además de otros reconocidos dirigentes populares y combatientes de esos años, como Eddy, Pedro y el propio Gregorio Aburto.

Gregorio nos cuenta: “Carlos Humberto Aburto es hijo de mi tía Sofía Aburto, pero lo crió mi abuela, porque no lo reconoció su papá, quien está vivo y se llama Juan Ruiz. A los hermanos Rommel y Gloria Aburto (quien tenía siete u ocho años cuando mataron a “Tom”), también los cría mi abuela. A Eddy, lo cría mi tía, quien era soltera, y mis abuelitos asumen su paternidad, lo mismo que la de Pedro Aburto, al que le decimos “Rodolfito”, y a quien todo mundo conoce como “Compadrito”, el hijo mayor de mi tía Ramona, quien ya falleció.

Me crío en parte donde mis abuelos porque, cuando mi papá se junta con Cándida Brenes, yo convivía en los dos núcleos, iba a dormir unas veces donde mi papá, o me quedaba con mi abuela.

Cándida era hija de Eduardo Brenes, tío de Juan Fernando Brenes, y por tanto su prima. Por todas esas circunstancias familiares, Juan Fernando, Carlos Humberto Aburto, mi tía Ramona Aburto Cano, y yo, crecemos en una relación muy cercana, y como parte de una sola familia.

Por otro lado, siendo pequeña nuestra comunidad, no había largas distancias, y mi abuelo mantenía la unidad familiar, pues todos los hijos giraban alrededor de mis abuelos, excepto uno, Francisco Aburto, quien era somocista, y que se vino a Managua. Dulce Nombre es una comunidad donde todos nos conocíamos, tanto los viejos como las nuevas generaciones, y eso facilitaba la comunicación.

Otra de las características de esa comunidad, fue la filiación política conservadora. Mi abuelo Leoncio Aburto Aguilar nos contaba que él había combatido con Emiliano Chamorro, y que había resultado lesionado en una de las piernas. Con orgullo nos enseñaba la cicatriz. Mis tíos también habían luchado con ellos. Por esa razón, cada vez que se daban eventos políticos o períodos electorales, mi abuelo y mi tío eran capturados o llegaba la Guardia a requisarlos y presionarlos.

Ahí solo existían tres familias liberales: el Juez de Mesta; la familia que descendía de Joaquín Quintanilla, un músico del lado de El Arroyo, Nandaime, casado con Leticia Palacios Marenco, quien se convierte en el activista político de los liberales; y la familia de Emma Sánchez, donde toditos eran guardias. Con un hijo de esta señora que se llamaba Pablo Sánchez, tuve un problema que luego voy a contar.

Relata Gregorio que siendo niños todos ellos trabajaron por temporadas como obreros agrícolas en la recolección de café. En algún momento también cortaron algodón en Chinandega o café en Bella Vista, en las faldas del Volcán Casita. “Vengo de las clases más desposeídas, pues era un proletario rural, y como obrero viví las situaciones duras del país”.

Después Juan Fernando se independiza, y se va a trabajar al Ingenio San Antonio, donde laboró varios años como pailero: “Cada vez que se daba el cierre de zafra, llegaba a Dulce Nombre y traía dinero de su liquidación, lo que entonces nos parecía un montón, aunque era relativo, porque debido a la explotación, el salario que le pagaban al campesino era miserable. Lo compartía con nosotros porque había una gran hermandad.

En uno de esos años, cuando Juan Fernando llega, nos habla de los primeros contactos que tiene en el Ingenio y comienza a decirme que había que organizarse. Él ya estaba estudiando. Entonces decidimos cavar un refugio de dos metros cuadrados en el solar de mi tía Ramona, con la idea de guardar cosas ahí. Manuel Brenes, entonces esposo de mi tía Ramona, nos ayudó con Daniel, el hijo de mi tía, quien ahora es visitador médico”.

Gregorio explica que por el año 1974 trabajó en Managua en la industria de la construcción, y se emplea en Edificadora de Nicaragua, S.A., que tenía sus oficinas en Linda Vista. Trabaja un tiempo como obrero de la construcción, y luego, aprovechando que tiene segundo año de secundaria, lo colocan como bodeguero en la construcción de las instalaciones del Centro Agrícola Terán (CATERAN), frente a La Prensa, donde conoce a un maestro de obras que se llamaba don Joaquín, con quien comenzaron leyendo y analizando las denuncias contra el somocismo que aparecían publicadas en dicho diario. “Don Joaquín poco a poco me fue concientizando sobre la situación del país y acerca de los derechos de los trabajadores. Era un señor de unos sesenta años, creo que del Partido Socialista Nicaragüense (PSN), porque nos hablaba mucho de los partidos socialistas del mundo”.

Ahí Gregorio se involucra en la lucha sindical, en actividades reivindicativas y en protestas y huelgas por mejoras salariales. Don Joaquín va guiándolo en la comprensión de las luchas, y en un momento llega a hablarle de Carlos Fonseca. En tanto, Gregorio, quien viajaba a El Dulce Nombre, se encontraba con Juan Fernando cada vez que éste venía de Chichigalpa. Recuerda que en una ocasión llevó el libro “La Sagrada Familia” (de Carlos Marx y Federico Engels), y se dieron a la tarea de estudiarlo. Cuando le contó a don Joaquín, éste le ayudó en su comprensión, y le afirmó que esa obra era “la biblia” de los explotados.

Con la tutoría y el apoyo de don Joaquín, Gregorio se fue superando, llegó a ser maestro de obra en la construcción de los edificios del Colegio Madre del Divino Pastor, aprendió a manejar camiones y avanzó políticamente. Para entonces se había juntado con una joven de Dulce Nombre, por lo que se traslada a Jinotepe, donde se emplea como chofer de los camiones repartidores de la Agencia de la Cervecería Victoria.

Gregorio: Por suerte, Antonio Sánchez, Gerente de la Agencia, a quien había conocido en Managua, me apoya y me da el trabajo. Comienzo como ayudante, y ahí me quedo todo el año 1976. Mi trabajo en la Cervecería y los movimientos en las rutas, me permitirán más tarde trabajar como correo del FSLN y realizar otras actividades en todo el departamento.

Para esa fecha, Juan Fernando ya ha convencido a su papá, Lázaro Brenes, a mi papá, mi tía, otro tío que era profesor. Casi toda la familia sabía un poco del asunto, aunque mi tía era muy temerosa, y nos decía: – vean hijos, los van a fregar, no se metan a eso. Me refiero a Berta Aburto, quien comenzó a ser la jefa de la familia, después que mueren mi abuelita, mi abuelo y mi tío en el lapso de año y medio, y luego que, en julio de 1977, también muere mi papá.

En una de esas llega Juan Fernando Brenes, nos platica que con los riales que trae de la zafra, va a comprar unas armas, y compró cuatro revólveres. Ahí sí nos sirvió el hoyo que habíamos hecho años antes, lo forramos con madera y los fuimos a meter ahí.

Para entonces Juan Fernando ya está totalmente organizado, y él ya nos orienta que hay que organizar Carazo, nos dice que había que organizarnos para luchar hasta derrocar al gobierno, él ya nos plantea clarito todo esto.

Pedro hace contacto con Agustín Lara y lo lleva a la casa. No sé cómo después se da un encuentro entre Juan Fernando Brenes y Agustín Lara, y después éste aparece en la casa de nosotros, que ya es su casa de seguridad.

Nota de Mónica: No pudimos terminar de aclarar este punto con Gregorio, porque la entrevista fue realizada cuando ya los materiales debían entrar a la imprenta, y no quedaba tiempo. Pero Agustín Lara afirma que la primera persona de Dulce Nombre con quien contacta, es con Carlos Humberto Aburto, y él recluta a Juan Fernando y a Pedro “Rodolfito”. Con éste realizan una operación de ajusticiamiento a finales del año 1975. Para entonces Carlos Humberto tendría diecinueve años, Gregorio, dieciocho y Juan Fernando, veintidós. No es remoto que antes de conectarse con Agustín, Juan Fernando hubiese tenido contacto con otros sandinistas en el Ingenio San Antonio (ISA), pues para esas fechas había células sandinistas ahí. Lo cierto es que Juan Fernando realiza su militancia y se despliega en toda su calidad en Carazo, por medio de vínculos orgánicos con la estructura del FSLN en este departamento.

***


La fuerza de los vínculos familiares


Gregorio: La incorporación de toda la familia fue rapidísima. A partir de ahí, quedamos en actividades distintas: una rama militar y una rama política. Eddy y Carlos Humberto Aburto, en la parte político-organizativa; y Juan Fernando Brenes, “Rodolfito” y yo, en la parte un poco más militar. Así que comenzamos a organizar y reclutar gente. Nos trasladamos al Rosario, vecino de Dulce Nombre, y ahí se organizó una célula, se reclutó a Segundo Ramos Mendoza, quien llegó a ser Mayor del Ejército. Eran unos doce compañeros en El Rosario. En 1978 a Segundo lo captura la Guardia, le apean los dientes, y todas esas cosas…

En la comunidad hablamos con Demetria Angélica Lezama, vecina de nosotros, pues en su casa quedaba solo su hijo Norberto, para que diera dónde dormir a determinadas personas. Así es que llega Agustín Lara a esa casa, que después se convierte en casa de seguridad de muchos otros. La casa de nosotros se transforma como en un comando central donde después llegaron Fernando Caldera, Nadine Lacayo y Flor Monterrey, “La Ronca”; además de Noel Escobar y Leonel Espinoza, “El Conejo”, en la parte final. Angélica se convierte en “La Abuela”, de Dulce Nombre, así le decían.

La casa de nosotros es como un centro de operaciones de donde se salía para otras partes, y comenzó a irradiarse. Como le decía, ahí jugó mucho el vínculo familiar. La mamá de Pedro vivía con su marido en El Aguacate, entonces ahí también organizamos una célula, incluso colaboró Danilo Silva, el cuñado de Pedro.

Para que vea como era la cosa: el tío que trabajaba con el gobierno de Somoza, había vivido con Luisa Calero en Los Mameyes, Jinotepe. Después se dejaron, pero mi papá mantuvo vínculo con ella y con todos los Caleros, entonces reclutamos a Luisa, y a su familia y con ellos armamos la red en ese barrio.

En Villa Madre Proletaria vivía una prima, Paula Aburto, hija de mi tía Berta, y también se le recluta. Paula era casada con Juan López, a quien lo mató la Contra en la zona norte. Él trabajaba en la Seguridad del Estado. Su casa se convierte en casa de seguridad en la Villa Madre Proletaria. Carlos Humberto Aburto, quien estaba a cargo de la parte política, recluta a otra gente. Nosotros, Pedro, Juan Fernando y yo, nos quedábamos en las acciones militares.

Así nos volamos todo 1977. Sigo trabajando en la Cervecería Victoria, lo cual era muy importante, porque recorría todo el departamento de Carazo y llegaba hasta Catarina. En ese tiempo conocía a todo el mundo, desde mi función de repartidor de la Victoria en todas las cantinas y todas las pulperías en Masatepe, San José de Masatepe y Niquinohomo. Andaba en todas las fiestas patronales, y eso nos ayudaba en la operatividad.

En 1977 ya nos considerábamos organizados, estábamos en labores de recuperación de armas, comenzando con las que les quitábamos a los cafetaleros: escopetas y rifles 22. Operábamos encapuchados. Ese año comenzaron los primeros entrenamientos. La estructura la dirigía Juan Fernando Brenes.

Sabíamos, aunque nunca tuvimos contacto, que Yico Sánchez estaba metido porque la mamá de Pedro tiene una finca vecina a la de él, en El Aguacate. Ahí se entrenaba una gente. Nosotros agarramos del camino para arriba, por una quebrada donde hay una cueva enorme, y la utilizábamos como escuela de entrenamiento, incluso llegó gente de Diriamba. Nos movíamos como si íbamos a cazar y hasta llevábamos perros, y efectivamente, si podíamos, cazábamos.

En eso colaboró Danilo Silva, el cuñado de Pedro Aburto, quien en una carreta, escondidas entre frijoles, trasladaba las armas que utilizábamos en las prácticas en esa escuela. El entrenamiento nos lo daba Juan Fernando, quien había salido en marzo de 1977 a Cuba, a un curso de tres meses. Salió por Honduras a México, y luego a La Habana, y cuando regresó, vino fachenteando de que era ingeniero militar.

Mónica: Tengo información de que Juan Fernando participó en un asalto al BANIC en Managua, en agosto de 1977.

Gregorio: Sí, mi tía Berta es quien traslada la plata de ese asalto. Pasó por donde estaba la Guardia, con una canasta de plástico, de esas tejidas, el dinero abajo y frijoles encima.

Cuando Juan Fernando regresó de Cuba, se volvió más estricto en cuanto a seguridad, y tomaba medidas de compartimentación. Las estructuras se volvieron más conspirativas. Ya teníamos bastante gente reclutada alrededor de Dulce Nombre.

Se estableció otra escuela de entrenamiento en una quebrada de una comunidad que se llama El Panamá, municipio de El Rosario, con acceso por Dulce Nombre. Ahí se reclutó a una familia Brenes, hijos de Telésforo Brenes, parientes del papá de Juan Fernando. Hacíamos las prácticas en una convergencia de dos quebradas.

Voy a contar el problema que tuve con Pablo Sánchez. Como él había sido Guardia, pero se había salido, yo lo miraba bien, porque pensaba que no estaba de acuerdo con el régimen. Así que lo recomendé en la Cervecería y él pasó a trabajar como ayudante en mi camión.

Para abril de 1978, en Semana Santa, bebiendo guaro en unos billares, empezamos una discusión política, y comenzó a hacer alarde de su participación en la EEBI, de cómo agarraban a los campesinos y cómo violaban a las mujeres en el norte, donde él había andado. Yo, picado, lo malmato, y comienzo a decir: que el fin de la dictadura está cerca y cosas parecidas, y lo estoy diciendo en una cantina llamada “El Zorro”, propiedad de unos orejas, en El Rosario. Después le tiro una bicicleta encima y le apeo los dientes al hombre.

Cuando le platico esto a Juan Fernando, recomienda que me vaya, pues lo más seguro es que el tipo va a ir a denunciarme. Mi amigo Antonio Sánchez, Gerente de la Cervecería en Carazo, me sugiere que me vaya a Matagalpa, y me recomienda con Francisco Cárdenas, originario de Jinotepe, y Gerente de la Cervecería en ese departamento. Evidentemente, él simpatizaba, porque le expliqué todo lo sucedido.

Francisco me recibe, pero me dice que no tiene plaza en ese momento, y me recomienda con Alfonso Dávila, Comandante del Cuerpo de Bomberos de Matagalpa. Después entendí que este señor había hablado a Francisco y que ellos eran colaboradores del FSLN. Don Alfonso me lleva a su casa en el Barrio Molagüina.


Combatiendo en Matagalpa

Después que nos identificamos, me puso en contacto con la familia Amador Gallegos. Me dieron misiones: una de ellas fue hacer un reconocimiento por la fábrica de leche en polvo PROLACSA. Luego, de correo, y otras misiones, como para probarme. Después, ya cerca de la insurrección, me dan la tarea, con un muchacho que se llamaba Reynaldo, de ir a recuperar las armas de los guardas del Banco Caley Dagnall. Ahí recuperamos escopetas, unos rifles 22 y hasta una pistola 3.80, que me la dejaron a mí, y con ella participé en la insurrección.

En la insurrección de agosto de 1978, tuvimos un enfrentamiento con una tanqueta. Veníamos detrás de una pala mecánica, cuando la EEBI llegó. Hubo varios heridos y muertos, se nos agotaron las municiones. Había una esperanza, pues nos decían que de Estelí nos iba a llegar armamento, y nunca llegó nada. Después dan la orden de que nos retiremos, que esto no es la insurrección final.

La cosa es que nos toca retirarnos y salimos precisamente por Molagüina, y nos internamos al monte. Era demasiada gente la que se pegó después, por lo que era imposible no dejar rastros. No conocíamos muy bien, y nos dieron la misión de cuidar a unos heridos. Por esa misión nos fuimos quedando atrás de la columna, y en esa ruta para la montaña la Guardia nos captura a Reynaldo y a mí. A los heridos los matan ahí mismo. Nos meten en el Comando enchachados y vendados. Seguro que esperaban que habláramos entre nosotros, pero no platicábamos nada. Oíamos otras voces. Estuve como ocho o diez días preso, nos torturaban para que dijéramos quiénes eran los jefes, cuál era la estructura del Frente.

Por suerte andaba en la cartera la carta que me había dado Antonio Sánchez para Francisco Cárdenas. Además, días antes don Alfonso y los Amador me habían orientado ir al Comando a buscar a un Capitán de la Guardia que era dueño de taxis en Matagalpa, con el cuento de que no tenía trabajo.

Eso era una fachada, para ver qué había dentro del Comando. Fui dos o tres veces a buscar al Capitán para que me diera trabajo de taxista. Había hablado con algunos guardias, nunca con él, y les enseñaba la carta que me habían dado y toda chochada, entonces, cuando me meten preso, me cierro en que llegué ahí porque iba a buscar trabajo a la Cervecería Victoria, y como no me dieron, llegaba a buscar al Capitán, creo que era Martínez, y que éste no me había resuelto, que no era sandinista, que nada tenía que ver y que me habían llevado a la fuerza y me obligaron a cargar a unos heridos. Yo construí mi historia. Les dije que no conocía a nadie de ahí, que estaba viviendo donde don Alfonso porque me lo habían recomendado como una persona seria, y es Comandante del Benemérito Cuerpo de Bomberos.

No supe qué dijo Reynaldo, la cosa es que un día me dejan libre como a las diez de la noche. Me quedo en los alrededores del Comando porque tenía miedo de que me mataran, y dormí en el Parque Central, hasta que amaneció me fui donde don Alfonso.

Como a los dos días apareció Reynaldo: –¡Idiay jodido!, ¿estás vivo?, ¿te asustaron?, ¡no jodás! –Sí hombre –le digo, ¡no jodás! –Y vos, ¿qué dijiste?, ¿qué te preguntaron? ¿Acaso firmaste para colaborar con ellos para que te soltaran?, – pregunta Reynaldo. –No hombre, yo me cerré en esto y esto. Entonces me confiesa Reynaldo. –Yo tuve que firmar el compromiso de que iba a colaborar con ellos para que me soltaran, pero ya me voy a ir a buscar mi contacto y me voy a la mierda.

A partir de ahí, la Guardia pasaba con frecuencia por la casa de don Alfonso, entonces no tengo más alternativa que venirme a Jinotepe. Ahí me di cuenta que Pablo Sánchez, el hombre al que había golpeado, no me denunció, y más bien llegó a donde mi mujer y me mandó un mensaje en el que me pedía perdón, y afirmó que no me denunciaría. Así regresé a Dulce Nombre, después de la insurrección de 1978. Por eso no participé en la de Diriamba.

Eddy y Carlos Humberto me ponen al tanto de lo político, de la formación de la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC), pues en Dulce Nombre también se organizó, y se puso al señor Juan Cordero, ya fallecido, de Jefe del Comité, a su entenado, Fener, y a su hijo Silvio Cordero. Juan Fernando me agarra como su ejecutivo militar para todas las acciones. Para entonces, Juan Fernando tiene más armas y me entrega un fusil FAL. Yo estaba fachento después de andar con rifles 22, pistolitas y escopeta. Con un FAL me sentía Rambo pues… Había una UZI y otras armas, y como no estuve en esa etapa, no sé cómo las consiguió, y no me dio por preguntar detalles, lo importante es que había armas.

De entre los colaboradores más firmes de esta etapa, recuerdo a Antonio Conrado, “Toño Ñato”, quien tenía una finca en La Conquista que Juan Fernando Brenes se la solicitó para hacer entrenamientos, y como fachada pusieron como cuidador a mi tío Manuel Brenes y a su esposa mi tía Ramona. Toño Ñato construyó una represita para tener la mampara de que íbamos a bañarnos, pero en realidad eran prácticas y entrenamientos guerrilleros.

En la lucha en Carazo nos involucramos por familias. Por ejemplo, toda la familia Calero (Juan, su sobrino William, la Luisa, Agustín) y también hubo una relación familiar de los Aburto con ellos. Esas familias eran bastiones del sandinismo.

En La Sabanita, todos los que estaban integrados a la lucha eran familiares de los Calero, los Calero Galán y los Calero Moraga, todos emparentados. Lógicamente uno tenía miedo de ir a plantear algo delicado a alguien que no fuera de tu familia, y eso ayudó mucho.

La célula de La Sabanita tenía un radio de acción extenso: Masatepe, La Concha, San Juan de la Concha, San José de Masatepe y Pio XII, que es donde estaba la Francisca Moraga “Maritza”, Daysi Galán Calero, Juan Dávila y un hermano de la Daysi Galán.

Si te vas para El Cacao, ahí todos son Cortez. Ahí estaba la Escuadra “Chico López”, y también había una unidad más urbana, la Escuadra “Mauricio Duarte”, y después nos unimos toditos.

Mónica: Había una escuadrita de los Proletarios, la “Leonardo López”, que operaba en El Cacao y se junta con la “Chico López” para el ataque a Santa Teresa y luego a la Hacienda San Martín.

Gregorio: A propósito, antes de ese ataque Juan Fernando Brenes me manda a recorrer toda la ruta. Paso por El Jabillo y voy anotando todos los datos de la ruta, de quiénes podrían ser los informantes de Cornelio Hüeck. Anoté que en El Abejonal, en la parte norte de la propiedad, había una casa hacienda habitada por una familia de apellido Narváez, que mantenía el control a la entrada de San Martín. Cornelio tenía un control férreo, no permitía que nadie entrara a cazar, aunque había muchos venados. En mi reporte informé que tenían un radio para comunicación. Estoy seguro que el día del ataque, los de esa familia fueron los que avisaron desde la entrada, sobre el bus donde iban los combatientes, y que no se paró, y por eso ya los estaban esperando.

Seguimos realizando todo tipo de acciones. En este periodo recluto a mi mujer, me la llevo a la casa de mis abuelos, pues para entonces también mi papá ha muerto, y así nos acercamos a la insurrección final.


Captura y asesinato de Carlos Humberto Aburto “Tom”

Nos dicen que tenemos que prepararnos. Cuando se da el ataque a Santa Teresa, en el que no participo, se dejaron unas armas enterradas en unos cañales. Ese ataque fue en mayo. El 27 de mayo Carlos Humberto se desaparece, no regresa a la casa. Yo lo había rasurado días antes, porque por la palmazón nosotros mismos nos cortábamos el pelo.

No recuerdo si fue Flor de María, la Nadine o una muchacha de Diriamba que vive frente a donde fue El Diriangén, quien llega a decirnos que la Guardia agarró a Carlos Humberto Aburto, del Reloj dos cuadras al sur, y que desde que lo echaron preso le pegaron un culatazo que le había partido la frente, que una señora lo había delatado y que, además, él iba trasladando una granada y una pistola 45 en el momento en que lo agarraron.

En eso estábamos, con la noticia de “Tom”, cuando el 29 de mayo Juan Fernando nos dice que vayamos a trasladar a Dulce Nombre las armas que habían quedado enterradas a la orilla de Santa Teresa. Con “Rodolfito” salgo por veredas, porque sobre la carretera estaban los tranques de la Guardia, llevábamos solo una bayoneta, nada más. Cuando llegamos a los cafetales de Las Marías, sentimos un tufo fuerte, entonces le comento a “Rodolfito”, debe ser de un animal muy grande, pero como en los cafetales lo que hay son zorros, nos da curiosidad. ¡Busquemos! Nos agachamos para ver por abajo, y como a unos veinte metros miramos un túmulo de basura. Al acercarnos vemos que en un palo de Guanacaste estaban unos zopilotes. Apartamos unas hojas y de repente apareció una parte de un cuerpo humano. ¡A la puta, una persona muerta, saquémosla! Comenzamos a sacarla y cuando lo desenterramos vemos que es Carlos Humberto.

Mónica: Gregorio se emociona profundamente al recordar, treinta y tres años después, cómo encontraron a su hermano, con quien se crió desde niño, su compinche de juegos y aventuras, buscando sapitos en las quebradas o cortando frutas en los árboles, jugando rayuela, chibolas, arriba, o a las escondidas. Su compañero en las labores agrícolas, en los cortes de café, en los algodonales, cómplices cuando ya hablaban de chavalas, y más luego su camarada revolucionario.

Gregorio: Me acuerdo que nos quedamos viendo, y comenzamos a llorar, pero no hablamos, nos quedamos en silencio mucho tiempo, y no hallábamos qué hacer. Sentí que pasó como una hora, ya estaba oscureciendo, entonces le digo: ¡Hombre, enterrémoslo para que no se lo coman los zopilotes! Entonces comenzamos a cavar con la bayoneta nada más, se nos llagaron las manos, y cavamos solo un poquito, sólo para que no se lo comieran los zopilotes. Serían las nueve de la noche cuando nos retiramos, seguimos la ruta, pero ya no nos hablamos en todo el camino.

Mónica: ¡Qué terrible experiencia! Tengo entendido que lo torturaron. ¿Qué notaron ustedes?

Gregorio: Sí, no tenía los ojos, no tenía las uñas, los dedos de las manos los tenía totalmente quebrados, no tenía los testículos, en la espalda lo habían rayado todito, con cuchillazos, al igual que el estómago, los dedos de los pies se los habían machacado, estaban en hilitos. Murió por las torturas, porque no tenía balazos, y lo fueron a botar ahí.

Después nos fuimos a traer las armas, las sacamos y nos trasladamos a Dulce Nombre. No hallábamos cómo decirle a mi tío y cómo decirle al resto de la familia, porque también había que cuidarse ya que de seguro iban a caer sobre nosotros. Pero a la vez confiábamos que si el murió era porque no había dicho nada.

A partir de ahí de todo el mundo está preparado y decido para la insurrección final.


Ataque a Jinotepe el 7 de junio

Cuando se va a atacar Jinotepe el 7 de junio, me toca ir en la escuadra de Juan Fernando, y el Estado Mayor nos designa cubrir la ruta de ingreso de la Guardia que viene de Las Esquinas, San Marcos y de El Porvenir, porque nosotros teníamos mejor armamento y experiencia, nos dijeron. Nos mandaron al Beneficio Santa Rosa para atacar el Comando desde ahí, y a la vez servir de contención a los refuerzos que de seguro iban a llegar cuando se entablara el combate.

Ahí estaba Juan Fernando, todos los comandos nos reunimos en una quebrada que está detrás de la Villa Madre Proletaria, en una casa hacienda. Estaba lloviendo, pues fue un invierno fuerte.

Mónica: Otros entrevistados comentaron que ese fue un factor negativo. Todo mundo empapado y las armas se enconchaban.

Gregorio: Fue horrible, pasamos toda la noche remojados y las armas también. Todo mundo temblaba, ya no aguantábamos el frío, llegamos cerca de las cinco de la mañana, y entramos todos juntos por el Instituto “Juan José Rodríguez”. A partir de ahí, se dispersaron las columnas, cada una con sus orientaciones precisas. Nosotros teníamos que pasar frente al Comando GN para ir a ubicarnos a nuestra posición. Como yo era chofer, agarro una camioneta Datsun que tenía un camper, de un señor que vive frente al Instituto, y se monta toda la escuadra. Juan Fernando va a la par mía, que voy manejando.

Íbamos diez, según pensaba en ese momento, todos bien armados, pero en realidad solo eran dos FAL, el de Juan Fernando y el mío, una subametralladora UZI, y el resto con escopetas de mazorca y fusilería menor. Vamos con las armas abajo, y pasamos de mañanita propiamente por el Comando, a salir a la Carretera a San Marcos. Todos van de pie como si fueran trabajadores. Dejamos la camioneta por donde hoy es Hertylandia, y desde ahí regresamos a pie por los cafetales y nos ubicamos.

Comienza el combate contra los guardias que están en Santa Rosa, estamos combatiendo allí mientras escuchábamos que en el otro lado el combate está fuertísimo. En eso viene el refuerzo, primero tres jeep BECAT y después dos camiones. Comenzamos a atacar los camiones, pero nos superaron, y a Juan Fernando el arma no le funciona, entonces quedamos solo con un FAL, la UZI, las escopetas y fusilería menor. No había manera de enfrentar a semejante refuerzo.

Juan Fernando nos dice, retirémonos porque son superiores, pero además, ya escuchábamos que los disparos de los otros grupos no estaban hacia el Comando de la Guardia, los oíamos por el Parque. Esos van en retirada, dice Juan Fernando, retirémonos porque nos están superando. Nos retiramos por los cafetales y llegamos a la casa de Carlos Porras, casi frente a Hertylandia. Nos metemos y estaba la mamá y toda la familia, está Carlitos Porras, miembro del Frente Sandinista, y Juan Fernando le dice, ¡prestanos un comal! Y comenzamos, fíjese qué estupidez, estamos en una zona llena de guardias, muy cerca del Comando, cerca de El Porvenir, entonces base de la EEBI, y Juan Fernando nos pone en la orilla a calentar los tiros en un comal, porque estaban muy húmedos, y por eso se le enconchaba el arma.

Carlitos nos decía. No hagan esa babosada aquí, van a matar a mi mamá… ¡no hombre! Y la Guardia pasando de aquí para acá y nosotros calentando los tiros ahí. Como la Guardia ya está tendida, no podemos pasar de regreso, entonces tomamos por detrás de Hertylandia, damos vuelta, y llegamos al Dulce Nombre, que está hacia El Rosario.

Nos quedamos una noche en los cafetales de unos tíos míos, y después, rodeando Jinotepe, llegamos a Güisquiliapa, donde nos encontramos con las columnas que se habían retirado para ahí. Fue una especie de repliegue de Jinotepe a Güisquiliapa, y luego rodeamos ese pobladito y nos reagrupamos en otra hacienda, y ahí nos asentamos unos dos o tres días. Como Diriamba se había atacado simultáneamente, pero también tuvieron que retirarse, la orden era que debíamos reagruparnos para concentrarnos todos sobre un punto, de lo contrario no íbamos a poder tomarnos ni Jinotepe ni Diriamba.


La emboscada de Cuastoma

Salimos sobre unas quebradas, pasamos una noche en el depósito de la Cervecería Victoria, y llegamos a Dolores. A las 4:00 de la mañana del 11 de junio, hacemos la emboscada de Cuastoma.

Ahí se da un combate donde los guardias nos superaron en fuerza y en armas, pero resistimos unas dos horas. El que está de primero en la formación de la emboscada, es Fernando Samqui, después está Juan Fernando Brenes, “Rodolfito”, y yo, después, otro primo mío que se llama Martín Aburto. Éramos muchos, casi ochenta combatientes, pero la Guardia nos supera en armamento, tenía dos ametralladoras, una 30 y una 50, que arrasaban los palos de café (ahora son casas).

Juan Fernando dice que él no tiene ángulo de tiro, que necesita cambiar de posición hacia adelante, “Rodolfito” le dice: ¡no te movás, no te movás!, pero él no hace caso y se pone de pie, y lo pegan. Un balazo en el costado le desprende un pedazo de carne y se le miraba un pulmón. Entonces nos dan la orden de retirarnos, porque además, estaba el peligro de que la Guardia entrara por un camino que había por detrás, y nos cercara.

Cuando dicen que nos retiremos, Fernando Samqui ya está pegado, y él dice que no puede caminar ni seguir, que él va a cubrir la retirada, que nos vayamos nosotros, y nos vamos cargando a Juan Fernando Brenes.

Recuerdo que la Daysi Galán Calero, del grupo de combatientes de Las Sabanitas, andaba con la menstruación, y un poco enferma, y cuando vio a Juan Fernando con un pulmón de fuera, se desmayó, y Lenín Vázquez la sacó casi a rastras del área del combate.

Quiero hacer el paréntesis de que cuando se da la insurrección final, los combatientes de La Concha se trasladan para a combatir con nosotros los de las comunidades de La Sabanita, El Pochote, toda las familias de los Calero, de los Moraga, la Chica Moraga, una gran combatiente. Nos retiramos con el herido a buscar una casa de seguridad que no sé si era propiedad de don Cándido Esteban y que está sobre el camino que va para El Ojochal y Cañas Blancas, donde hay una quebrada. La columna se queda en la quebrada y Cándido Esteban manda a su hijo a llamar al Dr. Óscar Acevedo, para que llegue a ver a Juan Fernando.

Acevedo llega en una camionetita y con una ambulancia de la Cruz Roja, lo valora y dice que el hombre se puede curar, pero ahí no, que hay que correr el riesgo de irlo a internar al Hospital, con alguna fachada. Le cambiamos ropa, lo lavamos bien. Él medio podía hablar, y me dijo: –“¡Chivo” –así me decía, no quiero ir, porque me van a matar. –No hombre, vos vas a decir esto y esto, que sos trabajador de CONARCA (Comisión Nacional contra la Roya del Café) y que vos venías a esa hora precisamente porque ibas a trabajar, y que en el fuego cruzado que tenían ahí, te jodieron a vos. Esa fue la leyenda que se hizo. Un sobrino de don Cándido Esteban trabajaba ahí y tenía una identificación de CONARCA, entonces le borramos un poco la foto, la mojamos para que se viera como que se había dañado por la lluvia, y así el doctor Óscar Acevedo se lleva a Juan Fernando al Hospital. Los resultados los sabemos: la Guardia lo llegó a sacar y lo asesinó.

“Rodolfito” andaba muy enfermo, con paludismo, se andaba desmayando, y se va para El Aguacate a recuperarse. Nosotros nos reintegramos a la columna y nos dirigen a fortalecer la toma de Diriamba.

Quiero contar una anécdota sobre la emboscada de Cuastoma. En la Guardia está un muchacho que se llama Joaquín Calero Aburto, de Dulce Nombre también, pero ese se había metido a la Oficina de Seguridad Nacional (OSN). Trabajaba en la Radio Ondas del Sur, y ahí lo reclutaron, se hizo Guardia y se volvió malo.

La cosa es que en medio de la emboscada, lo tenemos de frente, y cuando él mira que nosotros estamos combatiendo, se hinca en la carretera pidiéndonos clemencia, y entonces no lo puedo matar para serle franco. Se me cruzó un torozón, él me pide perdón, y me dice: –No me matés. –Si no querés que te mate, cruzate con nosotros pues, –le digo. –Pero no, me matan los guardias –me decía él. Y nos estamos hablando como a unos diez metros de distancia, de la carretera al cerco, la cosa es que no se cruza, y le digo a “Rodolfito”, –yo no puedo matarlo, matalo vos”, –le digo. “Rodolfito” tampoco lo puede matar, entonces llamamos al otro primo de nosotros, Martin Aburto, “Isidoro”. –Matalo vos, pues, pero tampoco puede.

La cosa es que no lo matamos. Mire lo que nos costó eso. Pasa el combate y Joaquín Calero Aburto se va para El Dulce Nombre, levanta a toda mi familia, a mi tía, las hijas de mi tía y se las lleva presas. A mi tía la malmatan, quedó con la razón perdida por seis meses, y a mis primas, las hijas de mi tía, las violaron a toditas, y las tuvieron presas en San Marcos. Salieron hasta que triunfamos.

Mónica: Las mujeres capturadas por lo general fueron violadas. Me lo he encontrado con gran frecuencia en los testimonios que he recogido en Carazo. Lamentablemente las mujeres no quieren hablar de eso.

Me comentaba “Chamorrón” que ahí en Cuastoma le hicieron seis bajas a la Guardia, y que un miliciano se atrevió a recuperar un Galil.

Gregorio: Efectivamente, un chavalo recupera un Galil, porque existía el concepto de que para andar un arma, había que ganársela. Entonces el cipote se atrevió a traer el Galil y después, si mal no recuerdo, se lo quita Lenin Vásquez, esa es la verdad, y le dan otra arma al chavalo, y él ya se quedó con nosotros.


Los combates en Diriamba

Después de varios intentos de toma, se dio el repliegue a San Gregorio, y después me pasaron a la Unidad Móvil Táctica de Combate, que era una unidad de avanzada y de ataque. En la escuadra táctica había quedado Moisés Ticay, otro compañero que también ya murió que se llamaba Wilfredo, “El Grillo”, y un combatiente que le decían “La Guachana”.

En una de las ofensivas de la Guardia en Diriamba, hieren a Negdalí López, de la Escuadra “Mauricio Duarte”. Estábamos descansando después de un combate, todo mundo limpiaba su arma cuando llegó la tanqueta y desbarató la casa a puros tanquetazos. La Guardia nos tiene rodeados, y le pegan un balazo de Garand a Negdalí, por suerte no le toca nada vital. También habían herido al que le dicen “El Turco”, de Jinotepe, un balazo le desbarata un brazo. Los dos fueron trasladados a El Cacao a curarse.

Los ataques más duros de la insurrección final en Diriamba fueron por la Iglesia San José, que era un punto de elevación donde la Guardia se hizo fuerte. Ahí estaban “Los Colochos”, y les digo: –cúbranme, voy a atacar una casa donde están los guardias. Se quedan cubriéndome y la Guardia sale y se mete a otra casa, le digo a Juan Dávila que esperemos, mi idea era pegarle fuego a la casa. él no me hace caso, y ahí lo matan.

A estas alturas logramos tomarnos todo Diriamba, y aunque el Comando lo mantenía la Guardia, nosotros teníamos el control del casco urbano.

Después de la liberación de Diriamba nos encargaban el cuido de la bajada de los aviones que traen armas y municiones. Participo en el traslado a Masaya de esas armas. También fuimos a atacar el Comando GN de Las Esquinas, ahí venía “Chamorrón” y Noel Escobar. La Guardia tenía una muralla enorme ahí. Un combatiente de Diriamba al que le decían “Zapoyol”, les está gritando –¡ríndanse hijueputas! Y los guardias le contestaban: – ¡Ajá Zapoyol hijueputa, ya sabemos quién sos, te vamos a llegar a matar, le decían. – ¡Tu madre hijodelagranp!, ¡aquí te va tu son, Chabela!, respondía el Zapoyol y disparaba un Garand.

Me orientan subirme a la tapia para ver si puedo entrar al Comando, intento subir y no puedo, entonces la Guardia tiró dos granadas de fragmentación y una me cae cerca. La onda expansiva me dejó sin fuerza, yo quería hablar, quería moverme, quería hacer cualquier cosa, y no pude, entonces “Chamorrón” me jaló y me llevó, no sé cuánto tiempo pasaría, sentí que pasó una eternidad, no reaccionaba y me dolía todito. Ahí también pegaron en la cabeza a Noel Escobar, pero parece que era un fragmento del pavimento, pero en un primer momento creíamos que lo habían matado.


Lourdes Guzmán Bolaños “Patricia”

Cuando ya nos tomamos Diriamba, estamos en la reorganización y se adoptan medidas para defender la ciudad. La Unidad Táctica está acuartelada, mientras se está dando toda la organización. Como la Guardia de Jinotepe nos podía atacar, se arma una escuadra de exploración de la Unidad Táctica y sale por un camino hacia Dolores.

Enfrente de la empresa Santa Cecilia, que era de Rodríguez Blen, la Guardia está emboscada, y la escuadra de exploración cae en ella. Ahí sale herida la “Patricia”, creen que está muerta y la dejan ahí en unos cafetales. Cuando se da el combate, nos sacan para ir a repeler a la Guardia.

Después se nos dice que hay que ir a recuperar el cuerpo de “Patricia” y me mandan como parte de la Escuadra Táctica, y cuando llegamos oímos un ruido como el de un animal, y era ella, que estaba respirando por la tráquea. Estaba lloviendo y unos cerdos estaban a la orilla de ella, como queriéndosela comer. La sacamos de ahí y logra salir viva de la guerra. Esa es la historia de la “Patricia”, una mujer blanca, hermosísima, y según me han dicho, muy valiente.

Nota de Mónica: Lourdes Auxiliadora Guzmán Bolaños tiene una heroica trayectoria de lucha particularmente en Masaya. Fue trasladada a Carazo en 1979, y herida el 28 de junio. Sufrió heridas en el cuello, tráquea, pecho y brazo. Sobrevivió pero quedó sin voz el resto de su breve vida, porque nunca se recuperó totalmente, y murió el 19 de septiembre de 1985. Datos de su biografía están en el tomo III de “Memorias de la Lucha Sandinista”, Capítulo XI "Las mujeres en la lucha sandinista", Relato "La participacion de las mujeres: Recuento historico", página 25.

***

Gregorio: Después se nos dice que se va a atacar Jinotepe y que las columnas de Carazo atacarían Las Esquinas, San Marcos, Masatepe y otras localidades, y que la gente que vino de El Repliegue, con mayor experiencia y mejor armamento, iba a atacar Jinotepe. Entonces en un colegio que está a la salida de Diriamba para Jinotepe, creo que es el Divino Pastor, nos reunieron y nos asignaron en las distintas unidades de la Columna con la que llega Cabrales, llega usted y llegan todos los del Frente Interno. Orientan que en cada Escuadra, vayan uno o dos combatientes de Jinotepe, como baquianos, como conocedores del terreno que éramos.

Me corresponde entrar propiamente sobre la carretera. La otra escuadra viene por El Chorizo, un camino paralelo que sale al Cuerpo de Bomberos. Nos correspondía atacar primero el puesto de agua de ENACAL, donde había una casita de dos pisos en la que estaba la Guardia. Teníamos que entrar por detrás, o sea de frente al Parque. Se nos indica además, que el fuego debía comenzar por donde nosotros, y seguir en los otros puntos, de modo que se diera la imagen de que Jinotepe estaba rodeada. Entonces primero íbamos a disparar nosotros a las cinco de la mañana, después el otro, después el otro y así hasta que cerrara el último, como un efecto psicológico para que la Guardia se desmoralizara, y efectivamente así fue.

El sonido de las armas se dio… pra-para-para-para, hasta que dio vuelta a todo Jinotepe. En solo la entrada nos matan a un compañero de los del Repliegue que llevaba una ametralladora 30. Le pegaron un balazo que le atravesó un casco que llevaba en la cabeza. Logramos abatir a los que están en la casita de dos pisos y a los guardias que estaban en el Cuerpo de Bomberos, a los que les tiramos dos rocketazos.

Diego Contreras, un flaquito de Diriamba, andaba los rockets en una mochila en la espalda. Estamos todos tendidos atacando el Cuerpo de Bomberos, y el diaverga se levanta, nos hace señas, y se va a ver en qué piso está la Guardia, llega hasta la orilla con los rockets en la espalda, nos señala dónde están los guardias y se regresa. ¡Jueputa!, ¡si te pegan un balazo nos vamos todos aquí, no jodás!

Mónica: Diego Contreras era del Partido Socialista y después se organizó con el Frente Sandinista. Es hermano de Félix.

Gregorio: Es correcto, también era socialista este Dieguito jodido. En esos edificios aún se ven las reparaciones de los hoyos que hicimos con los rockets y las balas.


Herido en la toma de Jinotepe

Por la tardecita nos dirigimos a atacar el Comando, pero la Guardia está bien posicionada ahí y en los alrededores. Detrás había unos patios para secar café con unos muros bajos de piedra detrás de los cuales estaban los guardias, y no los vimos, estaban bien tendidos. Eso fue el cuatro de junio a las cinco de la tarde.

Estábamos Juan Terencio Cortez, “Juan GPP”, de la Columna de El Cacao, uno de apellido García al que le decíamos “Mamaleca”, primo de Silvio Porras, quien cayó en Managua; va Mauricio Hernández Tardencilla, “Mónico”, hermano de padre de Negdalí, quien es piruca y drogadicto, y estaba un compañero que anda con paludismo, y se estaba desmayando sobre unas cargas de leña.

Nos acercamos a la parte frontal del Comando. Veinte minutos después veo que le pegan a “Mónico” en el estómago, y me dice, –estoy pegado. Me quedo para que él pueda salir de ahí, porque en ese momento el fuego era nutrido. Yo no sé la gravedad de él, pero gritó, –¡salí, salí, ayúdenle a salir, y me quedó cubriendo, entonces concentran el fuego sobre mí. “Juan GPP” saca a “Mónico” y éste mira que me tiran a mí, me pegan en el pecho un balazo que me desbarata un pulmón, y otro en la muñeca, que me la desarregla todita, casi pierdo la mano.

Analizando, creo que como estaba en posición de tiro, el balazo entró primero en la mano, cuando la tenía en mampuesta, y esa misma bala me atravesó un pulmón. Cuando iba cayendo, otra bala me entra de refilón entre cuero y carne. En fin, estoy desbaratado. Me hicieron una operación que me da vuelta por todo el costado derecho: sesenta y pico de puntadas, y después me infecté por dentro.

Un rato después que me pegan, logro salir, de repente siento que me estoy muriendo, porque me falta el oxígeno, y me siento mareado. Me recuesto en un palo de aguacate que había ahí, y me tapo el hoyo de la herida, porque el chorro de sangre era fuerte. No lo hice conscientemente, pero eso me salvó la vida, porque logró coagular la sangre en el hoyo. La sangre se me fue para adentro, y al llenarse de sangre el pulmón herido, se rasgó todito, por suerte, según lo que me dijo el médico después, y entonces se bloqueó la pasada del oxígeno al pulmón dañado y el pulmón sano recibía el oxígeno.

Yo sentí igualito a cuando uno se está ahogando, trataba de agarrar aire con la boca abierta, y no me satisfacía, pero después, poquito a poco siento como que me van dando aire, logro estabilizarme y se baja el mareo. Entonces todavía logro caminar como unos treinta metros hacia El Chorizo, o sea el que va de los Bomberos hacia Dolores, hasta que llega un momento en que me siento entumido y no puedo seguir. Recuerdo que llegó “Siglo”, así le dicen a la familia de unos mata chancho que vivían por San Felipe, en Jinotepe, y en un jeep Land Rover amarillo, él me traslada al Hospital San José de Diriamba

Recuerdo que cuando me subo al jeep, Javier López Lowery, quien iba con una carabina, agarra mi FAL, y me dice, –¿para qué la querés?, el combate está aquí, me dice, –andá curate. Y entonces él se queda con mi arma y yo me voy sin nada.

Cuando me están montando al jeep, no aguantaba el dolor en la mano, se miraban dos huesos salidos, entonces le digo a una señora que me corte con una tijera el tuco de mano, buscando que se me quitara el dolor. La señora me dice: no, hijo, y pum, se desmayó. Me pusieron la mano en una tabla, me vendaron, así me llevaron al Hospital de Diriamba, por eso logré salvarla.

En ese trayecto, antes de entrar a Diriamba, perdía la conciencia intermitentemente, y en la entrada había una enorme zanja que habíamos cavado para impedir que entrara la Guardia. Me pasan en una camilla, y un compañero que había trabajado conmigo en la Cervecería, al que le decían “Mochogudo”, me cruza en la camilla y le orienta a Francisco Tapia, otro amigo de la Cervecería, que le avisara a mi familia de mi muerte. Quizás me desmayé y creyó que era cadáver.

Al llegar al Hospital me pasó otra anécdota. Antes de irnos a la guerra, a Carlos Humberto a Juan Fernando y a mí, mi tía nos cosió una oración de La Magnífica detrás de la bolsa de la camisa. Cuando llego al Hospital, estoy consciente, unas monjitas me estaban atendiendo, me desnudan, me quitan todo para limpiarme. Cuando me quitan la camisa, miran una bolsita roja cosida detrás de la bolsa de la camisa, la cosa es que les dio curiosidad porque la bolsita roja tenía el balazo propiamente en el centro, y cuando la monjita la abre y mira una Magnífica, se desmayó. Después se hincaron toditas frente a una pared y comenzaron a alabar a Dios. Ahora dice mi tía que no morí por eso, porque me protegió La Magnifica.

Diez días más tarde me trasladan al Hospital de Jinotepe, y después vinieron todas las operaciones que me hizo el Dr. Sánchez, un gran cirujano.


Militante de la segunda promoción

Nota de Mónica: Gregorio fue reconocido como militante de la Segunda Promoción del FSLN.1 Se considera con suerte por haber quedado trabajando en Carazo una vez restablecido de sus heridas, formando parte de la Seguridad del Estado, de la cual es fundador. “En la Seguridad quedaron la mayoría de los compañeros: Lenín Vásquez, Peñita, Leandro López, toda la gente. Yo era el Segundo Jefe de Operaciones”.

En los años ochenta, Gregorio Aburto trabaja en la Seguridad del Estado en la IV Región y un corto tiempo en Managua, hasta 1984. En 1985 pasa como asistente de Marcelino Guido, en esta misma Región, luego lo mandan a fortalecer la organización de la Policía de Masaya, y finalmente, en 1988, se traslada oficialmente a ese cuerpo, primero como Jefe de Policía de Granada, donde permaneció cuatro años, y luego de Rivas, por seis años.

"De Rivas pasé a ser Jefe de Policía de Carazo por tres años, después, de Jefe de Bilwi, seis años; luego a Managua, durante un tiempo. Más tarde se da el asesinato de varios policías en Bluefields, entonces me mandan ahí, de donde me sacan directamente al Ministerio de Gobernación (MIGOB) a un nuevo cargo: Asesor Policial del Ministro, cuando era Ministro Francisco Fiallos. Cuando se da el cambio de gobierno en el 2007, llega de Ministra Ana Isabel Morales, quien me confirma en el cargo, y ahí estoy”.

Después del triunfo de la Revolución, Gregorio Aburto se bachillera en el Instituto de Superación Cultural “Filemón Rivera”.2 Sigue estudiando y corona dos licenciaturas, Administración de Empresas en la Escuela de Ciencias Comerciales, ahora Universidad de Ciencias Comerciales (UCC), y luego Derecho, en la Universidad Nacional Autónoma (UNAN), de León. Después concluye un post-grado y Maestría en Derecho Constitucional y Políticas Públicas en la Universidad Hispanoamericana (UHISPAM), con una beca del gobierno de España.

***

Mónica: Tu trayectoria es sin duda la de un gran combatiente sandinista, surgido de entre los humildes y a la altura de los Héroes del Dulce Nombre, muestra un espíritu de superación, carácter y determinación, lo que indica que todo ello cuenta para que sea posible el desarrollo de las personas, es decir, su construcción interior. No solo cuentan las condiciones externas, materiales.

Gregorio: Cuando hay propósitos en la vida y uno es consecuente, pues lógicamente que no hay imposibles. Hay mucha gente que me da pesar, porque teniendo oportunidades, nunca las quisieron aprovechar, tal vez por vicios, como el guaro y otras drogas.






NOTAS


1 En 1980 se inició un proceso de selección de militantes de la Segunda Promoción, para distinguir a quienes se habían integrado a la lucha al menos diez meses antes del triunfo, o sea para la insurrección de septiembre de 1978.

2 Se crea con el propósito de brindar oportunidades de estudio a los combatientes del Ejército Popular Sandinista (EPS) y del Ministerio del Interior (MINT). Una buena parte había abandonado los estudios por la lucha, otros provenían de familias ´pobres que habían trabajado desde niños. Los estudios tomaban en cuenta el desarrollo que ya tenían los combatientes y se realizaban en la modalidad de secundaria acelerada (estudios intensivos que permiten cursar dos o tres años a la vez).



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