Memorias de la lucha Sandinista

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La liberación de Jinotepe


Día 3 de julio

Mónica: Sostuvimos una reunión del Estado Mayor del Batallón Móvil con los principales jefes de Managua y Carazo. Estuvimos en una casa muy hermosa, con jardín al centro. Sobre una gran mesa extendimos un mapa de Jinotepe para ubicar los puntos donde estaba apostada la Guardia, y definir las misiones. Estaban en la reunión: “Chombo”, Cabrales, Picasso y Pascasio; y de Carazo llegaron la Flor Monterrey, me parece que también Salvador Mayorga, “El Chaparro” Noel Escobar y César Delgadillo. Estos últimos daban la información sobre los puntos en los que la Guardia se había dislocado.

Cabrales: De la reunión salieron asignaciones y el orden de marcha. Mi pelotón era la punta de vanguardia, y se nos dio la orden de iniciar el combate a las 7:00 de la mañana.

Recuento de las fuerzas

Mónica: La GN en Carazo contaba con unos trescientos guardias subordinados al Comandante de la plaza, Coronel Rafael Lola, y a su ejecutivo, Abel Ignacio Céspedes. Otros oficiales estaban en otros puntos, como se explicará más adelante.

Desde 1978 la GN ocupó los puntos altos del pueblo, casas de dos y hasta tres pisos, así como edificios donde funcionaban oficinas públicas, lo que le permitía hacer presencia rápidamente y reprimir la lucha anti-somocista. La guarnición había dado muestras de gran criminalidad, sembrando el terror y asesinando jóvenes, como queda demostrado en los relatos presentados.

Los lugares en donde se había dislocado la Guardia eran:

Comando Central: Un lugar relativamente fortificado, con un torreón a nivel de un segundo piso. Enfrente quedaba un parque infantil, hoy Parque Universitario. En la esquina había una casa de dos pisos donde eran las oficinas de tránsito. Disponían de una tanqueta en buen estado. Se calcula que ahí estaban unos ciento cincuenta efectivos.

Sector de Tanques de Agua y Cuerpo de Bomberos: Con una torre elevada en la que se mantenían francotiradores y una ametralladora 30, además de un fuerte grupo en el sector del Estadio.

Casas ocupadas en la entrada del Cementerio: En la entrada principal había unas cuatro casas ocupadas por unos quince o veinte efectivos. En el momento de nuestros ataques, ahí estaba el Coronel Sergio Cifuentes, Agregado Militar de Nicaragua en la República de El Salvador, y el Mayor o Capitán Elmer Espinales.1

Iglesia Parroquial Santiago: Algunos efectivos estaban en el campanario.

Palacio de Comunicaciones (TELCOR) y edificio de la municipalidad: con presencia permanente de unos diez guardias. Según crónica de La Prensa, en esos días fueron reforzados con soldados del CONDECA.

Casa de tres pisos de Piedad Elena Campos Pelena”: Ubicada de la Gasolinera Esso cinco cuadras al sur o del Parque tres cuadras abajo y media al norte. Desde ahí se dominaba ese sector. Había unos diez efectivos.

Hospital: Se mantenía un grupo de guardias para controlar la llegada de heridos.

Instituto Juan José Rodríguez: Para esas fechas había presencia permanente de unos quince militares.

Normal Vieja: Edificio de Escuela Normal “Franklin Delano Roosevelt”.

Casa de Cora Pierson: En esta casa estaba funcionando la Oficina de Seguridad Nacional (OSN). Se mantenían unos diez efectivos.

Otros puntos donde había pequeños grupos de GN eran la Iglesia El Calvario, Puente El Rosario, salida hacia Santa Teresa y La Quinta (Barrio Pila Grande).

Las fuerzas sandinistas, bajo las instrucciones de su Estado Mayor compuesto por Mónica Baltodano, Raúl Venerio y Oswaldo Lacayo, consistían en aproximadamente trescientos combatientes organizados en diez pelotones de treinta, y cada uno con unidades de milicianos.

Pelotón José Ángel BenavidesJefe, Ramón Cabrales. Va de vanguardia en la marcha y aproximación. Misión: iniciar el combate contra guardias apostados en ENACAL, cerca de los tanques de agua. Reducir las fuerzas del Cuerpo de Bomberos y finalmente sitiar el Comando GN.

Algunos integrantes: Wilfredo Figueroa, Francis Sevilla, "Chemita", Antonio; Alfonso, Martín Rivas “Raymundo” político del pelotón, Héctor Porras “Nelson”, “Freddy”, uno de los coheteros,  Susana, Miguel Benito López Gonzalez “José Mag”, quien andaba una ametralladora 30, José María Cuarezma “Jacinto”Mario Bello, Allan Vallecillo, Rafael Molina, Amado Toruño, Fermín Navas, César Sediles, Sergio Jiménez, Roberto Jiménez, José Enrique Salazar, David Godoy y Alí Ocampo. Como conocedores del terreno van los caraceños Gregorio Aburto, Juan Terencio Cortés y otros

Pelotón “Cristian Pérez Leiva”: Jefe, Claudio Picasso “106”. Misión: atacar las ubicaciones de la Guardia en el Estadio y Cuerpo de Bomberos, entrando por la parte sur, para lo cual debe acercarse a la ciudad cruzando el Cementerio, y luego sitiar el Comando GN.

Otros integrantes: Jimmy (después fue de la Contra Inteligencia Militar de la Fuerza Aérea y Defensa Antiaérea), Elizabeth Pinell “Azucena 105”, Martín Castellón Ayón “Paco”, “El Gato” y “Ñoño” (estos tres, junto al “Cero-Uno” de Las Liebres, fueron durante mucho tiempo del personal de seguridad de Humberto Ortega Saavedra en el Complejo 001). Mauricio Rivera “El Muerto”; Pedro, Sergio y Fidel González, los tres de la Organización Militar del Pueblo (OMP), del Partido Socialista, César Ramírez “Arbo” (OMP), Los Pradito hermanos del boxeador Hermógenes Prado; José Ángel Nicaragua, era del pelotón, pero parece que se quedó en Masaya.

Pelotón “Guadalupe Ignacio Moreno”, “Las Liebres”Jefe, Sergio Martínez “Leonel” o “Liebre”. Misión: ocupar comandos GN de El Cementerio y luego sitiar el Comando central.

En este pelotón andaban Mauricio del Carmen Kiel “Chepe Liebre”, Daniel Téller “Adolfo”, César Largaespada Pallaviccini “Andrés”, dos muchachos del Barrio Riguero a quienes les decían “Mateo” y “Mateito”, Antonio Lorío “Jacinto-Chinto”, Carlos Barrios “Roberto”, Pinell “Kiklaka”, Benito (murió vendiendo lotería), “Chepe Cerrajero”, “Cero-Uno”(fue escolta de Humberto Ortega), “Chino” (luego fue de Contra Inteligencia Militar –CIM–), Mateo Uno (muerto), “Mateito”, Jesús (ahora es cambista), “Cachete” (quedó en la Policía), “Yaes” (fue del Ministerio del Interior, MINT), Érick (de la Seguridad del Estado y posteriormente juez).

Pelotón “Óscar Turcios”: Jefe, William Antonio Pascasio2 “Memo”, salvadoreño. Misión: Cementerio y el Comando Su segundo era Eduardo Cuadra “Ismael”.

Otros integrantes: “El Segoviano” (venido del Frente Norte); y Frank (caído en El Salvador).

Columna “Óscar Pérezcassar”: Jefe, Walter Ferreti “Chombo”, quien tiene un pelotón bajo su mando, y también coordinaba otros pelotones. Misión: entrar al sector del Parque, controlar Catedral y el Palacio de Comunicaciones. Otros integrantes: Érick Castellón, comisario político, Justo Rufino Garay “Andrés”, Ibis Hernández “La Negra”, Vidcar Muñoz, Reynerio Ordoñez (de Masaya), Alfonso “El Chele”, Jacinto, Jesús (a quien no le gustaba el fusil Enfield y se hizo francotirador en Jinotepe), y Álvaro Urbina “Emilio”.

Pelotón de Rolando Orozco “Carlos”: Misión: atacar el Comando de la casa de “Pelena” Campos y luego el Palacio de Comunicaciones (TELCOR) y el Comando. Algunos integrantes: “Huesito” Mairena.

Pelotón “Juan Pablo Umanzor”: Jefe, Jorge Roustan “Norman”. Misión: unidades de la GN en el Instituto “Juan José Rodríguez” y en el Hospital, que quedaban cerca.

Algunos integrantes: Alberto Montano “Tolón”, Ileana Sánchez “Claudia”, Gonzalo Mayorga “Metralleta”, José de la Cruz Peña Suazo “El Viejo” –ex-oficial GN–, entre otros. La lista completa aparece en entrevista a Jorge Roustan.

Pelotón de Javier López: “99”. Misión: atacar la casa de Cora Pierson, las posiciones de la nueva Escuela Normal y el Puente El Rosario.

Otros integrantes: Leonel Araica “Felipe 39”, segundo al mando, Adolfo Hernández, político, Wilfredo González “Pancho”, Pedro Coronado, Francisco Cantillano (ametralladorista que había sido de la Guardia), Francisco Cantillano, Isabel Castillo “Venancia”, Fátima “Claudia”, Jorge Prado “Casimiro”, “El Minino”, “Allan”, el errepegetista, y “Yamil”.

Pelotón “Aura Ortiz Padilla”: jefe, Marcos Largaespada “Will”. Misión: Instituto Juan José Rodríguez. Francis Araica, era de sus integrantes.

Pelotón de Ernesto José  Porras Lacayo: (no pudimos reconstruir quiénes lo integraron. Ernesto Porras Lacayo  fue muerto por otro combatiente que limpiaba su fusil en una covacha de la Escuela Carlos Agüero (ECA). Acabábamos de regresar de un acto en el que el Batallón “Rolando Orozco” presentó armas y desfiló frente al Presidente de Panamá Omar Torrijos Herrera. Al combatiente se le fue un tiro y mató a dos compañeros, entre ellos a Ernesto, un extraordinario combatiente que fue ascendido a Jefe de Pelotón

Día 4 de julio

Cabrales: Salimos como a las cinco de la mañana con un baqueano de Jinotepe. Llevábamos la orden de llegar a los tanques de agua, porque había guardias en la torre del Cuerpo de Bomberos, donde había muerto Auri. Entramos por los cafetales y, cerca del objetivo, cruzamos al otro lado de la carretera y nos metemos al lado de la fábrica Plásticos Modernos.

Mónica: El resto de los pelotones salen a esa misma hora. Voy en el centro por los cafetales de Dolores a salir en la parte central del Cementerio de Jinotepe. Ahí se arman tres grandes grupos: el primero, de tres pelotones, debe atacar a los guardias que están en la salida principal del Cementerio. De ahí, una parte se debe desprender hacia el norte, a reforzar a “Nacho”; otro grupo debe atacar el comandito en la casa de Pelena. El otro gran grupo es el de “Chombo”: unos pelotones actuarán sobre los guardias que están en las posiciones centrales, y otros deben seguir para la Normal Vieja y Cora Pierson. Otro gran grupo donde van Marcos Largaespada y Jorge Roustan, a las posiciones del sur: Instituto “Juan José Rodríguez” y Hospital.

He releído los testimonios que Arqueles Morales levantó en 1984 y lo que “Nacho” dijo entonces, que es lo siguiente:

Ramón Cabrales: “El primer disparo en Jinotepe lo hacemos nosotros, como punta de vanguardia. Fue un disparo de RPG-2 contra una posición de los guardias que estaban fortificados en la cercanía de los tanques de agua. Les tiramos con todo y nos contestan. El descampado que hay cerca de los tanques los favorece, y en los primeros minutos nos hacen tres bajas mortales y nos hieren a tres o cuatro compañeros más. Se trata de una acción reñida. De ese combate recuerdo particularmente la caída de Antonio, de quien nunca supe más que ese nombre.

Nos matan también a José, un ametralladorista, y a otro compañero de nombre Chema. Eran tres compas salidos de las milicias de Managua y ya excelentes combatientes después de que recuperaron sus propias armas de guerra como condición para incorporarse. Allí mismo nos hieren al responsable político de la columna, a nuestro Comisario Político y segundo al mando, Raymundo, que hoy está en la Policía. Nos hieren también a Héctor, el armero, que hoy trabaja en el Ministerio de Comercio Interior; nos hieren al cohetero que es Alfonso, nos hieren también a Freddy, un excelente combatiente. Te doy estos datos porque te pueden proporcionar una idea de lo reñido que fue nuestro primer combate en Jinotepe. Pero al final barrimos con ellos y les recuperamos armas.

Creo que comparados con los anteriores, el combate en los tanques de agua fue de una violencia inusitada. Lo echamos todo, hermano, lo echamos todo porque sabíamos que del empuje inicial iba a depender en buena parte el ritmo del ataque de todas las columnas, cada una con su objetivo específico y una concepción estratégica definida: caerle todos al Cuartel. (Morales Arqueles: 153)

Ramón: ¡Claro!, es un relato que hice cuando tenía más frescos los recuerdos. Mi pelotón “José Ángel Benavides”, lleva la misión de romper por Plásticos Modernos, para poder tener una línea de fuego sobre el Comando GN central. A esa misma dirección van a converger el Pelotón de “106”, que es Claudio Picasso, y no sé qué otra tropa. Creo que vienen tres pelotones más. Llegamos, reculamos a la Guardia, la sacamos de ahí y la arrinconamos en el Cuerpo de Bomberos.

Los caídos fueron: José Benito Picado, su madre vive frente al portón trasero de la Universidad Politécnica (UPOLI) y José María Cuarezma “Jacinto”. Los dos eran amigos, vivían en Las Américas. De los heridos puedo decir que “Raymundo” es Martín Rivas, político del pelotón, y hoy es Director General de Ingresos.

Nota de Mónica: Tratando de sitiar el Comando, fueron heridos el hoy comisionado Gregorio “Goyo” Aburto, y Mauricio Hernández Tardencilla “Mónico”, ambos baquianos jinotepinos de la columna. Entrevista a José Gregorio Aburto en el año 2012)

José Mag se llamaba Miguel Benito López González Aqui algunos datos biográficos según relato que nos envió su hermano Juan José Gonzalez  el 11 de noviembre del año 2014:

"En la toma de Jinotepe, se habla de varios combatientes caídos. Uno de ellos lo mencionan como “José Mag”, con el nombre de José Benito Picado, quien llevaba una ametralladora. En realidad se trataba de mi hermano de padre y madre, menor que yo dos años, Miguel Benito López González, obrero, conocido por sus amigos en Las Américas Uno como “Marajunta”. Nuestro padre que en paz descanse desde hace 26 años, era don Miguel Ángel López Moreno y nuestra madre recién fallecida, un poco más de dos meses atrás era doña Elisa González Sevilla.

Su casa era del costado sur de la UPOLI, aproximadamente media cuadra abajo, a mano izquierda, cruzando en diagonal, después del puente,  por un parqueo o bahía que hay ahí. Era un combatiente experimentado. Fue reclutado por Ausberto Paladino “Basilio” en 1977 (GPP, que fue secretario político municipal en Waslala que en paz descanse), cuando vivía en la casa de mis padres, a la cual al menos en una ocasión llegaron entre otros, Eduardo Cuadra y Martín Rivas. Este último que tenía mucho aprecio por Miguel Benito, también sentía mucho aprecio por mi mamá. Estando en la vela me refirió lo siguiente: “El día que a “José” le asignan una Mag 42 con las bandas, me dijo: Ray,  acompañame  a dar una vuelta por Diriamba, para acostumbrarme al peso de la máquina”. Sigue diciéndome Martín: “Pero todo ocurrió tan rápido, ocho horas después yo estoy herido, 48 horas después él está caído”.

Murió con 22 años prácticamente recién cumplidos porque cumplía el 6 de mayo.  Casi inmediatamente después del 19 de julio, lo fuimos a traer al cementerio de Jinotepe donde estaba enterrado, lo velamos una noche en Managua, porque estaba en cal, y lo enterramos al día siguiente por la tarde en el cementerio oriental, ahora nuestra madre está enterrada con él.

Teníamos un pariente que fue Coronel de la Guardia llamado Hugo López, era primo de nuestro padre y estimaba mucho a toda la familia. Fue comandante de Diriamba. No tengo clara esta fecha, pero debe haber sido o a finales del 78 o comenzando 1979, el caso es que guardias de su comando lo agarran en la carretera, después de un hostigamiento, y el coronel lo manda a traer, porque le llamó la atención el nombre, porque nos conocía y le preguntó ¿qué sos  de “mi tío Miguel”?, Miguel Benito le respondió que era su  hijo, entonces el coronel mandó liberarlo, recomendándole que no se anduviera metiendo en nada. Aquí jugó un papel el parentesco sanguíneo.

Pero, para marzo del 79, el coronel Levi Sánchez, era el comandante de La Aviación en Managua y mi hermano cayó preso ahí y lo golpearon. La noticia salió en La Prensa de esa época, donde los familiares reclamaban que lo entregaran ileso. Mi madre me visitó en Honduras y llevó el ejemplar del periódico, donde además salía la foto de Miguel Benito. Levi Sánchez fue vecino nuestro en Managua antes del terremoto y nos conocía perfectamente, cuando mi madre le pidió que le entregara a su hijo, apelando a que nos conocía, se lo negó y le dijo más o menos: “Sí, yo conocí a sus hijos, pero ahora no los conozco”. No recuerdo como salió, pero el caso es que para junio estaba en la fragua.

***

Sergio: El 4 de julio, los pelotones “Cristian Pérez”, de Claudio Picasso, “Óscar Turcios”, de William Pascasio y “Guadalupe Ignacio Moreno”, “Las Liebres”, bajo mi mando, teníamos la misión de atacar las posiciones de la Guardia que estaban por la entrada principal del Cementerio. Ahí entraste vos, a la par nuestra. Por el lado sur del Cementerio entró “Chombo” con su gente del “Óscar Pérezcassar, pasó hacia el Parque Central y a la Iglesia Católica.

Ese primer día entramos y sitiamos varias casas, nos tomamos tres o cuatro y capturamos a seis u ocho guardias, frente al Cementerio.

Ahí cayó “El Segoviano”, quien venía del Frente Norte, era flaquito, usaba un sombrero grande, era del “Óscar Turcios”. Y ahora que me acuerdo, murió otro compañero que venía del Frente Norte y le decían “Pedrón”, cayó en Managua, en el Parque de la Colonia 10 de junio.

Martín Castellón Ayón “Paco”, del Pelotón “Cristian Pérez Leiva”, cae casi a la orilla mía. Yo le digo, tené cuidado, y pasa jodiendo, porque él era un gran jodedor. Andaba con una carabina y había llegado a la esquina de esa casa a echarle por la ventana unos tiros a la Guardia, y regresa en carcajadas. Por su osadía, se descuida, y le entran dos tiros, uno por el hombro y otro en las costillas. Uno le perforó un pulmón y otro se aloja por la columna. Él murió después que lo sacamos a Costa Rica.

Mónica: Cuando vamos entrando por detrás del Cementerio, nos dejaron ir una andanada de tiros como de ametralladora, porque daban en los mausoleos y arrancaban trozos de mármol. Uno de esos charneles se me incrustó en una pantorrilla.

Sergio: Ahí había varios fusileros, no sé si habría una ametralladora 30, pero salían los chingastes cuando las balas impactaban en los mausoleos. Disparaban desde varias casas, al menos dos de dos pisos, donde estaban unos quince o veinte guardias. Capturamos seis u ocho. En ese punto, me matan a un compañero del Barrio Riguero, cuyo seudónimo era “Mateo”. Eran dos de ese barrio, al otro le decíamos “Mateito”.

A “Las Liebres” nos mataron a dos y nos hirieron como a tres. César Largaespada Pallaviccini “Andrés”, que era CRP, se nos pegó un tiro con una UZI, tendiéndose en los callejones del Cementerio. Se le fue un disparo y se hirió en el muslo.

“Mateo” cae al salir del muro del Cementerio, y ahí pegan en la nuca a “Pedrón Dos”, del Pelotón “Cristian Pérez Leiva”, y sorprendentemente lo atraviesa, saliéndole la bala por el hombro izquierdo. Lo halamos para que estuviera cubierto. Aún herido, nos alentaba a seguir, nos instaba a tomarnos la posición y nos pedía que le espantáramos las moscas.

El Pelotón “Cristian Pérez”, de Claudio Picasso, luego reforzó a Cabrales por el Estadio y el Cuerpo de Bomberos.

Eduardo: Entramos por el Cementerio hacia la izquierda. En una casa esquinera había un puesto de la GN, que es de donde balearon a este compañero de barba, Martín Castellón “Paco”. El “106” iba delante de nosotros, debió haber agarrado el lado norte del Cementerio, pero él se quedó, no avanzó, y el resto estábamos encachimbados.

Pasamos encima, había como una glorieta, y la casa esquinera de dos pisos que es donde estaban los guardias. Logramos sacar a Martín, quien estaba un poco descontrolado. Había alguien sobre la misma acera, también grave, y ese estaba más calmado. Tengo entendido que como Martín era muy alto, dispara con la carabina, y sale, pero no se agachó lo suficiente. Cuando logramos entrar a la casa©, encontramos una gran cantidad de armas de alguien que era el alcalde o de algún nivel de autoridad.

Ahí sacamos pistolas. En los closets había unos depósitos. No nos quedamos ahí. La orden que nos dieron era que controláramos ese lugar por si había necesidad de evacuar. Era la ruta de salida. 

Martín Castellón Ayón “Paco”3 (1956-1979)

Nace el 6 de julio del 1956. Es hijo de Lucrecia Ayón y Efraín Castellón. Vivió en León, donde se crió hasta los quince años con su tía Aída Pereira viuda de Ayón (su madre adoptiva). Estudia en el Colegio Calasanz de esa ciudad, luego en el Instituto Pedagógico de Managua y con el terremoto de 1972, su familia se traslada a Masaya, y continúa sus estudios en el Colegio Salesiano. Se bachillera en el Instituto Nacional de Oriente.

De espíritu inquieto, realiza el año básico en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), en León, luego estudia Agricultura en Estelí, y finalmente en la Escuela Internacional de Agricultura y Ganadería (EIAG) de Rivas. En estos centros de estudio sobresale por sus inquietudes revolucionarias a favor de los desposeídos y explotados.

Trabaja como Jefe de Personal en un plantel de construcción y ahí comienza sus actividades revolucionarias organizando a obreros del Barrio Riguero. En este barrio tiene sus primeros contactos con el FSLN y realiza tareas de movilización, traslado de armas y municiones, y se involucra en campañas de lucha por los derechos de los presos políticos y otros sectores, en particular en luchas obreras. En los últimos meses de 1978 entra a una colaboración más activa y se contacta con el Frente Sandinista Insurreccional, siendo su responsable Marcos Antonio Solano Sánchez, “Comandante Payo Runga”, con quien combate en la insurrección de los barrios orientales de Managua que inicia el 10 de junio de 1979.

Cuando Antonio Solano Sánchez cae, los compañeros Joaquín Cuadra y Raúl Venerio le asignan la dirección de una escuadra que tiene como misión la defensa de las principales entradas a Residencial El Dorado, punto que por su ubicación era estratégico. Hubo un momento en que la GN lanza una ofensiva que obliga a la Escuadra a replegarse a Ducualí.

En ese momento el Estado Mayor de Managua integra a la fuerza que comanda “Paco” a la Columna “Cristian Pérez Leiva”, cuyo responsable fue, hasta el fin de la guerra, el abogado Claudio Picasso. La “Cristian Pérez Leiva” con la Columna Móvil “Guadalupe Ignacio Moreno”, conocido como “Liebres”, lanzan una ofensiva y retoman las entradas de El Dorado, acción en la que se distingue “Paco”. Sus compañeros lo apreciaron por su audacia en el combate, y sobre todo por su gran compañerismo y el optimismo que mantenía en los momentos más difíciles. En El Repliegue a Masaya, “Paco” forma parte de la Columna “Cristian Pérez Leiva” y durante el mismo mantuvo no solo su disposición combativa, sino el espíritu en alto de sus compañeros, animándolos con su forma de ser, jodedor, bromista, alegre y muy buen compañero.

Como parte de esta unidad, integra el Batallón Móvil que se organiza con fuerzas de Managua para realizar la toma de Jinotepe. En la madrugada del 4 de juio entran las fuerzas cuya misión era reducir a la GN que se encontraba dislocada en distintos puntos de la ciudad. A las siete de la mañana caen sobre los distintos Cuarteles, y desde varias edificaciones de dos pisos que ocupa a la entrada principal del Cementerio, la Guardia dispara contra los combatientes. “Paco” va entre los primeros y logra disparar su carabina, y en una acción audaz, se acerca a una de las ventanas y dispara una ráfaga, pero en el retorno a su posición es alcanzado por el fuego enemigo. Las balas le atraviesan los pulmones y una pierna, mientras otros dos compañeros caen fulminados por ese mismo fuego. Al final las posiciones fueron reducidas y varios militares capturados, entre ellos el Coronel Sergio Cifuentes y el Mayor Elmer Espinales, y así “Paco” pudo ser trasladado al Hospital.

Martín “Paco” estuvo en el Hospital de Jinotepe durante seis días en que le dieron cuidados médicos en medio de grandes limitaciones. Aun gravemente herido, “Paco” bromeaba con las enfermeras y los médicos, les contaba chistes, y les expresaba su convicción en la victoria del pueblo. Después comenzaron a fallarle los riñones, por lo que se decide sacarlo hacia Costa Rica en una avioneta del FSLN de las que venían a dejar armas y municiones. Llegó vivo a Liberia, pero expiró en el trayecto hacia el Hospital San Juan de Dios, en San Ramón, antes de llegar a San José. Era el 10 de julio.

Su cadáver fue retirado por el Dr. Jacobo Marcos Frech, velado en la Central de Trabajadores Costarricenses (CTC), de donde salieron sus restos para el Cementerio General a las 11:00 am. Fue enterrado en la cripta de los obreros con el nombre de Francisco Castillo Muñoz, ya que hasta el final Martín no se identificó con su nombre verdadero. Hasta hoy sus restos descansan en ese mismo lugar según nos confirmó su hermano Alfonso Castellón Ayón.

El Parque comunal del Reparto El Dorado fue bautizado como Martín Rafael Castellón Ayón en los años ochenta. No sabemos si después le cambiaron el nombre.

*

Mónica: Después de hablar con los heridos, me acuerdo que estuve animando a Martín. Seguimos con el grupo de Rolando Orozco, a quien le tocaba atacar un Comando de la Guardia que estaba en una casa de tres pisos. Ahora me han dicho que es el Comando que hizo la Guardia en la casa de una señora somocista que se llama Piedad Elena Campos “Pelena”.

A pesar de que estaban en un alto, el combate fue breve, porque éramos un montón, y los guardias sintieron lo denso del fuego. Ahí fue donde agarré el fusil M-16 que anduve durante el resto de la guerra. Una parte de los guardias estaba tratando de cambiarse de ropa para intentar escapar por la parte trasera de la casa. Cuando llegué, estaba un guardia en el piso, y como vi que sus pies eran pequeños, le dije que se quitara las botas. Yo andaba con esas botas amarillas de suela de tractor, y necesitaba cambiarlas, pero después que el guardia se las quitó, me dio aversión, no quise ponérmelas. Pedí que me las lavara a una señora del vecindario que estaba contenta de vernos, pero cuando fui a buscarlas por la tarde, me dijo que se las había regalado a otra muchacha combatiente.

Nos fuimos con un grupo pequeño en dirección de los objetivos del pelotón de “Norman”, para ver si ya habían controlado sus posiciones: el Instituto Juan José Rodríguez y el Hospital. Ahí todavía estaban trenzados con los guardias del Juan José Rodríguez, pero ya estaba libre el Hospital, el cual nos urgía para llevar a los heridos. “Paco” estuvo como seis o siete días ahí, antes de que lo pudiéramos sacar en un avión para Costa Rica. Me han contado que llegó vivo, pero expiró en el trayecto hacia el Hospital.

Javier: Como era de los que conocía Jinotepe, nos dieron la tarea de pasar a la profundidad de la ciudad. Sucedió una anécdota que no se me olvida. Ya “Nacho” había iniciado el combate y el resto de los compañeros enfrentaban a la Guardia en la zona norte del Cementerio, se oía el turqueo, y estábamos al pie, en la parte baja, antes de entrar al Cementerio. Todo eso era como una cuchilla, el Cementerio estaba arriba, y nosotros abajo, pero estábamos detenidos, en fila india, toda la gente esperando que avanzaran los de adelante. Entonces vos llegaste preguntando “¿por qué no avanzan?, ¿por qué no avanzan?”.

Me preguntaste –¿Por qué no avanzan “99”? Yo te respondí: –No entiendo por qué no avanza esta gente, pero si vos querés que yo avance con mi tropa, yo lo hago. Me dijiste, –¡avanzá, avanzá! Entonces me despegué de toda la tropa, subí al Cementerio, y ahí fue una guerra increíble, pero salimos prácticamente ilesos.

Mónica: Y a vos Marcos, ¿cuál fue la posición de la Guardia que te correspondió atacar?

Marcos: Me dijeron que me fuera buscando la Guardia que estaba en el Instituto Juan José Rodríguez con “Norman”, quien estaba en la parte de adelante. “El Viejo” andaba conmigo esa vez, con un lanzacohetes RPG chino, entonces, antes de entrar al Instituto, lo hice que lanzara tres o cuatro cohetazos, y cuando nos metimos, la Guardia ya se había ido. Después me dijo “Norman”, que nos estaba esperando en la parte de abajo, por el Hospital, que la Guardia se corrió, y ya no volvimos a ver más guardias.

Jorge: Nos dieron la misión de neutralizar y controlar los destacamentos militares que la GN tenía en el Hospital de Jinotepe y en el Instituto Juan José Rodríguez. Ambos objetivos fueron plenamente logrados: el destacamento de diecisiete guardias del Instituto, a excepción de uno que logró escapar, fue totalmente aniquilado. En el Hospital fueron aniquilados tres guardias, incluyendo el criminal llamado Chirino, quien ejecutaba a los sospechosos de ser miembros del FSLN.

Posteriormente el JPU cooperó en la neutralización de TELCOR, último bastión de la resistencia GN en Jinotepe.

José “El Viejo”:Una historia de la que no me olvido es que cuando llegamos a Masaya, me entrenaron para manejar los RPG2. Aprendí en la casa de Cornelio Hüeck. Cuando entramos a Jinotepe y estamos sitiando nuestros objetivos, iba con Solís, quien ahora es Coronel, él va con el RPG-2 y yo llevo la caja de morteros, y mi pistola 3-57 Magnum que me asignan. Cuando en el cafetal le pegan un balazo al que va de baquiano el del RPG-2 vulgarmente se cagó.

Jorge: Se niega a disparar. Se congeló.

José: Si, se congeló en ese momento, por la muerte del chan. Usted, la “104”, me da la orden de que ataque al Instituto, me dice: –¡Agarre esa mierda!, así con esas palabras, porque en la guerra todo el mundo habla así. –Tomá hermano, –le digo a Solís entregándole la caja de morteros y yo agarro la bazuca. Y le digo a “Will”: – ¡“Will”, cúbrame a la hora que yo le diga! Porque iba a tirar a campo pelado, entonces me tiendo, cargo el cohete, –¡Fuego Will! él está tirando para el Instituto pero yo, ¡clic! le hago, y no dispara el cohete. –¿Qué pasó “Viejo”?, me dice “Will! –¡seguí disparando!, –le digo, lo vuelvo a poner, y ¡fiu! Y disparé.

Jorge: Y yo que estoy detrás, que soy francotirador, me impresiono cuando miro que el cohete entra justito en la ventana.

José: Y la otra historia también es sobre ustedes. Estamos dentro de un centro de salud, una casa cerrada, combatiendo con unos guardias a quienes los tenemos de frente y acaban de tirar granadas y todo. Nos replegamos para adentro. Entonces usted me dice: –¡No disparés, no disparés, aquí no se dispara, adentro es peligroso! –¡Déjeme a mí (porque yo estoy herido en ese momento y estoy arrecho), voy a disparar! Y disparé dentro del Centro de Salud un cohetazo hacia el portón de la Guardia.

Jorge: No sólo fue una vez que hiciste eso.

José: Pero bueno, en unas obedecía, en otras desobedecía. Es por la arrechura del combate, así es en momentos determinados.

Mónica: ¡Ahí todos quedamos envueltos en una gran humareda, casi nos ahogamos!

Jorge: Cuando conocí al “Viejo”, andaba desorganizado, había perdido contacto con Gabriel Cardenal. Me había mandado con el rifle a repararle la mira telescópica para usarlo como francotirador. Cuando entro por el Maestro Gabriel, toda la gente que estaba en las barricadas que dan hacia el Cementerio, por el Puente El Edén, y yo mismo, vamos huyendo porque viene un tanque de la Guardia, voy desesperado. Entonces medio me recuesto a un gran árbol de malinche que había en el mero Puente El Edén, un arbolón, y estoy recostado ahí, y de repente oigo, ¡clin!, y otra vez ¡clin!, me asomo: ¡Peña!

Andaba en plena guerra con un pantaloncito tallado, tallado, una gorra de lana con una bolita, ¿te imaginás un guerrillero así?, con una Beretta, y está apostado en la barricada que había abandonado todo mundo porque viene el tanque, él solito, ¡disparándole al tanque! Y entonces me dio una vergüenza… y aquí esta él y sabe que se lo he reconocido un montón de veces, yo, un tirador, cagado, con miedo, y de pronto un hombre con una pistola me da el ejemplo de que no hay que correrse. Por eso es el aprecio y el cariño que toda la vida le he tenido a este hombre. Usted tuvo la oportunidad de comprobar varias veces su extraordinario valor.

Chombo” y Justo Rufino Garay

Mónica: Justo Rufino Garay “Andrés” era un militante excelente, hacía todas las tareas con gran eficiencia. Era alguien en quien uno podía confiar, si le encargaba algo, él lo hacía con creatividad, disciplina y valor, aunque algunas misiones fueran sumamente riesgosas. Era como el lugarteniente de William Ramírez. Antes de entrar a los barrios orientales y a trabajaba con el Estado Mayor Conjunto. Le encargaron la responsabilidad de un pelotón del Estado Mayor General. A solicitud de “Andrés”, quien le dice que quiere combatir, William lo pasa a los pelotones con “Chombo”, y con él va a la toma de Jinotepe.

Justo Rufino cae en la Iglesia, y sobre esto se han tejido muchas versiones. Alguna gente dice que el cura no los quería dejar entrar. En realidad el padre Quintanilla simpatizaba con la lucha, tal y como lo relata Celeste Larios, y lo confirma Ramón Cabrales, con quien se relacionó el padre posteriormente. El padre contaba con orgullo que fue compañero de clases de Ricardo Morales Avilés. Sobre lo que ocurrió en Catedral, nada mejor que el testimonio de Walter Ferreti:

En Diriamba nos fue entregado este mapa que fue el que usamos para organizar la toma de Jinotepe. Como podés ver, en él está marcada la ruta de penetración de nuestra columna y asignados con claridad los objetivos, uno de los cuales era la Normal nueva, un beneficio de arroz, otros puntos sin identificación, una iglesia y la Normal vieja, así como la casa de un somocista que estaba repleta de guardias.

Nuestra columna se desplazó en esas direcciones, cada pelotón con sus instrucciones de combate. Se marchó sobre la Iglesia de Santiago, donde también había guardias, y posteriormente concentramos el ataque en un cerco que le hicimos a la Guardia en el Palacio Municipal de Comunicaciones. Este mapa pertenece al Frente. Yo no lo he entregado, aunque posiblemente lo haga en estos días. Después de los combates quedó en poder de la compañera Soledad Herrera, quien me lo hizo llegar.

Yo calculo que aunque no eran propiamente Cuarteles, la guardia tenía en Jinotepe por lo menos dieciséis o diecisiete puntos que defender, lo cual si bien nos favorecía para golpearlos de uno en uno, causaba algún problema toda vez que teníamos que hacer alarde de nuestra capacidad de movilización y sincronización de las acciones militares. Llegamos y comenzaron los combates. Yo podría decirte que el primer momento serio lo tuvimos en la Iglesia de Santiago, cuando penetramos a ella.

Resulta que adentro estaba Monseñor Quintanilla con unas beatas, llevaba un perro atado y tenía la cuerda en la mano. El perro se soltó y se abalanzó sobre nosotros. Vos sabés lo que es eso. Uno siempre le tiene un miedo a los perros y nosotros, en el primer momento, nos distrajimos con el perro, y en eso estábamos cuando desde atrás de una columna sale un guardia con una Browning y nos ametralló prácticamente a quemarropa.

En ese momento íbamos entrando al templo Rufino Garay, después venía yo, después La Negra (cuyo nombre es Ibis Hernández4), y el hombre que nos baña con plomo. Rufino cayó inmediatamente herido y fue alcanzado también Alfonso, al que llamábamos El Chele. El guardia hizo un ataque relámpago y se replegó, el maldito. Eso nos permitió salir, pero ya afuera escuchamos que Rufino se quejaba, y les digo: está vivo, hay que organizar cómo sacarlo.

Vidkar se ofrece voluntario y penetra a la Iglesia en medio de una cortina de fuego que todos nosotros tendernos desde la puerta para facilitarle la labor. Llega, lo agarra por los sobacos y lo carga finalmente. Sucede una desgracia: cuando Rufino ya está afuera, un tirador enemigo alcanza a Vidkar con un balazo en la aorta y éste cae fulminado. Es nuestra primera baja mortal y guardamos un segundo de silencio –no había tiempo para más en ese momento –y continuamos el combate. El maldito perro del cura nos distrajo.

Rufino apenas si podía hablar. A susurros me dice: “Chombo, mi FAL, mi FAL está adentro, recupérenlo”. Así era Rufino. Se estaba muriendo y estaba pensando en el arma que tan útil era para los sandinistas. Un ejemplo de desprendimiento de la propia vida y de fidelidad a la revolución. “Sí hermano, no te preocupés, andá a curarte que nosotros sacamos tu FAL y te lo guardamos, despreocupate Rufino, lo tuyo ahora es el sanitario”. Pero ya era tarde. Rufino no llegó vivo al hospital, murió en el trayecto, a pesar del cuidado con que los compañeros encargados de hacerlo transportaban a este héroe sandinista. (Morales Arqueles:151)

Justo Rufino Garay Mejía “Andrés”5(1953-1979)

Justo Rufino Garay Mejía “Andrés”, nace el 24 de abril de 1953 en el Barrio Cristo del Rosario, de la ciudad de Managua. Su padre, Justo Rufino Lagos, contador de profesión, y su madre Elvida Mejía Zepeda, ama de casa, procrearon seis hijos, siendo Justo Rufino el cuarto y único varón.

Garay aprende sus primeras letras en la escuelita pagada de la maestra Mélida Mayorga, quien, al identificar habilidades especiales en el niño, con tan solo siete años de edad lo adelanta hasta tercer grado en el Colegio Calasanz, donde cursa primaria y secundaria. 

Inicia su preparación como seminarista en San José, Costa Rica. Sin embargo, al darse cuenta de que realmente no tenía la vocación sacerdotal, interrumpe su formación y regresa en 1970 a la ciudad de Managua a finalizar su bachillerato.

En 1971 ingresa a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), de León. Era un joven activo, popular e inteligente, según Omar Cabezas, quien lo recluta para formar parte del Frente Estudiantil Revolucionario (FER). Participa en el Teatro Estudiantil Universitario (TEU) dirigido por Allan Bolt, quien, a las representaciones que hacen, le imprime un contenido de concientización política.

Justo Rufino participa en manifestaciones, protestas, tomas de iglesias, en particular en las jornadas por la libertad de los presos políticos y apoyo a las huelgas de los trabajadores de la construcción en 1973 y de los trabajadores de la salud en ese mismo año. También trabaja en labores de propaganda con Luis Guzmán, “El Chiri”.

En el año de 1976 culmina sus estudios universitarios y se titula de Licenciado en Derecho. Su vida profesional la desarrolla junto a su vida de militante revolucionario. En ese mismo año inicia estudios de Economía en la UNAN de Managua.

En 1977 interrumpe su vida profesional y sus estudios universitarios, para participar de una manera más completa con el FSLN. Pasa a la semi-clandestinidad con el seudónimo de “Andrés”, cambiando de apariencia muchas veces para lograr despistar a la Guardia somocista. Viaja en reiteradas ocasiones hacia Panamá para recibir entrenamiento militar y realizar misiones de traslado internacional de armas. También realiza otros trasiegos de armamento, orientado por William Ramírez.

El 21 de febrero de 1979 contrae matrimonio con la Dra. Alba Loáisiga Flores, conviviendo con ella en una casa de seguridad que estuvo bajo su cargo en el Reparto San Martín, en la ciudad de Managua. En esa casa se realizan innumerables reuniones clandestinas en las que participan dirigentes del FSLN como William Ramírez y Bayardo Arce. La vivienda también sirve para convalecencia de heridos. Eso lo testimonia Mario López (Tomo III, “Memorias de la Lucha Sandinista”, capítulo XIV: Masaya, relato:"¡Monimbó es Nicaragua!" pág. 278), quien estuvo recuperándose en esa casa.

A mediados de junio de 1979, deja a su esposa embarazada de cinco meses, para sumarse a la insurrección final en los barrios orientales de Managua. Para entonces, es responsable del Pelotón de Seguridad del Estado Mayor del Frente Interno. Jovial, franco y humilde, así lo describe Carlos Núñez, quien lo conoció en esos intensos días.

Coordina a todo el personal que trabaja junto al Estado Mayor. Desde esa responsabilidad, realiza riesgosas misiones combativas, como la de salir de los barrios orientales a buscar a Modesto Rojas para que se incorpore a las Fuerza Aérea Sandinista (FAS). Testimonio en “Memorias de la Lucha Sandinista”, Tomo III, Capítulo XV: "La fuerza aérea sandinista" pág. 385.

El 27 de junio del mismo año Justo Rufino participa en El Repliegue táctico hacia la ciudad de Masaya, donde se integra al Batallón Móvil, por solicitud expresa de él, quien quería participar directamente en las acciones combativas que se estaban planificando. Integrado al pelotón que dirige Walter Ferreti, “Chombo”, se moviliza hacía Diriamba para la toma de Jinotepe.

El 4 de julio de 1979, durante la toma de la Iglesia de Santiago, en Jinotepe, cae en combate. Es llevado de emergencia al Hospital, donde lo recibe su amigo y médico, el Dr. Roberto Solórzano, pero ya era demasiado tarde. El Dr. Solórzano lo entierra en el patio del Hospital, y fue hasta seis días después que su familia conoce la fatal noticia, y lo traslada hacia Managua para darle sepultura.

Su hija María Andrea Garay Loáisiga nace cuatro meses después de su muerte. y es llamada “Andrea”, como él lo había solicitado, pues “Andrés” era su seudónimo. El Teatro Experimental toma el nombre de Justo Rufino Garay, en reconocimiento a su trayectoria en el mundo del teatro.

*

Javier: Estaba con mi tropa cerca de la Catedral y Vidkar Muñoz, un muchacho granadino, chelito, llegó a decirme: dicen que andan unos mercenarios, creo que se refieren a nosotros, que somos cheles, ponete el pañuelo rojinegro, no te vayan a confundir. Al rato nos tocó sacar sus cuerpos, el de Vidkar, ya muerto, y el de Justo Rufino, prácticamente agonizando. Tuve una plática con él, me dijo que animara a su mamá, que él era el único hijo varón. En un momento determinado, me pidió agua, entonces supe que se estaba muriendo. Se lo llevaron al Hospital, pero no llegó vivo.

Cruzamos la ciudad y combatimos hasta que nos posicionamos del sector de la antigua Normal. En la casa de Cora Pierson, unos franceses, estaban las oficinas de la OSN y ahí establecimos la seguridad sandinista después.

Mónica: Al comenzar la tarde, la situación es la siguiente: Cabrales ha logrado recular a los guardias que estaban en los tanques de agua, hacia el sector del Cuerpo de Bomberos. Las posiciones del Cementerio, “Pelena”, Hospital, Instituto Juan José Rodríguez, Cora Pierson, Normal Vieja y Puente El Rosario, ya están controladas. El avance de los compañeros del Cementerio hacia el Parque Las Banderas se dificulta por el accionar de una tanqueta (es probable que esta tanqueta se haya movido porque en esas posiciones estaban dos oficiales de la GN). Todavía no hay suficiente acercamiento al Comando central de la GN.

Sergio: Estando en esas posiciones entró la tanqueta e incluso pegó un par de proyectiles en la entrada del Cementerio. “Las Liebres” y el Pelotón “Óscar Turcios”, rechazamos a la Guardia, la cual atacó unas tres veces desde donde hoy es el Parque Las Banderas. En esa calle se les hicieron varias bajas, y hubo un par de cohetazos que nuestro bastonero, “El Chino”, no acertó, pero la tanqueta se retiró. A la tarde ya dominábamos dos manzanas, al norte de Telecomunicaciones, y una al sur del Comando. Desde ahí se sitió y hostigó permanentemente el Cuartel.

Mónica: Desde el primer día la Guardia usó la aviación. En su testimonio, Walter Ferreti cuenta cómo, después de tomarse el campanario de la Iglesia Santiago, estuvieron disparando con un fusil Enfield hacia TELCOR, y en un determinado momento tuvieron que bajar corriendo por los ataques de la aviación. Ya abajo, miraron que un rocket dio en el campanario que acababan de desalojar. Al anochecer, las posiciones que quedan pendientes son: Cuerpo de Bomberos, TELCOR y Cuartel Central.

Cabrales: El primer día de ataque nos tocó sitiar la torre del Cuerpo de Bomberos. Me tocó descansar en una vivienda humilde cerca del sitio y tuve visiones nocturnas de pláticas con Auri, quien había muerto en ese lugar.

Día 5 de julio

Sergio: El segundo día nos pasó una cosa que todavía nos molesta. Estábamos en un colegio que está por el actual Parque Las Banderas. Teníamos tomada toda esa manzana como a dos cuadras del Comando. Incursionábamos y salíamos casa por casa a hostigarlo, pero como a las tres de la tarde una tanqueta acompañada de un grupo importante de guardias rompió hacia el Parque, supuestamente va a trasladar a Lola al Palacio de Telecomunicaciones.

Mónica: Fijate que nadie me había dicho eso, de que Lola estaba ahí. ¿No estarás equivocado y se trata de algún intento de sacar a los guardias que estaban ahí?

Sergio: Podría ser, pero no vimos pasar la tanqueta sino hasta que va de regreso con el grupo por otra calle. Un compañero de apellido Pinell, que después estuvo en el Ejército y que le decíamos “Kiklaka”, se salió con una UZI, nos salimos varios, entre ellos, Eduardo Cuadra “Ismael”, “Chepe Liebre”, Frank, “Memo” (el salvadoreño), y un par más de las liebres, a caerles por detrás. Se entabló una refriega a lo largo de la cuadra y de esquina a esquina, donde hoy es el Parque, apretamos duro, pero el compa bastonero del RPG-2 se nos congeló.

Supuestamente Lola estaba ahí en Comunicaciones, por eso mueven la tanqueta para sacarlo. Lo que pasa es que tal vez no hubo la coordinación para caerle más rápido al Comando. Supuestamente Lola sale en la tarde del segundo día del Comando hacia San Marcos. Si nos hubiéramos agrupado más rápido, y caerles, tal vez lo hubiéramos agarrado. La Guardia estaba desmoralizada y la plaza prácticamente ya estaba tomada, iba a caer en término de horas, iban a salir huyendo. Lola después estaba en Granada y ¡se nos volvió a ir!

Mónica: La resistencia la hacen los guardias en el edificio de Comunicaciones y también en el sector del Cuerpo de Bomberos. El plan era resolver los puntos donde estaba la Guardia, y dejar grupos de combatientes cuidando las entradas de la ciudad, por la Carretera Panamericana que viene de Nandaime, y el sur del pueblo, y todo el resto de la fuerza debía ir a atacar el Comando. Las fuerzas de Cabrales y de “Chombo” no avanzaron ese día porque fueron los puntos de mayor resistencia

Javier: Francisco Cantillano, nuestro ametralladorista, fue herido en las dos piernas por un francotirador de la Normal. Era un hombre valiente. Isabel Castillo “Venancia”, fue herida de bala levemente en el mentón. Otro hermano destacado es alguien que solo conocí como “El Hondureño”. Este compañero fue herido de consideración durante la toma de la Normal vieja de Jinotepe, por lo que fue dado de baja de la Columna y no participó de la toma de Granada.

Por la tardecita estábamos reforzando el asedio a TELCOR. En un momento determinado, llegaron a pedirme granadas de mano, y me contaron el plan de caerle al edificio. Les expresé mi desacuerdo, me parecía desesperado lanzarse al asalto. Rolando Orozco comete la imprudencia de querer entrar por un costado, y a través del portón de hierro le disparan, y luego Érick se levanta, y cae también.

Marcos: Después nos quedamos por la parte central, donde estaba TELCOR, que fue donde nos pegamos, donde estuvimos bastante tiempo sin poder meternos.

El último intento lo hicimos de esta manera: me fui de frente con mi gente, Rolando iba por la parte izquierda con otra gente, y por la derecha, por la Iglesia, iba “Chombo”. Pero ninguno de los tres pudimos entrar. Ahí es donde cae Rolando Orozco.

Érick Castellón, el político del Pelotón “Pérezcassar”, murió enfrente del Parque. Le dije, –no te metás todavía, porque los guardias estaban tirando granadas desde arriba de TELCOR, pero no me hizo caso, se tiró, y una granada lo mató. TELCOR nos costó caro, porque era una verdadera fortaleza: paredes muy anchas, tenían ametralladoras y estaban enhuevados.

Rolando Orozco “Carlos, El Manchado”6

Rolando nace en el municipio de Muy Muy, Matagalpa, el 22 de marzo de 1952. Sus padres fueron Flora Orozco Herrera y Carlos Mendoza. Sus hermanos maternos son: Marcos, Julio, Jaime, Eduardo, Ethel, Flora, Thelma y Nora.

La familia se traslada a vivir al municipio de Matiguás cuando Carlos aún era muy pequeño. Tuvo una niñez tranquila y ya adolescente tuvo muchos amigos, entre ellos, Tino Reyes y Paco Icabalceta, conocido como “Matiguás”. También viajaba a Matagalpa a verse con los Alvarado, y “hasta se tiraban sus churros”. Siempre le gustaron las fiestas, jugaba futbol y en general era muy amable con los demás.

Estudia su primaria en el Colegio San Francisco, y después, buscando estudiar secundaria, se trasladó a Managua, donde trabaja en el Supermercado La Colonia y estudia en el Instituto “Maestro Gabriel”, donde logra cursar hasta tercer año. Trabajó un breve tiempo en Chontales. Para entonces, ya tenía inquietudes sobre las ideas revolucionarias y estudia la biografía del “Che” Guevara, la que comenta con sus hermanos para concientizarlos de la necesidad de organizarse con el FSLN. Tomaba como ejemplo la propia situación de su familia, la falta de asistencia médica que padecían los niños pobres cuando se enfermaban, y la ausencia de oportunidades para el estudio.

Antes de partir hacia Managua, Rolando había apoyado a los guerrilleros, y cayó preso con Guti Hermida y Paco Icabalceta, pero los soltaron una semana después. Eso fue entre 1968 y 1969, según recuerda su hermano Marcos.

Marcos relata que en Managua Rolando trabajó con Cristian Pérez Leiva, Omar Hassan, Bertilda Morales y Rudy Ibarra. Parte de esta célula cayó después en la masacre de Xiloá. Recuerda que en ese tiempo Rolando se disfrazaba de pastor evangélico y andaba con una biblia.

Marcos tenía un hermano de padre llamado Rodolfo Morales –quien fue mi chofer durante toda la década de los ochenta, vivía en el Barrio María Auxiliadora, y veía como un hermano a Rolando Orozco. En esa casa estuvimos algunas veces en plena insurrección y Rodolfo y su esposa nos daban comida y atenciones. Rodolfo, quien colaboraba con el Frente, tenía una sobrina llamada Bertilda Morales a quien Rolando recluta para el FSLN. Esta compañera cayó en Xiloá el mismo día en que asesinan a Omar Hassan, Cristian Pérez Leiva y Ricardo Orúe, el 12 de mayo de 1979, pero su nombre no quedó registrado en las cronologías oficiales. Fue sepultada en Matiguás.

En 1979 Rolando estuvo detenido en la cárcel de La Aviación, en Managua. Lo capturan en la Colonia Primero de mayo, en la madrugada, con cinco compañeros más, como sospechosos de ser subversivos. Sus familiares, quienes eran colaboradores del FSLN, consiguieron su libertad el 22 de marzo de 1979. Su hermano Marcos relata que “lo sacaron a las dos de la tarde, encapuchado y encadenado, yo creí que lo iban a torturar, pero lo pusieron libre. Una de nuestras hermanas gestionó con una amiga, quien hizo “su trabajo” para que él saliera el día de su cumpleaños”7.

Después él se integró de lleno a la lucha en Managua, en lo más duro de la guerra. Participó en asaltos bancarios y otros operativos. Para entonces, su hermano Marcos, quien trabajaba en la Compañía de Riegos Agropecuarios ubicada frente al Tropicana, en el kilómetro 7 sur, colaboraba brindándole el local para reuniones o prestándole vehículos (una camioneta Land Rover y un camioncito Suzuki) de la compañía, para transportar armas y mover compañeros clandestinos.

Rolando procreó una niña con Bertilda Rizo, quien lleva el nombre de Karla Patricia Orozco. Antes de morir dejó embarazada a Raquel Navas, originaria de Granada, con quien había puesto una venta de cemento y materiales de construcción, lo cual les servía de cobertura para sus actividades conspirativas, como alojar a compañeros clandestinos.

Rolando Orozco era un dirigente sencillo que se sabía ganar el respeto de los combatientes con un mando enérgico pero sin estridencias. Fue de los principales jefes de la insurrección de los barrios orientales, luego participó en El Repliegue a Masaya y en la conformación del Batallón Móvil que ataca las posiciones de la GN en Jinotepe.

En la ofensiva de Jinotepe le correspondió controlar el Comando GN ubicado en la casa de tres pisos de Piedad Elena Campos (Pelena), y luego se incorporó con sus fuerzas al asedio del edificio de TELCOR, donde un pequeño grupo de guardias hizo denodada resistencia. En una tentativa de asalto a esta posición, fue alcanzado por las balas y murió instantáneamente el 5 de julio de 1979.

“En cuanto a Rolando Orozco, ¿qué decir de “El Manchado” que le haga plena justicia? Modesto, siempre dispuesto al combate, metódico, con don de mando militar, eficiente en los combates, como acababa de demostrarlo días antes de su caída al tener una participación sobresaliente en el combate de El Paraisito, donde sus victimarios posteriores, sufrieron una dura derrota, la destrucción de un tanque la recuperación de fusiles Galil y de dos ametralladoras 30 y 50. Esa era la talla de Rolando, un hombre que no conocía el miedo, duro a la hora del combate y siempre fraterno”. Carlos Núñez Téllez (Morales, Arqueles: 157).

Al caer Rolando, sus compañeros decidieron bautizar el Batallón Móvil con su nombre, y así fue que esta unidad combativa entró a la toma de la plaza GN de la ciudad de Granada. También un barrio de Matiguás actualmente lleva su nombre.

*

Jorge: Rolando Orozco ofrendó su vida atacando temerariamente este lugar, intentando penetrar por un acceso lateral. Cuando intentó derribar la puerta de acceso, la GN disparó a través de la misma, ocasionándole la muerte, e hiriendo gravemente a Alejandro Mairena “Huesito”, quien sobrevivió con secuelas permanentes.

Rolando Orozco recibió instrucciones de parte de la Comandante Mónica Baltodano de no atacar el edificio de TELCOR, sino esperar a que el destacamento GN se rindiera ante el férreo sitio al que estaba sometido por nuestras unidades de combate. La impaciencia, el deseo de victoria o el calor del combate, se juntaron para llevar a la inmortalidad a nuestro hermano.

La Comandante Mónica Baltodano me encargó rescatar el cadáver de Rolando y el de un compañero anónimo caído, misión que fue cumplida por Gonzalo Mayorga “Metralleta”, Alberto Montano “Tolón” y mi persona.

El destino me jugaría otra triste pasada cuando la Comandante Mónica me ordena un día después trasmitir a Erick Castellón la misma orden de no lanzarse al asalto contra el edificio, sino esperar la rendición de la Guardia por agotamiento. Érick, al calor de la lucha, se lanzó frontalmente al ataque.

Walter Ferreti: Entonces viene Érick y me pide que lo autorice a dirigir el ataque de hostigamiento al Palacio de Comunicaciones y le digo que sí, que está autorizado. Y van y atacan y llegan hasta las propias puertas del Palacio, pero son rechazados por el enemigo que estaba bien fortificado. Y regresa sudoroso y me dice: “–Chombo”, esa chochada hay que tomarla por asalto, de otra manera no se puede–. Y tornamos a consultar con el Estado Mayor y nos niegan la petición. Es que los mandos consideraban que a esas alturas de la lucha había que hacer esfuerzos para que cayeran muy pocos compañeros.

Una hora más tarde, otro grupo nuestro, con Rolando Orozco a la cabeza, entra por la parte trasera del Palacio, pero son interceptados por el enemigo y muere Rolando en combate. Érick se enojó mucho y dijo que cómo era posible, que por asalto ya lo hubiéramos tomado, que no había necesidad que hombres como Rolando cayeran en ese momento. Siento profundamente el hecho. Me pide ponerse de nuevo al frente de los hombres, le doy el mando y entabla combate fuerte contra ellos, y allí lo hiere mortalmente el enemigo”. (Morales Arqueles: 156)

Mónica: El día 4, Rolando y yo habíamos escogido como lugar para establecer el Puesto de Mando una casa abandonada de dos pisos de unos somocistas, ubicada del Parque una cuadra al oeste y una al sur. Encontramos en las bodegas varios tarros de mantequilla de maní, y con Rolando y otros combatientes comimos pan con esa mantequilla, hasta hartarnos. El día cinco llegaron los otros integrantes del Estado Mayor con la logística, los radios, etc. a ese lugar.

En esa casa, apenas a trescientos metros de TELCOR, estábamos reunidos cuando varias veces nos llegaron a pedir permiso para entrar por asalto a esa posición. En una ocasión le mandé orientaciones expresas a Rolando de que había que esperar. Él no se dio cuenta que el Coronel Lola había abandonado el Cuartel central. Tal vez pensaba que el retraso en la toma de esa posición estaba afectando todo el plan. Posteriormente llegaron Joaquín Cuadra y William Ramírez “Aureliano” y toda la estructura de aseguramiento político, y nuestro miembro de la Junta de Gobierno, Moisés Hassan.

La huida de Lola

Sergio: Unidades de Cabrales “Nacho”, Claudio “106”, Pascasio “Memo” y “La Liebre”, entramos al Comando a eso de las seis de la tarde, casi en penumbras. Era 5 de julio. En el segundo piso encontramos herido en el pulmón derecho a un Mayor GN, me parece que era médico. Me tocó atenderlo, lo llevamos al Hospital.

Cabrales: Cuando llegamos al Cuartel, ya no había guardias, ya habían desalojado. En el ataque al Comando yo iba por la izquierda y Picasso, “106” y Sergio Martínez “Leonel” con otro pelotón iban por la derecha. Fueron dos días de combate, porque cuando se fue Lola, solo quedaron escaramuzas.

Eduardo: Cuando llegamos al Comando era de noche y tengo viva una anécdota: mi gente está en el área del oficial de guardia, y como hay vestuario, armas y municiones, comenzamos a cambiarnos, y uno de los compañeros se pone un casco de la Guardia. Entra un viejito con su morralito de comida y dice: ¡Buenas noches! Él no se percata que el Comando está tomado por nosotros, saluda al compañero del casco, y cuando levanta la cabeza y nos ve, fue un shock. Era como un guardia de reserva. La reacción de los compañeros era otra, pero ahí nomás entra la consigna de generosos en la victoria. Lo sacamos de ahí y se lo mandamos a alguien.

Mónica: Estos son relatos tomados de un reportaje de La Prensa:

“El cocinero de la cárcel, Santiago Palacios escuchó que el comandante Lola, antes de las seis de la tarde, ordenó a los rasos GN que aún quedaban que la cosa era peligrosa, que se alistaran. Desesperados y unos casi histéricos, los soldados recogieron sus mochilas y salieron, una parte a pie y otros en vehículos. Por la residencia de Adán Palacios un grupo de GN, se apostó antes que saliera Lola de su guarida, donde tanto dolor y muerte causaron él y sus esbirros, para cubrirle la retirada. Lola y unos cien rasos y oficiales lograron llevarse una tanqueta, camiones y jeep bien apertrechados de armas y municiones. Palacios, cocinero de la cárcel, declaró a La Prensa, que en la carretera entre Jinotepe y San Marcos, muchos se desbandaron y lograron salir al día siguiente por el barrio Fátima y caminaron esa noche y la madrugada.

El Coronel Lola se llevó en su caravana de la derrota a la esposa de su compinche, el Coronel Jerónimo Linarte, Melba de Linarte. Antes que huyera vergonzosamente el Coronel Lola, según conversación captaba de la banda del Ejército, pidió desesperadamente que la criminal aviación somocista le cubriera la retirada. Céspedes y Lola, antes del mediodía del memorable 5 de julio que fue liberada esta ciudad, pidió a la aviación que lanzaran más “caramelos”, porque si no lo hacían él no continuaría resistiendo. Uno de los criminales aviadores le contestó que la palanca lanza cohetes se le había enconchado.8

Mónica: Se va Lola y sus guardias aprovechando la oscurana. Era la señal de la victoria. No se echaron al vuelo las campanas, porque la población no se dio cuenta sino hasta el día siguiente, y porque aún no habíamos resuelto lo del Palacio de Comunicaciones.

Al rato me vienen a comunicar que Rolando cayó. No entendía cómo podía pasar eso sí solo quedaba un pequeño reducto. Los compañeros trataban de explicarme. Nosotros habíamos acordado en el Estado Mayor no realizar el asalto, no desesperarnos, sino esperar que se rindieran, y habíamos mandado órdenes expresas en ese sentido.

Por otro lado, se intentaba prender fuego a las casas para sacar a los guardias. Se especulaba que en el edificio había sótanos donde se podían estar guareciendo, porque para entonces ya todo el mundo estaba sobre ese edificio y le disparaban a lo descocido.

Tengo vivos recuerdos de que estuve en la parte de atrás del Palacio reunida con Javier López, y estábamos intentando incendiar esa manzana, convenciendo a los dueños de casa que abandonaran, que teníamos que encenderlas para que salieran los guardias que no se rendían. Toda la ciudad estaba a oscuras y costaba mucho reconocernos.

Rolando cae en el costado oeste del Palacio, en una pequeña entrada que aún está ahí. Cae por osado, porque quería meterles una ráfaga por una rendija, y ahí lo cazaron. Por esa razón no pudimos sacar su cadáver inmediatamente, porque nos podía pasar lo mismo.

En un momento determinado, ya noche, en silencio lo fuimos a sacar, y su cadáver ya estaba con el rigor mortis. A mi juicio, el día verdadero de la liberación es después, no cuando se fue Lola, porque mientras esos guardias estuvieron ahí, no habíamos terminado la tarea, y de alguna manera Rolando y Érick pensaban lo mismo, y por eso se precipitaron y cayeron.

Will: La mayoría de los guardias escapó. En la parte de atrás fue que matamos a un guardia que tenía en la mira a Oswaldo Lacayo, y éste, cuando se da cuenta que cae el guardia a su lado, pegó un brinco como de dos metros. Lo mató uno de los chavalos que andaba conmigo. Otro guardia andaba infiltrado, confundiéndose entre los combatientes, y lo mataron otros compañeros.

Nota de Mónica: Después de la salida de Lola, los guardias de TELCOR siguieron resistiendo, y el asedio se prolongó por tres días más que nos parecían eternos. Durante esos días la población civil sufrió las acciones de la aviación somocista, tal y como se relata en el reportaje de La Prensa ya referido:

Entre el 4 de julio y el 7 de julio, la aviación somocista ametralló y bombardeó sin piedad los barrios más combativos de Jinotepe. Niños, mujeres y hombres, como único medio de salvación de los despiadados bombardeos, tuvieron que huir fuera de la ciudad y otros practicaron la operación “cusuco”, en enormes hoyos y zanjas.

Lo más criminal, lo más cruel de la aviación somocista, lo practicaron cuatro helicópteros que se ubicaron a regular altura de la ciudad para no ser alcanzados por los rebeldes, y dejaron caer varios barriles llenos de gasolina y otro material inflamable que dejaron un gran radio de acción de llamas (…) estos cohetes cayeron por el sector del barrio San Antonio, barrio San Juan y Cruz Roja. La orden y la intención del tirano Somoza, era quemar la ciudad entera, pero su plan falló dichosamente al no estallar muchos barriles y otros por caer en lugares despoblados. Don Prudencio Portocarrero, fue uno de los jinotepinos que sufrieron los horrores de estos barriles y por un milagro vive, al no ser alcanzado plenamente por las llamas. La caída de estos barriles angustió a toda la población.

El sábado 7 de julio, a las siete de la noche, los guerrilleros intentaron pegarle fuego a los edificios aledaños a TELCOR. Antes que tomara fuego la manzana de TELCOR, los telegrafistas lograron romper una pared y salieron por donde vivía don Ernesto Zúniga y se entregaron a los combatientes que estaban apostados con ametralladoras pesadas por la Farmacia Santiago y casa de Rafael Quant.

La orden de fuego por el Estado Mayor de Carazo del FSLN, terminó con los últimos vestigios de la genocida guardia en Jinotepe. Unos guardias todavía opusieron resistencia, fueron aniquilados y otros fueron hechos prisioneros. Las casas destruidas por las llamas eran las de Teresa de Sánchez, Bayardo Rueda, Manuel Jiménez, Edmundo Román, Norma Téllez, Marina Rodríguez y Nemesio Porras, donde vivía don Ernesto Zúniga.

*

Marcos: Ya de último, Joaquín Cuadra nos dijo que estábamos atrasando el proceso revolucionario. Entonces “Chombo” se encachimbó y me dijo: –Metámonos los dos adelante. –Metámonos, le digo yo, y nos metimos, pero en ese momento prácticamente no había resistencia. Cuando entramos con “Chombo”, volamos los últimos tiritos y se corrieron. Vimos a dos correrse, pero no los logramos agarrar.

Caídos en la toma de Jinotepe el 4 y 5 de julio de 1979

4 de Julio


 No. Nombre y ApellidoSeudónimo Lugar de origen Donde cae Fecha Nac. Fecha en que cae  Como cae y otros datos
1Miguel Benito Lopez GonzalezJosé MagManaguaJinotepe06/05/195704/07/1979Pelotón José Angel Benavides. Cambatiendo en el sector de los Bomberos.
2Jose María “Chemita”  CuarezmaJacinto ManaguaJinotepeND04/07/1979Pelotón José Angel Benavides. Combatiendo en el sector de los Bomberos.
3Sin datosAntonio ManaguaJinotepeND04/07/1979Pelotón José Angel Benavides. Combatiendo en el sector de los Bomberos.
4Sin datos MateoManaguaJinotepeND04/07/1979Miembro del Pelotón "Guadalupe Ignacio Moreno 'Las Liebres'". Muere en llos combates del cementerio.
5Sin datosEl SegovianoFrente NorteJinotepeND04/07/1979Pelotón Oscar Turcios. Durante combates en los alrededores del cementerio.
6Sin datosFelipeNDJinotepeND04/07/1979Pelotón Guadalupe Ignacio Moreno, Liebres. Durante combates en los alrededores del cementerio.
7Justo Rufino GarayAndrésManaguaJinotepe24/04/195304/07/1979Cae combatiendo en la Iglesia Parroquial Santiago.
8Vidkar MuñozSin datosGranadaJinotepeND04/07/1979Combatiendo en la Iglesia Parroquial Santiago. Recibió balazo en la aorta.
 9 Sin datos Luisón Chinandega Jinotepe ND 04/07/1979 Cayó abatido cerca de Iglesia por disparos de francotiradores, fue enterrado en el Comedor "Delia" y posteriormente exhumado su cadáver y sepultado en Managua.
 10Luis A. Román  Sin datos Jinotepe  JinotepeJinotepe 04/07/1979 Chan del Peloton Juan Pablo Umanzor, cae frente  Instituto Juan José Rodríguez.
 5 de Julio       
 11 Rolando Orozco Carlos  Muy Muy Matagalpa Jinotepe 22/03/1952 05/07/1979 Intentado el Asalto de TELCOR. 
 12 Erick Castellón  Sin datos SD Jinotepe ND 05/07/1979 Intentado el Asalto de TELCOR. 
 13 Martín Castellón Ayón Paco León Jinotepe 06/07/1956 16/07/1979 Pelotón Cristian Pérez Leiva. El 4/7/79 lo hieren en el sector del cementerio en un pulmón, no logra sobrevivir y muere en Costa Rica el 16/07/1979.

Heridos: Aproximadamente veinte

En el Cuerpo de Bomberos, siete heridos: Héctor Porras Toruño “Nelson”, Martín Rivas “Raymundo”, Gregorio Aburto, Mauricio Hernández Tardencilla, “Mónico”, y “Freddy”. Los otros no fueron identificados

Entrada al Cementerio, cinco heridos: “Pedrón Dos” y César Largaespada Pallaviccini. Los otros tres no fueron identificados.

En la Iglesia Santiago: Alfonso El Chele.

En TELCOR: Alejandro Mairena “Huesito”

En el Instituto Juan José Rodríguez, tres heridos: uno de ellos, Peña “El Viejo”. Los demás no fueron identificados.

En la Normal Vieja: Ex GN Francisco Cantillano.

Mónica: Después que se va Lola, empieza toda la organización popular. No había problemas porque en Carazo había base sandinista, cuadros que tenían experiencia. Nuestra tarea era apoyar el tiempo que fuese necesario para que pudiera organizarse la defensa.

Una de esas noches estábamos en el Estado Mayor, donde se habían instalado los radios. Habíamos recuperado armamento y tiros en cantidad. Entonces se abre una ronda de comunicación con los otros frentes de guerra, y en una de esas William se comunica con Bayardo y le cuenta que nos tomamos el Comando de Jinotepe. Bayardo le pide que haga lo que sea para mandarle municiones, y entonces William le responde que va a ver, “porque aquí las necesitamos”. Entonces Bayardo le contesta: “Ajá hombre, y aquí yo las quiero para jugar canicas, ¡no me jodás!”. Estaba encachimbado con William, porque ellos siempre fueron amigos, realmente hermanos.

Después de eso pudimos comunicarnos y me dictó un mensaje cifrado en el que me manifestó su molestia con esa actitud. Al final creo que se le pudieron mandar los tiros.

Cabrales: Cuando enterramos a Rolando se hizo una parada militar. Ahí nos transformamos en el Batallón “Rolando Orozco”. Otra vez estuvimos en una misa y no sé por qué razón llevamos un banderín con el nombre de Aura Ortiz, y creo que lo entregamos a alguna columna de Jinotepe o algo por el estilo.

Mónica: Después fue la juramentación de la Junta Municipal de Gobierno, donde estuvo Moisés Hassan, creo que fue en la Normal Vieja. La Junta quedo integrada por:

Orlando Matus Del Carmen, conservador, miembro del “Movimiento 11 de Noviembre”.

César Estrada, sindicalista del Partido Socialista.

Nemo Arias Dávila, provenía del socialismo y pasó al sandinismo influido por sus hijos, varios de ellos combatientes.

Lila Aguilar Román, conservadora, participante de los ataques de 1960 del “Movimiento 11 de Noviembre”. Colaboradora firme del FSLN.

Orlando Rodríguez, profesor, viejo luchador.

Javier: Me acuerdo que en Jinotepe después hicimos una parada militar, y también por delegación tuya me tocó hablar oficialmente a nombre del Frente. Vos dijiste, –que hable el “99” porque él fue agitador del FER, es “güiri-güiri”, que él lleve el mensaje. Entonces hablé oficialmente por el Frente Sandinista. Así que chagüitié después de la liberación de Jinotepe ahí en la plaza frente a la Iglesia y también lo hice en Granada. Esas fotos quién sabe qué se hicieron, se perdieron, no las volví a ver nunca más.

Mónica: Ahí estuvimos unos días. Vos decías: “Esto está aburrido, ¿a qué hora nos movemos?, ¡necesitamos acción!”. Porque pasábamos haciendo marchas.

Cabrales: Marchas y postas y algunos fusilamientos. Algunos se peleaban por estar ahí.

Mónica: Me acuerdo que casi nos echamos a Pedro Selva.

Cabrales: Se salvó de milagro. Pero en realidad era esbirro. Él manejaba un jeepito del “Paquete España” y era guardia.

Eduardo: En Jinotepe me pasó una desgracia personal y es que un compañero agarró una mochila cargada con un montón de cosas, y le digo: –A ver, esperate, ¿qué andás ahí? Y en lo que me agacho, sube la mochila, y me da, y eran granadas lacrimógenas o de mostaza, estaban quebradas, y me llena la cara, de inmediato me quedé ciego, llegó un médico: –Vení muchacho, calmate. Me metió la cara en una pana de agua, una pana blanca. –¡Muchacho meté la cabeza, abrí los ojos! ¡Hijueputa!. Y ahí nomás pasó un Push and Pull, y yo sin ver. Una gente me metió debajo de una cama.

Después que controlamos todo, me acuerdo que Marcos Largaespada andaba con una chaqueta negra y una calentura como de cuarenta grados, los labios en llagas. Fuimos al Hospital a ver a varios compañeros heridos. – ¡Oe Will! Me voltea a ver, la boca en carne viva, pero ¡puta! En esos momentos era para meterlo en cuidados intensivos y no de andar volando tiros.

Marcos: Yo bajé a la guerra con malaria, y así anduve, hasta que en Carazo me vio una muchacha que medio sabía, me dio una pastilla, no sé cómo se llamaba. No me medicaron, sólo una pastilla. En la ECA todavía tenía malaria. Y ya ves que aguanté.

Eduardo: Hay que decir que la llegada a Jinotepe fue distinta a la de Masaya. Allá nos recibieron con mucho cariño, nos dieron de comer, nos recibieron como héroes. En el caso de Jinotepe fue distinto, por lo menos en el sector donde nosotros estuvimos, la parte urbana de Jinotepe. Las características de los jinotepinos son totalmente diferentes a las de los masayas. Nos daban a entender que éramos bien recibidos, pero… ¿a qué horas se van? Una cosa de esas.

Así como Masaya fue el antes de Jinotepe, Jinotepe fue el antes de Granada. Cuando nos organizamos y todo lo demás, no hubo necesidad de hacer trabajo político, de convencer a la gente, como en Masaya, es decir, no hay nadie que discuta la misión, porque la moral se levantó en Jinotepe de una manera increíble, estábamos muy compactos, nos sentíamos realmente parte del gran Batallón Móvil.

Norman: En Jinotepe el Pelotón “Juan Pablo Umanzor” se consolidaría como unidad político militar, destacándose por su férrea disciplina, capacidad combativa y alto grado de convicción. Esto le depararía que el mando del Frente Interno le obsequiara la boina negra, como símbolo, y uniformara su armamento con el fusil M16-A1. Asimismo se le autorizó a usar su grito de guerra de “Me Atrevo” luego de argumentar ante el mando que este grito no era una copia vacía de los de la GN, sino que era el mismo que lanzaban los miembros de la División 308 del Viet Cong, la unidad de guerra más efectiva de la guerra de Viet Nam.

Javier: En Granada iba también al lado de “Chombito”. Nos dieron la tarea de tomarnos el Comando GN La Pólvora. Nos detuvimos primero en el Hospital Viejo, porque gente mía irresponsablemente se metió a lugares donde nadie la había mandado, lo que nos distrajo un poco, pero luego seguimos hasta que se rinden en La Pólvora, donde soy de los primeros que salgo a hablar con ellos.

Norman: El Pelotón “Juan Pablo Umanzor” (JPU) continuó su marcha victoriosa dirigiendo un ataque por el centro de Granada para permitir que otros pelotones atacaran por los flancos de la ciudad. No hubo combates serios y se aniquiló a siete guardias, y de nuestra parte no lamentamos ningún muerto, pero tuvimos un herido, el compañero René Casaya. A su retorno a Managua, el JPU vino integrando el Batallón “Rolando Orozco”. La Comandante Mónica Baltodano nos reconoció como destacados por nuestro espíritu de cuerpo, por profesionalismo y disciplina castrense. Posteriormente, y por un tiempo muy breve, fui nombrado Jefe del Batallón “Rolando Orozco”.

Javier: En Managua las primeras tropas especiales somos nosotros. Estuve con Regis Debray, y a los Montoneros de Argentina los pusieron a mi cargo. Después, a petición tuya, salí de las estructuras militares a trabajar en el campo político, y luego Modesto me agarró como su asistente. Más tarde me mandaron a Granada y ahí me agarraron para el Ministerio del Interior (MINT) de la VI Región (Jinotega y Matagalpa), después a la Policía y de ahí para mi casa.

Mónica: Como le decía a “Norman”, hasta ahora que conversamos sobre su historia, supe que ya era militante del FSLN cuando llegó por el Puente El Edén a ponerse a la orden como francotirador.

Jorge: Al final, mi militancia fue siempre ignorada, clandestina. Tal vez se deba a una actitud anárquica y espontánea. En 1984, por una operación fallida, desastrosa, el Comandante Luis Carrión me sanciona, retirándome una “militancia” que a efectos prácticos oficialmente nunca me había sido reconocida. Para mí, la militancia no reside en un carné ni en una chapa, sino en el grado de entrega, solidaridad y convicción entorno a los ideales del General Sandino y al Programa Histórico del FSLN. Hoy como ayer, siempre me siento militante de esos ideales, aunque no lo manifieste orgánicamente.

Mónica: Al concluir este cuarto volumen de las Memorias de la Lucha Sandinista, no puedo menos de dejar de insistir hasta la necedad en la importancia del rescate de la memoria histórica. Si no queremos que la historia del pueblo termine en el olvido, hay que dejar constancia de ella, y para eso es menester desplegar un vasto y sostenido esfuerzo de historia oral.

Tampoco puedo dejar de enfatizar en el carácter genocida y criminal de la dictadura somocista. Las tropas de Somoza no dudaron en ametrallar a la población civil y lanzar bombas de gran potencia para castigar a los habitantes de las ciudades donde se habían realizado las insurrecciones, aun después de que se habían retirado los guerrilleros. Fueron testigos de estas barbaries los pueblos de Estelí, León, Chinandega, Masaya, Rivas, Diriamba y Jinotepe. Estas actuaciones los hicieron merecedores del título de genocidas, y culpables de delitos de lesa humanidad, los cuales como sabemos no prescriben.

El recorrido por estos pueblos de la Meseta de Carazo, nos ha confirmado las prácticas de ametrallar y asesinar a población totalmente ajena al conflicto, pero también la violación a las más elementales normas de la Convención de Ginebra, en relación con los heridos y los prisioneros de guerra.

El asesinato de prisioneros en estas tierras lo podemos ejemplificar con los mártires del 4 de abril de 1954, comenzando por Báez Bone. Esta práctica se incrementó en la medida que se profundizaba la lucha.

Así encontramos que en Diriamba fueron asesinados, después de ser detenidos, los hermanos Douglas y Jacinto Blanco, el 8 de julio de 1978.

Uno de los crímenes más abominables fue el del niño Manuel de Jesús Rivera, “La Mascota”, capturado dentro del Mercado de Diriamba y ejecutado en presencia de comerciantes y compradores del lugar.

La población miró cómo fue detenido el 22 de agosto de 1978, Álvaro El “Cabo” Sánchez, y como apareció con innumerables perforaciones de balas unos días después.

Del crimen contra José Hildebrando Rodríguez y Luis Vanegas en Las Marías, son testigos los pasajeros del autobús del que fueron violentamente capturados para después pegarles fuego hasta provocarles la muerte.

Al igual que hay testigos de cómo fue capturado Carlos Humberto Aburto el 27 de mayo de 1979, para luego asesinarlo a punta de torturas y tirarlo en los cafetales totalmente destrozado, tal y como lo encontraron sus familiares.

La captura de heridos en centros hospitalarios, como el caso de Juan Fernando Brenes, sacado del quirófano mientras se le practicaba una cirugía, o la de Juan Manuel Marenco Manzanares, sacado herido de una casa particular, violenta las normas internacionales de trato a los heridos y capturados.

Seguimos sosteniendo que la Revolución fue muy tímida en la búsqueda de aplicación de la justicia internacional contra las principales figuras responsables de crímenes y genocidio. La Revolución Sandinista abrió tribunales populares para juzgar a miles de soldados y cómplices del régimen; pero no se preocupó por llevar adecuadamente a juicio a los principales responsables de estos crímenes.

Tal medida habría garantizado que criminales como Anastasio Somoza Portocarrero, jefe director de la EBBI, y responsable directo de muchos crímenes como el de Álvaro Sánchez, fuesen realmente juzgados para que pagaran sus culpas.

Al concluir esta investigación, nuevamente señalamos que la sangre y el dolor de las víctimas, sigue reclamando que se haga justicia. Quienes hoy, en nombre del sandinismo, detentan todo el poder en nuestro país, tienen la obligación moral, política y jurídica, de encauzar a los principales responsables. En esto no puede haber reconciliación posible.



NOTAS

1 Capitán Elmer Espinales, antiguo oficial de la Cárcel Modelo de Tipitapa y, según el Comandante Daniel Ortega, sin mayores antecedentes criminales (…) Núñez, Carlos: 136.

2 Se fue a El Salvador, combatió en el FMLN y sobrevivió esa otra guerra.

Biografía preparada por la autora con los datos básicos de Martín Castellón que aparecen en un texto publicado en el Diario Barricada después del triunfo. No pudimos precisar la fecha. El recorte nos fue suministrado por el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA), de la Universidad Centroamericana (UCA).

4En el original hay un error, pues se dice Iris Fernández, pero corregimos el texto porque se refiere a Ibis Hernández, esa extraordinaria combatiente que conocíamos como “La Negra”.

5 Esta biografía fue preparada con apoyo de su hermana Perla Marina Garay Mejía.

6 Biografía construida con datos aportados por su hermano Marcos Orozco, quien vive actualmente en Matiguás.

7Hay que recordar que se había establecido como “negocio” de los comandantes de la GN, que a la vez hacían función de Policía, capturara jóvenes con el propósito de cobrar dinero a los familiares a cambio de su libertad. Las familias pagaban con tal de liberar a los jóvenes. De esta manera importantes combatientes pudieron escaparse de las garras de sus captores. Con frecuencia, estos “jefes” también exigían a las mujeres favores sexuales a cambio de la libertad de sus familiares.

La toma de Jinotepe y la cobardía de Lola. Reportaje publicado en La Prensa el 17 de agosto de 1979.

COMENTARIOS

© El Grupo de Apoyo aclara: Recientemente hemos averiguado que una de las casas de dos pisos pertenecía a Horacio Arias Dávila, padre y tío de combatientes sandinistas quien había tenido que emigrar por la represión, dejándola deshabitada. La Guardia la ocupó. Otra casa pertenecía a Gonzalo Arias Dávila, y había sido tomada por la GN, destinándola a los soldados salvadoreños del Consejo de Defensa Centroamericano (CONDECA), lo que explica la presencia de Cifuentes en esas posiciones.

Últimos comentarios del relato
  • salomon brenes l :

    enningun lugar se menciona que los combatientes natos del pu eblo (jinotepe) estuvimos en la toma del comando lugar donde encontramos un sin numero de casa bobos mismos queen parte fueron desactivados por el comando movil y mi persona laliberacion de los reos que estaban en las carceles , tulinga, canguro, canoya etc los que me acuerdo la comida que estaba hecha estaba enveneneda

    08 Oct, 15
  • Admin :

    Es verdad que en todos las escuadras que iban a la toma de Jinotepe participaron jinotepinos, diriambinos, tereseños y otros caraceños, En la entrevista a Gregorio Aburto queda claro que andaban también jinotepinos y mencionamos a varios. Gregorio, de la comunidad de Dulce Nombre, fue herido gravemente enfrente del comando. También algunos otros s cayeron en la toma. Si nos das mas datos podemos incluirlos poco a poco

    21 Jun, 16
  • Rogelio Torrez Meza :

    Hermoso trabajo Cmdte. Baltodano.

    19 Jul, 15

Comentarios

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