Memorias de la lucha Sandinista

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Todas estamos despiertas

Doris Tijerino


Doris Tijerino Haslam nace en Matagalpa el 4 de septiembre de 1943. Hija de una mujer revolucionaria, Doris Haslam Macy, forma parte de una familia anti-somocista. Doris crece en un ambiente conspirativo y revolucionario. Se incorpora en 1958 a Juventud Patriótica Nicaragüense y en 1960 al Partido Socialista Nicaragüense. Estudia de 1963 a 1965 en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

A su regreso a Nicaragua, en 1966, se integra al Frente Sandinista de Liberación Nacional. En 1968 pasa a la clandestinidad. Es capturada el 15 de julio de 1969, en el mismo operativo en el que cae combatiendo Julio Buitrago Urroz. Es torturada y violada, y valientemente denuncia las vejaciones. Sale libre en 1970 y unos años después viaja a La Habana, donde permanece hasta el triunfo de la Revolución Popular Sandinista en 1979.

Durante la Revolución ocupa distintas responsabilidades, llegando a ser Jefa Nacional de la Policía Sandinista. En 1990 es Diputada por el FSLN ante la Asamblea Nacional y al momento de esta entrevista es miembro de la Dirección Nacional del FSLN.

La poca participación inicial de las mujeres en las filas del FSLN, se fue ampliando hasta llegar a ser masiva en la fase insurreccional. La incorporación en los años de 1960 requería coraje y conciencia de la necesidad de romper con el rol subordinado que la cultura patriarcal les ha asignado a las mujeres. Doris Tijerino es una de las mujeres emblemáticas de las rupturas que hicieron entonces un puñado de ellas, que se constituyeron en las primeras mujeres militantes y, según nos relata, aprendió sobre la lucha desde su hogar, y de otra mujer: su madre.

Uno de los hechos más relevantes en la trayectoria de Doris, fue el coraje mostrado al denunciar las torturas y violaciones de las que fue víctima en el año 1969, en que es hecha prisionera al ser descubierta una casa de seguridad del FSLN en el barrio Las Delicias del Volga, donde se encontraba junto a Gloria Campos Traña, también capturada. Fue éste el episodio heroico de Julio Buitrago, combatiendo solo, durante horas, contra todo un ejército, incluyendo tanquetas y aviones, hasta morir, lo que le confirió el mérito de ser considerado “Padre de la Resistencia Urbana”.

Su valiente denuncia fue un elemento motivador en la conciencia de los nicaragüenses; despertó a algunas personas, mujeres entre ellas. Recuerdo que mi primera participación en una manifestación política, cuando aún no cumplía quince años, y estudiaba en tercer año de secundaria, se denominó “Libertad para Doris”. Las monjas de La Pureza y de La Asunción nos dieron permiso para ir a marchar por la libertad de Doris Tijerino.

La vida de Doris ha estado marcada por la tragedia. Su gran amor, Ricardo Morales Avilés, cayó en Nandaime en septiembre de 1973. Ricardo había escrito bellos poemas para Doris cuando él estaba en la cárcel. Después, Doris fue compañera de José Benito Escobar, líder obrero sandinista, quien cayó en Estelí en 1978 mientras ella estaba prisionera en Managua. La bella niña Doris María, fruto de su relación con Ricardo, murió en un accidente aéreo en 1985. Pese a ello, Doris es una mujer con una gran fuerza y llena de esperanza.

Mónica: Doris, ¿cómo fue tu proceso de toma de conciencia política?

Doris: Bueno, yo vengo de Matagalpa. Cuando mi mamá tenía dieciséis años, se vinculó con un comunista chileno que estaba casado con una prima hermana mía. De ahí, entró en contacto con las ideas y la literatura marxista. Mi mamá había guardado un libro para regalárselo a su primera hija mujer cuando cumpliera quince años, el libro se llamaba La Madre, de Máximo Gorki. Es interesante anotar que me lo dio cuando cumplí 13 años, porque dice que detectó en mí cierta actitud y mucha pasión política, un anti-somocismo visceral, al extremo que me consideraba “chamorrista”, ni siquiera conservadora.

En mi familia, comenzando con mi mamá, todos eran militantes de causas políticas, aunque no de partidos, así que también tempranamente leí el libro de Somoza sobre Sandino, El Verdadero Sandino o El Calvario de Las Segovias.

Mi mamá colaboró con Ramón Raudales llevando armas y panfletos, y yo la acompañaba. Entonces fui aprendiendo a conspirar al lado de mi madre, quien era la número catorce de una enorme familia de terratenientes. Ella misma había parido once hijos. Era muy chiquita, muy fina, daba la idea de ser una persona que andaba en cualquier cosa, menos en la política, pero en realidad trasladaba armas y buscaba gente para que subiera a la montaña.

Así fui aprendiendo y me vinculé con la literatura marxista aplicándola a mi propia realidad, porque nací y crecí viendo de cerca la explotación del campesino. Carlos Fonseca decía que algunos sandinistas decidieron ser militantes más por vergüenza que por conciencia, y es cierto; a mí me avergonzaba la forma en que vivían los campesinos y cómo vivíamos nosotros en esas haciendas de café y ganado.

El problema es que, independientemente de que el patrón de esas haciendas se considerara bueno, y a los niños les diera un regalito el veinticuatro de diciembre, y a los peones les proporcionara carne el domingo; en tiempos de corte, la gente llevaba una vida miserable porque no tenía derecho ni siquiera a la privacidad. Un montón de gente vivía metida en un solo cuarto, en una gran promiscuidad, sin derecho a decidir sobre la educación y formación de los hijos, dependiendo de lo que la patrona o la madrina les dieran.

Esa convivencia diaria y cotidiana con lo que significa el capitalismo, combinada con cierta formación política y el conocimiento de la realidad política nicaragüense a través de la lectura de los documentos de Sandino que se publicaron en ese libro de Somoza, me ayudaron bastante. Mi mamá me decía: –No leas el comentario, sólo el documento. Entonces, visto lo que decían Sandino y Máximo Gorki, y lo que pasaba en el campo en Matagalpa, tendría que haber sido yo una persona sin ninguna calidad humana para no tener una posición rebelde. Y así me comprometí.

Mónica: ¿Y a qué tipo de actividad te integraste primero?

Doris: Primero me metí a colaborar con mi mamá en el traslado de armas, las que envolvían y ponían en unos microbuses de diez pasajeros marca Volkswagen. Como era chiquita, me acostaba sobre los rifles y me dormía y así pasaban los retenes de la Guardia Nacional.

Ya como militante, entré a Juventud Patriótica Nicaragüense, en Managua, pues en 1957 nos habíamos venido de Matagalpa. Ahí estuve como un año, pero esa organización tan buena no tenía perspectivas, porque no había un partido que impulsara la lucha por un frente de masas más amplio. Ahí conocí a Julio Buitrago –era mi responsable–, también a José Benito Escobar y a su hermano Inocente Escobar, quien fue un buen dirigente de masas y un gran agitador, y a Silvio Mayorga. Pero después nos distanciamos porque ellos se fueron al Frente Sandinista y yo al Partido Socialista Nicaragüense.

A Juventud Patriótica entro porque, como decía, tuve la gran fortuna de tener de madre a Doris Haslam Macy. Ella me enseñó que había que organizarse para la lucha, y siempre anduvo metida en intentos de crear organizaciones de base, obviamente de mujeres, de cosas que tenían que ver siempre con la política, por ejemplo, en la defensa de los presos. Recuerdo que una vez me dijo con mucha claridad: – ¿Ya has leído que existe una organización? Ella también me acompañaba a las reuniones, siempre me impulsó a participar de una manera organizada.

En JPN, en Managua, empezó un debate por el papel de la lucha de masas; algunos creían que con sólo este tipo de lucha bastaba para resolver las contradicciones del pueblo con la dictadura, y que se terminaría la dictadura. Se pensaba hasta en hacer una acción como la de Rigoberto López Pérez; pero había quienes ya empezaban a decir que no, que se debía vincular la guerra de guerrillas en la montaña con la lucha de masas. Se hablaba de movimientos que se identificaran con los nombres de Chale Haslam, Julio Alonso Leclaire y Ramón Raudales.

Eso dio lugar a otro debate posterior sobre cómo continuar la estrategia y la táctica. Y de repente se me desaparece la gente, y yo los buscaba, y en las calles me los encontraba y cambiaban de rumbo, y era que ya andaban conspirando y no querían hablar conmigo, ya que mi papá era militar.

Mi mamá me dijo que había otras organizaciones, y ella me invitó al Partido Socialista, y de pronto encontré contactos con mucha facilidad en mi propio medio familiar, a través de Alberto y Adolfo Evertz. Recuerdo que en la Juventud Patriótica había estado conmigo la mujer de Luis Sánchez, la Hortensia Rivas. Ella era más radical que yo, era de línea muy dura, planteaba que las mujeres no deberíamos perder tiempo ni siquiera en peinarnos, en pintarnos, porque había que dedicarle todo ese tiempo a la militancia.

Mónica: Doris, me imagino que los socialistas daban mucha importancia al estudio, ¿qué me podés decir de eso?

Doris: Mi vinculación al Partido Socialista me permitió darle continuidad al estudio del marxismo, que sólo conocía por relatos de mi madre. En ese tiempo, en Nicaragua no había posibilidad de estudiar marxismo, y eran pocos los textos que ingresaban al país. A uno lo podían echar preso por tener libros “subversivos”.

Recuerdo una anécdota en que nos ayudó el hecho que la Guardia fuera muy ignorante. Una vez mi mamá trajo La Sagrada Familia de Federico Engels, un libro muy complicado de leer, porque exigía algunos conocimientos en biología, ya que en sólo la introducción habla del origen de la vida. Los señores de la Seguridad somocista vieron el libro, y le dijeron a mi mamá que era bueno que leyera esas cosas.

Creo que eso es importante de señalar, es decir, cómo los jóvenes teníamos que luchar en ese tiempo. Cada cosa, hasta el acceso a la lectura, era muy difícil, porque no había libertad. No es que fuésemos un grupo de aburridos. Yo era amante de Elvis Presley y me encantaba el rock and roll.

Mónica: ¿Y los Beatles?

Doris: Eso es más para acá, Mónica, eso es de tus tiempos. Yo soy del Charleston. Pero de igual manera me encantaba bailar...

Mónica: ¿Y todavía bailás?

Doris: Ya no mucho, ya a los cincuenta y cinco años, uno tiene que tener cuidado en sus movimientos… de toda naturaleza.

No éramos aburridos, pero sí estudiábamos lo que teníamos en medio de la escasez de documentos. Algunas cosas las sabíamos por encimita, pero al menos conocíamos que el capitalismo y la explotación existían. Manejábamos algunas categorías marxistas. Pero tampoco te hagás una idea muy romántica de lo que pasaba; por ejemplo, me acuerdo que había unos veinticinco puntos en la pugna de la China con la Unión Soviética, que era prohibido que los leyéramos, porque sólo podíamos saber lo que decía la URSS. El que quería conocer la posición de los chinos, no tenía ninguna posibilidad.

Hacíamos trabajo proselitista en el campo y me mandaban a la zona campesina situada desde Jocote Dulce hasta los Llanos de Pacaya, porque como yo era de extracción terrateniente o burguesa, me decían que debía “proletarizarme”. A veces había hasta un trato injusto hacia mi persona. Me tocaba, por ejemplo, los 31 de diciembre, cuidar un enorme barril de vaho; pero las hijas de los dirigentes obreros no tenían que hacer eso porque ya ellas habían nacido proletarizadas.

Por eso digo que desde que entré a la vida política, yo he venido formándome entre muchas contradicciones y mucha presión y, a veces, como no soy el Che, me cansaba a veces; me cansaba que en algún momento mi extracción de clase fuera considerada una gran cosa y se presentara como una panacea, pero que, en otras situaciones, me condenaran porque no soy proletaria.

Oyente: Me encanta el programa Entre Todos porque recuerdan a los héroes que dieron su vida. No olviden que allá en Corinto había un muchacho que dejó a su familia, su esposa y su hijo. Él se llamaba Carlos Tinoco, murió en la montaña con su pierna podrida. También a Ulises Tapia jamás lo mencionan, y anduvo con Pomares. También Marlene Ramírez Tapia, quien murió en Chinandega peleando hasta que la dejaron desangrar allí con su pierna herida.

Doris: Carlitos Tinoco cayó en Pancasán con Carlos Reyna, un muchacho obrero de aquí del barrio Los Pescadores.

Mónica: Una oyente que no quiso salir al aire pide que hablemos sobre las dificultades de las mujeres para acceder a cargos de responsabilidad en el Frente Sandinista; pregunta por qué no fuiste de la Dirección Nacional antes del triunfo de la Revolución.

Doris: Desde la época del General Sandino, tenemos participación de mujeres en la lucha, comenzando con la misma esposa del General Sandino, Blanca Aráuz, quien no era combatiente, pero tenía una gran participación, ya que era el enlace con los políticos de la ciudad. También están las hermanas Villatoro, quienes eran las responsables de la comunicación entre los distintos agrupamientos militares, la cual era una tarea muy importante.

Hay una anécdota muy bonita, romántica si querés, que te habla de la calidad humana del General Sandino. En uno de los combates, a Teresa Villatoro un proyectil le arrancó astillas del hueso de su frente, y el General Sandino mandó a hacer un pendiente con esas astillas. Había un reconocimiento de la participación de la mujer, y de la necesidad de su incorporación a la lucha.

Mónica: Para la mujer era mucho más difícil porque siempre nos educaron bajo la idea de que no éramos para la política.

Doris: Claro, pero voy a señalar una de las grandes diferencias entre la participación de la mujer en la época del General Sandino, donde la mujer llega por la vinculación familiar y afectiva. El grueso de mujeres –sólo con algunas excepciones– son las hijas, esposas y compañeras de los combatientes varones, y hacen labores de apoyo. En el Frente Sandinista hay una calidad distinta de participación, vas de combatiente, vas de militante, vas por tu propia decisión y convicción, no porque sos familiar de alguien, y eso le da otra connotación. Sí, ha habido machismo en el Frente Sandinista, y nosotras lo hemos sufrido y lo seguimos sufriendo. Sin embargo, hay que reconocer que muchos respaldaron la incorporación de la mujer en la lucha.

Ahora, por una aclaración histórica, quiero decir que fui miembro de la Dirección Nacional del Frente Sandinista, pero no me llamaba Doris Tijerino, sino “Conchita Alday”. Yo escogí ese nombre no por casualidad, me lo propuso Carlos Fonseca, y él me dijo que quería que yo lo honrara. En ese entonces era miembro suplente de la Dirección Nacional. Eso fue de 1965 a 1967. Teníamos distintos seudónimos, pero en la Dirección Nacional me llamaban “Conchita Alday”, así me buscaba la Seguridad, y lo usaba para firmar documentos.

Mónica: Es muy importante lo que decís porque la percepción que muchas y muchos teníamos es que no hubo mujeres que accedieran a la Dirección Nacional del FSLN, aunque a finales del año 1967 había miembros plenos y suplentes, y éstos asumían inmediatamente que caía algún miembro pleno. Por ejemplo, cuando muere Pedro Aráuz Palacios, asume Bayardo Arce Castaño, que era su suplente.

Doris: Ahí sí se manifestaba el machismo. A mí me sacaron de la Dirección Nacional cuando había demasiados integrantes, pero no sacaron a ningún hombre.

Mónica: Pero tampoco hubo alguna mujer cuando se crea la Dirección Nacional Conjunta. Sin ofender, creo que Doris Tijerino se merecía más, y tenía más cualidades que algunos Comandantes de la Revolución.

Doris: Mientras estemos en un medio machista, siempre va a haber machismo. Sin embargo, no sólo estando físicamente en la dirección del partido, es que se hace algo por la Revolución. ¿Yo quise estar en el Frente Sandinista para dirigirlo o para hacer algo por la Revolución?

Mónica: Pero hay que reconocer que entre más poder tengamos, más posibilidades tenemos de realizar los proyectos; en este caso, de empujar también los derechos de las mujeres.

Doris: Tenemos poder de presión, pero esa es otra discusión. El problema no es que exista el machismo, sino la actitud que se tiene frente a él. Las mujeres dentro del Frente Sandinista hemos estado luchando contra eso, pero también los hombres, y hemos tenido grandes apoyadores, algunos de discurso, pero otros de verdad.

La lucha contra el machismo dentro del Frente nos trae problemas a las mujeres que participamos en ella, porque después nos volvemos casi insoportables en otros ámbitos, y en otras esferas de la vida. Carlos Fonseca fue uno de los que más impulsó la participación de las mujeres.

Mónica: Contanos de Carlos Fonseca, de tus vivencias con él, de las cosas que más te han impresionado de su ejemplo.

Doris: Carlos me formó, los dos éramos de Matagalpa, habíamos estado muy vinculados. Mi papa tuvo una radio y Carlos trabajó en ella siendo estudiante de secundaria. Él cobraba los anuncios. Yo lo veía desde chavala, a pesar que él era mayor que yo. Además, yo sabía quién era él.

Su mamá era una empleada doméstica muy pobre y no tenía para comprarle a Carlos los anteojos que éste necesitaba. Su papá sí tenía recursos, pero no le daba, y en Nicaragua no había leyes que obligaran a los hombres a que asumieran su responsabilidad paterna. Aun sin anteojos, Carlos estudiaba y era el mejor alumno. Apenas se estaba bachillerando, pero ya en Matagalpa se sabía que Carlos Fonseca era un hombre como iluminado, como un santo. La miopía lo obligaba a pegarse el libro a la cara. Y no sé cómo hacía, pero Carlos era excelente estudiante, y daba la imagen de un hombre que estaba predestinado para algo grandioso.

Carlos me enseñó muchísimas cosas, por ejemplo, decía que cuando un compañero le asigna una misión, una tarea, a otro compañero, debe explicarla hasta cien veces; pero si no entiende, hay que explicársela otras cien veces. Decía que era arrogancia pequeño burguesa y soberbia, la desesperación de los que sabían leer y escribir, cuando otros menos letrados no les entendían rápido lo que estaban diciendo. Después supe que eso tiene que ver con una filosofía de los vietnamitas, de Ho Chi Min. Y ahí vas viendo cómo vas heredando enseñanzas de realidades, de líderes y de revoluciones que ni siquiera están aquí, y que te van marcando. Eso me lo decía Carlos porque a veces hablo medias palabras o digo cosas creyendo que todo el mundo debe entenderlas o sabe lo que yo sé.

Es como decía José Benito, quien fue mi compañero después que murió Ricardo: “No hay malos militantes, los que no hacen bien las tareas, son los malos dirigentes, cuando no saben ubicar a la gente en aquellas funciones en las que pueden hacer bien las cosas”. Y por muy humildes que sean tienen la capacidad de defender con fervor el proyecto revolucionario y el partido, que a veces no la tenemos los que leemos y escribimos, y vamos a la universidad y cargamos títulos. En el FSLN ahora hay de todo, hasta compañeros que pertenecen a los sectores empresariales, y esa es su gran riqueza.

Mónica: Recuerdo que en 1966, Doris junto a Michelle Najlis, Nicho Marenco y otros estudiantes, desplegaron una manta de protesta en el Estadio Nacional. Imagínense, en 1966 ya tenía treinta años la dictadura somocista. Contanos, ¿cuál fue la acción del Estadio en que vos participaste?

Doris: Esa fue una acción del movimiento estudiantil, y ahí la fuerza sandinista se expresó a través del Frente Estudiantil Revolucionario. Fuimos a la inauguración de un campeonato de béisbol donde estaba Somoza, donde él estaba haciendo una utilización política de un evento deportivo. De nuestra parte, fue un acto planificado, una conspiración, y nos cayó la Guardia; pero fuimos más rápidos que ella, le dimos tres vueltas al Estadio. Yo nunca en la vida he corrido tanto, en este sentido he sido una persona bastante pasiva; sin embargo, ese día di tres vueltas.

Nosotros estábamos en la parte de atrás de la barda, por donde entraban los equipos para desfilar, y habíamos metido la manta enrollada y camuflada; de allí nos lanzamos, y cuando estuvimos en el terreno, desplegamos la manta, era una manta monstruosa de grande, que decía “No más Somoza”, y obviamente, empezó el forcejeo de la Guardia en querernos quitar la manta y muchos resultaron detenidos. Michelle Najlis, Julio Buitrago y yo, logramos salir, pero Casimiro Sotelo, no. A una compañera que venía del sector socialcristiano, que se llamaba María Teresa García, la Guardia la estaba golpeando, y Casimiro fue a defenderla, y en eso lo capturaron1.

Nosotros pudimos salir gracias a que vestíamos de pantalones, los enrollamos y fingimos que eran faldas talladas, y nos salimos antes que la Guardia pudiera reaccionar y cerrar los portones del Estadio. Ellos estaban más ocupados protegiendo a Somoza. Creo que con nosotros iba Roberto Malespín, un dirigente estudiantil.

Oyente: ¿Qué nos podés decir Doris, no sólo a las mujeres, sino a todos en general, sobre la situación actual del Frente Sandinista y los problemas de la unidad? ¿Y cómo rescatar la historia?

Doris: La historia del Frente Sandinista es como el desarrollo de una lucha constante por mantener la unidad. Creo que no podemos escribir ahorita la historia del Frente. No deberíamos, aunque hay que trabajar los testimonios, depurarlos de las pasiones humanas, porque si queremos escribir la historia sólo con la sumatoria de los distintos testimonios, no sé qué va a salir, porque cada quien tiene una visión distinta, y he visto historias de historias.

Creo que debe hacerse en el momento en que no vayan a intervenir otros problemas sobre la historia del Frente, sus divisiones y las interpretaciones que se están manejando. Esto es muy delicado y creo que hay que saberlo hacer.

El Frente Sandinista comienza a formarse entre 1960 y 1961, pero es hasta en 1963 que adquiere ese nombre. Hay fundadores que aún están vivos y esa es una dicha increíble, porque somos un partido muy rico en generaciones, en representaciones sectoriales, gremiales y de clase. Se puede escribir la historia, pero la historia a la que yo me refiero, tendría que ser un texto analítico que quedaría como un documento oficial. Creo que para hacer eso hay que trabajar mucho, porque he visto relatos de acontecimientos en los que yo estuve, y que no se parecen a lo que yo viví, y lo que ocurre es que cada quien le pone su enfoque, su percepción.

En relación al tema de la unidad, es complejo. Nosotros tuvimos una etapa de acumulación de fuerzas desde 1970 a 1975, que fue como un alto; nos dimos una tregua y dijimos, no vamos a reivindicar ni una sola acción, ni siquiera vamos a empeñar grandes esfuerzos si no es para acciones de sostenimiento. El movimiento estudiantil y el FER, cargaron con la responsabilidad de ser la expresión pública –no firmada– del planteamiento. Eso significó cinco años organizando y definiendo estrategias. Yo me acuerdo que Samuel Genie, Jefe de la Oficina de Seguridad Nacional, dijo en una conferencia de prensa que ya habían muerto toditos los sandinistas.

Este proceso había comenzado desde 1969 y por eso Carlos Fonseca se había ido un tiempo a Costa Rica, porque existía un debate sobre la estrategia y la táctica. Después de la guerrilla de Pancasán, nos dimos cuenta que debíamos definir esas cosas que a algunos les gusta y a otros no. Había que debatir para hacer definiciones muy apegadas a la realidad, y no sobre la base de la teoría en abstracto. Julio Buitrago se quedó en Nicaragua con Efraín Sánchez sosteniendo el punto, y en Costa Rica estaban los miembros de la Dirección para definir, precisamente, lo que se estaba planteando en el debate; porque ya había quienes decían que lo que se había desarrollado en Pancasán era foquismo y que Bocay había sido una invasión. Todo eso se estaba discutiendo, tratando de analizar y sistematizar toda esa experiencia para poder continuar. Cosa que ahora no es tan fácil hacerlo.

Nosotros tuvimos una ventaja, y parece una contradicción, y es que andábamos clandestinos, nos hicimos topos, nos desaparecimos y dijimos, aquí no vuelve a haber un papelito ni chiquito ni grande del Frente Sandinista. Y empezamos a trabajar para organizarnos, para volver a construir lo que tanto nos habían golpeado: Bocay, en 1963, Pancasán, en 1967 y la gran represión de los años setenta en las ciudades. Había que meternos debajo de las piedras para poder acumular.

Lo único que hicimos fue lo de Gonzalo Lacayo2, después de Pancasán, para marcar tarjeta y decir, aquí estamos; pero entre 1970 y 1975, ya teníamos definida la lucha armada, y las cosas estaban mucho más claras.

Mónica: Gonzalo Lacayo había sido uno de los torturadores más terribles.

Doris: Sí, eso era como una acción de justicia, que moralizaba y enviaba el mensaje “No, no nos acabaron en Pancasán”.

Parece contradictorio, pero nuestras condiciones ahora son más difíciles, porque el Frente Sandinista es infinitamente más grande, y dentro de él hay distintas fuerzas contradictorias, pero que son legítimas, tienen derecho a expresarse. Eso es una pluralidad que, obviamente, a veces nos presenta de una manera amorfa. A veces hablás en un foro de obreros, y tenés un discurso, y después te vas donde los empresarios, y aparecés con otro, y pareciera que sos dual. Estas condiciones no son fáciles.

Mónica: Desde hace varios años, uno de los grandes problemas del Frente Sandinista es que no termina de definir cuáles son los objetivos y las grandes tareas de esta etapa, en un proceso de debate interno en donde todos acordemos ir en tal dirección. Esto es necesario porque, además, ahora hay una pluralidad de intereses. Como vos decías, en el Frente hay empresarios y hay pobres. ¿Quiénes o qué intereses determinan el rumbo del Frente? Y hay algo más Doris, el Frente no está aislado del contexto internacional, y hay un reflujo mundial de las ideas revolucionarias.

Doris: Pero no sólo eso, Mónica, la diferencia cualitativa es que en los años 70 y 75 teníamos definida la lucha armada. Ahora tenemos la lucha electoral. Resulta que la lucha armada no te contamina ningún debate, porque cuando a vos te llaman a meterte al Frente en los 70, nadie que se incorpora está pensando que puede ser elegido en un cargo.

Lo que nos decían es que era una lucha a muerte, y nos reclutaban y nos educaban para tener la capacidad de aceptar la muerte como un elemento natural del proceso de vida; pero ahora la cuestión electoral siento que contamina, y te voy a decir un ejemplo: Cuando voy a Pueblo Nuevo –porque siempre estoy empeñada en un proyecto de apoyo a la pequeñísima producción campesina–, de pronto surgen sospechas entre los mismos compañeros acerca de si tengo aspiraciones de ser diputada. Lo mismo ocurrió en el pasado. Siempre que quería implementar un proyecto, la gente decía que yo lo hacía con las intenciones de entrar a la Dirección Nacional del Frente.

El debate se contamina por el problema electoral, y si uno quiere discutir del partido, dicen: – ¡Ah!, pues debe de ser que va a ser candidata de algo. Y cuando peor me fue, alguien dijo: – ¿Y ella les habla del partido? ¿Por qué? –le dijeron. Porque parece que quiere hacer otro partido –contestó esa persona. Yo, ¡a estas alturas hacer otro partido!

Mónica: Y aquí hay dos cosas fundamentales que contaminan y que están afectando la unidad: una es que debemos debatir sobre lo concreto, es decir, el problema es que estamos enfrentados a un gobierno corrupto, un gobierno que es anti-democrático, que viola la Constitución. Es un gobierno inhumano y que discrimina a los pobladores de la Costa Caribe. No puede haber unidad si no debatimos cuál es la posición del Frente sobre este gobierno; y el otro problema a debatir, son las ambiciones personales, porque es cierto que cuando vos ponés el cargo como tu motivación esencial, te perdés.

Doris: Pero ahí está la contaminación, ¿entonces para qué te sirve el partido?, para irte dando cuenta en qué momentito te perdiste y tenés que volver a lo colectivo. El partido te ayuda, te educa; pero insisto, en esto hay una frase de Ricardo Morales, que tal vez no es de las más populares, y yo no me he aprendido la frase de memoria, tal vez no es muy poética, pero expresa la esencia del Frente Sandinista en su relación con su membrecía.

Ricardo decía: El Frente Sandinista valora mucho la dignidad del militante, eso quiere decir que lo respeta de verdad, y por eso exige lo máximo de él. Sólo de esa manera podés meterte en una empresa donde lo único que tenés a las puertas es la posibilidad de morir. Aplicando el pensamiento de Ricardo, debemos respetarnos para construir la unidad, tolerémonos, sepamos que somos parte de un organismo: a mí una mano me sirve para una cosa, la pierna para otra. No nos descalifiquemos entre nosotros porque nosotros somos el partido. No es que el partido sea una institución que está allá: yo soy el partido, el partido somos todos. Si yo respeto la dignidad del otro, si no lo descalifico, le puedo exigir el máximo a éste.

Mónica: Estamos en la parte final del programa y quisiera preguntarte, ¿vos le pusiste el nombre a dos libros de Margaret Randall sobre las sandinistas en la lucha?

Doris: ¡Ah! sí, a Somos millones y Todas estamos despiertas. Sobre este último ocurrió que yo estaba detenida en las celdas de la Central de Policía. Llegué un poco después que vos saliste de la cárcel. Entonces recordarás que parte de nuestra lucha era romper el aislamiento y por eso teníamos unos radios pequeñitos, clandestinos, que utilizábamos para oír las noticias, y yo escuché la noticia de que José Benito Escobar, que era mi compañero, había caído acribillado. Y no sabía si mis compañeras sabían. Entonces recuerdo que tuve que gritar, porque estábamos en celdas individuales y aisladas. Yo pregunté: –Rosa Argentina Ortiz ¿estás despierta? Y Margine respondió: –Todas estamos despiertas. A Margaret le pareció una frase muy hermosa y a mí también, porque yo sentí una fuerza cuando Margine la dijo.

Mónica: Quería decir, todas nos hemos dado cuenta de que cayó José Benito, tu compañero…

Doris: Yo sentí una gran fuerza y la solidaridad, porque no podíamos decir nada, cuando ella me respondió, todas estamos despiertas, entonces supe que todas me estaban acompañando.

Mónica: Vos, que sos una mujer de mucho valor, dales un mensaje final a nuestros oyentes.

Doris: Quisiera recordar a Martha Angélica Quezada, a Arlen Siú, a Claudia Chamorro, a Angelita Morales –hermana de Ricardo que murió también antes del triunfo y fue una mujer que aportó mucho–, a Bertha Díaz, a Luisa Amanda Espinoza y a muchísimas compañeras de quienes, a veces, ni los nombres recordamos, y en otros casos, ni los supimos, porque fue tal la barbarie contra este pueblo, que hay mucha gente que murió, y que no tenemos ni siquiera todos los nombres compilados.

Yo quisiera dar un mensaje, tomando las enseñanzas de mi madre, fui marcada por ella y me enseñó que no se podía luchar sin organizarse, y que uno solito podía tener reconocimientos individuales y tener presencia en la sociedad si sos muy inteligente, pero para la lucha social hay que organizarse. Y para organizarse hay que resolver el problema de la unidad, y hay que resolverlo con los principios que nos fueron enseñando Carlos Fonseca, José Benito Escobar, Ricardo Morales y tantos otros.



15 de mayo de 1999





NOTAS


1 Según informaron los diarios de la época, la Guardia Nacional cerró los portones del Estadio, y la represión desatada provocó una estampida en la que murieron aplastadas doce personas. Cayeron presos Casimiro Sotelo y Dionisio Marenco. Posteriormente, capturaron a Danilo Aguirre y a Roberto Arévalo, quienes buscaban excarcelar a los prisioneros.

2 Se refiere al ajusticiamiento del esbirro Gonzalo Lacayo por un comando sandinista.


Últimos comentarios del relato
  • Alcidez Wilfred :

    Saludos especiales para tí quisiera conocerte un compañero me contó su historia por eso entre en Internet para saber tu historia soy de una comunidad pobre y humilde gracias por conocer

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    Un gran gusto y abrazo saludes

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    Es estremadamente bueno

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