Memorias de la lucha Sandinista

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COMBATIENTE POPULAR EN CHINANDEGA

   COMBATIENTE POPULAR EN CHINANDEGA

Juan José González nació en Managua, el 30 de enero de 1955. Es hijo de Miguel Ángel López Moreno y Elisa González Sevilla. Terminó la primaria en el Centro Escolar Simón Bolívar, estudió parte de la secundaria en el Instituto Maestro Gabriel, en Managua, y en 1977 se bachilleró en Chinandega. A inicios de 1979 se incorporó a la tendencia Proletaria del FSLN, siendo su responsable Manuel Lezcano (Marcos), un maestro de El Viejo.

Después de la insurrección de septiembre de 1978, como gran parte de jóvenes, Juan José se replegó a Honduras evadiendo la represión somocista. Allá fueron re-contactados por las distintas tendencias, recibieron entrenamiento militar, y organizados en grupos entraron a combatir en la insurrección final, en junio de 1979. Después del triunfo fue soldado del EPS hasta 1985. Luego trabajó en algunas oficinas del Estado, y desde 1988 hasta 1995, fue docente de secundaria por el MED. En la actualidad es pasante de Derecho, y se desempeña como consultor privado.

Su hermano, Miguel Benito López, conocido como José Mag, combatió en la insurrección de Managua con el Pelotón José Ángel Benavides, participó en el Repliegue, y cayó en combate el 5 de julio de 1979, en la toma de Jinotepe.

***

Introducción de Mónica

Según los planes, la insurrección del departamento de Chinandega debía ser el 2 de junio de 1979, previéndose el levantamiento popular y el accionar de fuerzas militares ubicadas en los municipios de Chichigalpa y Chinandega, combinadas con tres grupos de combatientes que entrarían de Honduras, y cuyos jefes más visibles serían: Alonso Porras, quien atacaría Chinandega; Sergio Mendoza, se encargaría de Somotillo y Villanueva; y Emerson Velázquez, con cerca de 80 combatientes, atacaría Potosí y El Viejo, y luego reforzaría los combates en Chinandega. Los dos primeros eran de la tendencia proletaria, Emerson de la insurreccional.

El 25 de mayo de 1979, la GN masacró en Chichigalpa a gente sospechosa de ser sandinistas, lo que obligó a los combatientes a salir hacia los cerros vecinos, provocando que el 2 de junio, cuando inició la insurrección, las fuerzas estuvieran desarticuladas. Ese día, soldados de la GN, reforzados por el CONDECA, se dislocaron en puntos estratégicos de la ciudad cabecera, y un centenar de ellos rodeó una casa en el Barrio El Calvario, donde estaban reconcentrados combatientes terceristas, y los masacró, incluida Silvia Marlene Ramírez Tapia (Paloma), coordinadora del trabajo de esa tendencia en la ciudad. Ese golpe desarticuló a las fuerzas terceristas.

Las fuerzas de la GPP, que se concentrarían en otro punto y harían labor de hostigamiento, también fueron dispersadas por el accionar ofensivo de la GN, y al día siguiente, mientras intentaban introducir un lote de armas a Chinandega, sufrieron un ataque que les causó varios muertos, entre ellos la doctora y combatiente Lucrecia Lindo. En esa acción fue herida Quxabel Cárdenas, jefa de esa tendencia en el departamento.

Las fuerzas de Emerson Velázquez no accionaron (hasta hoy no tenemos información que sucedió con ellas), mientras las de Alonso Porras, al darse cuenta de que se había perdido el factor sorpresa, y que la GN estaba a la ofensiva en la ciudad, decidieron replantearse las ideas originales y reorganizarse en las faldas del San Cristóbal y el Chonco, donde había varios campamentos de jóvenes, algunos organizados, otros, huyendo de la represión somocista.

Juan José nos envió la narración sobre su participación en una de estas Columnas que entraron al país en los primeros días de junio de 1979. Recibimos su correo en octubre de 2014, lo sometimos a un proceso de constatación de los datos, y ahora lo publicamos en la sección NUEVOS RELATOS.

De la Insurrección de Septiembre 1978 al 19 de Julio

En septiembre de 1978, después de la insurrección en Chinandega, un buen número de combatientes pasamos por diversos medios la frontera hacia Honduras. Yo, en particular, paré en Rancherías, donde me recibió un amigo, Juan Diego Carrasco, con quien había trabajado en una tienda de repuestos en Chinandega. Él era hermano de un compañero Carrasco, que tenía el seudónimo Miguel, y que el comandante Alonso Porras menciona en Memorias de la Lucha Sandinista. Después supe que a Juan Diego lo había matado la guardia. Él me hizo entrar a su casa, y además que descansara. Una mujer entró donde yo estaba y me preguntó que si íbamos a regresar. Yo le contesté que sí, y entonces ella dijo más o menos:

-Ustedes deben regresar y ganar, porque si no, nosotros no podemos volver.

Ya en Honduras, una parte nos reorganizamos en El Triunfo y otros en Choluteca, lugares que llamábamos con los seudónimos San Juan y El Castillo, respectivamente En San Juan había compañeros de Rancherías, Chinandega, El Viejo, y aun varios de Estelí. La dirigencia, paraba en El Castillo. Ya organizados la mayoría, algunos éramos atendidos en San Juan por el FSLN Proletario. Las reuniones de información las guiaba un compa de El Viejo, al que conocíamos como Marcos, y que después supimos se llamaba Manuel Lezcano, que era maestro y le gustaban los tragos. También participaba Rodrigo (Domingo García), analizando la coyuntura.

En otras ocasiones, como yo atendía a cinco o seis compañeros en una casita alquilada, iba a reuniones a El Castillo, que conducía Richard, el comandante Sergio Mendoza, para dar los “infórmenes” de la semana, o sea informar de los gastos y de otras actividades de preparación política y preparación física. Por la mencionada casita pasaron compañeros que llegaban del exterior, rumbo a Nicaragua, entre otros, César, que fue jefe de las Tropas Guarda Fronteras, (TGF), en la V Región Militar (VRM), y otro llamado Ezequiel, de Masaya. En otros momentos estuve en reuniones conducidas por Ana, o Martha en El Castillo, en las que participó Alonso Porras, cuyo seudónimo era José Esteban y otra en un sitio rural de San Juan, conducida por una muchacha blanca, de la que no me acuerdo su seudónimo.

Algunos días antes de venir a Nicaragua, estuve en una escuela guerrillera, en un lugar entre Choluteca y El Triunfo, que era dirigida, entre otros, por Misael Brenes (Noel), quien  luego se volvió contrarrevolucionario, y el chele Manuel Escobar (Walter Sáenz). En esa escuela se estudió tiro en seco con triangulación, táctica, política, desarme y arme de fusiles y pistolas, granadas y sus características tácticas, y preparación física. Ahí estuvo un compañero que se llamaba Pedro Roque (Néstor), de Chinandega, de la columna que se tomó Somotillo, a quien un compa mató accidentalmente después del triunfo. A mi grupo le fue bien, pero a otro grupo que estaba siendo entrenado después, entre otros, por Juan Lorenzo Santana, sufrió el asalto de la guardia hondureña, que se enteró dónde estaban. A medianoche llegaron varios en carrera a San Juan, a la casa que mantenía la compañera Gladys, que era correo.

No dejan de haber situaciones de algún peligro que ahora nos parecen risibles. Un día nos avisan a varios compas que tenemos que ir tal noche a El Castillo, y para tal efecto nos reunimos, escondidos en las afueras de San Juan, esperando un vehículo que haría cambio de luces antes de detenerse. El grupo iba guiado por El Águila -no me acuerdo bien si ese era su seudónimo- pero era un hombre mayor, que después apareció como contrarrevolucionario con un hombre de Chichigalpa, estando fresquita la revolución. El caso es que detenemos un vehículo que va de salida, una camioneta chiquita de tina, y nos montamos. El Águila, adelante, en la cabina, y el resto, en la tina, donde recuerdo que iba una máquina de coser. Llegamos, y al bajarnos nos dice El Águila:

-No jodan, no era ese el vehículo, cuando yo me di cuenta que el tipo no sabía quiénes éramos, y que era un vendedor, tuve que amenazarlo poniéndole la pistola para que no se fuera de la lengua.

Tal vez por las irregularidades del camino, subiendo y bajando el tal vehículo, creímos ver el cambio de luces.

Entrando a Nicaragua

Cuando ya venía mi grupo para Nicaragua, nos dieron algún dinero para comprar camisas y pantalones, botas y gorras. En El Castillo, nos dieron una mochila Mike-Mike, además dejamos firmados documentos, sobre a quién avisar en caso de muerte, que en general, por no decir por completo, no sirvieron de nada. Finalizando mayo de 1979, salimos de San Juan dos noches antes de entrar a Nicaragua y amanecimos en una casa de un sector rural cercano a la frontera, donde estaban las armas, las municiones y alguna ropa, sobre todo pantalones Wrangler. Todo ese día limpiamos las armas. Había unos FAL de la época de Playa Girón, un G-3 y una carabina M-1, como las que usaba la Fuerza de Seguridad Pública de Honduras (FUSEP), además un fusil tipo M-16, que denominaban AR-15. Se nos distribuyeron las raciones, incluyendo pinol y dulce, se nos dieron trescientos tiros y se nos entregó una pañoleta a cada uno de los combatientes. De antemano se nos había informado que éramos parte del Frente Noroccidental Carlos Roberto Huembes.

Salimos de noche y se desató un aguacero, como los que describe Forrest Gump, como si nunca iba a parar de llover, y José, el compa que nos venía guiando, un muchacho de Somotillo, se confundió y no lograba dar con el camino porque en realidad estaba muy oscuro. Los jefes estaban arrechos con él. Venían con nosotros, entre otros compañeros: José Mercedes Cubillo, Francisco Monge, Leonel Ríos (Rey), el hijo de doña Miriam Cáceres (La Mami), otro compañero llamado Alejandro, quien junto con José Mercedes había llegado de un curso táctico en el exterior. También entró con nosotros un hermano de Domingo García, al que le decíamos Fabián, al que luego regresaron por un problema en una rodilla. Llegó un momento en que nos ordenaron descansar en un claro del bosque que habíamos atravesado, nos dijeron que no nos quitáramos la mochila de los hombros, que nos recostáramos sobre ella. Me desanudé la pañoleta, porque me traía sofocado y cuando nos dieron la orden de marcha, nos paramos, comenzamos a caminar y ahí se quedó la pañoleta.

Hasta el día siguiente, ya de mañana, atravesamos la frontera, y nos esperaban de este lado, creo que por Vado Ancho, con un microbusito tipo panel, con una sola puerta corrediza. Nos metimos como en una lata de sardinas, sin condiciones tácticas para nada, y al descubrir un retén de la Guardia en el empalme que va para la Aduana, nos metimos a un caminito lodoso a la izquierda, por el cual avanzamos un trecho hasta que nos embancamos. Entonces cruzamos unas alambradas, ya en plan guerrillero.

Es posible que la guardia detectara nuestros movimientos, ya que una avioneta anduvo sobrevolando la zona en la que nos íbamos movilizando, protegidos por los árboles a las orillas de las alambradas. En un momento que paramos, un compa negrito, de Chinandega, vencido por el cansancio, se durmió en un potrero pelado. Cruzamos el río Gallo y más tarde en una casa campesina, como seguía lloviendo, nos, detuvimos. Los jefes compraron unas gallinas y pidieron que les hicieran una sopa. Yo estaba de posta en ese momento, bajo la lluvia, y me acuerdo de Rey, arengando al dueño de casa para que se nos uniera, y a él contestando: - Está bien, pero más después.

Entre las faldas de los volcanes San Cristóbal y El Chonco

Por la noche, estábamos en un barranco, o bordo, junto a la carretera, porque iban a llegar a traernos y nos orientaron que enmascaráramos el brillo de los fusiles. Llegó un camión, nos montamos y pasamos por Villa Salvadorita (Hoy Villa 15 de Julio), echados en la plataforma en posición de combate. Así llegamos a Rancherías y después de una reunión en una casita, en medio de la noche subimos las faldas del San Cristóbal. Arriba estaban, Pedro[1] (Javier Amador), Javier Mercado -ambos del Barrio La Libertad-; Amílcar, que era un muchacho de la Colonia Munguía, que ahora se llama Gerardo Lindo; Ernesto, quien luego supe que se llama José Francisco Zelaya, estuvo en el ejército y vive actualmente en Chagüitillo; Arlen, Jesús y Antonio, estos dos últimos eran los hermanos García; Praga, Melvin, otro  campesino de la zona llamado Juan Alemán, Carlos, y Salvador Ramírez, que fue dirigente de la ATC en León. No recuerdo a varios.

Al día siguiente bajamos a Rancherías, a realizar propaganda y capturar de paso a un hombre del lugar, que después se hizo parte de la columna con el seudónimo de Ricardo, hasta iba con una UZI. Ahí se dio un encuentro con la guardia. Me parece que fue un encuentro casual con guardias que iban pasando en dirección a Somotillo. Entonces, Iván Tercero, otro compa llamado Amílcar, que era un muchacho de Chinandega, que estaba en el cerro cuando llegamos, y yo, nos dirigimos hacia el cementerio, que quedaba en la parte sur del poblado, es decir, en dirección a Chinandega, y paralelo a la carretera, para establecer una contención y proteger desde ese punto la retirada del resto de la columna.

Entonces, los compañeros se retiraron para el cerro y nosotros todavía estábamos en el cementerio, atentos a la dirección en que podían venir los guardias. Pero cuando se hizo tarde y ya no se escuchaban disparos, Iván Tercero decidió que nos retiráramos con toda precaución, pero nos encontramos solo con la mochila y el fusil de Amílcar, recostados en una tumba, bueno, los cargamos los dos que quedamos y subimos. No supe más de Amílcar, hasta después del 19 de julio que me lo encontré en Chinandega.

En las estribaciones estaban varios compas emboscados y nos dijeron que habían matado a Francisco Monge,[2] que era parte de la columna con la que entramos desde Honduras, y que otro compa -que creo que después fue oficial del MINT- había salido herido en un brazo.

Al día siguiente, llegó un hombre de Rancherías, al cual yo conocía de cara, porque era cliente de uno de los comercios donde yo había trabajado, sucursal de McGregor, y constantemente llegaba para solicitar servicios de mantenimiento, o reparación de una bomba de agua que abastecía el poblado, y de la cual parece que era el responsable. Supongo que por esa razón también era conocido de los otros combatientes de Rancherías. El caso es que llegó gritando ¡Viva el Frente Sandinista!, con una pañoleta al cuello y por un sitio que no estaba controlado por las emboscadas que había en el sector de subida. Dejó una vaquilla, que amarraron los compas y se fue. En la madrugada estoy de posta a la orilla del camino, para variar con lluvia, y por tanto con frío, y cuando terminó mi turno, todo mojado, voy y me acuesto entre dos compas para calentarme.

Amanece, me levanto muy temprano y pongo a secar mi camisa y el cinturón militar que me habían dado en Honduras junto a mi cantimplora. Más tarde Magdaleno López (Máximo)[3], combatiente de la zona, un hombre muy hábil tácticamente, fuerte, seco, como muchos campesinos, que oí decir que había estado con Germán Pomares, degolló la vaquilla y con otros compas la destazó. Cortaron la carne en cubos, la distribuyeron en unos sartenes y prepararon el horno, porque había leña. Todos estábamos ansiosos por aquella comida. De repente, se oyen unos tiros en el camino y unas explosiones. Nos damos cuenta que es la guardia la que está atacando el campamento con morteros, y se oían unas órdenes del oficial que iba al mando: -¡A la derechaa!, “¡a la derechaa!, y unos compas que estaban emboscados en el camino llegaron corriendo e informaron que le habían hecho dos bajas a la guardia.

Se ordenó que abandonáramos el campamento, subiendo la ladera del San Cristóbal. Con nosotros iba Ricardo, el hombre que habíamos capturado en Rancherías. Se me quedó la camisa, mi fajón con mi cantimplora. Iba aguantando frío, y me dice Camilo (Carlos Zamora), que también iba con nosotros: -La vas agarrando del cuello, ¿verdad? Entonces alguien sacó de su mochila una camiseta vieja, como de bazuquero y me la dio. Me la puse para aminorar el frío. Con nosotros iban también otros compas que habían llegado de El Viejo, y que portaban unos FAL de los negritos, de tromblón. Uno de ellos llamado Rubén, que era un gordo chaparro, decía después:

-Si no ha sido por Fernando (era yo que iba detrás de él, cerro arriba en una zona de puro arenal), que me iba empujando del culo, me quedo.

Siempre me quedó la duda si la Guardia chocó con nosotros por casualidad, o fuimos delatados.

Logramos evadir a la guardia y dos noches después cruzamos la carretera por el sector de El Obraje en dirección al Estero Real. Cruzando esa área, que eran potreros, supe lo que era tener una sed mortal, y como todos esos días había estado lloviendo, en lo oscuro me incliné para beber agua en el pocito dejado por la huella de una pata de res. Al llegar a la ribera del río donde había un zancudero insoportable, pasamos en una lanchita al rancho de un colaborador de la zona llamado Cruz, donde nos refugiamos. Hasta ese lugar llegó Domingo Martínez (Gustavo), con dos muchachas, una de ellas llamada Irene, que era una mujer blanca, de pelo rubio rizado, comentó con la otra compañera: “parezco maestra de escuela con este pañuelo”, porque llevaba un pañuelo en el pelo. Ellos se reunieron con los mandos para informar la situación y dar orientaciones.

En el Estero Real, sufrieron fiebre José Mercedes Cubillo (Rolando), que era jefe de escuadra y su segundo jefe, con el cual solo se mantenía peleando, que era un muchacho flaquito, chelito, de las BP de Chinandega, que tenía el seudónimo de Arlen, y decía que se lo había puesto porque si buscaban a Arlen, iban a buscar a una mujer y no a él. En ese lugar estuvimos varios días, pero después de la reunión, salimos de noche-madrugada, llegamos a la carretera, nos montaron a un tráiler de esos en que se jalaba algodón y nos llevaron cierto trecho en dirección a Chinandega.

Después nos bajamos y comenzamos a caminar sobre la carretera y nos dijeron que íbamos a subir al Chonco, y que debíamos estar arriba antes de que amaneciera. Caminamos rápido, entramos a la izquierda por un camino de tierra, a un lugar que se llama La Joya y comenzamos a subir, atravesando unas grandes cañadas, hasta que llegamos a un lugar más alto, aparentemente sin peligro. Nos guiaban: Felipe, un muchacho alto, oscuro, que era de Managua –me parece que llegó con Domingo Martínez, porque hasta entonces no era parte de la columna-, y los hermanos García, que eran conocedores de la zona, por ser de Rancherías. Llegamos desde el noroeste hasta un punto donde hay una hacienda de café, posiblemente Las Banderas[4] y mientras descansábamos, la vanguardia, que eran Felipe y los hermanos García, avanzó más. De repente escuchamos unas ráfagas y Magdaleno López (Máximo), nos ordenó pasar las alambradas de la derecha (íbamos en dirección norte- sur, más o menos), llegamos a un punto de zacate alto donde nos enmascaramos y oímos a la guardia bajar lanzando gritos de júbilo. Después supimos que habían matado a Felipe y a los hermanos García.

Esa noche fue triste, no teníamos alimentos, dormimos, o estuvimos con los ojos cerrados a la intemperie, con todo el frío que es posible aguantar en esos lugares y directamente sobre el suelo. Pasé toda la noche tiritando sobre una ladera, cambiando de pie contra un arbustito que me servía de retén para no rodar.

Hacia San Benito y Chichigalpa: El bazukazo de José Mercedes Cubillo

En la mañana nos movilizamos con precaución y fuimos a bajar hacia San Benito, donde esperamos emboscados hasta la tarde, para reanudar la marcha. Cuando oscureció llegamos a un camino de piedras sueltas donde nos encontramos en medio de otra columna, que también iba bajando. Esas bajadas le ponen a uno las piernas como de trapo, y puedo decir que me caí un montón de veces por las piedras sueltas, que se volvían como patines debajo de mis pies. Era de noche cuando llegamos a San Benito.

Aquello era un hervidero de combatientes. De inmediato a mi columna la mandaron a la carretera Chichigalpa-Chinandega, cerca de unas bodegas y permanecimos ahí, emboscados, hasta que cerca del amanecer nos recogieron y nos ordenaron marchar en dirección a Chichigalpa, donde ya se estaba combatiendo. Ahora éramos parte del Frente Occidental Rigoberto López Pérez (FORLP). Todo ese día pasamos junto a la carretera, trasladándonos con precaución. Esa tarde, Máximo (Magadaleno López), nos entregó CS50.00 por cabeza, por si en Chichigalpa había algo que comprar.

Al día siguiente, llegamos hasta un puente sobre una quebrada, cerca de San Cayetano,[5] donde se estaba preparando una emboscada al eventual avance de la guardia desde Chinandega, otros compañeros habían excavado pozos de tirador en ambos lados de la carretera, del lado este del puente, y a lo largo del talud este de la quebrada, que tiene un recorrido de norte a sur, y nos atrincheramos ahí en el lado norte de la carretera, un barranco, o  lomita pelona, como relata el comandante Porras, mientras otros combatientes estaban en el lado sur y sobre la quebrada.

Entre los mandos estaban Quxabel Cárdenas, Alonso Porras, Daniel Pozo,[6] Mario López,[7] también estaba entre los combatientes, Juan Lorenzo Hernández Cisne, de quien oí decir que había estado en la Toma del Palacio.[8] Tratamos de enmascarar los pozos con arbustitos que les dicen “palo de leche” y pasamos dos días emboscados, con todo el sol del mundo, porque no llovió. Nos llevaban la comida desde Chichigalpa. Una avioneta anduvo haciendo vuelos de reconocimiento, no sé si nos detectó. El caso es que al atardecer del segundo día, Pedro, que estaba con unos binoculares gritó: ¡Ahí vienen! Yo estaba en un pozo vecino al de él y le pedí que me prestara los largavistas. En efecto, al oeste se miraba una columna que al frente llevaba una tanqueta, recortada contra la luz de la tarde.

De inmediato se ordenó permanecer en los pozos, porque ellos no nos habían detectado. Todos estábamos en silencio, y solo se comenzó a oír el ruido de los motores que se iban acercando y la comunicación de la guardia. Sigue acercándose la columna y cada vez el ruido de los motores era más grande, de repente la tanqueta se para en medio del puente y se oye una voz que grita:

Cuidado con los hijueputas!, ¡ahí están los hoyos! ¡Ponéles un 37!

Y se oye que gira la torreta, y el retumbo del cañonazo de .37 mm sobre la parte norte de la quebrada. Iban a disparar otra vez, cuando se ordenó el ataque y entonces nos hicimos visibles en los pozos y concentramos el fuego sobre la tanqueta, que no tenía posibilidades de retroceder, porque los camiones que venían detrás habían sido abandonados por los guardias que se habían atrincherado. José Mercedes Cubillo (Rolando), disparó un cohete RPG2, que por su entrenamiento le habían asignado, y comenzó una balacera sobre nuestras posiciones, que contestamos cubriendo a los compañeros que ocuparon la tanqueta y se la llevaron.

Vi a Rolando que iba solo, a rastras hacia la quebrada, a tomar posición y lo acompañé, bajamos y subimos el talud contrario y la balacera seguía nutrida. Estábamos solos los dos en ese punto, un arbusto nos separaba, yo estaba del lado sur, él del lado norte. No sé si se incorporó para hacer fuego de nuevo con el RPG2, que lo llevaba cargado, o simplemente levantó la cabeza por el borde del talud, el caso es que lo llamé y no me respondió, entonces vi que estaba de lado vuelto hacia mí, pero no podía ver su rostro por el arbusto. Me acerqué, lo miré bien y vi que tenía un balazo en uno de los pómulos.

A mi llamado, acudieron dos o tres compañeros, uno de ellos era Faustino. Rolando tenía abrazado el bastón chino, como se le decía al RPG-2, y cuando lo levanté con el proyectil hacia arriba, le pegaron un balazo a la carga impulsora. ¡Gracias a Dios estoy vivo, y contando esto! Pero como dijo Martín Rivas, “todo ocurrió tan rápido”, y aquí fue que se comprimió el tiempo, porque yo miré a José Mercedes que iba sonriendo, deslizándose por detrás de los pozos, con el lanzacohetes en una mano y un fusil Garand en la otra hacia la quebrada, o sea en dirección oeste, y lo seguí… ¡y 20 minutos después estaba muerto!

Comentario de Mónica: La emboscada de San Benito donde cayó José Mercedes Cubillo fue el 20 de junio de 1979. La liberación completa de Chichigalpa, el 24 de Junio.

Con los compañeros que llegaron lo sacamos, con esfuerzo, a rastras, porque era un compañero que tenía su peso, y teníamos que evitar levantarnos porque era una lluvia de balas horizontal que estaba enviando la guardia desde el lado oeste, y Carolina (Quxabel Cárdenas) gritando:

-¿Qué pasó?, ¿a qué horas van a sacar al hombre?

Y lo bajamos a un vehículo que estaba en el extremo este de la emboscada a cubierto y se lo llevaron para Chichigalpa.

Cuando ya estaba oscuro, la guardia comenzó a lanzar granadas de mortero sobre nuestras posiciones y guiados por Máximo, decidimos recuperar el camión que había quedado más cerca. Llegamos en una pequeña escuadra, se montó uno al volante y otro se encaramó de inmediato en la plataforma, detrás de la cabina. Todo fue que lo encendiera el compa que estaba al volante y los guardias comenzaron a disparar contra el camión, y el que estaba en la plataforma se bajó asustado: - No jodan, casi me vuelan. Le habían rozado la frente con un balazo. Entonces dejamos el camión y nos preparamos para la marcha, y nos retiramos hasta un puente más grande que está cerca de la entrada de Chichigalpa, y ahí estuvimos emboscados.

Cuando amaneció entramos a Chichigalpa ya de día y nos recibió una compañera joven, que por esos días estaba embarazada, con vestimenta de embarazada. Arengó desde una esquina alta a la gente que estaba reunida en las afueras de Chichigalpa: “que los compañeros vienen de combatir, que hay que atender a los compañeros, que hay que darles de comer y donde descansen, etc.” Pues comimos y dormimos de cualquier manera, tal vez 4 horas.

Más tarde, en un local, que era un salón cervecero, estaba reunida toda la columna, que ya no era la que entró de Honduras ni los que estaban en el San Cristóbal, sino que era una fusión de nuestra columna con los combatientes del FORLP. Nos chagüitearon Daniel Pozo y también Alonso Porras, que dijo:

-Ustedes han demostrado ser una fuerza de combate eficaz. Ustedes son la EEBI de nuestras fuerzas.

A esas alturas, se podía pasear por Chichigalpa, porque la guardia estaba confinada al cuartel y más allá, al ingenio San Antonio, que estaba asediado y tomada la carretera entre Chinandega y Chichigalpa. En el local de un restaurante llamado Corona de Oro, velaban a Rolando y en la acera de enfrente estaba un hombre, en calzoncillos, o calzoneta, amarrado al estilo iguana, con los pies y las manos hacia atrás, con el pecho en el suelo, quejándose: -“¡ay compitas!, tengan piedad, mis manitos…”supe que le decían Mambulo; éste es mencionado en un blog de Pablo Emilio Barreto el 22/05/2013 a las 12:28 AM, por un compañero llamado Danilo Navas, hablando de orejas de Chichigalpa: - Otro apodado Mambulo, con quien se ajustó cuentas revolucionarias”.

Después de asediar y atacar el comando, fuimos enviados a un sector entre los cañaverales, donde estaba operando una fuerza bajo la responsabilidad de Rodolfo Gutiérrez Velázquez, conocido en Chinandega como Chopicho (también estuvo en Honduras. La última vez que oí hablar de él era Coronel, no sé si todavía está en el ejército), y la compañera Lilliam Jerez (Carolina), de León. Fuimos movidos hasta una colonia llamada América, donde se había establecido un retén para evitar la fuga de la guardia que estaba en el ingenio, o una eventual entrada desde la carretera Corinto-Chinandega, porque desde ahí se entra, o se sale por El Realejo. Entre los combatientes estaba Ramiro Jáen (Kala), que fue jefe del SPN en Chinandega, hermano de Marcio Jáen.

Sin embargo, por algún desorden que existía en el movimiento de personal, camionetas para allá, camionetas para acá, y no teníamos comunicación por radio. Una noche, ya acercándose el 19 de julio, un camión se acercó lentamente en lo oscuro, del lado del ingenio hacia el oeste, o sea buscando la salida a El Realejo. Los compas que estaban en la entrada le dieron el alto y el camión arrancó a toda velocidad. Eran  guardias, iban tendidos en la plataforma disparando en ráfaga sus armas, fue sorpresa, se les disparó pero pasaron en medio y se perdieron por el otro extremo. En la mañana salimos en exploración para reconocer el camino, encontramos a un guardia que estaba en calzoncillos, entre los cañaverales, a la orilla del camino. Al parecer se cayó del camión y parecía que tenía problemas para caminar. Después no supe qué pasó con él.

Por esos días había llegado desde Chinandega un jeep Toyota con unos compas de civil, a reunirse con los mandos. Entre ellos llegó la compañera Maritza Dávila. Tal vez, producto de esa reunión, nos enviaron a atacar El Realejo. Se había probado una ametralladora VZ 7.92, cuyo ametralladorista era Óscar. Salimos la noche del 16 en camiones que nos llevaron hasta cierto lugar, después hicimos el trayecto a pie, y nos tendimos al amanecer, sin poder ver nada por las hierbas altas. Se lanzó un cohete y comenzamos fuego de fusilería y ametralladora. Los guardias contestaron con ametralladora Browning .50 y fusilería. Tenían una tanqueta que movilizaron por el camino, pero la hicimos retroceder. Pero parece que algo estaba descoordinado, porque dijo Rodolfo Najarro (Álvaro): ¡No me vuelvan a hablar de runga si no está bien planificada!

Luego nos retiramos hasta un lugar arbolado llamado Mono Chingo, y anduvo un helicóptero sobrevolando el área y lanzando bombas al azar. Ya era 17, al día siguiente, por la noche, llegó un compa gritando: - ¡Se fue Somoza! A esas alturas ya Radio Sandino estaba transmitiendo en la Estación X, y nos preparamos para marchar sobre Chinandega. Al día siguiente, 19 de julio, salimos a pie, alcanzamos la carretera y fuimos avanzando con precaución hacia Chinandega. Unos compas habían emboscado un jeep Toyota que iba en dirección a Corinto. Adentro, un oficial gordo, un hombre mayor (no sé si es al que se refiere el comandante Porras), estaba herido. Seguimos avanzando extremando las precauciones. Por la tarde estábamos en la gasolinera Los Encuentros. Prácticamente fuimos los primeros en llegar y esperamos ahí a una columna grande que venía desde la dirección de Chichigalpa con Emerson Velázquez al frente.

Nos montamos en los camiones y la gente de Chinandega estaba eufórica, con las aceras repletas. En particular recuerdo a un señor que era mecánico, al que conocía de vista porque frecuentaba la casa comercial donde yo había trabajado, que desaforadamente gritaba: “¡Vivan los héroes!”. Llegamos hasta el parque, me saludé con unos parientes. Después nos fuimos al Hotel Cosigüina. Llegó el comandante Borge con doña Violeta. Nos arengó el comandante. Doña violeta saludó a algunos muchachos. Mi escuadra ya estaba dispuesta a dormir en uno de los cuartos del Cosigüina, porque no nos dieron responsabilidades para la noche, cuando llegó el mismo compa que había informado que Somoza se había ido, a decirnos que nos íbamos a Managua al día siguiente, 20 de julio, escoltando a miembros de la JGRN.

Salimos de mañanita, pasamos por Chichigalpa, por Posoltega, y llegamos a León. En el by pass, estaban miembros de la columna del comandante Sergio Mendoza, que salieron por El Sauce. Me saludé con Fidel Alarcón (Noel), de Estelí, un compañero entrañable, al que conocí en Honduras, uno de los buenos combatientes de esa columna (este compa afirma que el cañón 75, lo servía un combatiente de origen hondureño de seudónimo Lempira), también saludé a Misael Brenes. Llegamos a la Paz Centro y entre el gentío que estaba echando vivas a los combatientes, unos compas de Chichigalpa reconocieron a un hombre apodado El Galope,un juez de mesta asesino, según escribe, Pablo Emilio Barreto. Lo capturaron y lo montaron en el camión que nos transportaba.

A Managua arribamos por la Cuesta del Plomo, y en las inmediaciones de Santa Ana unos compas nos dijeron que tuviéramos cuidado, que todavía había francotiradores en la zona. Llegamos a la plaza y paramos junto al edificio viejo de TELCOR. La Plaza estaba a reventar. Cuando nos tocó salir, doblamos hacia la montaña, dejando esa calle del edificio viejo de TELCOR, que hace tope con el costado oeste del parque central, o sea que tomamos por la avenida Bolívar y doblamos hacia el este, costeando el parque por el sur, en dirección al Palacio Nacional, y luego hacia la montaña de nuevo, en la avenida Roosevelt. En este punto, cuando íbamos doblando, una mujer, con un collar de pelotas, -es lo que recuerdo-, se me abalanzó, me abrazó y me estampó un beso en la mejilla derecha, y casi pierdo el equilibrio, aunque iba sentado en la plataforma del camión.


[1] Estuvo de oficial en los años 90 en el SPN, en Matagalpa. Por él se le cambió el nombre de “Pedro” y se le puso “Rolando” a José Mercedes Cubillo.

[2] Después en Chinandega se fundó un sindicato con el nombre de Francisco Monge.

[3] Creo que murió en combate después, ya como miembro del ejército.

[4] Incluyo un mapa del sitio, tomado de: potencial para el ecoturismo de la finca Las Rojas, departamento de Chinandega, Nicaragua. Informe Técnico presentado por: Juan Carlos Martínez Sánchez. Alianza para las Áreas Silvestres (ALAS). Managua, 24 de febrero de 2004.

[5] Según Google maps.

[6] Fue oficial del ejército.

[7] Tuvo un cargo en Telcor posterior al 19 de julio.

[8]  Espectacular acción el 22 de agosto de 1978.


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