Memorias de la lucha Sandinista

Gabriel Cardenal, jefe de la Insurrección de San Judas en 1979. Parte II

Gabriel Cardenal, jefe de la Insurrección de San Judas en 19791

Mónica Baltodano 

Conforme los planes nacionales para la Insurrección de junio de 1979, Managua debía iniciarla hasta que los demás frentes de combate estuviesen en condiciones de avanzar hacia la capital. Mientras tanto, había que seguir realizando acciones ofensivas de distinto tipo. Para entonces, los Estados Mayores sabíamos que el teatro principal de la insurrección en Managua estaría en los barrios orientales. 


En los barrios occidentales, el mando de las tres tendencias lo integraban Arnoldo Real Espinoza (Tercerista), Gabriel Cardenal (Proletario) y Eduardo Cuadra Ferrey (GPP). Al orientárseles que estos barrios se debían limitar a acciones de hostigamiento, los tres jefes distribuyeron áreas y mandos. Arnoldo dirigiría la parte más noroccidental: Acahualinca, Linda Vista, Santa Ana; Eduardo, Monseñor Lezcano, Altagracia, Colonia Morazán y alrededores; y Gabriel, San Judas, Loma Linda y sus alrededores. 

Barrio San Judas

Durante varios años, las Comunidades Eclesiales de Base y los Comités de Acción Juvenil (CAJ), iniciados por el padre Antonio Mattiazzo,2 habían realizado labores de concientización en el popular barrio San Judas, en las que participaban mujeres como doña Edda López. En 1979, la mayoría de su población era pobre, las calles no estaban asfaltadas, y no se había construido la pista sub urbana. Por eso, todos los eventos de esta insurrección hay que ubicarlos en calles polvorientas, casas bastante humildes y patios divididos a veces solo con cercos de piñuelas.

En 1974, al principio de su militancia, como parte del Movimientos Cristiano, Gabriel Cardenal había hecho trabajo popular junto a Dulce María Guillén. La tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP), había realizado trabajo con Luis Gaitán Rodríguez (Esteban) y luego con Harry Chávez (Elio o La Pulga), Danilo Norori, William Díaz Romero —dirigente de los CAP en los barrios occidentales—, Eva María Samqui y otros. Todos habían creado redes de colaboradores, casas de seguridad, células, numerosos Comités de Acción Popular y, por supuesto, trabajo estudiantil en colegios e institutos a través de la Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES). 

Además del amplio trabajo de organización comunitaria hay que destacar que en San Judas habían surgido unos Comandos Revolucionarios Cristianos, que también se meten a la runga, aunque para algunos eran un tanto anárquicos.3

Para la Insurrección, la Tendencia Proletaria era la más fuerte en el sector. Además de las redes, militarmente venían organizando las Brigadas y los Comandos, pero al igual que la GPP, tenían muy pocas armas. Los terceristas tenían trabajo también. Desde el año anterior. Walter Ferretti (Chombo), dirigente tercerista, había organizado la Unidad Táctica de Combate (UTC), Juan José Quezada, que dirigía Sergio Guevara.4

Ya en unidad, las estructuras políticas se coordinaban para impulsar el trabajo comunitario, estudiantil, de AMPRONAC, de los Comité de Defensa Civil y el Movimiento Pueblo Unido. Las estructuras militares habían realizado operativos importantes, que incluían: eliminación de agentes (orejas), propaganda armada, ataques a patrullas en movimiento, y a la Sexta Sección de Policía. San Judas era considerado un hervidero de lucha anti somocista.

Atacar, hostigar y replegarse. Misión de los barrios occidentales

La noche del 31 de mayo, después de una acción de propaganda armada realizada por los Proles, la UTC Juan José Quezada, que se desplazaba en dos camionetas con intenciones de realizar una operación contra fuerzas acantonadas en el centro Comercial Zumen, fueron emboscados por la GN. Además de varios heridos cayeron: el jefe Sergio Guevara (Ernesto),Norman de Trinidad y Mario Montenegro.5

Con la muerte de Sergio Guevara ya eran dos los hijos del gran Onofre Guevara —dirigente obrero socialista, periodista y escritor—, caídos en la lucha, pues su otro hijo, Denis, había caído en 1978 junto al combatiente Rolando Acevedo El matagalpino, en un intento de asalto a la Sección Sexta de Policía (Sierra 6), como parte de las acciones terceristas de septiembre de 1978. 

Todos estos días, las unidades populares (CAP, Milicias y Brigadas), siguieron realizando acciones, pero el llamado al Paro Nacional y la insurrección para el 4 de junio, aceleró los ánimos ya encendidos, así que, a partir de esa fecha las acciones ofensivas fueron respaldadas por la población con barricadas y todo tipo de apoyo. 

En Altagracia, Monseñor Lezcano y barrios noroccidentales, los combatientes atacaron la Cuarta Sección de Policía (Sierra 4), ubicada del Cine Darío, dos cuadras y media arriba. Ahí se destacó Gonzalo Carne Asada. Otros se tomaron la Tercera Sección (Sierra 3), cerca de Foto Lumington. A partir de ahí, se mantuvieron en combate hasta el 15 de junio, cuando debieron retirarse, haciéndolo una parte de combatientes y pobladores a San Judas, y cayeron en la emboscada de la GN, conocida como Masacre de Batahola. 

Los mandos de la insurrección en San Judas

Para la Insurrección del 79,  los principales lideres que integraban las distintas tendencias eran: Gabriel Cardenal Caldera, quien se erigió como el principal jefe en este territorio; Eduardo Cuadra Ferrey (quien llegó después de la masacre de Batahola), Víctor Romero (Bayardo), jefe militar de la TP;  Boanerges Salvador Munguía (Antonio), jefe de la GPP; Adrián Meza Soza (Amílcar), jefe de las Brigadas; Cristóbal Guevara Casaya (Gersán), segundo jefe de la GPP;  Mauricio del Carmen Kiel (quien pasó del trabajo político a dirigir una unidad militar) y el jefe de la Tendencia Insurreccional de seudónimo Julio (no pudimos conseguir más datos). 

En las estructuras políticas destacaron: René Cisneros Vanegas, María Ivette Fonseca y Mercedes Vijil y como combatientes, entre otros: Jenny Soto Vásquez, Yuri Valle, César Largaespada, Víctor, Mario y Carlos Cienfuegos Aburto, Beatriz Narváez, Alonso Flores, Danilo Serrano, Douglas Mejía Obando, Angelita Largaespada, Luis Felipe Rayo, Mauricio y Jorge Ramírez, Julio Flores, William Díaz Romero. Otros combatientes mencionados son Manuel Navarrete (Justo), Mario Latino, Miguel Ángel Navarrete (Pedro), José de Jesús  Zamora (Chepechú), Cairo Téllez, Julio Ruiz y Justo, más decenas de combatientes populares.

Estalla la insurrección

El 7 de junio, fuerzas combinadas de las tendencias del FSLN se lanzaron a realizar acciones de hostigamiento: detienen el tráfico, queman vehículos, y comienzan los enfrentamientos con la GN. Una de estas acciones fue contra un microbús, acompañado de dos patrullas, que trasladaba fuerzas del régimen en la vuelta de Los Cocos. El combate fue enconado. En el repliegue cayó el jefe de la columna, Alejandro Martínez (Samuel).Un monumento en San Judas testimonia como capturados y desaparecidos este día a Vidal Palacios, Luis Alberto Vivas, Ernesto Palacios, Carlos Mendoza, Alex Montenegro y Marcelino Latino. 

Según uno de los participantes: La guardia ese día hace dos masacres, una por la Siloé, donde mata a los hermanos Francisco y Salvador Munguía Lorente, captura a combatientes históricos y también a gente de los comandos socialistas cristianos, al mando de un aguerrido hombre de apellido Mendoza conocido como Chicato, a quien la guardia mató posteriormente.7

Adicionalmente, según Cronología del diario Barricada, este día también fueron asesinados: Barney Alejandro Montenegro, José Alberto Urbina Mendoza, Germán José Castro, José Alberto Cordero Martínez, Rodolfo Rodríguez Alvarado, José Francisco García Padilla, Tomás Antonio Padilla Lechado, Héctor Román López, Eleuterio Pastor Vanegas y Roberto Antonio Cuadra.8

Las fuerzas tenían la orientación de retirarse después de los hostigamientos, pero al ver a los combatientes, la población, con picos y palas, comenzó a cavar zanjas y a construir barricadas con chatarras de carros, árboles, postes de energía eléctrica, y todo lo que impidiera que entrara la GN lo cruzaron en las calles sin adoquines. Los dirigentes políticos afirmaron que, para entonces, en el barrio ya no había orejas y, a plena luz del día, combatientes de distintas tendencias se movían armados en el vecindario. Los niveles de participación popular eran tan altos que los guerrilleros entraban por los patios de una casa a otra. 

Esa la tarde, René Cisneros, principal líder político, intentó explicar que aún no había iniciado la insurrección y orientó que la gente regresara a sus casas. Sin embargo, la población estaba alzada y no acató la ordenanza, porque ¡San Judas manda! Algunos precisan que a las cuatro de la tarde llegó al territorio la primera tanqueta, con guardias disparando, palas mecánicas y tractores para quitar las barricadas, pero llegaron hasta el Reparto Martínez, la entrada a San Judas, y ahí se detuvieron. La GN no tenía dimensión de las fuerzas y temían ser aniquilados. 

Primera retirada 

Los guerrilleros enfrentaron a la GN con las pocas armas y municiones que tenían, resistieron hasta la madrugada del 8 de junio, y ordenaron retirarse hacia el Sur, a Loma Linda y el actual barrio “Camilo Ortega”. Los combatientes orgánicos y populares tomaron diferentes rumbos. Varios se reconcentraron en una hacienda cafetalera en las faldas de El Crucero (Mauricio del Carmen). Otros llegaron hasta San Isidro de la Cruz Verde (René Cisneros, Víctor Romero, Beatriz Narváez). En la escuela de lo que ahora es Sierra Maestra (Mercedes Vijil). Otros siguieron hacia el Camino de Bolas, al lugar llamado Los Guillenes (Máximo Téllez). 

El exclusivo Nejapa Country Club fue convertido en lugar de refugio para ancianos, madres con sus niños, heridos y afectados, atendidos por activistas acreditados por la Cruz Roja. Entre ellos se camuflaron varios encargados de estructuras políticas. El padre dominico Rafael Aragón Marina, que laboraba con Comunidades Eclesiales de Base, llevó medicinas y ayudas. 

Gabriel se movilizó a distintos lugares y se reunió con los principales jefes y combatientes para conocer la cantidad de gente y armas; reorganizó las columnas, con un núcleo de combatientes orgánicos y guerrilleros populares con armas de cacería y bombas de contacto, y redistribuyó armas sin distingos de tendencias. Algunos no estaban conformes, pero lo respetaban y acataron sus órdenes. 

El día 8, todos esperaban que la Guardia se adentrara en San Judas, pero no fue así. Algunos que han dado testimonios creen que durante varios días la GN envió agentes a infiltrarse entre los pobladores para hacer una valoración de las fuerzas guerrilleras, pero solo avanzaron tres días después, sentidos por todos como una eternidad. Con altoparlantes en una avioneta, la GN advirtió que harían una Operación Limpieza, y que a los que encontraran apoyando a los Yeicos serían castigados. 

Nueva ofensiva

Después de varios días, repuestos y reordenados, los combatientes bajaron en ocho columnas y se acercaron a San Judas. La GN operó desde sus posiciones en el Centro Cívico y el sector del Zumen, y se acercaron al barrio atacando sin discriminación, pero en la noche regresaban a sus posiciones. En el primer repliegue la GN ocupó ventajosas posiciones con francotiradores y empezó a lanzar morteros desde el hoy Hospital “Berta Calderón”. Para entonces la insurrección de los barrios orientales ya había comenzado.

Los recuerdos de los combatientes se cruzan y la intensidad hacía que las horas parecieran días. Nadie llevaba una bitácora. Tampoco hay registro preciso de los combatientes caídos. La lista de los combatientes populares es aún más imprecisa, pues había de otros barrios. Todas las narraciones enfatizan que los insurgentes que respondían a estructuras organizadas combatían, golpeaban, se replegaban, principalmente al Sur, y regresaban. 

Los combatientes no estaban posicionados en el mismo lugar. Entraban y salían de los barrios. La dinámica en las insurrecciones populares está marcada por la ventaja que los sublevados están actuando en su terreno y con respaldo de sus familias, se esconden dentro de las casas. Las estructuras políticas habían preparado condiciones para que los Comités de Defensa Civil instalaran un puesto médico para atender heridos y apoyaran a los combatientes orgánicos.

Una noche, la GN entró con una tanqueta, soldados del Batallón Blindado y palas mecánicas, para limpiar obstáculos y posesionarse del barrio. Algunos recuerdan ese combate, porque cuando llegaron a un árbol de guanacaste, ubicado entre San Judas y Loma Linda, Gabriel ordenó a Víctor Romero (Bayardo), que la inmovilizara a como fuera, pues los disparos de su ametralladora 50 hacían estragos donde impactaban. Bayardo la detuvo con un RPG-2. 

En la reorganización, Gabriel creó una Unidad Móvil, que empezaron a llamarla Liebre, que se movilizaba en distintas direcciones y no se posicionaba en ninguna barricada. Al mando de ella puso a Mauricio del Carmen Kiel (Chepe Thompson), a quien comenzaron a llamar Chepe Liebre. Ellos reivindican que la primera Unidad Móvil no se organizó en los barrios orientales, sino en San Judas. Algunos testimonian que Gabriel orientaba, decidía y también combatía. Mauricio del Carmen recuerda el combate en la calle paralela a la principal, que desembocaba en Raspados Loli y Gabriel participó, palmo a palmo, con los demás combatientes. 

Al pasar los días, la GN logró llegar hasta la parada de buses de El Ceibo, pero las fuerzas populares y los combatientes mantuvieron el control hacia el sur, incluidos Santa Fe, Loma Linda, Sierra Maestra y Pochocuape; y por el este, hasta la entrada del Kilocho (Kilómetro 8 de la carretera Sur), más el flanco hasta el Country Club. Los combates eran desiguales. Los guerrilleros solo tenían algunos fusiles, y la GN disparaba artillería cuatro bocas, procedente de Argentina, y ametralladoras 30 y 50 montadas en camiones. El día 13 se completaron ocho días en esta dinámica, pero la GN no se atrevió a entrar directamente a controlar el barrio.

Masacre del Kilocho

El levantamiento de este sector de la capital tenía como límite la carretera Sur, vía esencial para las movilizaciones de la GN, de Managua hacia el Sur del país. Hay diversas versiones de los desiguales combates librados en el Kilocho. Varios combatientes afirman que se orientó no chocar con la GN en ese punto, para evitar atraer a la EBBI. Según nuestra experiencia, ésa era una orientación correcta, porque las fuerzas de San Judas no estaban en condiciones de tomar posesión de esa estratégica vía.  Cristóbal Guevara (Gersán), era el jefe de jefe de la que él identifica como Columna No. 8.9

Según Cristóbal, el día anterior allí tuvieron exitoso combate nocturno contra un contingente de la GN y, al día siguiente, les planteó a los muchachos de su columna, ubicados en la antena de Torres Molina, la misión de atacar a las fuerzas que pasaran por el sector. Eran 45 jóvenes, pero estaban literalmente desarmados, pues solo tenían tres armas de guerra y el resto, armas de cacería y pistolas. Una parte de ese contingente eran integrantes de los Comandos Cristianos, dirigidos por Salvador Manuel Calderón. 

A las 7 am del 14 de junio, 40 combatientes salieron al empalme del Kilocho, lo bloquearon con piedras y palos y requisaron todo vehículo que pasaba. Una hora después, fuerzas del Batallón Blindado, estimadas en 300 soldados, bajaron de sus camiones en el kilómetro 7, y con apoyo de una tanqueta con ametralladora 50 y un helicóptero también con ametralladora, hicieron una maniobra envolvente. Una parte de combatientes, en franca desventaja, cayó en la carretera; otros se refugiaron en la Iglesia San Patricio y en el Night Club Tropicana. Se calcula que de ahí sacaron a una parte de los muertos, los arrodillaron y ejecutaron. Las palas mecánicas subieron los cadáveres a camiones volquetes y los tiraron en el guindo de La Cuesta de la Gallina, carretera a San Rafael del Sur. Solo se encontraron restos comidos por los zopilotes. 

Han difundido distintas listas de masacrados que calculan en 35, pero por responsabilidad, solo mencionaré 14 confirmados: Salvador Manuel Calderón (Pequeño), líder de los Comandos Cristianos; Aura Lila Mendoza Ramírez, jefa de los CAP; César Cubillo (Pepe), Rolando Apolinar Delgadillo Escobar (Polín), Domingo y Leonel, del Open Tres; Eduardo Flores, Eduardo Mojica, Ernesto Martínez, Francisco Blanco, Francisco Martínez (Pancho), Freddy Mejía Zapata (Chiripa), Henry Guerrero (Galleta)10 y Jorge Serrano.11

Cristóbal Guevara habló con Pablo Emilio Barreto de otros ocho combatientes, sin afirmar que cayeron: Alfonso Flores, Antonio Salgado Montenegro, Chepe Bombón, David Guevara Casaya, Ramiro Córdoba, Róger Mendoza, Tierrita y Vitamina.

Esta masacre afectó muchísimo la moral de pobladores y combatientes. Gabriel Cardenal tuvo que hacer una asamblea para calmar los ánimos de quienes calificaban de irresponsabilidad lo ocurrido. El principal reclamo fue la falta de armas. En un momento, incluso, asaltaron almacenes para tomar machetes y otras herramientas y combatir con ellos. Al día siguiente las condiciones se complejizaron debido a otra brutal masacre contra combatientes que se replegaban de Monseñor Lezcano, Altagracia y barrios insurreccionados del noroccidente de Managua. Se habló de 180 asesinados, aunque se lograron identificar unos cien en la terrible Masacre de Batahola.12

Decenas de jóvenes, la mayor parte desarmados y algunos mal heridos, llegaron por distintos lugares a San Judas y Loma Linda. En estos repliegues algunos siguieron subiendo las sierras, y llegaron hasta Diriamba. Heridos y sobrevivientes se resguardaron en escuelas. El escaso personal de salud hizo lo que pudo para atenderlos. En este contexto se ubican los asesinatos de la Dra. Erlinda López Osorio, Róger Osorio y José Dolores Fletes. Sus cadáveres fueron localizados después del triunfo en las Lomas de Mokorón.13

Combates del 16 de junio

Mauricio del Carmen Kiel afirma que la GN implementó la estrategia de hacer creer que iba a ocupar una posición para que los guerrilleros la fueran a defender, cuando ya había emplazado armas de grueso calibre para caerle a los insurgentes. Para enfrentar una de sus avanzadas fue organizada una unidad al mando de Eduardo Cuadra en la que iba René Cisneros. Al salir en fila india de una bocacalle, la GN los bañó con fuego de ametralladora. Todos se tiraron al suelo, pero René, intentando lanzar una granada, levantó la cabeza y cayó fulminado por un balazo en la frente.14 En esta ofensiva fueron heridos Adrián Meza Soza y Boanerges Munguía, ambos del Estado Mayor de San Judas. Los guerrilleros debieron retroceder cuadra por cuadra. 

La muerte de Cisneros golpeó a todos y su cadáver pudo ser rescatado. En el entierro, Gabriel lloró y le hizo una reflexión a Jenny, su compañera, que ella confiesa nunca ha olvidado: Uno no debe luchar por ver el triunfo porque es como estar esperando una recompensa. René Cisneros ha luchado sin esperar a ver lo que vendrá. El futuro es de los otros. Eso es lo importante. 

A estas alturas, Víctor, el jefe militar, le dijo a Payo (Gabriel), que había que pensar en el refuerzo o en la retirada. Éste ordenó la retirada hacia Vista Hermosa, una colonia de guardias donde ya no había nadie. Ahí instalaron lo mejor del armamento que tenían: la ametralladora 30 y una línea de FAL en dirección a El Nancite. Vista Hermosa está ubicada en una colina que supone una buena posición, pero los guardias bajaron hacia Los Martínez, entraron por El Aserrío, al este de San Judas y amenazaron con envolverlos. 

Ese día la GN realizó su mayor ofensiva. Fue abriendo brecha con una tanqueta sobre la calle del Ceibo, que en ese tiempo era la única pavimentada en San Judas. La ocupación del barrio era inminente y la situación dramática, porque para entonces el barrio estaba lleno con todos los que llegaron huyendo de los barrios que estaban insurreccionados al norte. Cuando fue ordenada la retirada se debía decidir quiénes se iban y quiénes se quedaban. Todos querían salir por terror a las operaciones limpieza. María Ivette Fonseca se reunió con Payo en la escuela de Loma Linda y este, vestido de militar y portando una subametralladora UZI, le hizo un balance de la situación, y le pidió aguantarse para hacer una retirada ordenada. En ese momento vieron que la Guardia venía por la entrada de Pochocuape. 

Los combatientes identificaron que en esa embestida había soldados del Consejo de Defensa Centroamericano (CONDECA), que entraron por el Kilocho y atacaron indiscriminadamente a la población. Los que fueron abatidos tenían identificaciones de Honduras. También soldados coreanos, pequeños, vestidos totalmente de negro y con cascos distintos a los de la GN, sobre todo, porque por primera vez encontraron cadáveres de combatientes y civiles degollados con cuchillos, sin ningún disparo, y ése no era el conocido modo de accionar de la GN. Las descripciones de los degollamientos y evisceraciones son terroríficas. Uno de los cadáveres identificados es el de Miguel Fornos (Miguelito), desbaratado a cuchilladas.

En ese momento también fueron víctimas de morteros. Con los yipones de la GN llegaron fusileros lanzando granadas israelitas con Galil, más pequeñas que las del FAL. Ahí ocurrió uno de los combates más cruentos de esos días, el del Aserrío, ubicado del Ceibo para abajo, por la escuela Santa Fe.

Desde el country club morterean El Aserrío. Un grupo de la guardia quiere entrar por detrás del hospital —su avance es triangular— y Gabriel los enfrenta (…) con Víctor y su gente (…) los del yipón traen emplazada una 50. Empiezan a tirar y caen cables de alta tensión. El chisperío es espectacular y horroroso a la vez. Ramas de acacia, pedazos de láminas de zinc, cae un compañero con el cráneo vaciado. Nos hacen seis bajas, pero son más las que les provocamos y además les ocupamos tres armas de guerra. Hacemos recular a la guardia en el Aserrío. (…) Hay una tregua larga y tratamos de aprovecharla para avanzar. Pero tenemos paso forzado de la GN por una zona descubierta. Nos golpean al centro y al irnos replegando hieren a la Angelita (Largaespada). No la podemos sacar y se nos muere.15

Después, valiéndose de escudos humanos que sacaron del hospital, entró la guardia. La orden de Payo es que se tomen posiciones al lado y lado de la calle central y que lo dejemos entrar sin disparar, sin movernos. La guardia limpia la calle central, pero sin posesionarse del lugar.  En cada embestida la GN hace capturas y asesina, pero luego se sale. En esos días la población ha buscado protección y ha salido de sus casas. San Judas va quedando sin gente. Eso no es favorable para los grupos combativos. Hay dificultades para abastecimiento de comida y no hay electricidad ni agua. 

Mauricio del Carmen hizo un recuento de armas antes del repliegue. El total de armas de guerra que tenemos no llegaba a 12.El M3 que ando, la UZI de Payo, el Garand de Yuri, dos FAL que andan Víctor Cienfuegos y su hermano, tres FAL y una carabina de los Terces. Dos Enfields, un M1, una escopeta 12 larga de tromblón, que se puede abrir o cerrar para regular la dispersión de los balines. Un escopetón de seis tiros semiautomáticas a la que consideramos arma de guerra. Por último, un RPG2 que no tiene más dotación que dos cohetes. Eso totaliza nuestro armamento de campaña. Hemos recuperado a la GN algunos M-16. 

El Repliegue y la masacre de El Vapor 

El Repliegue fue hacia las haciendas cafetaleras en las faldas de las Sierras de Managua. Algunos identifican sus nombres: Miraflores, San Blas, San Pancho, El Vapor. Los combatientes orgánicos son unos 40 y van en la exploración y en la retaguardia, al mando de Víctor. Gabriel le ordena contener a la GN si intenta seguirlos. En el centro va la mayoría. Civiles desarmados, algunos heridos.  Van agotados, con hambre y sed. María Ivette calcula que iban 400, otros hablan de más de mil. 

Tal como ocurrió en el Repliegue a Masaya, la disciplina varía conforme los grupos. Uno llega a la hacienda El Vapor y descansan. Algunos recuerdan que estaban semidormidos cuando fueron sorprendidos por el ataque de la GN y afirman que no habían tomado suficientes medidas para detectar sus avances. La GN no se había posicionado de los barrios y no entraron por ahí, que es lo que esperaban los combatientes. Llegaron como si bajasen de El Crucero. Las fuerzas de Víctor y Felipe Rayo repelieron el ataque en total desventaja. Jenny, encargada de varios heridos, logró subir a otra hacienda donde se encuentra con Gabriel, lo abraza con amor y se despiden. Cuando Gabriel se desplazó hacia El Vapor ya la GN se había retirado. 

La masacre afectó principalmente a los combatientes populares y población civil. La GN remató a todos los que encontró heridos. Se han listado 17 nombres de caídos en El Vapor.16 Humberto Salinas (Tantum), Mario Santamaría, un hermano de Mario, Noel Salinas (Montatoros), Freddy Téllez (El Mínimo), Donald Christian Flores (Mandril), Roberto Alvarado Flores, Angélica Lara, Ramiro Martínez, David Casaya (Pelón), Roberto Álvarez Rosales (Pilinche), Gioconda Guevara Delgado, 14 años, Guadalupe Girón Rodríguez, de 16, Policarpo Gutiérrez, Tomás Padilla Machado y Julio Peineta.

Hacia los Barrios Orientales 

Después de la masacre de El Vapor se organizó el traslado de los combatientes orgánicos hacia los diferentes frentes. El recuento que hacen los principales jefes en una reunión con Gabriel es que son 80 combatientes los que están más organizados. El grueso va a ir a los Barrios Orientales. Un grupo sube hasta El Crucero, hacia Diriamba. Algunos, deciden llegar hasta León y se integran ahí. El grupo que va con Mauricio del Carmen y Gabriel es de 26. Gabriel y Jenny Tavaricha han transitado varias veces ese camino. Gabriel se encuentra con Mauricio del Carmen y le dice que harán una incursión en Villa Fontana. Entran a varias casas, consiguen comida y ropa limpia para todos los combatientes y, sobre todo, cinco vehículos 

Por su parte, Víctor Romero con otros combatientes hacen una retirada hacia las sierritas de Santo Domingo. Llegaron a la Iglesia, donde no olvida que el obispo Obando y Bravo les cerró las puertas. Este grupo logró llegar a los barrios Orientales cinco días después. 

La movilización de los 26 combatientes que van con Mauricio del Carmen y Gabriel fue de película. Gabriel y Jenny van adelante en un vehículo de 8 cilindros, le sigue Mauricio en un Volvo rojo y detrás otro vehículo. Todos los autos repletos de combatientes y armas. Salen de Villa Fontana por la calle central, pasan por Radiodifusora Nacional, y siguen derecho hasta la casa de Chema Castillo. En el empalme con el Sandys doblan en la carretera Masaya hacia Metrocentro. Allí la GN tiene una enorme barricada con soldados, y giran al oeste hacia la estatua de Luis Somoza, hoy Plaza El Sol. Hasta ese momento no hay ningún tranque, ningún silbato, ningún indicio de que quieran detenernos. Siguen hasta la Mansión Luis Somoza, luego a los semáforos del Gancho de Caminos, y avanzan hacia el sur, de los Repuestos Bóer, dos cuadras arriba. 

A partir de ahí ya es tierra de nadie. Es una zona que no ocupa la guardia, pero tampoco los nuestros y donde cualquier cosa puede pasar. Es uno de esos huecos que se forman en los escenarios de guerra y en los que cualquiera de los contendientes entra y sale sin ocuparlo permanentemente. Ahí nos bajamos con las armas en las manos caminamos hasta una ermita en el barrio Managua donde permanecemos unas pocas horas y después voy a El Dorado con Payo. Ahí nos encontramos con Rafael Solís, Mónica Baltodano, Raúl Venerio y un vergazo de gente (…) yo me quedo en el Estado Mayor y a cada uno se le asigna un lugar de combate.17

Viajes de Gabriel Cardenal y Eduardo Cuadra a los barrios orientales

Después de que el Estado Mayor de Managua entró a los barrios orientales, tuvimos contacto con Gabriel y Eduardo. Este llegó dos veces a recibir orientaciones. En el segundo llevaba la consideración de parte de Arnoldo Real de que ya no podían aguantar. Se les orientó mover los combatientes y las armas a los barrios orientales. 

En ese segundo viaje, Eduardo, que es chelito y llegaba con ropa limpia, fue apresado por combatientes que estaban en el Puente Larreynaga, confundiéndolo con un agente que andaba indagándose de la situación y estuvo a punto de ser fusilado. La tercera vez llegó con la fuerza que había logrado preservar en los barrios occidentales, incluyendo la de San Judas, donde se había replegado el 15 de junio, fecha de la masacre de Batahola. Pudo llevar las armas gracias a la valentía de una gran mujer, Daysi Moreno, mamá de Marta Moreno Menocal, que puso los fusiles en un carretón en sacos de azúcar, los cubrió con mercancías y los llevó hasta desde el Múnich, pasando por los escombros, hasta ITR de Ciudad Jardín, mientras los guerrilleros, de uno en uno, se desplazaban a cierta distancia.18

Gabriel también llegó tres o cuatro veces por su lado. La primera vez, cuando me lo encontré, se abalanzó a abrazarme y me levantó en el aire con alegría mientras exclamaba: ¡Lo logramos, Isabel! ¡Lo hicimos! Yo lo había conocido en las coordinaciones de las tendencias y me identificaba como Isabel. Siempre me había parecido alguien encantador, optimista y fraterno. Ese día estaba feliz por el éxito alcanzado hasta el momento en la insurrección. Le pregunté que, si se quedaba con nosotros y me dijo que no, que estaba a cargo de San Judas, y que había recibido instrucciones de Oswaldo, de seguir hostigando un poco ahí y luego trasladar armas y combatientes hacia los barrios orientales. 

Gabriel tenía una red de colaboradores en toda esa ruta. Don Benito Dávila, colaborador de San José Oriental, narró que en una de esos movimientos llegó a su casa a comer. Payo con Jenny (Tabáricha) realizó uno o dos viajes con armas y combatientes hacia los barrios orientales después de la masacre de El Vapor. Uno de ellos, con la fuerza de 26 combatientes que relató Mauricio del Carmen.  Volvió a salir, supuestamente a realizar el ultimo trasiego de fusiles, pero ya no regresó. 

Sus últimas horas antes de ser capturado

Gabriel parecía retar a la muerte, porque personalmente era capaz de moverse a realizar las acciones más osadas. Después de llevar a la unidad a los barrios orientales, trasladó heridos. Llegó a la casa llega del doctor Rafael Chamorro, porque cree que es médico y la sorpresa fue que en la casa estaba su tío el padre Fernando Cardenal. Rafael le explicó que era doctor, pero en leyes. Entonces buscaron al médico Álvaro Avilés, ginecólogo. Ahí fueron atendidos Adrián Meza y Boanerges Munguía.

Fernando Cardenal no había visto a Gabriel en mucho tiempo. Fernando lo recuerda así: La despedida de ese último encuentro, cuando el ya sale a trasladar las armas, es también un momento memorable, porque me abraza varias veces, emocionado. No sospecho yo que pocas horas después me estarían contando de su captura. 

La última vez que salió de los barrios orientales se hizo acompañar de un gran combatiente, Douglas Mejía Obando. En ése, que será su último viaje, pasan por la casa de una de sus más firmes colaboradoras, doña Concepción Reyes viuda de Roustan y de su hija Martha Cecilia. Ellas viven en la calle principal de Villa Fontana y de ahí sale Gabriel con Douglas. Luego, ellas le ven pasar con una camioneta de tina, llena de plátanos, el camuflaje para el traslado de armas. Al pasar por Telcor de Villa Fontana fue detenido por una patrulla. Y supieron de su captura porque al rato pasó el esposo de Martha Cecilia y Cela Lacayo, actriz de Radiodifusora Nacional, le dijo: acaban de capturar a Gabriel Cardenal, yo lo conozco. Era el 20 de junio de 1979.


Continúa 3ª entrega: Últimos momentos y palabras de Gabriel Cardenal, Comandante Payo


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