Memorias de la lucha Sandinista

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Pedro Joaquín Chamorro: Dos modos distintos de una misma pelea

Ernesto Aburto


Ernesto Aburto nace en Managua en 1948. Estudia en la Normal de Jinotepe, graduándose de profesor de primaria en 1967 y se dedica durante varios años al magisterio. Antes de concluir estudios de Periodismo, labora en El Semanario y La Nación Nicaragüense. En 1977 pasa a trabajar al diario La Prensa como corresponsal viajero, haciendo múltiples crónicas. Ese mismo año inicia su militancia política como colaborador del FSLN, teniendo como contacto a Edgard Lang. Después del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, fue fundador de El Nuevo Diario, y de 1987 a 1989 fue Editor del diario Barricada. A lo largo de su carrera ha impartido cursos de Periodismo, tanto en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, como en la Universidad Centroamericana. Actualmente es editor de El Nuevo Diario.

Este diálogo nace como respuesta a la indiscutible necesidad de ubicar adecuadamente y conocer más sobre la vida, aportes y muerte de un hombre que es parte de la historia de Nicaragua y particularmente de la historia de lucha contra la dictadura. Se trata de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, uno de los principales protagonistas del periodismo nicaragüense del siglo XX y fuera de toda duda paradigmático luchador anti-somocista. Se enfrentó sin ambages a la dictadura, usando su pluma y genialidad periodística para una labor frontal de denuncia de las atrocidades del régimen.

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal nace un 23 de septiembre de 1924, hijo de Pedro Joaquín Chamorro Zelaya y de Margarita Cardenal Argüello. Muere asesinado a manos de la dictadura somocista el día 10 de enero de 1978, y fue bautizado sin ninguna discusión por distintos sectores políticos y sociales de la vida nacional, como: Mártir de las Libertades Públicas.

Pedro Joaquín conoce directamente la naturaleza represiva del somocismo, al participar en las manifestaciones anti-reeleccionistas que se desarrollaron en la jornada del año 1944. Se va prácticamente exiliado a México, donde estudia Derecho. Luego retorna al país y se suma a la rebelión de abril de 1954. Es apresado y sometido a un Consejo de Guerra Extraordinario. Sufre nueva prisión después del ajusticiamiento del tirano en 1956 y conoce de las crueles torturas y el martirio a que someten a cientos de ciudadanos. Testimonia esos horrores en su libro Estirpe sangrienta: Los Somoza.

Habiendo participado en los años 60 en el Partido Conservador, del cual es expulsado, su militancia anti-somocista permanente la hizo a través de la profesión del periodismo y del diario La Prensa. Su rica trayectoria de sublevaciones y lucha, de encarcelamientos y torturas, está marcada por la rebelión de 1954 y fundamentalmente por su protagonismo en el malogrado intento armado de Olama y Mollejones.

Pedro Joaquín, conservador de ideología, fue anticomunista, y por ello miraba con reservas al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), pero también con respeto, y así lo testimonia la cobertura que hizo de sus acciones y su permanente condena a la represión contra los que luchaban de otro modo, pero frente al mismo adversario. Finalmente, en la trayectoria de Pedro Joaquín están todos sus esfuerzos por lograr la unificación del anti somocismo que se enfrentaba cívicamente, desde Unión Democrática de Liberación (UDEL), hasta el establecimiento de lazos políticos y conversaciones con el Frente Sandinista.

Conversamos sobre Pedro Joaquín con un periodista que tuvo la oportunidad de compartir con Pedro Joaquín, no sólo el trabajo profesional que realizó bajo su conducción en el diario La Prensa, sino su amistad. Con vasta experiencia en el ámbito periodístico, Ernesto Aburto habla de Pedro Joaquín, el rol de los medios de comunicación, las libertades públicas en Nicaragua y hasta platicamos un ratito sobre Adán Selva. Al conversatorio también había sido invitado William Ramírez, pero no logró asistir. Carlos Fernando, hijo de Pedro Joaquín, se excusó de no poder estar con nosotros, ya que a esta misma hora graba su programa de televisión dominical.

Mónica: Ernesto, contanos ¿cómo llegas a ser parte del diario La Prensa e iniciás tu relación con Pedro Joaquín?

Ernesto: Muchas gracias Mónica por la invitación a participar en este programa. Es para mí un motivo de gran satisfacción personal tener la ocasión de hablar de uno de los grandes hombres del periodismo nicaragüense en el siglo XX, Pedro Joaquín Chamorro, a quien conocí y aprendí a querer y respetar como jefe, en el diario La Prensa.

Como nicaragüense que lee periódicos, desde muy temprana edad conocí a Pedro Joaquín a través de las páginas de La Prensa. Pude seguir su trayectoria de lucha, sus sublevaciones, sus alzamientos políticos y militares contra la dictadura somocista. Era una personalidad muy querida y muy admirada por este servidor desde muy temprana edad.

Yo estudié magisterio. Egresé como profesor de primaria en el año 1967. Trabajé algunos años en la profesión del magisterio hasta que, casi por concluir los estudios de Periodismo en la Universidad Nacional, se me presentó la primera oportunidad de trabajar como periodista de tiempo completo en el semanario La Nación Nicaragüense, un proyecto capitalista que precisamente estaba siendo impulsado para hacerle algo de contrapeso y eventualmente superar al diario La Prensa.

Los dueños del semanario eran capitalistas del entonces Banco de América. El proyecto fracasó económicamente. Yo solía llegar al diario La Prensa, donde nos imprimían el semanario en su última etapa. Allí me familiaricé un poco con el ambiente de trabajo del periódico.

Al quebrar el semanario, pensé en conseguir un trabajo en La Prensa. Sólo trabajaban ahí grandes y famosos periodistas. Me sentía cohibido; sin embargo, ya Danilo Aguirre había sido mi profesor en la Universidad y ocasionalmente había publicado unas colaboraciones escritas por mí.

Hablé con Pedro Joaquín Chamorro. Recuerdo que cuando llegué a hablar con él para pedirle trabajo; tuvo la gentileza de llevarme a hacer un recorrido breve por la redacción y mostrarme que todos los escritorios estaban ocupados, que no había posibilidad de meter a nadie más, pero que no era malo, me dijo que le entregara posteriormente un currículo sobre todas las cosas que yo podía hacer en periodismo, y eso me dio la oportunidad de desarrollar un pequeño plan relativo a la crónica viajera.

Yo planteaba que en Nicaragua no había cobertura sistemática de las particularidades de cada zona, de cada pueblo, de cada municipio remoto o zona remota, y que sería interesante hacer una cosa así. Le hice ver que tenía un vehículo propio y mi propio equipo fotográfico. Para mi sorpresa –yo nunca pensé que la respuesta fuera tan rápido– a los dos días de haber entregado el currículo y el plan de trabajo, Pedro Joaquín estuvo buscándome porque estaba interesado en eso. Como no pensé que eso iba a suceder así, me había ido a vacacionar fuera de Managua.

Regresé a los diez días, y cuando me di cuenta que Pedro Joaquín me había andado buscando, pues fui a sus oficinas inmediatamente. Me reclamó por dejarle un proyecto y haberme perdido. Y entonces me dijo que sí, que estaba interesado en el proyecto, y que me invitaba a participar en la redacción del diario La Prensa. Y fue así como el mismo día de nuestra segunda entrevista, diseñamos el plan; me fui a trabajar fuera de Managua a recabar datos, fotos, para escribir crónicas viajeras para La Prensa. Ese fue mi comienzo en el diario y esa fue mi primera relación personal con el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Mónica: Es importante recordar a nuestros oyentes algunos datos personales de Pedro Joaquín Chamorro. Su padre era abogado, historiador, periodista y opositor al régimen somocista. Él compró el diario La Prensa que había sido fundado el 2 de marzo de 1926 por Gabry Rivas y los hermanos Enrique y Pedro Belli (Jarquín, Edmundo: pp. 42).

Estudió primaria en el Colegio Pedagógico y ¡qué casualidad!, estudió con Anastasio y Luis Somoza Debayle, y allí tuvo sus primeros encontronazos con Tacho. Le empezó a decir que su papá era un ladrón y que estaba haciendo negocios turbios; y entonces se liaron a trompadas en la fila del Colegio, hasta que llegaron sus compañeros a separarlos.

En el año 1944, Pedro Joaquín Chamorro, siendo estudiante de segundo año de Derecho, participó en manifestaciones contra las pretensiones reeleccionistas de Anastasio Somoza, las cuales fueron reprimidas fuertemente por la Guardia.

Un poco antes de los sucesos de 1944, Reynaldo Antonio Téffel, los hermanos Rafael, Álvaro y Guillermo Córdoba Rivas, Ernesto Cardenal, Octavio Caldera, Rafael Gutiérrez, Francisco Frixione y otros, crearon una organización estudiantil que se llamaba “Acción Nacionalista”. Recordemos que una vez que asume Somoza, empieza todo un proceso de acopamiento de los espacios, y el carácter dictatorial del régimen se empieza a manifestar con más fuerza pasados unos años. Los Somoza ya tienen, para entonces, casi diez de estar en el gobierno (Jarquín, Edmundo: pp. 78).

Ernesto: Bueno, por lo que he leído de la historia, en 1944 se dieron manifestaciones estudiantiles callejeras, articuladas con movimientos políticos anti-somocistas formales. Todos los patriotas que has mencionado, lucharon en su tiempo por la democracia, la libertad y la soberanía de Nicaragua. Eran estudiantes de la universidad. Se manifestaban en las calles en una época en que la dictadura de Somoza estuvo a punto de caer por las presiones populares.

Cuenta la historia no escrita que el General José María Moncada moralizó de última hora a Somoza cuando éste estaba a punto de renunciar; lo convenció y lo obligó a que no dimitiera. Esa inyección de ánimo de última hora del General Moncada, fue lo que impidió que Somoza renunciara en esa época, cuando estudiantes como Pedro Joaquín Chamorro, Rafael Córdoba, Francisco Frixione, Rafael Gutiérrez y todos estos patriotas, iban a las calles junto a las masas populares y los movimientos de partidos a pedir la renuncia de Somoza.

Eso le costó a Pedro el exilio. A raíz de esas manifestaciones es encarcelado y vapuleado, y ahí es que él se marcha a México a estudiar Derecho. Luego regresa.

Mónica: Ernesto, explicanos el proceso de Pedro Joaquín que se movió entre ideas conservadoras pero también participando en algunas acciones armadas.

Ernesto: Él era un conservador por naturaleza. No olvidemos que provenía de una de las familias conservadoras de mayor raigambre en Nicaragua. Además, su padre, Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, era un gran intelectual conservador de este país. Es natural que su primera militancia sea en los movimientos conservadores, en el Partido Conservador de Nicaragua.

Él regresa de México aproximadamente en el año 1948, con ideas innovadoras del periodismo mexicano, que por supuesto iba más avanzado que el nuestro, en tecnología, abordaje de noticias, enfoques, titulación, diseño de primera plana, etcétera.

Él regresa a La Prensa, que todavía era un diario casi familiar, como muchos que existían por esa época en Nicaragua: La Flecha, El Gran Diario, La Hora y La Noticia.© Todos eran periódicos cuyos dueños esperaban a los voceadores en el corredor de la casa para contar la plata de las ventas y sacar para los gastos de la comida del siguiente día. La Prensa no escapaba a esa dinámica.

Pedro regresa a innovar el periódico, a cambiar su fisonomía, su primera plana, la extensión de los títulos, abordando nuevos temas que otros periódicos no cubrían con tanto vigor; y esta forma de dinamizar la presentación del periódico y de meterse en temas de sucesos –un poco sensacionales– es lo que determina la conversión de La Prensa, de un diario de grupos a un periódico de masas. Se vuelve un periódico de circulación y consumo masivo en Nicaragua. Adquiere su papel de líder de la opinión pública, papel que con altos y bajos históricos en los últimos cuarenta años, bien que mal ha mantenido.

Mónica: Cuando Pedro Joaquín regresa a Nicaragua ya se ha producido el golpe de estado a Leonardo Argüello, se produce el pacto Cuadra-Somoza. En 1949 Pedro Joaquín funda Unión Nacional de Acción Popular (UNAP), en la que participan los mismos jóvenes de Acción Nacionalista, y otros. En el año 1950 se firma el pacto de los Generales, entre Anastasio Somoza García y Emiliano Chamorro. En 1953 Somoza anuncia su reelección y Emiliano siente traicionado los acuerdos del pacto y anima una rebelión.

Se gesta lo que se conoce como la Rebelión del 4 de abril; pero Emiliano se echa para atrás y traiciona al movimiento, que termina en una terrible masacre donde asesinan a Báez Bone, entre otros. En esa rebelión participa la UNAP. Esto refleja que en una parte de los jóvenes de la época, había un sentimiento de asfixia y rebeldía que lleva a estos muchachos –de origen conservador– a plantear que la única salida era la lucha armada.

Pedro Joaquín es hecho prisionero durante dos años, sale en 1956 y nuevamente es apresado cuando ocurre el ajusticiamiento de Somoza García. Después de terribles meses en prisión, es confinado a Río San Juan, donde escribe su testimonio sobre los horrores de la dictadura y se escapa hacia Costa Rica, y luego aparece en la incursión armada de Olama y Mollejones, en 1959. Expliquemos a los oyentes, ¿en que consistieron esas rebeliones?

Ernesto: En la sublevación de 1954, él no tuvo un papel protagónico, fue arrastrado por esa corriente, por esa ola, y luego estuvo preso, pero no era en ese momento su rebelión. Lo que se puede considerar como la rebelión propia de Pedro Joaquín Chamorro, es la de Olama y Mollejones de la que fue protagonista e inspirador, él la concibió y la organizó.

Yo estaba muy joven en esa época, tenía unos once años. Recuerdo sí, la efervescencia política que se vivía en el país, la agitación de las radios somocistas, los vuelos rasantes de los aviones Mustang por encima de las casas de Managua para intimidar a la oposición. Los partes que venían de las montañas chontaleñas que hablaban de combates victoriosos para la invicta Guardia Nacional y luego, la captura del grupo principal de sublevados, donde estaba Reynaldo Antonio Téffel, Jaime Chamorro, hermano de Pedro Joaquín, Pedro Joaquín Chamorro y otros. Y recuerdo el Consejo de Guerra que les montaron nuevamente.

Ya Pedro Joaquín había tomado una decisión por la causa de la libertad y la democracia de su pueblo. Decisión de la que nunca habría de apartarse y decisión que mantuvo hasta el día en que fue asesinado, el 10 de enero de 1978.

Mónica: Después de la Revolución Cubana, todos los grupos anti-somocistas llegaron a aquel país para pedir ayuda a sus esfuerzos. Dentro de ellos llegó también Pedro Joaquín Chamorro, en una delegación que encabezaba José Figueres. Se encontraron brevemente y por casualidad, con Fidel, quien les explicó que el Che era el encargado de la solidaridad con los grupos en lucha y que con él se entendieran. Luego hablaron con el Che, pero éste les dijo que ya tenían un grupo al que estaban apoyando. Se refería a la guerrilla de El Chaparral. En otras palabras, no se concretó la ayuda, ni económica, ni militar para el movimiento de Olama y Mollejones.

La operación de Olama y Mollejones fue un fracaso, aunque no se reportó ningún muerto. Pero para Pedro Joaquín fue una experiencia de la que aprendió mucho, como el mismo relatara en El Diario de un Preso: “Nosotros fuimos a Olama y Mollejones con la idea de implantar en Nicaragua un régimen dispuesto a creer que no hay ninguna obra que merezca llamarse de progreso, si no es en beneficio del pobre”.

Después de veinte años de control del poder por parte de los Somoza, los jóvenes opositores llegan a la conclusión que la única manera de bajar a Somoza, era por las armas. Por eso se suceden intentonas de varios tipos, por ex militares o grupos políticos de distinta orientación ideológica. Pero lo hacían bajo la modalidad de incursiones que supuestamente contarían con respaldo de grupos internos o de parte de la Guardia. En la mayor parte de las veces, las ilusiones fueron traicionadas, y estas incursiones generalmente terminaban en asesinatos, captura o en expulsiones del país, el exilio. Es, sin duda, una base importante que se fue hilando en la Historia, de cuyas condiciones después nace el Frente Sandinista, como una alternativa distinta y que supera a este tipo de movimientos que eran llevados adelante por jóvenes de indudable vocación patriótica, con ideas políticamente conservadoras y eminentemente anti-somocistas.

¿Cuál era la percepción de Pedro Joaquín respecto al movimiento armado sandinista? ¿Le miraba futuro o no?

Ernesto: Cuando me tocó conocerlo personalmente, Pedro Joaquín ya no era el anticomunista ultramontano que fue en los años 50 y parte de los 60. Ya era un hombre abierto a las ideas políticas y sociales del mundo contemporáneo. Ya estaba convencido de que las paralelas históricas, por su misma naturaleza pactista y entreguista –y él era muy nacionalista–, siempre terminaban entregando la patria a los intereses norteamericanos.

Él sabía que la solución para este país no estaba en las paralelas históricas. Había formado una alianza muy amplia con diferentes sectores de opinión del país, incluso los socialistas, para crear la Unión Democrática de Liberación. Algo que la ultra derecha de este país nunca le perdonó fue su alianza con los socialistas, y por lo cual en varias ocasiones intentaron sabotearlo económicamente.

Hubo un tiempo, incluso, en que intentaron retirar los avisos publicitarios de La Prensa, para obligarlo a rendirse. Sin embargo, la calidad profesional e informativa del periódico era tan grande, que hubiera podido sobrevivir con sólo su circulación. Entonces los empresarios tuvieron que tomar una decisión: Bueno, o hacemos negocio con los anuncios o hacemos política; y al final decidieron hacer negocio, pues necesitan insertar su anuncio en La Prensa, que era el mejor periódico del país.

En esa época, ya era un Pedro Joaquín que estaba consciente de la importancia del FSLN. Le tocó convivir algunos meses con las primeras acciones armadas del Frente Sandinista en Masaya, San Carlos (Río San Juan) y tengo entendido que ya estaba en conversaciones con el Frente al momento de ser asesinado. Muchos dicen que por eso es que tanto el somocismo, como la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, deciden su asesinato, porque Pedro Joaquín en esos días estaba en contacto directo con el Frente Sandinista para aportar su concurso a un movimiento, que no necesariamente tenía que ser eminentemente sandinista, pero sí un movimiento cívico y armado amplio para dar al traste con la dictadura somocista, que era el principal obstáculo para la democratización y la auténtica libertad de Nicaragua. Él mismo lo decía: –Después de Somoza nos entendemos y hacemos lo mejor, pero la prioridad es terminar con la dictadura.

Ese fue el Pedro Joaquín que yo conocí personalmente. El Pedro Joaquín ya abierto a las ideas políticas y sociales de todos los grupos. Pudiéramos decir que ya había evolucionado del conservatismo hacia la socialdemocracia, y que estaba a un paso de entrar en contacto con la izquierda, para provocar de una vez por toda la caída del somocismo.

Mónica: Pedro Joaquín nunca se había integrado al Partido Conservador, y fue a mediados de los años 60, con el auge de Fernando Agüero y el “agüerismo”, y con el propósito de frenar la elección de Anastasio Somoza Debayle, que Pedro Joaquín se incorpora al Partido y forma parte de un Consejo Asesor adscrito a la Junta Directiva que presidía Agüero.

Después de la masacre del 22 de enero, Pedro Joaquín inicia una reorganización del Partido Conservador, porque advirtió que Agüero iba caminando hacia un nuevo pacto y quería garantizarse una correlación favorable a ese propósito dentro de la Convención Conservadora. Y es que siempre estos pactos son un proceso, se van preparando, se van creando las condiciones y las bases justificativas: que la paz, que la gobernabilidad, que la estabilidad del país. Los pactistas ignoran a las bases, dejan en los aparatos partidarios a los que se cuadran ante el caudillo pactista, excluyendo o expulsando a los que rechazan la transacción.

Cuando Pedro Joaquín conoce de las primeras conversaciones entre los operadores políticos de ese pacto, Cornelio Hüeck y Arnoldo Lacayo Maison, desata una campaña furibunda en contra de los arreglos, y es expulsado del Partido Conservador en 1968.

Pedro Joaquín se va y forma otra agrupación que se llamó Acción Nacional Conservadora, que también después termina respaldando el pacto. Entonces, con todas estas cosas, él llegó a la conclusión que, por la vía de las paralelas, no había posibilidades de éxito para la lucha anti-somocista.

¿Tenés algún otro dato sobre esta ruptura de Pedro Joaquín con el conservatismo?

Ernesto: La figura de Agüero había sido exaltada por el diario La Prensa, por Pedro Joaquín y por una parte importante del periodismo opositor de Nicaragua. Agüero, con su voz enérgica, con sus gestos vigorosos, con su discurso incendiario, era realmente el líder que había estado esperando el pueblo nicaragüense que quería salir de Somoza. Agüero era un gran aglutinador alrededor de su figura.

El día 22 de enero de 1967 era la última manifestación de cierre de campaña de la Unión Nacional Opositora. El plan era mantener a las masas en el centro de Managua, no desmovilizarlas y hacer presión popular en contra de la dictadura, para obligar al Estado Mayor de la Guardia Nacional a negociar con la UNO la salida de Somoza. La respuesta de la Guardia y de Somoza, fue con las balas. Nunca se sabrá cuántos manifestantes murieron ese día, asesinados por las balas de la Guardia Nacional somocista.

Así, el 22 de enero pasa a la historia como una gran derrota militar de las masas populares, que con el tiempo se convirtió en una victoria política porque, a partir de ese día, a causa de tanta gente golpeada por la Guardia, no sólo físicamente por la fuerza de las culatas, sino también golpeadas porque vecinos, amigos, seres queridos, murieron o salieron heridos, se enardeció más la conciencia anti-somocista de las masas.

A partir de ese fracaso militar de las masas, el conservatismo se retira de las elecciones, aunque Somoza hace participar a Agüero a golpe de papeleta; ya las papeletas estaban impresas, así que Agüero aparecía en ellas aunque se había retirado de la contienda. Pero ya Agüero, Pedro Joaquín, las masas populares, los conservadores genuinos, se dan cuenta que no pueden evitar la reelección de Somoza para presidente de la República en el año 1967.

Dentro de los líderes oficiales de los conservadores empieza un movimiento de reflexión. Ya hay quienes, en ese proceso, están dando síntomas de debilidad. Como vos decís Mónica, la decisión de pactar no se da de un día para otro, sino que es un proceso en el que se van acumulando opiniones e intereses. Pedro Joaquín muy sabiamente, supo captar esas opiniones, intereses y reformas que quería hacer Agüero a partir de la Convención Conservadora.

Pedro Joaquín entendió que esa reorganización en el Partido Conservador era claramente para pactar, y la historia le dio la razón, porque a los pocos meses ya estaban los pactos con Somoza. Es el momento en que ya fue expulsado y Pedro Joaquín rompe con Agüero. Entonces las masas populares se dan cuenta de quién era verdaderamente el doctor Fernando Agüero, quien al final iba a terminar pactando con Somoza.

Aunque ahora dice Agüero que todo ese proceso de pacto con Somoza era para desalojarlo del poder; pero la verdad es que no hay nadie, no hay ninguna fuerza que haya desalojado a otra del poder, simplemente por la vía de los pactos.©

Mónica: Todo este período de 1967 a 1972 es muy interesante, se dan varios sucesos, entre ellos la masacre del 22 de enero, en donde las masas sienten que han sido engañadas, que han sido llevadas al matadero. En ese mismo año, en agosto, se da la masacre de Pancasán, muestra de que hay una organización político-militar activa, viva y que hay una alternativa diferente.

En 1970 se dan los intentos de la guerrilla de Zinica y en marzo de 1971 se da el pacto bautizado como Kupia Kumi. Ese pacto incluye la convocatoria a una Constituyente, se suspende la Asamblea Nacional ordinaria –el Congreso– y se instala la Constituyente, que permite que en los siguientes dos años, Tacho vuelva a plantear su reelección. Mientras tanto, ¿qué es lo que le dan a Agüero? Su participación en el Triunvirato, en el que participan además el General Roberto Martínez Lacayo y Alfonso Lovo Cordero.

¿Te acordás cómo vulgareaba La Prensa y toda la oposición a Agüero, por la famosa pitoreta? Decían que lo que había ganado era andar en un carro con una pitoreta, porque realmente no mandaba nada. El Triunvirato era mandado realmente por Somoza, quien era el poder real, y los demás eran unos payasos. Todo eso lo denunciaba con fuerza Pedro Joaquín.

¿Cuál era el poder de Pedro Joaquín, la fuerza que tenía? ¿Era el medio?

Ernesto: Sí, el medio y su genialidad, su talento como político, como periodista. Precisamente eso de la pitoreta me recuerda que Pedro Joaquín logró acuñar de su genialidad muchas frases que el pueblo nicaragüense asumió como propias. Al pacto político, por ejemplo, de Agüero con Somoza, lo bautizó como “Kupia Kumi” en un titular de La Prensa, y hasta ahora, la palabra Kupia Kumi, en la evolución del habla nicaragüense, tiene una connotación de pacto.

Mónica: Contá, ¿qué quiere decir Kupia Kumi?

Ernesto: En esos días vino al Teatro Nacional Rubén Darío una danza típica de la Costa Caribe, de Zelaya Norte. Había una frase combinada que terminaba en Kupia Kumi, que quería decir: “Nicaragua, un solo corazón”.

Luego, con la instalación del Triunvirato de Agüero, Martínez Lacayo y Lovo Cordero, se forma un gobierno de tres patas; entonces él le puso “pata de gallina”, y todo el mundo le puso después pata de gallina al Triunvirato. También la caricaturizaba. En esa época todavía vive y trabaja para La Prensa, el gran caricaturista Alberto Mora Olivares (AMO), que apoyaba la imaginación de Pedro Joaquín.

De todas maneras, lo importante en toda la valoración que se puede hacer ahora de la personalidad de Pedro Joaquín, es extraer las lecciones que deja al pueblo nicaragüense, a la juventud, al periodismo, a los políticos.

Hay muchos aspectos del pensamiento político de Pedro Joaquín Chamorro, expresados en sus editoriales, que están vigentes. Por ejemplo, creo que muchos razonamientos de Pedro Joaquín contra los pactos de Agüero y de Somoza, debieran ser estudiados cuidadosamente por los políticos que ahora han hecho arreglos con el gobierno liberal.

También dejó muchas enseñanzas como periodista. Ahora que hay muchos periodistas que son descuidados al escribir, o al titular, o al formular preguntas o al escribir sus informaciones, debieran investigar y retomar la intransigencia que tenía Pedro Joaquín Chamorro con la calidad periodística.

Era un hombre al que no se le escapaba ningún detalle del periódico. Era un político de rango nacional, pero al mismo tiempo, era un gran periodista que estaba al frente del producto que ofrecía a sus lectores y estaba controlando personalmente la calidad. Sus decisiones siempre eran correctas respecto a la mejor ubicación de la fotografía, la mejor crónica que debía publicarse sobre un tema y esas, pues, son lecciones periodísticas de Pedro Joaquín, que los que lo conocimos nunca vamos a olvidar. Quisiéramos que fueran también seguidas por futuras generaciones de periodistas.

Oyente: Aló. Buenos días. Hace días escuché en uno de los medios a un dirigente del FSLN que decía que los medios de comunicación no publican la realidad que sucede, sino lo que ellos quisieran que sucediera. O sea, en otras palabras, quiere decir que los diarios mienten. Eso es todo. Gracias.

Ernesto: Creo que los diarios no mienten, porque en primer lugar tienen que apegarse a la realidad. Cuando los periódicos informan cosas que no están en la realidad, los mismos lectores, radioescuchas, televidentes, se encargan de quitarle credibilidad a ese medio; y ningún medio quiere perder credibilidad, todos quieren estar en la conciencia de los lectores. Entonces, el apego a la verdad, en este caso es una verdad absoluta, categórica.

Claro, que dentro del manejo político de cada medio de comunicación, hay una forma de abordar la verdad, y entonces ahí es donde sí acepto que puede haber diferencias, porque la imparcialidad no existe en el periodismo. Puede existir objetividad, apego a los hechos, apego a la realidad, pero imparcialidad no hay.

Yo no creo que el New York Times o el Washington Post, de Estados Unidos, sean imparciales ante Fidel Castro; como no creo tampoco que El Nuevo Diario, por ejemplo, sea imparcial ante posiciones reñidas con la honradez y la honestidad. O sea, imparcialidad absoluta no existe en los medios de comunicación, creo que donde está la diferencia es en el abordaje de la verdad.

Oyente: Habla, David Rivas periodista y redactor de El Gran Diario, del doctor Adán Selva. Por ser el primer programa suyo, yo creo que se han dedicado sólo a Pedro Joaquín y han olvidado, como olvidó el sandinismo, al doctor Adán Selva.

Ernesto: Creo que nadie ha olvidado, entre los que sobrevivimos, el ejemplo del doctor Adán Selva en el periodismo nicaragüense. Es una lástima que poco se escriba sobre él y que la juventud no lo conozca, sobre todo las nuevas generaciones de periodistas. Pero el doctor Selva fue un apóstol, un quijote del periodismo en este país, y su ejemplo fue inspirador incluso para el propio doctor Pedro Joaquín Chamorro, quien lo trataba con mucho respeto. Adán Selva vivía para el periodismo y aunque El Gran Diario no tenía gran poder económico para tener un gran aparato de distribución y de voceadores, él hacía todo lo posible para que siempre anduviera por las calles su pequeño periódico y, en algunas ocasiones, hasta él mismo salía a venderlo en una carretilla. Era un periodista que vivió para el periodismo, que sintió el periodismo y por supuesto también era un periodista opuesto a la dictadura de Somoza.

Oyente: Alfonso Sálomon. Yo soy testigo de que el doctor Adán Selva andaba personalmente vendiendo periódicos ahí en la bulliciosa Avenida Roosevelt, donde se tejían todas las intrigas políticas, comerciales y de todo tipo. Recuerdo que salía el periódico y no tenía muchos voceadores, porque en ese tiempo, los años 60, El Gran Diario era uno de los pocos medios que se atrevían a criticar al régimen. Pocas personas y pocos medios decían las cosas que el doctor Adán Selva decía, y eran ataques fuertes contra la corrupción, los crímenes y la dictadura de Somoza.

Nosotros lo queríamos mucho al doctor Selva, siempre le comprábamos su periódico. Recuerdo que una vez un guardia le reclamó porque atacaba a Somoza, y como le ripostó, el soldado le rajó la cabeza con un cachiporrazo. Entonces, después de esa agresión, se puso un casco de acero en la cabeza. Me lo encontré, y le pregunté: –Ideay, doctor, ¿y qué le pasa? ¿Ya se metió al Batallón Somoza? Porque el Batallón Somoza usaba unos cascos de acero. Y él decía: –Si tengo que usar toda la vida este casco, si tengo que salir como fantasma de aquí del periódico, lo voy a hacer. Ese era Adán Selva, periodista realmente quijote, como lo señalaron, y con un valor cívico hasta el infinito. Muchos lo recuerdan vendiendo él mismo su periódico en las Avenidas Roosevelt y Bolívar, y en el centro de Managua.

Oyente: David Rivas. Buenos días radioescuchas y buenos días Comandante. El doctor Selva comenzó con una pequeña imprenta, después fundó El Gran Diario. Sus enemigos lo detractaban diciendo que él, en las mañanitas, se paseaba en la acera preguntándose ¿a quién jodo hoy?, pero su lenguaje era tal, que les decía a los Somoza, a los tres, ladrones, ladrones, ladrones. Él es uno de nuestros mayores líderes en el periodismo.

Cuando trabajé como periodista en El Gran Diario, él me contaba una anécdota. Una vez lo echaron preso y uno de los policías le quitó su cartera. Él se quejó: – ¡Mire, me quitaron mi cartera! ¡Dígame el nombre! –le respondieron. ¡Qué voy a conocer yo entre tantos guardias –contestó, usted sabe bien quién me mandó a capturar! Porque Adán Selva no toleraba ningún atropello No se quedaba callado. En otra ocasión me comentó: –Todos los que tenían imprenta se enriquecieron, y yo, por estar con la Patria, quedé pobre. Y es verdad, por eso para mí es uno de nuestros mayores líderes en el periodismo.

Ernesto: Admiro mucho al veterano periodista don David Rivas por su fidelidad a la causa del doctor Adán Selva. Creo que todos debiéramos tener un poco de Adán Selva en nuestras conciencias, y creo que Adán es un precursor de Pedro Joaquín Chamorro. Estoy casi seguro de que en algún momento de su vida, Pedro Joaquín también se inspiró en la personalidad y en la lucha vigorosa, recia y anti-somocista del doctor Adán Selva.

Oyente: Rafael Casanova. Quería aportar con relación a Adán Selva. Él tuvo una posición mucho más radical que la de Pedro Joaquín Chamorro. Era militante del Partido Liberal Independiente, pero con pensamiento de demócrata revolucionario muy amplio. Escribió una obra muy pequeña, pero muy contundente, que se llama La historia de los come patos, contra los pactos y los tratados onerosos como el Chamorro-Bryan. Otro aporte que hizo fue la primera edición en 1959, en la Imprenta Asel, del libro de Gregorio Selser sobre Sandino, General de Hombres Libres, que la trajo el muy recordado fundador de Nueva Nicaragua, Germán Gaitán Mora, en 1959.

Respecto a Pedro Joaquín Chamorro, hay que tomar en cuenta algunas cosas para ver la historia de una forma objetiva. Recordemos que cuando ya evoluciona el pensamiento de Pedro Joaquín, y se forma UDEL, se da en un momento de auge, no solamente de la lucha armada y del movimiento estudiantil, sino también del movimiento popular en general. Por ejemplo, la gran huelga política del año 1973 le da fortaleza al movimiento obrero, tanto a la Confederación General de Trabajadores Independiente, como a la Central de Trabajadores de Nicaragua. Estas dos centrales también participan en la UDEL que mencionaba el licenciado Ernesto Aburto.

Esto implica que el pensamiento de Pedro Joaquín evoluciona en un período de auge en que se incrementa la lucha armada y las luchas sociales después de la toma del 27 de diciembre. Es decir, se fortalecen estos movimientos y se articula una vasta alianza opositora, que es lo que permite el derrocamiento de la dictadura.

Hay que ser objetivo y recordar que hay oposición del FSLN, rechazando a la alianza opositora. Después es que se da una evolución con la conformación del Grupo de los Doce y se amplía la unidad de todo el pueblo contra Somoza. Y esa lección parece que no se ha aprendido.

Pedro Joaquín Chamorro, que evoluciona desde un pensamiento conservador, nos dejó ese legado, pues él se desprende de prejuicios y hay un momento en que, además, el FSLN de la tendencia insurreccional, también se sacude de prejuicios contra las posiciones conservadoras, y logra unir a todo este vasto movimiento hasta el derrocamiento de la dictadura.

Por otro lado, también quería señalar el aporte que hicieron otras personalidades a la lucha contra la dictadura, incluso a la misma lucha armada. Yo personalmente escuché a dirigentes del PLI, que habían participado como colaboradores del Frente, diciéndoles a los jóvenes que había que apoyar a los muchachos, en el momento en que también el FER estaba atacando a la UDEL.

Después, ya con el Grupo de los Doce, se construyó ese frente amplio que conformó el pueblo nicaragüense contra la dictadura y que encabeza el FSLN, y esto se produce gracias a que se flexibilizó el pensamiento. Estos son los aportes que hizo Pedro Joaquín Chamorro y que hizo el Frente Sandinista en ese entonces. Muchas gracias.

Mónica: Gracias por llamar, Rafael, y por tus aportes para conceptualizar la evolución de Pedro Joaquín. Es fundamental tener presente que el pensamiento de todos va evolucionando, para bien o para mal, pero cambia.

Ernesto, es importante que nos contés sobre el asesinato de Pedro Joaquín, ¿cómo lo matan?

Ernesto: Lo matan porque el movimiento de masas está en ascenso, de manera casi incontrolable. El movimiento armado ya se manifestó y los somocistas saben que cualquier arreglo que busquen los norteamericanos para la salida de Somoza, tiene que pasar forzosamente por la figura política más grande en ese momento en este país, por la figura cívica más grande, que es Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Allí creo yo que surge la idea de la muerte, el plan que comienza a vender el organizador del asesinato, Silvio Peña, quien consigue plata de cierta gente para llevar a cabo el magnicidio. Básicamente, Pedro ya está entrando en contacto con los movimientos de masas y con el Frente Sandinista, a través del Grupo de los Doce. Tanto los Estados Unidos como el somocismo saben que Pedro no es un hombre manejable. La verdad es que nunca fue controlado por nadie.

De allí surge la idea de un hombre que siempre estaba a la caza de oportunidades, Silvio Peña. Había leído muchas novelas de vaqueros y detectives, tenía una mentalidad muy fantasiosa, había visto muchas películas de violencia, tenía complejo de gánster y él comenzó a contactar a ciertas personalidades de este país que eran anti pedro-joaquinistas. Algunas personas de ésas que él contactó, rechazaron el plan, pero pecaron por omisión, no lo denunciaron, o si lo denunciaron, no les hicieron caso. Otros parece que sí, pues evidentemente corrió mucho dinero.

Silvio Peña, hizo compras fabulosas, casi al contado, por ejemplo una casa en Villa Fontana, un carro Ford Granada –utilizado en la conjura– también de contado, nuevecito. Tenía dinero al momento de su captura y era mucho dinero el que andaba manejando. Alguien tuvo que haberle pagado, y algunos analistas, a veces sin muchas pruebas, tienden a creer que el crimen de Pedro Joaquín Chamorro también fue alentado por un sector del gobierno de los Estados Unidos.

Evidentemente quien salió más comprometido en el financiamiento del crimen fue el hijo del General Anastasio Somoza, El Chigüín, el Teniente Coronel Anastasio Somoza Portocarrero.

Todos sabemos la forma en que fue asesinado el doctor Chamorro. Fue interceptado su automóvil en una calle en la zona del antiguo casco escombroso de Managua. Lo chocaron deliberadamente para obligarlo a detenerse. Él pensó que era un accidente común y corriente, que un irresponsable lo había chocado. Cuando quiso bajar del automóvil para enfrentarse verbalmente a los que lo habían chocado, vio que venía un tipo con una escopeta, con una toalla alrededor del cuello y un rostro terrible.

Él comprendió que ese hombre venía a matarlo. Subió al automóvil, quiso arrancar, pero ya fue muy tarde, el hombre le dejó ir el primer disparo de escopeta y luego otro. Ya con el cambio de primera metido y el pie puesto en el clutch, en ansias de muerte, herido de muerte, Pedro Joaquín suelta el clutch y el carro se va hacia adelante y choca con el carro de los criminales. Era un carro Datsun bastante cacharposo el que usaron en ese momento, porque el Ford Granada de Silvio Peña, rondaba en la periferia, a una cuadra a la redonda, vigilando que todo saliera bien.

El Datsun era de esos carros que siempre andan con problemas, que el borne de la batería anda flojo, y ese impacto que le da el Saab de Pedro Joaquín por detrás al carro de los asesinos, hace que se zafe uno de los bornes de la batería, y el carro no arranca. Entonces los asesinos tienen que abandonarlo y, eso fue providencial, porque hasta en ansias de muerte, Pedro Joaquín Chamorro contribuyó a la captura de sus asesinos. Porque si no ha dado ese golpe, los asesinos hubieran huido, ese crimen nunca se hubiera aclarado, nunca hubiera caído preso nadie y hasta la fecha habría un total misterio.

Mónica: El crimen no quedó cubierto en neblina. Estaba clarísimo que lo había mandado a matar el régimen, y de manera específica se mencionaba al Chigüín. Fueron capturados los autores materiales, y los llevaron detenidos.

Recuerdo que estábamos en la Central de Policía un grupo de presos y presas sandinistas. Llegaron los guardias y a los asesinos de Pedro Joaquín los metieron a la galería donde estábamos nosotras. En los meses que estuvieron en celdas contiguas a las nuestras, aprovechamos para hablar con ellos. Pudimos hablar largamente con Silvio Peña “Cara de Piedra” y Harold Cedeño. Recuerdo que era verdaderamente impactante la cara de este “Cara de Piedra”. Así le puso la gente y en verdad tenía cara de piedra, siempre andaba con una toalla envuelta en la nuca. Efectivamente, ellos se lamentaban de que habían hecho eso por paga, y que no eran ellos los que debían haber estado presos.

También es importante recordar que el 7 de diciembre del año 1977, Pedro Joaquín hizo un editorial tremendamente duro contra la dictadura y contra la empresa Plasmaféresis, por denuncias de corrupción. Entonces Plasmaféresis acusa por injurias y calumnias a Pedro Joaquín y al diario La Prensa.

Había todo un ambiente intenso, un sentimiento anti-somocista generalizado. Ya habían ocurrido las acciones insurreccionales de octubre de 1977, y Pedro Joaquín mantiene una tónica durísima contra el somocismo, mezclada con humor negro. A Somoza sólo le decía “El Prócer”. A los conservadores les decía, “los zancudos”. No les decía ni sus nombres. A Samuel Genie, Jefe de la Oficina de Seguridad Nacional le decía “La Gestapo”.

En las notas del 20 de diciembre de 1977, las últimas del diario que él llevaba, registró una conversación con el Embajador norteamericano Mauricio Solaum –porque parece que los Estados Unidos querían mediar–, en la que Pedro Joaquín le dice que no había salida. “La prioridad nuestra es que se vaya Somoza, si se puede hoy mejor, si no cuando se pueda y que nunca quede su sistema”. Esas son las últimas palabras que él escribió en su diario antes que lo asesinaran.

Obviamente que, en estas circunstancias, su asesinato sólo contribuyó a enardecer al pueblo y se aceleraron los procesos de toma de conciencia. Vos, Ernesto, estuviste en su entierro; contanos, ¿cómo fue?

Ernesto: A mí me pareciera como una visión de pesadillas, como un sueño, ver ese cadáver arrastrado por las multitudes a lo largo y ancho de Managua. Me llenó un poco de miedo, porque nunca había presenciado tantos miles de rostros con el mismo sentimiento de furia y de dolor, pero más de furia y coraje. Fue algo apabullante. Por donde iban pasando aquellas multitudes de decenas de miles de personas, las paredes iban quedando pintadas con proclamas anti-somocistas.

Recuerdo que cuando iba al velorio en el diario La Prensa, al pasar por Plasmaféresis, unos manifestantes entraron y la quemaron. Eso quedó en llamas. No me explico de qué manera se salvó la Central de Policía, que ahora se llama Ajax Delgado.

Mónica: Allí estábamos nosotras presas, y oímos los cohetes, las bombas. Los gritos de la multitud se oían hasta nuestras celdas.

Ernesto: Y una lluvia de piedras cayó sobre la fachada de la Central de Policía. Creo que voy a morir y no voy a ver un funeral como ése en Nicaragua. Un funeral que, por muchas características, era digno de una de las grandes obras de la literatura del Siglo XX.

Mónica: Además, provocó un aceleramiento de la conciencia de la ciudadanía de que había que acabar con la dictadura y eso, eso es real.

Ernesto, en los últimos minutos que nos quedan, quisiéramos que como militante del Frente Sandinista desde 1977, y como periodista de uno de los diarios más prestigiosos del país, El Nuevo Diario, hagás el cierre que querrás de este diálogo.

Ernesto: Bueno, un mensaje de unidad nacional para combatir todos los males que sufre la nación. Un mensaje de esperanza, de confianza en el futuro, porque realmente ya no podemos estar peor; a partir de ahora, todo tiene que ser mejor. Pero claro, eso significa unidad, significa lucha, significa un gran cuidado en las conversaciones con adversarios políticos. Lo ideal en este momento, por supuesto, es hacer una alianza con todas las fuerzas que se oponen a la corrupción, al deterioro del nivel de vida de la población nicaragüense.

Creo que es hora de pensar en función de la nación, de la patria, del país, de nuestro patrimonio nacional, de la riqueza nacional; evitar que se fugue por la vía de la corrupción, por la vía del despilfarro.

Mónica: Cuando Pedro Joaquín escribió Estirpe Sangrienta, quiso que se lo prologara Gregorio Selser. Y éste lo hizo, como él mismo lo reconoció, cargado de prejuicios e incluyó una violenta diatriba contra el apellido, que le vinculaba a otros Chamorro de ominosa recordación. Pero Gregorio Selser rectificó en el prólogo a la segunda edición, después de su muerte, como se aprecia en los siguientes párrafos textuales:

Pedro Joaquín Chamorro no era socialista, ni comunista, ni castrista, ni izquierdista en cualquiera de sus matices. Ni postuló que lo era o que podía serlo, ni se vistió demagógicamente con prendas ideológicas o políticas que sentía que no eran las suyas. Desdeñar su actuación y su lucha porque la signaban principios democrático-burgueses, es ignorar las innumerables pruebas de la historia, que muestran por cuán inesperados y sinuosos cursos se mueven en el complejo proceso que converge hacia la revolución verdadera de los pueblos.

Pedro Joaquín hizo del ejercicio periodístico un apostolado, en el cual la vida se le iba a cada momento. Y él lo sabía perfectamente, como tantos otros que, a diferencia de su estilo profesional, optaron por la sacrificada y no menos riesgosa opción de la montaña. Han sido dos modos distintos de una misma pelea, y muy importante ha sido que en los tiempos más recientes se haya reparado en el detalle de que se trataba de una misma trinchera, en la que las armas y pertrechos pueden ser dispares, como también disímiles las ideas de quienes los utilizan, pero a quienes hermana el enemigo…

…la historia de su patria rescatará su lucha como una de las páginas más dignas de la resistencia de décadas contra el fraude, la entrega y la ignominia, una batalla en la que un apellido ominoso emergió con la connotación de los fundadores de las causas nobles e imperecederas. Si él pudo advertirlo al reivindicar, como lo hizo, la memoria de Sandino, no dudo que más temprano que tarde, no habrá sandinista que no vea en él otra cosa que un compañero de causa, de trinchera, de patria. Sandino mismo lo habría mirado de ese modo.

Seguramente así le mirarán las futuras generaciones de nicaragüenses, de sandinistas y patriotas honestos.




8 de enero del 2000





COMENTARIOS DE NUESTROS LECTORES


© Onofre Guevara: cuando Pedro Joaquín Chamorro, regresa de México a hacerse cargo de La Prensa, en 1948, aún no existía El Gran Diario ni La Hora, solo La Noticia, Flecha, La Nueva Prensa, La Estrella de Nicaragua, Novedades, y en León el Centroamericano.

© Onofre Guevara: El plan de la oposición encabezada por Agüero para la manifestación del 22 de enero de 1967, no era solo “obligar al Estado Mayor de la Guardia Nacional a negociar con la UNO la salida de Somoza”; era peor: el plan contaba supuestamente con la participación de la Embajada gringa y altos oficiales de la Guardia, y consistía en provocar algunas muertes y en medio de la crisis, los gringos “mediarían” para propiciar la renuncia de Somoza, y luego nombrar una junta de gobierno cívico-militar con Agüero y los oficiales. Esto lo supo la dirección del PSN la noche del 21 de enero; se reunió de urgencia, y acordó, en contra de la opinión de la minoría, no denunciar el plan reaccionario porque el Partido aparecía como soplón para alertar a la dictadura, sino ir a la manifestación a tratar de persuadir a los que se pudiera a no acercarse hasta donde estaba la Guardia para evitar muertes. Así se hizo, pero no fue posible hacer mucho. Eso costó la unidad del PSN y la vida de un compañero del Partido y del SCAAS, Manuel Pérez Aburto.

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