Memorias de la lucha Sandinista

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La difícil insurrección de abril

Antenor Rosales


Antenor Rosales nace el 11 de octubre de 1955 en León. Estudia primaria y secundaria en el Colegio La Salle de esta ciudad. Se vincula al Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1967, a través de Marina Morales, realizando diversas tareas conspirativas. Participa en los movimientos estudiantiles de secundaria, incluyendo la toma de colegios. Al entrar a la universidad se incorpora a actividades públicas dentro del movimiento estudiantil, como cuadro visible del Frente Estudiantil Revolucionario.

Fue Presidente de la Asociación Nacional de Estudiantes de Ingeniería. Pasa a la clandestinidad en 1978, incorporándose a la Columna General Pedro Altamirano de la Tendencia Guerra Popular Prolongada. Después de la primera insurrección de Estelí, se traslada a la Tendencia Tercerista o Insurreccional, quedando como miembro de la Comisión Política Militar del Frente Norte, y participa en la insurrección de abril y en la Ofensiva Final de 1979.

Al triunfo de la Revolución Popular Sandinista, se integra al Ejército Popular Sandinista, hasta su retiro con el grado de Coronel en 1990.

Concluye estudios de Licenciatura como Abogado y Notario Público y una Maestría en Derecho Bancario. A la fecha, es Catedrático de la Universidad Centroamericana.

Después de las insurrecciones de septiembre del año 1978, las distintas tendencias del FSLN analizaron las experiencias de esa jornada, en las que se avanzó significativamente en la unidad en la acción.

La insurrección de septiembre permitió un cambio de calidad y cantidad en todas las fuerzas. Había más combatientes, más armas, más experiencia combativa, más espíritu de victoria. El flujo de armas se incrementó, la Tendencia Tercerista habilitó cada Frente con radiocomunicaciones; y todas las tendencias generalizaron el entrenamiento a los combatientes, y aumentaron las acciones ofensivas de todo tipo y tamaño. Y fue creciendo el intercambio de información y el actuar conjuntamente.

El 8 de marzo de 1979, se anunció públicamente la unidad de las tres tendencias. En esos mismos días regresa a Estelí Francisco Rivera, después de permanecer varios meses en el exterior, en distintas reuniones organizadas por la Tendencia Insurreccional. Para esas fechas, Antenor Rosales decidió cambiar de tendencia y fue incorporado en la Comisión Político Militar del Frente Norte. Al frente de la misma estaba Germán Pomares “El Danto”.

En correspondencia con el plan de ofensiva ininterrumpida y asedio a la Guardia, “El Danto” se toma el Jícaro el 26 de marzo. El 8 de abril, unidades combinadas de las Columnas Facundo Picado (Insurreccional) y César Augusto Salinas Pinell (GPP) atacan Condega; igual ocurre con El Sauce, donde actúan fuerzas de la General Pedro Altamirano y unidades Terceristas, que atacan Achuapa, Limay, Pueblo Nuevo y San Rafael del Norte.

Una de las fuerzas Terceristas, la que debía emboscarse en la Carretera Panamericana, en su retirada pasa por Estelí; las unidades urbanas, deseosas de acción entran en combate, y se produce, sin que estuviera en los planes, la segunda insurrección de Estelí.

Conversamos con Antenor Rosales, conocido como “El Capi”, sobre estos acontecimientos.

Mónica: ¿Cómo y cuándo te integraste al Frente Sandinista?

Antenor: Puedo decirte que, en gran medida, vos y yo somos de la misma época, de la misma camada, con la particularidad que en tu caso fue a través de los movimientos cristianos que iniciaste tu acercamiento al Frente Sandinista, mientras que yo tuve la oportunidad de pegarme directamente, en aquel entonces, con camaradas del FSLN, en el año 1967 ó 1968. Ambos, sin embargo, como parte del movimiento estudiantil, participamos en las huelgas y en las tomas de los colegios de los años setenta.

Tuve el privilegio de estudiar en el Colegio La Salle y de tener la influencia bastante marcada en mi vida de hombres como Edwin Maradiaga, Rodrigo Páez Montalván y Aníbal Nuevo, tres hermanos cristianos con ideas muy avanzadas en términos sociales. Mis primeras actividades políticas fueron en 1967, cuando apenas tenía doce años.

En el colegio teníamos compañeros muy cercanos a estas inquietudes revolucionarias, preocupados por las injusticias, que tenían una concepción del papel que los cristianos debían jugar para transformar la sociedad; no puedo dejar de mencionar a Oscar Danilo Pérezcassar Pereira, con quien éramos compañeros desde primaria y a Róger Antonio Baldizón Ibarra Rojas. A partir de esas inquietudes juveniles, fui poco a poco aproximándome a compañeros que estaban ligados al Frente Sandinista.

Además de las actividades como estudiante de secundaria en el Colegio La Salle, desarrollaba una actividad, digamos semi-conspirativa, porque Róger Baldizón y Oscar Pérezcassar, Mónica y Emilia del Carmen, ese grupo que éramos amigos, no conocían que yo me acerqué al Frente por la vía de Marina Morales, quien era una joven que estudiaba en la universidad y después se fue a Panamá, y fue compañera sentimental de Chuchú Martínez.

También tuve vínculos con Leonel Rugama y con Antonio Cuadra, un amigo estudiante que mantenía posiciones de izquierda, ideológicamente distintas a ustedes, que eran cristianos; él era ateo. Esa amistad con él permitió encontrarme con Marina, quien me presentó a algunos compañeros que estaban ligados al Frente Sandinista.

La primera actividad conspirativa de la que formé parte fue hacer una manta en una casa muy cercana a la tuya, otra coincidencia ¿no?, la casa de Agustín Lara, quien fue mi primer responsable orgánico en el seno del FSLN. Después todo evolucionó de manera natural, y al llegar a la universidad, me incorporo plenamente al FER.

Mónica: Vos tuviste una participación destacada como dirigente en el movimiento estudiantil de la universidad en 1976 y 1977. Mucha gente te recuerda como alguien brillante en la defensa de las posiciones, en la defensa de los puntos de vista y en los debates que se sostenían en el seno de la universidad.

Antenor: Entré en 1972 a la universidad y para entonces desarrollé mi actividad política de manera abierta. Existían algunos compañeros que los llamábamos los cuadros públicos del FER. Mucha gente sabía que fulano era del FER, que zutano era del FER, pero existían los cuadros públicos del FER; entonces, yo comencé a desarrollar mi actividad a partir de 1973, en medio de algunas contradicciones que existían en esa época allí en el movimiento estudiantil, relacionadas con las elecciones de Rector y esas cosas.

Yo comencé con Mario Blandino, que era el presidente de la Asociación Nacional de Estudiantes de Ingeniería y carreras afines. Del Centro Universitario de la Universidad Nacional propiamente, nunca fui miembro. Llegué a ser presidente de esa asociación y además, obviamente, llegué a ser coordinador del Comité Ejecutivo del FER, en una determinada época en Managua.

Mónica: Ahora hablemos de tu paso a la clandestinidad. ¿Cómo ocurre? ¿Cuáles fueron tus primeros trabajos, en qué lugares estuviste en la clandestinidad?

Antenor: Mi ingreso a la clandestinidad estaba planteado desde el setenta y cinco; pero después de unas reuniones con “Agatón”, Carlos Fonseca, antes que Carlos se fuera a la montaña, y Tomás Borge, consideraron que era más conveniente que tratara de impulsar la línea política del Frente Sandinista que ellos dirigían, dentro de la universidad. Y ahí estuve hasta que caí preso y ya no pude sostenerme en esa condición.

Comentario de la autora: Al producirse las expulsiones de Luis Carrión, Jaime Wheelock y Roberto Huembes, a finales de 1975, la Tendencia Guerra Popular Prolongada sufre un serio debilitamiento en Managua. En la universidad, se crean dos tendencias en el movimiento estudiantil que terminan en la constitución del FER-GPP y FER-ML (Marxista-Leninista) Proletario.

Antenor Rosales era un dirigente estudiantil con una gran capacidad oratoria y fuerza dentro de los estudiantes, y representaba a la Tendencia GPP.

Antenor: Caigo preso en enero de 1977. Este hecho motivó que ya no pudiese, bajo ninguna forma, seguir públicamente. Después de mi salida de la cárcel, me orientan que pase a la clandestinidad. Pero ocurrió algo curioso, el Comandante de la Revolución Bayardo Arce me llamó a la clandestinidad y me fui a una casa donde estaba él y Auxiliadora Cruz, y él decía que era la más segura de Managua; pero cuando el ataque del FSLN al Cuartel de Masaya (17 de octubre de 1977), como estuvo sobrevolando sobre esa zona una avioneta, y además no habíamos podido hablar con Carlos Arroyo, Bayardo envió a la “Chilito” Auxiliadora Cruz, a la colonia Unidad de Propósitos, a la casa de seguridad de Carlos Arroyo, y nunca regresó.

Entonces me dijo Bayardo: –Hombré, busquemos donde irnos, es peligroso, porque no ha regresado la Auxiliadora; yo me voy a quedar todavía, porque tengo que quemar unos papeles; vos andate, pero te vas a buscar a un familiar o alguien, porque aquí no tenemos a dónde ir. Esta casa es súper segura, pero a la Chilito, tal vez le pasó algo, y es mejor prevenir. Saliendo yo a la puerta de esa casa, los trabajadores de un taller que queda enfrente, comenzaron a gritarnos: – ¡Ajá, sandinistas, van a ver ahora! ¡Ahí viene la Guardia! O sea que de segura tenía muy poco. Después de eso, como no tenía dónde vivir clandestino, esa es la verdad, trato de regresar a la universidad. Me voy a las oficinas del CUUN.

Siempre había tenido algunos compañeros como Julio López Campos, que me sacaban de apuros. El profesor tenía una camioneta, que en aquella época era signo de que era un hombre importante. Recuerdo que en la mañana del 28 de diciembre de 1974, después del golpe a la casa de Chema Castillo, fue a la única persona que se nos ocurrió llamar, para ver cómo podía ayudar para salir de donde estábamos. En esa ocasión Julio llegó en su vehículo y nos sacó a varios de la universidad.

Pero ya en ese momento, tres años después, prácticamente me fue muy difícil moverme a otro lado, y entonces me refugié en las oficina del CUUN. Llegué una noche con la idea de salir por la mañana y andar públicamente para que me vieran. Pero llegaron a avisarme que en un radio periódico estaban saliendo declaraciones de alguien del Frente Sandinista que habían capturado, de que yo era el contacto para esto y para lo otro. Esa persona creía que yo estaba clandestino, es decir, hizo esas declaraciones porque ella se había dado cuenta de que iba para la clandestinidad, y creía que yo estaba clandestino, pero en realidad no lo estaba. Esto motivó que me enviaran a Estelí, mi otra ciudad, porque yo soy leonés, pero también estiliano.

Mónica: ¿Quién fue tu primer contacto en Estelí?

Antenor: Me llevaron a una casa de seguridad, donde llegó Felipe Escobar. Ya “La China”, Socorro Sirias, estaba embarazada creo; entonces la habían apermisado, por así decirlo. Felipe me llegó a visitar para prepararme para el viaje al monte.

Mónica: “El Capi” Antenor Rosales se incorpora a la Columna General Pedro Altamirano, le ponen el número “8” y trabaja en esa unidad bajo el mando de Julio Ramos, el “13”. En esa condición, participa en la insurrección de septiembre de 1978. Nos podrías contar muchas cosas de ese período pero, como este programa está centrado en abril de 1979, ¡vamos al grano!

El 21 de febrero, en conmemoración a Sandino, se habían realizado algunos operativos en Estelí, y la gente creía que era la insurrección y salió a las calles, les dio café a los guerrilleros quienes tuvieron que hacer un esfuerzo para que la gente entendiera que todavía no era el momento, que tenía que esperar. Eso indica que esa ciudad, como muchas del país, ya estaban como decimos popularmente, de veme y no me toqués. La gente quería acabar pronto con la dictadura.

Parece que eso fue lo que pasó en abril. No había una decisión de ir a la insurrección, sino que fue la gente, entusiasmada, la que se tiró a la calle. Eso había pasado en agosto de 1978 en Matagalpa, nos pasó a nosotros en Managua, donde la gente se lanzó entusiasmada por unos operativos que estábamos realizando.

¿Cómo se desencadenó esa insurrección?

Antenor: Me gustaría hacer algunas precisiones. En primer lugar, yo tuve el inmenso honor de participar en las tres insurrecciones de Estelí, al lado del Comandante José Francisco Rivera Quintero “El Zorro”.

Sobre la insurrección de 1978, no quiero extenderme mucho, porque es conocida. Sobre la jornada insurreccional de abril, lo primero que quisiera decir, por honor a la verdad histórica, es que nosotros, “El Zorro” y yo, vinimos a Nicaragua unos cinco días antes de la insurrección.

“El Zorro” había viajado a Panamá y ahí había rayado el cuadro con Humberto Ortega, y se había formado el Estado Mayor del Frente Norte, o más bien una recomposición del Estado Mayor del Frente Norte de la Tendencia Insurreccional.

Yo había viajado a Honduras a inicios de año para hacerme un trabajo odontológico en varias piezas dentales, que estando en el campo se me habían deteriorado. Tenía que ir a un médico, entonces me fui a Honduras y estando allá, antes de la insurrección de abril, manteniendo contacto con las fuerzas de las columnas que estaban alrededor de Estelí, teníamos el pulso clarísimo del sentir de las condiciones políticas de los estilianos de la ciudad, pero también, yo me atrevería a decir, de todo el departamento. Esto es muy importante.

En el caso concreto de Estelí, las fuerzas guerrilleras y la población que se había agrupado alrededor de las fuerzas y de las columnas guerrilleras, se mantenían, no en la ciudad, pero sí en los alrededores, a una distancia muy corta, digamos prácticamente como una extensión de la ciudad. Desde el punto de vista militar, eso era de lo más conveniente.

Sabíamos claramente que había unas condiciones políticas dentro de la ciudad, que exigía que hiciéramos algo de lo que cuenta “El Zorro”.

Mónica: ¿En qué fecha da inicio la insurrección de abril?

Antenor: El 8 de abril. Nosotros debíamos venir el primero de abril. Nos vino a dejar a la frontera “El Topo” Enrique Argüello. Entramos por la misma ruta donde habían capturado a Doris Tijerino, un famoso portón ahí por la frontera de El Espino, en Somoto.

Nos bajamos como a unas mil varas de la frontera, nos metimos a la izquierda, cruzamos la guardarraya y nuevamente volvimos a la carretera, ahí nos estaba esperando un colaborador, que después creo que murió en El Salvador. Dormimos en su casa, que quedaba como a unas cien o doscientas varas de la carretera. En la mañana, de día, nos fuimos en una camioneta, desde las afuera de Somoto, a un lugar que se llamaba Los Araditos.

En el camino pasamos como cuatro retenes de la Guardia y en los cuatro nos detuvieron. Pusimos nuestra mejor cara. En la tina de atrás, íbamos “El Zorro”, otro compañero y yo; adelante iba el que manejaba y la “Flor”, una muchacha muy joven. Tuvimos que pasar por Estelí para llegar a Los Araditos.

Entramos a la ciudad de Estelí al medio día y agarramos el camino a El Sauce; nos bajamos en la finca de un colaborador al que le decíamos “El Abuelo”, y ahí encontramos a nuestros compañeros: era la Columna Filemón Rivera. Traje algunas fotos de ese grupo.

Oyente: Rolando López. Creo que “Flor” es una compañera que se llama Enoé Valenzuela, una compañera chaparrita que trabajaba en la Policía.

Antenor: Sí, puede ser ella. Lo que sentimos al llegar, es que los compañeros estaban que rascaban. Ni siquiera nos saludaron. Lo que nos preguntaron fue: ¿A qué horas nos vamos? Para entonces, tal como ves en esta foto, ya estaban bien armados, distinto de septiembre, ¿verdad?, ya existían fusiles.

Mónica: Por lo menos ahí se ven en esa foto unos quince fusiles, tal vez podés identificar a algunos de los compañeros que están aquí.

Antenor: Napoleón Molina “La Chiva”; Ricardo, quien vive en Canadá; un pintor que se llamaba Antonio Rodríguez “Toño Tarzán”, murió; Arturito, un muchacho de Chinandega; están cuatro hondureños en esta foto, el Indio Emilio, Guandique, “Froilán” o Juan Alberto Blandón, que murió en El Lamento, creo que así se llama el lugar, donde murió; Víctor Manuel Gallegos y yo.

De los cuarenta que aparecen aquí por lo menos, unos quince son compañeros caídos. Cuando veo esta fotografía, me entristece, porque ellos ya no están con nosotros, ¿verdad?, y me siento agradecido de estar vivo. Y por eso cuando yo las veo, sé que mi conciencia no puede ser comprada y que hasta el día de mi muerte seguiré al lado del sandinismo, al lado de la Revolución, en las condiciones del hoy del siglo XXI.

Mónica: Había un plan de hacer acciones ofensivas, pero no incluía una nueva insurrección en Estelí. En la realización de un plan de fuerzas combinadas, Elías Noguera y Cristhian Pichardo (Insurreccionales y GPP) atacaron Condega, donde hieren a Elías Noguera en una pierna.

La columna de Salvador Loza debía emboscarse entre Estelí y Condega para contener los refuerzos de la Guardia. Ahí los guerrilleros bajan dos aviones, pero en la retirada combaten prácticamente en los barrios de Estelí. Por otro lado, la emboscada que tenían planeado ubicar en la Carretera Panamericana, antes de Estelí, no se puede montar. Prácticamente fracasa.

Por su parte, otras fuerzas combinadas atacan El Sauce, donde derribaron otro avión; además, se atacó Achuapa, Río Grande, San Rafael del Norte, Pueblo Nuevo y Limay, acciones todas, exitosas. La gente de “Froilán” estaba entre Estelí y El Sauce, y es la fuerza con la que vos te encontrás buscando Los Araditos, es toda la gente que está en la foto.

¿Por qué deciden irse para Estelí, si ése no era el plan?

Antenor: Nosotros analizamos la situación geográficamente y concluimos que la posibilidad en donde las fuerzas de la dictadura somocista pudieran incidir militarmente, era viniendo de Managua por la Carretera Panamericana; de allí que uno de los lugares de mayor interés nuestro era el control de la carretera que conduce hacia Estelí. Es decir, de La Trinidad hacia Estelí.

Eso tiene una gran importancia desde el punto de vista militar, y tiene una expresión política interesante, que incluso vos dominás tanto como yo, y es que era muy grande la influencia del Frente Sandinista en ese sector sur de Estelí. Estoy hablando de El Despoblado, Santa Cruz, Tierra Blanca, etcétera. Son lugares donde había habido escuelas del Frente, con redes de colaboradores por todos lados.

Entonces, nosotros dábamos por sentado que esa emboscada en el sur de Estelí, era la que nos iba a dar mayor seguridad para poder cumplir el otro plan, que era caerle a El Sauce, caerle a Condega, caer al lado de San Rafael del Norte y caerle a Estelí.

A veces reflexiono si verdaderamente en ese momento rompimos el esquema del libro, porque la vanguardia se dejó llevar por las masas. La situación era que las masas exigían que realizáramos dentro de la ciudad una acción que trascendiera acciones aisladas y, en esa perspectiva, es que se produce la jornada insurreccional de abril.

Nosotros entramos por donde siempre habíamos entrado a Estelí, y por una explicación, que no es estrictamente militar, sino de naturaleza política: la entrada de El Zapote era la que nos vinculaba a la población más pobre de Estelí, en donde “El Zorro” y el sandinismo en general se movían como pez en el agua. Entramos a mediodía a Estelí y tuvimos un inconveniente militar, inexistente en la insurrección de septiembre.

En septiembre, la Guardia y el grueso de sus fuerzas estaba concentrada en el cuartel central; en este caso, ya la Guardia había aprendido y tenía distribuida varias unidades en toda la ciudad. De manera que en sólo la entrada, nos encontramos con resistencia del aparato militar de la dictadura, y ya no fue posible entrar directamente en ofensiva sobre el cuartel, sino que desde las primeras casas del pueblo, tuvimos que tratar de forzar la entrada a Estelí. Ése fue el ingreso.

Mónica: Recordamos que ésa fue una insurrección muy difícil, se realizó en condiciones desiguales y con ciertos factores totalmente adversos, como era el que no se controlaba la Carretera Panamericana, y por tanto estaba libre para que la Guardia metiera sus refuerzos. Esa insurrección, además, estaba descoordinada con otras fuerzas que no se quisieron involucrar. Dice “El Zorro” que la Columna Filemón Rivera, se hallaba dispersa, unos estaban en San Rafael del Norte, otros en San Sebastián de Yalí, en El Sauce, San Juan de Limay; entonces, había que concentrarlos y su idea era concentrarlos, pero que eso fue casi imposible.

Antenor: Bueno, en la práctica fue imposible. La operatividad misma impidió que se pudiera concentrar el grueso de nuestra fuerza en la ciudad de Estelí. Había una fuerza entre Estelí y El Sauce con el propósito de evitar que entraran refuerzos por esa carretera. Elías tenía la misión de hostigar, emboscar la carretera que conduce de Estelí hacia Condega, para evitar que las fuerzas de Somoto, Ocotal o de cualquier otro lado avanzaran hacia Estelí desde el norte, por así decirlo.

Otra parte de la columna estaba móvil entre Estelí, La Concordia y San Rafael, sobre esa carretera, y esperábamos que en la carretera que conduce a Estelí desde La Trinidad, poder tener un control absoluto. De forma que en la práctica, cuando vimos, estábamos absolutamente solos, con el sol del verano de ese abril. Verdaderamente, la situación no fue tan parecida a lo que había ocurrido en septiembre en Estelí.

Digo que no fue tan parecida, primero porque la población de la ciudad había descendido notablemente. Sin embargo, nosotros nos fuimos el viernes por la noche, en el momento en que realizó el Comandante Pomares la operación sobre Wiwilí. Pero el número de personas de la ciudad, que nos retiramos en esa noche, fue inmenso. No puedo precisar, pero grande, absolutamente grande.

Mónica: La Guardia estaba en el Colegio El Rosario, la Catedral, el Banco Nacional y TELCOR. Tal como previeron, sin la emboscada sobre la Panamericana, la Guardia comenzó a penetrar por ahí desde el día doce, y los fueron haciendo recular tramo por tramo.

Antenor: La verdad es que sí, ésa es la verdad. El último día, estábamos en una calle; cuando digo una calle, me refiero a una cuadra, es decir, en toda una cuadra. Era lo único que nosotros teníamos para operar, el control de la guardia era absoluto en la ciudad.

Mónica: Sí. Dice “El Zorro” que hubo un momento en que desembarcan tropas aerotransportadas en los alrededores y en todos los accesos a la ciudad establecieron posiciones con nidos de ametralladoras para dejarnos encerrados, una trampa mortal sin salida posible.

El Comandante Pomares intenta atacar Wiwilí, en una lógica de descompresión, porque el mando sabía lo que estaba pasando en Estelí; y le decían al “Zorro” que se saliera pero “El Zorro” tenía aún la convicción de que no podía salirse así nomás.

Antenor: No podía salirse por dos cosas: uno, el compromiso con Estelí, con la gente que nos había pedido que entráramos y que hiciéramos algo, porque eso debemos asociarlo no solamente a las inquietudes y aspiraciones revolucionarias de una etapa insurreccional en que las masas quieren derrotar al enemigo, sino que también ligada a la intensidad de la represión de la Guardia en Estelí que, por haber sido la última ciudad por abandonarse en septiembre, hubo una especie de saña sobre ella.

Entonces la población quería la presencia del Frente Sandinista, en tanto que necesitaba también como población oxígeno, necesitaba respirar en ese marco de represión que existía. Esa era la primera; y la segunda es que militarmente era difícil también esa salida, ¿verdad? Estaba compleja la posibilidad de salir.

Mónica: ¿Cómo solucionan entonces la situación?

Antenor: En esa situación sostuvimos una reunión, para decidir qué hacer, y allí llegamos a la conclusión de que la única salida que nos quedaba, era buscar cómo romper el cerco.

“Froilán” no puede estar en la reunión porque había caído. Y “Rubén”, muy serenamente, pues en realidad yo debo decir que, en todos los momentos en que estuve con él, jamás lo vi perder la serenidad, en ningún momento, en ninguno, absolutamente en ninguno; muy serenamente hizo un resumen de la situación y nos planteó la necesidad de organizar la salida de todo el contingente y de la población que se nos iba a pegar, que estábamos seguros. Porque debo hacerte una mención, la Guardia estaba dispersa en Estelí, pero se concentraba en las noches en cinco o seis lugares, y como había ido tendiendo un cerco dentro de la ciudad, esa noche se agrupó en varios lugares que mencionaste: La Escuela El Rosario, Telcor, etcétera.

Nosotros sabíamos que la gente de todo ese sector de Estelí, que se ubica desde la carretera hacia El Zapote, se iba a ir con nosotros, estábamos absolutamente seguros, y obviamente, no podíamos dejarla, ni decirle que no se fuera con nosotros.

“El Zorro” mandó a hacer unas exploraciones y determinamos que, en el sector sur paralelo a la carretera, pero totalmente pegado a El Zapote, por ahí íbamos a romper, y efectivamente por ahí salimos. La salida fue larguísima. Para que tengamos una idea de eso, antes de oscurecer se tomó esa decisión. “El Zorro” decidió salir y nosotros procedimos a organizarnos para la salida, divididos en la clásica forma: una vanguardia, la más fuertemente armada; en el grupo del centro, los heridos, los enfermos y los viejitos; y una retaguardia.

Nomás oscureció, comenzó la salida; la salida de la ciudad que fue alrededor de las nueve de la noche. Para que tengamos todos una idea de la dimensión de esa columna, a las seis de la mañana, nosotros, la parte final de la columna estaba, lo más, a un kilómetro de Estelí. De manera que el grueso de nosotros durmió en los alrededores de la ciudad de Estelí.

Mónica: Parecido al Repliegue de Managua. Iban los heridos, niños, viejitos, familias enteras. ¿Cómo de cuánta gente estás hablando, “Capi”?

Antenor: Muchísimas, familias enteras, completas. Yo me acuerdo que cuando era estudiante, leía un libro en donde había unas famosas historias de guerrillas que decían que no debería cargarse con la población, porque eso era un obstáculo para la movilidad y la posibilidad de hacer alguna operatividad militar. Pero era imposible que el Frente Sandinista dejara abandonado al pueblo estiliano. De manera que nosotros dormimos en los alrededores de la ciudad.

Debo decirte que los helicópteros de la guardia somocista sobrevolaron toda la mañana sobre nosotros, estando acostados; es más, como no habíamos dormido ocho noches ni ocho días, noches continuas, nosotros nos despertamos; digo nosotros, los que teníamos cerca, que eran “Rubén”, la seguridad de “Rubén” y el grupo nuestro, como a las once de la mañana de ese día, y nos despertamos porque un helicóptero está encima de nosotros.

Prácticamente, en la salida no tuvimos ninguna baja. Donde sí se produjeron bajas fuertes, fue a los dos días. En la tarde del día siguiente, la Guardia nos atacó en Tomabú y nos hizo varias bajas ahí, pero ya habíamos logrado muchas cosas, entre ellas sacar a los heridos; eso lo organizó y lo ejecutó un amigo que conocemos todos: Orlando Benavides, “Pancracio”.

Mónica: Dice “El Zorro”: “Salimos, aunque atrás quedaban “Froilán”, quedaba el doctor Dávila Bolaños, capturado dentro del hospital y asesinado a balazos... Quedaba mi tía Concepción Rivera, asesinada en su casita del Barrio El Zapotal, por pura venganza contra mí”.

El doctor Dávila Bolaños no quiso dejar ahí a los heridos, fue asesinado por guardias de la EEBI bajo las órdenes del Chigüín. Para cerrar, ¿qué mensaje quisieras mandarle a la gente, en especial a las nuevas generaciones?

Antenor: Yo quisiera recordar lo difícil que fueron esas situaciones y recordar que el empeño, la decisión del Frente Sandinista y esa voluntad del pueblo estiliano, fue imprescindible, fue necesaria, fue fundamental para el derrocamiento de la dictadura, como estoy seguro que el empeño, la decisión y el esfuerzo del Frente Sandinista y el empeño, la decisión y la voluntad del pueblo nicaragüense, es lo que nos hará que salgamos victoriosos en estos combates que tenemos, en esta nueva situación.

Me refiero a la pobreza enorme que existe en el territorio nacional, me refiero al desempleo que galopa abiertamente en toda Nicaragua, me refiero a la corrupción, ¿verdad? Únicamente con el esfuerzo de todos, verdaderamente de todos, estoy seguro que vamos a lograrlo, como logramos esa victoria que se produjo en abril de hace veintiún años.






1 de abril de 2000


Últimos comentarios del relato
  • Mireya Lanza :

    Excelente narración de los hechos de esa época.

    21 Apr, 15

Comentarios

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