Memorias de la lucha Sandinista

Francisco Rivera entró a Estelí para no salir nunca más

Myriam Pérez, José Ángel Vindell y Elías Noguera


Myriam del Socorro Pérez Amador, “María Libertad”, nace en Estelí el 24 de julio de 1958. Se bachillera en la Escuela Normal de Estelí. Ingresa al Frente Sandinista de Liberación Nacional en mayo de 1977 y participa en la toma de Catedral y en las movilizaciones de ese año; luego, en las tres insurrecciones de Estelí. En los años ochenta trabaja como profesora en el puesto fronterizo de Las Manos, y luego ingresa al Ejército Popular Sandinista, donde permanece de1983 hasta 1990. Después de ese año estudia Derecho y a la fecha trabaja en su profesión de abogada.

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José Ángel Vindell Acuña, “Roque”, nace en San Juan de Limay el 27 enero 1954. Estudia primaria en su pueblo y luego se traslada a Managua. Ingresa al FSLN en 1977. Regresa al norte para integrarse a la lucha en 1978. Se incorpora al EPS en 1980, en donde permanece hasta 1992. A la fecha vive en Managua.

En enero de 1979, se realizó en Panamá un “congresillo” de la Tendencia Tercerista, en donde se diseñaron los planes, de la insurrección general. Conforme a esos planes, se organizaron las comunicaciones y se desarrollaron acciones ofensivas como el ataque a El Jícaro, por la Columna Oscar Turcios al mando de Germán Pomares Ordóñez “El Danto”, y luego se produjeron emboscadas en la Carretera Panamericana, que dieron lugar a la segunda insurrección de Estelí en abril de ese año.

“El Danto” había entrado por Jalapa, y fue recibido en La Sotana por una unidad encabezada por Antonio Castillo. Francisco Rivera “El Zorro” se reunió con “El Danto” el 13 de mayo en el Cerro Las Cuchillas, bautizado Cerro Cuba, desde que ahí llegaron los guerrilleros de la Bonifacio Montoya en 1975. En esa reunión, terminaron de afinar los planes que habían diseñado sobre la ofensiva final en el norte. “El Danto” comunica su decisión de participar personalmente en la toma de Jinotega.

Después de la segunda insurrección de Estelí en abril de 1979, las fuerzas de las distintas unidades de combate del Frente Norte mantuvieron la ofensiva con distintas operaciones militares. Para el 22 de mayo, una fuerza de la Columna Facundo Picado, comandada por Luis Emilio Gámez “Dimas”, monta una exitosa emboscada en la cuesta de Cucamonga, donde le causaron unas veinticinco bajas al enemigo.

Todas las unidades al mando de Francisco Rivera, como las de la GPP, realizan intensas actividades de abastecimiento de armas y municiones.

A principios de junio, ya en marcha los planes nacionales insurreccionales, “El Zorro”, orientó a Elías Noguera iniciar la ofensiva del norte con el ataque a Estelí.

Elías Noguera “René”; Myriam del Socorro Pérez Amador “María Libertad” y José Francisco Vindell Acuña “Roque”, protagonistas de la insurrección final en Estelí, rememoran cómo se planificó cada operación militar en la lucha contra la Guardia somocista, que pese a su superioridad en hombres y pertrechos, fue derrotada por todo un pueblo organizado y dispuesto a ir hasta el final.

Mónica: ¿Cómo comenzó la insurrección final en Estelí?

Elías: El Comandante Francisco Rivera “El Zorro” dirigió las tres insurrecciones. Tuvimos una reunión, creo que como el dos de junio, donde conversamos sobre nuestras fuerzas, la distribución de las columnas; y me informó que había recibido una carta de Julio Ramos, por orientaciones de Bayardo Arce, para concentrar las fuerzas de la Tendencia GPP, en la Brigada Coronel Santos López.

La estrategia que planteaba Julio Ramos era concentrar las fuerzas, y caerle a pequeños poblados y después a Estelí. “El Zorro” me dice que él no estaba de acuerdo con esa propuesta. Él era un estratega militar muy lúcido, a pesar de su humildad y su bajo nivel educativo. Decía que ya no había tiempo y que, además, ya todas las fuerzas estaban prácticamente distribuidas en dirección a Estelí, y otras que iban hacia Matagalpa.

Comentario de la autora: Para la insurrección final en el Frente Norte se involucraron doce columnas entre Terceristas y GPP, algunas de ellas compuestas de varias escuadras o grupos de combate. Cada uno con su respectiva jefatura.

Las más grandes eran: Columna Facundo Picado: Jefe, Elías Noguera y como segundo Emilio Gámez “Dimas”; Columna Carlos Agüero: Jefes, Héctor Flores y Ramón Prudencio Serrano; Columna César Augusto Salinas Pinell, bajo el mando de Cristhian Pichardo; Columna Bonifacio Montoya: Jefe: Omar Cabezas; Columna Oscar Turcios: a la caída de Germán Pomares, queda bajo el mando de Javier Carrión; La General Pedro Altamirano, bajo la responsabilidad de Julio Ramos; Columna Jorge Sinforoso Bravo: Jefe: Jaime Agurcia.

En Matagalpa operaban además la Unidad de Combate Crescencio Rosales, al mando de Álvaro Baltodano, y la Unidad Salvador Amador, al mando de José González y “Payín”.

Unidades más pequeñas eran: Donoso Zeledón Úbeda, bajo la responsabilidad de Salvador Loza y Fredman Torres; La Filemón Rivera bajo la responsabilidad de Víctor Manuel Gallegos “Pedrito El Hondureño” y Antenor Rosales; y la Columna Juan Alberto Blandón, dirigida por Mauricio Zelaya Úbeda.

Para la ofensiva final de junio-julio de 1979, estas columnas se dislocaron o concentraron según las necesidades y operaron sobre las ciudades de Estelí, Matagalpa, Ocotal, Condega, Pueblo Nuevo, Limay, Yalí, La Concordia, San Rafael, La Trinidad, Achuapa, El Sauce, San Isidro, Sébaco y demás municipios cercanos. Algunas de estas fuerzas llegaron hasta Villanueva.

Elías: El 5 de junio, yo tengo una avanzada de mi columna, la Facundo Picado, a unos cuantos kilómetros de Estelí. “El Zorro” ya tiene su columna por Santa Cruz, cerca de La Trinidad, la que estaba al mando de “Pedrito El Hondureño”. Ahí iba “El Capi” Rosales, quien era el político. Otras columnas, como la Donoso Zeledón, también estaban cerca de Estelí.

La otra parte de mi columna, dirigida por Raúl Monzón, estaba cerca de Condega. Agurcia, que jefeaba la Sinforoso Bravo, iba en dirección a Ocotal. O sea, había un plan y prácticamente, desde el punto de vista militar, ya estábamos echando a andar la estrategia de caerles a los pueblos, pero simultáneamente con Estelí. “El Zorro” me dice: –Leé la carta para ver si estás de acuerdo. Era su respuesta a Julio Ramos y a Bayardo Arce, y a mí me pareció impresionante. Tenía como ocho páginas, donde les explicaba detalladamente lo que se estaba haciendo; pero no decía que no daba tiempo, y que no estaba de acuerdo con la concentración de las fuerzas.

Les decía en la carta: –A mi gente la mandé para Matagalpa. Ya Javier Carrión va en camino a reunirse con otras fuerzas que estaban en la ciudad de Matagalpa. Álvaro Baltodano por la GPP y Carlos Rojas, “El Doctorcito”, por los Terceristas. Entonces me explica la distribución de nuestras fuerzas, cuál es el objetivo militar, lo que se ha hecho sobre las vías de comunicación y otras actividades militares. La cosa es que yo veo el documento, lo leo varias veces y le digo que está muy bien. Esa fue la carta que mandó y al final ese fue el documento aprobado. Es increíble la visión de “El Zorro”, todo un estratega militar.

Mónica: Sí, él se inclinaba por operar con unidades más pequeñas en distintas ciudades, en vez de concentrarlas.

Elías: Sí, y tenía una lógica de caer primero en los pueblos donde el enemigo tenía pequeñas guarniciones, como Pueblo Nuevo y Condega, donde habían entre cuarenta y cien guardias y, además, darles el golpe militar a esos pequeños comandos, atacar los movimientos sobre las vías de comunicación y recuperar armas.

Y lo otro, que era lo más importante, era la integración del pueblo al combate. Como íbamos de viaje, como decía “El Zorro”, es la ofensiva final, entonces, decía: –Van a ir todos los colaboradores que estaban clandestinos, tenían que salir a combatir ya, todo mundo, todos, las mujeres, los jóvenes, ya era la final, pues. En síntesis, le decía a Bayardo, no me da tiempo de concentrar fuerzas, ya voy de viaje.

Era como el seis de junio, y me dice, hay que tomarse Estelí. Pero yo había sido herido en la rodilla durante la insurrección de abril en Condega, en donde, por cierto, derribamos dos aviones.

En ese momento, del Estado Mayor Tercerista del Frente Norte, sólo estábamos los dos, porque Pomares, que era el Jefe, ya había caído, y Javier Carrión, que era el Segundo, andaba en misión en Matagalpa.

Hay que irse para Estelí –me dice. Lo hablaba en plural. Bueno pues –digo yo. Entonces, al rato me dice: –Alistate, que voy para Estelí. Entonces, como éramos amigos, además de compañeros, hermanos prácticamente, cuando me dice ¡alistate!, yo creo que es broma, porque ando en muleta. Él planteaba caerle primero a Estelí, y que esa fuera la campanada.

Si no puedo caminar, ando con una muleta y un bordón –le digo. Es en serio –me dice, ahí está un caballo. Y veo un caballón fuerte, medio pesado, aunque había otro todo flaco, feo; pero él insistía en que me fuera en el grande. Entonces, le digo: –No, no, yo no puedo montar porque ando herido, ese jodido me puede botar porque ando herido.

Y así fue. Agarré el cholenco porque el otro era muy brioso, muy fuerte. La cosa es que me fui con cinco hombres, baqueanos, y llegamos de noche a La Montañita. Ahí estaba la Columna Facundo Picado, al mando de Emilio Gámez “Dimas”, un buen combatiente. Le expliqué el plan de la toma de Estelí, y también del papel de las otras columnas en el Frente Norte y su incorporación a Estelí.

Mónica: Hay que recordar que para entonces ya había un llamado a la Huelga General. ¿Cuál era el ambiente en Estelí? ¿Había respondido a ese llamado?

Elías: Estelí se sumó a la huelga general, el cuatro. Hay que tomar en cuenta que Estelí quedó prácticamente devastado por la represión del somocismo, después de la insurrección de abril. Prácticamente no había jóvenes.

Mónica: Así es porque en la insurrección de abril, hubo mucho más bombardeos que en la de 1978. En abril, la Guardia tiró con todo y prácticamente destruyó la ciudad.

Elías: Sí, con todos los fierros. La colaboración interna estaba golpeada por la represión; sin embargo, la gente estaba con la esperanza de que las columnas llegaran a Estelí y era como un ¡sálvennos!, porque la Guardia seguía reprimiendo. En el campo había una efervescencia total del campesinado, una gran colaboración. El campo ya prácticamente estaba, como decía Pomares, liberado. Uno ya andaba a caballo en el campo, porque la Guardia estaba reconcentrada en los cuarteles. Era la táctica que utilizó la Guardia al final, la concentración de sus fuerzas en los cuarteles, no salían a patrullar por miedo a las emboscadas.

Oyente: Habla Sergio Maradiaga. Quería hacer mi aporte también, porque fui combatiente del Frente Norte Carlos Fonseca Amador; pertenecía a la Tendencia GPP, y estaba ubicado en Canta Gallos, con Cristhian Pichardo “Isauro”, pero la decisión que se había tomado era reunirnos en una hacienda que se llama Darailí, al norte. Cuando ya se estaba calentando la cosa en la montaña, nosotros nos movimos, porque la orientación era reconcentrarnos en esa hacienda todas las unidades de combate de la columna, a la cual yo pertenecía; y de ahí partimos hacia San Sebastián de Yalí junto con otras fuerzas que se agregaron, que eran del campamento Cuba, y otras unidades de combate que estaban alrededor de ahí.

Nosotros entramos a Estelí, y ya estaban los compañeros de la Tendencia Tercerista, disgregados en la parte al lado del barrio El Rosario, creo yo que se llamaba. Entonces, quería hacer el aporte. Incluso, ese día que nosotros llegamos ahí, la Guardia nos hizo varias bajas, porque nos morterearon, nos detectaron; estábamos en la Escuela de El Rosario, ahí murió un compañero al que le decían “El Torito”, no recuerdo muy bien.

Myriam: Mirá, respecto a lo que decía el compañero Maradiaga, no fue en junio que murió “El Toro”, que es Noel Gámez, hermano de “Dimas”; si no que fue en abril, en la segunda insurrección.

Elías: Entramos a Estelí el nueve de junio a las seis de la mañana por el barrio El Zapote, pero deposité el mando en Emilio Gámez. Los combates desde la entrada fueron fuertísimos, ya que la táctica militar que la Guardia utilizó fue ubicar pequeñas guarniciones en lugares claves de la ciudad de Estelí. Entonces decidimos tomarnos comando por comando.

Mónica: Esa fue la táctica de la Guardia en todas las ciudades. Así nos pasó en Jinotepe y en Granada. La Guardia se salió del cuartel central y armó varios cuarteles en toda la ciudad.

Elías: Exactamente. El día nueve, que entramos, me encontré a don Marcos, el papá del “Zorro”, quien creía que su hijo había muerto; se alegró cuando le dije que venía detrás.

Nomás entramos, la Guardia nos hizo ocho bajas. Fue un enfrentamiento directo con la Guardia y hubo un montón de heridos. Como a las once de la mañana entró la Columna Donoso Zeledón, que la comandaba Fredman Torres. Ahí venía la compañera Myriam, y para nosotros fue un alivio. Entonces nos vinimos ubicando sobre la calle principal de Estelí, la calle de los bancos. Después fueron entrando otras columnas guerrilleras y se iban incorporando al combate.

Myriam: Elías, recuerdo que cuando entramos, ustedes tenían tomadas las dos primeras calles, después del puente Panamá Soberana, y no se podía mover uno de la calle de los bancos. Entonces tuvimos que entrar por El Zapote, exactamente por donde vivía la familia de “Rubén”. El río estaba súper crecido, y recuerdo que nos pasaron con mecates. No podíamos entrar por el puente, porque estaban los francotiradores en los bancos, que desde ahí tenían línea de tiro directo al puente. Entonces tuvimos que buscar otra vía, y ésa fue la entrada de todititas las columnas.

Elías: Lo que pasó es que la Guardia estaba ubicada estratégicamente; estaba distribuida en los edificios más altos de Estelí: en los bancos, en las casa comerciales, en Telcor, en Catedral y en los colegios, y el poder de fuego de la Guardia era altísimo, y estaba reforzada por artillería, un tanque Sherman y dos tanquetas.

Como tres horas después que entramos nosotros, entró la Columna Donoso Zeledón. Después, como el doce de junio, entró Salvador Loza, con un grupo de diez o quince compañeros, y el trece entró la Columna Filemón Rivera, comandada por “Pedrito El Hondureño”. Ellos venían de la toma de La Trinidad y Santa Cruz, que ya estaban bajo el control de la guerrilla.

Eso nos daba control sobre el hospital de La Trinidad, y comenzamos a llevar ahí a nuestros heridos. Teníamos un hospitalito militar en Estelí, con médicos colaboradores y otros médicos que vinieron de Honduras. Ahí daban los primeros auxilios, pero a los más graves los mandábamos para La Trinidad.

Estas Columnas, Donoso Zeledón y Filemón Rivera, fueron un gran alivio; se ubicaron por el Puente de Hierro y al noroeste de Estelí, buscando el comando. Para entonces, nosotros ya teníamos el control de la calle de los bancos, donde los combates fueron sangrientos.

Mónica: Vamos a hablar con José Ángel Vindell Acuña, conocido como “Roque”. ¿Naciste en San José de Limay?

José: Sí. Mi mamá se llamaba Julia Acuña, y mi papá, Gustavo Vindell. Él era agricultor y mi mamá comerciante. Me inicio en 1977 en Managua, con bombitas de contacto en las Américas Uno. Le dimos vuelta a un jeep de la Brigada Especial Contra Actos Terroristas, protegíamos las manifestaciones y participamos en la huelga de brazos caídos.

Fui a Managua a estudiar, y después de la muerte de Pedro Joaquín Chamorro, a mí ya no me gustó la actividad con bombas de contacto porque era de mucho riesgo; entonces, con aspiraciones de integrarme de una mejor manera a la guerrilla, me fui al norte y me incorporé a la insurrección de septiembre. Ya no quería bombas de contacto, porque varias veces me escaparon de explotar en las manos. Yo soñaba con tener una carabina en la mano, para desquitarme de todas las barbaridades de la Guardia.

Mónica: ¿Y en qué año te fuiste?

José: Desde 1978, en la insurrección; después nos retiramos hacia Honduras y recibí un curso de guerra de guerrillas, que duró tres meses. En diciembre, entramos de nuevo a Nicaragua y ahí se cumplieron mis sueños: me dieron un fusil FAL y la situación era mucho mejor. Comencé en la Columna Filemón Rivera, en El Tular; después pasé a la Columna Facundo Picado con el Comandante Noguera.

Participé también en la insurrec­ción de abril en Condega. Quiero aprovechar para recordar a seis compañeros que cayeron combatiendo ferozmente, durante una emboscada de contención que tendimos a un convoy de la Guardia, que llegaba de refuerzo a Condega, ya bajo control de la guerrilla. Habíamos derribado el avión en el que iban unos catorce guardias, y el convoy iba a reforzar desde Estelí. Entre los caídos, estaban Herminio Maldonado, de San Juan de Limay; otros compañeros de seudónimos “Walter” y “El Chimbo”, quien era bien conocido por todos los estilianos.

Mónica: ¿No te acordás de los nombres?

José: “Huevo Chimbo”, le decían, era de apellido Valenzuela. Un compañero de voz ronca, conocido en casi todas las columnas por su popular forma de ser. Recuerdo también al compañero “Felino” de apellido Rodríguez, al que la Guardia torturó salvajemente: le abrieron los talones, antes de asesinarlo.

Myriam: Hermano de Thelma Rodríguez, conocida como “Yaoska”.

José: Después de la insurrección de abril, viajé dos veces a Honduras, pues conocía muy bien la frontera por el sector de Limay. Me envió el Comandante Noguera, con “La Culebra” y Miguelito, que era de la familia Morazán, de Somoto, un compañero muy bueno que luego cayó. Después también fui a traer armamento y contingentes para reforzar las columnas. Luego entramos cuando la insurrección final. Entramos el propio 14 de junio.

Partimos de El Pino, donde se encontraba el mejor estratega del norte, Francisco Rivera “El Zorro”. Él era una escuela de la que todo mundo aprendió. Tenía mucho carisma y todos podían opinar. Era un guerrillero que yo sólo comparo con el Che Guevara.

Mónica: O sea que al “Zorro” no sólo hay que verlo como alguien que tenía una intuición natural para diseñar los planes militares, sino que tal vez, lo más importante es que tenía la capacidad de mover a los demás; tenía un liderazgo natural para mover a los demás en la dirección que él consideraba correcta, y salía victorioso.

Elías: Él era participativo, tenía apertura, te dejaba que vos hablaras, que participaras en discusiones; es interesante, porque uno va aprendiendo de esa manera. Por eso los jóvenes lo recuerdan mucho, porque era un maestro, y era un libro abierto también para la vida.

Myriam: Yo le preguntaba por qué hablaba tan bajo, y él me decía que lo había aprendido en la montaña. A pesar de eso, inspiraba autoridad y respeto. Yo lo quise como a un hermano, como a un padre, y su muerte para mí fue una gran pérdida.

Oyente: Habla Aldo Briones1.

Mónica: Aldo, ¿cómo está tu salud?

Aldo: Estoy viviendo con una máquina; el único riñón que tuve de naturaleza se me paralizó, entonces estoy con máquina ahora.

Estoy oyendo las historias de Estelí de boca de esos compañeros, Elías y “Roque”, que tuvimos alguna relación, aunque fuera indirecta.

Mónica: Y también con la compañera Myriam, porque ella se incorpora después de la toma de las iglesias, y yo recuerdo que vos participaste en esa toma en 1977.

Quiero explicarle a la gente que Aldo Briones era un chavalo a finales de 1975, cuando llegué a Estelí como responsable clandestina. Fue uno de los primeros jóvenes que se incorporaron en esa época, uno de los compañeros que hicieron ese trabajo de hormiga, tal vez el más difícil: el trabajo político-organizativo, que permitió que años después la gente se alzara masivamente en armas.

La insurrección no fue obra de la noche a la mañana, ni de la mente lúcida de una sola persona. Fue el resultado de un trabajo político-organizativo, de concientización, de movilización sostenida de casi veinte años. Como decían los vietnamitas: despertar al pueblo dormido, organizar al pueblo despierto, armar al pueblo organizado y conducirlo a la victoria; y esa estrategia se aplicó en el Frente Sandinista. Y Aldo fue uno de los impulsores de ese trabajo de hormiga, invisible, que permitió que después se pudiera desarrollar la insurrección. ¿Nos querías contar algo, Aldo?

Aldo: Sólo quería confirmar lo que manifestó Sergio Maradiaga sobre “El Torito”. Estuvo con nosotros en la CAS (Columna César Augusto Salinas) con Cristhian Pichardo, y se llamaba Ronaldo Aráuz; vivía ahí en lo que se llama ahora el Barrio Juno Rodríguez fue vecino, precisamente, de la Juno Rodríguez, quien cayó en Managua el 17 de octubre de 1977.

Otra cosa que quería decir es que yo me di el lujo de trabajar con José Benito Escobar, en la César Augusto Salinas. Estuvo un tiempo con nosotros y tengo unos escritos de él, que le mandaba a Bayardo. Tal vez podamos comparar algunos datos y algunas cosas que han venido saliendo ahí que, por dicha de la historia, he tenido la oportunidad de estar inmerso en ella.

Mónica: Aldo, ¿vos estabas en Estelí cuando murió José Benito?

Aldo: Estuvo con nosotros tres meses en la Columna César Augusto Salinas. Él bajó a la ciudad y a los tres días lo mataron. Estábamos de Condega hacia Kilambé.

Estuvo con nosotros tres meses. ¡Hablar de José Benito requiere mucho tiempo! Era un hombre capaz, con mucha inteligencia; le enseñaba a uno todo lo que podía, hasta lo mínimo. Nos enseñó a caminar en el campo, nos contaba la historia de lo que había pasado. Era un educador increíble, con una gran capacidad. Nosotros le decíamos “El Viejo”, porque era el de más edad de la columna, pero nunca lo vimos cansado, siempre estaba con entusiasmo, pensando para adelante, nada para atrás; y nos decía que siempre hiciéramos el mayor esfuerzo para seguir adelante. Tengo escritos que son de su puño y letra, algunos de ellos; algún día, podríamos compartirlos, tal vez.

Myriam: Recuerdo cuando murió José Benito Escobar, fue una noticia que se regó como pólvora en la ciudad. La mayoría de los estudiantes ya éramos del FER y nos dirigimos al barrio San Antonio. Recuerdo que la Guardia no quería entregar el cadáver y los estudiantes les hicimos la guerra.

Mónica: ¿Cómo es que no querían entregar el cadáver?

Myriam: No lo querían entregar porque era un militante del Frente Sandinista; entonces, no sé si era que estaban manipulando la muerte o lo querían no sé para qué. La cuestión es que nos organizamos y le hicimos la guerra a la Guardia; inclusive, los estudiantes de La Normal y del Instituto San Francisco, nos tomamos El Palacio. Ahí platicamos con un teniente de apellido Mercado, quien decía que la Guardia era profesional y que su rol era matar guerrilleros.

Oyente: Habla Alfonso Narváez, “Poncho”, alcalde de El Sauce. Cuando nosotros entramos por Somotillo con la Columna Oscar Turcios, venían compañeros que yo no conocía, y quiero preguntar si alguno de ustedes sabe qué fue de ellos. A uno le decían “Plutón”, el otro era Rodrigo. Él y otros siete compañeros estuvieron heridos en la casa de mi padre, al que le llamaban “el colaborador histórico de El Chaparral”.

Como usted insiste en recopilar los nombres de los caídos, quiero decir que cuando la toma de Somotillo y Villanueva, estuvimos ahí en el Cerco de Piedra, ahí por Israel. Yo tenía unos diecisiete años, andaba de ayudante de una compañera que se llamaba Melina Carolina Osejo, que cayó en Somotillo. También murió un chavalito que se llamaba Félix Pedro Osorio. Hoy hasta le quitaron su nombre a la escuela que así la había bautizado.

Mónica: Oíme Alfonso, ahora que se anda en campaña por las municipales, creo que además del compromiso de hacer una gestión local, debe diferenciarse de manera radical de la gestión de la derecha; por ejemplo, una verdadera democracia participativa, compromiso con el medio ambiente, lucha contra la discriminación de la mujer; creo que deberíamos incorporar la investigación y la recopilación de la historia de lucha contra la dictadura en cada municipio. Por ejemplo, en El Sauce se podría reconstruir la lista de todos los sauceños que cayeron ahí y en otros frentes, documentar quiénes eran, entrevistar a sus familiares, formar comités ciudadanos; entonces, con la lista de todos los nombres, hacer un monumento por municipio y reconstruir realmente todo el memorial de esa gente que no debe de quedar en el olvido. Sería una buena cosa.

Oyente: Mi nombre es Danilo Martínez, soy de San Rafael del Norte. Estoy oyendo hablar de la insurrección de Estelí y no han dicho nada de un compañero de seudónimo “Sebastián”, que fue hecho prisionero y torturado muy joven. ¡Era un compañero increíble! Su papá es don Francisco Zelaya, hermano de Urania Zelaya. No estoy seguro, pero creo que fue en la cárcel que perdió un ojo. Si él está oyendo, le mando un abrazo. También había un compañero de seudónimo “Máximo”, que se metió al Comando con una pala mecánica. Increíble, ¿verdad?

Myriam: Él se llama Mauricio Zelaya, hermano de Urania Zelaya. Primero estuvo al lado de El Tular y después fue para Yalí, por El Zacatón. Vamos a hablar de los compañeros de las palas mecánicas y los vamos a mencionar, lo que pasa es que las llamadas no nos han permitido avanzar mucho en el relato.

Oyente: Yo quiero preguntar cuál fue la participación de René Molina Valenzuela en la muerte de José Benito Escobar y en la masacre de la juventud estiliana. También quiero saber quién y cómo se nombraba el grado de Comandante Guerrillero. También les pregunto por qué no hubo una Comandante Guerrillera en el Frente Norte y en el Frente Sur. Muchas gracias.

Myriam: René Molina Valenzuela era un esbirro somocista, delegado de Somoza en Estelí. Creo que tuvo participación en la muerte del niño Wilfredo Valenzuela, porque fue muy cerca de su casa, y fue él que llamó a la Guardia. Y el grado de Comandante Guerrillero se lo ganaban a través del tiempo y a través de sus combates.

Elías: Ese grado se ganó por la participación, la trayectoria, la capacidad de dirección en la lucha guerrillera.

Mónica: Después del triunfo de la Revolución Sandinista, la Dirección Nacional Conjunta del Frente quedó integrada por tres miembros de cada tendencia, de manera igualitaria para ayudar a la unidad. Ellos quedaron con el grado de Comandantes de la Revolución. Esos nueve hicieron la selección de los hombres y mujeres que en cada tendencia habían tenido mando de tropas en la etapa insurreccional, pero que además, tuvieran trayectoria, varios años de haberse incorporado y dirigido el trabajo político militar. En esa primera selección, privó el rol en la insurrección, pero también un cierto equilibrio de tendencias, lo que derivó en vacíos y hasta injusticias. Fuimos un total de veinte los seleccionados, a quienes nos reconocieron en agosto de 1979, en un acto realizado frente al Palacio Nacional.

Comentario de la autora: Lista de Comandantes guerrilleros de acuerdo con la publicación en el Diario Barricada, el 3 de septiembre de 1979:

1. Joaquín Cuadra Lacayo, Jefe Estado Mayor del Frente Interno. 2. William Ramírez, Jefe Estado Mayor del Frente Interno. 3. Francisco Rivera Quintero, Jefe Estado Mayor del Frente Norte. 4. Edén Pastora, Jefe Estado Mayor del Frente Sur. 5. Dora María Téllez, Jefe Estado Mayor Frente Occidental Rigoberto López Pérez. 6. Hilario Sánchez, miembro Estado Mayor Frente Sur Occidental. 7. José Valdivia, Jefe Estado Mayor Frente Sur. 8. Omar Cabezas, miembro Estado Mayor del Frente Norte. 9. Marcos Somarriba, Jefe Batallón César Augusto Silva. 10. Hugo Torres. 11. David Blanco, Jefe Brigada Pablo Úbeda. 12. Mónica Baltodano, Jefe Estado Mayor Central Managua. 13. Javier Carrión, Jefe Estado Mayor Frente Norte. 14. Julio Ramos, Jefe Estado Mayor Frente Norte. 15. Sergio Mendoza, miembro Estado Mayor Frente Occidental. 16. Walter Ferreti, Jefe Columna Móvil Oscar Pérezcassar. 17. Leopoldo Rivas Alfaro, miembro Estado Mayor Frente Occidental. 18. Mauricio Valenzuela, Jefe Estado Mayor Frente Occidental. 19. Elías Noguera, miembro Estado Mayor Frente Norte. 20. Manuel Salvatierra, miembro Estado Mayor Frente Sur.

Cuando íbamos a celebrar el primer aniversario de la Revolución en el año 1980, ya estaban organizados los Ministerios, y entonces se decidió ampliar la lista y se incluyó a otros compañeros que habían estado al mando de fuerzas en la insurrección y que habían quedado fuera; y adicionalmente, a quienes sin haber podido estar en los frentes insurreccionales tenían una historia de lucha y calidades indiscutibles. Pero aún esa lista se quedó muy corta, porque debieron entrar otras mujeres.

El 17 de julio de 1980, se realizó un acto en la Escuela Carlos Agüero, donde se entregaron los grados honoríficos de comandante guerrillero a treinta y siete compañeros y compañeras. Es decir, 17 adicionales, que son:

1. Alonso Porras Díaz, Chinandega. 2. Álvaro Diroy Méndez, Rivas. 3. Cristhian Pichardo Ramírez, Frente Norte. 4. Francisco Ramírez. 5. Javier Pichardo, Frente Sur. 6. Juan José Úbeda, Frente Sur. 7. Lenin Cerna Juárez. 8. Leticia Herrera, Frente Occidental. 9. Lumberto Campbell, Brigada Pablo Úbeda (BPU). 10. Manuel Calderón Chévez, BPU. 11. Manuel Rivas Vallecillo, Frente Norte. 12. Omar Halleslevens Acevedo, Frente Norte. 13. Osvaldo Lacayo Gabuardi, Frente Central. 14. Ramón Cabrales, Frente Central. 15. Raúl Venerio, Frente Central. 16. René Vivas Lugo, BPU. 17. Richard Lugo, Frente Sur.

En total, de los 37 comandantes guerrilleros, 17 provenían de la Tendencia Tercerista; 15 de la Tendencia GPP; y 5 de la Tendencia Proletaria. Treinta y cuatro hombres, y solo tres mujeres. Por eso digo que, en relación a las mujeres hubo criterios machistas. Habían muchas más mujeres que merecían ese grado honorífico.

Elías: Fijate, la Doris.

Mónica: Yo hubiera otorgado grados de Comandante de la Revolución a Doris Tijerino y Gladys Báez, y de comandante guerrillera a Olga Avilés y Ana Julia Guido, entre las que conozco directamente. Seguramente hay muchas más…

Sobre René Molina, quien es responsable de tantos crímenes, hay que recordar que ahora es delegado de Arnoldo Alemán y Ministro de Turismo. Las llamadas es cierto que interrumpen, pero lo que pasa es que el programa es participativo. Vamos a dar espacio a que desarrollen su relato los invitados.

Estábamos en 20 de junio, ¿qué pasó después?

Myriam: En la toma de las dos primeras calles, se dieron combates súper sangrientos. Nos íbamos por los patios baldíos, hacíamos hoyos en las paredes de las casas para desplazarnos, primero muy lentamente, hasta que fueron entrando “Martín” Salvador Loza, “Pedrito El Hondureño”, con su Escuadra Filemón Rivera. El 14 de junio entró “Rubén” con su escuadrita que él siempre movilizaba y así llegamos al veinte, en combates sangrientos. Nos llegamos a tomar las dos primeras vías, las dos primeras calles.

Elías: Cuando entra “El Zorro” el 14 de junio, inmediatamente hicimos un balance de la situación, que era la siguiente: del sur para el norte, sobre la calle de los bancos, está “Roque” con un grupo como de cuarenta compañeros. Después está Fredman Torres, con la Columna Donoso Zeledón; después está Emilio Gámez “Dimas”, con la Facundo Picado; está “Pedrito El Hondureño” a continuación, hasta llegar al noreste del cuartel. Había un semicírculo.

La Guardia tiene tomado los bancos, Telcor, el Almacén Karín, el parque, el Palacio, el hospital San Juan de Dios, el Instituto Nacional, el Instituto San Francisco y, por supuesto, que la fuerza principal está en el Comando. También tiene la pista de aterrizaje y tiene controlada toda la Carretera Panamericana. Ese es el balance de la fuerza.

Entonces decidimos fortalecer ese semicírculo, porque está definida claramente la línea de fuego.

Mónica: ¿Cómo cuántos combatientes eran los que estaban en ese semicírculo? ¿Cuántas armas de guerra?

Elías: Había más o menos trescientos guerrilleros, y aproximadamente, un veinticinco por ciento de todas las armas eran de guerra, la mayoría eran escopetas y armas cortas. El 20 de junio entra la columna que comandaba Julio Ramos, ahí venía Omar Cabezas. Ese mismo día entra la Brigada Coronel Santos López, jefeada por Omar Halleslevens “Isaac” y Cristhian Pichardo.

Sí, y con ellos, los que estamos adentro, conformamos un Estado Mayor Conjunto de las tendencias. Se nombra a Francisco Rivera como jefe de todo el Frente Norte. En el Estado Mayor Conjunto están, por parte de los Terceristas, Salvador Loza “El Viejo Martín”, estoy yo, está Fredman Torres, “El Capi” Antenor Rosales y “Pedrito El Hondureño”. Entonces ensayamos un nuevo replanteamiento de la lucha, de la guerra. Reforzamos todos los frentes definidos anteriormente y comenzamos a atacar pequeñas guarniciones.

Fueron combates fuertes, por supuesto. Las guarniciones iban cayendo una a una, pero para el dos de julio logramos liberar la ciudad de Estelí; toda la Guardia se mete al Comando, a un costado de la ciudad, todo el resto lo tenemos tomado.

Myriam: El 24 de junio, en el combate del Parque Central, cae Fátima Pavón “Johana”, quien era la compañera de “René”. Ella era muy osada. Ese día, la Guardia no había salido del sector de la iglesia. Entonces le pegaron una ráfaga; así, herida, la llevamos al Hospital de La Trinidad, y ahí murió. Era una compañera muy singular: fuerte, morena, pelo largo y muy enamorada de “René”. Estaba embarazada.

Mónica: Muy hermosa; he visto fotos del Frente Norte, donde está ella, con un pelo ondulado, muy guapa. Eso debió haber sido muy duro para vos, Elías.

Elías: Por supuesto, a cualquiera lo golpea.

Mónica: Cuéntenme un poco de Fátima Pavón “Johana”.

José: Fátima, era una compañera, algo medio machona. Le gustaba estar a la par de los hombres y le gustaba entrenar. Era muy dura. Les decía: –Párese como hombre jodido. Pelear a la par de ella era cosa seria, ¡no era jugando pues!

En una ocasión un compañero estaba temblando, entonces ella lo agarró del cuello de la camisa y le dijo: –Te voy a pegar tu culatazo para que echés huevo. Y así le hablaba a los compañeros.

Elías: Era originaria de Niquinohomo. El papá era capitán y los dos hermanos de ella eran tenientes de la Guardia.

José: Tal vez por eso ella tenía un temple militar. Pero era extraño, porque a pesar de eso, la quería todo el mundo, la protegían, la cuidaban, y ella todo lo compartía. Irradiaba algo, porque toda la columna tenía que ver con ella. Tal vez porque era una compañera seria en el aspecto militar, en el combate, pero muy fraterna.

Mónica: ¿Y cómo murió?

José: Cuando a ella la matan, fue en un acto de arrojo. Se fue a la línea de fuego y dijo: –El que tenga huevos que me siga, porque voy de viaje hasta el Comando. Y todo el mundo decía: –No, Elías, que no se meta, que no se meta. Pero se fue volando bala y bang, bang, bang, la agarró la tanqueta ahí cerquita a la media cuadra. En el momento que a ella la matan, todos queríamos ir a tomarnos el Comando, estábamos como locos, se nos pelaron los cables en toda la columna y todo mundo con sed de venganza y de furia por la muerte de ella. Esa era la Fátima.

Mónica: ¿Y cuándo se había incorporado ella al Frente Norte?

Elías: Ella se fue a estudiar a Estelí porque su tía era estiliana, de La Trinidad, está viva todavía, y se integró al Frente Estudiantil Revolucionario. Ella sacó la secundaria en Estelí, se vinculó al FER. La agarra en Estelí la insurrección de septiembre de 1978 y ahí se va con los del Frente Norte, se incorpora orgánicamente. Hay un grupo de muchachos, de jóvenes, que se incorporaron así.

José: Pero no era la mujer que iba a estar escondidita. No. Si había que cocinar, iba a cocinar; si había que ir al entrenamiento, iba al entrenamiento; a combatir, era la primera. Era una mujer que tenía mando y era respetada, todos los compañeros la respetábamos, la quería todo el mundo porque ella se daba a querer. Hablaba así: –A ver, te voy a componer ese uniforme, te voy a componer ese equipo que lo andás todo caído, esto se amarra como soldado, como hombre. Y agarraba a los compañeros, ra, ra, ra...

Mónica: ¿Y ella ya sabía que estaba embarazada?

Elías: Sí ya sabía. Es que era hiperactiva.

Mónica: ¿Cómo cuántos años tenía?

Elías: Veintidós años.

José: En la insurrección había mujeres bravas como Martha Úbeda, la mujer de “Pedrito El Hondureño”. Estuvimos en Cerro Cubas, en El Tular, en los combates de la insurrección final también. Era muy valiente, era un hombre combatiendo con los fusiles FAL.

Elías: Decir “como un hombre”, es machista, porque vos sabés que las mujeres son muy valientes, tal vez más que nosotros.

Oyente: María Haydee Sequeira. Quiero preguntar por Víctor Hugo, él estuvo al frente de una columna en ese sector.

Elías: Correcto, lo que pasa es que por el tiempo y el tema, nos tocaba hablar concretamente sobre Estelí. Él estaba en El Sauce, pero José es el que estaba cerca de él.

José: Nosotros nos tomamos Limay el 14 de junio con un contingente de cuarenta compañeros a mi cargo, con los que entré desde Honduras. Después pasamos a El Pino. Víctor Hugo entró nuevamente a Limay pero ya no había guardias, y entonces ellos partieron hacia Achuapa y El Sauce, y los tomaron, y se mantuvieron hasta después de la liberación.

Myriam: Sobre Víctor Hugo. Es que nosotros en conjunto, los Terceristas, la Donoso Zeledón, que todavía no era la Donoso Zeledón, porque no había caído, entramos con Víctor Hugo a El Sauce. Eso fue en abril de 1979.

Elías: Lo que pasa es que las fuerzas nos dividimos: unos caímos directamente sobre Estelí, pero otras columnas se tomaron los poblados, los municipios; entonces Víctor Hugo jugó ese papel, y algunos llegan a Estelí a reforzar, y entre ellos creo que llega Víctor Hugo. Igual pasó con las fuerzas que se toman Condega, ahí se detuvo una fuerza de la Guardia.

Myriam: Una vez que liberamos la ciudad de Estelí, procedimos con más fortaleza a organizar los Comités de Defensa Civil. Ya había gobierno civil, con autoridades civiles, y como algunos comandos repletos de guardias se habían entregado, más otros que habíamos capturado, entonces ya les estaban haciendo sus respectivos juicios.

Elías: A partir del dos, dirigimos la toma de Sébaco y de San Isidro. Ya las fuerzas van unidas. Chicho González fue el que se tiró para Sébaco, muy audaz, muy valiente, un viejo ejemplar. La Trinidad ya estaba liberada. De esa manera tuvimos abierta la ruta hacia León.

A los días, “El Zorro”, Julio Ramos, Omar Cabezas y “El Capi” Rosales fueron a una reunión en León. Ahí estaba la Dora María, Mauricio Valenzuela y Guadalupe Moreno. A los días, yo fui también a reunirme con los compañeros. Fueron dos reuniones importantísimas en la que se amarró lo de un cañón de 75 milímetros con Jaime Wheelock, de los Proletarios, comenzando así el intercambio comercial, por decirlo de alguna manera.

Nosotros llevábamos ganado y frijoles, y ellos nos daban azúcar, porque tenían todos los ingenios. Eso lo distribuíamos entre los Comités de Defensa Civil que estaban funcionando en la ciudad de Estelí bajo el fuego de los bombardeos, porque la Guardia se dedicó al bombardeo aéreo con las famosas bombas de quinientas libras y los ataques desde los aviones Push and Pull, así como con los morteros, que diezmaban a la población.

Ellos bombardeando y nosotros trabajando en los refugios, organizando a la población civil, y a quitar todo el tendido de alambres eléctricos que estaban en la calle. Luego estaba pendiente sólo la toma del cuartel. Estamos ya en una misma estructura organizativa. Como jefes de operaciones quedamos Omar Halleslevens “Pedrito” y yo, de las dos tendencias.

Myriam: Excelente compañero. “Pedrito” estuvo siempre en la primera línea de fuego.

Elías: El 3 de julio, iniciamos el sitio al Comando de Estelí; pero después pasamos doce días, como dice “El Zorro”, discutiendo mientras se daban los combates. La Guardia estaba concentrada, atrincherada, y aunque mantenían un corredor entre el Comando y la pista de aterrizaje, les hacía falta avituallamiento de todo tipo. Los bombardeos eran incesantes, desde las seis de la mañana hasta las cinco de la tarde. Hubo un ínterin largo ahí. En el Comando de la Guardia estaba de comandante “La Sombra”, el tal Vicente Zúñiga. En una ocasión, “El Capi” habló por teléfono con Zúñiga; hablaron, verdad, y “La Sombra” le dijo que sí, que se iba a rendir.

Entonces Somoza llamó a Zúñiga y lo enganchó. Le dijo: –Mirá, ahí te van más refuerzos; que nunca llegaron.

Mónica: Y eso fue su muerte, porque después murió.

Elías: Sí, murió, porque él, ya para la toma del Comando, que fue el 16, él quiso escapar y se fue a refugiar en las Aldeas SOS; y entonces ahí cayó en una emboscada que le tendió “El Ronco”.

Myriam: “El Ronco”, Jaime Agurcia.

Elías: Pero, ¿qué sucede? Estamos doce días presionando y el Comando no caía, y el bombardeo era incesante. Entonces “El Zorro” ya estaba sofocado, desesperado, y ¿qué hacemos? ¿Qué hacemos? Y ahí los combates. Entonces, de repente, a alguien se le ocurrió lo de la artillería.

Myriam: Recuerdo que un compañero, creo que su nombre es Germán, que había sido tractorista, dio la idea de montar unas palas mecánicas y estrellarlas contra el Comando, y usar un cañón de 75 milímetros que llevó un compañero de la Tendencia Proletaria, de origen alemán, llamado Róger Reichmann. Ese operativo en el que participé personalmente, lo planificamos para el 15 de julio en conmemoración a José Benito y a Julio Buitrago, y armamos una escuadrita de artillería.

Después buscamos a un compañero de apellido Larios, que era piloto fumigador; lo encontramos ahí en Sébaco, y entonces él dijo que se aventaba a tirarle bombas al Comando. Y Dionisio, un especialista en explosivos, bien capacitado en Honduras, preparó cuatro bombas con TNT. La idea era hacer fogatas y bulla con pitos y pailas alrededor del Comando; pero resulta que ese día, las fogatas se extendieron por toda la ciudad, y entonces el piloto no pudo localizar el blanco.

Comentario de la autora: Germán Gutiérrez es el compañero que trabajaba como tractorista en las plantaciones de tabaco, era responsable de rutas de abastecimiento de la Tendencia GPP y pertenecía a la Columna César Augusto Salinas Pinell. Esta operación se combinaría con el uso de un avión de fumigación requisado en Sébaco, desde el cual se dejarían caer unas bombas caseras rellenas de dinamita. El piloto fue un compañero de apellido Larios. Las fogatas permitirían al aviador saber dónde estaba el Comando, y la bulla trataría de apagar el ruido del motor, para que la Guardia no se enterara del vuelo. (Ramírez, Sergio: pp. 269).

Elías: Entonces, el 15 de julio era una conmemoración, por la muerte de José Benito Escobar y Julio Buitrago. Ese mismo día 15, “El Zorro” se fue para Matagalpa con Julio Ramos y “El Capi”, a una reunión de coordinación donde estaban Bayardo Arce, Henry Ruiz “Modesto” y Javier Carrión.

Entonces, ¿qué sucedió? Lo que había hablado la compañera, no pudieron tirar las bombas; se regresó a la pista de aterrizaje que estaba en Sébaco. “El Zorro” le había dicho: –Mirá, si no funciona, por si acaso, verdad, una emergencia, tirá esas bombas en un lugar despoblado; pues era difícil aterrizar con todo y bombas.

Miryam: Como no se pudo hacer el operativo porque había fogatas por todos lados, Larios se regresó a Sébaco, pero no le hizo caso al “Zorro”; aterrizó con todo y las bombas abordo.

Elías: Cuando regresó “El Zorro”, después de la reunión de coordinación en Matagalpa, pasó por Sébaco, buscando al hombre, y el hombre llorando, porque no había podido tirar las bombas. ¿Y dónde tiraste las bombas? –le dice “El Zorro”. No, si ahí están en el avión –dice.

Un hombre lleno de coraje, fijate, valiente, que aterrizó con todo y las bombas. Planificamos un nuevo operativo para el día siguiente 16 de julio, y todo salió bien, fue exitoso.

El avión dejó caer las bombas y, de las cuatro, dos cayeron en el propio Comando. Mientras, el cañón de 75 milímetros, colocado sobre los muebles de una casa, primero hizo estragos en la vivienda, pero una vez afinado el tiro, impactó en el torreón sur del Comando. Se llevaron la pieza en vilo y, desde otra posición, volvieron a acertar. Hicieron siete disparos en total, incluyendo uno contra una tanqueta. Cada tiro acertado abrió enormes boquetes en los costados del Comando. Igualmente funcionaron las palas mecánicas puestas en movimiento y a gran velocidad, los tractoristas se lanzaron antes que las máquinas pegaran contra los muros de ladrillo cuarterón. Por todos esos huecos penetraron los combatientes en posición de infantería.

Miryam: ¡Fue una alegría! Nos parecía mentira que ya teníamos izada la bandera roja y negra en el Comando. Me acuerdo de Antenor Rosales, que salió en un jeep pelón. Parecía un sueño. La pesadilla había terminado y la gente estaba feliz. Mucha de la población que había emigrado para el campo, estaba regresando, porque ya todos los municipios estaban liberados. Los combatientes nos abrazábamos, nos besábamos, no hallábamos ni qué hacer.

La liberación de Estelí fue el 16 de julio, antes del mediodía, e inmediatamente organizamos el viaje a Managua. “El Zorro” no vino a Managua. Él prefirió quedarse organizando todo. Así era él, dedicado y disciplinado.




1 de abril y 15 de julio de 2000







NOTA


1 Aldo Briones murió el 4 de febrero del 2006, a consecuencia de complicaciones relacionadas con un trasplante de riñón. Antes de morir, escribió un pequeño testimonio titulado Y no dejo de luchar, donde relata su lucha contra la dictadura y su lucha contra la enfermedad que padecía. Aldo no pudo acudir a nuestro espacio para brindar su testimonio; por eso, incluimos toda su intervención en este programa.



Últimos comentarios del relato
  • Rogelio Selva :

    en particular quisiera denotar dos eventos narrados: uno es la muerte de JBE, miembro de la DN de FSLN de aquel entonces, bajo un sistema de compartimención férreo, hasta hoy hay cosas que se desconocen, cómo conocen de su estadía en Estelí? al momento de su muerte Estelí en general se levantó, cómo fue posible esto?

    14 Jul, 15
  • Rogelio Selca :

    Creo importante establecer una memoria histórica sin sesgo, dando crédito a todo esfuerzo realizado, la lucha contra la dictadura somocista fue de todo un pueblo en la que participan todos los sectores sociales de aquel entonces y El Sr. francisco Rivera estaba en lo cierto "ya no tenía tiempo", las fuerzas-sociales el pueblo le exigía a la organización político militar definir la situación. En elementos de historia detalles concretos y verídicos dan legitimidad, a los relatos

    14 Jul, 15
  • Angel Suazo :

    Me gusto mucho los comentarios si saben donde vive pedrito el hondureno les agradecere me informen tengo como 25 anos de no saber de el

    22 Oct, 14

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