Memorias de la lucha Sandinista

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La bala descarriada que al Danto atrapó

Antonio Castillo Gámez, Rolando López y Armando Acuña


Edgard Antonio Castillo Gámez, conocido como “Igor”, nace el 13 de junio de 1959 en Estelí. Estudia su primaria en la Escuela Sotero Rodríguez y su secundaria en el Instituto Sebastián Pinell Vílchez, en su ciudad natal. Se incorpora al Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1975, y en el año 1976 se integra a los esfuerzos iniciales para formar la Unidad de Combate Bonifacio Montoya, en donde recibe entrenamiento.

En diciembre de ese año retorna a tareas organizativas en la ciudad. Participa en la primera insurrección de Estelí y se incorpora a la Tendencia Tercerista. Opera con una unidad en el sector de Quilalí, participa en la toma de Jinotega y en la insurrección final en Matagalpa. Para el triunfo de la Revolución, se incorpora al Ejército Popular Sandinista y se retira en el año 1990 con el grado de Teniente Coronel. Hace estudios de Administración de Empresas y Postgrado en Mercadeo en la UCA. Actualmente trabaja por cuenta propia.

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Francisco Rolando López Gámez “Marcos”, nace en Jalapa, Nueva Segovia, el 24 de septiembre de 1962. Estudia primaria en la Escuela Rubén Darío, de Jalapa. Cuando ingresó a FSLN en 1977 cursaba tercer año de secundaria en el Instituto de Estelí. Participa en la organización de la Columna Blas Real Espinal; después se integra en la Columna Oscar Turcios, dirigida por “El Danto”, y participa en acciones ofensivas en Pasmata, Jalapa, El Jícaro, Wiwilí, y en la toma de Jinotega.

Tras ser herido de bala, sale hacia Honduras, y ahí es capturado. Al triunfo de la Revolución, se incorpora al Ejército Popular Sandinista y es retirado en 1991 con el grado de Capitán. Concluye su bachillerato en el Instituto Experimental México, en Managua, en 1993; luego estudia Derecho, graduándose en 1997 en la Universidad Centroamericana. A la fecha ejerce la profesión de abogado.

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Armando Acuña nace en Jalapa el 15 de noviembre de 1951. Su incorporación al FSLN se dio a mediados de 1968, reclutado por Salvador Loza. Fue capturado a finales de 1969. En 1975 fue reintegrado al Frente, y al año siguiente vuelve a caer preso.

En abril de 1979 se incorpora a la Columna Facundo Picado, que dirige Elías Noguera, participando en la ofensiva final de Estelí. Durante el gobierno sandinista, fue miembro del Ministerio del Interior. A la fecha, trabaja en una ferretería como conductor y vendedor hacia los departamentos.

La noticia de que “El Danto” había muerto era de tal importancia, y causaría tal impacto en la tropa, que los mandos guerrilleros decidieron ocultarla por un tiempo. Sabían que era inmenso el cariño que “El Viejo Pancho” había cultivado entre los combatientes, y que la noticia podría tener un impacto negativo en la moral combativa de los hombres y las mujeres que luchaban en la ofensiva final de la guerra revolucionaria.

Era el 22 de mayo de 1979 cuando la “bala descarriada” que Germán Pomares había mencionado premonitoriamente en sus anotaciones tiempo atrás, le perforó un costado, afectándole órganos vitales. El 24 en la madrugada falleció.

Quienes tuvieron la suerte de conocer a Germán Pomares, admiran su agudeza política y militar, su liderazgo, carisma y su don de mando. Pocos hablan del “Danto” como el obrero agrícola que desarrolló al mismo tiempo que su coraje anti-somocista, su conciencia clasista, adquirida entre la constatación directa de los inhumanos tratos de los explotadores capitalistas, y los cambios que propuso y realizó la Revolución Socialista de Cuba.

Tres compañeros luchadores, uno desde los primeros tiempos del Frente, obrero de Jalapa, que conoció de las torturas de la Guardia; y dos jóvenes estudiantes, nos cuentan de sus vidas revolucionarias, de sus peripecias y combates, para centrarnos en la parte fundamental de este diálogo, en los últimos meses de “El Danto”.

Antonio Castillo “Igor” y Rolando López “Marcos”, dos compañeros que se integraron casi niños a la lucha, tuvieron la dicha de conocerlo, de luchar junto a él, y de recibir sus entrenamientos, sus orientaciones, su guía, su ejemplo y su moral combativa. Ellos recuerdan situaciones y vivencias memorables al lado del legendario guerrillero que insistió en la unidad, en el estudio, en entregarles tierra a los campesinos y en el amor a la Patria. Germán Pomares no quería ser Ministro, aspiraba a trabajar en la reforma agraria para repartir tierra a los campesinos. Toda su vida transcurrió en lucha, y la muerte lo atrapó a escasas semanas de ver el triunfo revolucionario por el que tanto se esforzó.

Mónica: Armando, en los años 1970-1971, una oleada represiva en todo el país desarticuló las estructuras urbanas y rurales. Mucha gente quedó sin contactos. Vos habías caído preso en 1969 y te vuelven a recontactar en el año 1975. Contanos, ¿cómo fue eso?

Armando: En el año 1968, organizamos una célula sandinista en Jalapa. Quien me reclutó fue Salvador Loza. En ese tiempo, vino alguna vez José Benito Escobar y otros del Frente. Aquí hicimos una escuela de entrenamiento, pero como siempre, nos infiltraban gente o se acobardaban y nos denunciaban. Luego nos capturan y nos trasladan a Managua y estuvimos presos seis meses en 1969.

Es hasta en 1974, que me vuelven a contactar. Lo hacen Juan Ramón Espinoza y Antonio Centeno, ambos de Condega. Yo vivía entonces en Ocotal, y conocía a un hermano de Juan Ramón, llamado Armando. Empezamos de nuevo a trabajar.

En una de las represiones, se asilan en la Embajada de México, Juan Ramón Espinoza, Toñito Centeno –quien posteriormente fue asesinado en ese país–, el profesor Gómez, Mauro Monzón y Amanda Centeno. Entonces perdemos contacto. Felipe Barrera nos recontacta a Leopoldo Rodríguez y a mí, a través de una misiva que me envía el Comandante Bayardo Arce.

Mónica: Ésa era la dinámica para recontactar gente. Cuando habían caído los contactos, te daban los nombres y teníamos que buscar a alguien que les fuera a hablar nuevamente. Así, Felipe te buscó en Jalapa. ¿Cómo es que te vuelven a capturar?

Armando: Esta segunda carceleada es el resultado de un quiebre que hace la Guardia en Condega. Ya habían caído unos compañeros junto con el profesor Augusto Salinas Pinell, quien era nuestro contacto. Un familiar de él, un primo que se llamaba Jorge Vílchez, fue el que vendió al profesor Salinas Pinell. El papá de Jorge, Modesto Vílchez, fue contactado por el profesor Pinell; Jorge se dio cuenta y fue a poner la denuncia. Después se fue para Honduras y no volvió.

El Comandante Arce se reunió con nosotros el 3 de mayo del 1976, ahí nos dijo la fecha en que el profesor Pinell iba a llegar a Jalapa, y el punto donde nos íbamos a encontrar. Nos reunimos con el profesor Pinell, pero ahí vivía cerca el primo de él, quién lo va a denunciar.

Cuando pasamos bajo la responsabilidad de Augusto, nos dice que vamos a organizar una escuela de entrenamiento, y yo comencé a reclutar colaboradores y compañeros. La idea era establecerse en esta zona.

Caen, además del profesor César Augusto Salinas Pinell, Emilio Avilés “Nicolás” y Fabio Martínez “Polo”. “Nicolás” era altote, chele; y Fabio, bajito, morenito y un poco pelón. Ellos caen combatiendo a finales de junio, y a nosotros nos echan presos el 3 de julio de 1976.

Comentario de la autora: El profesor Augusto César Salinas Pinell trabaja con el FSLN desde los años sesenta, reclutado por el grupo de los zapateros de Somoto. A la zapatería de Constantino Maldonado llegaban Fausto Heriberto Rodríguez y Adrián Gutiérrez, y de hecho forman una célula que recluta al profesor Pinell. En 1974 forma parte de las estructuras que recontacta Germán Pomares “El Danto” y que luego asumen Carlos Manuel Morales y Bayardo Arce. En el año 1975 forma parte de la escuela de El Copetudo, y después de la represión, se integra a la Escuadra que él mismo bautiza como Bonifacio Montoya, que llegará a ser la Columna del mismo nombre, al mando de Omar Cabezas.

A principios de 1976, la escuadra se divide en dos, una de ellas con la misión de abrir una ruta por San Juan de Río Coco, Murra y Jalapa, hasta llegar a Honduras, a fin de introducir armas desde ese país. Pinell está a cargo de ese esfuerzo junto a Fabio Martínez “Polo”, quien ya había trabajado en Ocotal con el seudónimo de “Abdul”. Hacen contacto con viejos colaboradores del Frente en Jalapa, así como con Armando Acuña. No está muy claro para mí la manera cómo es abatido Salinas Pinell, un profesor muy respetado en Somoto, y que según quienes le conocieron, era excepcionalmente fraterno, de trato suave, pedagógico, y profundamente convencido de la necesidad de luchar de forma total contra la dictadura.

Según las cronologías oficiales, la muerte del profesor Salinas Pinell se produjo el 30 de abril de 1976; pero según familiares de él y de Emilio Avilés y Fabio Martínez, ellos caen en El Carbón, Jalapa, el 15 de junio de 1976. (Conversación con Diógenes Martínez, hermano de Fabio).

Armando: Capturan a Noel González y se van a la clandestinidad Mario González y Santiago Baldovinos –quien después moriría–. Dos días después de la captura de Noel González, contacté a Felipe, y le dije que Noel había sido apresado; me dijo que me aguantara, le dije que tratara de hablar con “Chepe León”, que era el Comandante Bayardo Arce. Felipe se fue a Estelí, regresó de inmediato y la respuesta que me dio fue que me aguantara. Debido a torturas de agentes de la Oficina de Seguridad Nacional a Noel, éste dijo algunas cosas que en cierta medida nos comprometieron a nosotros. Polo, Leopoldo Rodríguez y yo trabajábamos en el aserrío de los González y allí nos fueron a capturar.

Mónica: ¿Qué te hicieron en la cárcel?

Armando: De inicio me ataron de pies y manos y comenzaron a ponerme las picanas, los chuzos eléctricos en los pies, en la cintura, en los órganos sexuales, en la espalda, la nuca y en la barriga, y así nos tuvieron, además de los golpes que nos daban: patadas y puñetazos. Nos pasaron torturando tres días, se nos paraban en el pecho también, me desencajaron dos costillas; no nos daban ni agua, ni de comer, y así pasaron tres días poniéndonos los chuzos para que habláramos, porque ellos querían saber el contacto que había habido con el profesor Salinas. Nosotros tratamos de no arrojar eso, porque ya habían caído tres compañeros con él, más un guardia. En la refriega, ellos lograron matar a un guardia. Y posiblemente, como nos decía el Comandante Arce: –Si hablás, te joden; y si no hablás, lo mismo. Entonces tratábamos de no hablar, de no decir nada.

Mónica: ¿Cuándo decís tratamos, de qué otros compañeros te estás acordando?

Armando: De Felipe Barreda, Nelson Flores, Noel González y Leopoldo Rodríguez. Éramos cinco los que estábamos allí.

Mónica: A mí me decían que algunos de ustedes, cuando salieron, tenían los dedos pegados porque el tipo de tortura les había pelado los dedos de los pies; que éstos cicatrizaron en una sola masa y que tuvieron que operarlos después. ¿Así fue?

Armando: Sí. Debido a los choques eléctricos con los chuzos, parte de los huesos de los dedos de los pies se nos quemaron; entonces, cuando salimos de la cárcel, tuvieron que hacernos una cirugía reconstructiva, en mi caso fue en los dos pies. A los tres días de estar en Jalapa, nos trasladaron para Ocotal, a Felipe, Leopoldo y a mí, y ahí agarramos gusanos en los pies.

Como no nos daban de comer, ni agua ni nada, y teníamos sangrado en las quemaduras, agarramos gusanos en los pies. Un guardia le dijo al Coronel Orlando Gutiérrez: –Coronel, esos hombres están engusanados. No te preocupés –le dice, mandá a traer un galón de gasolina. Y eso fue lo que nos echó en los pies. –Así quieren esos tales por cuales, porque solamente haciéndoles esto, se van a dar cuenta que la Guardia los trata con dureza; porque el día que ellos lleguen a mandar, ahí van a ver lo que nos van hacer estos jodidos a nosotros. Ésa era la respuesta que daba el Coronel.

Mónica: Hablamos ahora con este estiliano conocido como “Igor”, Antonio Castillo.

Antonio: Es la primera vez que participo en una actividad de éstas y me parece realmente hermoso. Me transporta a aquellos momentos en que me inicié en el Frente, desde que te conocí; incluso recuerdo que en una ocasión nos reunimos en mi casa, y mi mamá te corrió. Yo te hice pasar por una profesora y nos corrieron.

Mónica: Ella olfateó algo peligroso. Vos tendrías entonces diecisiete años.

Antonio: Lo que pasa es que comenzamos hablando en secreto y a ella no le pareció. Y yo le había dicho a mi mamá que era una profesora que llegaba a darme clase ¡y qué va! Al final nos corrió. Estas remembranzas nos trasladan a los pensamientos, a las obras de nuestros principales líderes en la guerrilla; nos recuerdan la verdadera razón por la que se inició el Frente Sandinista y por la cual actualmente continúan haciéndose esfuerzos por lograr la unidad. Yo aprendí muchas cosas, porque entré de muy niño, creo que vos fuiste mi primera responsable.

Me reclutó Filemón Moncada y después los contactos se sucedieron en la misma zapatería donde él trabajaba. Una de las cosas que más me ha hecho sentir realizado en mi vida, es haber estado participando en un movimiento grande, serio, y cuya causa sigue siendo justa.

En mi familia éramos ocho hermanos. Yo era el tercero. En ese año, en 1975-1976, que estaba terminando mi bachillerato, se recrudeció la represión de la Guardia Nacional y las matanzas. Recuerdo que el director del Instituto mandó mi carné y el de otros compañeros a la OSN. Era una cacería horrorosa: sitiaban las casas, asesinaban por todos lados.

En una ocasión, un guardia asesinó a un niño ahí por la Pensión Juárez. Nos rebelamos contra eso y participamos de las revueltas estudiantiles en el Frente Estudiantil Revolucionario. Así me inicié y fue en ese momento cuando me llamaron, y creo que caminamos como un kilómetro, mientras vos me explicabas que debía incorporarme a una escuela guerrillera; eso fue en el año 1976. Entonces subí, y esa fue mi primera experiencia militar con Omar Cabezas y cinco compañeros más, quienes recibimos esa escuela ahí en el Cerro Cuba. Estaban en ese momento, Ricardo Pérez, de Estelí, que ahora vive en Estados Unidos; Noel Gámez, que luego cayó en la segunda insurrección de Estelí; y participó “El Humilde Campesino”, Víctor Manuel Urbina.

En ese momento, Omar Cabezas realizaba los trabajos de lo que sería la Columna Bonifacio Montoya. En diciembre de 1976 llegó a recogernos el Comandante Arce, después de la Escuela. Debíamos volver a subir en marzo, pero en ese momento quebraron al colaborador de Canta Gallo y se replegaron para Cerro Helado.

Mónica: ¿Desde cuándo le llamaron Cerro Cuba? Dicen que fue Elías Noguera el que lo bautizó, pero creo que ya le habíamos puesto ese nombre antes, porque en todos esos sectores ya había bases de trabajo desde 1975.

Antonio: El Cerro Cuba era conocido con ese nombre desde que Omar llegó, aunque el verdadero nombre es Cerro Las Cuchillas. Ése era el seudónimo desde que Omar llegó ahí. No fue Elías quien lo bautizó. Incluso cuando llegué ahí, después de la primera insurrección de Estelí en 1978, ahí estaba Elías y yo le conté: –Hombré, en este cerro recibí mi primer entrenamiento en 1976. Aquí estuve con Omar Cabezas y Víctor Manuel Urbina; y le decíamos Cerro Cuba, le comenté. Él se sorprendió, y recuerdo que después llegaron unos periodistas e hicieron un reportaje diciendo ese nombre, Cerro Cuba. Recuerdo bien ese campamento porque después de la insurrección llegamos muertos de hambre y estábamos cociendo agua para hacer un café debajo de un chilamatón, y se hizo una humareda; entonces cayó un zorro en la porra de agua, y ahí nomás lo pelamos y nos lo comimos en cuestión de segundos, del hambre que teníamos.

Como te iba diciendo, cuando me bajan a la ciudad, ya me quedé ahí, y seguí trabajando bajo la responsabilidad de Socorro Sirias “La China”, a lo interno en la ciudad. Participo posteriormente en la insurrección de septiembre de 1978 en Estelí, integrándome a los Terceristas. Tanta gente se retiró con las columnas guerrilleras, que había necesidad de dislocarlos en grupos operacionales, y de nombrar otros jefes de esos grupos.

A mí me dijeron, hacete cargo de un pelotón, que eran treinta o treinta y cinco hombres; yo tenía diecinueve años, y había viejos, había gente madura a mi mando. Todavía me sorprendo un poco, porque desde muy jóvenes nos tocó abandonar la vida cómoda, la vida suave, sedentaria, estudiando, ¿verdad?, porque realmente las circunstancias políticas, económicas y sociales en general obligaron a todo un pueblo a levantarse en armas.

Además, ustedes nos daban preparación política, las primeras orientaciones, dirección, lo que fortaleció nuestra conciencia revolucionaria y la decisión de incorporarnos a la guerrilla en armas y de hacer diferentes acciones a lo interno en la ciudad.

Mónica: A Rolando López le decían “El Nene” porque, cuando triunfó la Revolución, aún no cumplía diecisiete años y se incorporó antes de cumplir quince años, junto a Donoso Zeledón, Fernando Úbeda, Iván González y Ulises Castillo. Contanos sobre tus primeros pasos en la lucha.

Rolando: Lo que pasa es que toda la familia de mi papá, es sandinista. Mi papá anduvo con Sandino y nos contaba de los combates. Él se llamaba Eugenio López Moreno, y era originario de Estelí. Hombré, como es una tradición de las familias y de los viejos contar su historia a todos los hijos, entonces nos fue quedando eso del sandinismo.

Las primeras nociones que yo tengo de Orlando Pineda López, mi hermano por parte de padre, es cuando él cae preso en el año 1967, con José Benito Escobar. Cuando los agarran, traían un armamento de Costa Rica en un vehículo del hijo de un diputado del Congreso de Somoza, que colaboraba con el Frente. Era un vehículo Mercedes Benz; de eso sí me acuerdo porque a Orlando lo han entrevistado y han publicado varios reportajes sobre su historia.

Entonces, Orlando salió de la cárcel también, igual que Armando, con los pies unidos de tanta tortura, y se fue a vivir a Jalapa. Orlando había sido de los organizadores de los sindicatos de zapateros, de la construcción y trabaja con Carlos Fonseca antes de 1960. Por eso, cuando él muere en 1994, Daniel Ortega le hizo el reconocimiento de fundador del Frente Sandinista, hasta entonces, porque es de los primeros con Carlos, con Silvio Mayorga y otra cantidad de gente. Filemón Rivera es posterior, incluso.

Mónica: Pinedita estaba incorporado a la lucha desde antes que existiera el FSLN. Cuando se fue a vivir a Jalapa, vivió legal con otro nombre. Doña Mary y Don Felipe Barreda nos hablaban bastante de él, porque además eran socios en asuntos de relojería y joyería. Hay que recordar que Orlando Pineda, conocido popularmente como Pinedita, fue representante desde que se funda el Consejo de Estado de la Revolución, y luego fue para la Asamblea Nacional Constituyente de 1984-1990, y finalmente para la Asamblea Nacional durante el período 1990-1996. Muere en una operación de vesícula en 1994, y le dan la Orden Carlos Fonseca.

Pinedita es una de las personas más queridas en Estelí, porque ya siendo diputado, recorría las calles de su pueblo en bicicleta, y era todo corazón, donaba prácticamente todos sus recursos a la gente; un poco como “El Zorro”, que a pesar de ser comandante guerrillero, vivió y murió modestamente. Pinedita era un hombre realmente ejemplar. ¿Y vos sos de los hermanos menores?

Rolando: Yo soy el penúltimo de doce hermanos. En 1978, murió uno en la guerra, después de la insurrección de Estelí, Rodolfo López Gámez. Cuando mi hermano Orlando llegaba a Estelí, él llevaba mucha literatura revolucionaria. Me acuerdo que una vez, a principios del setenta, me puso a leerle El Diario del Che. A él en Jalapa lo conocían como don “Venancio”, ese fue el seudónimo que él usó allá.

Por ahí comenzaron mis primeras inquietudes sobre el Frente, y es hasta 1976, que me traslado de Jalapa a Estelí a estudiar al Instituto Nacional, que se llama Francisco Luis Espinoza, en honor al sacerdote que mataron tropas de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), en la Escuela de Agricultura, para la primera insurrección.

A mí me pasó lo contrario de lo que a muchos compañeros. No me contactaron, yo busqué el contacto. Les preguntaba a los compañeros de clase: –Hombré, ¿vos estás en el FER o estás en el Frente? Hasta que di con alguien que me dijo que sí, Donoso Zeledón Úbeda, un excelente compañero; me dio un gran pesar cuando cayó. Sí, hombre –me dice, ¿qué querés? Hombré, quiero integrarme pues, quiero meterme de lleno –le dije. De inmediato me integró: –Vení para acá. Yo soy el responsable del FER aquí en el Instituto, rempujémosla pues.

Mónica: ¿Pero cómo vas a dar a Jalapa?

Rolando: Yo nací en Jalapa, porque mi mamá se traslada para allá; pero todos, mi papá y toda mi familia, son de Estelí. Entonces vengo a Estelí a estudiar; pero José Benito, que para entonces ya estaba como responsable de la GPP nos reúne y, cuando sabe que soy de Jalapa, me dice que me mueva para allá a formar una columna. Efectivamente, ahí formamos la columna que luego se llamó Blas Real Espinal, y al final termino en Jinotega con Germán Pomares, que es lo que voy a relatar. De esa manera yo no estuve en ninguna de las insurrecciones de Estelí.

Mónica: Contanos de la formación de la Columna Blas Real, ¿cómo se dio eso?

Rolando: Para finales de 1977, un compañero enviado por José Benito me orienta: –Dice el hombre que te vayás, y me entregó una pistola 45 con treinta tiros. En Jalapa, la estructura había quedado desbaratada a partir de los quiebres de 1976, que relató Armando. Me dijeron: –Allá te vas a ir a encontrar con un compañero que se llama “Polín”, en la tumba de un fulano de tal que se llama David Calero. Ahí va a estar él; vos no vas a saber quién es él, él sí sabe quién sos vos. Yo llegué a la hora, a las doce de la noche, al cementerio. Ajá, hombré, ya nos saludamos.

Mónica: ¡Clase de contacto ése, a las doce de la noche en el cementerio!

Rolando: Eso fue a finales del año 1977. Y me dice: –Hombré, nos vemos mañana en el parque. Está bien –le dije. Ya lo miré al “Polín” famoso, su nombre era Ramón Beltrán, todo el mundo en Jalapa se chiviaba de él, porque decían que era oreja, que era de la Seguridad.

“Polín” era un compañero que después supe que es hermano de padre de Armando Acuña, y viejo sindicalista del Sindicato de Carpinteros, Albañiles, Armadores y Similares (SCAAS). Después, platicando con él, me había dicho que aquí en Managua, el Frente lo había mandado a infiltrar a la Seguridad. Un valioso compañero que demostró a Germán Pomares y a toda la gente, y después, cuando formamos la columna, que realmente estaba de lleno en el Frente Sandinista.

Me quedé ahí con él, ayudándole a organizar a la gente. Entramos en contacto con Leticia Herrera, quien había mandado a decir que había que organizar rápido una columna que comenzara a funcionar por el lado de Jalapa. Entonces sólo estábamos tres o cuatro compañeros: “Polín”, Luis Ruiz, Frank Paguaga y yo. De ahí sacamos una buena cantera como de cuarenta compañeros que los armamos y los subimos a la montaña de Pasmata, donde instalamos el campamento. En una reunión, Leticia nos dio como responsable a Iván Tercero Loáisiga “El Vigilingo”, nacido en El Viejo, y “Colling”, del lado de Tonalá, cuyo nombre no recuerdo; estuvo en la Inteligencia del Ejército, y hace poco murió en un accidente.

Llegó Javier Carrión a dejarnos cinco fusiles FAL; y después tuvimos un fuerte combate con la EEBI, ahí mismo en Pasmata. Los fusiles fueron fundamentales para salir bien librados de ese combate, pues antes sólo teníamos carabinas y fusiles 22. Eso fue como el 10 de febrero de 1979. Nosotros le mandamos un informe a Leticia, que era la que estaba atendiendo el Regional en ese momento. Germán Pomares decidió llegar ahí con unos sesenta compañeros, muchos de ellos de vasta experiencia como Santana Plata, conocido como “Manuelito”, que estaba desde la organización del Frente Norte, en 1977; Taholamba, “El Recluta” Santos, un compañero de Estelí, Cristóbal Vanegas, Pedro Agurcia, y, como segundo al mando de la columna, venía Walter Ferreti “Chombo”.

Mónica: ¿Esta es la Columna Blas Real Espinal?

Rolando: Inicialmente se llamó Blas Real Espinal, porque “El Vigilingo” conocía a Blas, le puso su nombre en su honor. Cuando llegó Germán y se fusionan las dos columnas, él dice que se va a llamar Oscar Turcios Chavarría, porque le tenía un aprecio inmenso, decía que Oscar Turcios y Ricardo Morales Avilés, eran realmente los refundadores del Frente, porque para esa etapa, de los años 1970 a 1973, aquí en Nicaragua no había nadie de la Dirección Nacional, más que ellos dos. También se formaron los pelotones Jonathan González y Juan José Quezada.

Mónica: Para la segunda insurrección de Estelí, ¿dónde estabas y que te tocó hacer para esa jornada?

Armando: Bueno, para ese entonces, yo estaba bajo el mando de Elías Noguera; nuestra columna era la Facundo Picado. Hicimos un hostigamiento en Condega, y fue algo enconada la lucha.

Mónica: Ahí ustedes derribaron unos aviones, ¿te acordás vos de eso?

Armando: Los compañeros que bajaron esos aviones eran de la misma columna, pero yo me encontraba en otra escuadra, en la ciudad de Condega. Derribaron esos aviones con FAL y Máuser, porque los aviones volaban un poco bajo. Es que ellos se confiaban, creían que nosotros no andábamos armas de largo alcance, y la confianza a veces es muy peligrosa. Nuestra función era una toma rápida; habíamos tomado Condega, pero no la íbamos a retener; nosotros teníamos que replegarnos nuevamente.

Antonio: Para la segunda insurrección, yo llegué casi el final. Había recibido órdenes del comandante Rivera de irme para Peñas Blancas, Jinotega, porque tenía información de que “Chico Chiquito” tenía como cuatrocientos hombres y que había que conectarlos. Me dio la orden que los buscara, los reagrupara y que luego se los pasara dejando al “Danto”. Y así fue. Yo contacté a “Chico Chiquito”, lo armamos, hice varios viajes al Cerro Cuba para recoger armas.

En realidad, tenía unos ochenta hombres. Estaban arriba de El Tuma, donde unos colaboradores del Frente, uno de ellos es Hernán Molina. Estaba en la Hacienda El Cielo, en la parte de abajo. Me contacté con “El Apache”, Ulises Rodríguez, que después estuvo en la UNAG; él nos daba, en parte, el suministro de alimentos en Estelí. Le di preparación combativa a toda esa columna. “Chico Chiquito” era muy trozado, recetaba muerte a diestra y siniestra. En una ocasión, tuve que pararlo, porque quería matar a un profesor, arribita de Jinotega.

En el grupo de “Chico Chiquito” andaba Norwing Altamirano, y después que formo la unidad, “Chico Chiquito” era el jefe de Estado Mayor y Norwing el político. Éste me contactó con un turco muy bueno, Amín Halúm, que fue herido, y tratamos de salvarlo llevándolo a Jinotega, pero a medio camino expiró y lo enterramos frente a la Cooperativa Ernesto Acuña, donde Hernán Molina, arriba del puente El Tuma. Ya cuando el ataque de Wiwilí, nosotros estábamos en San Roque, Guaylo, San Antonio, combatiendo con “El Zorro”.

Rolando: En mi caso, tal como expliqué, pertenecía a la Columna Oscar Turcios, que dirigía “El Danto”. Antes de la insurrección de Estelí, nuestra columna, al mando ya de Germán Pomares, nos tomamos El Jícaro. Para entonces, además de ser el jefe de la columna, “El Danto” era el jefe del Frente Norte. Esa toma de El Jícaro, que se hizo el 26 de marzo de 1979, fue en celebración a la unidad orgánica de las tres tendencias del Frente Sandinista.

Nos retiramos después de la toma de El Jícaro al Zúngano, a una propiedad de Jaime Úbeda, un señor acaudalado que andaba allí en la columna con su fusil. Ahí en el Zúngano cayeron dos o tres compañeros y uno de ellos era Marcelo, un salvadoreño del FMLN, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Yo sé dónde está enterrado ese compañero ahí en Jalapa. Javier Carrión lo conocía bien, porque vino con ellos de Honduras.

Cuando se da la insurrección de abril en Estelí, Pomares decide entrar a apoyar a “Rubén”, tomándonos Wiwilí. Nosotros intentamos entrar exactamente el viernes Santo, un 13 de abril, como a las diez de la noche. Wiwilí fue un revés desde el punto de vista militar, porque nos mataron a doce o catorce compañeros, porque tropas de la EEBI habían sido trasladadas en helicóptero a Wiwilí, nos estaban esperando.

La toma era un operativo en conjunto con una columna que había en un lugar que le llamaban Jinoteguita, que es al otro lado de Wiwilí, y que estaba al mando de un hermano de Pedro Aráuz Palacios, “Alí”. A Edwin Barahona Colindres, que era el segundo jefe de esa columna, lo capturó la Guardia, y le agarraron todos los planes de la toma; entonces la EEBI ya nos estaba esperando ahí.

Por un asunto circunstancial, no caímos directamente a la hora que nos esperaba la Guardia. Resulta que al hombre que llevaba el RPG-2, Pomares le prestó una pistola que se la había regalado Fidel Castro; y como se le cayó la pistola al muchacho, nos entretuvimos dos horas buscándola. La Guardia pensó que no habíamos llegado y empezó a levantar la emboscada.

El plan era entrar a las ocho y entramos a las diez. Tuvimos un enfrentamiento en el campo de fútbol de Wiwilí. Aquí se dio un hecho que me demuestra a mí la importancia de cumplir las órdenes del mando. Después del enfrentamiento nos replegamos al Río Coco, a orillas del pueblo. Pomares ordenó poner una emboscada y le dice a Cristóbal Vanegas que se quede a cargo de la columna que iba a ponerle una emboscada a la Guardia. “El Indio”, así le decíamos a Vanegas, le dice: –No, no me quedo. Dónde vas vos, voy yo.

Yo estaba ahí, detrás de Vanegas. “Marcos” –me dice “El Danto”, quedate vos con la emboscada. Yo obedecí y nos colocamos para emboscamos, pero ya la Guardia nos tenía rodeados y por eso nos matan a doce compañeros. Ahí estaba también Juan de Dios Portillo, que había combatido en la primera insurrección de Estelí y salió vivo; pero a la que era compañera de Vanegas, Laura Sofía Olivas “Segovia”, le pegaron un balazo en el estómago y cayó junto con varios compañeros de Jalapa, entre los que recuerdo a Abraham Sosa. En ese revés, también dejamos todas las mochilas y el radio de comunicaciones, y nos quedamos incomunicados. A mí no me pareció bien que Vanegas no cumpliera la orden, y fue una enseñanza, porque realmente ahí no se ejerció el mando.

Después de ese revés realizamos una serie de acciones, ya que prácticamente la Columna Oscar Turcios fue una fuerza móvil. Nos quedamos entre Wiwilí, Quilalí, El Zúngano y San Bartolo, en esa zona, hasta que entramos a la ciudad de Jinotega.

Comentario de la autora: Este intento de ataque a Wiwilí no está registrado en ninguna cronología de las que pude estudiar; en cambio se registran acciones en una fecha cercana en el municipio de Quilalí. Después del triunfo, los padres de Eva Sofía Olivas fueron a recuperar sus restos a La Polvosa, Wiwilí. La fecha de su muerte es 15 de abril de 1979.

Mónica: Cuando el ataque a Wiwilí y esas otras operaciones, vos apenas tenías dieciséis años. No sé si les pasa a ustedes, pero tengo hijos de dieciséis años, y el mayor, de veintitrés, yo lo veo un chigüín; y entonces me pongo a pensar viéndolos a ellos, ¿cómo podíamos nosotros a esa edad dirigir operaciones militares? ¿Cómo se forjó esa decisión que nos llevó a enfrentar desafíos tan complejos?

Rolando: Sí, yo también he reflexionado sobre esto. Tengo una hija que va a cumplir dieciséis años. A veces, cuando ella me dice que no puede frente a algunas responsabilidades propias de la casa, le digo: –Pero hija, a tu edad, yo ya era jefe de una escuadra en la guerrilla; tenía compañeros mayores subordinados a mí.

Claro, que en ese momento el factor común que nos impelía y unía a todos, era derrotar al somocismo, a la dictadura y además, el sandinismo transmitido por mi padre, por parte de mis tres hermanos, también integrados al Frente desde hacía muchos años. Uno de ellos, Rodolfo, que te mencionaba antes, cayó en Limay junto a Alejandro Cárcamo. Fue el 24 de septiembre de 1978, el día de mis quince años. Alejandro iba herido, mi hermano lo llevaba.

Comentario de la autora: Antenor Rosales explicó en otro programa: –El hermano de Rolando pasó por donde yo estaba, y le advertimos que no caminara hacia Honduras. Yo tenía control de esa zona y sabía que la Guardia tenía un dispositivo más adelante. Nosotros nos dirigimos hacia un lugar que se llama Buena Vista, donde un colaborador viejísimo del Frente, que era dueño de esa propiedad. Los Cárcamo y el hermano de Rolando, no se quisieron quedar. Ellos siguieron, y al amanecer los mataron.

Rolando: El jefe de la patrulla de la Guardia que los capturó en una casa, había estudiado con mi hermano. Por cierto, ahorita está en Nicaragua ocupando un puesto en el gobierno de Alemán. Hay testigos de que este tipo los capturó y asesinó a sangre fría a Alejandro, que iba herido, y a mi hermano. A Alejandro lo encontró su familia porque ahí mismo lo dejaron, a la orilla de la carretera; y a mi hermano, hasta el día de hoy no hemos encontrado sus restos. Mi mamá murió con el pesar de no haberlo enterrado. Yo estoy empeñado en saber dónde está.

Te voy a contar algo que a mí me llenó de valor, a mi poca edad, para meterme al Frente. Nosotros teníamos un perro, pasó un guardia y como el perro ladró, le voló un tiro; de pura suerte no lo mató. Pero todos estos hechos nos hicieron crecer con rechazo a la Guardia y todo lo que ella significaba. Porque ya a esa edad entendés lo que es bueno y lo que es malo. Eso le recuerdo a mi hija: –A tu edad, yo ya estaba con un fusil; a tu edad yo ya cocinaba. Porque vos sabés que en las columnas a todo el mundo le tocaba un turno de cocina. Maduramos con carburo, como maduran el banano y el plátano.

Mónica: Vamos a detenernos en el tema por el que les invitamos: los últimos momentos del “Danto”. Ustedes conocieron al “Danto” en el último año de su vida, de una vida entregada a la lucha, que discurrió en medio de dificultades.

Vamos a contar un poco de esa vida: “El Danto” había nacido en El Viejo, municipio semillero de revolucionarios, el 17 de agosto de1937. Cuando murió, tenía 42 años. Hijo de los campesinos Ángel Ordóñez y Cecilia Pomares, vivió en carne propia la explotación y la injusticia que sufrían los obreros agrícolas y supo del despojo de tierras a los campesinos, sobre el que se edificó la explotación capitalista en occidente. De esas comunidades occidentales, cientos de campesinos fueron empujados a emigrar a la zona central de Nicaragua, para que los capitalistas pudieran erigir los latifundios de la explotación algodonera, bananera y cañera de occidente. Pomares apenas llegó a tercer grado de primaria, pero tuvo la sabiduría de escribir sus memorias, que no pudo concluir. Pomares comienza así su pequeña biografía:

“Mi nombre completo: Germán Ordóñez Pomares. Ángel Ordóñez, mi padre, al nacer me reconoce y por eso soy Ordóñez Pomares. Mi infancia es muy pobre porque mi padre abandona a mi madre. Mi padre de crianza es mi abuelo, quien es el jefe de la casa. A los siete años me matriculan en una escuela pública, la única que existe en aquel entonces en El Viejo. Mi primera maestra fue la Rosa Virginia Trejos Somarriba, no titulada.

Hago mi primero y segundo grado y después me tienen que sacar porque no tengo ropa para ir a la escuela. Me acuerdo que mi mamá lloró porque si yo no podía ir más a la escuela no podía ser carpintero para hacerle otra casa, porque en la que vivíamos era de palma. Ese año el chapulín le come el maíz a mi abuelo y no tenemos que comer. Habían días en que sólo almorzábamos con chilotes cocidos, otros lo hacíamos con guineo tierno que llevábamos de una finca llamada La Palomera, y que todavía existe. Al salir de ese verano me voy a trabajar con mi mamá a una hacienda de Humberto Mántica, a cortar arroz y ajonjolí para llevar más dinero a la casa y que mi abuelo tuviera qué comer, ya que estaba poniéndose más viejo.

Sin pensar mucho, un día me voy a ver a mi padre a su finca y me dice que me quede con él pues está solo. Se le había muerto la esposa y tiene un niño varón y una mujercita. Yo ya tengo doce años. Me quedo dos años con él que me sirven mucho en mi formación de hombre del campo.

A los 14 me voy de donde él porque no aguanto la vida que me da y comienzo a vivir al lado de mi mamá, pero ya no es igual porque ella se casó con otro hombre a quien yo no quiero. Vivo en las haciendas donde consigo trabajo, me sirve mucho porque me forjo como un verdadero hombre”.

Germán Pomares ha relatado que su familia era conservadora anti­somocista. Sus primeras acciones contra el régimen las hace desde la juventud conservadora. De su pueblo recuerda a Victoriano Arteaga, un hombre que reunía a los jóvenes opositores, y es al primero que escucha hablar de ir a la guerra contra Somoza, en el año 1958. Para las acciones de Olama y Mollejones, Pomares viajó a Managua a una casa que quedaba del Cine Salazar media cuadra arriba, junto a unos diez jóvenes reclutas chinandeganos de origen humilde. Entre los que “El Danto” recuerda están Dolores Díaz, Manuel Guevara, Leonardo Tercero, Raúl Sandoval y Narciso Zepeda, todos coordinados por Luis Venerio Plazaola.

Germán Pomares escuchó a Luis Venerio Plazaola, quien era el líder departamental de los conservadores, discutir con los líderes en Managua. Al llegar Luis con todos ellos, le preguntaron que de dónde procedían. Luis les replicó que eran luchadores anti-somocistas que querían combatir. Y los líderes de la capital le contestaron que no era cualquier gente la que iba a meterse a Olama. Luis Venerio les dio entonces veinte córdobas para que se regresaran. Así se regresaron a su pueblo, y siguieron buscando cómo luchar. Germán recuerda: “Claro, en esa incursión sólo iban chicos bien”1.

También estuvo dispuesto Germán Pomares a participar en el Movimiento 11 de Noviembre, y después hace contactos con estudiantes universitarios, entre los que recuerda a Jaime Fajardo. Para estar listos, se entrenaron con un viejo rifle Garand y un Máuser, y luego, con Cristóbal Guido y Narciso Zepeda, enseñaron a otros jóvenes a manejarlos. Este núcleo fue el primero en declarase fidelista, dice Germán.

De la existencia de este grupo de Pomares, se dio cuenta Jorge Navarro, a quien conoció en la misa de aniversario de la masacre del 23 de julio. Navarro se constituyó en su contacto y fue quien le propuso en 1961 viajar a Cuba a él y a Cristóbal Guido, para la conmemoración del ataque al Cuartel Moncada, el 26 de julio. Pasó varios meses trabajando duramente para recoger dinero. Para realizar este viaje pasó por Honduras, donde conoció a Silvio Mayorga, Carlos Fonseca y Francisco Buitrago. Después los volverá a ver en La Habana, en donde comparte con el Coronel Santos López, quien le explica la lucha de Sandino, y entonces adquiere conciencia del anti-imperialismo del héroe. A su regreso trae literatura sobre Sandino: El pequeño Ejército Loco y Sandino, General de Hombres Libres, entre otros.

En realidad “El Danto” ya sabía leer, pues llegó hasta tercer grado. No es que aprendió en El Patuca, como se ha afirmado en algunas biografías. Unos meses después lo echaron preso, y fue interrogado y torturado en Managua por el esbirro Rafael Lola.

En 1962 se destacó en la escuela de entrenamiento militar en el Río Patuca. En 1963, participó en la guerrilla de Río Coco y Bocay; en 1967, en el movimiento armado de Pancasán; en 1969, en un fallido intento de rescate de Carlos Fonseca de las cárceles de Costa Rica; en 1970, es hecho prisionero y liberado por presión de las masas; en 1974, es responsable militar del Comando Juan José Quezada en la toma de la casa de Chema Castillo.

En todas esas actividades, Pomares se distinguió por su heroísmo. Por ejemplo, en el asalto a la casa de Chema Castillo, según los demás miembros del comando, Germán se quedó afuera, cubriendo, hasta que entró el último miembro del comando; también, al descubrir a un francotirador que hirió a Róger Deshón, se regresó para aniquilarlo. Son dos hechos que reflejan no sólo su calidad moral, sino el coraje del que estaba hecho este hombre.

En 1976, Pomares fue trasladado a formar una columna guerrillera que da origen al Frente Norte Carlos Fonseca. En 1977, estuvo dedicado a la preparación militar de los combatientes que integraron los comandos de asalto de los operativos de octubre, y en la ofensiva final es responsable político-militar del Frente Norte.

Al frente de la Columna Oscar Turcios, dirige la exitosa toma de El Jícaro; luego, el intento de toma de Wiwilí, que fue un revés militar, y finalmente, en mayo de 1979, la toma de Jinotega, donde cae. ¡Una ejemplar trayectoria!

Ahora hablemos de sus experiencias con Pomares, ¿cómo era él? ¿Cuáles son las principales enseñanzas que dejó en sus vidas y que son una herencia para todos los luchadores y luchadoras nicaragüenses? ¿En qué circunstancia conocen al “Danto”?

Armando: Lo conocí en el Cerro Cuba, estando ahí bajo las órdenes de Elías Noguera. Llegó “El Danto” y estuvo un día y una noche ahí, antes de salir para la toma de Jinotega. Me impresionó su gran mística revolucionaria, con el pantalón todo parchado y un sombrerito de los que usaba la EEBI. Nos dio una impresión como si él fuera Carlos Fonseca. Llegó sólo a la reunión con “El Zorro”. Nos reunió a toda la columna y nos puso a cantar el Himno ¡Luchar, Luchar, Luchar!

Nos habló con una gran sencillez y modestia, pero se miraba que tenía dominio de la estrategia militar. Nos dijo que habían entrado unos compañeros por Nueva Guinea, que la Guardia les había echado toda la fuerza, que los estaban diezmando y que no quedaba otra alternativa que ir a la ofensiva final, que él iba para el lado de Jinotega.

Rolando: Conozco a Germán Pomares cuando llega a Jalapa y las dos columnas se fusionan para constituir la Oscar Turcios. Desde que él llega, se preocupa por tratar de dar una escuela de historia, para que entendiéramos las raíces de la lucha revolucionaria. La historia desde la colonización, la Independencia, la lucha de Sandino, hasta la fundación del Frente Sandinista, y nos lleva hasta el momento en que estábamos. Eso era religioso a las seis de la tarde, todos los días, hubiera o no hubiera combate, ahí estaba esa charla.

Y lo hacía él, personalmente. También exponía cuáles eran los planes futuros del Frente Sandinista, qué es lo que íbamos a hacer una vez que triunfara la revolución, cuáles eran los ejes principales, qué es lo que a él le gustaría hacer cuando ganáramos.

Mónica: ¿Qué quería hacer Germán cuando triunfara la revolución?

Rolando: Dijo que no podría ser un Ministro porque llegó hasta tercer grado de primaria, pero que le gustaría quedarse en algo que tuviera que ver con la reforma agraria para distribuirle tierras a toditos los campesinos de Nicaragua, o quedarse en el Ejército.

Mónica: ¡Claro, es un hombre que nació y vivió vinculado al campo!

En una parte de su biografía Germán dice:

“De los 15 a los 17 años estoy de campisto en una hacienda de Juancho Menicucci. Ahí aguanto toda humillación, no me pagan como mozo completo en las tareas del machete y todos los demás deberes, pues dicen que todavía soy cipote. Por un pleito me voy de ahí, me duele porque me parece que no voy a conseguir trabajo en otro lugar; pero un amigo de mi mamá, que es su compadre, me ocupa trabajando con él en una carreta. Ahora él es un colaborador del Frente Sandinista”.

Rolando: Otra cosa que me llamó mucho la atención, reflexionando ahora, es que él iba siguiendo la ruta de Sandino. En febrero estábamos en Jalapa y tenemos un combate con la Guardia, donde les hacemos muchas bajas. Después decide atacar El Jícaro, el 26 de marzo de 1979, para celebrar la unidad del Frente Sandinista. De El Jícaro nos trasladamos a El Zúngano, y nos llevó a toda la columna al campamento “Luz y Sombra”, uno de los primeros campamentos donde estuvo el General Sandino, y ahí nos contó toda la historia alrededor de la lucha del General.

Luego, en abril, en plena Semana Santa atacamos Wiwilí, para ayudar a la toma de Estelí, que encabezaba “El Zorro”. Una vez que salimos de Wiwilí, nos explica que vamos a ir a un campamento donde están unos compañeros. Estando en un lugar que se llama Cerro El Perro, entre Wiwilí y Quilalí, Humberto Ortega llama al Comandante Pomares para decirle que él decida cuándo y dónde se inicia la insurrección final. Lo aseguro porque yo estaba cerca del radio y escuché todo, y Pomares le dice que todavía no. Eso lo recuerdo exactamente, que Pomares le dice que no, que todavía no vamos a hacer la insurrección, y que esperemos que caigan las primeras aguas de mayo, le dijo, para que rompamos los fuegos.

Mónica: Se le sale el campesino, pero también lo de estratega militar. Una de las cosas que señala “El Zorro” es que en la segunda toma de Estelí, se sentía solo, en medio de los brutales calores de Semana Santa. Las lluvias siempre nos ayudaron a los guerrilleros. La aviación, por ejemplo, no operaba igual. En el repliegue a Masaya, cuando nos bombardearon brutalmente, se vino un riendazo de agua y eso paró de inmediato el ataque de los Push and Pull.

Rolando: Alguien le preguntó a Pomares por qué decía eso de las aguas de mayo, y explicó: –Es que cuando caen las primeras lluvias, los montes comienzan a crecer; entonces nos podemos camuflar mejor. Tiene su lógica, ¿no?

Yo era jefe de escuadra, cuando llega Pomares a la columna. Me sentía como que estaba con un blindado. Con Germán Pomares logré hacer una relación, porque como era uno de los más chavalos de toda la columna, y además en el combate anterior, a la llegada de Pomares, recuperé unos cargadores de M-16 y él era el único con un fusil de ese tipo, yo le entregué los cargadores y los tiros. Se identificó conmigo, incluso me hizo una sesión como de treinta fotos. El compañero Walter Ferreti, que era el segundo de la columna, se llevó los rollos de fotos para Honduras, cuando fue herido en Jalapa. No supe qué se hicieron esas fotos.

Mónica: ¿A dónde hirieron a “Chombito”?

Rolando: En Jalapa, en El Carbón; fue herido en la pierna, en un accidente, cuando en una sesión de entrenamiento a un compañero se le fue un balazo de FAL, y lo hirió. Ahí es que entra como segundo al mando Javier Carrión, su seudónimo era “Roberto”.

Hombré, Pomares era como un padre para todos, con una resistencia física increíble. Nos estaba preparando para el ataque al Jícaro. Él se paseaba en toda la columna de adelante hacia atrás, animándonos a todos, para que no nos cansáramos, para que no nos detuviéramos y llegáramos al objetivo, porque él se había comprometido con Humberto Ortega a hacer ese ataque en celebración de la unidad del Frente Sandinista.

Mónica: Es la formación, y tal vez en esto vamos a coincidir todos: una parte fundamental de la formación que se nos daba, desde que entrábamos al Frente Sandinista, era en el conocimiento de la historia. Me acuerdo que nos explicaban quién era Benjamín Zeledón, Sandino, los fundadores. Yo me aprendía de memoria los nombres de quiénes cayeron en Raití, en Pancasán, qué significó esa gesta, y eso te nutría el compromiso.

Rolando: Sí, Germán era bien profundo en eso, y realmente eso te iba llenando, y vos llegabas a un momento en que no pensabas nada en el combate, más que buscar cómo matar a los guardias y que no te mataran a vos. Eran las cosas que sucedían y ver cómo salir adelante y cumplir con las misiones que te establecían.

Antonio: Mis primeros contactos con “El Danto” fueron a través de “Rubén”, Francisco Rivera “El Zorro”. Nunca me enteré de que él era “El Danto”. Ya después tuve la ocasión, cuando hubo una reunión del pequeño Estado Mayor2 que nosotros teníamos en ese momento en el Cerro Cuba, y se cuadró más o menos un ataque generalizado. Yo estaba en La Sotana, queda entre el poblado de Yalí y el volcán del mismo nombre, un poco hacía el noreste. Son unos cerros montañosos, una zona bien bonita, unos cafetales, que era propio para operar.

Nosotros ya estábamos asentados prácticamente desde 1978, que fue cuando nos mandó “Rubén” a crear condiciones operativas, y cuando se hablaba de la necesidad imperiosa de ir proyectándote hacia la ciudad, hacia los alrededores; entonces fue cuando nosotros le caímos a Yalí3, con unos sesenta y cinco combatientes, y quemamos el Comando de la Guardia. La población salió a celebrar, y al final, se fueron con nosotros unos cuarenta muchachos. Así conocí a la que luego sería mi compañera y madre de mis hijos, Nereida Sánchez “Soraya”.

Cuando conocí al “Danto”, me llamó poderosamente la atención. Yo sólo conocía a “Rubén” como el hombre con una humildad increíble, sólo comparable con la humildad de “El Viejo Pancho” o “Prefecto”, que fue su último seudónimo, porque “El Danto” se cambiaba el seudónimo cuando cambiaba de lugar. Decía que era por seguridad. Pomares tenía un lenguaje campesino, combinado con sentido de conspiración. Como a mí me tocaba ir a traer ahí donde “René”, Elías Noguera, el armamento que venía de Honduras, recuerdo que en las cartas que recibíamos de “El Viejo”, a como le decíamos cariñosamente a Pomares, él decía: –Miren, muchachos, ya la gente está lista para la siembra. Así que ahí les mando los implementos. Miren, ahí van los clavos; se refería a los proyectiles...

Rolando: Cuando se escribió la historia de la Sección Quinta del Ejército, que era donde se hacían las tablas de conversación codificada y se descifraban, se decía quiénes habían sido los primeros jefes guerrilleros que habían utilizado cifrados, y salía Pomares como uno de los iniciadores del cifrado en las comunicaciones militares. Me acuerdo cuando estábamos en Wiwilí y decía: –Ve, ahí te mando tantos campistos para que lo agarrés en la hacienda tal. Ahí te llegan los clavos para que pongás a repostear. Hacete la ronda antes que quemés; se refería a antes del ataque, pues. Era un lenguaje cifrado entendible para nosotros, pero indescifrable para la Guardia.

Antonio: Te hablaba tan bien, que veías clarita la película de la preparación, del teatro de operaciones. Siempre me llamó poderosamente la atención el sentido de planificación de la operación, la responsabilidad, el planteamiento de misiones, distribución, aseguramiento de logística, tiempo, coordinación. Yo decía, y este hombre que es campesino, que es poco para hablar, ¿de dónde saca tanta cosa?

Mónica: ¿Era poco para hablar?

Antonio: Poco para hablar, pero comunicando lo necesario: –A ver, búscate a alguien ahí que haga el plano, veamos más o menos por dónde vamos a entrar; y ubicándose, y dirigiendo él perfectamente las operaciones.

Rolando: Otra cosa que recuerdo de Germán, es que todos los días iba escribiendo lo que iba sucediendo en el día. Ese diario estuvo mucho tiempo en el Museo de los Héroes y Mártires, estaba junto con el M-16 y el magazín con un balazo, el mismo que impacto al “Danto”, y por ahí está el diario de Germán Pomares. Javier Carrión me dijo que le llevara el Diario, el uniforme, la mochila y todo a Francisco Rivera, y se los entregué4.

Hablar de Pomares es hablar de alguien que creo que nació guerrillero; fue un guerrillero innato, que sólo necesitó, qué sé yo, una pequeña pulida, para ser el jefe que fue, porque recordemos que él era el jefe de todo el Frente Norte, y la capacidad de coordinación que él tenía con todo el resto de las columnas, era asombrosa.

Además “El Danto” era un compañero jocoso, le gustaba mucho contar chistes y era una persona muy humana. Estando ahí en el campamento de La Sotana, cumplía años un compañero, no recuerdo quién era, y dice: –Ya vamos para la última, celebremos el cumpleaños del compañero; y mandó a traer unas latas de cususa.

Entonces mandamos a un muchacho de ahí, que se había incorporado, en una mula, y el muchacho se emborrachó y se quedó dormido sobre la mula; pero como la mula conocía el campamento, llegó solita con el muchacho dormido.

Me acuerdo que fue una fiesta muy alegre en el campamento. Estaba Danilo Torres “El Poeta”, muy bueno a cantar; estaba Taholamba, que era un vocalista del grupo de La Trinidad, Los Mokuanes. Este compañero cayó en la toma de Jinotega.

Antonio: Pedro Agurcia “Maceo” era también bárbaro a tocar la guitarra. Con ellos cantamos canciones revolucionarias, rancheras, todas esas cosas; celebramos el cumpleaños del compañero, y además la despedida del campamento, porque llegó casi toda la gente de Yalí.

Mónica: ¿Y cantaba Pomares, también?

Rolando: Hombré, fijate que le hacía.

Antonio: ¿Vos sabés que Germán fue el primero que a nosotros nos enseñó el Himno del Frente, que ahora es el del Ejército?

Rolando y Antonio: ¡Luchar, luchar, luchar, es nuestro grito de guerra, vencer, vencer, vencer, es nuestro ideal, y al grito de Patria Libre o Morir marcharemos al triunfo de la Revolución!

Antonio: Diario lo cantábamos e izábamos la bandera en los campamentos del “Danto”. Que, por cierto, nosotros no lo hacíamos en la montaña por cuestiones de seguridad. ¿Vos sabés? Recuerdo que la primera vez algunos pensábamos, este hombre nos vino a corromper porque ahora hay música, hay fiesta.

Sí, nosotros nos cuidábamos mucho y no volábamos ni un disparo; y ese hombre probaba las ametralladoras, probaba todo. Una vez “Macaco” Colindres agarró una Thompson, una ametralladora que andaba y comenzó a probarla, y brincaba de la alegría y “El Viejo” no le decía nada, y yo pensaba, ¡qué barbaridad, violando todas las normas de seguridad! Estábamos en la montaña, la Guardia estaba lejos, pero fijate que, ahora que me acuerdo, fue una época en que comenzaban las lluvias, los truenos y todas esas cosas; entonces él nos hablaba mucho de que, a veces en la ciudad, incluso, en algunos lugares cerca de la ciudad, él aprovechaba para hacer sus entrenamientos de verdad, al amparo de los truenos; entonces yo fui cogiendo la onda.

También con él comíamos muchas vacas. No limitaba en eso, había un ánimo increíble. Creo que fue el repunte completo, resultado de la unidad del Frente. Porque ese ánimo era producto de la visión de Pomares, de su orientación, su dirección, del carisma que tenía como jefe, de sus cualidades de mando increíble; pero era también porque el espíritu de unidad rondaba en cada uno de los corazones de nuestra gente. Todo mundo, en lo único que pensaba era en ganar, y estábamos ya totalmente claros y convencidos de la victoria.

Rolando: Pomares era un hombre aglutinador. Este “Chico Chiquito”, también conocido como “Macondo”5, era un compañero insubordinado a la autoridad del Frente, un hombre muy difícil. Ahí estábamos en el campamento de La Sotana, otros le dicen La Pavona, ahí en La Rica. Vino Pomares, lo agarró y lo paró en treinta: – ¡Aquí vas a hacer lo que yo diga y te vas a subordinar a mí! Y lo llevó y participó en la toma de Jinotega, y lo hizo que hiciera caso.

Antonio: “El Danto” nos enseñó mucho, nos hablaba mucho. Se sentó una noche, nos comimos una vaca, y toda la noche hablamos de la necesidad de incorporar a los campesinos, de la seguridad increíble que tenía de obtener el triunfo antes que terminaran las primeras lluvias, y fue efectivamente así, como lo dijo “El Danto”, que se logró obtener la victoria.

Mónica: Nos llama otro compañero que no quiso salir al aire, y dice que Vicente Padilla, el lanzador de las Grandes Ligas, es sobrino de Germán Pomares, es hijo de una hermana del Comandante Pomares. Por eso es Vicente Padilla Pomares. Dice que a Germán le fascinaba el béisbol. Por eso también se le puso al equipo del Ejército Popular Sandinista Los Dantos, porque se sabía que a Germán también le gustaba, como a muchos nicaragüenses, el béisbol6.

¿Cómo se dio el ataque a Jinotega?

Rolando: Cuando nosotros llegamos a La Sotana, están de jefes Antonio Castillo, Héctor Flores y Mario Bolaños. Hacemos una sola columna y ya éramos casi trescientos. De nuestro recorrido desde El Jícaro, ya veníamos más de cien, porque la columna nuestra viene recogiendo a un sinnúmero de combatientes que hay a lo largo del camino; Prudencio Serrano, por ejemplo, estaba en El Zúngano. Nosotros atacamos El Jícaro y nos fuimos donde Prudencio. Y se iba sumando un sinnúmero de campesinos, se iban integrando compañeras, hubo una participación grande de compañeras. Ahí se sumó Thelma Rodríguez, “Yaoska”, esposa del chino Quant. Entonces cuando nosotros llegamos a La Sotana, ya la columna es grande, trescientos y tantos hombres con FAL, con Thompson.

Antonio: Recuerdo que en esa ocasión, para tomar Jinotega nos sentamos ahí todos los jefes, estaba “El Danto”, Roberto, Vanegas; el único de los que estábamos ahí que realmente conocía la ciudad era Norwing Altamirano “Calixto”, ese era el Político de la columna que yo estaba mandando en ese momento. Agarramos un cartón viejo, e hicimos el croquis de Jinotega.

Rolando: Para la toma de Jinotega, salimos de La Sotana hacia la finca de café Santa Fe; ahí nos juntamos, agarramos las camionetas de esa hacienda y nos acercamos a Jinotega siguiendo el camino que pasa por Asturias, San Pedro de Bucuimay, bordeando el Lago de Apanás.

Antonio: Según el croquis que hicimos con Pomares, Prudencio Serrano “Oscar” iba a entrar por el costado oeste. Nos bajamos de los vehículos unos cuatro kilómetros antes de Jinotega, y entramos por la parte norte. Avanzamos a pie. Nosotros entramos el propio día 18 de mayo, iba conmigo Héctor Flores “Casimiro”, quien cayó posteriormente. Íbamos en la vanguardia, por el centro de la ciudad. Nosotros entramos desde la primera noche, aunque se nos quedaron unos grupos en las colinas, porque la Guardia estaba emboscada. La verdad es que nosotros pasamos por un lado de la Guardia y ésta no se percató. Las columnas que entraron en la madrugada sí entablaron combate, algunas incluso la misma noche.

Entramos al combate y avanzamos, logrando llegar una cuadra antes del Comando, logramos arrinconar a la Guardia, y comenzaron a entrar con facilidad el resto de las columnas que no habían entrado; se armó un formidable combate, hicimos numerosas bajas. En el camino, en todos los prostíbulos encontramos muchos guardias, porque esa era su conducta, andar drogados en los prostíbulos. Ahí recuperamos armas de muchos guardias que fueron quedando en el camino; algunos quisieron enfrentarse y no pudieron, pues realmente era una cantidad enorme de compañeros los que estábamos bajando. Todo se combinaba, los ánimos de entrarle al asunto, la planificación como inicialmente la orientó “El Danto”. Fue increíble porque pudimos entrar con facilidad, se hizo una distribución. Yo no sé si este hombre había recibido algún curso militar, probablemente sí, alguna orientación, en Cuba o en otro lado.

Mónica: Sí, recibió varios entrenamientos, incluyendo el del Coronel Santos López7 del EDSNN. Y sí, parece que “El Danto”, según dicen los profesores en Cuba, fue uno de los hombres que más se destacó, por sus reflejos, su astucia de estratega militar, a pesar de haber llegado sólo hasta tercer grado. Tenía eso que Clausewitz llama el olfato, el instinto de estratega.

Antonio: No sé cómo hacía él, era un hombre parco para hablar; pero cuando se sentaba, sus orientaciones nos daban certeza, una seguridad increíble de que las operaciones iban a ser efectivas, que el triunfo se iba a lograr.

Rolando: Cuando nos tomamos los vehículos en Santa Fe, para ir hacia Jinotega, en la vanguardia va Javier Carrión, que es el que entra primero a Jinotega; Pomares queda de último en las columnas de las camionetas, y da la casualidad que yo voy en la camioneta con él, entonces le digo: –Viejo, andate adelante. Va manejando “Chano”, Alberto Irías. Entonces me dice: –No, váyase usted adelante, yo me voy a ir atrás. Él se fue atrás en la tina, como un compañero más, y yo adelante con “Chano”, y con un baqueano que nos iba dirigiendo a la carretera. Cuando llegamos a la entrada donde estaba el retén de la Guardia, ya había pasado el resto de la tropa, nos ataca a nosotros; él viene en la camioneta, ahí viene Vanegas. Nos bajamos de la camioneta, rodeamos el puesto que había ahí de la Guardia, donde había dos o tres guardias, les tiramos unos cuantos tiros y se corrieron.

Y aquí ocurre una anécdota de la que aún hoy nos reímos. Después de esa escaramuza, nos toca irnos a pie; adelante de nosotros iba el pelotón de “Maceo”, de Pedro Agurcia; como ellos escucharon la balacera, se emboscaron. Me mandan con el baqueano adelante. El santo y seña que habíamos puesto era “caballo-reloj”; entonces cuando yo voy adelante, no me dicen: – ¿Quién vive?, sino que directamente nos vuelan tiros. Entonces, Vanegas, quien estaba como a doscientos metros de distancia, llega en carrera y me pregunta: – ¿Qué pasa? Nos están volando tiros –le digo. Entonces él grita: – ¡Idiay, ¿quién vive?! ¡Caballo! –contestan. Vanegas era un tipo furioso, de mal carácter, y se levanta con el FAL, diciendo: – ¡Caballo, caballo sos vos jodido, no ves que somos de los mismos! Todos nos echamos a reír. Nos pusimos de acuerdo con Pedro Agurcia y nos juntamos. Nuestro grupo, en el que iba Pomares, esa noche no entramos a la ciudad de Jinotega, pues ya nos habíamos quedado rezagados, y nos subimos un poco a un cerro. Pomares dijo: –Esperemos, vamos a entrar en la madrugada. Nosotros nos quedamos en la orilla, debajo del cerro La Cruz.

Antonio: Enfrente, a la izquierda.

Rolando: Enfrente exactamente. Y ahí pasó otra anécdota. Se había acabado el agua, y pasamos una quebrada y nos inclinamos a beber agua. Entonces dice Pomares: – ¡Pish, pish, pish, esperen!, espérense, puede ser que el agua esté envenenada, que la Guardia haya envenenado las fuentes de agua para acabarnos. Cállense. Y se queda escuchando. De repente, oye croac, croac, unas ranas, y dice: – ¡Okey!, ahora sí beban, hay sapos vivos, no está envenenada. Entonces bebemos y comenzamos todos a llenar las cantimploras. Cuando amanece, llegamos a donde está toda la gente, nos preguntan: – ¿De dónde bebieron agua ustedes? –Allí en la quebrada. –Pero que bárbaros, si ahí es donde caen las aguas negras de Jinotega. En ese momento se enfermó un montón de gente a la que, si no le hubieran dicho eso, no le pasa nada. ¡Es cuestión psicológica!

Antonio: “El Danto” se enfermó con esa agua, le dio una diarrea terrible; le dieron una medicina, ahí nomás se sanó, gracias a Dios. A mí no me pasó nada, tenía un estómago de piedra.

En la tarde del 22 de mayo, después de duros combates, la Guardia nos ha reculado hasta un lugar donde quedaban las bodegas de INVIERNO, al otro lado, casi a la orilla de un guindo, hasta donde nos llevó en su arremetida. Ahí estábamos con “Roberto”, Javier Carrión, y estaba “Oscar” Prudencio Serrano, y Salvador Vanegas. En un lugar donde estaba disparando la Guardia, Javier Carrión se cruzó la calle primero, y no pasó nada. Después se cruzó “El Danto”, y ahí le dieron un balazo. Recuerdo que él cayó pegado, incluso muchos compañeros recuerdan eso, que él dijo: –Quiero ver cómo está el asunto, y entonces él se puso a...

Mónica: ¿Dónde fue el balazo?

Antonio: Fue en el costado izquierdo, en la parte baja, lo cruzó. Cuando él dijo: –Hombré, dejame revisar. Él hizo pipí, entonces salió sangre, y dijo: –Estoy listo. Sabía que le habían dado en algún órgano vital. Ahí expresó que nos olvidáramos de él, porque nosotros hicimos intento de meterlo al hospital.

Ahí estaba “Maceo” Agurcia, Prudencio Serrano, Nelson Castillo, Salvador Vanegas. Estaban los principales jefes de pelotones y se analizó también la posibilidad de sacarlo a Honduras, pero realmente no se pudo. Ocurrió otra situación inesperada. A la Guardia le entró un refuerzo de Managua que quiso entrar por Matagalpa. Parte de una unidad que dirigía Nelson Castillo se emboscó en Selva Negra, ahí quedó una tanqueta de la Guardia, ahí está todavía en la entrada de ese hotel. Pero entonces, no podíamos sacar al “Viejo” por esa ruta.

Otro factor que nos afectó es que estábamos hablando en función de un operativo conjunto a nivel nacional, y creo que las otras unidades en el resto del país no entraron, no tuvieron la oportunidad de entrar de manera coordinada, y entonces tuvimos que hacer ese repliegue, ya con “El Danto” herido; bastante tortuosa la retirada porque salimos por el lado del panteón, por el costado noreste del panteón; subimos el cerro con “El Viejo” que se nos iba muriendo. Recuerdo que iba montado en un caballo, iba quejándose horriblemente del dolor en la herida.

Cuando ya estábamos en el borde, en la orilla del Río, en una bajura ahí, con el Comandante Pomares herido, un grupo en el que estaba Prudencio Serrano, “Casimiro” y otra gente, le tiraron varios tiros a la Guardia; creyendo que nosotros la teníamos rodeada, salió en estampida. Eso fue los que nos permitió salir a nosotros.

Rolando: Se suponía que Álvaro Baltodano y Bayardo Arce iban a atacar en Matagalpa para impedir los refuerzos, pero eso no se dio. Mauricio Zelaya, que estaba por el lado de San Rafael, iba a atacar ahí, también para que no entrara la Guardia. Esos ataques no se dieron, y quedamos aislados, e incluso nos metieron los tanques.

Antonio: De la muerte del “Danto” no se comentó con los combatientes; por eso la mayoría de los compañeros no se dieron cuenta. Incluso todas las cosas pasaron muy rápidamente. Se enterró ahí, en el cerro La Cruz, y nos retiramos.

La retirada por cierto fue tortuosa, porque tuvimos que dar la vuelta por el sector donde vivía el famoso curandero Nando. Ahí le quitamos un buey viejo, lo comimos cocido con sal y, como bastimento, mango verde. Fue terrible ese asunto. No había alimentos ni nada, porque por parte de la población civil de Jinotega la cooperación fue muy pobre, sólo se sumó en la medida que se iba incrementando el combate.

Sí hubo alguna incorporación al final, porque cuando se hizo la repartición de armas y de algún dinero que todavía le había quedado a “Roberto”, a mi grupo nos dieron unos treinta fusiles más; porque cuando entramos, nosotros éramos unos cuarenta y cinco combatientes, entre los que iba el grupo de “Chico Chiquito”. Me tocó lidiar con él porque era un viejo bastante rebelde, irredento, realmente un delincuente. Así que a los cuarenta y cinco, se nos sumaron unos treinta. El último día se sumó Alejandro Espinales, ya Norwing Altamirano iba con nosotros. “Roberto”, Javier Carrión, me orientó: –Mirá, regrésate para tu zona de operaciones, que era la Hacienda El Cielo, ya prácticamente en la profundidad de las montañas de Jinotega, y me tocaba caminar más o menos, unos tres días y unas tres noches.

Entonces nos distribuimos la plata y nos retiramos, buscando regresar a mi zona de operaciones, el sector de Quilalí. La gente iba bien golpeada, con pocas municiones, pero con un ánimo increíble. Nos detuvimos a descansar en los alrededores de la pista de aterrizaje de Jinotega, por donde fue la escuela militar en los años ochenta, y nos llegó un correo con la orden de que nos tiráramos inmediatamente a Matagalpa. Carrión ya se había dispersado con los jefes de pelotones que ellos tenían, con los Agurcia, Salvador Vanegas, con Manuelito, Santana Plata.

Nosotros nos fuimos de cruzada y caímos directamente donde era aquel hospital para enfermos de los pulmones: Aranjuez. Recuerdo que una monjita se puso a despiojarme, porque andaba cundido. Ahí nos reunimos, nos reabastecimos un poco, nos llegó munición. Ya nos estaban llegando los primeros vuelos aéreos de municiones, ya teníamos los FAL nuestros, y fue entonces que caímos posteriormente a Matagalpa: sin “El Danto”, pero ya con una experiencia organizativa-militar, con las orientaciones que nos había dado “El Danto”.

Ahí, en la insurrección final de Matagalpa, estuve en todos los combates. Me hirieron tres veces. Uno fue el 16 de julio, porque aún el 19, estábamos volándonos tiros con la Guardia. En la quema del cuartel, me dieron un balazo en la nalga; después, un refilón en cada pierna, y el último fue en la mandíbula. Todos sin importancia. Entonces, ahí me dijo “El Zorro”: –Mirá “Igor”, no te sigás fajando, que ya esto lo tenemos en la bolsa. Me cambió un fusil, me dio un FAL y andaba ahí pajareando por órdenes de él.

Rolando: Carrión nos dividió en dos grupos. En la toma de Jinotega, me habían herido en los dedos de la mano izquierda, con los que tomaba el guardamano del fusil, y luego unos charneles de un tanquetazo, pues la Guardia nos entró a tanquetazos. La compañera Nereida Sánchez salió herida en un ojo, por los charneles de un disparo de la tanqueta que estalló en una barricada.

Yo salí para el Cerro Cuba, donde estaba Elías Noguera. En el camino, nos emboscó la Guardia, como a diez kilómetros del cerro La Cruz, buscando la presa de Apanás, por El Cacao, y nos mató a la mayor parte de los compañeros, incluso al baqueano, su seudónimo era “Nacho”, también a uno que le llamábamos “José”. Yo salí con dos compañeros, uno que se llama Ronaldo Tapia Cordero “El Toro”, que es de Diriamba, y Luis Corea Pino, activo del Ejército. Salimos para Honduras, porque los tres íbamos heridos, y allá caí preso. En Honduras estaba, cuando el triunfo de la revolución el 19 de julio.

Comentario de la autora: En nuestro programa radial, recibimos una carta de una compañera, quien afirmó que después de la salida de Jinotega, se produjo un combate desigual entre uno de los grupos de combatientes que se retiraban, en Asturias, propiamente el 11 de junio. Parte del relato dice lo siguiente:

“También quiero que me haga mención de un tío, Francisco Zeledón Herrera, murió junto con otros ocho compañeros en Asturias. Mi tío, que fue capturado por la GN y luego torturado y matado en la cárcel, fue hecho pedazos, y echado en un saco y tirado en un canal del Lago de Apanás el once de junio. Al siguiente día fue capturado un hijo de él, de diez años de edad. Le ponían chuzos eléctricos en el ano, queriendo sacarle información sobre la familia. Otros fueron capturados heridos y uno de ellos fue asesinado en el quirófano de Matagalpa por el doctor y Coronel GN Augusto Flores Lovo”.

Compañeros de Jinotega me confirman esta matanza en Asturias el 11 de junio de 1979, en donde cayó también Ivania Gutiérrez Rizo, Francisco Zeledón “Chelona”, también cayeron Mauricio Altamirano Blandón y Omar García Úbeda “El Pichón”. Este último era un futbolista extraordinario.

Sobre la muerte del “Danto”, Javier Carrión, el Comandante Guerrillero segundo al mando de Germán Pomares, hace este relato:

“Pomares era un hombre que tenía mucho fogueo en la guerrilla, se sabía cuidar y conocía muy bien al enemigo; su misión era más bien dirigirnos a nosotros, los jóvenes y menos expertos. Después de estar dos días en Jinotega, como no se pudo coordinar el ataque simultáneo a las otras ciudades, la Guardia estaba enviando fuertes contingentes a reforzar Jinotega. Ante eso, desde el mediodía del tercer día, sostuvimos una reunión de mando para decidir la retirada. Estábamos Pomares, el compañero Héctor Flores, Cristóbal Vanegas y yo. Estamos en un bajo, entre una falda y el río, esperando información de las escuadras que tenemos dentro de la ciudad, cuando se produce una ráfaga que es dirigida a nuestro grupo, pero que sólo hiere al Comandante Pomares. En ese momento, la Guardia está lanzando una contraofensiva contra los flancos de nuestras posiciones. Nosotros logramos observar los movimientos de la Guardia y posicionamos nuestras fuerzas con intención de contener el contraataque. Después del triunfo, yo logré averiguar que un francotirador, en una parte alta de la ciudad, había detectado cuatro guerrilleros juntos, y había lanzado la ráfaga contra ellos. Los cuatro guerrilleros éramos los jefes de la operación. Uno de los proyectiles de la ráfaga le penetró a Pomares en el abdomen.

Es una herida muy peligrosa y él lo sabe. Se requiere una operación en un hospital con condiciones adecuadas de higiene y buen instrumental. Él cae herido, pero sigue dirigiendo. Ordena mantener las posiciones hasta que venga la noche y efectuar el repliegue. Nosotros contemplamos dos opciones, una era retomar una parte de la ciudad para operarlo con los médicos de Jinotega, y la otra era apartarnos de la ciudad para ver si lo podíamos evacuar después a Matagalpa.

Yo nombro a Cristóbal Vanegas, jefe de la escuadra que lo va a proteger a él y a evacuarlo de la ciudad, con la intención de buscar después una atención médica superior. Estábamos en ese intento, habíamos evacuado la ciudad en la tardecita y la noche del día en que fue herido, pero desgraciadamente, el Comandante Germán Pomares “El Danto”, falleció esa madrugada. No resistió, posiblemente, la hemorragia interna que sufría. En los primeros momentos después del tiro, él quedó semi-desmayado, pero al rato se recupera y ordena la defensa momentánea del lugar, para luego hacer una retirada total de la ciudad.

Él comentó: – ¡Me mataron! Después siguió dirigiendo. Él sabía del peligro de la peritonitis, y por eso a ratos se levantaba y caminaba, estaba consciente de que se moría; ¡fue muy valiente en su heroico final!” (Carrión Montoya, Luis: pp. 157-158).

Mónica: De la cronología publicada por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, tomo este relato que parece hizo un médico jinotegano al que fueron a buscar y que le asistió en sus últimos momentos. Dice:

“Fue herido el martes 22 de mayo entre las tres y cinco de la tarde y murió el jueves a las tres de la mañana, un 24 de mayo. Había un compa que se llamaba “Nicolás”, y le decían el doctor. El jueves por la madrugada me despertó para que le pusiera una inyección, pero cuando me acerqué estaba muerto. Entonces me dijo que no dijera nada y formamos un cordón para que no se dieran cuenta y que no se les bajara la moral a los compañeros. Entonces me sugirió que le pusiera una inyección y suero ya muerto. Le decían “El Danto”, porque por lo general este es un animal que se caracteriza siempre por ir adelante.

Estábamos sólo dos jinoteganos, una muchacha de nombre Mara, y yo. Cuando enterramos al Comandante Germán Pomares, marqué el punto donde quedó. Era a media hora de Jinotega”...

Rolando: “Nicolás” no era médico, sino el sanitario; creo que el nombre era Amadeo o Amado Ruiz. Era un compañero que le habían enseñado los primeros auxilios, venía con nosotros desde el inicio y fue el que asistió a Pomares cuando fue herido. Pero en Jinotega se buscó a un médico, que fue quien lo atendió en sus últimos momentos. A Germán se le quiso poner suero, pero él dijo que no. Como decía Antonio, él dijo: –Hombre, si vuelvo a orinar en la mañana, sigan haciendo el esfuerzo para sacarme; si no orino, es que estoy listo. Todo mundo buscando que orinara el hombre. Mara creo que era la compañera de “Nicolás”, quien cayó después del triunfo en un Batallón de Lucha Irregular, en la lucha contra bandas contrarrevolucionarias.

Mónica: Germán Pomares participó en el asalto a la casa de Chema Castillo. Después estuvo en Cuba y fue allá, a lo largo de 1975, donde de puño y letra escribió unas notas que son las que nos han quedado como testimonio escrito de su vida. Las últimas palabras de ese escrito son las siguientes:

“Después de la acción para sacar a los compañeros... (Se refiere a la acción de la casa de Chema Castillo)... Habían pasado cinco meses desde que salí de mi casa para no regresar nunca hasta el día de la victoria o hasta el día en que me encuentre una bala descarriada, aunque es en lo que menos pienso. El regreso a Cuba me alegra, la Revolución está más avanzada. En todo este tiempo dentro del movimiento he tenido días de gran satisfacción como revolucionario, parece que el nuevo militante es más consciente, últimamente a los compañeros de la clase más preparada, los estudiantes, que vivían bien, ya no se les ve la pedantería, aunque veo de vez en cuando cositas, pero ya no es igual. En lo personal yo no tengo quejas de ninguno. Espero que los compañeros de dirección ayuden mucho en esto”.

Antes de concluir, como es costumbre y tradición del programa, les pedimos a nuestros invitados que dirijan un mensaje a nuestros oyentes, y en particular a los jóvenes y a toda esa audiencia que nos escucha cada sábado con mucha esperanza y entusiasmo. Le vamos a pedir primero a Armando que tome la palabra, ¿qué querés decirle a la gente?

Armando: Bueno, yo quiero manifestarles lo siguiente: que nuestra lucha continúa, que no hemos terminado todavía, que seguimos librando batallas y seguimos luchando, porque tenemos que conquistar algunas cosas que nosotros habíamos ganado y que las hemos ido perdiendo; y que esto sea una motivación para todo el pueblo sandinista, que es la mayoría del pueblo de Nicaragua, que apoyemos a nuestra organización que siempre será y responderá por los intereses de los proletarios, de los humildes, de los pobres, de los campesinos y de los estudiantes; que siempre ha sido el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Eso es lo que me resta decir modestamente.

Antonio: Mi mensaje es que no hace falta otra guerra, nadie la quiere. Tenemos la experiencia de hacer las cosas por amor al pueblo y con el corazón, porque nos dimos con mucho cariño, todos estuvimos dispuestos a que nos mataran. Muchos dieron sus vidas. Hay una cantidad increíble de compañeros que no están con nosotros, valiosísimos, que aprendimos de ellos.

Tenemos la oportunidad de enfrentar nuevos horizontes, de asumir nuevas responsabilidades. Ya nos enseñaron que la unidad es un factor indestructible en cualquier situación, circunstancia o momento. Ya nos enseñaron esas cosas, creo que habrá que sumar y no restar, creo que es la hora de estar más unidos, siempre con la visión de Pomares, de que el campesino tenga su tierra, que tenga su producto.

Rolando: Más que todo, quiero hacer un llamado a todas las fuerzas sandinistas, en aras de la unidad. Yo quisiera ver una unidad del sandinismo. Acordémonos de nuestros héroes, de nuestros mártires, de los compañeros que cayeron en abril, los que cayeron a lo largo de toda la lucha como Prudencio Serrano “Oscar”, Héctor Flores “Casimiro”, Cristóbal Vanegas, Germán Pomares y otros tantos compañeros que cayeron al lado nuestro, que dieron su sangre para ver a este país libre, en democracia, sin pobreza, sin miseria, sin corrupción, que es lo que estamos viviendo hoy, y que vamos a seguir luchando por esos ideales.

Creo que Germán Pomares, como dijo Bertolt Brecht, fue de los imprescindibles, de los que luchan toda la vida, un hombre que desde la niñez luchó por superar a su familia, y lo vemos desde muy joven meterse en actividades revolucionarias desde que se fundara el Frente Sandinista, es uno de los luchadores más grandes que ha tenido el FSLN.

Mónica: Gerardo Barreto Sequeira fue miembro del BLI Germán Pomares. Cayó el 8 de mayo de 1986 haciendo su servicio militar. Tenía entonces 19 años de edad. Había sido Secretario de la Juventud Sandinista en el Instituto Maestro Gabriel, fue alfabetizador, y después miembro del Batallón 30-62. Un extraordinario muchacho, hijo de un contador público. A Gerardo le gustaba escribir e imaginar. Si hubiera sobrevivido, tal vez hoy sería escritor. Entonces, él dice que cuando estaba combatiendo, él se imaginaba qué estaba pasando en el otro lado de las filas, y qué estaba pasando a este lado de las filas.

Voy a leer un trozo de una de las bellas cosas que envió en una carta que escribió este compañero antes de morir:

“De repente, por la izquierda del borde delantero enemigo, veo que sale El Macho Negro, a su lado El Chele Aguilera, más para allá está Alesio, Vulcano y Bravo, y ahora todo se ve más claramente en la profundidad, detrás de los guardias está un bacanal, una orgía con un montón de prostitutas escandalosas de todos los colores, formas y tamaños.

Y a la par de sus risotadas se oyen gritos desgarradores de torturados, una gran nebulosa de oscurantismo e ignorancia divaga detrás de la línea enemiga y de los virus de la polio, de la tifoidea, de la sífilis y muchos otros producidos en millones de meses danzan detrás de los guardias. Puedo percibir los gritos de las campesinas violadas y torturadas que nos llegan de ese lado.

Un grupo de muchachos fuma marihuana y a la par de ellos, unos niños con diarrea se arrastran por el suelo. La Guardia nos sigue disparando muerte, me quisieron matar pero no pueden, me doy cuenta que paradójicamente me quieren matar a mí, porque no les doy ángulo de tiro para dispararle a la multitud que está detrás, pero no pueden matarme porque precisamente tenemos a un ejército, a un pueblo, detrás.

Un ejército que a una orden se desplaza y por especialidad empiezan a ocupar posiciones. Unos vacunando, otros enseñando, otros produciendo y así iban todos y cada uno ocupando posiciones y aquel chigüinero sin que les ordenen corren a jugar, a estudiar y a crecer. Yo no sé qué pasa aquí, pero lo que sea, es precioso.

Oigo un disparo raro, seco, y después de cada disparo un manipulador. Me fijo y es un campesino casi en harapos que dispara un Springfield. Por mi derecha se aparecen un montón de flacos, barbones, con boinas y armas heterogéneas. Dicen que subieron desde el Frente Sur, un compa que se tapa la cara con una máscara tipo Güegüense al grito de “Viva Monimbó” neutralizada la ametralladora enemiga con una bomba de contacto.

No puedo seguir viendo mucho porque un corito de silbidos me pasa por encima de la cabeza, ahora se oye la voz del Jefe, nunca he oído esa voz, lo busco y, ¡pero si es el mismo Danto! con su sombrerito y barbudo”.



8 de abril y 27 de mayo de 2000







NOTAS


1 Tengo en mi poder la grabación de una entrevista que Germán Pomares brindó en 1976, en Costa Rica, al compañero socialista Roger Vázquez. Germán relata en dos horas su lucha hasta el año 1970. Es un valioso material que contiene detalles sin publicar sobre la dureza de su vida como obrero, sus primeros pasos en la lucha, su viaje a Cuba y su visión sobre las guerrillas de Raití-Bocay y Pancasán

2 El 13 de mayo, Francisco Rivera llegó al Cerro Las Cuchillas, conocido como Cerro Cuba. Ahí se reunieron Germán Pomares, Elías Noguera, Javier Carrión, Cristóbal Vanegas y Pedro Agurcia. La Columna Oscar Turcios estaba acampada en La Sotana, cerca de San Sebastián de Yalí. El grupo que recibió al “Danto” estaba encabezado por Antonio Castillo, Héctor Flores y Prudencio Serrano. (Sergio Ramírez: La marca del Zorro: pp. 241-242).

3 Según las cronologías oficiales, este ataque a Yalí se produjo el 9 de abril de 1978.

4 En 1979, Elías Noguera me entregó el Diario de Germán Pomares, el que entregué a René Núñez para su resguardo por la Dirección Nacional. De ahí pasó al Museo de la Revolución, que durante muchos años estuvo en el Complejo Eduardo Contreras del Mercado Roberto Huembes.

5 “Macondo” o “Chico Chiquito”, eran seudónimos de Denis Ortega.

6 Consultamos con el compañero Narciso Salazar, ex-alcalde de El Viejo, y confirma la información de este oyente. Luego German Pomares Herrera, hijo del héroe nos reafirmó: “Vicente Padilla es sobrino de El Danto, es hijo de una hermana de padre de mi abuelo Ángel Ordoñez”.

7 Según la entrevista que brindó Pomares en 1976, y cuya grabación tengo en mi poder, en la guerrilla de Raití y Bocay, él se le pegó al Coronel Santos López, fue de los pocos que compartieron su propuesta de plan y permanecieron disciplinadamente al lado del Coronel, cuando ya en plena incursión una parte de la columna se indisciplinó a su mando.

Según “El Danto”, el Coronel Santos López no estaba de acuerdo con el plan de Guerrero y anticipó el fracaso de la incursión por el Río Coco. Incluso el Coronel no quería continuar en la misma, pero decidió sumarse para no afectar la moral del grupo.

Últimos comentarios del relato
  • Carlos Hernandez :

    Hoy me he deleitado con esta historia de Pomares y me siento orgullosos de haber pertenecido a mis 16 años al BLI German Pomares Ordoñez, y asi como se comentan de esos combates, asi nosotros los Cachorros, tambien a temprana edad supimos la bravura de la montaña y creo que tambien nosotros recorrimos todos esos lugares que se mencionan en este relato.

    12 Sep, 15
  • Admin :

    Estoy de acuerdo con Ud. El relato sobre Germán Pomares es de los que mas me gusta. Ademas, no tuve la dicha de conocer a German, pero considero que fue de los mas grandes y heroicos guerrilleros del FSLN de Carlos Fonseca

    21 Jun, 16

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