Memorias de la lucha Sandinista

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En este corrido se los cuento yo

                                                                             

                                   En este corrido se los cuento yo1     

                                                                           Edén Pastora


Edén Pastora Gómez nace en ciudad Darío, Matagalpa, el 22 de enero de 1936. Hijo de Pánfilo Pastora2, campesino asesinado por la guardia somocista, y Elsi Gómez. Estudia primaria en Matagalpa y secundaria en el Colegio Centroamérica, de Granada, regentado por los jesuitas. En 1957 se bachillera y viaja a combatientes.

En 1963, Edén participa en el intento de unificación del FRS y el Frente de Liberación Nacional (FLN), recién fundado, y se encuentra con Carlos Fonseca en El Patuca; pero no participa de la guerrilla de El Bocay. En 1963 el Presidente René Schick da una amnistía general para los luchadores anti-somocistas, de la cual se beneficia, reintegrándose a la lucha política bajo la dirección del conservador Fernando Agüero. Después de participar en la marcha del 22 de enero de 1967, fue capturado con treinta y un opositores más, y es liberado en marzo de ese año3. Se va de nuevo a Guadalajara, México.

En 1971 ingresa al país a trabajar por primera vez de manera orgánica con el Frente Sandinista de Liberación Nacional; es enviado con Tomás Borge a la montaña, donde permanece por corto período, porque entra en conflictos con el mando. Se retira totalmente de la lucha, y se dedica a trabajar en la pesca de tiburón en Costa Rica. Cinco años después, en 1977, el FSLN Tercerista lo contacta a través de Sergio Ramírez Mercado. Así se reintegra al FSLN, asumiendo luego tareas de conducción y propaganda del Frente Sur Benjamín Zeledón en sus distintos momentos ofensivos. En 1978 le asignan la jefatura de la “Operación Chanchera”, el asalto al Palacio Nacional. Para la ofensiva final, el Frente Sur juega un papel fundamental en el empantanamiento de las tropas élites de la guardia somocista, y libra combates con características de guerra regular.

Posterior al triunfo de la revolución, ocupa el cargo de Vice­ministro del Interior y luego Vice-ministro de Defensa y Jefe Nacional de las Milicias Populares Sandinistas (MPS). En julio de 1981 renuncia a sus cargos y sale para Panamá, expresando críticas a la conducción revolucionaria. En abril de 1982, se manifiesta abiertamente en contra de la Revolución Popular Sandinista, y realiza contactos con la CIA de los Estados Unidos, que desde 1981 impulsaba movimientos armados en contra de la revolución.

Como parte de los planes contrarrevolucionarios, Edén Pastora organiza ARDE, Alianza Revolucionaria Democrática, que abre un frente sur en la lucha contra la Revolución Popular Sandinista.

La CIA intentó durante varios años que los grupos contrarrevolucionarios Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), donde estaban los principales líderes somocistas, y la Alianza Revolucionaria Democrática, de Edén Pastora, se coordinaran; pero éste se resistió.

En abril de 1984, Edén Pastora proclamó la República Libre de San Juan del Norte, pero casi de inmediato fue desalojado por el Ejército Popular Sandinista. El 30 de mayo de 1984, sufrió un atentado al estallar una bomba de alto poder en La Penca, Costa Rica, donde Edén se aprestaba a brindar una conferencia de prensa en la que, supuestamente, denunciaría presiones que recibía de la CIA para unificar la lucha armada.

En 1986 anunció su retiro de ARDE y pidió asilo en Costa Rica, donde se dedicó nuevamente a su pequeña empresa pesquera en la localidad de Samara, Sanjuanillo, en el Golfo de Nicoya.

En mayo de 1987, Edén Pastora reconoció públicamente que la CIA le había suministrado material de guerra y acusó al teniente Coronel Oliver North, directamente implicado en el escándalo Irán-Contras, de estar detrás del atentado que sufrió en La Penca en 1984.

En 1989 regresa a Nicaragua para apoyar al Partido Social Cristiano (PSC) en la campaña electoral de 1990. En 1992, organiza el Movimiento de Acción Democrática; luego se postula como candidato a la presidencia por esa organización, en 1996, pero no puede participar por ser inhibido por el Consejo Supremo Electoral, que alegó que él tenía doble nacionalidad (nicaragüense y costarricense). En el año 2000, se postula como candidato a la Alcaldía de Managua y a la fecha se mantiene en la vida política a través de los medios de comunicación.

La Tendencia Tercerista del FSLN, organizada a mediados de 1976, se propuso desarrollar las insurrecciones en las ciudades aprovechando la acumulación de trabajo realizado en los años precedentes. Para ello se requería una audaz política de alianzas, una ofensiva política internacional que permitiera conseguir recursos materiales, armas y pertrechos militares, lo mismo que el aislamiento externo al régimen somocista.

El desarrollo de acciones ofensivas era vital, además, para incrementar la confianza en la victoria, tanto del pueblo como de los aliados nacionales e internacionales. Sumar la opinión pública internacional requería también de acciones visibles y espectaculares.

Dentro de esta política, la dirigencia Tercerista flexibilizó las rígidas consideraciones para la incorporación de nuevos miembros al FSLN, desencadenó con audacia las acciones militares en las ciudades, y desarrolló una política de información y publicidad que favoreció la gestión internacional de recursos.

Cierto es que para entonces había un acumulado de conciencia y organización en todo el país. Pero también hay que reconocer que, parte de la comunidad internacional tenía temor de la orientación ideológica de las fuerzas guerrilleras. El somocismo se había encargado de calificar al movimiento sandinista como comunista, y las declaraciones oficiales de nuestra organización tenían también un énfasis de clase, sobre todo porque, en general, la burguesía había sido aliada incondicional del régimen somocista, y sus pretensiones llegaron hasta la remoción del tirano pero dejando integro el andamiaje de exclusión e injusticia implantado por la dictadura.

La conducción Tercerista juzgó importante ampliar la imagen del FSLN con la incorporación visible de figuras anti-somocistas, pero de reconocida filiación conservadora, de extracción burguesa, y algunos declarados anti­comunistas. En este panorama, la figura de Edén Pastora era ideal para el movimiento Tercerista. No sólo por su reconocida historia conservadora y anti-comunista, sino porque su personalidad, su don de gente y su facilidad de manejo con la prensa, favorecerían la proyección que el FSLN necesitaba en momentos en que ya estaban creadas las condiciones insurreccionales en el país. Ya había un pueblo dispuesto a decir ¡hasta aquí nomás! ¡Ya no podemos seguir aguantando, mejor morir luchando que seguir soportando tanta humillación e ignominia!

Después del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, de la insurrección de Monimbó, y las huelgas del 78, una acción audaz como el asalto al Palacio Nacional, tuvo una enorme repercusión en el ánimo de las masas, y permitió liberar de las cárceles a un contingente fundamental de cuadros para las jornadas de la insurrección final. La toma del Palacio consiguió encender con ánimos de victoria al pueblo y despertó el interés internacional por la lucha del FSLN, que por aquellos días necesitaba dotarse, con urgencia, de un nuevo impulso combativo que permitiera oxigenar todas las formas y los frentes de lucha que ya estaban desplegados, poner al Frente Sandinista a la ofensiva y en condiciones de relanzarse en el camino del triunfo popular.

La acción del Comando Rigoberto López Pérez estuvo dirigida por Edén Pastora Gómez, lo que constituye un hecho imborrable de la historia. Madres de caídos nos reclamaron, días después de esta entrevista, por haber llevado a Edén a nuestro programa. Una de ellas recordó a su hijo que pasó varios días debajo del Barco Bremen, hasta salir con los pies engusanados, después de un ataque de ARDE que, además de provocar varios muertos y heridos, destruyó el barco donado por los hermanamientos alemanes.

Efectivamente ARDE actuó militarmente contra la revolución, sus fuerzas armadas, su juventud y pueblo organizados, y acabó con preciosas vidas de quienes sólo estaban buscando un proyecto alternativo, construido colectivamente; y ése es también un hecho histórico, que Edén nunca va a poder eludir.

Tan sólo para documentar algunas de sus acciones, reproducimos un párrafo de un reportaje presentado por la Revista Envío, sobre el inicio de las operaciones de esta fuerza contrarrevolucionaria.

“Pastora anunció que su lucha armada por la liberación de Nicaragua se iniciaría con toda su fuerza el 1 de mayo de 1982; y ese día, ARDE secuestró y degolló a 10 campesinos –promotores de educación de adultos, líderes de la UNAG, Delegados de la Palabra –, emboscó y mató a otros 32 cuando se dirigían a la celebración del Día del Trabajo y emboscó y mató a dos miembros del Ministerio del Interior en Río San Juan. La “guerra de liberación” tan anunciada tuvo así un comienzo muy cuestionable.

Durante la última semana de mayo hubo manifestaciones en San Carlos cuando llegaron a la ciudad los cadáveres de los reservistas muertos en combate contra el grupo de Pastora. Los reservistas sandinistas son jóvenes comprometidos, a menudo líderes en sus centros de estudio. Así era Marlon Zelaya, estudiante de arquitectura de 24 años y coordinador político en la Universidad Nacional, caído en la frontera sur. “Pero, ¿cómo dice Pastora que lucha por el pueblo cuando está matando a la gente del pueblo?” son los comentarios de Judith Ríos, Responsable de la juventud en San Carlos”. (Revista Envío: Número 24: Junio de 1983).

ARDE actuó militarmente durante dos años en los que muchos jóvenes reservistas y voluntarios fueron víctimas de las balas disparadas por esta organización contrarrevolucionaria.

Edén Pastora Gómez cuenta en este diálogo sobre la “Operación Chanchera”, su versión del origen de este operativo, su insistencia para realizarlo, las posibilidades de que fuese realizado conjuntamente como un acto unitario de las tendencias del FSLN, las vanidades humanas y el sectarismo político que lo impidieron; pero sobre todo, la victoria sandinista sobre el adversario, nuevamente humillado y obligado a ceder, lo que constituyó en menos de setenta y dos horas una victoria política completa.

Prácticamente sin bajas, se logró el objetivo de sacar de la cárcel a más de cincuenta presos políticos, y el pago de medio millón de dólares para continuar la lucha.

Mónica: ¿Cuál es el valor histórico del asalto al Palacio Nacional? ¿Cuáles fueron los entretelones de la organización y el desarrollo de esa acción?

Edén: Después de saludarte con todo el cariño de hermano sandinista, quiero saludar al pueblo de Nicaragua.

Quiero que este testimonio de la historia sea un homenaje, igual que a los caídos, a los vivos que participaron en ese operativo, héroes de este pueblo todos ellos. Cuando ya estemos muertos todos, la historia va a hablar de “antes del Palacio” y “después del Palacio”.

Después del operativo del Palacio, el pueblo le perdió el miedo a la Guardia, el instrumento represivo del somocismo. Este pueblo, ya cuando vio que los sandinistas nos habíamos metido a la cocina de la casa de Somoza, se tiró a la calle a luchar hombro con hombro con lo que era la vanguardia histórica del pueblo de Nicaragua, el FSLN.

Antes se habían dado hechos heroicos, históricos, como Octubre Victorioso, la guerrilla de Zinica y la de Pancasán, la guerrilla del FLN, del Movimiento Nueva Nicaragua (MNM) que después fue el FLN, los combates en Piedra Quemada, el ataque a San Carlos, a Masaya, etcétera. Todas estas acciones que prendieron la pradera, a la que la muerte de Pedro Joaquín Chamorro dio más viento. Pero fue luego del operativo del Palacio Nacional, cuando ya bosques, praderas, montañas y ciudades, empezaron a arder.

Haciendo remembranza, estábamos en León, en 1970; se acababan de dar los pactos Agüero-Somoza. Recuerdo que estábamos frente a un televisor blanco y negro, en el barrio de Sutiava, en una casa de seguridad muy famosa e histórica, la de los Bervis, del matrimonio de Magnus y Santos, por donde pasó todo el Frente Sandinista, desde el más humilde combatiente de base, hasta Carlos Fonseca Amador.

Estábamos Oscar Turcios, Pedro Aráuz y yo, sentados en unas bancas frente a un televisor, cuando Somoza firmó el pacto y luego le dio el lápiz a Agüero, y firmó. Oscar se disparó, se puso de pie, juntó las manos, se las agitó, cerró los puños y dijo: –Ahora sí, quedamos solos. Este pueblo nos tiene que apoyar. Se terminaron las paralelas históricas. Nueve años después estábamos en el poder.

En esa ocasión, no teníamos ni con qué comer, ni con qué fumarnos un cigarro. Los Bervis iban a cazar tortuga, garrobos o a pescar, para darnos de comer. Una vez se enfermaron, y no tuvimos quién nos diera de comer; teníamos tres, cuatro, cinco días en que por desayuno, almuerzo y cena, tomábamos café negro en un vaso ochavado y unas pupusas, unos picos, o un pan.

Una noche de ésas yo me acosté, después de tomarme el café negro, ya sin pan, pensando en la locura nuestra de tumbar un gobierno, de tomar el poder, y desde el poder hacer una revolución sandinista, democrática, que resolviera los problemas de las inmensas mayorías de este pueblo de obreros y campesinos que nos estábamos muriendo de hambre. Es demasiado idealismo, es demasiado amor, esto parece de locos, decía en mi pensamiento; pero estamos en el macho y tenemos que jinetearlo, no podemos echar pie atrás. ¿Y qué hacer? Hay que buscar el dinero para luchar. Pero el dinero lo tienen los ricos. Pues hay que quitárselos, lo que en ese momento se reconocía como acto de recuperación económica.

Entonces yo pensé, bueno, vamos a quitarle dinero a un rico, pero ¿qué rico? Tenía que ser un hombre con dinero y desacreditado ante el pueblo. ¿Y quién? Un somocista. ¿Y qué somocista?, yo me decía.

Después de recorrer varios somocistas, llegué a la conclusión que el más desacreditado era aquél que llamaba “el ciclón de la paz” o “el huracán de la paz” a Somoza, que era un diputado somocista que había reprimido a campesinos por quitarles tierra: Francisco Argeñal Papi.

Mónica: El “Zapatero Ingeniero”, le decían, porque era zapatero y le habían regalado el título de ingeniero.

Edén: El “Zapatero Ingeniero” Argeñal Papi. Entonces yo dije, bueno, hay que secuestrar a este hombre y quitarles los reales para comprar armas, movernos, etcétera. Pero, ¿cómo? Hay que hacer un estudio de sus hábitos, de sus costumbres y hay que seguirlo. ¿Dónde es más fácil localizarlo? En la Cámara de Diputados. Hay que seguirlo después de una sesión de diputados. ¿Una sesión de diputados en el Congreso?, dije yo pensando esa noche que no dormí, tal vez porque la cafeína no me dejaba dormir o tal vez el concierto de tripas que me hacían bumbumbum en el estómago, no se acomodaban aquellos intestinos vacíos.

Hay que seguirlo al Congreso. ¿Y por qué no al Congreso? ¿Y por qué no a todos ellos y ahí adentro? ¡En todo el edificio! ¿Y cómo? ¿Y con cuántos? Entonces dije yo, hay que capturarlos a todos, hay que secuestrarlos a todos ahí en el Congreso. ¡Hay que tomar el Congreso! Y esa noche, ocho años antes, ideé lo que el 22 de agosto de 1978 conoció el pueblo de Nicaragua y el mundo.

Muy a las cuatro de la mañana estaba despertando a Oscar Turcios y a Pedro Aráuz. Les toqué los pies: – ¡Despierten, despierten, despierten! ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? –me dice “El Ronco” Oscar Turcios ya con el arma en la mano. Entonces le digo: –Tengo un plan genial. ¿Cuántos millones de dólares querés? Cuando les digo aquello, me quedan viendo como que yo estaba loco. Y esa mañana y esa noche, y el otro día, y el otro día, fue conversar sólo sobre el plan del operativo al Palacio Nacional. Se reunieron los cuadros de mando ese año y se llegó a la conclusión que no se podía hacer porque no podíamos capitalizar los efectos políticos que iba a generar ese operativo, porque la organización no se había desarrollado en número y en calidad.

Después subí a la montaña y se lo platiqué a Henry Ruiz y a Tomás Borge: –Nos estamos muriendo aquí de tontos, nos mata el paludismo, nos mata una barba amarilla, nos mata el hambre, la Guardia, la anemia, los zancudos, los tábanos, las garrapatas, ¡vamos a tomarnos el Palacio!, eso va a prender esta cuestión. Siempre se llegó, en los ocho años, a la conclusión de que no teníamos la capacidad para capitalizar los efectos políticos que iba a generar, y que eso lo iban a capitalizar los conservadores o cualquier otro partido u organización.

Luego se dio la división del Frente, las tres tendencias. Los de la opción insurreccional habíamos atacado San Carlos, estaba la guerrilla a la ofensiva con el Frente Norte Carlos Fonseca Amador, donde estaban Daniel Ortega, Víctor Tirado López, Joaquín Cuadra y Dora María Téllez; por otro lado, estábamos nosotros aquí en el sur; se dio el ajusticiamiento de “El Perro Pérez”4, los combates de Piedra Quemada; se dio una porción de hechos que provocaron que toda acción de cualquiera de las tres tendencias, hubiera perdido interés político.

Una vez me llaman a San José, a una reunión urgente, y me encuentro reunidos a Humberto Ortega, Daniel Ortega, Tirado López, Herty Lewites y Carlos Coronel. La reunión consistía en analizar qué hacer con veinticinco mil dólares para seguir desarrollando la lucha, porque todas las acciones nuestras ya aparecían en las páginas interiores de los periódicos.

Mónica: Edén, pero antes, en 1974, se dio el asalto a la casa de Chema Castillo, que fue un secuestro masivo de somocistas, y a través de ello se consiguió la liberación de todos los presos de ese entonces, y también una cantidad sustantiva de dinero. Ése fue un golpe muy importante. El Comando estaba integrado por un grupo selecto de militantes y también constituyó un duro golpe a la dictadura. Claro que no estaban las mismas condiciones.

Edén: No era tan grande o tan importante como el Palacio. Lo que pasó es que el Frente, en ese momento, no había alcanzado el desarrollo orgánico a nivel nacional e internacional para capitalizar los efectos, y entonces el operativo a la casa de Chema Castillo quedó como un grito en el desierto, como una tempestad en un vaso de agua. No se le pudo dar seguimiento por la falta de desarrollo de la organización; que si el Frente hubiera tenido en 1974 el desarrollo que teníamos en 1978, ese operativo hubiera sido, en el papel histórico, lo que fue el del Palacio.

Definitivamente, las dos acciones son comparables, son heroicas, y yo acostumbro a reconocer el mérito de los otros compañeros; por ejemplo, Hugo Torres tuvo la dicha de participar en los dos operativos, es el único, tiene ese mérito histórico. Reconozco definitivamente que el operativo a la casa de Chema Castillo ¡fue un bombazo político!, un golpe igual al del Palacio.

Mónica: Claro, pero en otras condiciones, como vos señalas. En el año 1978, ya había un crecimiento insurreccional y de las formas organizativas, ya había ocurrido la muerte de Pedro Joaquín Chamorro, que también fue otra bomba.

Edén: En definitiva, ya estaba un estado pre-insurreccional, estaba el Grupo de los Doce, que muchos compañeros no entendían el papel de Los Doce, que nos permitió un trabajo internacional y que aisláramos a Somoza en el exterior. Entonces, estaba el caldo positivo para que se diera ese operativo del Palacio.

A mí me llaman a esa reunión y me incorporo con mis jodederas, como siempre, bromeando, vacilando en el lenguaje mío, el modo que dicen que es folclórico; nada de folclórico, campechano digo yo, mi modo de ser pues. Entonces vienen y me dicen: –No, hombre, oíme, es que estamos preocupados; ya todas las acciones que hacemos de aquí en adelante, después de las que han pasado, después de la toma de la casa de Chema Castillo en 1974 y las acciones heroicas de toda naturaleza, muertes heroicas, que han ocupado las primeras planas en los periódicos, etcétera, ya ahora lo que hacemos aparece en las últimas páginas interiores, en letras chiquitas. ¿Qué hacemos? Entonces fue cuando les dije: –Llegó la hora de que hagamos la “Operación Chanchera”.

Mónica: ¿Desde cuándo le llamabas así?

Edén: Desde 1970, 1971 ó 1972, “Operación Chanchera”5. Aquello era un atajo de cerdos metidos ahí, haciéndole el juego a la sucesión dinástica, a la dictadura. Entonces, cuando yo dije eso, Herty, con su modo también campechano, me dice: – ¡Qué jodés vos con esa locura, Edén! ¡Vos lo que querés es que ese loco los asesine a todos ahí metidos! Herty no se acordaba de haberme dicho eso; una vez se lo pregunté a Humberto en una plática hace dos años, Herty estaba ahí, y le dice Humberto: –Es cierto, vos dijiste eso.

Lo discutimos toda esa tarde porque les dije: –Dame diez mil dólares de esos veinticinco mil, y vas a ver que tumbamos a Somoza. Vamos a crear condiciones, ¡aquí no queda otra! Lo discutimos, lo sometimos a votación y quedamos empatados porque Daniel, Humberto y Herty dijeron que ¡no!; Tirado López, Carlos Coronel y yo dijimos que ¡sí! Hasta el otro día fue que Daniel desempató la cosa. Dijo Daniel, volteándose hacia Humberto: –Démosle los diez mil dólares, hombre, que lo vaya a hacer.

Lo más importante no eran los diez mil dólares, sino tener el permiso, que me quitaran la luz roja, no pasar por la amarilla y ¡pas!, me ponen la luz verde. Entonces se empezaron a montar las condiciones del operativo. Salí para Panamá disfrazado de gentleman, con un saco exclusivo, un pantalón y una camisa exclusiva, y zapatos florsheim. Ya en Honduras, me incorporé a las estructuras de ahí; estaban Araceli, la compañera de Joaquín Cuadra, y su hermana Lucía; y estaban los que acababan de salir de la guerrilla por Wiwilí, El Coco, El Patuca, y se habían escapado de morir de hambre: Hugo Torres y “El Zorrito” Francisco Rivera.

Costó que me pasaran de Honduras a Nicaragua, y ya estando, aquí, me castigaron; me tuvieron quince días viviendo en un gallinero, ahí en Chinandega, por el color de socialdemócrata o de burgués; en el Frente Interno no me veían muy bien.

Mónica: En el FSLN, en todas las tendencias, siempre hubo ciertos conflictos y cuestionamiento entre las estructuras interna y la externa; pero sobre vos, también había reservas ideológicas. ¿Supiste vos de esos recelos que se manifestaron de parte de Dora María, Oscar Pérezcassar “El Gordo Pin” y Joaquín?

Edén: Sí, es cierto; los de adentro cuestionaban a los de afuera; los de afuera cuestionaban a los de adentro; y yo estaba en medio del combate, en fuego cruzado, porque yo reconocía el mérito y el trabajo interno, verbo y gracia, cuando regresé del operativo del Palacio Nacional y le explicaba al Frente Sur la organización que había en el Frente Interno. Los del Frente Sur se reían de mí, y me decían que era que me habían engañado, que yo era tonto, idiota, que era fácil que me impresionaran.

Entonces les dije que si no hubiera habido esa organización, habría sido imposible montar ese operativo del Palacio Nacional. Para el Frente Sur, yo era mal visto porque defendía a los del Frente Interno, y para los del Frente Interno era mal visto porque pertenecía al Frente Sur. Era tremendo. Y sí, yo no era bien visto por Dora María, Hugo Torres, Oscar Pérezcassar, a tal extremo que después del triunfo de la revolución, presionaron a la Dirección Nacional para que me dejaran fuera, y me dejaron fuera. Me querían freír en aceite, y yo era consciente de toda esa problemática. Yo era el burgués porque en mí veían el Pastora de la burguesía agropecuaria y de extracción conservadora. Ese color, ese estigma, lo llevé dentro del Frente desde siempre.

Recuerdo que en 1967 no me dejaron ir a Cuba porque, aunque era honesto y valiente, decían, era conservador, agüerista, chamorrista. Así fue cómo yo fui el único comandante que nunca fue a Cuba, sino hasta después del triunfo de la revolución.

Mónica: Bueno, varios comandantes no viajaron nunca a Cuba, sino hasta después del triunfo de la revolución. Yo nunca estuve en Cuba, Bayardo Arce tampoco, y otros más, pero ése es otro asunto. Seguí contando, decías que estabas en Chinandega, castigado en un gallinero.

Edén: Hugo Torres cuenta esa anécdota como castigo al socialdemócrata. Entonces después me llevaron a Chichigalpa, a la casa de la familia de Carlitos Rojas. Ahí estuve escondido. Después ya pasamos a Managua, y en Managua se puso en práctica un acuerdo que se había tomado en Panamá, en uno de los intentos de unidad de las tres tendencias del FSLN. Ahí estaban Jaime Wheelock, Henry Ruiz, Humberto, Daniel y Tirado, y se acordó que la unidad partiera desde el operativo del Palacio, porque lo íbamos a hacer las tres tendencias. Cada uno de ellos iba a poner quince combatientes, y con cuarenta y cinco iba a ser más efectiva y segura la defensa.

Resulta que en Managua se estuvo esperando una, dos y tres semanas, a que los compañeros de la GPP coordinaran la acción con los Terceristas. Ya la tendencia Proletaria se había retirado porque dijo que era un aventurerismo, que era putchismo, que era esto, que era lo otro, y muy apegados a las letras del marxismo-leninismo. Estábamos esperando la coordinación o la orden que la GPP recibiera de su jefe, de sus dirigentes, y pasaba el tiempo y nada.

Una vez me reuní con Oscar Pérezcassar, con “Pin” como le decíamos, con Hugo Torres y Joaquín Cuadra. Estos son hechos que no se registran en la historia. Yo le dije a “Pin”: – ¿Vos sabés?, la GPP va a hacer el golpe ellos solos. Entonces me dice “Pin”: – ¿Vos creés? Yo, de GPP, lo haría solo, y con ese golpe tomo la delantera en la lucha anti-somocista y me llevo las palmas. Era aquella lucha que había entre Terceristas y GPP.

Ve –me dice– tenemos un acuerdo con la GPP, de no hacer ninguna acción si no nos avisamos, para tomar medidas de seguridad. Voy a ir a hablar con ellos. Y se fue “Pin”. Se reunió con William Ramírez, supongo yo que era el jefe de la Tendencia GPP aquí adentro, y le dijo: –Miren, cumpliendo tal acuerdo, vengo a participarles que vamos a hacer un operativo importantísimo, para que ustedes tomen medidas de seguridad. Y le dice William: –Nosotros vamos a hacer otro, importantísimo, ¿cuál van a hacer ustedes? Entonces “Pin”, ¡que era maldito!, se las sabía todas y con la cara de panadero que ponía, de bonachón, parecía que no quebraba un plato, no mataba una mosca, entonces le dice: –No, no, no te lo puedo decir. Decímelo vos, vos primero. Vos primero –le dice el otro. Y entonces acordaron que sí, los dos se iban a sincerar, pero que dijera primero “Pin”. Entonces le dice “Pin”: –Vamos a secuestrar al Chigüín. Luego le dice William: – ¡No!, la de nosotros es más importante, nos vamos a tomar el Palacio, vamos a secuestrar la Asamblea y lo vamos a hacer con quince y lilá-lilá, le echa todo el cuento. Y platican cómo va a ser la cosa. Llega “Pin”, pálido, berrejo donde mí, y me dice: –Edén, tenías razón, van sobre el Palacio.

Levantamos el teléfono y en aquel lenguaje clandestino, se habla con Humberto: Y que la vieja Chinta… la fiesta de la muchacha de quince años… y que la otra vecina no quiere hacer la fiesta juntas y que no sé qué… y que las dos viejas van a hacer las dos fiestas distintas, y que parapapá… y que la otra vieja, que la niña y que los músicos.

Mónica: Ustedes le dijeron: –Si querés repartimos los caramelos antes.

Edén: Repartimos, los gofios y los caramelos. Y se le informa a Humberto y a Daniel que la Tendencia GPP va de viaje a hacer el operativo sola. ¡Hombre!, entonces –dice aquél– prepárense, tírense ustedes solos. Y en siete días, Mónica, a acopiar armas, a limpiarlas, armarlas, a reunir a los compañeros, entrenarlos, y estamos sin uniformes.

Empiezan Joaquín Cuadra, Oscar Pérezcassar y Dora María Téllez, a presionarme; dada la premura, las condiciones exigían que el operativo lo hiciéramos sin uniformes. Entonces yo les decía que no, que sin uniformes no se podía, que fracasaba el operativo; entramos sin uniformes y desde la primera puerta disparamos el primer tiro, o nos disparan el primer tiro, llegamos al segundo piso y se pierde el factor sorpresa. Esas eran discusiones de todo un día, de dos días discutiendo eso, y en un momento les dije: –Bueno, hagamos una cosa, no me den las armas, pero denme el uniforme, que yo con un garrote y un canasto de piedras me tomo el Palacio y lo defiendo con las armas que están adentro. Y “Pin” Oscar Pérezcassar y los del Frente Interno, llamaron a Humberto y a Daniel, y les dijeron que yo tenía miedo, que no quería entrarle al Palacio.

Humberto, Daniel y Tirado, muy preocupados, llamaron a Carlos Coronel, y le dijeron: –Hombré, qué pifia; Edén tiene miedo, no quiere entrarle al Palacio. Entonces Carlos les dijo: – ¿Edén, miedo? No jodan, ustedes no conocen a ese indio; ese indio es tan orgulloso que se deja matar, se mata él solo por no enseñar miedo. Algo está pasando ahí. Estoy yo donde Poveda6, cuando suena el teléfono, lo levanto, y es Humberto el que me sale al teléfono, y le contesto: – ¿Jacinto? ¿La Vieja Chinta? –Sí, la Vieja Chinta. – ¡Idiay!, ¿qué pasó? –Que quiero hacer la fiesta, pero no quieren que la niña vaya con el vestido de quinceañera, y quieren que las damas no lleven el vestido porque no hay dinero, porque estamos pobres. Y entonces quieren que la fiesta sólo sea con chicheros, pero sin vestido. Sin vestido y con los chicheros, ¡idiay! por más música que tengamos, se va deslucir la fiesta. ¿Cómo? –me dice, deciles que les mandamos los vestidos. Y de Costa Rica nos mandaron los uniformes.

Mónica: ¿Así es la cosa?, qué detalles que no se conocen. Y es que era importantísimo lo de los “vestidos”, porque ustedes iban a hacerse pasar por la EEBI; si no tenían los uniformes, ¿cómo iban a entrar ahí?

Edén: ¡Era imposible entrar! Y así fue cómo llegaron los uniformes de Costa Rica, y en siete días estábamos en capacidad de hacer el operativo.

Mónica: A propósito de lo que decías del otro operativo –el de la GPP– estuvo con nosotros en el programa David Blanco y confirmó que estando Bayardo de responsable del Frente Interno GPP, William Ramírez había sido encargado de las comunicaciones con las otras tendencias, y además iba a comandar el operativo, pero no podía ir antes porque como periodista era conocido ahí. David Blanco visitó varias veces el Palacio con un compañero que se llamaba Frank, y cuenta que hicieron una maqueta, un croquis del Palacio y que habían estimado la necesidad de veinticinco hombres bien entrenados militar y sicológicamente.

Entre los candidatos a integrar el Comando estaban: William Ramírez, Mauricio Valenzuela, Oscar Lanuza, Ismael Lanuza, la compañera Carmen Bravo, una hija de doña Luz, y que con ellos iban conformando la unidad con la que se iba a realizar el asalto. Inicialmente David iba a ser el jefe del comando; luego se definió que sería William. Cuando efectivamente ustedes hicieron el asalto, ellos fueron sorprendidos en medio de sus preparativos.

Por otro lado, Hugo relata que para ustedes fue verdaderamente dramática la preparación. Hubo un momento en que les dijeron que era dentro de veinticuatro horas y que después los desmovilizaron y les dieron una semana más, pero que prácticamente la gente no fue muy entrenada. Contanos sobre eso.

Edén: Realmente, todo fue a la carrera. Los muchachos no estaban muy entrenados. Yo creo que los que teníamos preparación militar ahí eran Hugo Torres, Dora María Téllez, Walter Ferreti, un ex guardia de León que murió en uno de los ataques del Frente Sur7, y yo.

Mónica: En una entrevista el año pasado, Hugo Torres nos dio la lista de los compañeros participantes:

  1. Edén Pastora “Cero”; 2) Hugo Torres “Uno”; 3) Dora María Téllez “Dos”; 4)Walter Ferreti; 5) Emilio Mena Alba “Chacalote”; 6) José Hermógenes Hernández “La Tunga”; 7) Israel Ramírez “El Pendejo”; 8) José Santiago Pupiro Nicaragua “Carmen”; 9) Salvador Monge López “El Chirizo”; 10) Porfirio Jalima Sánchez “Hugo”; 11) Eddy Olivares Hernández “El Pelado”; 12) Eddy Chavarría “Chambón”; 13) Iván Bendaña Sequeira “Malicia”; 14) Lorenzo Hernández “Nicanor”, que es el que sale herido en las dos nalgas; 15) Carlos José Salgado López “Reverendo”; 16) Belli Ramírez López “Saltamontes”; 17) Rutilio Miranda “El Chelito”; 18) José Méndez; y 19) Donald Herrera Pantoja.

Y los caídos en distintos lugares de la lucha son:

  1. Sergio Campos Vásquez “Aldo”, quien había sido guardia, persiguió a los compañeros en las montañas de Matagalpa, pero luego se incorporó al Frente y murió en La Florcita, en la Ofensiva Final; 21) Gustavo Morales Amaya “Montacargas”; 22) José Francisco Gaitán Muñoz, también conocido como Marvin Gaitán Nicaragua “Marco”, que cayó entre el 16 y 17 de diciembre de 1978 en El Naranjo, cerca de la población de Los Mojones, Rivas; 22) David Martínez Santamaría, hermano de Mauricio, uno de los caídos del 23 de julio en León. Cayó en la comarca San Benito el primero de noviembre de 1978, junto con Blas Real Espinal y otros compañeros; 24) Edgard López Taleno; y 25) Wilberto Cano Gaitán.

En relación con la preparación de combate de los participantes, según explica Hugo Torres, algunos no sabían ni usar el rifle Garand.

Edén: Ahí les enseñamos en seco. En la primera reunión, nos llevaron a una casa de las hermanas Maltez Huezo, una finca ahí por Las Filas; inclusive nos hicimos pasar por cursillistas, porque había trabajadores, el mandador y el capataz, quienes no sabían nada de nosotros. Yo era el cura, el sacerdote. Había un cursillista que sí hacía muy bien el papel, porque cantaba y rezaba en latín. Al mandador de la finca se le ocurrió que a fuerza tenía que bautizarle el niño, y se lo tuve que bautizar. –Yo te bautizo in nomine patris, et filis… de parapapá, te bautizo con el nombre de fulano de tal. Le eché el agua y todo. Después consultamos y ese bautizo es válido, el niño quedó bautizado como cristiano.

Mónica: Dice Hugo que dejaron pendiente dos bautizos para el día siguiente, que ya los tenían amarrados.

Edén: Es cierto. Y hay otra anécdota chistosa: el encargado de la logística era Raúl Venerio, y tenía que comprar las dos camionetas. Como no teníamos dinero, se compraban al crédito, con una prima; y se había amarrado cada una de las camionetas en dos mil quinientos dólares, cinco mil dólares en total, y se iba a dar un mil dólares de prima.

Entonces, cuando Raúl fue donde el de las camionetas a comprárselas al crédito, el tipo se las subió a siete mil dólares, siempre con los mil dólares de prima. Raúl, indignado, se peleó con él, y regresó donde nosotros diciendo que ese día no iba a comprar las camionetas porque el condenado, el tal por cual, se había aprovechado de la necesidad, y que les subió el precio. Le digo: – ¿Siete mil dólares al crédito, Raúl? ¿Y la prima es siempre la misma? Sí –me dice. –Ahí dejá que te las venda en diez mil, no seas baboso, qué te está pasando, andá agarralas y que las vaya a recoger a las puertas del Palacio. ¡Hombré, que estoy de baboso! –dice Raúl, y se fue a comprarlas. El hombre perdió las dos camionetas; todavía después del triunfo, nos las andaba pidiendo.

Teníamos un mapa a dos colores que hicieron Carlos Schultze y Nicho Marenco. Yo había ido antes dos veces al Palacio Nacional; había entrado cuando niño de la mano de mi mamá, cuando iba a pagar unos impuestos. Del Palacio tenía un recuerdo del edificio monstruoso. Pero ya grande fui otra vez, y sobre el plano revisamos, planificamos, entrenamos y todo en seco.

En lo único que fallamos en todo el operativo, fue que no habíamos coordinado, planificado, cómo íbamos a entrar después de bajar del vehículo. Ahí fue que en la parte oeste entra Hugo Torres y su segundo que era “Chombito” Walter Ferreti; ellos bajan del vehículo, y Hugo los pone en formación militar. Dora María iba conmigo, de segunda en el grupo.

Mónica: ¿Eso fue un invento de Hugo, ahí mismito?

Edén: Eso fue un invento de Hugo en el momentito. Esa acción no la habíamos planificado, y entonces los formó militarmente y marchando “uno, dos, uno, dos”; los hizo subir las gradas, tiempo que yo gané, porque yo no formé militarmente. Bajando de la camioneta, les digo: –Cada quien a su posición, cada quien ¡adentro!, ¡adentro!, ¡adentro!

Mónica: O sea que ustedes entraron por dos puntos.

Edén: Por dos puertas, la puerta este y la puerta oeste. La puerta sur estaba clausurada. Entonces sólo quedaba la puerta de la Plaza de la República, o de la Plaza de la Revolución, como la llamamos después, la principal.

El guardia que estaba en la puerta, con un pie en la pared, recostado con una mano en el guardamano y la otra en el portador del fusil, me está viendo que estoy dando órdenes y desplazando una tropa adentro del Palacio. Las camionetas iban pintadas de verde olivo, con una tolda y un alambre soldado en la cabina, simulando una antena. Entonces el guardia me está viendo, y está viendo pasar a los soldados a la par de él. Uno de los compañeros que yo había entrenado va enfrente portando arma bala en boca y sin seguro, con los ojos puestos en los ojos del guardia, porque yo le había dicho: –En la mirada ves la intención del guardia; si él hace cualquier movimiento, vos lo encañonás y le decís ¡no se mueva! Y si se mueve, disparás.

Pero no, el guardia tranquilo nos veía pasar, el otro, el otro, el otro, y me quedó viendo y me pregunta: –Señor, ¿qué pasa? Entonces fue cuando le dije: – ¡Viene el Jefe! Usted no puede estar armado, ¡entregue el arma! Sí, señor –me dijo. Me entregó el fusil, el gran chopo, el Garand que tenía. Subo al piso de arriba, estaba otro guardia viendo pasar a todos y cuando me ve que yo soy el que mando, me dice: –Oficial, ¿qué pasa? ¡Viene el Jefe!, pase el arma. Sí, señor –me dice, y me entregó el arma. En dos minutos y medio nos tomamos el Palacio.

Mónica: Si algo debemos reconocer es que sos excelente artista.

Edén: ¡Ah, no! Si hubiera fracasado en la política, me habría metido de actor. Ahora no sé si en la política he fracasado o no, pero sí se han logrado avances.

Mónica: ¿Llevaban medios de comunicación entre ustedes, walkie talkie?

Edén: Dentro del Palacio no teníamos walkie talkie, sólo yo llevaba uno para comunicarme con los del Frente Interno; pero ellos no le tenían fe y no quisieron comunicarse, no contestaron, no los usamos; sólo se comunicaron una vez, pero no tenían el hábito de la comunicación, de la cual yo siempre fui asiduo partidario, no hay triunfo sin comunicación.

Dora María se fue al bar porque sabíamos que siempre había diputados tomando ahí o que estaban ya picados, pasados de tragos. Yo entro en la sala, doy siete, ocho pasos, porque tenía que dar tiempo a que detrás de mí entraran cuatro compañeros; dos se volteaban a mano derecha y dos a mano izquierda, porque en las bancas de atrás estaban escoltas armados de los diputados. Ahí se recuperaron como cincuenta pistolas 9 milímetros de escoltas, y muchos carnés de seguridad.

Ahí es cuando realizo mi sueño de ocho años, imaginate qué sabroso habré sentido. Entonces pego un grito: – ¡La Guardia Nacional! ¡Todo mundo cuerpo a tierra!, y dejo ir una ráfaga sobre la cabeza de ellos, bararararán. Mónica, es la orden mejor cumplida: Se tiraron bajo los escritorios, no se veía un diputado. Por la otra puerta, la de atrás, donde se recaudaban los fondos, donde estaba La Renta, va entrando Hugo Torres con el resto del comando. Ya han ajusticiado y dejado fuera de combate a los escoltas de Antonio Mora Rostrán, el Ministro de Gobernación, y lo traen preso. Era el hombre que siempre quedaba reponiendo a Somoza cuando salía al extranjero.

Hugo en ese momento que entra, nos ve a nosotros pero a ni un sólo diputado, porque están debajo de los escritorios. Entonces lo veo que pasa vista y no ve el Congreso, y da un paso de lado, pero voltea donde mí, con la Uzi en una mano y con la otra me hace señas, y me pregunta: – ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Entonces le digo: –Ahí están, debajo de los escritorios, ¡velos! Entonces me voy a la mesa principal, están todos, la Directiva del Congreso, debajo de la mesa, atrás.

Mónica: ¿Todavía no se habían puesto los pañuelos?

Edén: No, no nos los habíamos puesto. Dejo ir la ráfaga y me voy directo a la mesa, y entonces veo que Luis Pallais me pregunta con serenidad, y te hago énfasis en la serenidad porque la mantuvo todo el tiempo, me dice: –Oficial, ¿qué pasa? Ya vas a ver –le digo, lo que pasa. Esperate un momento. Entonces pongo la culata del G-3 en la mesa ¡bangán!, y pego un grito: – ¡Éste es el Ejército del Pueblo, el Frente Sandinista de Liberación Nacional!, ¡hijos de puta!

Mirá, Mónica, aquello parecía brujería: todos los escritorios temblaban, tttrrrrrrr. Toda aquella sala se estremecía, ¡era impactante! ¡Lo que es el pánico, lo que es el miedo! Y en ese momento, como dice Amparo Ochoa en el canto, nos pusimos el pañuelo rojinegro al cuello. No nos lo pusimos en la cara, sino que lo tuvimos todo el tiempo en el cuello, el pañuelo rojinegro8.

– ¡Manos arriba! El que se mueva, se muere, parapapá, hijos de p..., palabras soeces. Nosotros teníamos miedo de una estampida, un pánico colectivo y que no lo pudiéramos controlar. Entonces usamos las malas palabras, los gritos, las amenazas y todo eso, para que se inmovilizaran mientras los amarrábamos y controlábamos la situación. Afuera estaban cinco hombres cuidando la puerta principal, entre ellos “Chacalote”, y adentro estábamos veinte hombres controlando a los diputados. Ya cuando estaban controlados, recuerdo perfectamente bien que les pedí disculpas a los diputados, principalmente a las damas, por las malas palabras, que era todo con la intención de evitar una estampida, y que tuviéramos que tomar medidas extremas que lamentar.

En ese momento del operativo, suenan disparos afuera: la Guardia, los vigilantes de la puerta principal, están queriendo entrar. Me llaman y voy, me arrastro y fue cuando solté la granada, una que me había dado don Pepe Figueres, en Costa Rica, diciéndome: –Estas cosas no nos sirven a nosotros los ticos, les sirven a ustedes los nicas, que todavía se están matando. Aquí ya no nos matamos. Y don Pepe Figueres, de sus manos, que en paz descanse el viejo, jugó muy buen papel, me entregó esa granada que soltamos en el Palacio. Dejamos fuera de acción a esta Guardia que estaba resistiendo en la puerta principal. Se bajó el “Chacalote”, cerró la puerta y la encadenó.

Mónica: ¿Entonces, la puerta principal quedó abierta durante un tiempo, no la cerraron de inmediato?

Edén: Sí, es que entramos por las puertas laterales, al este y al oeste; el último en cada una de éstas llevaba una cadena y un candado del tamaño de un sapo de montaña y encadenó estas puertas laterales. Fue hasta que dejamos fuera de acción a estos guardias, que cerramos la puerta principal. Si no me equivoco en esa acción muere un hermano de Wilfredo Navarro, y por cuenta de ahí nace una animadversión que tiene Wilfredo conmigo. Él cree que yo soy culpable de la muerte de su hermano y no, yo no soy culpable, son las circunstancias históricas del momento. Yo soy un número más en la lucha por Nicaragua.

Entonces se cierra la puerta, tomamos el control e inmediatamente, ya controlado el Congreso, mando cuatro hombres por cada costado del Palacio a tomar posiciones y a prepararnos para la defensa.

Mónica: Había más gente, además de los diputados, porque era un día normal, y ahí se movían muchas personas. En realidad, ¿cuántos estuvieron metidos ahí adentro, controlados por ustedes?

Edén: Mirá, ahí quedaron encerrados, secuestrados, como quieran llamarle, por accidente, entre dos y dos mil quinientas personas. Como lo llama García Márquez, “era un mercado burocrático” aquello. Ahí estaba La Renta, los ministerios de Hacienda y de Gobernación, los cómputos nacionales en los sótanos, la Cámara de Diputados y el Senado. Todos esos quedaron encerrados. Para nosotros fue un problema tener que controlar a toda esa masa de gente. Por los sótanos se salieron, quitaron un aire acondicionado; a mí me informaron y dejé que se fueran, porque para nosotros, entre menos gente, era mejor. Y posteriormente comenzamos a dejarlos ir ordenadamente.

Con la Guardia ya habíamos peleado veinte minutos, porque llegaron unos comandos que Michael Echannis9 iba a entrenar y que iban pasando casualmente cerca del Palacio. Nos rodearon doscientos ochenta comandos y con esos peleamos como veinte minutos. Dice Echannis en unas grabaciones que dejó para que se publicaran después de su muerte: –Yo tuve que retirar a mi capitán, fulano de tal, mortalmente herido. Además, dijo que el tirano no sabía de la gran impopularidad de que gozaba, y que si él hubiera nacido de una familia campesina, estuviera peleando en el FSLN. Todo eso dijo el Echannis, el mercenario de quien la revista Fortune había sacado una foto en la portada y en primera plana, como el hombre más peligroso en las calles de Nueva York. Un hombre que te mataba a veinticinco metros, sin un puñal, sin una pistola; daba un salto, te caía encima y con un golpe de karate te hundía el vómer en la base del cráneo, y te mataba. Con dos sud vietnamitas, era el ídolo de las muchachas de Managua, y nunca me perdonó el operativo del Palacio. Un indio de Darío lo humilló sin tantas payasadas10. Entonces llegó con estos comandos y ahí resistimos, el miedo nuestro era que a esta gente, al salir, les hicieran algo, y que después dijeran que éramos nosotros.

Mónica: Seguramente era el ídolo de las muchachas, pero de las somocistas. Edén, ¿por qué no iban más mujeres en el comando? En el golpe del 27 de diciembre fueron tres, más o menos el treinta por ciento.

Edén: Sólo iba Dora María Téllez. Yo hubiera querido que hubieran ido más, inclusive le pedí al Frente Interno que incluyéramos mujeres, yo quería que fuera Araceli Pérez, la mexicana. En Tegucigalpa, le dije a ella: –Araceli, voy a pedir que te incluyan en un operativo que voy a hacer, y les pedí que entrara, lo que hubiera sido altamente positivo, una mexicana ¡imaginate!, hubiéramos conmocionado al pueblo mexicano, sumamente político hubiera sido eso. Los compañeros no me entendieron y no aceptaron. Dicen que ella hasta lloró, cuando se enteró de que no la habían incluido en el operativo.

Mónica: Dora María, según sé, fue integrada ya en la última fase, cuando se miró la importancia de que ella estuviera en toda la negociación. No estaba incluida desde un principio, sino hasta en la segunda semana, una semana antes. ¿Así es?

Edén: Así es. A última hora la incluyeron a Dora María, como responsable de las negociaciones, porque el Frente Interno vio que el proyecto original era muy duro. Entonces el Frente Interno incluyó e impuso las negociaciones, porque el operativo original no las contemplaba.

Mónica: ¿Y qué es lo que se iba a hacer originalmente?

Edén: Mirá, te voy a contar, es durísimo, pero te lo voy a contar como un testimonio de lucha. Yo he dado testimonio, y los que no han participado en la guerra, me condenan y no saben que las guerras no las hacen los ángeles, las hacemos los hombres, con nuestras debilidades, con nuestros defectos y nuestras virtudes; y que la guerra es cruel, es espantosa, es destrucción, es muerte, es llanto. Sólo un loco, o uno que no conoce la guerra, puede desear la guerra; y estas acciones son acciones de guerra, donde debe desaparecer todo vestigio de sentimiento humano y convertirse uno en una máquina fría de matar en la acción. Antes y después de la acción, es otra cosa, se contemplan medidas y hechos, se analizan y se toman decisiones. Pero en la acción, hay que ir frío y si no ¡ideay! le pasa lo de Cerpa en el Perú, o lo del M-19, en Colombia11.

A los que hemos tenido principios, doctrinas, pensamientos que defender, por los qué luchar, aquellos que no han tenido el valor ni los principios por qué luchar, pues ¡ideay! fácilmente nos critican tomándose un café caliente o moviendo el hielo en un vaso de whisky, y nos ven como bárbaros, como locos, como animales.

El operativo inicial, el concebido en la casa de los Bervis, en Sutiava, el que contemplé ocho años antes, consistía en que, una vez tomado el Palacio, exigirle al gobierno una representación diplomática, que llegaran tres o cuatro embajadores, como de hecho realmente llegaron, y que se llamara al Arzobispo, con tres o cuatro obispos más, como realmente llegaron. Una vez todos adentro, exigir la presencia de un general o un coronel de la Guardia, yo iba a pedir al Coronel Levy Sánchez, un viejo amigo mío que había sido por muchos años comandante en mi pueblo, Darío, y que ahí dejó muy buena impresión.

Y estando ahí todos reunidos, les iba a decir: –Señores, éste es un operativo del FSLN contra la dictadura y la sucesión dinástica de Somoza, para tomar el poder y hacer la revolución, y este operativo no tiene ningún plan de emergencia. Este operativo consiste en que usted, Coronel Levy Sánchez, le va a llevar este legajo de exigencias a Somoza: diez millones de dólares, la liberación de los compañeros tales y tales, y la publicación de estos documentos en el término de doce horas. Esa es una orden. Y como prueba de nuestra determinación de Patria Libre o Morir, no hay negociaciones; y esto es una orden, se va a llevar una prueba: Tráiganme a un diputado, párenmelo aquí; y ahí, sacarme la pistola, ¡bang! y pegarle un tiro en la cabeza. Échenle este hombre encima, en los hombros a Levy Sánchez; sálgase, vaya y lléveselo donde Somoza. Tiene doce horas para que cumpla las órdenes, los diplomáticos se quedan con nosotros aquí como garantía, y el Arzobispo y los Obispos también se quedan.

Mónica: O sea, ¿vos no estabas de acuerdo con que hubiera propuestas y contrapropuestas, como ocurrió en el asalto de la casa de Chema Castillo?

Edén: En el caso de la casa de Chema Castillo sí se negoció; en el nuestro no iba a haber negociación, pero al final sí hubo. Ahí el Frente Interno dijo: –Es muy duro, podés echar a perder el operativo, hay que entrar en negociaciones; entonces me pusieron a Dora María como responsable de las negociaciones, y Hugo y yo íbamos a participar también.

Mónica: Pero Dora María le dio un realce importante al operativo, tanto por su presencia como mujer, como por su calidad política y militar.

Edén: ¡Definitivamente!, de esto yo estaba claro, tan claro, que yo pedía tres mujeres en el operativo. Ahí hubieras ido vos, Mónica.

Mónica: Pero yo era GPP, ¡jodido!, tal vez hubiera ido en el otro operativo. ¡Se nos fueron arriba ustedes!

Edén: Pero si hubiéramos ido unidos, hubieras ido. Se te fueron arriba los que no hicieron la unidad.

Mónica: Fijate qué casualidad, mi hijo Pancasán cumplía dos años ese 22 de agosto y lo mandé a buscar con una colaboradora para que estuviera dos días conmigo en una casa clandestina. Clandestino mi bebé. Yo estaba en mi casa de seguridad y los oí pasar a ustedes por la Carretera Norte, cerca del Café Soluble. ¿Exactamente, cuántas horas estuvieron ahí?

Edén: Cuarenta y ocho horas y dos noches. La toma es el 22 y el 24 salimos. En una de las noches, la primera noche, se dio un temblor, y me dicen: –Comandante, Comandante, está temblando. – ¿Cómo que está temblando? ¿Hasta ahora te das cuenta que está temblando?, estás temblando desde mediodía. Y recuerdo también que inmediatamente después del operativo, suena el teléfono ¡piririring! Levanto el teléfono: –Palacio Nacional, territorio libre de Nicaragua, habla el FSLN. Y oigo en el auricular: – ¡En la montaña enterraremos el corazón del enemigo! Era un GPP que estaba esperando el golpe de la GPP. Entonces le digo: – ¡Qué maravilla que la GPP celebra este operativo! ¿Cómo? –me dice, ¿y no es la GPP? –No, somos los Terceristas. ¡¿Qué?!, y puso el teléfono.

Mónica: ¿Y qué pidieron?

Edén: Pedíamos la liberación de los presos, y Dora María cedió que no estuviera Antolín en la lista, a quien lo habían capturado hacía cuatro días. Yo le decía: –Dora María, Dora María, exigí a Antolín. Salió con el operativo, pero después te voy a contar cómo: llegó morado como caimito de la torturada que le habían pegado. Entonces, se baja de los diez millones a siete, a cinco, a tres, a dos, a uno. Entonces, cuando se baja Dora María y le digo: –Mejor no pidamos nada, ¡ideay! Dora María no entendía la necesidad del dinero; sin dinero no se hacen las guerras revolucionarias, ningún tipo de guerra entonces ella no le daba la importancia que yo le daba al dinero.

Somoza apuntaba al cansancio nuestro, porque nosotros ya entramos cansados. Como te digo, siete días trabajando día y noche en los preparativos; y cuando se va a ese tipo de operativos, las últimas cuarenta y ocho horas se debe dormir bien, comer bien, para ir totalmente descansado, con todas las energías de reserva, y nosotros llegamos agotados. El siguiente día empezamos a sentir los síntomas de cansancio, y Somoza apuntaba al cansancio, y nos iba dando largas y nos amenazaba, y que estábamos en una situación difícil, nos decía, y también él estaba en una situación difícil.

Mónica: Del lado del FSLN negociaban Dora María, Hugo y vos. Y en el otro lado, ¿quiénes negociaban?

Edén: Llegaba el intermediario, Monseñor Obando y Bravo, a quien entonces le decía Somoza “el Comandante Miguel”. Estamos en el operativo, nos vamos cansando, y yo me doy cuenta de eso.

Mónica: El papel que juegan ustedes presionando a los propios senadores y diputados que estaban ahí, ¿fue importante para lograr que Somoza finalmente cediera? ¿Hay comunicación entre Pallais y Somoza, y con los más allegados que estaban de rehenes ahí?

Edén: Nosotros los tratamos muy bien, les enseñamos que nosotros no éramos bestias. Yo les dije en determinado momento: –Los vamos a tratar como nosotros quisiéramos que nos trataran. Y los tratamos a tal extremo que, todos ellos no guardan rencor para con nosotros, como Luis Pallais, Panchito Argeñal, Fernando “El Diablo” Zelaya, Eduardo Chamorro Coronel. Creo que el único que no me perdonó nunca fue éste de León, Cuco Sánchez, el que se murió. Siempre me vio con unos ojos que, si hubieran sido balas, me balea. Todos ellos entendieron y recuerdan el buen trato dentro de lo difícil de la situación.

Ellos tuvieron comunicación con su familia, con Somoza, el teléfono estaba a la orden todo el tiempo. Creo que ellos fueron los que le informaron que el jefe del operativo era yo, porque hubo un momento que Somoza llama al Coronel Levy Sánchez, y le dice: –Mire, el jefe del operativo es un hombre de Darío que desde hace tiempo nos viene dando problemas, Edén Pastora, ¿usted lo conoce? Sí –le dijo Levy, lo conozco muy bien. –Es que él dice que si nosotros no cedemos, empieza a matar a los diputados, ¿usted cree que los mate? Entonces Levy le contestó con otra pregunta: – ¿Edén dice que los mata? Sí –le dice Somoza. –Ah pues sí; si él dice que los mata, los mata. Y es que Levy me conoce ciertas jugaditas, me conoce ciertas cosas, y entonces Somoza le dijo: – ¡Ah, no!, entonces negociemos, aceptemos lo que el loco dice.

Hay un momento en las idas y venidas de Monseñor, hoy Cardenal, en que ya a los diputados los tenemos en distintas mezanines, hemos tomado medidas de seguridad, ya que la noche anterior querían hacer un asalto. Echannis se había metido al sótano. Yo había bajado ahí y lo veo en la oscuridad como a veinte metros. Yo estoy detrás de una columna, no sé qué es Echannis, creo que es algún civil que viene a traer algo que ha olvidado, lo veo que se regresa. Si Echannis hubiera seguido avanzando, se hubiera topado con el cañón del G3 y fijate que sin darme cuenta, hubiera matado a Echannis.

Hay un momento en que Hugo me dice: –Edén, a un compañero le ha agarrado un ataque de histeria, como de cansancio, agotamiento, ha bajado la defensa. Por el cansancio, Walter Ferreti había descuidado la defensa por estar dando unas entrevistas a los periodistas de la prensa parlamentaria, yo le llamé la atención en ese momento. Hugo me dice además: –Edén, siento como que pasan tranvías por las azoteas del Palacio, oigo un ferrocarril. Entonces le digo: –Estás cansado, arrecostate en esa mesa, descansá un poco, cinco minutos que durmás, pero te reponés. Me quedo platicando con Dora María, no está Monseñor, y Dora está sentada con la carabina, la M-2, entre las piernas, y hablándome, no es oyéndome, ella estaba hablando y se va quedando dormida. Vuelve en sí cuando la carabinita se le va chorreando entre las piernas, ella agarra la carabina y se despierta, yo me asusto, y le digo: – ¡Dora María, estás cansada, acostate en esa banca!

Lo grave es que cuando me doy cuenta que estamos cansados, que Hugo y Dora María están cansados, yo tomo la decisión de tomar el mando político-militar, porque llevaba esa instrucción: en cualquier momento difícil, vos tomás el mando político-militar de la acción y parás las conversaciones, hacés lo que vos querrás. Llevaba esa instrucción de mi Comandante de la Revolución, Humberto Ortega. ¿No es así, Humberto? En ese momento estoy decidiéndome a parar las negociaciones, cuando va entrando Monseñor. Bueno, voy a parar esto, voy a ordenar esto y esto, una salida que el tirano acepte.

Y empiezo a repasar el plan desde el inicio hasta el final, y en la repasada no ubico en qué lugar de Managua está el Palacio. Lo busco por el Distrito, lo busco por el Ministerio de la Construcción, y no lo encuentro; lo busco por Tiscapa, detrás y delante de Tiscapa, y no lo encuentro. ¿Y dónde está? No encuentro en qué lugar de Managua estamos nosotros en el Palacio. Y me doy cuenta que yo también estoy agotado; entonces mi reacción fue enojarme, me puse bravo. Ya Dora María y Hugo estaban sentados, platicando y negociando con el Embajador de Panamá y Monseñor, cuando bravo, violento, me vengo a la mesa y doy una palmada ¡bangán! ¡A parar las negociaciones!

Cuando doy la palmada, Hugo y Dora María me vuelven a ver con unos ojos, seguro que se imaginaron que yo ya me había vuelto loco. Monseñor me vuelve a ver lo mismo, y ¡cómo estoy de fundido que se lo digo en francés: –C´est moi qui comand ici (soy yo el que mando aquí). Se lo digo en francés Mónica, y cuando se lo digo, por supuesto que me vieron más loco. Se paran las negociaciones, me volteo hacia donde Hugo y Dora María, y les digo: –Hugo, Dora, estamos cansados, Somoza nos va a agarrar como pajaritos, se paran las negociaciones. Entonces Hugo Torres ahí está vivo, se pone de pie y me dice: – ¿Ésa es la orden militar comandante? –Ésa es la orden militar. Hugo se cuadra todo elegante, serio y ceremonioso y me dice: –Comandante, va a ser cumplida la orden. Y ordena a Dora María que pare las negociaciones.

Me volteo, agarro a los diputados y los meto en un cuarto. –Vos tomá un ángulo de tiro, el otro, otro ángulo de tiro, tomen las granadas, que nadie se salga aquí, estos siete aquí, ban, ban, ban; este hijo de tal nos va a respetar, cree que somos inútiles. Empiezo a hablar barbaridades, bascosidades, malas palabras y toda chochada. Y Monseñor me dice: – ¡Comandante Cero, mantenga por favor la calma; usted ha sido un hombre bien calmo! ¡Por favor! –Monseñor, ¿cómo cree que tenga calma después de cuarenta y cinco años de prostitución, explotación, asesinatos, torturas, muertes, espanto, dolor y llanto de este pueblo, y el tirano jugando con nosotros?

–A ver, métanlos ahí y, Dora María, escriba hasta dónde vamos. Y Dora María empieza a escribir: No hay negaciones y hasta aquí, tiene el tirano tantos minutos para que conteste positivamente. Yo me voy mientras, Dora María está escribiendo hasta dónde llegamos, las exigencias, todo, que no hay negociaciones. Monseñor se va a la puerta donde están metidos los diputados con unas caras largas, pálidas, y les dice: –En estos momentos difíciles, de peligro, de muerte, hagamos un acto de contrición perfecto, pidamos perdón a nuestro Señor y oremos, Padre nuestro que estás en el cielo... Y dicen los diputados: –Padre nuestro que estás en el cielo… Yo te absuelvo de tus pecados. Y Monseñor les da la absolución masiva.

Mónica: Entre los secuestrados estaba un diputado conservador, Cristóbal Genie, que me había defendido a mí cuando me capturaron.

Edén: Llevábamos las instrucciones de que si teníamos que llegar a extremos de eliminar a los diputados, que dejáramos por último a tres de ellos, que eran, Cristóbal Genie por haber defendido valientemente a Mónica Baltodano; el doctor René Sandino, cancerólogo de Granada, que había operado de cáncer en las glándulas mamarias a la mamá de Doris Tijerino, y que cuando se dio cuenta que era la mamá de Doris, no le cobró; y a Julio Molina, quien fue un guerrillero en la década de los sesenta, del Movimiento de los tres Julios12.

La cosa es que Dora María me entrega el papel, se lo entrego a Monseñor y le digo: –Monseñor, dígale a Somoza que en treinta minutos, si no contesta, empiezo a matar cada media hora un diputado. Y entonces me dice Monseñor: –Comandante Cero, en treinta minutos no me da tiempo de ir y volver. No es necesario que regrese, de allá usted me llama por teléfono. Le entrego el papel, y le pongo la mano en la espalda, guardando el respeto a la personalidad ¿verdad?, y le hice una cierta presioncita en la espalda como para que entendiera que era rápida la cosa. Y le digo: –Y vaya, vaya rápido porque ya el reloj está marcando los treinta minutos. Y sale aquel Monseñor que la sotana le hacía cla, cla, cla, cla con el viento.

Yo me quedo con los diputados: –Van a saber ustedes si Somoza los quiere, los aprecia. Ahí fue donde sí tuvieron presión para llamarlo; Luis Pallais llama por teléfono a Somoza y le dice: –Señor Presidente, creemos que son momentos para no jugar con la vida de los diputados. Por favor, salve usted el Congreso, creemos que hay que aceptar lo que los señores del Frente Sandinista le exigen.

Les quedan quince minutos, les quedan cinco minutos, les quedan tres minutos y cuando quedan dos minutos, llamo a Hugo y le digo: –Hugo llevate al periodista Luis Manual Martínez, andá ahorcalo, porque si suena un tiro, va a haber un pánico colectivo. Te lo llevás y lo tirás a la calle. Y entonces Hugo, con su Uzi en la mano, se va y le dice a Luis: –Acompañame. Luis Manuel Martínez se va levantando y pasa frente a mí con Hugo y su pañuelo rojinegro en el cuello, cuando suena el teléfono, ringg. Tomo el teléfono: –Palacio Nacional, territorio libre de Nicaragua, habla el FSLN. Y en el otro teléfono oigo la voz de Monseñor: –Comandante, el Señor Presidente ha aceptado todas las condiciones. Hugo ya va por la puerta, y le digo: –Hugo, parate. Entonces, me vuelvo donde los diputados y les digo: –El Tirano aceptó, se salvaron. Y empiezan a llorar. ¡La habían visto como nosotros la vimos muchas veces! ¡La pelona cerca!

Mónica: Somoza acepta el 23 y salen el 24, yo recuerdo que se anunció.

Edén: Querían que saliéramos ese día y en la noche; entonces, no, no, no. Salimos de día, en la mañana, y con todas las de ley, pues Somoza ya se comprometió en ese momento.

Mónica: ¿Y cómo salió Antolín? Dijiste que nos ibas a contar eso, porque no estaba en la lista.

Edén: Antolín, de Masaya, es el segundo nombre de Hilario Sánchez, lo habían capturado y Somoza decía que no lo hallaba. Ahí yo le dije al Cardenal: –Mire, me trae a Antolín, vivo, muerto, en una bolsa plástica, ya pudriéndose, ya podrido, pero me lo trae.

Mónica: Y liberaron también a los de Río San Juan y a Fernando “El Negro” Chamorro. La lista de los que salieron es larga.

Edén: Por curiosidad, quise ver la lista porque a la inmensa mayoría de ellos no los conocía. Eran muchachos que habían entrado después de los años setenta, y yo me había peleado con Tomás y Henry Ruiz en 1973, y me había ido. No conocía a una porción de ellos y ellos no me conocían, no sabían que yo me había vuelto a reincorporar en 1977. Estuve cuatro años prácticamente fuera del Frente, que fue cuando me fui a pescar a Barra del Colorado, y mis comandantes de la revolución, Humberto Ortega y Daniel, me mandaron a traer con Sergio Ramírez Mercado y con Carlos Coronel.

En ese operativo salió el comandante Tomás Borge, René Núñez, Javier Carrión.

Mónica: Salieron también:

Roberto Calderón; Leopoldo Rivas, ¡por fin!; Marcio Jáenz; Roberto Montenegro; Luis Guzmán “El Chiri”; Iván Montenegro; Jorge Guerrero “El Cuervo”; Javier Pichardo; Carlos Sequeira; Francisco Cuadra; Francisco Mercado; Domingo Robleto; Edgard Lang; Juan José Úbeda; Francisco Guzmán; Álvaro González Cerrato “Antolín”; Martha Cranshaw; Rosa Argentina Ortiz; Gloria Campos; Misael Brenes; Isidoro Alfaro; Julio Gómez; los hermanos Rodríguez, que habían sido capturados en Masaya; Charlotte Baltodano; Felipe Peña, a quien lo habían capturado en octubre en la toma de San Carlos; Margine Gutiérrez; Gustavo Moreno; Yadira Baltodano; Víctor Moreno; Félix Pedro Meneses; Auxiliadora Cruz; Eloy López; Apolonio Martínez; Eddy González; Rodolfo Amador; Lucas Cortés; Guillermo Cáceres Bank; Maximiliano Martínez; Roberto Mckewans; Amílcar Lorente; Miguel Galeano; Róger Urey; Doris Tijerino; y Fernando “El Negro” Chamorro;

Estos otros compañeros que están en esta lista, no sé si realmente se fueron o se quedaron, porque el comando pidió a algunos que no aparecieron: Epifanio Cruz Torres; Catalino Guzmán; Gertrudis Molina; y Alfredo Talavera.

Edén: Hermoso lote.

Mónica: Hermoso lote, y además, te digo, bastantes compañeros que después ocuparon altas responsabilidades en la jefatura insurreccional.

Comentario de la autora: Según reseña Hugo Torres, la comisión Pro-Defensa de los Derechos Humanos había pasado una lista de compañeros que habían sido capturados en distintos lugares del país desde hacía meses. Lo que se buscaba poniéndolos en la lista, era que si estaban vivos, los entregaran, o que quedara en evidencia su carácter asesino: Donald Guevara, Elvis Chavarría, Pedro Antonio Jiménez, Antonio Silva Rocha, Róger García Molina, Cándido Ruiz Talavera, Donald Gaitán, Marcos Silva Molina, Francisco Tijerino, Gregorio Montoya “Don Goyo”, José Jarquín, Azucena Suárez Meza, Antonio Mairena Lagos, Santiago Lagos, José Cruz Sandoval y Germán Sandoval.

Edén: Es una lástima que el FSLN hace rato que no celebra este día. Este es un testimonio para la historia de Nicaragua, que debemos contarlo claro y llanamente, para que muchos sepan cómo fue la guerra de liberación, lo que costó, lo que se sufrió, los sustos y todas esas cosas, pues. Como digo, el operativo salió bastante limpio, no hubo que lamentar muchas cosas. Sí se murieron dos o tres personas ahí, pero porque un helicóptero de la Guardia, piloteado por Pedro Guillén, llegó e indiscriminadamente ametralló el Palacio, y eso fue lo que ocasionó más bajas en heridos y en muertos. Militarmente todo sucedió como lo habíamos planeado. Políticamente se nos quedaron diez compañeros que no incluyeron en la lista por una falta del Frente Interno de no dominar debidamente las listas de todos los presos políticos. De ahí, todo sucedió a la perfección.

Mónica: Se quedaron Luis Alberto González, Lourdes Guzmán y otros más que no pusieron en la lista. ¿Cómo hirieron al compañero del comando, el único que salió herido?

Edén: Estaba resistiendo el ataque, ya habían llegado los doscientos ochenta guardias y un Batallón de Combate, habían rodeado el Palacio, habían estado tiroteando, queriendo entrar, se resistió de los cuatro flancos del Palacio. Una bala del helicóptero este que ametralló, hirió a varios civiles y mató dos o tres civiles ahí, ése fue el que hirió al compañero.

Mónica: Cuando salieron hubo una manifestación espontánea del pueblo. Fue significativa: eso mostró el grado de pérdida de temor de la gente, cómo salían a las calles a agitar banderas y a decirles adiós a ustedes.

Edén: Ese mismo día toda la Carretera Norte se llenó, era un mar de gente. Recuerdo que íbamos en el bus, todavía con la cara descubierta porque pasamos en el operativo con la cara descubierta y quiero aclarar esto por la historia...

Mónica: Porque se ha dicho que eras un gran vanidoso y que no pudiste evadir la tentación de demostrar que eras vos.

Edén: Pero no es cierto. Todos habíamos estado con la cara descubierta, todos habíamos estado identificados, en el bus íbamos con la cara descubierta. Yo ya no llevaba el pañuelo en el cuello porque me lo había pedido alguien en el Congreso, como souvenir.

Entonces ya vamos en la caravana para el aeropuerto, son hechos que me impresionaron en esa marcha: la expresión espontánea del pueblo, todo el pueblo en la calle, saludándonos, y entre aquella multitud, me dice Hugo Torres: –Mirá los irresponsables, dónde están aquellos jodidos, y me indica una esquina, y veo que están “Pin”, Raúl Venerio, Joaquín Cuadra y otros más, como Pedro por su casa, diciéndonos adiós. Llegamos al aeropuerto, íbamos a Panamá; llego al avión, un Hércules venezolano, y a pasar la lista donde están los presos.

Mónica: O sea, ¿ellos ya estaban arriba, en el avión?

Edén: Ya están en el avión, ése era el acuerdo. Cuando llega Hugo, se abraza con “Cuqui” Javier Carrión, ¡imaginate!, el otro del operativo de la casa de Chema Castillo, cómo se han de haber visto, pero un abrazo rebosante de alegría, con una efusividad que yo nunca he visto.

Yo iba con mi G-3 y tiros por todas partes. Te veías como un comando invencible –me decían después los compañeros. Ellos no me conocen, y entonces yo les dije muy serio: –Compañeros, por favor contesten presente al que vaya mencionando, porque tenemos que salir rápido. ¿Comandante Tomás Borge Martínez? y no me contesta. Comandante Tomás Borge Martínez?, y lo vuelvo a ver y me está viendo Tomás, entonces dije yo: –Tomasito Borge, ¡el mismo Tomasito, de siempre! ¿Fulano de tal? –Presente. ¿Fulano de tal? –Presente. Cuando termino de pasar la lista les digo: –Bueno, allá en Panamá la celebramos.

Doy la vuelta y cuando he dado dos pasos, oigo que todo mundo se voltea donde Tomás y le preguntan: – ¿Quién es? –Edén Pastora, Tercerista. ¡Ay, qué maravilla, Tomás estaba bravo, yo no sé por qué! Después, en Panamá, hablamos y Doris Tijerino le dijo: –Comandante, por qué se enoja con Edén, si él no tiene culpa, él cumplió órdenes. Porque yo le decía a Tomás: Andá arreglá esa mierda a la Dirección Nacional. Conmigo no tenés que sudar calentura de por qué fue que se hizo el operativo.

Bueno, todo eso es historia. Llegamos a Panamá, y ya el resto es conocido ampliamente. Pero lo cierto es que fue un hito en la historia de Nicaragua, el comienzo del fin, el fin de una lucha en que estuvimos a la defensiva, y de ahí pasamos a la ofensiva. Porque un movimiento revolucionario a la defensiva está en peligro. Cuando el movimiento revolucionario pasa a la ofensiva, es peligroso para los otros, para los contrarrevolucionarios. Y once meses después, estábamos en el poder.

Mónica: Ya estamos cerrando este programa con el dirigente del Palacio y del Frente Sur. ¿Qué hace ahora Edén Pastora?

Edén: Todo el pueblo de Nicaragua sabe, me ha oído hasta el cansancio en los tres últimos años decir que era vital la reunificación, la reconciliación de la familia sandinista. Desgraciadamente el partido sandinista no hizo nada y primero se entendió con Azucena Ferrey y con Steadman Fagoth que con los disidentes; y hubo problemas serios con otros críticos dentro del partido, entre los que estás vos. No me hicieron caso. Primero se dio la convergencia con otros, antes que la reunificación de la familia sandinista. Yo creo en un sandinismo pero en libertad y en democracia. Un sandinismo como lo soñó Sandino, como lo soñaron los héroes y mártires, donde haya un partido en que se practique la democracia sandinista, la democracia partidaria, para garantizar la democracia nacional.

Yo quiero saber qué piensa de esto el Comandante Tomás Borge, qué piensa de esto Doris Tijerino, la Gladys Báez, René Núñez, Bayardo Arce, a ver qué dicen los dirigentes del partido. Mónica, todos los que dirigieron el Frente Interno, el Frente Oriental, el Frente Occidental, el Grupo de los Doce, la primera Junta de Gobierno, no estamos en el partido. Miles de cuadros no estamos en el Partido.




18 de agosto de 2001






NOTAS


1 Julio Alonso Leclaire, Julio Velásquez y Julio Molina, del Movimiento Guerrillero 15 de Septiembre, 1959-1960.

2 Camilo González, uno de los asesinos del General Sandino y hombre cercano a Somoza, mandó a asesinar a don Pánfilo Pastora, molesto porque éste le ganó un juicio por una propiedad ganadera llamada Las Mesas. Los ejecutores materiales, Lázaro Flores y Antenor Sánchez, fueron a su vez matoneados, supuestamente por hombres contratados por la viuda, doña Elsi Gómez, madre de Edén. (Blandón, Chuno: 2008: pp. 500).

3 Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Herty Lewites, Carlos Guadamuz Portillo, Samuel Santos López, los hermanos Sergio y Danilo Aguirre Solís, Edén Pastora y otros veintitrés líderes de la UNO (Unión Nacional Opositora) fueron detenidos y hechos prisioneros en la cárcel El Hormiguero. Los presos, incluido Pastora, fueron liberados por una amnistía del Congreso Nacional, el 4 de marzo de 1967.

4 Operación ejecutada por la guerrillera sandinista Nora Astorga contra el General Reynaldo Pérez Vega, uno de los principales oficiales de la Guardia Nacional, de Somoza.

5 Según el Comandante Henry Ruiz, la idea de la toma del Palacio Nacional con todos los diputados dentro, fue concebida a finales de los años sesenta, entre quienes se encontraban entonces en La Habana. Desde entonces, el operativo se denominaba “Los Micrófonos”, en alusión a los escaños de los diputados. Con ese mismo nombre lo estaba organizando la Tendencia GPP en 1978. (Ver entrevistas a Henry Ruiz y David Blanco, quien anduvo levantando la información en el Palacio).

6 Se refiere a Leonel Poveda “El Comanche”.

7 Se refiere a Sergio Campos Vásquez, quien murió en La Florcita, en la Ofensiva Final.

8 En la mayoría de las fotografías, el resto del Comando, incluyendo a Dora María, aparece con el rostro cubierto por el pañuelo.

9 Michael Echannis, mercenario de las tropas élites de Somoza, fue contratado como instructor de la EEBI por Anastasio Somoza Portocarrero.

10 Cuando Anastasio Somoza Portocarrero, estudiante en la Escuela de guerra sicológica y de guerra especial de Fort Bragg, conoció a Michael Echannis y a Charles Chuck Sander, ex-combatientes de Vietnam y expertos en lucha anti­guerrillera, los contrató inmediatamente. En julio de 1977, aparecieron en Nicaragua como instructores especiales de los comandos anti-guerrilleros. (Basado en el libro La Agonía de una dictadura, Oleg Ignatiev y Guendh Borovikc, pp. 41, tomado de artículo escrito por Edwin Sánchez: EEBI: escuela de lealtades al “ungido” IV Parte. El Nuevo Diario, 24-02-2008).

11 Se refiere a Néstor Cerpa, Jefe guerrillero del MRTA, Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, quien realizó un secuestro en la Embajada de Japón, el cual culminó con el asesinato de todos los guerrilleros, en un operativo dirigido por el propio presidente Fujimori.

12 Julio Alonso Leclaire, Julio Velásquez y Julio Molina, del Movimiento Guerrillero 15 de Septiembre, 1959-1960.

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