Memorias de la lucha Sandinista

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Los muchachos todo lo hicieron bien

Alonso Porras


Alonso Porras Díaz nace el 8 de mayo de 1955 en León, pero vive desde niño en Chinandega. Estudia primaria en el Colegio San Luis, de Chinandega, y secundaria, en el Centroamérica, de Managua, donde inicia su lucha política como parte de los movimientos cristianos en 1971. Se traslada a León a estudiar Medicina y se incorpora al Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1972.

Sus padres Alonso Porras y Cela Díaz de Porras, fueron grandes colaboradores del FSLN en Chinandega. Pasa a la clandestinidad en 1975, integrado en el equipo clandestino del FSLN Regional Chinandega. Después asume la responsabilidad de la Tendencia Proletaria en ese departamento y como tal integra el Estado Mayor General de las insurrecciones de 1978 y 1979. Después del triunfo de la revolución, fue reconocido como Comandante Guerrillero.

En enero de 1980 es nombrado Secretario Político del FSLN en Jinotega, luego Secretario Político de la VI Región (Matagalpa y Jinotega), Delegado de la Presidencia en la Región II y Vice Ministro de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria (MIDINRA). En 1990 fue diputado y en 1995 es fundador del Partido Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) que se separó del FSLN. Tiene una Maestría en Administración de Empresas. A la fecha está dedicado a su profesión y parcialmente a la Asociación de Niñas y Niños Discapacitado, “Los Pipitos”.

El caluroso departamento de Chinandega fue durante mucho tiempo semillero de militantes revolucionarios, sobre todo durante los primeros años de la organización. La producción algodonera, cañera, azucarera, bananera y el desarrollo de la agroindustria (azúcar, ron y aceite), combinado con el hecho de contar con el principal Puerto del país, Corinto, permitieron el desarrollo de un sector obrero que fue permeable a las ideas revolucionarias y a la lucha contra la dictadura.

Particularmente los municipios de El Viejo, Chinandega y Chichigalpa fueron almácigos de revolucionarios. De El Viejo salió el legendario Germán Pomares Ordóñez, Narciso Zepeda (fusilado injustamente en 1976), Manrique Arteaga (caído en León en 1973), y del Departamento salieron Blas Real Espinal (en Chinandega en 1978), María del Pilar Gutiérrez, Nydia y Aura Rosa Espinal, Lucrecia Lindo y la valiente Miriam Tinoco Pastrana. Jornadas heroicas como Raití-Bocay, Pancasán, y la guerrilla de los años 1971-1979 de la Brigada Pablo Úbeda, siempre contaron con chinandeganos como Carlos Tinoco (agosto de 1967), Leonardo Real Espinal (3 de noviembre de 1976), y Aquiles Reyes Luna (septiembre de 1977).

Por su importancia económica, por ser un departamento fronterizo, y por las muestras de rebeldía de algunos de sus pobladores y sectores sociales, Somoza mantuvo siempre una fuerte presencia militar en el territorio de Chinandega. A principios de los años sesenta, destacó durante varios meses al Batallón Somoza, para controlar una huelga de estibadores en Corinto. Reprimió brutalmente los esfuerzos de organización sindical; asesinó a personalidades como Victoriano Arteaga, líder opositor acusado de animar las organizaciones campesinas; y mantuvo una política de sangre y fuego contra los guerrilleros del FSLN en todas las etapas de su lucha.

A mediados de los años setenta, al finalizar el período de acumulación de fuerzas en silencio, la organización revolucionaria en este departamento fue afectada por factores adversos: la creciente represión que golpeó de manera particular sus estructuras; la deserción de su principal responsable; el fusilamiento precipitado e injusto de Chicho Zepeda; y la división del FSLN en tendencias. No obstante, para la insurrección de 1978, Chinandega fue de los principales departamentos con participación masiva de sus pobladores.

Debido a que Chinandega formaba parte del Regional de Occidente, tanto para la Tendencia GPP como para la Tendencia Tercerista, que tenían su sede en León, la preparación de los planes insurreccionales no tuvo, como Masaya, Matagalpa, Estelí o León un nítido diseño que dependiera directamente de las fuerzas presentes en el territorio. Se dependía de fuerzas que entrarían de Honduras. Al iniciar la insurrección, había una cierta dispersión de las fuerzas y falta de cohesión de los mandos, lo que no se observaba en otros departamentos, al punto que no era muy claro quién coordinaba el Estado Mayor para la insurrección.

Para hablar de las insurrecciones de Chinandega, conversamos con Alonso Porras, uno de los cuadros organizadores del departamento donde creció y se formó, ya que él participó en el proceso organizativo desde mediados de los setenta y combatió en las dos insurrecciones. El recorrido de su vida sirve para ilustrar las vicisitudes de la organización sandinista en este importante lugar.

Mónica: ¿Cuándo te incorporaste al Frente Sandinista y cómo fuiste a dar a la lucha?

Alonso: Desde el colegio, estaba integrado a los movimientos cristianos. Los sacerdotes Sanjinés y Fernando Cardenal, eran mentores míos en el Colegio Centroamérica. Cuando me bachillero y me traslado a León, me ponen como contacto a Emilia Torres, y ahí me integro inmediatamente al Movimiento Cristiano (MC) en León, donde me encontré con vos Mónica, “Pin” Oscar Pérezcassar, Oscar Robelo y Róger Baldizón, que fue mi núcleo de trabajo.

Participé en el ayuno que realizamos “Por una Navidad sin presos políticos”, el 22 de diciembre en la Catedral de Managua, y en otras actividades del Movimiento. Después, ya de manera natural, el Movimiento Cristiano entra en contacto con el Frente Sandinista, y en un proceso que fue común a los integrantes de nuestro movimiento, entro en vínculos con Pedro Aráuz y la estructura clandestina del Frente Sandinista en León.

Me vi con Pedro Aráuz Palacios en la casa de José Francisco Largaespada Pallaviccini, un compañero que estudiaba Medicina que se había bachillerado conmigo en el Colegio Centroamérica. Él cayó en Chinandega, y es muy poco recordado y mencionado. No estaba vinculado al Frente entonces; sin embargo, yo le pedí prestada su casa sin explicarle muy claramente para qué se trataba: era la reunión con Pedro Aráuz. Después lo recluté para el Frente. José Francisco “Pepe” Largaespada, fue capturado y asesinado por la Guardia.

La primera célula clandestina a la que me integré fue con Oscar Pérezcassar, con vos, con Oscar Robelo. Mis tareas fueron variadas, pero especialmente en la zona rural de Amatitán, La Ceiba y Hato Grande. Varias tomas de tierras impulsamos ahí con Benigno y Vivian Hernández. Me acuerdo que en esa época trabajaron conmigo Julio Ramos, Silvia Torres y Guillermo Carmona, quien ahora es médico del Hospital Militar. Trabajé también en la parte urbana, en El Laborío y Sutiava, en la época en que era estudiante universitario. La verdad es que a esas alturas no asistía a clases más que para hacer presencia formal.

Mi familia se había integrado como colaboradora del Frente. Róger Deshón Argüello había tenido una relación familiar con mi papá cuando era niño, y entonces llegó a buscarlo a Chinandega en 1974. Mi papá desconfió, y me preguntó, consulté a Pedro Aráuz, quien dio luz verde, y ya se quedó Róger en mi casa, como su casa de seguridad durante mucho tiempo.

En marzo de 1975, se da una gran represión en Chinandega, en la cual cae preso mi papá, también Plutarco Anduray padre e hijo “Plutarquín”, el doctor Godoy y Amílcar Lorente “Chequel”. En una de ésas, también cayó presa Liana Benavides1.

Entonces un amigo muy cercano de mi familia, don Elías Cuadra, que tenía algunas relaciones con los mandos de la Oficina de Seguridad Nacional, habló para que sacaran a mi papá; y esa gente le dijo que a quien andaban buscando era a mí. Él avisó a mi mamá, quien me localizó por teléfono, y me dijo: –Escondete y perdete.

Me vine para Managua, a la casa de Edgard Lang, mientras lograba contacto. Dos meses estuve ahí, mientras la familia de Edgard no estaba en Nicaragua entonces. Restablecí contacto y me mandaron clandestino a Chinandega, a trabajar con Plutarco Elías Hernández Sánchez, el famoso tico, miembro de la Dirección Nacional, que en aquel entonces era el jefe del Comité Regional, yo era el jefe del Comité Subregional de Chinandega. Estaban conmigo Liana Benavides y Roberto Montenegro, en El Viejo, no recuerdo; y en Corinto, estaba Martha Cranshaw. Me parece que también estuvo allá Merceditas Avendaño. En Chichigalpa estuvo también Angelita Morales Avilés, creo que en el año 1976.

En esa represión cayeron presos por lo menos doce personas de Chinandega: agricultores, médicos y colaboradores. Entonces la gente quedó en una situación de temor. Plutarco se va en diciembre de 1975. Se va sorpresivamente, se las guinda2.

Después que se va el tico, pasa Hugo Torres fugazmente, porque tengo entendido que lo envían a la montaña. Entonces quedo desconectado. En ese período también llegó Emerson Velásquez. Él era el correo, el que tenía el contacto, y bloqueó el contacto nuestro con la Dirección Nacional; incluso, yo tenía una reunión con Carlos Fonseca, que fue suspendida por maniobras de Émerson Velásquez.

Mónica: Por lo que he podido reconstruir en base a diferentes entrevistas, Émerson Velásquez tuvo actitudes cuestionables en la realización de su trabajo, y Plutarco siempre lo protegió.

Alonso: Carlos Fonseca cancela la reunión conmigo, porque Émerson Velásquez le metió no sé qué historia.

En ese momento yo tenía la coordinación de Chinandega y me di cuenta de que había problemas en el Frente Sandinista, porque en la última reunión que tengo con el tico Plutarco, me entrega el comunicado de expulsión de Luis Carrión, Roberto Huembes y Jaime Wheelock.

Yo conocía personalmente a Luis Carrión y a Roberto Huembes, sabía que eran de máxima calidad revolucionaria; evidentemente, me dije, esta cosa está confusa. Como me quedo, además, desconectado durante semanas, decido viajar a Managua a buscar con quién contactarme.

A través de Salvador Mayorga, me contacté con Luis Carrión3; me contaron su versión de lo que estaba ocurriendo en el Frente, y ya me quedé trabajando.

Para entonces, Martha Cranshaw está en Chinandega también. Igualmente, a ella la reclutan los Proletarios. A Angelita Morales intenté reclutarla, y no aceptó.

En esos días, Plutarco Hernández me manda como doscientos dólares no me acuerdo con quién, para que me fuera a Costa Rica a reunirme con Humberto Ortega para vincularme con los Terceristas, pero mi imagen del tico era tan nefasta, que para mí cualquier cosa que pudiera venir de él era mala, por lo irresponsable y mentiroso que era4.

Te voy a contar una anécdota que ilustra cuán irresponsable era este Plutarco. Estábamos en el Hogar del Niño de Chinandega, con los curas, quienes eran insustituibles colaboradores. En la noche se aparece el comandante de la Guardia, que llegaba a visitar a los curas, porque el Hogar del Niño era toda una institución y llegaba la gente chinandegana, las personalidades, a tomar vino con los curas. Entonces inmediatamente me meto al cuarto que estaba en la misma planta de la sala, y el tico se queda afuera, en la sala comedor, en el salón, tomando vino con el comandante de la Guardia. Los curas estaban enturcados. Ya había pasado lo del asalto a la casa de Chema Castillo. Le dice el comandante de la Guardia: –Amigo, yo a usted lo he visto en algún lado, su cara me parece muy familiar.

Así que cuando Plutarco me manda los reales, después que había salido en guinda porque no se había querido ir a la montaña, y después de lo de “Chequel” y lo de Chicho Zepeda, entonces obviamente que yo no acepté, pero no por las posiciones, más que todo, por conocer a quien hacía la oferta.

Durante el año 1976, el trabajo en Chinandega fue, al igual que en todo el país, de ampliar redes; y realmente, logramos organizar toda la zona rural de Chinandega hacia Somotillo, en La Grecia, San Benito, Ranchería, Villa 15 de julio, y en menor medida en Villa Nueva, y luego en las comunidades de El Realejo, con “Pikín” Guerrero.

Me acuerdo que de la GPP, llegó Marcio Jáenz, antes que cayera preso. Lo mandaron a hacer la Ruta Ho Chi Minh, para pegar con la montaña, pero ese trabajo era más retirado. De la Tendencia Proletaria, trabajaron en Chinandega Leonel Espinoza, Oscar Robelo, “Pikín” Guerrero, Martha Cranshaw y Carlos Zamora. Básicamente, ese era el equipo clandestino. Nuestro trabajo era redes, organización popular con expresiones políticas como la ATC, AMPRONAC, que estaba a cargo de mi mamá.

Impulsamos la lucha por las tomas de tierra en todo el sector de Tonalá y Ranchería; realmente hubo una organización, un tendido territorial bastante extenso, rural y urbano. En Chichigalpa, en Corinto, en Chinandega, en El Viejo, particularmente en las comunidades rurales de Morazán y de Tonalá. Y eso fue el trabajo hasta la insurrección de septiembre.

Mónica: ¿Cómo se dio la insurrección de septiembre?

Alonso: En el año 1978, sí había mayor desarrollo militar. Hubo una insurrección que movilizó a toda la población. Fue masiva la insurrección de Chinandega. De hecho, esta ciudad resistió hasta antes de Estelí, en el proceso de desalojo que desarrolló la Guardia Nacional. Ya teníamos escuelas y unidades militares, los Comandos Revolucionarios del Pueblo (CRP), pero no teníamos armas; es decir, teníamos las armas de cacería, rudimentarias, pero no armas de guerra; minas, sí. Ya sabíamos hacer explosivos, bombas de contacto. Para la insurrección de septiembre, estaba Mauricio Valenzuela, por la GPP, y Blas Real Espinal con Émerson Velásquez, por parte de los Terceristas.

Ahí me ocurrió otra anécdota con Émerson Velásquez. Estábamos durante toda la semana combatiendo. Nosotros, los Proles, éramos probablemente la tendencia con mayor presencia organizada, con mayor cantidad de militantes, combatientes, redes, etcétera, y abarcamos un sector bien amplio de la ciudad. Mauricio, por otro lado, estaba en otro sector, buscando la Carretera a León.

Hicimos como una especie de división territorial, y detrás de mí, entre la carretera a Somotillo, estaba Émerson Velásquez con los Terce. Es decir, yo estoy de cara al Comando de la Guardia, y casi la mitad de la ciudad, hacia el Comando, hacia El Viejo y hacia el bypass y el Hotel Cosigüina. Y Émerson está, de donde estábamos nosotros y el bypass. Entonces, cuando se da la retirada, comenzamos a combatir con tropas de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería que llega y cerca la ciudad, y nos atacan con helicópteros. Yo estoy asumiendo que Émerson está con la gente de los Terce cuidándome las espaldas, porque donde está la EEBI armando el anillo, es sobre el bypass, frente al Hotel Cosigüina, buscando el Hogar del Niño, buscando el empalme de Chinandega a León y Corinto. Cuando me doy cuenta, es que tengo a la EEBI encima, porque Émerson ya no estaba, y ni siquiera avisó que iba de viaje.

Además, ya sin municiones y sin nada, lo que hice fue formar a la gente y mandarla a Honduras, porque definitivamente ahí no había otra cosa que hacer. Yo me quedé con Carlos Zamora y con Mauricio en una escuadra como de diez, ya revueltos, iban César Fajardo y Armando Zepeda.

Cuando yo estoy formando a la gente para salir de Chinandega, veo que están bombardeando mi casa, que fue destruida a cohetazos. Me acuerdo la sensación horrible, mis dudas ¿qué hago? ¿Termino de organizar la retirada de la gente o me voy a ver a mi familia? ¡Sentía angustia! Entonces dije, mi familia debe de estar bien, espero que se haya ido para otra casa. Termino de organizar la retirada ordenada de la gente y después de eso, cuando ya la gente se ha ido, con Carlos Zamora y Mauricio nos organizamos en una escuadra para salir por el lado de La Grecia-San Benito.

Nos dividimos en pequeños grupos. Rompemos el cerco. El grupo que iba conmigo, formado por César Fajardo, Carlos Zamora y no me acuerdo quién más, agarramos un vehículo y nos vamos por el camino rural que va para San Benito, por dentro, que sale frente al Hogar del Niño, y va hacia La Grecia y San Benito, buscando como salir hacia Chichigalpa, por dentro. La cosa es que en ese momento, un helicóptero de la Guardia se nos deja ir encima; nosotros vamos en el camino pelado; vos sabés que en Chinandega no hay nada de montaña. Y entonces viene el helicóptero y se nos deja ir encima, da la vuelta y otra vez se nos vuelve a dejar ir encima. Yo dije ¡puta!, ¡este maje se conmovió! Hasta después del triunfo de la revolución entendí que las armas que andaban los helicópteros de la Guardia eran tan malas, que se pegaban con mucha frecuencia, porque no tenía otro sentido que no nos hubiera disparado. Realmente, nos hubieran acabado porque íbamos en un camino rural pelón.

En Chichigalpa, nos metemos a una casa de seguridad, pero la Guardia iba cateando casa por casa. En medio de una gran tensión, Carlos Zamora y yo estuvimos como quince días ahí.

Yo tenía un lunar de carne en la frente, y mi familia me manda a decir que, en una comunicación de El Chigüín con el comandante de Chinandega –había mucha gente que monitoreaba las transmisiones por medio de un escáner–, estaban hablando de un maje, dando mis señas, y diciendo que la seña más visible era el lunar de carne. Esa transmisión la oyó mucha gente, y me lo contaron después del triunfo de la revolución.

Me acuerdo que le digo: – ¡Córteme este lunar hijueputa! ¡Me van a matar por él! Esperando que no fuera una cabeza de vena, que me podía palmar desangrándome. La señora de la casa de seguridad, con una Gillette al rojo vivo, me cortó el lunar, y ni seña me quedó, pero era una pelota un poco grande.

Entonces decidí trasladarme a Managua, porque por un lado, los cateos eran todos los días, sistemáticos, y por otro, estábamos encerrados sin hacer ni verga, a buscar contacto. Se valoró que lo más saludable era que yo viajara a Honduras donde teníamos a la gente en campamentos en Choluteca y en Tegucigalpa. Y realmente eran centenares de personas, no menos de mil, que habían salido organizadas hacia Honduras a distintos campamentos, tanto en la parte de Choluteca, como en la de Tegucigalpa.

Entonces me trasladé a Honduras con Jaime Wheelock. Nos sacó por tierra la mamá de Hugo Torres. Se portó súper valiente la señora y nos salvó la vida, porque íbamos en un camioncito de ésos que se acondicionan para transporte colectivo, con banquitas laterales. Jaime Wheelock iba disfrazado de campesino, imaginate vos, lo más ridículo, porque no se parece en nada a un campesino. La mamá de Hugo va adelante, en la cabina; Jaime y yo vamos detrás, entre otros pasajeros.

En Santa María de Ococona, un pequeño pueblito, estaban los guardias jugando béisbol en la plaza del parque, donde es la parada de los buses. Nosotros estábamos parqueados, porque era parte de la ruta hacer ahí un tiempo de espera. Entonces los guardias se comenzaron a fijar en Jaime Wheelock. Se fueron acercando dos, tres guardias, y la mamá de Hugo se bajó, haciendo escándalo: – ¡Muchachos, ando feliz, me saqué la lotería! ¡Vengan mis muchachitos, vengan! ¿Qué quieren? ¡Gaseosa, repostería! Armó el alboroto, se los llevó a los guardias, y nos salvó.

En Honduras ya se estaba dando el proceso de la unidad de las tendencias. Nosotros comenzamos a organizar a la gente militarmente, ya de una manera más técnica, y además, a recibir armamento, como resultado de la unidad y las conversaciones y el apoyo general al Frente Sandinista de Panamá, de Venezuela, de Costa Rica, y de todo mundo.

Comenzamos a organizar columnas. A Carlos Zamora lo regresan para Chinandega, y yo me quedo en Honduras con Sergio Mendoza. Estaban allá Juan Lorenzo Santana, Iván Tercero, que fue jefe del Estado Mayor de la Marina de Guerra, Bayardo Salmerón, Reynaldo Díaz, Róger Mayorga, de los que me acuerdo.

Dentro de lo que era el plan general insurreccional conjunto de las tres tendencias, la insurrección iba a iniciar en Chinandega el día 3 de junio. Ahí estaban Carlos Zamora, Quxabel Cárdenas por la GPP, Domingo Martínez, Prole, que fue posteriormente el esposo de Quxabel, fue Mayor del Ejército antes de accidentarse y morir. Era buen jefe militar.

Según el plan general, se levantarían barricadas, y yo entraría con una fuerza semi regular con una capacidad de armamento y de fuego, ya de otro nivel, para encabezar a la gente que se estaba insurreccionando en la ciudad. El 2 de junio que se están reconcentrando las distintas fuerzas internas de la ciudad, para salir a las calles a levantar a la población y construir barricadas, la Guardia descubre el lugar donde se están reconcentrando la gente de los Terceristas, y fue la famosa masacre de El Calvario.

En ese momento, eso provoca la estampida de la ciudad de Chinandega, de todas las fuerzas organizadas, y ese mismo día yo estoy entrando por Somotillo, donde tenemos escaramuzas con la Guardia; pero nuestro propósito no es detenernos ahí, sino llegar hasta Ranchería esa misma noche, para movernos el día siguiente a Chinandega.

A Nicaragua entramos a pie, por puntos ciegos; éramos como cuarenta hombres y mujeres en la columna, todos con armas de guerra y con entrenamiento. Entre Somotillo y Villa Nueva, unos colaboradores nos estaban esperando con dos camiones, en los que nos trasladamos a Ranchería, donde nos enteramos de la masacre de Chinandega. Llega Carlos Zamora en la noche, venía en guinda de Chinandega, a decirnos que todo el plan se había roto, porque le habían caído a la gente de los Terceristas cuando estaban en su reconcentración.

En ese momento, decidimos comenzar a buscar cómo contactar a toda la gente de todas las tendencias, que andaba regada, perdida en los cerros, en las comarcas, en El Viejo. En ese movimiento, y en el ínterin de una semana, nos emboscamos sobre la carretera entre Ranchería y la Villa 15 de julio, y tuvimos dos combates, en uno de los cuales salió herido un compañero cuyo nombre no recuerdo.

Logramos ir reconcentrando a toda la gente en distintos campamentos entre El Chonco y El San Cristóbal, que son los cerros que están de Chichigalpa hasta cerca de Ranchería. Eran tres o cuatro puntos de concentración de la gente los que habíamos establecido. En el campamento donde yo estaba, nos cayó la Guardia. Ya teníamos como una semana de estar ahí. Cuando estábamos terminando de cocinar una vaca, tuvimos un combate. Habíamos puesto varias emboscadas de contención sobre el cerro y los contuvieron, y ahí murieron tres o cuatro guardias.

Cuando nosotros nos retiramos, ya buscando concentrar a toda la gente, nos encontramos con la Quxabel. Nosotros estamos desalojados de la ciudad, y la Guardia aprendió la lección de la insurrección de septiembre: no se quedó en el Comando, se fue a poner en puntos fuertes en un anillo periférico alrededor de la ciudad. Sabían que nos habían sacado a verga, y que nosotros estábamos afuera. La Guardia dejó el Comando vacío, y agarró todo, todo lo que podía ser sitio de fortificación, como la INA, edificios altos y se fueron a fortificar ahí.

Mónica: Esa unidad que viene con vos, es una unidad de los Prole. ¿Entonces en qué dirección iban a estar los Terceristas?

Alonso: Es que los Terce no eran tan fuertes en Chinandega; los más fuertes éramos nosotros, y después la GPP. La muerte de la responsable de los Terceristas, Silvia Marlene Ramírez Tapia, y el resto de jefes, fue un golpe fuerte para ellos.

Mónica: ¿Ustedes no tenían comunicación con Palo Alto?

Alonso: No recuerdo cuando fue que comenzamos a tener comunicación, creo que fue cuando establecimos la coordinación con Carlos Brenes, pero fue en un momento algo tardío, no desde el inicio.

Ya entonces estamos Carlos Brenes, Carlos Zamora, la Quxabel y yo como coordinación. Varios intentos hicimos de penetrar a la ciudad, y no pudimos. Decidimos entonces, ya que no podemos entrar a la ciudad, saquemos a estos majes mejor. ¡Ataquemos el Comando de Chichigalpa para que ellos salgan y los emboscamos! El objetivo principal era la emboscada, Chichigalpa era sólo el señuelo.

Mientras Carlos Zamora y Carlos Brenes atacan Chichigalpa, Quxabel y yo ponemos la emboscada. Fue una emboscada difícil en las lomas pelonas entre Chichigalpa y Chinandega, por el sector de San Benito. A media noche y en la madrugada, abrimos zanjas para enterrarnos y camuflarnos con ramas.

En ese momento, la Guardia tenía municiones y tanques, y entró con todo, incluyendo la aviación. Los aviones venían y se lanzaban contra nosotros, y veíamos caer las hojas de los árboles. Fijate que cómo sería la lomita de pelona, que como en ese momento la Guardia todavía tenía suficientes municiones y reservas, anduvieron dos aviones, uno de los grandotes que sólo tiraba con una ametralladora 50, y anduvo también el T-33, que tiraba rocket.

Entonces la Guardia venía avanzando protegida por aviación que rocketeaba sobre la fila de árboles a lo largo de la carretera, y cuando llegaban donde nosotros, que estábamos en lo pelón, tapados con ramitas, dejaban de disparar. Pero realmente fue feo, porque uno no sabe si le va a caer el vergazo, y vos ves además el avión que llegaba, giraba, y se volvía a venir, ya donde venía la vanguardia de la columna de la Guardia a protegerlo, y otra vez comenzaba a rocketear. Me acuerdo que la Quxa, en plena roketeadera, se me va acercando, la miro a la orilla de mi pozo tirador con una ramita: – ¡Uy jueputa! “Carolina”, nos van a matar a nosotros, ¿qué estás haciendo aquí? No sé, qué quería decirme ella.

Mónica: ¿Cuántos se emboscaron?

Alonso: Ahí estábamos unos cuarenta armados, casi toda la gente que andaba conmigo. Le hicimos como dieciocho bajas a la Guardia y neutralizamos una tanqueta. Ahí es que cae heroicamente José Mercedes Cubillo, y salió herido Róger Alí Romero. La tanqueta que recuperamos estaba buena y, después de la toma de Chichigalpa, la mandamos a León.

La Guardia se repliega y arma posiciones, pero agarran unas pequeñas alturas que están más hacia Chinandega, donde estábamos nosotros; entonces comenzamos ahí una lucha de posiciones. La Guardia la echó toda en esta etapa.

Después de la emboscada, decidimos tomarnos el Comando de Chichigalpa, ya no sólo como una escaramuza de atracción de la Guardia; pero como estaban fortificados y era una construcción sólida, nos tomamos primero el Comando del Ingenio San Antonio, que era más fácil, y después el de Chichigalpa. Ahí ocupamos la tanqueta que habíamos recuperado, para sacarlos. Cuando nos aparecimos con la tanqueta, terminamos de tomarnos el Comando.

Mónica: ¿Y quién manejaba la tanqueta?

Alonso: Chavalos de Chinandega manejaban la tanqueta, aprendieron a punta de experimentos. Recuerdo que uno de ellos, el hijo de Miriam Cáceres, “La Mami”, decía que era como manejar tractores. Él disparó con el cañoncito de la tanqueta. Después fue de las Tropas Especiales Pablo Úbeda. Finalmente se suicidó. La toma del Ingenio nos sirvió mucho, porque agarramos todos los radios transmisores que tenían sus camionetas e inmediatamente eso nos permitió coordinar la comunicación.

Para evitar el problema del mando colectivo, ahí decidimos constituir un Estado Mayor Militar, del que yo era el jefe. Estaba también Domingo Martínez. Entonces decidimos montarle una emboscada a la Guardia, parecida a la de Chichigalpa, pero del lado de Corinto, atacando unos puestos que tenía la GN sobre la carretera.

Le encargamos la emboscada al segundo o tercero de la Quxa, Mario López “El Chaparro”. En esa emboscada murió un chavalo GPP, jefe de una columna, muy conocido de la gente que llegó como refuerzo de la GPP y que andaba con una columnita al lado de la Mina El Limón.

La idea era que una parte de la gente atacara las posiciones de la Guardia sobre la carretera, en el sector de El Realejo; y la otra parte se emboscaría en la carretera Corinto-Chinandega, para cuando llegaran los refuerzos. La unidad que llevaba el RPG-7 y el armamento más pesado, era la de Mario. Como no podían salir todos juntos, y había que moverse de noche, porque en esos llanos de Chinandega no tenés forma de moverte de día, entonces cada cual agarró sus posiciones confiado en que el otro estaba haciendo su parte.

Todo mundo opera, se hace el ataque y todo lo demás; pero Mario, tal vez por el cansancio, se durmió, y cuando se supone que él tenía las armas más pesadas para la contención...

Por la misma ruta que entramos de Honduras, penetró una semana después Sergio Mendoza. El plan era que Sergio atacara los pueblos del norte de Chinandega, Somotillo, Villa Nueva para irlos liberando, y para que además no pudiera entrar la Guardia hondureña a Chinandega. Sergio inicia su ofensiva, libera Somotillo en fuertes combates, también Villanueva, hasta que la Guardia se posiciona en el famoso Cerro Partido, y nuestra gente en Cayanlipe-Apacunca. Entonces ahí se dieron combates violentos, incluso con cañones, otra especie de guerra de posiciones con cañones pequeños en pequeñas colinas.

Mónica: Ahí es donde Jaime pidió apoyo a la gente que estaba en Estelí, porque todavía no habían resuelto esa parte de ahí. Hizo un cambalache con Julio Ramos y le mandó una unidad, pero cuando llegaron, parece que ya estaba resuelto. A cambio, Jaime les dio un cañoncito sin retroceso de 75 milímetros, con su respectivo tirador, que dicen que era francés. Este cañón fue fundamental para la toma del Cuartel de Estelí, el 16 de julio.

Alonso: Exactamente así.

Comentario de la autora: Sobre esta columna reconstruimos sus principales acciones y protagonistas, a partir de aportes de la obra de José Domingo García, el prólogo de Jaime Wheelock en Cosmapa en llamas, y conversación con Reinaldo Díaz.

La segunda columna de la Tendencia Proletaria que se había estructurado en el sur de Honduras, al mando de Sergio Mendoza “Richard” y compuesta de aproximadamente treinta y cinco combatientes, sufre algunos retrasos e ingresa al país en la cuarta semana de junio.

El armamento de estas unidades “fue adquirido de contrabando en Portugal e introducido en Honduras con la cooperación de los Presidentes de Panamá y Costa Rica, Omar Torrijos y Rodrigo Carazo. Consistía de fusiles G3 y ametralladoras HK-21. Contaba con morteros de 81 milímetros y cañones sin retroceso de 75 milímetros. Se trataba de un armamento moderno y poderoso.” (Jaime Wheelock: Cosmapa en llamas: pp. 14).

La columna de Sergio Mendoza “Richard”, lleva como principales cuadros a Juan Lorenzo Santana “Toño”, Patricio Lorente, Antenor Ferrey, Bernardo Ríos “El Comanche” y Bayardo Salmerón. Se toman el puesto de El Guasaule y la cabecera del municipio de Somotillo. Ahí se produjo la incorporación masiva de milicianos. Con estos refuerzos, se ocupan los pueblos de Santo Tomás, San Francisco, Cinco Pinos y San Pedro del Norte.

Siguiendo sobre la Carretera Panamericana, la toma de Villanueva fue muy dura. En un primer intento fue un revés, y se produjeron algunas contradicciones en el mando. Pero finalmente logran tomarse Villanueva, en donde se destaca Juan Lorenzo Santana. Ahí cae cerca del cerro, a la entrada del pueblo, la joven Carolina Osejo Sacasa, hermana de otro combatiente al que le decían “El Chele Agresio”.

Después de la toma de Villanueva, las fuerzas se empantanan en el empalme de Cayanlipe-Apacunca y la Villa Salvadorita, que fue bautizada después Villa 15 de julio, en honor a la fecha de la liberación, trenzándose en una virtual guerra de posiciones durante casi quince días. La Guardia tenía su base principal en Cerro Partido, cercano al poblado de Israel.

Para presionar más a la Guardia, se atacó su retaguardia, y se tomó la Villa 15 de julio en un cruento combate en el que la Guardia tuvo sesenta bajas y las fuerzas sandinistas once heridos y dos muertos, entre ellos una compañera de Villanueva que se llamaba Jamileth.

En esta acción se destacó Bernardo Ríos “El Comanche”, un campesino chinandegano que posteriormente estuvo en la jefatura de las tropas Pablo Úbeda, en defensa de la revolución.

Para la toma de la Villa 15 de julio, se contó con el respaldo de combatientes de León y de obreros de la Mina El Limón, que usaban muy bien la dinamita, y fue muy útil para desalojar a la Guardia del Cuartel.

Pero la Guardia no se daba por vencida, y también contraatacó con fuerzas del Consejo de Defensa Centroamericano (CONDECA) y retomó Villanueva. Por esta razón, se dio una reunión en la Mina El Limón con fuerzas de Víctor Hugo Tinoco, para obtener refuerzos para la retoma de Villanueva. Federico Cerda era uno de los negociadores, cuando dieron la noticia de la huida del tirano. La Guardia se desmoralizó y huyó. Ya no hubo necesidad de refuerzos en Villanueva. En las tareas de organización de estos poblados se destacaron Marta Cranshaw, Miriam Cáceres “La Mami” y Claudia Belli.

En las escuadras de este frente de combate, se destacaron los chinandeganos Patricio Lorente Ruiz; Bernardo Blanco, campesino originario de El Viejo; Jerónimo Carrasco, campesino de Ranchería, participa destacadamente en la toma de la Villa 15 de julio. También Adolfo Roque, “El Chele Walter”, Manuel Escobar, gran combatiente, muerto por la contrarrevolución en la zona de Nueva Guinea; Pablo Morales y sus hijos Néstor y Augusto, originarios de Villanueva, que combatieron en La Villa; Roberto López “Pochón”, Lázaro Zúñiga “Raulón”, Memo, Isaías y Trinidad Benavides.

Alonso: Posterior a la emboscada en la carretera a Corinto, se mantienen los combates contra la Guardia. Ésta se fortifica, hacen una trinchera como de ciento cincuenta metros, perpendicular a la Panamericana, en curva; usando las partes más altas pasan a ambos lados de la Carretera Panamericana, terminando en la casa hacienda de la Finca San Juan.

Recuerdo que una noche les fuimos a dejar un vergazo de minas. Porque ellos se salían en la noche. Teníamos varios cipotes que se fueron arrastrados, cargando minas, y las dejamos en la noche en la trinchera de la Guardia. Después hubo otra emboscada exitosa importante en la carretera a Corinto, que fue cuando matamos al Coronel retirado Edmond Pallais.

Edmond Pallais era amigo de mis padres, un caballero en toda la extensión de la palabra, íntegro. Pero el viejo bruto, cuando comenzó la insurrección se fue a meter a defender a la Guardia y venía al frente de un convoy como de dos o tres camiones; entonces, cuando lo matan, para mí fue doloroso, era un amigo personal de la familia. Para que tengás una idea: los hijos de él se fueron a refugiar a mi casa después del triunfo de la revolución, yo los tuve ahí, y los saqué para Guatemala a los chavalos.

Mónica: El 17, cuando se va Somoza, ¿dónde están ustedes?

Alonso: Cuando se va Somoza, nosotros estamos en las posiciones de San Benito, pero ya tenemos control sobre la carretera al Puerto de Corinto.

Me acuerdo que por el 10 de julio llegó Tomás Borge con Omar Cabezas, como a hacer inspección, que yo dije: andan buscando dónde enrancharse, ahora que ya estamos en la ofensiva final. Y me acuerdo que los recibí con toda la cortesía del mundo, pero bastante cortante. Ya en ese momento, nosotros teníamos un coronel cubano, “El Moro”, que estaba con nosotros y le dijo a Tomás: –Mire, Comandante, de acuerdo a mi experiencia, aquí no hay nada que hacer; los muchachos todo lo están haciendo como tiene que ser.



9 de octubre de 2009





NOTAS


1 Liana Benavides Gruter, costarricense, fue capturada el 8 de octubre de 1975 en Chinandega, por más de veinte guardias nacionales, y sometida a torturas y aislamiento.

Después, fue pasada a Consejo de Guerra y condenada a dieciocho meses de cárcel.

2 Hugo Torres fue asignado a atender Chinandega a finales de noviembre. Él supuestamente debía recibir el trabajo de Plutarco Elías Hernández “El Tico”, pero éste se fue abruptamente, sin avisar. Los Responsables eran: Émerson Velásquez, en San Benito; y Alonso Porras y Martha Cranshaw, en Corinto.

3 Luis Carrión sale del país en diciembre de 1975 y retorna en octubre de 1976.

4 Humberto vuelve a contactar a Plutarco Elías Hernández en mayo de 1976, a pesar de las protestas de Germán Pomares Ordóñez por el caso del fusilamiento de Chicho Zepeda. 


Últimos comentarios del relato
  • Germana Fajardo :

    El nombre completo de César, es César Augusto Fajardo Salgado. Originario de Chinandega.

    25 Mar, 15
  • Abraham Cubillo Molina :

    Muy bueno el relato del Cmdte Alonso Porras seudónimo Jose Esteban, lo conoci en honduras cuando yo regrese de cuba hay unas correcciones que son necesarias hacerlas les escribire después.

    24 Oct, 13

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