Memorias de la lucha Sandinista

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Los acontecimientos nos impulsaron a la unidad

Víctor Tirado López*


Tomado del libro Un Pueblo en Armas de Carlos Núñez Téllez:

* Los datos biográficos de Víctor Tirado López aparecen en “Soy Fundador del Frente... Yo estaba ahí” del Tomo I.


En los primeros meses del año setenta y nueve el ascenso revolucionario de las masas era un hecho incuestionable. La formación del Frente Patriótico Nacional, manifestaciones, acciones armadas, tomas de iglesias, fogatas en todas partes; las tomas de Estelí y Jinotega levantaban en pie de lucha a nuestro pueblo. Los esfuerzos del sandinismo por alcanzar la unidad comenzaban a concretarse, llevando en su seno el reclamo legítimo de un pueblo que aspiraba a contar con una vanguardia político-militar única, capaz de conducirlo al derrocamiento de la dictadura.

La mediación imperialista declinaba para encontrarse con un rotundo fracaso, las nuevas maniobras fraguadas por los círculos más reaccionarios vendrían a encontrarse con una respuesta enérgica de las masas, claramente dispuestas a no dejarse doblegar nunca más por ningún tipo de promesas o prebendas.

Aproximadamente tres años y cuatro meses habían pasado desde aquel octubre de 1975 en que estalló la crisis política interna del FSLN. Ahora en una reunión clandestina, en un marco político tremendamente difícil, con las masas lanzadas a las calles en acciones relámpago ya bien fuera para atacar o protestar, por fin podríamos anunciar al mundo, al enemigo, a los mediadores que pretendían seguir entregando nuestro país a los explotadores, a las organizaciones de izquierda que habían expresado desconfianza hacia nuestra organización, que la unidad del sandinismo era la respuesta contundente para profundizar la agonía irreversible de la dictadura, para oponernos a todos los desmanes y pretensiones de seguir entregando la nación a los intereses extranjeros.

Por fin se daban los pasos concretos, por fin la realidad se anteponía a cualquier idealismo y era, en el momento preciso, en la coyuntura en que todas las fuerzas se preparaban para lanzarse al asalto de la fortaleza enemiga, un grito de júbilo, una ráfaga de fuego por semejante logro. Nada de eso, la clandestinidad no admite este tipo de manifestaciones, quizás la mejor medida fue comprometernos a trabajar lo mejor posible para cristalizar en hechos prácticos la unidad, porque la intensidad del trabajo obliga a la militancia revolucionaria a ser fría en la apreciación de las cosas y a no permitirse debilidades. Tal obra histórica se basó en la madurez y la capacidad del Frente Sandinista de resolver sus contradicciones internas en el momento decisivo. El solo hecho de escribir estas líneas, obliga a reconocer en toda su preciosa expresión, el ejemplo vivo y resplandeciente de las fuerzas del Frente Interno al dejar a un lado sus diferencias para sumar al máximo de energía en beneficio de la lucha contra el enemigo común.

Sin unidad la resistencia heroica en Managua no hubiera contribuido a la victoria, sin unidad no hubiese existido la hazaña del repliegue táctico, sin unidad Masaya hubiera caído en manos del enemigo. Sin unidad la toma de Jinotepe y Granada hubieran sido simples sueños debido a la obcecación, al sectarismo, a la competencia, a la conducta más repudiable. Ésta es una de nuestras mejores experiencias, porque llegamos a comprender el significado real y decisivo de la unidad sandinista en el derrumbamiento de todo el andamiaje político y militar del somocismo. Con la unidad lo conseguimos todo en la guerra, fue vital para conseguir el triunfo en la paz y será decisiva para mantener la victoria.

Hace exactamente veintitrés años se concretó la unidad de las tres tendencias del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Oficialmente la unidad se firmó el 8 de marzo de 1979. En una foto que recorrió el mundo al día siguiente, estaban varios de los Comandantes de la Revolución con los brazos en alto, como demostración gráfica de esa unidad.

Para reflexionar sobre el tema de la unidad de las tendencias del FSLN, hablamos nuevamente con el Comandante de la Revolución Víctor Tirado López.

Mónica: Comandante Tirado, usted es uno de los miembros de la Dirección Nacional que aparece en esta fotografía, como artífice de este proceso de unidad; pero además, a mi juicio, usted es una de las personas que tuvo posiciones de lo más flexibles en este tema. No fue de los que cayeron en posiciones sectarias o de descalificación, sino que usted venía del ombligo de la montaña, de la Tendencia GPP y pasa a la Tendencia Insurreccional o Tercerista, y buscó puentes entre las tendencias. ¿Cómo vivió ese proceso entre la división y la unidad?

Víctor: Cuando salgo de la montaña, había dos tendencias bien separadas, la GPP y, de cierta manera, la Tendencia Proletaria; la Tendencia Insurreccional todavía no había nacido. Cuando se formó inicialmente, la Tendencia Insurreccional tuvo relación con la GPP y los Proletarios, incluso había cierta política para armonizar y hacer una sola organización.

Cuando se vino la gran represión a la montaña en 1975, y la Guardia somocista, como dicen los campesinos, viene arriándonos hasta llegar a los límites de Boaco con Managua, yo estaba en la montaña; pero afortunadamente, siempre mantuve un contacto personal con la ciudad, y esa persona tenía una finquita en Boaco. Entonces enviamos a hacer contacto con Daniel Ortega, y me manda a llamar. Él vivía en una finquita en Masaya.

Comenzamos a platicar y me cuenta toda la situación del país, las tendencias que se están forjando, quién dirige ésta, quién dirige la Proletaria, que la dirige Jaime Wheelock, de Carrión me contó la anécdota de cómo los llevaron a asilarse. Los compañeros del comando de asalto a la casa de Chema Castillo, ya están regresando. Me dice que vamos a fortalecer el trabajo que nosotros teníamos, pero yo le hago ver que la Guardia puede quebrar todo ese esfuerzo, que es muy difícil meter armas. Le propongo concentrarnos en Honduras y entrar desde ahí, y eso le pareció correcto. Y nos fuimos para Honduras.

Mónica: En la división en tres tendencias, se tenían conducciones diferentes, tendido organizacional diferente, y entre nosotros había descalificaciones y epítetos. Por eso es que Carlos Fonseca en sus “Notas a algunos problemas actuales”, llama mucho a no descalificar. A pesar de eso, todas las tendencias se llamaban Frente Sandinista, nada más le agregábamos un apellido: Frente Sandinista GPP, Proletario, Insurreccional. Además, todos estábamos por la vía armada para el derrocamiento de la dictadura. ¿Cuáles fueron, a su juicio, los factores fundamentales para esa división?

Víctor: Fue una división muy dura. Recuerdo que poco antes de los fuegos de octubre, hubo sus expulsados del Frente. Nos expulsan la dirección de la GPP en la que estaban Bayardo, Tomás Borge, Henry Ruiz y Pedro Aráuz.

Mónica: Pedro era uno de los más duros, ¿verdad?

Víctor: Sí, incluso Pedro Aráuz se opuso; él tenía conocimiento de que Íbamos a abrir los fuegos, porque debían de habérselo informado; él se oponía, y hasta el último momento no era partidario de esa ofensiva.

Mónica: Había fuertes cuestionamientos porque, como Pedro había estado aquí desde principios de los años setenta, pensaba que no lo debían mandar desde fuera. ¿Había algo de eso o no?

Víctor: Como no. A veces se quería menospreciar a los que estaban afuera, sobre todo a aquéllos que tenían dos o tres años en el exterior. Carlos Fonseca tenía más de cinco años de estar fuera; con insistencia se le llamaba para que regresara, y eso creó también un distanciamiento entre esa vieja Dirección de Carlos Fonseca y la nueva que se había gestado a través de Pedro Aráuz, Eduardo Contreras y Henry Ruiz, después de la muerte de Oscar Turcios y Ricardo Morales. Entonces, esa separación fue fuerte.

Cuando me preguntás cuáles fueron las diferencias, creo que no fueron políticas ni ideológicas, sino que fueron militares, de tácticas; porque si nosotros íbamos a abrir frentes armados y se oponían, es que ellos no estaban de acuerdo todavía en ese momento en la táctica militar; pero ideológica y políticamente había cierta identidad profunda.

La Tendencia Proletaria quería organizar un movimiento obrero en la ciudad bien consolidado para tirar una insurrección; y la Tendencia GPP también, pretendía organizar un centro madre que fuera la columna más importante, que era la Pablo Úbeda, y de allí hacer surgir unidades militares pequeñas para hacer acciones de emboscada. Nosotros pensábamos que debíamos organizar la insurrección. Ésta fue una vieja tesis de Carlos Fonseca, la insurrección sandinista. Entonces, ésa fue la famosa separación del Frente: creo que fue militar, más que política-ideológica.

Mónica: Usted sabe que para que prenda la insurrección, tienen que confluir un montón de factores. En el caso de Nicaragua, uno de los factores fue el asesinato de Pedro Joaquín; otro, el debilitamiento de Somoza a nivel internacional y la pérdida del respaldo de los gringos en la fase final. Todo esto confluyó para que se diera un momento propicio para el triunfo, que por unos días se puede perder. ¿Cómo llega la dirigencia a la conclusión de que tiene que haber unidad para poder triunfar?

Víctor: Los mismos hechos te van marcando y te van obligando a coordinarte y hacer la unidad. Hay que tomar en cuenta que veníamos de un mismo tronco, no es un partido distinto del otro partido, aunque éste tenga como concepto la lucha insurreccional. Eso nos obligó, después del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, a hacer esa coordinación. No podíamos ejercer una táctica, tomarse por ejemplo un lugar, una guarnición militar, sin avisar a los otros, para que tomaran sus medidas, o para que no le cayéramos al mismo tiempo.

Debíamos coordinarnos desde el punto de vista militar y eso nos fue llevando a crear una unidad política. Los acontecimientos nos obligaron a crear una unidad política. Se llamó en ese tiempo la Dirección Nacional Conjunta, en la que cada tendencia mantenía su estructura; a veces nos coordinábamos, a veces no, en las tareas militares. A veces chocábamos, como cuando se dio la toma del Palacio, que por poquito lo hacemos las tres tendencias al mismo tiempo.

Mónica: En la división de tendencias, ocurrió un fenómeno de movilidad entre las mismas. A veces, algún cuadro tenía diferencias con el mando, o por debilidades personales, y se cambiaba a otra tendencia; no necesariamente porque le simpatizara más o menos aquella táctica. Tengo una curiosidad sobre el caso de Oscar Pérezcassar, quien tuvo diferencias con el mando de la GPP y terminó siendo Tercerista, aunque según ha afirmado Daniel Ortega, Oscar cuestionaba algunas decisiones de la Tendencia Insurreccional, y coincidieron con él Dora María Téllez y Joaquín Cuadra. ¿Qué hay sobre esas contradicciones?

Víctor: Pérezcassar era un muchacho muy inteligente, audaz también, con mucha iniciativa; pero analizando hoy desde la distancia y saliéndome fuera del entorno donde estábamos, era muy ortodoxo, y tenía el don de influenciar, inmediatamente influenciaba a todos. Lo conocí en Tegucigalpa, incluso grabamos ahí una plática, una discusión, grabamos cuatro o cinco casetes. No sé qué se harían esos casetes. Pero él tenía ese don.

Cuando Pérezcassar se vino a Managua, fue con esa idea de liderar el movimiento, porque él creía, y allí coincidía con los Proletarios, en que había que hacer un movimiento marxista y comunista. Porque él era ortodoxo y él entró con esa concepción.

Mónica: Tenía una concepción más clasista, diría yo.

Víctor: Sí. Por ejemplo, él veía con gran desconfianza al Grupo de los Doce y la insurrección de 1977; no estaba muy convencido. Hablar con cualquier personalidad del mundo económico, comercial y financiero, no lo veía con mucha atracción; pero de todas maneras era un buen compañero.

Ése fue uno de los primeros conflictos internos en la tendencia, que fue fuerte por cierto, porque hubo un momento en que los que estaban en la ciudad, aquí adentro, querían separarse. Pero había una situación, y es que no manejaban armas ni financiamiento. Bueno, ellos podían conseguir financiamiento, pero armas en cantidades, no; y desde luego, esa condición no era capaz de someterlos a nuestros juicios políticos, ideológicos y estratégicos, sino más que todo, que ellos pudieron haber conseguido aquí lo suficiente como para tener un movimiento independiente porque ya la insurrección estaba tomando proyección. Pero se limaron todos esos problemas.

Mónica: Una de las bases para la victoria contra la dictadura somocista fue la capacidad de sumar más allá de las filas del FSLN. Eso nos lleva al tema de la política de alianzas que se expresó en el Grupo de los Doce y la incorporación de Violeta Barrios de Chamorro como miembro de la Junta de Gobierno. Cuéntenos un poco de eso.

Víctor: Mirá, creo que viendo al Frente Sandinista en sus tres tendencias, en ese momento, allí hay claridad sobre la necesidad de una política de alianzas para que llegáramos a la victoria total. Había que lograr alianza con fulano, zutano, tal sector; se hablaba con ellos y confiaban en el Frente Sandinista.

Para nosotros era muy importante tener una política de alianzas, una política, no algo coyuntural. De cierta manera, la GPP y los Prole nos cuestionaron al principio por haber incorporado al Grupo de los Doce y a esas personalidades. Pero eso nos permitió influir dentro de todo el conglomerado anti-somocista. Había sectores anti-somocistas que, cuando el Grupo de los Doce irrumpe en el panorama político, se sumaron sin desconfianza al movimiento. Esa política de alianzas, ¿por qué no se mantuvo después de 1979? Ese es otro episodio, que es interesante, pero lo vamos a contar otro día.



10 de marzo 2001



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