Memorias de la lucha Sandinista

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Evangélicos y educadores

La familia Torres Pérez1


La familia Torres Pérez, integrada por siete hermanos, José Leonel, José Miguel, Alicia Elizabeth, David Noel, Denis Alberto, Marina Esther y Daniel Alejandro, tuvo una importante influencia en el desarrollo de la conciencia revolucionaria de los jóvenes cristianos en el departamento de Carazo. Sus padres, reverendo José Miguel Torres Reyes y Elena Pérez de Torres, se desempeñaron como pastores evangélicos y educadores, y junto a sus hijos representaron para esos pueblos una referencia de dignidad, respeto y de admiración por su integridad y compromiso social.

En la década del 60 residieron en Diriamba y en los años 70 en Jinotepe El Reverendo José Miguel Torres Reyes fue pastor en los departamentos de Río San Juan, Chontales, Madriz y las ciudades de Diriamba y Jinotepe, y promotor y fundador de lo que hoy conocemos como Nueva Guinea, a donde llegó con los primeros diecisiete colonos procedentes de distintas partes del país, para establecerse e iniciar un proyecto de colonización de esas tierras vírgenes.

Doña Elena Pérez viuda de Torres, de origen salvadoreño, ejerció el magisterio durante treinta y siete años. Su padre fue un gran pedagogo y poeta que aportó a El Salvador la primera gramática fonética. A la cabeza de jóvenes poetas de ese país, vinieron a pie a Nicaragua para conocer a nuestra gloria Rubén Darío en su último y definitivo regreso a su país. Doña Elena también fue alumna del lugarteniente de Sandino, Farabundo Martí, fusilado en la matanza que desató en 1931el dictador Maximiliano Martínez.

Todos ellos son factores que explican la sensibilidad y compromiso de los hermanos Torres Pérez, con las causas sociales y revolucionarias desde los años sesenta y setenta.

En esta obra, presentamos a cuatro de los miembros de esta familia. A José Miguel Torres, quien pudo darnos su testimonio en 1999, que quedó plasmado en dos textos recogidos en los tomos I y II de las “Memorias de la Lucha Sandinista”, y quien para este volumen dedicado a Carazo no pudo ser entrevistado, pues ya había fallecido. A Denis, quien nos brindó gustosamente los rasgos esenciales de su trayectoria, a Alicia quien testimonia sobre la lucha de los maestros de primaria, y a Marina, de quien pudimos recoger su testimonio a través de una entrevista realizada por Julio Hernández.


Forjador de cristianos revolucionarios

José Miguel Torres Pérez2 (1945-2012)


José Miguel Torres Pérez nace en Santo Tomás, Chontales, el 13 de noviembre de 1945. Estudia secundaria en el Colegio Bautista de Managua y educación superior en la institución Comunidad Teológica de México.

Vivió profundamente el espíritu ecuménico desde muy temprana edad y fue uno de los principales forjadores de los movimientos cristianos revolucionarios de Nicaragua. En 1964 tiene sus primeros contactos con el FSLN, y ese mismo año fue parte de los movimientos ecuménicos juveniles que se expresaron en Centroamérica, Latinoamérica y otras regiones.

En 1967, José Miguel fue pastor universitario en la Iglesia Bautista de Puebla, México, en 1968 fue Secretario Nacional para México de la Federación Universal de Movimientos Estudiantiles Cristianos. En 1969 fue pastor de la Iglesia Bautista Emmanuel, en Tamaulipas, México. Fue perseguido en ese país por su involucramiento y compromiso con el movimiento estudiantil mexicano, que sufrió la brutal represión de 1968, conocida como “La masacre de Tlatelolco”.

Al regresar a Nicaragua en 1970, trabaja como Presidente de la Juventud Bautista, desarrolló una activa participación en la Unión Latinoamericana de Juventudes Evangélicas (ULAJE) y el Movimiento Estudiantil Cristiano de la Federación Universal de Movimientos Estudiantiles Cristianos. La consecuencia de José Miguel también influye en la vida y compromiso de sus hermanos, todos los cuales se involucraron en la lucha contra la dictadura somocista.

En esos tiempos se debatía en América Latina sobre la participación de los cristianos en las luchas de liberación nacional. José Miguel tomó partido sobre el ineludible compromiso que había que asumir en esas luchas, desde una perspectiva cristiana.

Trabaja con los entonces sacerdotes Antonio Sanjinés, Ángel Barrajón y Alfonso Alvarado, en un esfuerzo ecuménico a través de la pastoral juvenil, que asume la Teología de la Liberación e impulsa el compromiso de los jóvenes con la lucha armada revolucionaria. Otros sacerdotes con los que trabaja son: Uriel Molina y Fernando Cardenal, y también con las monjas Luz Beatriz Arellano, María Hartman, las tres monjitas Maryknoll, Maura, Maggy y Peggy, y con dirigentes de los movimientos cristianos de Managua, Chontales, Boaco, Jinotepe, León, Chinandega y Rivas, entre otros lugares que visitaba.

Realiza una febril actividad organizando encuentros, retiros de reflexión y reuniones con jóvenes de distintos departamentos. Tuvimos la oportunidad de compartir con él esos encuentros en los que se hacían profundas reflexiones sobre la realidad nacional, y acerca de la necesidad del compromiso por cambiarla.3

En los diálogos organizados por Fernando Cardenal para incorporar nuestras vivencias en su obra “Sacerdote en la Revolución”, José Miguel cuenta sobre estos trabajos al hablar de Arlen Siú. Refiere que cuando se dieron las primeras tomas de iglesias por los estudiantes de la Universidad Centroamericana (UCA), en 1970, hubo resonancia en León y Carazo. Recuerda que los estudiantes de la UCA que eran de Diriamba y de Jinotepe, se articulan para tomar también las iglesias de su departamento, lo que es apoyado por los estudiantes de los institutos de secundaria. Se va notando una presencia de jóvenes que tenían una identificación con el pensamiento cristiano. Estos muchachos leían especialmente los salmos de Ernesto Cardenal y a través de él conocieron el pensamiento de Sandino, con la famosa “La Hora Cero” (Cardenal Fernando: 170).

Después del terremoto de Managua en 1972, José Miguel también se involucra en los esfuerzos que en distintas partes del país realizan los jóvenes cristianos para socorrer a las víctimas del desastre. Lo recuerdo llegando al Colegio La Salle, de León, donde el movimiento cristiano se metió de cabeza, y sostuvo durante largos meses el centro de refugio de los terremoteados, de donde salieron después muchos colaboradores de la lucha revolucionaria.

Para esta época José Miguel se vincula especialmente con los cristianos de Carazo e impulsa la organización de éstos en el Frente Estudiantil Revolucionario (FER), no solo católicos, sino también evangélicos, quienes, para proyectarse hacia la sociedad montaron una obra que se llamaba “El viento donde quiera sopla”, que planteaba el pensamiento del sacerdote guerrillero Camilo Torres, de Edwin Castro; y ”La Utopía”, de Ernesto Cardenal, y con ello desataban un debate profundo sobre la problemática de todo el sistema y la dictadura en que vivíamos.

*

José Miguel: En la obra de teatro Arlen Siú participaba haciendo el papel de la madre del extraño, que es el personaje central, y el extraño representaba precisamente a ese joven que se va a luchar por las grandes causas de la humanidad y paga el precio de la muerte. Y ella es un poco la madre, y representa un poco la Madre del Cristo crucificado. La obra repercutió tanto en Jinotepe que el Comandante de la plaza la mandó a prohibir y amenazó con llevar a la cárcel a todo el elenco si se presentaba de nuevo.

(…) “En Carazo se conocía a Ricardo Morales Avilés como un gran intelectual y se le admiraba como revolucionario. Cuando él sale de la cárcel ve que los jóvenes cristianos están organizados y son muy activos e incluso lee la obra “El viento donde quiera sopla”, y dice que es excelente, aunque plantea la no violencia de Luther King. Y estimula a los muchachos a seguir la obra. Entonces comienza a darse un nexo entre la comunidad cristiana de Carazo y Ricardo Morales”.

Un detalle impactante para el desarrollo de la conciencia en los cristianos fue la oportunidad que tuvimos de escuchar directamente de boca de Ricardo Morales sus reflexiones sobre la situación de Nicaragua y sus perspectivas, en un evento organizado principalmente por José Miguel. Acababa de ocurrir el golpe de Estado a Salvador Allende en Chile, y más de cien jóvenes cristianos de Nicaragua y de otras partes de Centroamérica, estuvimos reunidos en la casa de retiros El Tepeyac, en el Volcán Mombacho. El 16 de septiembre de 1973, Ricardo Morales nos dio una conferencia que forma parte de sus obras, donde reflexionaba sobre la realidad nacional y acerca de la necesidad de la lucha armada. Después de un gran debate, cenamos y nos fuimos a dormir.

Ricardo Morales habló muchas horas a solas con Arlen Siú, sentados en una pequeña camita de una habitación colectiva, hablaban animadamente, pero en susurro, no solo porque evidentemente estaban conspirando, sino para no molestar nuestro sueño. Al día siguiente, algún compañero lo llevó a la parada de taxis inter-locales de Granada, de donde salió para Nandaime a su encuentro con la muerte.

Después de trabajar de manera sostenida en Nicaragua, José Miguel estuvo un tiempo en El Salvador como pastor de la Iglesia Bautista Emmanuel, donde mantuvo una estrecha relación con Monseñor Óscar Arnulfo Romero. “Oficiaron cultos y misas en conjunto en ambas iglesias y de ahí nació una extraordinaria relación con el obispo mártir”.4

En 1978 fue pastor de la Iglesia Bautista de Jinotepe, donde le tocó acompañar a su feligresía, en particular a las bases juveniles de su iglesia, en todo el proceso insurreccional. Asumió en ese mismo año la coordinación regional para Latinoamérica de la Comisión Evangélica Latinoamericana de la Educación Cristiana (CELADEC).

Después del triunfo de la Revolución fue asesor de Asuntos Religiosos de la Comisión Ejecutiva del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y siguió trabajando internacionalmente en defensa de la Revolución desde una perspectiva teológica cristiana.

En 1992 se desempeña como profesor de Teología, Historia de Nicaragua y Sociología de la Religión, y en 1994 es miembro fundador del Instituto “Martin Luther King”. Muere el 15 de enero de 2012 a la edad de 66 años.

En nuestra conversación de 1999, José Miguel reflexionaba así:

José Miguel: Recientemente Pablo Richard5 recordaba que hay tres mil millones de excluidos. Es decir, tres mil millones de seres humanos que están de sobra, es decir, sociológicamente ya están condenados a muerte por el sistema capitalista.

Lo que quiero señalar es que la existencia de la pobreza a niveles de extrema miseria, es súper dramática en todas partes, y especialmente en Nicaragua. Entonces ¿qué quiere decir esto en términos de la teología, de una reflexión teológica a la luz del Evangelio? Esto significa que siguen existiendo pobres y lo que la Biblia dice es que Dios está en medio de los pobres, y Jesucristo precisamente quiere ser encontrado por nosotros los cristianos, ahí en su esfuerzo, en medio de los pobres.


Militante internacionalista y pacifista

Denis Alberto Torres Pérez

Nace el 10 de agosto de 1952. A los 16 años (1968) se integró al FER, a partir de reuniones entre un grupo de estudiantes de Jinotepe y Diriamba con René Núñez Téllez, Denis Moncada Colindres y Pedro Arauz Palacios Este contacto fue organizado por Julio César Hernández, quien ya militaba en el FER-FSLN. Dirigió el movimiento estudiantil del Instituto Juan José Rodríguez (Jinotepe), desarrollando tareas movilizativas en torno a las reivindicaciones del magisterio nacional, así como en conmemoración de efemérides tales como la del 23 de julio (masacre de estudiantes en León). Distribuía volantes. Organizó una célula del FER integrada por estudiantes de Diriamba y Jinotepe, la cual fue desarticulada con la captura de Alejandro Gutiérrez Mayorga (FSLN), Aristides Rojas y Leonardo González.

En el Centro Universitario Regional de Carazo (CURC), asumió también la presidencia del Centro de Estudiantes Universitarios (CUUN), y encabezó las delegaciones estudiantiles al Primer Seminario de Reforma Universitaria y al histórico V Congreso Nacional de Estudiantes, en el cual también participaron figuras emblemáticas de la historia del FSLN, como Edgar Munguía, Doris Tijerino, Omar Cabezas, Isabel Turcios y Ramón Rizo Espinoza, entre otros.

Para la primera toma masiva de iglesias y colegios, le correspondió coordinar las jornadas en Diriamba, movilizando a los colegios La Inmaculada, Divino Pastor, Instituto Nacional y la Iglesia San Caralampio, para reivindicar la libertad de los presos políticos y contra el alza del costo de la vida, entre otros. Tuvo la oportunidad, antes de su viaje a Chile durante la presidencia de Salvador Allende, de establecer vínculos orgánicos con el Comandante Ricardo Morales Avilés, a quien entregó referencias sobre reales y potenciales colaboradores con la lucha anti-somocista y con el propio Frente Sandinista.

En Chile fue militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), y para el golpe de Estado fue capturado e internado en el Estadio Nacional, donde pasó cuarenta y dos días durante los cuales fue sometido a interrogatorios y violencia por parte de las fuerzas armadas golpistas.

Expulsado al Perú, fue acogido en ese país por la Federación Universal de Movimientos de Estudiantes Cristianos (FUMEC), que ahí tenía su sede, reinició sus estudios y mantuvo vinculación con la resistencia chilena. Posteriormente fue Coordinador Nacional del Movimiento Estudiantil Cristiano del Perú. En este país organizó la solidaridad con Nicaragua al lado de Esteban Pavletich, quien fuera secretario de Sandino, y entre muchas otras actividades, viajó a Bolivia a establecer contactos para la solidaridad con la lucha nicaragüense, entrevistándose con Ema Obleas de Torres, esposa del General nacionalista Juan José Torres, asesinado luego en Argentina, y con el dirigente minero Juan Lechín Oquendo. Los mineros decidieron donar un día de salario para la lucha nicaragüense. También se contactó con el Movimiento Estudiantil Boliviano.

Denis regresó a Nicaragua a finales de 1974, y en enero de 1975 fue capturado en Juigalpa por la Guardia y agentes de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN). Fue interrogado y torturado por varios días. Su padre, Reverendo José Miguel Torres, amenazó a Somoza con levantar a miles de campesinos de Nueva Guinea sino lo dejaba en libertad, lo cual logró, pero a condición de que su hijo saliera del país. Regresa definitivamente a Nicaragua con el triunfo de la Revolución Sandinista, y se desempeña como Director de Capacitación Campesina de la Reforma Agraria, y posteriormente como miembro del equipo asesor de la dirección superior de la Cancillería.

Después de 1990, en el exterior realizó estudios de maestría en Relaciones Internacionales y regresó en 1993, para fundar el Instituto para la Paz “Martin Luther King” de la Universidad Politécnica (UPOLI), en el cual se desempeña promoviendo en el país, y a nivel internacional, el paradigma de la cultura de paz.






NOTAS


1 Este texto fue preparado con la valiosa contribución de Denis Torres.

2 Construida en base a biografía que me entregó en 1999, cuando lo entrevisté, y con datos tomados de la Semblanza del Reverendo José Miguel Torres, publicada por Relaciones Públicas en página WEB de UPOLI.

3 Dos conversaciones con José Miguel Torres aparecen publicadas en “Memorias de la Lucha Sandinista” en los tomos I y II.

4 http://blogupoli.blogspot.com/2012/01/reverendo-jose-miguel-torres.html

5 Doctor en Biblia y en sociología de la religión.


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