Memorias de la lucha Sandinista

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Los adolescentes tuvimos que meternos en la runga

Marco Antonio Cordero Pérez


Marco Antonio Cordero Pérez nace en Managua el 12 de junio de 1962. Sus padres, Guillermo Cordero Gómez y Teresa de Jesús Pérez García, son de Jinotepe y Diriamba, respectivamente. Estudia primaria en el Colegio San Antonio, cuya dueña, Chepita Gómez, era su madrina; y secundaria en el Instituto Juan José Rodríguez.

Sobre sus motivaciones para integrase a la lucha contra la dictadura somocista, recuerda que la primera percepción que tuvo acerca de una actitud rebelde, fue la de Fidel Sánchez, hijo de Yico Sánchez, compañero de clases. Estando en tercer grado le regaló un dibujo del “Che” Guevara, y aunque no tenía ni idea de quién era, su cara y su imagen le quedó grabada para siempre como símbolo de rebeldía.

Tenía varios tíos militares somocistas que llegaban a la casa de su abuela en jeep BECAT (Brigadas Especiales contra Acciones Terroristas), en vehículos verde olivo, y recuerda que de ellos le gustaba el porte y aspecto, la marcialidad, sin conocer el carácter represor de ese cuerpo.

Se empezó a cuestionar esa admiración por los militares viendo imágenes sobre la guerra de Vietnam, pues su padre, quien era un lector empedernido, llevaba muchas revistas a su casa. En Vistazo Internacional vio muy temprano imágenes bélicas.

Marco: Comencé a identificar los jeep Puma que usaba la Guardia con los que utilizaba en Vietnam el ejército interventor gringo. Esa asociación me hizo darme cuenta de que el ejército de Nicaragua era hijo de los gringos, y que por lo tanto era represivo.

En el año 1968 tenía seis años de edad, pero ya miraba las fotos de la resistencia de los vietnamitas y por un asunto tal vez exclusivamente humano, me identifiqué con las causas de liberación. Posteriormente también vi una revista que se llamaba Bohemia, que hacía derroche de fotografías y de reportajes sobre la Revolución Cubana. Aunque mi familia era somocista, comencé a sentir una inclinación hacia las causas libertarias, hacia las guerrillas que proliferaban en Latinoamérica. La herencia de mi padre de leer, de escudriñar noticias y de ver fotos, me permitió darme cuenta de las luchas en diferentes lugares.

En el año 1972, antes del terremoto, Carlos Mejía Godoy, Arlen Siú, Orlando Castellón, Mario Estrada y otros, montaron un evento cultural en el atrio de la Iglesia, para la Navidad sin Reos Políticos. Cuando supe de la existencia de reos políticos, me convencí que eran personas dignas, que estaban luchando contra la dictadura somocista. Al año siguiente fue la huelga por Efraín Northanwalton, un salvadoreño que había sido profesor, y por Chico Ramírez, un cabo de la Guardia que desertó y le entregó el rifle Gárand a una escuadra guerrillera. Todo ese ambiente de la conspiración, de secretividad, de lucha subterránea en contra del somocismo, me atrajo. Sentí simpatía por aquellos hombres que habían desafiado al régimen somocista e inmediatamente dejé de sentirme halagado por el uniforme verde olivo de mis tíos y de mis primos, y comenzó a gustarme el verde olivo de la guerrilla sandinista.

En la casa de la Sanidad, en Jinotepe, había una pinta que según me cuentan la hizo el amigo Aristides Rojas, que decía: ¡Vivan las guerrillas!, y me parecía algo espectacular. Me imaginaba las guerrillas como un grupo muy numeroso en las montañas de Nicaragua. Estábamos lejos de que así fuera, porque entonces los guerrilleros eran unos pocos, pero eso nos atrajo a mis hermanos Mario y Héctor, y a mí, pues fue un proceso en el que los tres nos integramos.

Después de 1972 hubo un movimiento cristiano de apoyo a los terremoteados, en el que participaban Arlen Siú, “Chu” Castellón, Mario Estrada, y un montón de gente que está viva todavía. Ese grupo de ayuda también tenía una posición política ante la sinvergüenzada de Somoza de robarse la ayuda externa que vino para los damnificados del terremoto.

Eso generó también una reacción, y hay que recordar que el diario La Prensa jugó un papel importante en todo esto. La Prensa de Pedro Joaquín publicaba un personaje pintoresco que se llamaba Nicasio, elaborado por el caricaturista Alberto Mora Olivares (AMO). Nicasio nos abrió los ojos a muchos nicaragüenses de esa edad, lo leíamos como niños, pero la caricatura siempre llevaba un mensaje político contundente de denuncia, y todo eso nos fue creando una conciencia social, una conciencia política a pesar de la edad. Fue de las ventajas que tuvo nuestra generación, una generación que agarró la cola de un gran movimiento revolucionario mundial y que tal vez fuimos los últimos que hicimos una revolución armada en Latinoamérica en el siglo XX, y no sé si en el mundo.

El Frente Estudiantil Revolucionario (FER), fue el primer vínculo orgánico que tuve con el sandinismo. En Jinotepe el FER estaba en el Centro Universitario Regional de Carazo (CURC), donde era el colegio de las monjas Betlemitas, que ahora ya no existe, y cerca quedaba el Club Universitario, y tal vez por esas condiciones propias de los jovencitos, de querer aprender de la vida y de los viejos, me hice amigo de un montón de gente que era mayor que yo, entre quienes recuerdo a Julio Briceño Martínez, hijo de Julio Briceño Dávila, quien fue uno de los primeros nicaragüenses que estudió en la Unión Soviética, y que y sigue siendo del Partido Socialista.

Todo ese movimiento fue bonito para mí. Miro que ahora la infancia y la adolescencia trafica por otros lados, la de nosotros fue de represión de la Guardia. Una vez, no podría precisar el año, miré pasar corriendo a un joven muy simpático, blanco, que ya había visto, y lo había visto sonreír, y sonreía muy bonito, pero ese día lo miré con una cara de tristeza y de miedo terrible, corriendo en la esquina de mi casa donde estábamos jugando trompo, y cuatro o cinco guardias detrás. Le dieron alcance donde ahora conocemos como El callejón de los héroes o El callejón de los mártires, en una letrina.

Julio: Fue el 10 de enero de 1975, te estás refiriendo a Mauricio Duarte.

Marco: Exactamente, Mauricio Duarte, quien tenía una casa de seguridad donde la señora Lila Aguilar Román, quien también fue un personaje que tuvo influencia en Jinotepe.

Yo miré la muerte de Mauricio Duarte. Los guardias lo agarraron y le dispararon. Recuerdo también la pena que vivió una familia porque, sin ser somocista, pensando que el que corría era un ladrón, una señora dijo ahí está escondido, y fue la que lo denunció sin saber que era un militante sandinista, y que era responsable de gran parte del trabajo organizativo en Carazo. Me refiero a la familia de Los “Chopitos”, a los que les dicen Los “Chapines”. Entiendo que ella no tenía la intención de denunciar a un sandinista, ella pensó que era un ladrón común y corriente y que la Guardia lo iba capturar, y lo que hizo la Guardia fue matarlo.

Al día siguiente salieron las fotos en el diario Novedades, del cuerpo en La Morgue del Hospital Santiago. Mauricio Duarte quizás fue uno de los sandinistas que más me motivó. Pero hay que recordar que en ese año 1975 también cayeron otros jinotepinos como Arlen Siú, Mario Estrada, Hugo “El Cuco” Arévalo, quienes también nos motivaron.

Otro hecho muy importante fue la toma de la casa de Chema Castillo Quant, eso marcó a toda nuestra generación porque fue algo sin precedentes en Latinoamérica.

Las revueltas de septiembre de 1978

Marco: En 1978 habíamos hecho algunas actividades armadas. Mi responsable en ese tiempo era Aura María Ortiz Padilla, una persona a quien yo voy a querer toda la vida.

Para septiembre, la orientación del Frente Sandinista fue de lanzarse a la insurrección. En nuestro caso tuvimos la actitud de lanzarnos a las calles con las pocas armas que había. Septiembre fue para nosotros un montón de acciones pequeñas, algunas las hicimos con los Proletarios.

Recuerdo que nos parapetábamos y nos atrincherábamos en San Antonio y en otros lugares, atacamos el Cuartel GN que quedaba frente al Sistema Local de Atención Integral en Salud (SILAIS), que era la casa de tres pisos de doña Pelena Campos, y la tenía tomada la Guardia. Por suerte tenía una carabina 30, M-1, en mis manos mientras otros compañeros solo andaban con pistolas o rifles 22. La carabina 30, M-1, es una arma más bonita, es el arma con la que murió el “Che” Guevara, y a mí me gustó que pudiera tener esa arma que me la dio Aura María Ortiz Padilla.

Entre los que participamos en esas acciones recuerdo a Román Esteban Toledo “Chombo”, Rodolfo Rojas Cordero, “Piel”, que andaba con un M-16 que le había facilitado un guardia que desertó y que le decíamos “Chapiollo”, al que parece que después lo capturó la Guardia y lo asesinó, Martín Campos “El Zorro”, hermano de Álvaro, Roberto “Tito” Luna, también conocido como “El Canoso”, Leonel Rojas, que hace poco fue corrido de vice alcalde, Lenin Vázquez Galeano, y Leoncito Sancam, quien anduvo con una pistolita haciendo sus disparos, pese a que era solo un niño.

Otra acción fue que caímos a la casa del papá de Martha Cranshaw, que era un terrible somocista.

Las Proles le cayeron a la finca del General Bermúdez, Rancho Maruca, en El Aguacate. Recuperamos armas, municiones, botas, equipos, y también se le quemó un vehículo. Esa acción era de la Tendencia Proletaria y la dirigió Nemo Arias, quien falleció en los años ochenta en un accidente aéreo. Ahí estuvo Héctor, un hermano mío.

También participó en alguna de estas acciones una compañera que se llama Gabriela, pero no recuerdo su apellido, Isabel Cristina Avilés, hermana del general Julio Avilés, y Mercedes Campos, un compañero que ahorita está muy enfermo.

En septiembre se trataba de hacer sentir la presencia popular, y hubo quemas de llantas y barricadas de chunches viejos, piedras tiradas a las calles, porque aquí no había adoquines.

Mónica: Septiembre no fue un solo día, fue una jornada que inicia el 9 de septiembre y que se extiende durante algunas semanas. En Managua, por ejemplo, forma parte de esta jornada la acción realizada el 18 de septiembre donde mueren todos los miembros del Ejecutivo de la Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES) de la capital: Marcos Sequeira, Mariano Sediles, Manuel Olivares, Rolando López, Valentín Barrios, René Herrera y una chavalita que era una de nuestras responsables clandestinas, Urania Zelaya Úbeda.

En Carazo, además de las acciones en Diriamba y Jinotepe, se realizó el ataque al Cuartel de Santa Teresa el 15 de septiembre de 1978. En ella participó una compañera llamada Martha Cruz Conrado.

Marco: Martha es un caso muy interesante, porque ella es hija de familia conservadora, y para el ataque a Teresa, la intimidaron para que diera un jeep, entonces ella dijo que no, que quería ir a volar verga, y se fue al ataque. Era una mujer grande, fuerte, hermana de Jaime Conrado, que fue escolta de Tomás Borge durante un buen tiempo. Después se asila, entra en la Columna Jacinto Hernández y cae en Toro Bayo, Nueva Guinea.

Nota de Mónica: Con la mamá de Martha, doña Socorro Conrado, pudimos aclarar que el hermano realmente se llama Manuel y trabaja actualmente en la Dirección General de Ingresos (DGI). Jaime Conrado es primo de Martha.

En “Memorias de la Lucha Sandinista”, Tomo III, hablo de Martha Conrado, conocida como “Susana” o “Susy”, quien fue capturada por la GN y sometida a brutales torturas, violaciones, corte de sus genitales, hasta la muerte, y erróneamente su fallecimiento lo ubico en el Frente Sur, de acuerdo a un testimonio inédito de El Cóndor Legendario. He podido aclarar con sobrevivientes de la Columna “Jacinto Hernández”, que ella fue capturada y vejada salvajemente en Toro Bayo, Nueva Guinea, en mayo de 1979, cuando fue diezmada esta heroica columna. “¿Y cómo olvidar a Marta Conrado? “Susana” le llamábamos. La Guardia Nacional se ensañó con ella hasta asesinarla con métodos que resultan impublicables.”1


Martha Guadalupe Cruz Conrado, “Susana” o “Susy” (†1979).

Hija de Manuel Cruz y Socorro Conrado. No pudimos conseguir la fecha de su nacimiento, pero se cree que es el 12 de diciembre (por lo de Guadalupe) de 1954. El año fue fijado al relacionarla con la edad de sus otros hermanos.2

Estudia su primaria en el Colegio “María Auxiliadora” y luego cursa secretariado comercial en la Escuela de Comercio “Teresa Serrano de Rodríguez”.

Se integra a la lucha revolucionaria en 1978, participando en el ataque al Cuartel GN de Santa Teresa el 15 de septiembre de 1978.

Su vinculación al FSLN se hizo de manera un poco curiosa: uno de los grupos que iba a realizar el ataque a un Cuartel GN, la detuvo en la calle con el propósito de apropiarse del jeep que ella iba conduciendo, y que los guerrilleros pretendían utilizar en la operación. Ella dijo que simpatizaba con los sandinistas y que también quería “ir a volar verga”, y se fue al ataque. Después, una parte importante de los combatientes de Jinotepe se asilan, y ella también.

Desde el exilio se organiza en el Frente Sur, y es parte de la Columna “Jacinto Hernández” que entra a Nicaragua por la frontera sur y se dirige hacia Nueva Guinea. En el sector de Toro Bayo, son emboscados, y Martha es capturada y sometida a todo tipo de vejámenes hasta la muerte.

Era una mujer grande y fuerte, y sus amigos la recuerdan como una persona alegre a la que le gustaba echarse sus tragos y disfrutar de la vida. Su incorporación es el vivo reflejo de la naturaleza realmente popular de la lucha contra la dictadura, y de la masividad que adquirió la participación de los nicaragüenses, provenientes de todos los sectores de la vida nacional, lo cual hizo posible la victoria.

Muchas mujeres luchadoras, al ser capturadas eran violadas y sometidas a los tratos más abyectos. A una buen parte de las que fueron asesinadas por los guardias, primero las ultrajaron, tratando de quebrar su moral. La muerte brutal de Martha es un testimonio del coraje de la mujer nicaragüense y del alto costo que tuvo que pagar por ver a Nicaragua libre de dictaduras.


El hijo de Martha

Cuando se realizó la indagación de sus datos, sus amigos de parranda comentaron que Martha había tenido un hijo que, al caer, era todavía muy pequeño. Siempre lo andaba con ella. Conocieron el rumor de que después del triunfo lo había adoptado Nora Astorga.3

Conseguimos averiguar que efectivamente Martha tuvo un hijo, y que al morir, quien realmente lo adoptó, crió y educó fue Lidia Astorga. Ese hijo se llama Roberto Carlos Moncada Astorga. Nació el 5 de febrero de 1977, por lo que al morir su madre tenía un poco más de dos años. Él es ahora un profesional, Licenciado en Filología y Comunicación, con Maestría en Comunicación Empresarial y Doctorado en Literatura y Comunicación estudios que pudo pagarle, con mucho sacrificio, su madre Lidia.

Pudimos hablar con Roberto Carlos quien actualmente vive en España y no sabe nada de su madre biológica: le entusiasmó que le pudiéramos hablar sobre ella y ver sus fotografías.

Por su parte Lidia dice que conoció a Roberto en 1978 en la Embajada de México, donde se había asilado la mamá de Martha con el pequeño a quien llamaban “Lester”, su seudónimo. Ahí, jugando con él en la Embajada, empezó a quererlo, y cuando salieron al exilio le perdió la pista. Después del triunfo supo por unos jinotepinos que el niño había quedado huérfano y decidió adoptarlo. Lidia tenía entonces veinte años y no conoció a Martha, porque ésta había salido para México antes que ella se asilara.

*

A Jossy Alemán, una mujer panameña, internacionalista, quien se integró a la Brigada “Victoriano Lorenzo”, y que llegó a combatir al Frente Sur, le correspondió ser una de las tres mujeres que integraron esta Columna, con Yelba María Antúnez “Verónica” y Martha Conrado Cruz “Susana”.

Jossy, quien ahora vive en Ottawa, publicó recientemente un poema que escribió en 1980 en honor a sus compañeros caídos en Nueva Guinea, y aquí lo presentamos para homenajear especialmente a Martha:


Homenaje a los compañeros de la Columna “Jacinto Hernández”

Por: Jossy Alemán (1980)

Partimos alegres, a liberar Orión,

enviados a cubrir de estrellas el valle.

Entre el silencio de la noche y la luna

pasaban nuestras sombras, una por una

vestidos de verde olivo y armaduras al talle,

nosotros, los felices hijos del gran Sión.


¡Qué orgullo, dijo Ernesto, somos noticia!

¡El pueblo, verdaderamente nos necesita!

Decía el Comandante, con el hambre en los labios

y Rosendo asistía con porras, las palabras del sabio.

Más a lo lejos, la música estrépita de la metralla

marcaba las notas, de la macabra noche de ofrenda.

¡El cerco hay que pasar! Domingo inquiría.

despliéguense sin parar y a los lados no deben mirar.

Esperemos los morteros, que Coco va a detonar,

¡Pum Pum Pum!


Con golpe de tambor, el enemigo va a morir

Pero esa noche, la victoria nos vio vivir.

Fuimos obligados a beber un amargo vino

Mientras cansados, bailábamos en la pista del amor,

fue allí, donde hubo el rítmico tableteo

también el tronar del duro zapateo

y el rugir de la terrible música del terror.


Eran los 15 años de la niña héroe y la noche,

se llenó de sangre de los hijos de Sandino.

dije: ¡Vámonos muchachas, no podemos continuar!,

“iré con los Comandantes” dijo Verónica, con ingenua hermosura.

Susana se fue triste, quedo atrás vacía y desesperada.

Verónica partió con los Comandantes, con orgullo y sin ternura,

Y Susana, cruelmente asesinada, mortalmente humillada

y no la pude ayudar a ninguna, no pude hacer nada.

Así fueron cayendo las sombras, una tras una,

De los hijos de Sandino en la tierra de Orión,

Aquellos que fueron a llenar el valle de estrellas

y volvieron con el corazón y las almas llenas

con las duras balas, en la noche de la decepción.

Nueva Guinea era la sombra del hastío,

la muerte y el odio en comunión.


Donde los recuerdos pasan, pero quizás, no pasan

porque son una hoguera, a la que siempre le queda brasa,

por culpa de la cruel y mortal ambición.

Adiós a todos mis compañeros del alma,

nunca jamás los he de olvidar.

Portando sus ropajes verdes y sus armaduras

con sus ojos en la tierra llenos de estrellas,

y sus cuerpos inertes, brotando raíces, por los que ayer lloré,

hoy me hacen decir, nos volveremos otra vez a encontrar.


Marco: Lo importante de 1978 es que atacamos a la Guardia. Hubo combates y emboscadas y se atacaron Cuarteles de la Guardia en toda Nicaragua. Efectivamente, después hubo un repliegue táctico porque no teníamos la capacidad militar de contener a los batallones de la EEBI (Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería), al Batallón Blindado, al Batallón Somoza y al Batallón Presidencial.

El repliegue fue exitoso en algunos lugares del país, porque, por ejemplo, la gente de la zona norte se retiró y ya se quedó enmontañada, pero en Carazo era difícil enmontañarse porque las montañas que teníamos eran las de El Sol y El Cacao, donde había una expresión armada que era la Columna “Chico López”, pero no tenía capacidad para albergar a trescientos, cuatrocientos y mucho menos un mil combatientes que hubo entre Diriamba y Jinotepe para la insurrección de 1978.

Entonces se dio una debacle, y medio mundo se asiló. ¿Qué es lo que pasa? Es uno de mis orgullos, muy interno, que yo guardo, que ni mi hermano Mario ni Héctor ni yo, nos quisimos asilar. Nos quedamos en Jinotepe. Yo no era jefe de nada, era un simple combatiente del Frente Sandinista, pero cuando sucedió la insurrección de septiembre y medio mundo decidió asilarse, porque hubo también una orientación del Frente Sandinista de que la gente se asilara, yo no lo quise hacer.

Mónica: Lista parcial de asilados de septiembre y octubre del 1978. Ana Isabel Morales, quien por entonces era la responsable de Carazo por parte de la GPP, Roberto “Tito” Luna, Álvaro Campos “El Zorro”, Mario Zapata, conocido como “Zompopo”, Israel Sánchez, Santiago Sánchez. Martha Cruz Conrado, Leonel Rojas, Rodolfo Rojas Cordero “Piel”, Allan Zúniga “El Diablo”. José Luis Gaitán, Juan Pablo Palacios, Erasmo Vanegas, César Jarquín, Julio Santos Narváez, Enrique López, Julio Vega, Uriel Chávez, Fernando Pérez y Jairo Talavera. Casi todos participan luego en distintos frentes, en particular en el Frente Sur. También se asilaron colaboradores como Yico Sánchez y Roberto Leal.

Marco: Recuerdo que mi hermano Guillermo, el mayor, era amigo del Embajador de Panamá en Nicaragua, don Mario Valdivia, un señor muy vinculado al somocismo porque era casado con una señora relacionada con la dictadura. En Jinotepe había un consulado de Panamá en la casa donde vive ahora Chico “Che” Baltodano. En un carro muy hermoso que tenían, montaron a mi hermano Héctor. –¡Hey, vení montate! Cuando Héctor se montó llamado por Memo, éste le dijo, –Te vamos a ir a meter a la Embajada de Panamá para que te asilés. Héctor se bajó por la otra puerta. Es decir, no nos asilamos.

Héctor se buscó a sus contactos en la Tendencia Proletaria, y yo busqué al mío. A las dos de la tarde de un día triste, de un día que no había nadie en las calles, me fui a golpearle la puerta a la chinita Eva Samqui Chang, sin saber si estaba o no en su casa, porque fue ella quien me reclutó para el Frente, y cuando me vio, casi se muere. –¿Qué hacés aquí?

Nota de Mónica: Eva Samqui explica en su entrevista que para la insurrección de septiembre ella había sido trasladada a Managua, que poco después la capturan, la torturan y mantienen en prisión hasta noviembre de ese año, y que al regresar a su casa en Jinotepe, se encuentra a Noel Escobar, quien le pide apoyo para reconstruir las estructuras del FER y del FSLN en el movimiento estudiantil. Efectivamente los hermanos Cordero fueron fundamentales para este trabajo.

***

Entré a su casa y me dijo: –Está bien nos vamos a organizar nuevamente. Así, y por esas casualidades del destino, siendo un chavalo que recién había cumplido 16 años, y no teniendo madurez política o ideológica, o qué sé yo, tuve la oportunidad de coordinar al Comité Ejecutivo del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) en Jinotepe. Eso fue a finales del combativo y agitado año 1978.

Antes de la insurrección de septiembre, el FER tenía a mucha gente: Isabel Cristina Vanegas, Tito y Fernando Luna, los hermanos Hugo y Luis Arias, y mucha gente más.

Después que se asilan unos y pasan a la clandestinidad otros, en el Comité Ejecutivo del FER quedamos: Mario Cordero, Alma Celeste Avilés Castillo, Edgard Santos Avilés, Leoncito Sancam y yo. Mario Cordero fue designado para trabajar con el Movimiento Pueblo Unido (MPU) departamental, con Edgardo García (ATC) y nosotros a nivel municipal. ¡Puros chavalos!

Los que eran más viejos que nosotros se habían asilado o se habían ido a la montaña. Por eso en este período nos correspondió el trabajo político organizativo en Jinotepe. En ese tiempo ya estaban muy avanzadas las pláticas de unificación, y entre las decisiones que se tomaron, estaba la de formar el MPU, que fue un brazo político amplio, que aglutinaba a varios sectores de la oposición. En él estaban AMPRONAC, los Comités de Defensa Civil, que no necesariamente eran manejados por el Frente Sandinista, sino por dirigentes comunitarios. El MPU era la cobertura legal con la que se trabajó para seguir organizando entre el pueblo la insurrección de 1979.

Pero la Guardia golpeaba muy fuertemente a estas estructuras políticas en Jinotepe, y para entonces, y quiero decirlo por primera vez, habíamos reclutado a un muchacho que se llama Némer Portocarrero, quien tenía toda la buena intención de participar en la lucha. Él tiene parientes en Jinotepe, los Portocarrero, pero creo que vivía en Bluefields. Cuando se quiso integrar, me buscó, hablamos de que se iba a meter al Frente, y al día siguiente cayó preso. Lo agarraron tomándose unos tragos y haciendo un mapa del Cuartel GN de Jinotepe que supuestamente iba a tomárselo, es decir, en sus traguitos él se puso a dirigir las acciones. Entonces caímos presos los tres hermanos: Mario, Héctor y yo, creo que un 7 de octubre, pues fue después de la insurrección de septiembre.4

Salimos de la cárcel porque la Organización de Estados Americanos (OEA) obligó a Somoza a decretar una amnistía, y hubo dos procesos, uno de indultos, el 5 de diciembre, y una amnistía, el 13 de diciembre del año 1978. El indulto era como agasajo al General Somoza por su cumpleaños. Todos los años él indultaba a los presos comunes, pero entre éstos salieron muchos presos políticos, porque lo que Somoza quería era que cuando se hiciera la amnistía se viera que los presos políticos eran muchos menos que los que la OEA decía, entonces a nosotros nos sacaron un 13 de diciembre de 1978.

Estuve preso con Félix Baltodano, de Santa Teresa, que era del Partido Socialista, con El Gato Félix, que es el papá de un coronel de la fuerza aérea ahora, creo que era maestro. Estuve preso con Errol Guadamuz “Piojo”, de Santa Teresa, y otros combatientes, pero también con muchos que andaban asaltando en nombre del Frente, pero que eran delincuentes comunes. Estuve en La chiquita, habíamos diecisiete prisioneros ahí, era un tugurio de 3 x 3 metros más o menos, pero el día en que me sacaron ya tenía días de estar solo, ya habían vaciado las cárceles.

A mi hermano Héctor dos veces le quisieron dar la Ley fuga. Estuvo preso Mario “Cabezón”, hermano de “Chico Lucrecia”. Ambos anduvieron involucrados, y a Mario le metieron una vergueada que lo dejaron mal muerto. Estaba casi muriendo cuando llegó una visita de la Cruz Roja Internacional, la que comenzó a pasar lista y como Mario no aparecía, Héctor, mi hermano que es tapudo, dijo –Allá está torturado en el torreón. ¡Lo están matando en el torreón! Entonces los guardias se pusieron a reír frente a los cruz-rojistas y fueron a sacar al hombre que efectivamente estaba mal muerto. Pero después que se fue la Cruz Roja castigaron a Héctor y le dieron Ley de fuga.

Héctor les dijo: –No hermano, matame aquí donde estoy. No me voy a correr. Matame aquí. Por eso no le dieron la Ley fuga, porque no se quiso ir. –Mejor matame, les decía, en la propia puerta del Cuartel de la Guardia.

En esta lucha hay actos heroicos de muchos compañeros. Miré perder el brazo a Marcelo Velázquez “Clavito”, miré perder el ojo a “Chojín”. El Cabo Sánchez fue valiente, tal vez no tuvo una gran trayectoria, pero hizo historia en el tiempo que él se metió porque fue muy arrojado. Antes de la insurrección de septiembre, fui partícipe de una brigada de sabotaje que dirigía Julio Avilés Castillo, que estaba integrada por Isabel Cristina Vanegas Avilés, hermana de Julio, Fernando Luna, que ya falleció, y “Tito” Luna, no recuerdo a otros, pero le dimos guerra a los vehículos del programa contra la roya de los cafetales, que tenían su parqueo donde ahora es el SILAIS. Durante dos o tres meses les hicimos mucha destrucción a los jeeps en que se movían.

Trinidad: Después que salís de la cárcel, ¿cuándo te volvés a integrar?

Marco: En el mes de enero ya estaba integrado nuevamente. Mi jefe era Noel Escobar, Regional del Frente. Con él y con Aura María Ortiz Padilla participé en varias recuperaciones económicas, de uniformes, de armas, etc. Seguí trabajando pero al final Noel se perdió, no sé si lo mandaron para otro lado, pues de repente me quedé sin el contacto. Aura María se fue para otro lado, siempre en Carazo.

Se siguieron asilando otros compañeros que trabajaban con nosotros y esa estructura política desapareció también. Son los fenómenos de las luchas. Me quedé con una orden de captura y con una orden de fusilamiento de parte de la Guardia, y sin contacto.

Aprovechando que tenía una amiga en Managua de la que sabía que estaba vinculada al Frente Sandinista aunque ella nunca me lo había dicho, me fui a meter a su casa y le dije: –Aquí vengo porque estoy sin contacto, la Guardia me anda siguiendo, no tengo dónde ir. Aquí vengo para que usted me contacte. Era la casa de la señora Sonia Aguilar Berríos, hermana de la doctora Doris Aguilar Berríos, quien también había estado muy vinculada al sandinismo, y por allí lo inferí. Estando en la casa de doña Sonia conocí a Mónica Baltodano, su seudónimo era “Elena”.

Mario estaba en otra casa en Managua, entonces Mónica nos remitió, a mi hermano Mario y a mí, a donde un compañero que se presentó como del MPU, pero ya no éramos MPU, ya se estaban preparando las condiciones para la insurrección final. Era un compañero de nombre Pedro, y durante muchos años pensé que se trataba de Pedro Aguilar, quien después llegó a ser Comisionado de la Policía. Ahora Mónica me ha aclarado que era otro compañero.

Nota de Mónica: Las hermanas Doris y Sonia Aguilar Berríos, conocidas jinotepinas, fueron extraordinarias colaboradoras del FSLN desde mucho antes que yo las conociera en 1978.

Doris Aguilar, además de dar colaboración económica, brindar refugio en su casa y movilizar a combatientes en su carro, apoyaba como médico ginecóloga, brindando atención a las guerrilleras.

La doctora Aguilar me cuenta que ellas vienen de una familia anti-somocista, y que su mamá, Bárbara Berríos de Aguilar “Tomasita”, era una gran opositora, y eso provenía de su abuelo, Manuel Berríos, quien siempre andaba buscando los periódicos universitarios y les daba a leer artículos a sus hijas e hijos, lo que los motivó tempranamente a luchar por la justicia.

Doris fue a estudiar a León, donde conoció a Silvio Mayorga y a otros revolucionarios. Participó en actividades donde practicaban cómo dar discursos, pero nunca la reclutaron. “En esa época, no nos hacían caso a las mujeres, nunca nos sumaron. Muchas veces Carlos Fonseca comió con nosotras en el comedor de doña Salvadorita Portocarrero, y nunca nos dijo nada. ¡A las mujeres no nos daban pelota!”

En el año 1975 Tomás Borge orientó a Jacobo Marcos Frech, que reclutara a Doris, pero como no lo hizo, un día el propio Tomás se apareció frente a su casa. Ella lo había conocido en el Instituto Juan José Rodríguez, en Jinotepe, donde el Comandante se bachilleró. Miró por la ventana y, asombrada, lo reconoció de inmediato, y rápidamente le abrió la puerta.

Así comenzó a trabajar directamente con el FSLN: alojó a guerrilleras como Claudia Chamorro, Charlotte Baltodano y Urania Zelaya Úbeda; transportó a gente, y atendió a enfermos, en lo que la apoyaron otros médicos como el Dr. Sócrates Flores, Dr. Luis Humberto López Rodríguez y el Odontólogo Dr. Marco Antonio Mongalo. Recuerda que fue encargada del parto de la campesina y guerrillera Victoria López “Norita”, cuando bajó de la montaña a parir a Saslaya, hija del Comandante Henry Ruiz.

A la casa de Doris llegaron Iván Montenegro; muchos campesinos venidos de la montaña que estaban enfermos y todos los hermanos Figueroa (Luis Enrique, José, Wilfredo y Róger). Siempre me confundía porque los miraba muy parecidos.

Doris reclutó a varios médicos, entre los que recuerda al Dr. Wilfredo Álvarez, el Dr. Gonzalo Ramírez, en cuya casa se hicieron las reuniones finales de la unidad del FSLN, a Oscar Flores y al Dr. Fidel Morales, “con quien extrajimos una bala a Oscar Pérezcassar. En Jinotepe recluté a mi primo Agustín Fernández, y ahí se hizo una célula muy buena”.

Para poder ayudar más, Doris se organizó en la Cruz Roja junto a otros médicos, y con sus auxilios profesionales fueron a apoyar en las zonas que reprimía la Guardia después de las insurrecciones. Más tarde organizó un sistema de atención médica en el que daba entrenamiento en primeros auxilios con vistas a la insurrección de Managua, pero como ésta se adelantó, y en ese momento ella estaba fuera del país, se fue a Costa Rica, y apoyó al Cuerpo Médico del Frente Sur. Después del triunfo de la Revolución se incorporó al Cuerpo Médico del Ejército Popular Sandinista (EPS), del que formó parte hasta 1998, cuando fue retirada con el grado de Mayor. Hasta el día de hoy brinda consultas médicas en el Hospital Militar “Alejandro Dávila Bolaños”.

Sonia Aguilar Berríos, fue siempre una activa anti-somocista, lo que le llevó a involucrarse en actividades del Partido Conservador cuando la candidatura de Fernando Agüero Rocha. Después del terremoto de Managua en 1972, comenzó a trabajar con Arlen Siú en los movimientos cristianos de Carazo, y desarrolló con ella una profunda relación. Recuerda con emoción que la noche anterior a la partida de Arlen a la clandestinidad, Alicia Torres y ella la despidieron con una cena en casa de Sonia. Se turba al recordar dos cartas que le dirigió Arlen desde la clandestinidad, y al saber que la segunda misiva le llegó cuando Arlen ya había caído en El Sauce.

Cuando Sonia vino a vivir a Managua, también fue una de nuestras más importantes casas de seguridad. Trabajó en distintos momentos con los responsables de la Tendencia GPP del FSLN en la capital: Quincho Ibarra, Egda Vélez, Carlos Arroyo y Noel Escobar, y como correo tuvo vínculos con Quxabel Cárdenas, Ibis Hernández y los hermanos Figueroa.

Alojó a distintos militantes clandestinos como Charlotte Baltodano “Eva”, Urania Zelaya, Walter Mendoza y Mayra González “La Negra”, de Matagalpa. Sonia vivía en el Reparto Bello Horizonte, y a su casa llegamos casi todos los clandestinos de la GPP en la última fase: William Ramírez, Walter Mendoza, Ramón Cabrales, Bayardo Arce y yo. En su casa también se hicieron algunas escuelas de entrenamiento.

Sonia tenía un importante puesto en la Coca Cola, como secretaria del Gerente General, Adolfo Calero Portocarrero, de quien le informamos que era agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica. Después del triunfo de la Revolución, Calero fue uno de los principales miembros del Directorio de la Contra, junto a Jaime Morales Carazo.

Sonia recuerda que en una ocasión compañeros de trabajo vinculados al Frente Sandinista le informaron que Calero Portocarrero había violentado la gaveta de su escritorio, y que fotocopió documentos secretos del Frente que ella tenía ahí. Se desató una crisis en la que intervino Israel Lewites, con quien Sonia había trabajado y eran muy amigos desde su natal Jinotepe. Para entonces, Israel ya era de la Tendencia Tercerista, y al darse cuenta de la situación, y de la angustia de Sonia, le dijo a ella que de ninguna manera permitiría que la despidieran, mucho menos que cayera presa. Israel se presentó a la Coca Cola y habló con Adolfo Calero. Le puso una pistola en la cabeza y le dijo: –Queremos advertirte que si a esta mujer le pasa algo, te pasamos por las armas.

Después de eso, entró en crisis la relación de Sonia con su jefe, por lo que le solicitó a Calero que la reubicara, y quedó en el área de Contabilidad, con el mismo salario. Cuenta que pudieron rescatar parte de los documentos que Calero le había sacado del escritorio, en el que había listas de la red de colaboradores que Sonia atendía, pero por dicha estaban escritos en clave. Eran unas rudimentarias pero efectivas claves que le habíamos enseñado a usar. Esos eventos ocurrieron a principios de 1977.

Aun así, Sonia organizó una célula sandinista de obreros y otros empleados en la Coca Cola, entre los que estaba Agenor Guerrero “Cachete” y el ingeniero Durman Carranza, organizado con Mario Elvir.5También hizo otros reclutamientos, como el de su vecino Roberto García Blanco, en donde alguna vez estuve reunida con Perla María Norori, caída en junio de 1978 en el Barrio Altagracia.

En la Coca Cola también reclutó a funcionarios como Mario Sobalvarro, de Boaco y a José Dolores Solís, a René, hermano de Julián Roque, y hasta al jefe de Recursos Humanos, cuyo nombre no recuerda. Sonia afirma que nos ayudaron a comprar unas gotitas oftálmicas llamadas Maxidex, para nuestro hermano Juan de Dios Muñoz, quien estaba casi ciego, era un vasito pequeñito que solo le duraba día y medio.

Otro gran colaborador que Sonia reclutó en la Coca Cola fue Raymundo Casco, un hombre de mucho dinero que contribuyó generosamente. Vivía en Granada. Sonia recuerda con tristeza que después del triunfo de la Revolución le quitaron todo. Yo hablé con el compañero René Núñez y él le dio instrucciones a Federico López para que respetaran sus bienes, pero al final no lo hicieron, se fue del país, y quedó muy resentido.

Sobre su trabajo con el FSLN, Sonia tiene innumerables anécdotas, pero una parece de película: “Yo había reclutado a don José Solís (Cajero Mayor de la empresa), un señor de edad con muchos años de trabajar en la Coca Cola. En una ocasión llegó Bayardo Arce y me dio a guardar un paquete de dinero y me explicó que era de una recuperación económica. Como no hallaba qué hacer, le dije al señor Solís que me guardara los ahorros de mi vida, pero que los pusiera muy aparte de los de la empresa. Resulta que después al señor le dio un infarto, fue a parar al hospital y yo casi me muero del susto. ¿Y ahora qué hago, Dios mío?, me repetía, y cada vez que podía llamaba o iba al hospital y luego a su casa.

Hasta que el señor cobró conciencia y me dijo: –Mi muchachita, no te preocupés que mi hijo –lo estaba supliendo en esos días– ya sabe dónde está el dinerito, que sé que no es tuyo, sino de nuestra organización. ¿Te imaginás qué me hubiera hecho Bayardo si me los pide y no los tengo?

Pero el cuento no acaba ahí. En esos mismos días en que estaba terrible la represión, le cae la Guardia a mi hermana Doris y le destrozó la casa en el cateo. A mis padres los detuvieron en la estación de la GN de Monseñor Lezcano, y la Doris estaba recién operada en el Hospital Bautista. Egda Vélez estaba en mi casa, y me dice que no tiene a dónde irse, y de ahí es que después se va a asilar a la Embajada de Venezuela.

William Ramírez me dice que me tengo que esconder, pero no se hallaba dónde. Por órdenes de William me voy para donde el siquiatra Luis Humberto López, y deciden ingresarme como paciente a una clínica de salud mental que él tenía por el Hospital “Fernando Vélez Páiz”. Ahí estuve algunos días conviviendo con enfermos y enfermas. Ahí andaba el dinero, el paquete con el que dormía abrazada, hasta que un día abrí los ojos y una enferma estaba encaramada sobre mí, mirándome de una forma horrible, y le digo a Humberto: ¡Hasta aquí nomás, me voy!

Ahora nos reímos, pero en aquellos momentos estos hechos nos hacían sufrir terriblemente”.

Después de la victoria revolucionaria, Sonia trabajó conmigo como secretaria ejecutiva, con René Núñez, Ministro de la Presidencia, y finalmente laboró en la Asamblea Nacional en el Diario de Debates, hasta que se jubila en el 2006.

Doris y Sonia Aguilar Berríos fueron colaboradoras vitales en las estructuras de Managua, siempre nos atendieron con gran cariño y calor humano. Para quienes casi adolescentes habíamos tenido que abandonar nuestros hogares, llegar a sus casas, en las que nos atendían con cariño, era muy valioso.

Tengo un leve recuerdo de esta inesperada llegada de Marco Cordero a la casa de Sonia, y conversando con él, aclaré su relato, pues donde yo lo mandé fue a donde Pedro Ortiz, dirigente de la Asociación Nicaragüense de Educadores de Nicaragua (ANDEN) y del MPU.

***

Marco: En ese ínterin nos agarró la insurrección en Managua. Estaba conectado a nivel político, pero no necesariamente militar, era chavalo y no conocía Managua, así que antes de que comenzara la insurrección, me fui donde un tío mío, militar, Juan Manuel Gómez Avilés, en Hogar Propio, que queda por Cristo Rey, ahí quedaba la Tercera Sección de Policía y la colonia militar donde él vivía.

Él estaba refugiado en la Fuerza Aérea somocista con toda su familia, y ahí ocurrió algo increíble. Fui a buscarlo para decirle que me iba a refugiar en su casa, y cuando llegué, en ese momento estaban bajando de un avión grande, un DC-6, los cadáveres de los soldados de la EEBI muertos en el enfrentamiento en Toro Bayo, Nueva Guinea. Era una cosa increíble la cantidad de cadáveres que bajaron, más de cien. Los tiraban desde arriba como fardos viejos y caían unos sobre otros. Y todos venían llenos de lodo, como que los habían arrastrado. Los que estaban ahí, personal civil y militar lloraban y gemían. Yo nunca he oído decir que en esos combates no solo murieron los compañeros, sino que se hicieron un montón de bajas a la Guardia.

Este tío mío, quien posteriormente fue jefe de la fuerza aérea de la Contra, me dio las llaves de su casa, donde no había nadie. Toda la familia estaba refugiada en la Fuerza Aérea. En la casa de él agarré una bolsa, la llené de armas, municiones, uniformes y otros pertrechos militares, y con todo eso me fui a integrar a las fuerzas del FSLN en el Puente El Edén, cuando comenzó la insurrección. Me les fui a poner a la orden y le entregué lo que andaba a alguien que ahora vive en Estelí que se llama Jeff Hernández, un muchacho que tenía una paipa enorme, se la recortó un día mediante una operación, porque era demasiado prominente.

Bajo las órdenes de él estuve en la insurrección de Managua. Al comienzo faltaban armas, y ya en los últimos días las armas sobraban, porque toda la gente estaba muerta o se había corrido. Muchos se integraron sin tener la militancia, el levantamiento fue espontáneo. Después, con los bombardeos bajaron el gas y ya quedamos solo los combatientes sandinistas. Tuve la oportunidad de salir con heridos de Managua, de llevarlos a una casa en la salida a la Carretera a Masaya, y quedarme cuidándolos por orden de William Ramírez. Eran varios muchachos que ya no podían caminar, entre ellos, Guillermo Reyes Orson, quien murió en la casa de seguridad porque tenía un balazo en un pulmón. Otro pariente de él, de apellido Orson, también medio costeño, murió al día siguiente. Cuando murió el último de los tres compañeros que estábamos cuidando, ya no teníamos nada que hacer.

Trinidad: ¿No participaste en El Repliegue?

Marco: No. Iniciamos El Repliegue, pero al llegar a cierto punto, de ahí me vine por monte hasta llegar a El Crucero, sin tener contacto alguno. Venía buscando Jinotepe, porque sabía que ya estaba liberada. En El Crucero todavía quedaban retenes de la Guardia, pero desmotivados, desmoralizados. No estaban ni registrando, solo sentados viendo a la gente entrar y salir del pueblo. No los miré con una actitud beligerante. Entré con una señora de apellido Gómez que ahora vive en Guatemala, quien me pasó como si fuera su hijo, con una bolsa de arroz. Entré a Diriamba, me reporté donde Noel Escobar para integrarme de nuevo.

Iba para la toma de Granada cuando cayeron presos varios coroneles de la Guardia y Noel Escobar, con el ahora General “Alí” o “El Bambi”, César Delgadillo, que ahora no es Delgadillo, sino Gordillo6, me dijeron: –No te vas para Granada. Te vamos a encomendar que cuidés a estos coroneles. Todos estaban involucrados en tremendos crímenes, pero al mismo tiempo todos habían negociado a última hora con el Frente Sandinista, y esto les salvó la vida, no los mandaron a los lugares donde estaban presos los guardias comunes y corrientes, incluso algunas mujeres de la EEBI. Así que nos quedamos cuidando a estos prisioneros.

Quienes estábamos allí éramos Sergio Chamorro “Chamorrón”, actual administrador de la alcaldía de Jinotepe, Mario Cordero y yo, que estaba de responsable. Estos coroneles estaban encerrados pero en condiciones dignas. No estaban en una celda, sino en la casa de una familia de apellido Baltodano, en Diriamba, esperando a que se tomara una decisión sobre ellos.

En esos días me llevaron a Espinales, quien no fue un combatiente de la Guardia, fue un oficial que no tenía mucho apetito de andar disparando, y él fue el primero en tratar de negociar. Me mandaron a Espinales y me dijeron –Cuídelo, es una pieza clave porque él negoció y si a él le pasa algo, los coroneles no van a querer negociar la entrega de otras plazas, entonces hay que cuidarlo, atiéndalo como a un compañero. Estas fueron las órdenes que recibí.

Nota de Mónica: El Capitán Espinales se rindió en uno de los tantos Cuarteles en que se había dislocado la Guardia en Jinotepe, y de inmediato empezó a brindar información sobre los planes de este cuerpo armado. El Comandante de la Revolución Carlos Núñez, en su obra Un pueblo en Armas, afirma que por las informaciones del capitán Espinales supieron que la GN tenía un plan de contraofensiva que iniciaría un día después de la toma de Jinotepe, con el propósito de retomar Diriamba y despejar la comunicación con Rivas, afectada por la liberación de esa ciudad el 22 de junio.

La toma de Jinotepe, y a continuación el control de San Marcos, Masatepe y de Las Esquinas, cerró totalmente la posibilidad de que la Guardia abasteciera a sus tropas en Rivas por la Carretera Panamericana.

***

Marco: A Elmer Espinal yo lo había conocido en la casa de mi abuela porque él llegaba a visitar a mis tíos militares. Pero, ¿qué pasó con los militares que nosotros cuidábamos? Pasó algo extraño, porque llegó una orden, en los primeritos días del triunfo de la Revolución, cuando las órdenes eran firmadas por veinticinco comandantes guerrilleros. ¡Cualquiera firmaba y decía que era comandante! Había un caos todavía.

Vino una orden y me dicen, mirá, esta es la firma de Tomás Borge, y dice que le entreguen a Elmer Espinales y a tales y a tales. Nosotros los entregamos, quedamos liberados de esa tarea e iniciamos un recorrido por todo el departamento de Carazo, buscando a los guardias que andaban en desbandada todavía. A los días me mandan a llamar y me dicen que no aparecieron Elmer Espinal ni los otros. Dijeron que los estaba pidiendo Tomás Borge y que estaba fregada la cosa. Pero César Delgadillo dio fe de que nosotros los habíamos entregado, que vinieron de Managua a traérselos y que no sabíamos qué se hicieron. A los tiempos supe que Elmer Espinal estaba en los Estados Unidos, no así de los otros, de los que no se supo nunca, y ni me quiero acordar de sus apellidos tampoco.

No puedo decir que me integré con total seguridad y valentía a esta lucha. No es cierto, pues tuve mis temores y dudas, y a veces me le quería correr a la responsabilidad que había asumido. ¿Qué nos motivaba? Que no solamente fui yo. Éramos tanta gente de mi edad que anduvo metida en esto, que decías vos, pero si hasta menores que yo andan metidos, ¿cómo yo me voy a rajar?

Arístides: En la insurrección del año 78, yo miraba las columnas guerrilleras urbanas y veía a aquellos chavalitos. Entre ellos identifiqué a los Cordero. Héctor era una criatura, identifiqué a Leoncito Samcan. Siempre andaban detrás de las columnas guerrilleras.

Marco: Cuando vine a Carazo me di cuenta que había caído Luis Román, hijo de don Luis Román Vado, y lo recuerdo con cariño porque Luis Román nunca fue un muchacho inquieto políticamente, pero él, con un montón de muchachos jóvenes como Jaime Pérez y Douglas Leiva, de familias adineradas, vieron un auge tan lindo, una justeza en la lucha, que también ellos se juntaron. Luis Román murió frente al Instituto Juan José Rodríguez, de un disparo en la cabeza.

Nota de Mónica: Luis Román era el baquiano jinotepino que le asignaron al Pelotón Juan Pablo Umanzor, comandado por Jorge Roustan para la toma de Jinotepe. Cayó enfrente del Instituto Juan José Rodríguez el 4 de Junio de 1979.

***

También hay que recordar que no solo jóvenes se unieron, sino que también viejos, por ejemplo, recuerdo al papá de la Marcia y de la Cándida Acevedo, don Pedro Acevedo, ellos vivían frente a Armando Siú. Pedro Acevedo se integró en los últimos meses y participó en la toma de Granada.

En la media noche del 18 de julio, venían mi hermano Héctor Cordero y Pedro Acevedo, quien manejaba un vehículo en un convoy donde venía el Coronel Ruiz, después que se había entregado. En El Coyotepe todavía había guardias, por lo que le ordenaron al chofer apagar las luces, pero como era media noche, Pedro Acevedo dijo que no miraba ni mierda, y las encendió. Entonces desde El Coyotepe lo cañonearon y le dieron vuelta al camión en el que venía el Coronel Paco Ruiz con sus hijos que se habían entregado al Frente Sandinista. E hirieron a Héctor.

Paco le dijo a los hijos: –¡Huyamos! Héctor, herido con dos charneles, uno en el brazo y otro en la espalda, se estaba desangrando, pero montó una carabinita M-1 y apuntó al hijo mayor de Paco Ruiz, que era amigo de nosotros, porque vivieron en el barrio, y les dijo: –¡Si se corren los mato, hijueputas! Y entonces Paco, que iba adelante, dijo: No, no, regresémonos. Héctor les dijo: –Cumplan con el acuerdo. Ustedes se entregaron y nada les va a pasar, pero si huyen, los palmo.

Pero lo extraordinario que pasó es que diciendo eso, y ahí nomás Héctor, bastante malherido, se desmayó, y cuando llegaron los refuerzos, quienes lo estaban cuidando eran los hijos de Paco Ruiz, quienes no se corrieron, sino que se quedaron cuidando a Héctor para que no se desangrara, le pusieron un torniquete y qué se yo. Después a Héctor lo llevaron al Hospital de Masaya y ahí lo terminaron de curar.


No olvidar tampoco la actuación de los esbirros

Hay que recordar a algunos esbirros, por ejemplo, una de las glorias del beisbol de Jinotepe y Nicaragua, Pedro Selva, fue un represor, y como todo ser humano, tiene una faceta positiva y una negativa. Recuerdo que a Selva le quemamos el vehículo en que andaba. Él era un paramilitar –sin demeritar todo lo que él hizo como deportista– que salía en horas de la noche a patrullar con la Guardia.

De todos los que pasaron por aquí, creo que Ricardo Lau y Roberto Solórzano, fueron los tipos más malos, más nefastos y más criminales. Y los crímenes de lesa humanidad nunca prescriben. Solórzano estuvo preso y fue el último guardia en salir, fue para las elecciones de 1990, cuando el sandinismo se comprometió a liberar a todos los ex-guardias prisioneros. Ahí salió mi tío Miguel Cordero. El Frente no quería soltar a diez guardias, y Miguel era uno de ellos, porque mientras estuvo preso, él dirigió una resistencia dentro de las cárceles. En los años ochenta el sistema penitenciario sufrió tres asonadas y las tres las coordinó Miguel Cordero.

Julio: Fijate qué raro que Tomás Borge no haya amnistiado a tu tío. Nosotros sabemos que Tomás se bachillera en el Instituto Juan José Rodríguez y es tu tía Margarita Cordero Gómez, quien lo lleva a ponerse el anillo de bachillerato.

Marco: Así fue, no sé si porque la mamá de Tomás ya había muerto o no estaba aquí, pero quien sube a la promoción de bachiller de Tomás Borge es Margarita Cordero, mi tía, quien muchas veces le fue a pedir algunos favores, y Tomás le concedió uno que otro, por ejemplo, cuando se casó Rosamaría “La Tata”, él dio permiso para que Miguel viniera al casamiento de mi prima. Ella es la menor de las tres mujeres, con quienes tenemos excelentes relaciones. La política nunca nos separó ni de Miguel Cordero mismo, pues una vez que salió de la cárcel, tuvimos una relación muy amena, sin resentimientos y sin ningún tipo de pena.

Además, en dos ocasiones Tomás llegó a visitar a Miguel a la cárcel y le llevó algún cigarro y alguna otra cosa, pero bueno, la justicia era la justicia, y el problema de Miguel no es que haya sido genocida, porque hasta donde yo entiendo, él no lo fue, él no anduvo a cargo de columnas de la Guardia, él no anduvo con los aparatos represivos en la montaña o a nivel urbano, él más bien fue un ejecutivo, él anduvo con José Somoza durante muchos años y después estuvo de Comandante en Estelí, y más adelante de Sub-Comandante de la Policía de Managua. Cuando el triunfo de la Revolución, él estaba con sus buenos tequilazos, y así lo agarraron. El problema de él fue que resistió al sandinismo dentro de la cárcel y eso provocó que fuera uno de los diez últimos guardias que salieron de la cárcel en 1990.

Habría que recordar también que cuando Vulcano (Gral. Gonzalo Evertz) salió huyendo de León, puso un cerco humano y en ese cerco murió una jinotepina, Marta Narváez, una muchacha muy guapa, hermosa, que estudiaba en León. Era hermana de nuestro amigo vecino Gonzalo Narváez “Juan Galleta”, quien ya murió.

Arístides: Es interesante lo que decía Marco sobre la Guardia. En realidad hubo esbirros como los que mencionabas, pero también hubo guardias que fueron decentes, como César Acevedo, un connotado somocista, pero nunca le hizo un mal a nadie, al contrario, hacía muchos bienes, a mucha gente ayudaba. Era un hombre que siempre trabajó, era diputado, vendía lotería, cantaba en la iglesia, daba clases a la Guardia, vendía comida en su casa, realmente era un hombre muy decente.

Marco: Habría que hacer justicia también en el caso del carcelero que yo tuve, un señor de apellido Penado, gordo, pesado, un cabo de la Guardia. Era el que tenía las llaves. A Penado le miré sus lágrimas cuando él se daba cuenta de las torturas y los asesinatos que cometía la Guardia. Llegaba a abrir la puerta a alguien que él sabía que lo iban a ir a palmar, y le miré las lágrimas en un par de ocasiones.

Sabemos que la Guardia Nacional era un ejército amamantado por los gringos. Hubo una guardia vieja que confrontó a Sandino, que tal vez anduvo metida en El Chaparral, cuando la guerrilla. No era tan grande la represión. Pero había una generación de la Guardia, de los capitanes para abajo, a quienes les tocó enfrentarnos a nosotros, entonces Orlando Gutiérrez fue un represivo, un asesino de Jinotepe que cayó por aquí, también Villanueva, quien murió por El Cacao, lo palmaron los de la Columna “Chico López”, a cuyos integrantes felicito.

Julio: Marco, pasando a otro tema, una vez que se da el triunfo de la Revolución, ¿a dónde te integrás a trabajar?

Marco: Me integro a la Juventud Sandinista, soy fundador. En 1980 me fui a alfabetizar a la Hacienda Palestina, Río San Juan, en la zona norte de El Almendro. Después seguí estudiando. Estaba terminando mi bachillerato cuando Wilmor Solano me invitó a que fuera parte de uno de los aparatos más cuestionados de la historia de la Revolución, pero que para mí es un orgullo, no me siento mal en lo más mínimo, además, tengo mi conciencia limpia, fui oficial operativo de la Seguridad del Estado, mas nunca fui jefe, tal vez porque siempre hablé con poco servilismo o con mucha sinceridad.

Miré llegar a mucha gente que tal vez no tenían la capacidad, ya no la condición moral o técnica, pero fueron mis jefes, y los respeté como jefes. Tuve el honor durante nueve años, ocho meses y cuatro días, de ser oficial de la Seguridad del Estado. Tuve importantes misiones a mi cargo en Carazo, logré desarticular dos organizaciones contrarrevolucionarias que se querían fortalecer, y en las que estaba implicada mucha gente de Jinotepe y de la zona rural de Santa Teresa y La Conquista.

Posteriormente me casé, pedí mi traslado a Granada, porque mi segunda esposa era de allá, la primera era cubana, tengo un hijo cubano, mi hijo mayor, un gran orgullo para mí. En Granada trabajé mucho tiempo, y también siento el honor de que notaron en mí alguna capacidad técnica o de negociación política, porque durante cuatro años me asignaron al área de diversionismo ideológico –llámese Iglesia Católica–, atendí las relaciones de la Iglesia Católica con el Estado sandinista, investigué a fondo cómo se mueve la Iglesia Católica.







NOTAS


1 Emilio Mena “Chacalote”. Artículo publicado en El Nuevo Diario 29 de mayo del 2008.

2 La búsqueda de los datos de Martha fue complicadísima porque su ancianita mamá, no recuerda casi nada. El equipo de trabajo se empeñó en la búsqueda de la partida de nacimiento en el Registro Civil de Jinotepe, donde están los datos del nacimiento de sus otros hermanos, menos el de ella.

3 Nora Astorga se integró al FSLN en 1969. En marzo de 1978 participó en un operativo en el que termina ajusticiado el General Reynaldo Pérez Vega (El “Perro” Vega). Fue famoso porque la pretendía sexualmente y el FSLN aprovechó esa circunstancia para tenderle una celada. Después Nora pasó a la clandestinidad y estuvo en el Frente Sur. En el gobierno sandinista primero fue Presidenta de los Tribunales Populares Anti-Somocista, que procesaron a los responsables de crímenes contra el pueblo. Después vice-canciller y finalmente Embajadora de Nicaragua en las Naciones Unidas. Murió de cáncer el 14 de febrero de 1988 a la edad de cuarenta años.

4 En una noticia de La Prensa publicada el 27 de noviembre bajo el título “Siguen detenidos dos hermanos en Jinotepe”, se afirma que Héctor y Marco Antonio Cordero Pérez fueron detenidos en su casa de habitación en compañía de su hermano Mario, y que fueron fuertemente golpeados y sometidos a largo interrogatorio. Mario fue puesto en libertad, pero los otros dos quedaron detenidos. Se informa también que ambos son sobrinos del Capitán Miguel Cordero, jefe de la sección de Narcóticos de la Central de Policía.

5 Un relato de Mario Elvir se encuentra en Memorias de la Lucha Sandinista, Tono II pág. 241

6 Es una referencia humorística que juega con el apellido de César, que indica que antes era delgado (Delgadillo) y que ahora es gordo (Gordillo).


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