Memorias de la lucha Sandinista

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El reino que aún no pudimos construir

Michelle Najlis y Vidaluz Meneses


Michelle Najlis nace en Granada en el año 1946. Se bachilleró en el Colegio La Asunción. Sus primeros contactos políticos los hizo con Luis Rocha y Fernando Gordillo. Estudia Literatura en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, al mismo tiempo empieza su militancia política como dirigente del Frente Estudiantil Revolucionario. En 1966, en representación del FER es postulada a la presidencia del Centro Universitario de la Universidad Nacional, frente a la socialcristiana Brenda Ortega y pierde por un margen de ocho votos.

Participa en la importante acción en el Estadio Nacional denominada “No más Somoza” y en la marcha del 22 de enero de 1967. Después del terremoto se traslada a Costa Rica y trabaja en labores de solidaridad con la lucha sandinista. Luego del triunfo de la Revolución, funge como Directora de Migración y Extranjería, y luego en la Oficina de Medios de Comunicación del Ministerio del Interior. Posteriormente es asesora del Ministerio de Educación.

En los años noventa es Directora de Asuntos Culturales de la Universidad Centroamericana y trabaja en el Centro Ecuménico Antonio Valdivieso. A la fecha de esta entrevista, realiza estudios de Teología. Reconocida feminista y poetisa, ha publicado El viento armado (1969), Augurios, (1980) Ars Combinatoria (1988), Caminos de la Estrella Polar (1990) y Cantos de Ifigenia, entre otros.

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Vidaluz Meneses nace en Managua el 28 de mayo de1944. Cursa el Bachillerato en el Colegio La Asunción. Se incorpora a la lucha social desde principios de los años setenta. Formalmente colabora con el Frente Sandinista de Liberación Nacional desde el año 1977.

Es poetisa, articulista y promotora cultural. Es licenciada en Humanidades con mención en Bibliotecología, de la UCA.

Después del triunfo de la Revolución, dirigió el sistema de bibliotecas de Nicaragua y fue Vice-Ministra de Cultura. Ha recibido numerosas distinciones por su amplio y valioso trabajo cultural. Su obra poética incluye los libros Llama guardada (1974), El aire que me llama (1982), y La antología Poética 1974-1990 Llama en el aire (1991). Actualmente es Decana de la Facultad de Artes y Letras de la UCA y es activista social y promotora cultural1.

A lo largo de la lucha por la libertad, en Nicaragua muchas fueron las vidas que cambiaron radicalmente, que dieron un vuelco de ciento ochenta grados. La historia de la lucha del pueblo nicaragüense está sembrada sobre el manto hecho por todas las historias personales, las batallas diarias y los sacrificios cotidianos. En este contexto, las mujeres sobresalen por su voluntad inquebrantable, su amor profundo por la familia y, al mismo tiempo, la defensa sin grietas por un mundo y una Nicaragua que supere el machismo y el trato desigual a la mujer.

Las dos prominentes mujeres que nos acompañan en este diálogo, se distinguen de forma especial porque optaron por la solidaridad, por el amor y el perdón. Sin dejar que los hechos y las circunstancias –algunas muy dolorosas– desmembraran sus anhelos, lucharon por la familia, por la mujer, por una Nicaragua igualitaria.

Mónica: Vidaluz, algo que seguramente la gente ya no recuerda es que vos sos hija del General Meneses. Me parece que en tu condición, integrarse a la lucha requería de mucho coraje, pero seguir luchando después que tu padre muere a manos de grupos guerrilleros, es todavía más difícil. Contanos esa parte, yo sé que es dura.

Vidaluz: Bueno, lo que pasa es que a él lo jubilaron en el año 1976, más o menos después de treinta años de estar en la Guardia Nacional; entonces me alegré porque yo me identificaba con todos los grupos progresistas y siempre me comprometía por la justicia, no con algo específico, pero sí con la justicia y en ningún partido político.

Una cosa dificilísima para mí era enfrentar a mi papá, porque él era un militar. Había otros casos que conocí después, como el de Martha Cranshaw, cuyo papá era un somocista, pero político. En mi caso, mi papá era un militar y lo que planteaba el Frente era la lucha armada. Era difícil. Yo lograba hacerme un espacio entre los grupos cristianos o firmaba cosas o escribía, o me sumaba, como te decía, a huelgas universitarias, etcétera.

Entonces cuando a mi papá lo jubilan, para mí es un alivio porque yo digo, bueno pues, puedo avanzar porque no me tengo que enfrentar con nada militar; a pesar de que nunca se me ocurrió, por mi personalidad, la lucha armada; eso era una cosa más difícil por mi condición familiar y por mi condición de cristiana. Porque los cristianos en esos años nos planteábamos que era un desafío la lucha armada, hasta que vino todo el Concilio Vaticano, los documentos de Medellín, y se comenzó a hablar de la violencia institucionalizada, y de alguna manera empezaron a surgir estudios teológicos que justificaban luchar con las armas en contra de la opresión.

Fue un alivio cuando jubilaron a mi papá, porque él va a pasar a la vida civil, ya está, entonces no me tengo que enfrentar directamente con él. Sin embargo, más o menos un año después, Somoza le dice que lo quiere mandar de Embajador a Guatemala, y allí funcionó la disciplina militar. Él le acepta, y yo le digo: –No acepte, no acepte, mejor váyase a descansar ya, dedíquese a sus cosas. Pero no, mi papá era un hombre joven y activo. Imagino que se sintió comprometido, era una prolongación de su compromiso, porque ya existía una cosa que tal vez más adelante se puede estudiar psicológicamente: y es la figura de Somoza y lo que influía en los militares, ya no se diga en la gente que militaba en su partido.

Entonces él se va a Guatemala como diplomático. Sin embargo, como en ese tiempo ya se estaba agudizando la lucha e iba avanzando el Frente, existía también un arreglo entre ejércitos centroamericanos de reprimir a la guerrilla y a los movimientos revolucionarios. Pero al mismo tiempo existía una solidaridad revolucionaria de los movimientos guerrilleros, y a mi papá lo emboscan en una calle: él iba un sábado para la barbería, lo pasó un carro y lo ametrallaron; él quedó vivo todavía, le dieron cuatro balazos, uno de ellos en la médula, fue una cosa tremenda.

Yo, más o menos me había preparado para cualquier cosa. Ya en aquel tiempo mi casa era casa de seguridad, y yo pensaba: Él o yo, si lo sorprenden aquí, o me llevan presa o quién sabe qué pude pasar. Esas cosas terribles. Cuando él se va a Guatemala, pensé que había menos posibilidades de que algo malo ocurriera, pero cuando pasa allá, aunque yo había pensado que algo podía ocurrir, para mí fue espantoso.

Entonces me tocó ir a Guatemala en una avioneta que consiguió uno que fue Ministro de Salud en el somocismo, el doctor Edmundo Bernheim, con uno de mis hijos y mi hermana menor. Entonces mi papá dura vivo como dos semanas. El atentado ocurrió el 16 de septiembre de 1978, y el 29 de septiembre murió.

Fragmento del Comunicado del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP):

…tras la pantalla de Embajador de Nicaragua, ha escondido su verdadera función: la de coordinar el apoyo mutuo entre la Guardia Nacional y el Ejército Guatemalteco, y entre el régimen somocista y el gobierno reaccionario de nuestro país. Meneses Cantarero ha coordinado planes represivos policiales y maniobras contra guerrilleras a nivel centroamericano. Tras la pantalla de Embajador de Nicaragua, ha coordinado la represión contra los movimientos populares revolucionarios y el apoyo mutuo entre los gobiernos más reaccionarios de la región. Es un promotor de los planes del CONDECA, del Ejército Unido Centroamericano (un plan en desarrollo entre los Ejércitos de Guatemala, El Salvador y Nicaragua), y de la represión coordinada de los regímenes reaccionarios centroamericanos en contra de los movimientos populares democráticos y revolucionarios.

Esta acción ha sido una muestra de solidaridad del EGP, a la lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional. El Frente Sandinista lucha por liberar a Nicaragua de la dictadura somocista y de todas las ataduras económicas, sociales, políticas y militares que han mantenido al Pueblo de Nicaragua en la explotación, la miseria, la opresión y la represión de los grandes ricos nacionales y extranjeros, que han actuado durante los últimos cuarenta años, alrededor de la sangrienta dinastía de los Somoza. El Frente Sandinista y el Pueblo de Nicaragua, cuentan con la solidaridad del Pueblo de Guatemala y con la solidaridad y el apoyo del EGP.

Yo era de un grupo cristiano. El padre Amando López2 –que era extraordinario– y los jesuitas, me recomendaron con los padres de Guatemala; y el padre Amán, un jesuita, me llegó a acompañar al hospital, vio a mi papá, estuvo con él. Mi papá estaba sereno, no decía nada, nada. Pero estaba súper delicado, le habían dado un balazo en la médula, estaba bien complicado. Y no sé por qué razón, la gente de la Embajada de Nicaragua le llevó la televisión, y él pudo ver bombardeos y cosas de aquí, que me imagino que le causaron un shock nervioso tremendo.

El asunto es que él fue empeorando hasta que murió. Todo ese tiempo fue tenso, porque él está cuidado por todos lados, y los rumores eran de que podían entrar a rematarlo, además que el doctor que lo atendía estaba amenazado. Bueno, ¡una tensión espantosa!

Y a mí también me dicen que ya no llegue con ese padre Amán, porque ese padre era comunista. Llegaron mis abuelos, mis tíos, bueno, toda la familia. Entonces llegó una monja, y por suerte después llegó otro padre de su pueblo, con él se confesó, comulgó y todo3.

Última postal a mi padre, General Meneses:

Debiste haber cumplido años hoy y ya no estás, para tu bien.

Guardo tus palabras y tu postrera ansiedad por mi destino,

porque la historia no te permitió vislumbrar este momento,

mucho menos comprenderlo.

El juicio ya fue dado.

Te cuento que conservo para mí sola tu amor generoso.

Tu mano en la cuchara dándole el último desayuno al nieto,

haciendo más ligera la pesada atmósfera de la despedida.

Cada uno en su lado, como dos caballeros antiguos y nobles

abrazándose, antes del duelo final, fatal.

Mónica: ¿Cómo comenzaste a tener conciencia y a participar en la lucha?

Vidaluz: Creo que jugó un papel bien importante la base cristiana desde la infancia. A esa etapa la llamo como una religión mágica, muy linda, el Niño Dios, las pláticas de mis tiitas, que fue una base ¡claro! Pero en la adolescencia, como andábamos en cada pueblo con mi papá, me tocó entrar al sexto grado en La Asunción de León, y después me vine para Managua.

Las monjas de La Asunción promovían la entrega, la generosidad. Después, la madre Mireille, que era una madre francesa activísima, nos llevaba semanalmente a un barrio pobre que se encontraba detrás del Colegio, que era el barrio La Tejera, a repartir carne. Si querés, eran prácticas maternalistas o paternalistas, como les diríamos después; pero mal que bien, te va sembrando sensibilidad eso de poder ver cómo vive la gente a la orilla de tu colegio elegante, en una miseria y en una situación espantosa. El colegio La Asunción para mí fue una gran revelación, a pesar de que había compañeras que se peleaban con las monjas.

Me gustaba cómo presentaban el Cristo: nos ponían un barquito –seguro que Michelle se debe acordar porque era de un lado al otro del aula– que representaba las misiones. Es la edad de la adolescencia, donde vos te identificás con los héroes, con la justicia. Los héroes eran esos sacerdotes y esas monjas. En ese barquito que uno veía colgado, ibas caminando porque ibas ayudando con contribuciones, oraciones, dinero y todo para que el barco avanzara a las misiones en Japón, en África, en donde hasta los mataban por la fe.

Entonces todo eso me iba pasando a nivel cristiano, y como me gusta escribir, escribí unos poemas. Casi todos los chavalos de mi época, de trece a dieciséis años, estaban en contra de la dictadura, por la justicia, y algunos influidos por los aires del marxismo se van comprometiendo. Son mis amigos y además son buenos chavalos, buenas chavalas; también me van sembrando la preocupación, empiezo a ver la injusticia, que realmente las cosas no se pueden mejorar si no se cambian las estructuras y todo lo que viene después. Entonces yo empiezo a escribir.

Mónica: Michelle, antes que existiera el Frente Sandinista, te involucraste en la organización revolucionaria. ¿Desde cuándo empezaste a ser revolucionaria y cómo? ¿Qué te motivó?

Michelle: Vidaluz y yo fuimos compañeras en el Colegio La Asunción, y siempre que coincidimos y empezamos a hablar, terminamos hablando de las monjas de La Asunción, a las que recordamos con gran cariño, porque efectivamente eran una cosa rara en ese tiempo.

Fijate que cuando las teresianas, en la década de los ochenta, comienzan a llevar a sus alumnas a los barrios pobres de Managua, se hizo un escándalo; ahora imaginate que estas monjas de La Asunción lo hacían en los años sesenta, con un grupo de chavalas de clase media para arriba y eso se hacía todas las semanas, o a repartir carne o a enseñar a leer o catequesis. Eso nos puso en un contacto directo con la miseria de este país; pero además, yo siempre digo que empecé a ser poeta y a ser revolucionaria por vaga…

A mí me encanta la naturaleza nicaragüense, la siento en la piel, en los poros y cuando empieza el invierno para mí esto es una maravilla. Por cierto que tuve un novio que decía que yo tenía organismo de rana, que cuando empezaba a llover yo empezaba ¡croac, croac! Y efectivamente, cuando empezaban las lluvias, yo no podía resistir la tentación. El Colegio quedaba a la orilla del lago; entonces yo venía de mi casa caminando y doblaba a la derecha, pero cuando empezaba el invierno, doblaba a la izquierda, y me iba por la línea del tren; una vez me fui a pie hasta la punta de Chiltepe.

Mónica: Pasando por todos los barrios de la costa del lago que son muy pobres, como Acahualinca.

Michelle: ¡Exacto! Entonces allí fui descubriendo un mundo que, de no haber sido vaga, tal vez por mi situación de clase, por la seguridad que yo tenía en mi casa y que me habían dado mis padres, quizá no lo hubiera descubierto o lo hubiera descubierto más tarde. Entonces eso, junto con la sensibilidad que cultivaban las monjas, y que nosotras que éramos tocaditas al mal la verdad, provocó que, como dice Vidaluz, empezara a hacerme una serie de preguntas.

Acordate que estamos hablando de antes del Concilio Vaticano II. A alguien que hacía preguntas sociales inmediatamente le caía la etiqueta de comunista, y pues a mí me interesó el asunto, comencé a leer libros de marxismo y encontré allí respuestas que por otros lados no encontraba; con el inconveniente que era marxismo de manuales y marxismo que en ese tiempo y, con justa razón, reaccionaba con mucha violencia contra la iglesia institucionalizada que durante siglos se ha puesto –es doloroso pero hay que decirlo– se ha puesto sistemáticamente al lado de los opresores y los contrarios han sido excepciones.

Entonces me involucro, empiezo a estudiar, me acuerdo que éramos grandes amigos con Luis Rocha y Luis era militante del Frente, y allí me encuentro con otros amigos que también eran militantes. Me acuerdo que siendo chavala, estando todavía en el Colegio, imaginate, fui a parar a una reunión con el Comandante Víctor Tirado.

Mónica: ¿Fuiste a parar?

Michelle: Fui a parar, sí; él se reunía con otro señor que a mí me parecía muy grande y muy importante, para hablar sobre la posibilidad de crear un frente único en Nicaragua. Todavía no me explico qué representaba ni por qué estaba yo allí. Pero las cosas, fui a parar allí4.

Pues así empezó y por eso es que la experiencia de la pobreza, la experiencia del paisaje, la conciencia de la injusticia y al mismo tiempo la sensibilidad poética en todas nosotras, es algo que va unido, tanto en Vidaluz como en Gioconda, en Ana Ilse, como en las otras escritoras, ¿verdad? Como el feminismo, son cosas que van surgiendo simultáneamente y de manera muy natural.

Mónica: Yo quería preguntar a ambas como poetisas. Michelle, hiciste tu primer libro en el año 1969, El Viento Armado, y luego, Augurios y Ars Combinatoria. Vidaluz publicó La Llama Guardada, en 1975, después hiciste otro que se llama El Aire que me Llama y, finalmente, una antología, Llama en el Aire, de 1990.

Díganme, en el caso de cada una de ustedes, ¿qué importancia tuvo ser poetas? ¿Cómo conjugaron la vida revolucionaria con la esencia de la poesía?

Michelle: Yo tengo que decir algo sinceramente y en honor a la verdad. Durante los años de lucha contra la dictadura o durante los años de gobierno sandinista, yo nunca me sentí restringida ideológicamente en el quehacer poético, siempre sentí que yo podía escribir sobre lo que me diera la gana. El problema no iba tanto por allí, el problema era el tiempo, porque estábamos involucradas, como todas las personas en este país, en tantas cosas que no teníamos tiempo. Ser poeta requiere un determinado estado de ánimo, un determinado cultivo de ese estado de ánimo y ese es el tiempo que no teníamos. Y luego, en la práctica, los conflictos que se daban, pero no era por imposición de temas o de actitudes poéticas, no iba por ese lado.

Vidaluz: En el caso mío, comparto bastante lo que dice Michelle, y pienso que en algunas entrevistas he dicho que no puedo separar la poesía, mi fe y la vida misma, la revolución, la necesidad de transformar la realidad hacia una sociedad más justa.

Entonces, igual me sentí porque a la Revolución opté por mi propia voluntad, yo escribía lo que vivía, como vivía la Revolución y lo que sentía. Allí hay también poemas de cuando mis hijos se van, que son otras rupturas tremendas, pero estoy entusiasmadísima con la Revolución y una de mis hijas se queda conmigo hasta el final, y los otros no; entonces pensaba que esa era la opción correcta, y todo eso está en la poesía, es la vida y es lo mismo.

Mónica: Por favor léenos un fragmento de este poema Muro de Lamentaciones.

Vidaluz: Cuando perdimos las elecciones y después en los años 1990, con este poema cerré un libro como para cerrar esa etapa. Ese fragmento dice:

Esta vez no ahogaré la memoria.

Asumiré los muertos y la separación de los amantes

que es otra forma de morir

no deambularé esquizofrénica por el mundo

sino con el estandarte del holocausto vivido.

No ahogaré sus voces que claman

por el reino que no hemos podido construir

No ignoraré la sangre en el barro

          el alarido del fondo de las entrañas

el rugido de la multitud acumulada en el pecho.

Michelle: Ese poema, creo que fue importante para vos, Vidaluz, y fue importante para muchísima gente, porque sentimos que habías expresado y habías condensado ese lamento. Había sido como una catarsis que nos permitía decir: Bueno, ahora levantémonos y empecemos a tratar de caminar. Muchos lo sentimos así.

Vidaluz: Sí, es catarsis, como dice Michelle, y cuando lo escribí, ¡fue terrible! Y allí quisiera haber tenido la valentía de ustedes dos. La Michelle es de mi generación, y yo le digo a ella aquí: siempre tenemos que trabajar en dúo.

Felizmente la vida nos volvió a colocar juntas. Hay veces que debemos escuchar la voz profética, y a vos Michelle, te corresponde la parte fuerte, y si otra vez hay que ir a conciliar, entonces tengo que ir yo. Igual vos, Mónica, que sos tan valiente. Yo escribo estos poemas, pero realmente los quisiera decir como ustedes, con esa vehemencia y con esa fuerza.

Michelle: Y es que además, en el caso de tus poemas, Vidaluz, muchas veces son poemas tremendamente dolorosos, y a mí me pasa como a Mónica, ¿cuántas veces no he llorado leyendo tus poemas o leyendo las cosas que vos decís? Entonces no es raro que haya poemas que vos misma no podés leer sin ponerte a llorar.

Mónica: En esta selección de Francisco de Asís Fernández, Poesía Política Nicaragüense, escogió seis poemas tuyos, Michelle; uno se llama Nos persiguieron en la noche, otro A los mártires de Bocay, otro Los inocentes alzaron los fusiles, Los cuerpos caídos, Nosotros los hijos del sol y Ya tu sabes que murió. Este último es bellísimo, ¿nos lo podrías leer?

Michelle: A ver si no me pongo a llorar yo también, porque se me hace un torozón. Y es que este poema, además, si mal no recuerdo, lo escribí cuando murió El Chelito Moreno5, quien era un chavalo precioso, era un muchacho transparente. El poema dice:

¿Ya tú sabes que murió?

Y sabés dónde está la tumba del hermano

    aquel hermano que no tuvo sepultura.

Tú lo sabes porque tu corazón es tierra que lo cubre

y nuestros días flores nuevas para florecer su tumba.

Mónica: Bellísimo, bellísimo. Este poema lo escribiste hace como treinta y tres años. ¿Y ahora siguen escribiendo?

Michelle: Seguimos escribiendo.

Vidaluz: Hasta que la muerte nos funda con ella.

Mónica: En este libro cerraste con la parte final de un bellísimo poema de Bertolt Brecht, A los hombres futuros. También son palabras importantísimas en estos momentos.

Michelle:

Y, sin embargo, sabíamos

que también el odio contra la bajeza

desfigura la cara.

También la ira contra la injusticia

pone ronca la voz.

Desgraciadamente nosotros,

que deberíamos preparar el camino para la amabilidad

no pudimos ser amables.

Mónica: Esto, me imagino yo, tiene que ver con el período después de la pérdida de las elecciones, es decir, una especie de autocrítica de lo que no se pudo hacer, que se pudo hacer mejor o no se hizo.

Vidaluz: Es autocrítica en un sentido y es explicación; no justificación, pero sí explicación de actitudes que teníamos en la Revolución. Es interesante el tema de la reconciliación, del perdón, que es bien difícil. Muchas veces me pregunté eso en la Revolución. Yo decía, puedo entender perfectamente que amigas mías cuyos padres fueron toda su vida perseguidos y masacrados por el somocismo, tuvieran una reacción visceral, apenas explicable, que era lógica; pero en mi caso era al revés, era muy doloroso para mí dar el paso que di y después construir.

De todas maneras, pensaba que así como estas personas que fueron profundamente heridas a lo largo de la historia de su vida, fueron capaces de trabajar con mucho amor, yo también podría hacerlo. Luego pensé que la Revolución es construida a partir del amor, y no en base al resentimiento, a pesar de que teníamos grandes discusiones con amigas que se consideran marxistas y que han estudiado marxismo. Ellas me decían: –Es que vos sos cristiana, no ves que el Che Guevara decía que había que odiar al enemigo. Porque a veces la lucha era tan dura, que tenías que ser firme y entonces allí tenés que arrugar la cara. Vos misma, Mónica, que has sido una mujer tan bonita, pero has tenido que pelear durísimo, seguramente la gente te ve brava en la televisión. Es lo que dice Brecht: “La lucha contra la injusticia pone ronca la voz y te arruga la cara”.

Mónica: De lo que se trata es de no llenarnos de odio contra el odio, de no llenarnos de amargura luchando contra la injusticia, o sea que todas esas luchas no deben ser hechas desde la amargura, sino desde la óptica de construir una sociedad diferente.

Vidaluz: Michelle ha trabajado esos temas muy interesantes en la parte teológica que le corresponde en el Centro Ecuménico Antonio Valdivieso, sobre todo cuando le ha tocado exponer el tema de la reconciliación. Cuando hablo con Michelle, decimos, bueno, el perdón es en base a que haya un reconocimiento de la falta de parte del otro, es decir, no es tan sencilla la cosa.

Michelle: Perdón es reconciliación, y para que haya reconciliación es necesario empezar por reconocer el daño que hiciste, y buscar a la otra persona y reconocer tu falta, pedirle perdón; entonces la otra persona te perdona, te acepta, te acoge, se reconcilia.

Yo he dicho muchas veces también que cuando se habla del perdón, hay mucha manipulación de los oprimidos, por ejemplo: con facilidad se le dice a una mujer mal tratada, a una niña violada o a un pobre que no tiene trabajo, es que tenés que perdonar y ¿perdonar a quién?, ¿quién le está pidiendo perdón? Si el perdón es reconciliación, es un proceso. Es complejo pero bueno, en esas estamos, ¿verdad?

Muchas veces son las personas que han sido más heridas, física y emocionalmente, las que nos han dado el ejemplo; como algunos combatientes de ambos bandos que de repente se encontraron y se dieron cuenta que en el fondo luchaban por lo mismo. Más conmovedor aún, las madres de caídos de ambos bandos que han sido capaces de dar ese paso.

Mónica: Michelle, ¿nos contás la historia de la manta en el Estadio Nacional?

Michelle: En la inauguración de la serie de béisbol, aquel estadio estaba repleto; estaba Somoza allí y sacamos una manta, la más grande que yo he visto en mi vida, atravesaba el estadio de un lado a otro y decía “¡No más Somoza!” Ésa es una de las cosas que he hecho con una mayor velocidad: correrme de la Guardia después que sacamos la manta. Si hubieran sido olimpiadas, seguras que las gano.

No nos capturaron a todos porque nos ayudó mucho la gente. Quiero contar una anécdota impresionante. Salí abrazada con un compañero que, desgraciadamente, no me puedo acordar quién es. Salimos apercollados como si estuviéramos romanceando, y la gente nos ayudó a salir, y cuando estábamos afuera, un guardia que estaba cuidando en el Estadio, nos paró un taxi, nos montó, y me dijo: –Correte, mamita, que si te agarran te matan. Si esa persona me está oyendo, pues me encantaría que algún día me diera una llamada, para vernos y poderle dar un abrazo.

Mónica: ¿Y dónde surgió la idea?

Michelle: La idea surgió de la cabeza de la mamá de la Mayra Vega. Su mamá fue la del invento. Debo decir que nunca pensamos en las consecuencias que aquello iba a tener para la gente que estaba en el estadio, y mucha gente sufrió y hubo muertos. Desgraciadamente fue algo que se nos salió de las manos, pensábamos en el peligro para nosotros, no en que la represión iba a caer sobre el resto de la gente.

Los participantes éramos como veinte y algunos cayeron presos, como Casimiro Sotelo y María Teresa García; otros logramos escapar.

Después de eso hicimos otra operación. Era una fiesta en el Año Dariano, no sé si era el centenario de algo, pero una fiesta muy notable en homenaje a Rubén Darío y habían venido personalidades de la cultura del mundo entero. Entonces se nos ocurrió hacer otra manta que decía: “Año Dariano sin Tirano”, pero el problema era ahora cómo nos metíamos al desfile, porque ya nos conocían. Entonces nos fuimos, iba la Hortensia Rivas, que en ese tiempo era opositora, Carlos Sáenz y yo. Hicimos una lira o un corazón de claveles rojos –no preciso bien– que decía “UNAN-Managua”.

Entonces fuimos en el desfile, todos bien portaditos, lo sentimos por el maestro Darío, no era fingido; pero por supuesto, detrás de la canasta iba la mantita, y ya cuando estábamos como a cincuenta metros del monumento a Rubén Darío, sacamos la manta.

No me acuerdo si estaba Somoza, pero sí estaba el Ministro de Educación y todas las personalidades de la cultura que habían sido invitadas. Entonces ese fue otra notición. Pusimos las flores, abrimos la manta, dejamos la manta allí en el monumento de Darío, y salimos en carrera, ya íbamos sabidos de que debíamos salir en carrera.

Mónica: Para recordar la historia, cuando los hechos del 22 de enero de 1967, la oposición era encabezada por Fernando Agüero como candidato a la presidencia y por Pedro Joaquín Chamorro, el principal propagandista de esa candidatura. Organizaron una manifestación con la cual se pretendía poner en jaque a la dictadura. Quisiera que Michelle aclarara su participación en la marcha masacrada del 22 de enero de 1967. ¿Ibas en esa manifestación del 22 de enero? Porque se difundió la especie de que vos andabas armada y de francotiradora, ¿es verdad?

Michelle: Es cierto que andaba en esa manifestación. La leyenda es que yo andaba empujando la silla del poeta Ciro Molina y que él llevaba una ametralladora oculta en la silla, que yo la saqué, y que con ella maté al primer guardia. Pero no es cierto. Es cierto que iba Ciro, es cierto que iba yo. No es cierto que Ciro llevara ametralladora y tampoco que yo fuera empujando su silla. Creo que los pueblos inventamos, necesitamos leyendas, ¿verdad?, y sobre un hecho tejemos una serie de cosas y de fantasías.

La verdad es que en un cierto momento un señor conservador llegó, y a la mitad del recorrido de la manifestación, me dijo: –Hijita, córranse y llévense a su gente, porque esto está vendido. También me dijo: –Es la primera vez que ustedes van a la cabeza de la manifestación. Nunca este movimiento ha permitido que los estudiantes vayan a la cabeza, siempre han tratado de opacarlos, y ahora van a la cabeza, ponete a pensar porqué será. No lo recuerdo porque ya me está fallando la memoria, pero es un hombre a quien también quisiera darle un abrazo de agradecimiento.

Yo voy en la manifestación con eso en la cabeza, lo voy hablando con algunos compañeros, y cuando llegamos donde ahora es la Asamblea Nacional, llegó Luis Rocha con la misma información, y dijo: –Miren esto, aquí hay una jugada muy fea, hay que llevarnos a toda la gente que nos podamos llevar.

Y al pobre Ciro, la leyenda le salió muy cara. Fue perseguido y estuvo preso.

Oyente: Habla Edmundo Narváez Sánchez. Quiero saludar a Michelle Najlis y recordarle cuando en el año 1963 ella llegaba con Silvio Mayorga allá por donde era el cine Managua media cuadra al lago.

Michelle: ¡Efectivamente, verdad! Cuando teníamos toda la ilusión de que íbamos a construir el reino de los cielos, que íbamos a inventar un país. Muchas gracias por tu llamada Edmundo, efectivamente son tiempos que recordamos con amor se nos encoge el corazoncito, ¿verdad? Gracias por tu afecto y por tu llamada.

Oyente: Buenos días, Mónica, buenos días Michelle, habla Ezequiel Orozco. Recuerdo cuando leíste allá en el Auditorio 12 de la UNAN aquel poemario Como los Santos, de Leonel Rugama, con tu voz y tu forma tan peculiar y tan rica de leerlo. He sido un enamoradísimo de los poemas de Leonel; pero en tu voz, esa vez cuando los leíste, salía una dulzura y toda una belleza. ¿Lo recordás?

Michelle: Sí, me acuerdo bien, y es un poema que siempre me conmueve, y creo que nos da la pauta, hay que insistir en querer vivir como los santos.

Mónica: Quisiera hablar con ambas, que han tenido varios matrimonios, del tema de los hijos y de la familia. En el caso de Vidaluz, yo hablaba de cómo su compromiso le había significado arrancarse trozos de su misma vida. El caso de su padre, unos dirían ajusticiado, otros dirían asesinado, por los guerrilleros guatemaltecos, es decir, parte de la gente con la que ella estaba luchando. Después del triunfo de la Revolución, te tenés que separar de tu esposo, porque tu esposo se vuelve contrarrevolucionario y vos decidís y optás por quedarte con la Revolución, con sus imperfecciones, porque también es tuya; entonces se parte tu familia, se te van unos hijos y se quedan otros. Eso debe ser una cosa espantosa.

Cuéntenme de su relación como mujeres con estos hijos. Quiero que hablemos ahora un poco sobre cómo están viendo la vida como revolucionarias, como mujeres, como madres.

Michelle: Ah, yo encantada, el problema es que podemos hablar aquí hasta las cinco de la tarde y todavía nos quedamos cortas, porque aquí estamos tres tías zorras fascinadas con nuestros zorritos. Yo quiero decir brevemente que mis hijos son la gran felicidad de mi vida. Es donde yo me siento realizada. Tengo tres hijos: Túpac, Ximena y Camilo.

Oyente: Habla Mayra Vega. Estoy gozando escuchándolas a las tres, porque esas dos chavalas que tenés allí son mis amigas de Colegio, tanto Vidaluz como Michelle. Soy de las muchachas de La Asunción, de las influenciadas por Madre Mireille. Quiero darles un saludo a las muchachas, siempre les voy a decir las muchachas, como mi abuelita que, cuando llegaban a jugar canasta las señoras de setenta años, decía: –Pongan la mesa para las muchachas.

Me acuerdo que en el caso de Vidaluz, éramos compañeras de bus. Cuando pasábamos buscándolas por su casa a ella y a sus hermanas, Vidaluz me enseñaba los poemas que escribía; era chavala, tenía como catorce o quince años, y yo maravillada, no podía creer que aquellas cosas tan lindas pudieran salir de aquella muchacha tan jovencita, porque parecía como que fuesen de una mujer que tuviera una intensa vida espiritual, y de hecho la tenía, para haberlos escrito así.

Michelle, ¿por qué no te contás la anécdota aquella de la toma de la Escuela de Periodismo por un grupo de mujeres, te acordás? Nunca he escuchado que se hable de esa acción. Fue para una Convención de los liberales, donde se iba a escoger de nuevo a Somoza como candidato. Fue una acción muy linda de las mujeres.

Michelle: Era, como dice Mayra, para la Convención del Partido Liberal, cuando se escoge entre comillas o sin comillas –como queramos– a Somoza como “candidato”, y entonces habíamos decidido un grupo de mujeres hacer una manifestación de mujeres enlutadas y fíjate que allí hubo otro caso interesante.

Un somocista me llegó a buscar y me dijo: –Mirá, hay orden de matar en esa manifestación. No te digo que no la hagan, que no protesten, pero no quiero que las maten. Y nos consiguió la llave de la Escuela de Periodismo y nos dio la ruta. Nos dijo: –La caravana de Somoza va a pasar por tales y tales lugares y en esa ruta queda la Escuela de Periodismo, métanse allí.

Por supuesto, yo dudé de lo que el hombre me estaba diciendo, no había ninguna razón para creerlo, y le pregunté: – ¿Por qué me decís esto? Y me dice: –Porque cuando me muera quiero que quede alguien que les diga a mis hijos que alguna vez no fui tan hijo de p… como he sido el resto de mi vida.

Nos dio la llave de la Escuela de Periodismo, y nos metimos, y allí estuvimos en huelga de hambre. Doña Angélica Balladares, quien vivía pegado a la Escuela, a través de un huequito que había en la separación de la pared, nos pasaba lo necesario: medicinas, ropa, y recibíamos todo el apoyo de la gente.

Te digo que son cosas que te dan idea de la calidad humana que puede subsistir, por mucha corrupción que haya en una persona.

Vidaluz: A veces no, a veces eso queda aplastado.

Oyente: Sólo quiero recordarle cuando fuimos a la misa de San Antonio, de Julio Oscar Romero, un muchacho que lo mataron allá por el Cine Victoria. Estábamos en la misa y nosotros salimos porque la Guardia nos llegó a sacar, y salimos en carrera a refugiarnos allá donde una familia Gómez, frente a donde fue el Hospital. Usted y otro más se fueron hasta el fondo, y nos refugiamos debajo de las camas, ¿no se acuerda de eso?

Michelle: Sí, sí me acuerdo, efectivamente, y además creo que es muy importante conservar la memoria de todas estas cosas, no sólo para mirar atrás, para mirar el pasado. Un pueblo que conserva la memoria, es capaz de vivir su presente y mirar hacia el futuro. Y ahorita, una de las cosas que quieren, es que nuestro pueblo pierda la memoria de su historia, y cosas como las que han relatado los compañeros que han llamado, Edmundo, Ezequiel, Mayra, y el compañero que habló de último, hay que rescatarlas, hay que grabarlas en la memoria para que sepamos que tenemos historia y que tenemos futuro.

Mónica: ¿Lograste decirle a los hijos del agente somocista que te dio esa información, que su padre no era tan malo?

Michelle: No, no, le he perdido la pista completamente, no tengo idea, pero me gustaría decirle a sus hijos que no siempre fue tan hijo de p…, que hubo un momento de nobleza en su vida.

Vidaluz: Volviendo a tu pregunta de los hijos, en el caso mío, tengo cuatro hijos y ocho nietos. Tengo dos mujeres y dos varones. Felizmente el amor estuvo por sobre todo, entonces hemos tenido una vivencia muy rica. Las separaciones han sido como nubes que fueron superadas. Nos queremos muchísimo.

Las dos hijas mujeres viven en Nicaragua: Vidaluz, que siempre estuvo conmigo, y Carla, la mayor, que es una chavala con el mérito de que se fue muy jovencita, y sufrió la ruptura, el divorcio, la separación entre su papá y yo. La Revolución era otro factor de conflicto en mi pareja.

Mónica: Durante la Revolución, Michelle fue irredenta, varias veces fue expulsada del Frente porque decía lo que pensaba, porque expresaba sus puntos de vista diferentes. Michelle ha criticado duramente el machismo existente dentro de la militancia, dentro de las filas del Frente Sandinista, así como la falta de debate ideológico.

Podríamos pasar horas hablando de esto, de cómo nos descubrimos como mujeres con derechos y cómo esa lucha por las mujeres se convierte en parte fundamental de nuestro compromiso revolucionario, permanente, con la gente. Al respecto Michelle dice: “Los machos, no los hombres, son seres de cabello corto y de ideas ídem”.

Michelle: Esa es una paráfrasis de un texto de Oppenheimer que dice que las mujeres somos seres de cabellos largos e ideas cortas; entonces yo le di vuelta y hago la diferencia entre machos y hombres. Mientras los machos son seres de cabellos cortos e ideas igualmente cortas; los hombres son seres encantadores, maravillosos, nos gustan, los queremos, pero los machos se pierden a sí mismos. Para empezar pierden su masculinidad.

Sentirte mujer y sentirte defensora de sus derechos es algo que ha sido característica de nuestra generación. Somos una generación de transición, salimos de un mundo tremendamente patriarcal y estamos inventando un modelo de feminidad, gente como vos, como la Doris Tijerino o como la Rosario Aguilar.

Mónica: Michelle, ¿ya no estás dando clases en la Universidad?

Michelle: Ya no. Tengo un programa en Radio Universidad desde hace ya casi cinco años. Es un programa en que hacemos comentarios bíblicos. Mi redescubrimiento del cristianismo ha sido la gran felicidad mía en estos últimos años.

Mónica: Para mí ha sido sorprendente porque vos no tenés la historia, la trayectoria religiosa que tenía Vidaluz.

Michelle: Pues fijate, a mí me marcó muy profundamente la vivencia religiosa en el Colegio de La Asunción, y mi ruptura con el cristianismo fue muy dolorosa, porque se dio en la adolescencia, ya que en el cristianismo de ese tiempo no encontraba las respuestas a las preguntas que me hacía, incluso era mal visto hacerse las preguntas y a eso se debe que yo me alejé.

Cuando regreso, descubro en el cristianismo una propuesta de utopía, una propuesta de sociedad mucho más radical que la que habíamos intentado incluso durante la Revolución Sandinista, con principios de fraternidad, de igualdad, de asumir cada quien su libertad de manera responsable, de tal forma que el líder fuera aquel que sirve a los demás, y que eso no fueran palabras, sino que fuera cierto.

Entonces descubro una cosa que me deja maravillada, deslumbrada, que me refuerza mi combatividad, que me hace muy feliz y que me da la capacidad de seguir aportando a la utopía de mi país, a la que yo no renuncio.

Ahora soy estudiante de Teología y estoy feliz estudiando en el Seminario Bautista. Es el único lugar en este país donde una mujer puede estudiar Teología. Y debo decir que estoy muy agradecida, tanto con los profesores, como con mis compañeros y compañeras de clases, en quienes he encontrado una cosa preciosa, muy linda y de mucha exigencia, nos tienen con la lengua de fuera. Estudiamos griego, hebreo, cualquier cantidad de cosas, y todos nos aprietan el pescuezo.

Mónica: Se quiere un espíritu muy especial, a la edad de ustedes, a nuestra edad, ¿verdad? Yo también sigo estudiando, creo que siempre voy a seguir estudiando. Emprender el estudio cuando uno ya pasó cierta edad, permite darnos cuenta de que realmente nunca es tarde para comenzar algo que uno quiere.

Michelle: Así es. Yo hasta me compré mi mochila y voy de mochila al Seminario y me siento feliz.



12 de mayo del 2001





NOTAS


1 Después de la entrevista, también ha publicado Todo es igual y distinto (2004) y la selección de poemas Sonreír cuando los ojos están serios (2006).

2 El Padre Amado López, SJ. Fue asesinado en El Salvador en la masacre a los sacerdotes jesuitas junto a Ignacio Ellacuría SJ., Ignacio Martín-Baró SJ., Segundo Montes, Juan Ramón Moreno SJ., Joaquín López y López SJ. y de Elba Julia Ramos y Celina Mariset Ramos, el 16 de noviembre de 1989.

3 Hay que recordar que ese atentado se produjo después de los bombardeos genocidas de Somoza a Estelí y otras ciudades, en septiembre de 1978.

4 En conversación posterior, Michelle precisó que en esa reunión estuvo con Carlos Fonseca y Víctor Tirado López.

5 “El Chelito”, Francisco Moreno, cayó en agosto de 1967 en Pancasán.


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