Memorias de la lucha Sandinista

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En Somoto floreció el sandinismo de verdad

Manuel Maldonado y José Gregorio Olivas


Manuel de Jesús Maldonado Lovo nace en Somoto, departamento de Madriz, el 11 de junio de 1941, hijo de Esther Maldonado, trabajadora doméstica. Su padre, de oficio albañil, muere cuando Manuel tiene cinco años de edad, quedando con sus siete hermanos en extrema pobreza. Con muchas dificultades logra terminar estudios de primaria. Aprende el oficio de telegrafista y luego se hace zapatero; tras una serie de interrupciones, logra bachillerase en el año1977.

En su niñez, Manuel sufre de poliomielitis, lo que le produjo una deformación severa en la columna vertebral. En 1970 se integra al Frente Sandinista de Liberación Nacional. Realiza diferentes tareas en la lucha revolucionaria. Durante el gobierno sandinista es delegado del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (TELCOR) y en 1996 es electo Alcalde de Somoto.

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José Gregorio Olivas Páramo nace en 1918 en el municipio de Totogalpa, de una familia conservadora despojada de su tierra en los primeros años de Somoza, lo que los dejó en extrema pobreza. Emigra a Honduras, Guatemala, Panamá, Colombia y Costa Rica, trabajando en todos esos países como obrero de la bananera United Fruit Company.

En Costa Rica entra en contacto con las ideas socialistas que impulsa el Partido Vanguardia Popular, que respalda al entonces Presidente Teodoro Picado. En el año 1944 se incorpora al intento anti-somocista que lidera el nicaragüense General Alfredo Noguera Gómez. Luego se involucra en algunas acciones de la Legión del Caribe.

Retorna al país y participa como colaborador de las luchas del FSLN desde 1963. Sufre cárcel y torturas en 1975, durante la represión a la escuela militar del Frente en el cerro de El Copetudo, y luego siguió apoyando en el traslado de combatientes del Frente Norte. Durante la Revolución trabaja en la alcaldía de Totogalpa y, a la fecha de la entrevista, con 81 años, sobrevive en condiciones de pobreza1.

El departamento de Madriz es uno de los territorios más abandonados de nuestro país. Con suelos de vocación forestal de trópico seco, es una región muy árida, y además, empobrecida por malas prácticas agrícolas de los minifundistas. Es parte de los territorios donde combatió Sandino y donde nació el Coronel Santos López, uno de los principales lugartenientes del General de Hombres Libres.

La mayoría de la población del departamento de Madriz se ubica bajo la línea de la pobreza, lo cual favoreció la incorporación de los campesinos a la Guardia Nacional que buscaban una salida a su precaria vida. Se decía que de este departamento salió la mayor parte de los soldados del Batallón Somoza y, por tanto, que era un bastión del somocismo. Dos personalidades de indudable autoridad moral, nos hablan de la otra cara de la moneda: de la incorporación de los campesinos a la lucha revolucionaria, desde los tiempos de Sandino.

Mónica: A Manuel, casi todo mundo le dice Manuelito, por cariño, pero también porque tiene apenas un poco más de un metro de alto. Afectado por la poliomielitis sufre de grandes dolores en su cuerpo por las afectaciones en su columna vertebral. Es un compañero excepcional en su compromiso revolucionario y en su capacidad política, pero también por su calidad humana. Manuelito, ¿cómo te integraste a la lucha?

Manuel: Hice mis primeros contactos en el año 1964, porque mi hermano Constantino Maldonado, Tino, el mayor de nosotros, zapatero, trabajó ese oficio en Estelí, donde conoce a los compañeros Filemón Rivera, Fausto Heriberto García y al Chelito Adrián Gutiérrez. En un taller de zapatería empezaron a hablar de la lucha del Frente Sandinista. Al regresar a Somoto, instaló su propio taller, donde entré como aprendiz. Yo era telegrafista, pero tenía problemas en las oficinas con el jefe del telégrafo. Entonces tuve que aprender zapatería.

Ahí escuchaba a Adrián y a Fausto Heriberto hablar de la situación de Nicaragua, de cómo los pobres no podían ni siquiera ir a los hospitales. Entonces fuimos reflexionando poco a poco, y mirábamos que nuestra situación de pobreza y necesidad, no era culpa ni de nuestros padres ni de nosotros, sino del sistema. Luego nos hablaron ya directamente sobre la lucha armada, me invitaron a una reunión, y empecé a participar en un grupo del Frente Sandinista.

Una de nuestras tareas era detectar gente afín, por medio de sus pláticas. Había liberales independientes, conservadores, que hablaban mal de Somoza. Un día escuchamos al profesor Augusto Salinas Pinell hablando en una esquina. Entonces lo llamamos. Mirá, vos estás hablando de Somoza, pero hay gente que quiere derrocar verdaderamente al sistema; si querés, te contactamos con una persona. Le interesó, y después habló con Adrián sobre la lucha y se incorporó al Frente Sandinista.

Después hicimos un recorrido en el campo, que era peligroso, porque en el departamento la mayor parte de los campesinos tenía familiares en la Guardia, ya que el Batallón Somoza estaba compuesto casi en su mayoría por gente de Madriz. El que no tenía un hijo en la Guardia, tenía un primo o un cuñado. Había que tener mucho cuidado.

Mónica: ¿Cómo explican ustedes esta enorme composición de guardias entre la población de Madriz?

Manuel: El problema es que la gente no tiene tierra para trabajar, no hay empresas, no hay grandes propiedades, no hay grandes fincas donde poder trabajar; entonces el único recurso que tenía el campesino, era enrolarse en la Guardia, donde le proporcionaban comida, ropa, zapatos y hasta pasta de dientes, que nunca la habían conocido. Eso hacía que la mayor parte de la gente ingresara a la Guardia. Sin embargo, empezamos a buscar contactos en el campo y hallamos a algunos que no eran somocistas, sino conservadores y liberales independientes, y con ellos empezamos a trabajar.

Mónica: ¿Toda tu familia estuvo vinculada al Frente Sandinista?

Manuel: No todos. Somos seis hermanos, tres vinculados al Frente Sandinista; los otros no, porque eran muy borrachos, entonces no les quisimos dar participación. Nuestra mamá sí participó en la lucha. Ella murió en el año 1973. Apoyaba a los guerrilleros, porque en la casa de nosotros era donde ellos se iban a refrescar, de la montaña pasaban directamente a la casa a descansar.

Por ejemplo, después de Raití y Bocay, llegaron Filemón Rivera y Fausto Heriberto García. Otras veces llegaron compañeros de Estelí a descansar, como Igor Úbeda y Mauricio Hernández Baldizón, quienes andaban con lepra de montaña. Por medio de una enfermera somocista, les conseguíamos medicamentos. Ella no sospechó nunca para quiénes eran las medicinas.

Igual pasó cuando operaron a Omar Cabezas en Somoto, fue el médico Dago Bermúdez, quien ahora es candidato a la Alcaldía por los liberales, pero no se dio cuenta a quién estaba operando. Hasta después le contamos, cuando ganamos nosotros, y le dábamos bromas. Vos colaboraste con el Frente, le decíamos. A la casa de mi mamá, Esther Maldonado, también llegó en varias ocasiones José Benito Escobar.

Mónica: Contanos las circunstancias en que cae tu hermano Constantino Maldonado.

Manuel: Él se fue clandestino en el año1974, y en 1975 después del asalto a la casa de Chema Castillo hay una gran represión en toda Nicaragua, matan a mucha gente. En Las Segovias se había instalado una escuela de entrenamiento guerrillero en El Copetudo, y cuando la GN tiende un cerco, buena parte de los guerrilleros sale cada cual por su lado. Mi hermano rompe el cerco y sale buscando para Honduras, pero un Juez de Mesta lo vende, lo agarran en la frontera y lo pasan para Ocotal. Eulogio Hernández también estaba preso, miró que mi hermano estaba vivo, y vio cuando lo degollaron. Eulogio se escapó de la cárcel aprovechando que los guardias estaban bolos y nos contó posteriormente cómo fue que asesinaron a mi hermano.

En Cusmapa también mataron a dos de los hermanos Alvarado, los “desaparecieron”. También cayó una gente de León en El Copetudo, que no supimos quiénes eran y desaparecieron en esa redada.

Mónica: De tu pueblo, además de tu hermano Constantino, son muy reconocidos en Madriz, el profesor Augusto Salinas Pinell, quien cae combatiendo el 30 de abril de 1976, y Mauricio Cajina…

Manuel: Sí. También Julio César Maldonado, mi sobrino, cae en 1976 cerca de Somoto, en un lugar que se llama Santa Rosa. Ahí la Guardia los rodea. Venían varios, capturan a Marcio Jaen, y caen dos peleando contra los guardias, uno de El Viejo de apellido Ríos2, y mi sobrino. Mauricio cayó en 1978 en El Tablón, cruzando la frontera con Honduras, en una emboscada en la mera guardarraya, y también capturan nuevamente a Doris Tijerino.

Mónica: Vamos a conversar con este compañero de pelo canoso y ojos pícaros, Gregorio Olivas. Cuéntenos sobre su participación.

Gregorio: Tengo amargas experiencias desde muy joven, porque con el somocismo, mi papá fue destruido. Era terrateniente con una hacienda en El Porvenir, cerca de donde vivía “Bacho”, Bonifacio Montoya. Su casa fue destruida. Él tenía su tierrita, pero como era conservador, quedamos como estoy aquí.

Lo que hice fue emigrar, mi vida fue andar de un lado a otro. Estuve en la costa norte de Honduras, pero también tuve que salir de ahí porque creo que fue en el año 1937 que hubo una revuelta. Estaba de Presidente Tiburcio Carías Andino3. Fue algo contra la gente costeña. Eso fue amargo, porque ahí vi que la vida no valía nada. Entonces decían que iba a haber una guerra contra los nicaragüenses de afuera y de adentro. Lo que querían era que nos saliéramos. Entonces, lo que hice fue quedarme más cerca de la frontera norte y después me crucé a Guatemala para no perder la vida; llegué a Puerto Barrios, y de ahí me trasladé a Costa Rica.

Mónica: ¿En qué trabajabas en esos lugares?

Gregorio: En las bananeras. Trabajé en la United Fruit Company. Estuve en El Limón y después en el pacífico sur, siempre en la United. Estuve en Panamá, y hasta en Colombia trabajé; pero donde más me gustó fue en Costa Rica, porque ahí conocí la democracia.

Manuel: ¡La democracia entre comillas! (Manuel se ríe).

Mónica: Manuelito se ríe, parece que no le cree. ¿Por qué te reís, Manuelito, no creés en la democracia tica?

Gregorio: No, ahí sí era la verdadera democracia, y espere, ya va a creer después de lo que le voy a contar. En ese tiempo, en Costa Rica no había un ejército; el gobierno usaba camisas así como nosotros, visitaba las bananeras. Aunque ese gobierno no era socialista, estaba apoyando las ideas de Manuel Mora Valverde4, quien trabajaba en la Corte Suprema de Justicia con ideas rusas, progresistas, con ideas socialistas, porque él tenía un partido que se llamaba Vanguardia Popular. Tenían diputados en el Congreso como Carlos Luis Fallas5, quien recogía a la gente del campamento de la United Fruit Company, porque esta bananera tenía como un millón de trabajadores en toda la Costa Atlántica.

Como mi familia fue afectada directamente, quedamos pelados, y yo no hallaba qué hacer; era acérrimo anti-somocista, estaba dispuesto a vincularme con quien fuera para hacerle la guerra a Somoza, con el partido que fuera. Pero ahí vi cómo Manuel Mora Valverde defendía a la clase proletaria, vi el fruto del socialismo. Ahí teníamos todas las prestaciones sociales como preaviso, vacaciones y treceavo mes. Al yanqui, a la compañía, no le gustaba eso, pero el trabajador tenía fortaleza, un mandador no lo podía correr porque decía ese diputado, Carlos Luis Fallas: –Hay que correr a cualquier mandador, aunque sea gringo.

Ése era un hombre valeroso y apoyaba a los trabajadores; por eso digo que había una gran democracia. El gobierno llegaba a vernos al campamento y a las bananeras, sin resguardo. Yo conocí la casa presidencial de Costa Rica, estuve ahí cuando gobernaba aquel Presidente que después nos jugó sucio, Teodoro Picado6, que era compadre de Somoza.

Entonces estaba un general, Alfredo Noguera Gómez y me decían, vamos a hacer Nicaragua igual a Costa Rica. Y entonces me apunté ahí, porque decían, vamos a sacar a Somoza, y vamos a elegir un gobierno democrático. Yo le decía que no traía partido. Vamos a ir al asalto y a la montaña, decían ellos.

Pero Somoza estaba agarrando la información, porque quería matar a Alfredo Noguera Gómez y a Chacón. Entonces el Presidente Teodoro Picado les dio hasta armas, les dio apoyo de frontera, y entonces a Noguera Gómez se confió. Y en esa revolución ya veníamos armados hacia la frontera, pero Teodoro Picado le avisó a Somoza. ¡Por eso digo que nos jugó sucio!

Somoza nos esperó adentro de Costa Rica. Nosotros estábamos completamente descuidados y nos dice Alfredo Noguera Gómez: –Bañémonos aquí, en un río bastante fronteras adentro. ¿Y qué? Ya estaba la Guardia tendida y nos agarró desnudos, y así murió Alfredo Noguera Gómez, con una ametralladora en la mano. Entonces salimos en desbandada. Volví otra vez a las bananeras7.

Después pasó también que el gringo quiso quitar ese gobierno y poner otro sistema, que era el de Figueres, que después fue del Partido de Liberación Nacional, un partido más a la derecha; porque era un partido algo izquierdista ése que había ahí en la presidencia entonces.

Figueres metió guerra porque ya existía la Legión del Caribe, que tenía su cuartel general en Guatemala, donde estaba de Presidente José Arévalo. La Legión se había propuesto quitar a todos los dictadores de este continente: Somoza, Trujillo, Gómez, de Venezuela, Batista de Cuba, Haití y todos esos. La Legión tenía armamento y gente y generales de todo el continente.

Julio López Masegossa era administrador de guerra y fue a comprar aviones bombarderos, pero la primera entrada que se hizo fue a la República Dominicana, contra los Trujillo. Primero trataron de organizarlo en Cayo Confites y luego por el puerto de Luperón.

Le metieron dieciocho lanchas, era una guerra abierta con doce aviones bombarderos, pero fracasó. Trujillo hundió las lanchas. Perdió la Legión del Caribe, y se dirigió a Guatemala. Trujillo les dijo: –Si sus aviones tiran una bomba en territorio dominicano, quemo la capital, porque tengo elementos suficientes para hacerlo. Entonces hasta ahí llegó8. Entonces empezó la OEA, y buscaron de otro modo.

Mónica: Entonces, ¿usted participó en la Legión del Caribe?

Gregorio: Sí, yo era enemigo acérrimo de todas estas dictaduras, porque era pobre y trabajador, y quería llegar a General; y nunca lo tuve ni lo voy a tener, pero me di gusto porque tenía valor para hacerlo. Participé en varias operaciones y me di cuenta de todo.

Después de algunos fracasos, buscaron de otro modo: era matar a los gobiernos. Mataron a Remón, el de Panamá9, tirado; mataron a Trujillo, también lo balearon; y a Somoza, también se le llegó, pero yo ya estaba aquí en Nicaragua. Ésa era la política que llevaban para quitar a las dictaduras, porque una guerra de guerrillas ya no se podía desarrollar porque estos hombres –los dictadores– estaban bien armados y vinculados.

Mónica: Lo que pasa es que en ese entonces, la táctica se basaba en armar grupos desde afuera de la frontera y provocar invasiones armadas, que supuestamente iban a contar con el alzamiento de algunas unidades del Ejército –porque a veces había militares involucrados– o esperaban el levantamiento de las masas. El problema es que a pesar del odio del pueblo a los dictadores, esos levantamientos casi nunca se producen de manera espontánea, había que organizarlos, cuestión que aún no estaba en sus mentes.

Gregorio: Somoza quebraba todas las acciones que se levantaban.

Mónica: La mayor parte de estos movimientos eran de la misma oligarquía, nada más que eran los opositores; en nuestro caso, los conservadores. Es la diferencia con el movimiento sandinista, que hace otros planteamientos e incorpora la participación organizada y consciente del pueblo, como parte sustancial de la estrategia.

Gregorio: A mí siempre me ha gustado la Revolución. Cuando Fidel Castro estaba en Sierra Maestra, me acuerdo que miraba las fotografías, y decía yo, tal vez llego a eso, porque tenía mi corazón como comunista directamente. Entonces miraba en La Prensa, que era la opositora, aquí con Pedro Joaquín, una vez que salió Fidel retratado con un fusil 30­-06. Estaba serio el hombre. Entonces yo decía, quién sabe si yo llego a esto. Decía Fidel: –Los guerrilleros tenemos las carreteras de frente y a la espalda el mar. Entonces decía yo: –Chocho, los van a exterminar, está fregado esto. Pero luego decía Fidel: –Para que nos saquen de la Sierra Maestra, Batista tiene que decidirse a tener de cuatro, a cinco mil bajas. Y yo decía: –Esto no es jugando. Luego fue creciendo y a Batista le dio vuelta, bueno, entró Fidel a La Habana, y yo pensaba, ahí tenemos un apoyo.

Mónica: ¿Entonces usted siempre vivía esperanzado y al pie del cañón?

Gregorio: Sí, esperanzado y al pie del cañón, entonces yo decía, cualquier día de éstos. Y efectivamente empezaron a pasar los Comandantes para México y seguramente iban a Cuba. Entonces Joaquín Ponce contrató a Pastor Montoya. Yo tenía mi casita en Totogalpa, pero vivía interesado en saber de cualquier revuelta para ver de qué manera participaba; y entonces llamaron a Pastor, porque él conocía bien la frontera por Mata de Plátano, por Aguas Calientes, donde vivía don Bacho.

Mónica: ¿Y de qué vivía usted en Totogalpa?

Gregorio: Vivía amargamente, en penurias, y ultimadamente me fui a trabajar a la Yodeco10, en el aserradero, trabajaba en el cepillo. En una de esas pasaba Pastor Montoya para Honduras, y me dice: – ¿Vamos a Mata de Plátano? Sí, hombre –le digo yo. Pastor tenía sueldo y le pagaban, pero yo iba por política, aunque no tenía reales. Pasamos por donde don Bacho y de ahí nos fuimos hasta llegar a Mata de Plátano, donde nos entrevistamos con Heriberto Rodríguez. Venía también Moncho Raudales, el hijo de Ramón.

Mónica: Entonces usted tuvo una vinculación con la guerrilla de Río Coco y ayudó a los guerrilleros. ¿Conoció a Santos López?

Gregorio: Sí, llevé gente a esa guerrilla de El Patuca, que tenía al frente a Santos López. De aquí llevamos mucha gente. Ahí estaba Tomás. Pero en esa guerrilla fracasaron.

Mónica: Como decía Manuelito, algunos de los que participaron en esa guerrilla pasaron refrescándose por Las Segovias, y hubo quienes incluso dejaron armas enterradas allá por Wiwilí. “Eulalio”, el guerrillero histórico de Pancasán, explicaba que las fueron a desenterrar y se las llevaron supuestamente para la guerrilla de Pancasán, pero ya estaban hechas añicos, todas sarrosas.

Manuel: Después de Pancasán, nosotros sacamos gente para otro intento guerrillero, uno que fue un poco posterior a Zinica. En Cacaulí, comarca de Somoto, teníamos como colaborador a Pastor Mendoza y a una tía mía que se llamaba Elena Maldonado. Ahí en la casa de mi tía, se planeó esa guerrilla. Yo llegué a esa casa y estaban varios guerrilleros ahí, recuerdo a Germán Pomares, quien me enseñó un rifle Garand. Y me dice: –Mirá, compañero, ahora sí ganamos la guerra.

Nosotros movimos a varios de los guerrilleros de nuestro departamento, a Miguel Zeledón, uno de los zapateros de Somoto, y a Rudy Selva. También a un compañero que le decían “Corinto”, nos tocó trasladarlo por San Juan de Río Coco; él iba a la montaña.

Ese intento guerrillero fue detectado, no sabemos cómo, pero primero cayó Efrén Ortega “El Callado”, en Jinotega, quien estaba vinculado a este esfuerzo. También estaba en esa casa un compañero de Somoto. Luego la Guardia montó un cerco sobre la guerrilla, algunos decían que hasta habían bombardeado, pero no sé si fue cierto. Cuando nos damos cuenta, mandamos un enlace a San Juan de Río Coco a que buscara cómo sacar a toda la gente que habíamos metido.

Miguel Zeledón sacó a los de Somoto porque él conocía el territorio. Cuando se dan los combates, él se perdió, pero tres pudieron romper el cordón que tenía la Guardia por Wiwilí. Todo estaba lleno de guardias. De los tres que sacamos, uno era de León, pero no supimos su nombre. Otra gente se perdió y desapareció, nunca más supimos de ellos.

Gregorio: Continuando con lo que hablábamos de la guerrilla de El Patuca, el jefe que venía representando al Frente Sandinista era Noel Guerrero, al que le decían “Teodorico”, ése era el que recibía la plata. Y los traicionó, se fue a México. El correo que pasaba por la casa de nosotros era Marvin Guerrero Robleto “Felipe”; ése iba a Tegucigalpa, pasaba por Corinto, Matagalpa y llegaba hasta El Patuca, por aquí. Después pasó Carlos Fonseca, quien estuvo ahí en mi casa, y lo pasamos a Managua; él venía a recibir la Dirección, y cayó preso. Luego cayó “Felipe”11 en Chinandega. Entonces se cortó el hilo que nosotros tuvimos de don Bacho a Mata de Plátano.

Mónica: Carlos tenía diferencias con Noel Guerrero y por eso no pudo participar en las incursiones de El Patuca al Río Coco, Bocay y Raití. Carlos sale después, y entra de nuevo a Nicaragua para asumir la responsabilidad de la resistencia urbana.

Queremos hablar un poquito de Bonifacio, ¿lo conoció usted?

Gregorio: Yo conocí perfectamente a Bacho. Nosotros llegábamos a la casa de él. Omar Cabezas estuvo en el año 1975 y usted también estuvo en Totogalpa, le decíamos “Ruth”. Yo los conozco a todos ustedes.

Mónica: Si. “Ruth” fue mi seudónimo en Nueva Segovia. Don Bonifacio Montoya fue uno de los primeros baqueanos del FSLN. A su ranchito llegaba Carlos Fonseca. Su esposa fue también una colaboradora muy valiente. ¿Cómo se llamaba, Gregorio?

Gregorio: Juana María.

Mónica: Don Bacho estuvo vinculado a la lucha de Sandino, y en los años setenta llegó a buscarlo Cesar Augusto Salinas Pinell, el profesor de quien hablaba Manuelito.

Después que lo vuelven a contactar, don Bacho estuvo en tareas de apoyo a la escuela de El Copetudo; cuando la Guardia monta el cerco a esa escuela, recibió a muchos de los muchachos que venían huyendo de ahí, y organizó su salida hacia otros lugares. Omar Cabezas relata todo este trabajo que fue vital para el FSLN. Bacho fue fundamental para evacuar poco a poco a toda esa gente, en grupos pequeños que llevaba a la Carretera Panamericana, y ahí los despachaba para Honduras.

A don Bonifacio lo matan por culpa de un tipo que desertó y fue capturado, echando para delante a don Bacho. La Guardia llegó en la mañanita a la casa de don Bonifacio, de forma violenta, insultando. Su esposa estaba hirviendo agua para hacer café negro. Cuando el Teniente GN le dijo: –Vieja, hija de tal, sálgase para afuera; la viejita le contestó: –Salga usted, miserable. Y agarró la jarra de agua caliente y se la aventó, quemándole el pecho y el cuerpo. Los amarraron a un árbol y ahí los golpearon y torturaron a los dos viejitos. Les quemaron el rancho y todos sus enseres, y finalmente los asesinaron a golpes, a don Bacho, a su esposa Juana María, y a…

Gregorio: Y también a Sebastián, el hijo de ellos.

Mónica: Sobrevivió un pequeño hijo de Sebastián que tenía tres meses, y a quien invitamos para que viniera el día de hoy, pero no pudo hacerse presente. No queremos dejar de hacer un reconocimiento especial a esta ejemplar familia, a Juana María y don Bonifacio, y a su hijo Sebastián. Habiendo sido colaborador de Sandino, don Bacho logra contactarse con gente de El Patuca, después trabaja con Carlos Fonseca y José Benito Escobar, apoyó los esfuerzos guerrilleros posteriores, vuelve a trabajar con los compañeros en 1974 y 1975, y muere asesinado en 1976.

Yo sé que don Gregorio podría pasar horas hablando de todo ese período. Manuel nos comentaba que hubo gente de Somoto que estuvo vinculada a las diferentes guerrillas. Queremos que Gregorio haga referencia a su participación en los años setenta. ¿Cómo se vuelve a poner en contacto?

Gregorio: Como habíamos perdido el hilo de la comunicación y estábamos en paz, viene Carlos Manuel Morales, quien era el responsable de Ocotal, y me comuniqué con él y todos los que estaban con él, la Chayo Antúnez y otros.

Como yo tenía algunos contactos en la empresa maderera Yodeco, porque trabajaba ahí, hice un contacto en Dipilto con uno de apellido Belli12, y empezamos a realizar el trabajo. Digo comenzamos, porque creía que el Frente se había perdido, porque no había habido acción, y ahora ahí se miraba más gente. Porque antes de eso, sólo era uno, y no teníamos esperanza en que podíamos derrocar al gobierno. Después la gente se fue agrupando y se fue armando la escuela de El Copetudo. En Ocotal estaban Guillermo Cáceres Bank y Jesús Olivas. Ya había gente y había entrenamientos.

Entonces me dice Carlos Manuel: – ¿Podés tener a un hombre en la casa todo el tiempo? Sí –le digo. Ése era el Responsable, que se llamaba Leonor Linarte. No me acuerdo cuál era su seudónimo. Él estuvo trabajando hacia El Copetudo13, y de ahí viajaba. Después se cambió y tuvimos en la casa a otro que se llamaba Rolando, que también trabajaba para El Copetudo.

El trabajo iba bien, pero en 1975 cae la primera célula, y echan preso a los Alfaro y otros. Hombré, pero todos los que trabajaban con nosotros, por ejemplo, don Guillermo Cáceres Bank, no dijeron nada en la cárcel, y entonces nos orientaron que había que seguir trabajando.

Mónica: Cayeron prisioneras como unas trescientas personas y varios fueron asesinadas. Hemos analizado que después del asalto a la casa de Chema Castillo, hubo mucho entusiasmo de algunos en organizarse, pero el crecimiento rápido no permitió que se profundizara en las medidas de seguridad. No había mucha compartimentación. Algunos presos terminaron mencionando nombres y se hizo una cadena interminable de detenidos, algunos de los cuales fueron asesinados en la cárcel.

Gregorio: Sí, fue cuando Eliseo Guillén los mató en Ocotal. Después de eso quedaba “Abel”, pero él sólo asomaba las orejas, pues ni modo, seguíamos trabajando14.

Un día llega “Abel” y me dice: – ¿Podés pasarme un hombre? Claro, que sí. Yo lo esperé en el beneficio, a las siete de la noche; cuando llega, dice la consigna: – ¿Es verde esa hoja o es blanca? Y ¿quién era? Bayardo Arce a las siete de la noche. Lo llevé para mi casa. Le había quitado un rifle Garand a un Guardia, y entonces ya lo pasé por el monte.

Mónica: Ese pasaje es interesante porque Bayardo iba tratando de salir de Ocotal con Carlos Manuel Antúnez, quien iba a pasar a la clandestinidad. Iban en el jeep de un colaborador. Era alguien que acabábamos de reclutar y tenía un jeep viejito. Al llegar al puente de Ocotal, había un retén de la Guardia que los detuvo y los obligó a bajarse para revisar el vehículo, porque había un registro feroz por todos lados; pero el muchacho se puso nervioso y comenzó a correr.

Ellos iban a pasar el retén sin problemas, pero cuando la Guardia mira que el otro se corre, entonces quiere capturar a Bayardo, pero éste, en un gesto osado, le arrebató el rifle Garand y salió en carrera, se tiró a un crique, rodando varios metros. Estuvo ahí escondido, la Guardia lo buscó, pero no lo encontró, porque además estaban temerosos, sabiendo que él portaba el Garand. Antes del amanecer, Bayardo salió y llegó a la casa donde estábamos, de don Toño Marín y doña Eva Sofía Olivas, quien era un colaborador muy querido. Bayardo llegó inflamado por los golpes de la caída. El Garand lo dejó metido en un monte, donde después lo fueron a recuperar. Bayardo estuvo unos días ahí y después llegó donde usted.

Gregorio: Sí, él pasó ahí y desde entonces ya no lo volví a ver. Y luego cae la segunda célula, cae Alejandro, Lencho, Bautista, que era la casa que teníamos en Santo Domingo. Entonces Alejandro me menciona, y me buscan, pero no me dejo agarrar en ese momento, me vine a Managua a ver si agarraba algún conecte para Masaya; pero al venir aquí no había nada, no hallaba para dónde agarrar. Entonces me fui otra vez a la casa, y de ahí a Jalapa. Allá me estuve un mes, pero me enfermé; entonces me vine y dije, que me agarren. La Guardia ya tenía la lista para buscarme. Llegando ahí, me dice mi mujer: –Mejor ándate. ¿Para dónde? –le digo yo. Pero ahí nomás me capturaron y me despacharon para Somoto.

Mónica: ¿Qué le hicieron?

Gregorio: Ya estaba en manos de la Oficina de la Seguridad Nacional. La Guardia sólo me preguntaba qué había hecho, hasta que llegó el informe. Me metieron a una cárcel grande donde estaban los reos comunes, y dije, yo aquí voy a estar bien, porque había camarotes, pero es que ellos aún no habían visto la remisión. Me preguntaban los reos: – ¿A cuántos has matado? No sé, no sé –les decía yo. ¿Ya se te olvidó? ¡Sí, hombre! Estaba en eso, cuando miran la remisión. Entonces ¡pra, pra, para! ¡Pasá para allá, caminá para allá!, y me meten a una cárcel donde sólo de pie podía estar. Pasaba un guardita y me decía: –Hombre, y a vos ¿por qué te tienen? –Por cosas políticas. –Decí la verdad, y ya vas a salir. –Sí, sí, hombre, ya voy a decir la verdad, ya voy a salir. Eso era día y noche. La Seguridad no había entrado todavía, andaba quién sabe dónde.

Pasaron tres días y, hombré ¡yo ya no aguantaba! Resulta que me quedé medio dormido y ni los zapatos me saqué. Entonces entran los de la Seguridad a las doce de la noche y comienzan pra, pra, pra, ¡te vamos a matar, hijueputa! ¡Salí, hijueputa, de ahí! Y la sangre se me hacía así, viera eso, qué doloroso, no quisiera recordarlo. Y yo no decía nada. – ¡Quisiera matarte, hijueputa, decí lo que sabés! Esperate –le digo. –Esperate qué, hijueputa.

Era media noche, ya estaba desnudo, porque me quitaron la camisa y me llevaron a un torreón que estaba ahí, pero yo iba vendado, desnudo. – ¡Caminá, hijueputa!, y el jodido de la Seguridad se paraba encima de mí y me dejó señas, eso no se me borra. Entonces me dice: – ¡Te voy a masacrar! Entonces le digo: –Hombré, si estoy en tus manos, si sos justo, hacé justicia.

Entonces me vas a decir todo –me dijo. Toda la vida –le digo yo. –Entonces, ¿vas a decir la verdad? –Toda la verdad te puedo decir, lo que sea verdad lo voy a decir. –No permitás que te masacre. –Vos sabés que estoy en tus manos. Y en vez de darme nervios, me dio cólera. Hombré –me dice, ¿vos tuviste a un hombre en tu casa? Esto me lo pregunta porque ya eso se lo había dicho Alejandro. Sí –le digo, sí lo tuve. –Y ¿quién te lo trajo? –Hombré, él sólo vino, y se le dio alojo; él pidió posada y se la dimos, porque, como dice la Biblia “dad posada al peregrino y dad de comer al hambriento”, eso es, así como pudieras llegar vos o quien sea, dimos posada.

Entonces el jodido se va bajando y me dice: – ¿Y qué clase de hombre es? –Es un hombre chaparro. – ¿Y andaba armado ese hombre? –Yo no sé. –Debe de haber andado armado. –Él andaba un bulto, pero, ¿qué lo iba a registrar? – ¿Y para dónde agarró ese hombre? –Se fue por la carretera. Entonces me dice: – ¿Cuándo vuelve ese hombre? –Dentro de nueve días. – ¿Por qué no informaste? –Sólo era un hombre, ¿yo qué voy a saber si ese hombre era un peligro para un ejército como ustedes?

Estuve poco tiempo preso; pero si me hubieran condenado, tal vez no salgo, porque las condiciones eran difíciles, pero yo me supe salvar.

Mónica: A ver, Manuelito, ¿dónde estabas en ese tiempo?

Manuel: En el año 1975, estaba en Somoto trabajando para la escuela guerrillera de El Copetudo, ya que había que buscar cómo trasladar gente. Habíamos pasado gente de Cusmapa y de Pueblo Nuevo. Buscábamos apoyo logístico. La represión corta toda comunicación, tanto con la Dirección, como con los otros contactos.

Mis hermanos Francisco y Constantino estaban en el entrenamiento. A uno, Constantino, lo degüellan como ya conté, y Francisco estaba preso. Me di cuenta hasta los tres meses. Creíamos que los dos habían desaparecido. A los tres meses, llamó un contacto y me dijo que mi hermano estaba en la cárcel Modelo; lo visité y me contó cómo había sido todo. Para esa fecha, él tampoco sabía que a mi hermano lo habían matado.

Había una esperanza para nosotros, pensábamos que tal vez había cogido para Honduras, pero luego nos dimos cuenta por una compañera, que lo habían matado. Ella lo conocía muy bien, también estuvo presa, y vio cuando un guardia lo llevaba muerto en una carretilla. Mi hermano andaba con un suéter negro, miró que era él. Tu hermano murió –me dice, yo miré cuando lo sacaron en la madrugada. Entonces le avisé a Chico en la cárcel: –Mirá, a Tino lo mataron.

Recuerdo cuando Carlos Fonseca nos decía: –Miren, Somoza es la joya más preciosa que tenemos. Se estaba hablando de que había que ajusticiar a Somoza, y Carlos dice: –Esa es la joya más preciosa que tenemos porque encierra todas las contradicciones.

Mónica: O sea que era quien permitía cohesionarnos.

Manuel: Correcto, esa represión sirvió para fortalecernos y buscar nuevos métodos de trabajo y, desde ese momento, considero que el Frente Sandinista dio un salto cualitativo. Yo había estado cinco días por el lado de El Viejo, antes que cayeran Jonathán González y Juan José Quezada, antes de 1973. Para entonces ya habíamos superado un montón de debilidades. Por ejemplo, a veces agarraban a los compañeros, algunos hablaban, y la Guardia hacía grandes listados de gente. Para esa época ya eso se había superado. De 1975 para acá, se superó otro montón de cosas, es decir, que eso sirvió para que nosotros pudiéramos avanzar.

A pesar de la represión, avanzamos más hacia el norte, buscamos nueva gente, nuevos métodos de trabajo. Recuerdo que desde ese momento, a mi familia nos pusieron frente a mi casa a dos guardias que dormían ahí cerca. Sin embargo, pudimos meter gente, aunque estaba la Guardia enfrente. Nosotros metíamos gente clandestina, delante del guardia, mujeres y varones; como era una zapatería, se disimulaba eso. Entonces ampliamos las redes desde Tegucigalpa, Choluteca y San Marcos; desde Cusmapa hasta Jalapa, redes bien organizadas, lo que permitió movernos mejor.

Mónica: Sí, eso fue fundamental para cuando se inicia la etapa insurreccional. Porque yo recuerdo que después de esa represión, pasamos un tiempo sin que los Jefes clandestinos hiciéramos contacto. Iniciamos con Condega a contactar a la gente a través de Santiago Baldovinos, quien tenía como seudónimo “Pire”, y después abrimos Pueblo Nuevo; pasamos luego a Madriz y volvimos a contactar a Manuelito, y después de nuevo a Ocotal; es decir, toda la red empezando con la gente que se había portado más firme, que no había hablado en la cárcel, porque era tan masiva la represión, que unos hablaron en la cárcel.

Gregorio: Hablaron más de la cuenta, mucho más de la cuenta. Yo quería terminar mi relato. En la cárcel me fichan y me fotografían. Me agregan a aquellos enormes libros de fotos donde estaban todos, ahí estaba usted también, porque me preguntaron: – ¿Conoces a ésta? Y yo les dije: –No, no la conozco. ¿Y éste?, insistía. –No, yo no los conozco; no conozco a nadie de éstos. Pero ahí quedé fichado. Salí y me mandaron aquí a Managua, a la Corte, a declarar.

Mónica: Es que eran unos grandes juicios donde los indiciados entraban en filas, en ristra. Los llevaban a los tribunales en bus, de tantos que eran.

Gregorio: Sí, es verdad, ahí veníamos cuatro, el mandador de Samarkanda y otros dos de ahí de San Juan de Somoto. Veníamos enchachados, mancuernas de dos en dos; yo venía con el mandador; ése venía arrepentido y decía: –A lo que me metí. Fui el primero en declarar, repitiendo lo que dije allá. –Diga la verdad, todo lo que sabe. Repetí lo que dije allá. Entonces me dijeron: –La Corte los va a liberar. ¡Ah, bueno! –les dije. A otros también les dijeron lo mismo; a tres nos liberaron, pero no a un compañero de apellido Monzón.

Monzón va a la cárcel Modelo porque era Juez de Mesta y colaborador. Ahí afuera nos dijeron: –Les vamos a dar su carta de libertad. Pero después pensaron que mejor no, y nos dijeron: –Váyanse y digan que la Corte los liberó. –Bueno, está bien. – ¿Tienen los pasajes? No, no tenemos –respondimos nosotros. Aquél estaba que quería correrse, y le dije: –Espérese, hombre.

Nos dieron cincuenta y dos córdobas, nos despacharon y nos venimos a la COTRÁN15. Ahí nos tomamos una cerveza y nos fuimos a Estelí, de donde ellos agarraron para San Juan y yo para Totogalpa. Al llegar a Totogalpa, la gente admirada, decía: –Ve, éste ya está aquí, y los tontos allá, y teniendo lo mismo, ¡miren, ya salió! Pero eso no era un elogio, más bien me echaba tierra, porque decían que yo tenía la misma culpa.

Yo quedo ahí fregado, jalando leña, porque estaba arruinado, no tenía nada, ni un peso; pero como estaban reorganizándose luego en El Paraíso, Honduras, entonces vino un correo. Como sabían que yo había salido de la cárcel, me dicen: –Mañana lo espero en la COTRÁN de San Marcos, a las once de la mañana. Sí –le dije yo, entonces, yo dije para mis adentros, ¡no jodás! Bueno, no le hice caso, no fui.

A los seis días vino otro correo y me dice: –Mire, a las once lo esperan en la COTRÁN, ahí va a estar un hombre esperándolo. Sí hombre, bueno, como no –le dije yo. Tampoco fui, estaba jodido. A los pocos días, vino otro y me dice: –Lo esperan en El Paraíso urgentemente a las once de la mañana, lo va a estar esperando un hombre. Y me entregó veinte lempiras. Yo preguntaba, ¿quiénes serán? No les quería decir lo que necesitaba, pero ya con veinte lempiras yo me traslado. Okey –les digo, como no.

Mónica: O sea que lo mandaban a llamar a Honduras, no le mandaron ni cinco bollos y usted estaba palmado y por eso usted no podía asistir.

Gregorio: Y mire, ¿cómo sabían que había salido de la cárcel? Vea qué clase de contactos tenían, eso es lo que yo no entendía. Bueno, pues jalo, pero le digo a aquél: –Mejor dame un mapa una dirección a donde pueda llegar. Yo pensaba, ¡qué voy a llegar a las once de la mañana, quién sabe cómo va a estar el camino! Me entregó el mapa y me lo eché a la bolsa.

Mónica: ¿Cuántos años tenía entonces?

Gregorio: Unos sesenta. Así salgo de mañana para Ocotal, ahí tomo un bus para Las Manos, ahí me bajo, y agarro la montaña por La Picona16 hasta salir a la otra carretera. Ahí espero el bus que me lleva a San Marcos. Era como la una de la tarde. Pasó el bus, y me llevó hasta El Paraíso, llego a la COTRÁN, me apeo y no había nadie.

Sí, no había nadie. Me comí un sorbete, disimulando, y dije yo, aquí me van agarrar, porque como era desconocido; me van a echar preso, jueputa, decía yo. Mejor me voy. Entonces agarré el mapa y me fui. Observando, vi una casa de bloques: Ésta es, dije yo, pero estaba cerrada. Entonces voy a tocar, voy a pedir agua, es que ésta es la casa. Toqué y salió Pastor Montoya, quien era el que me estaba esperando, y me dice: – ¡Mire qué clase de hombre!, allá lo estuve esperando. – ¿Qué acaso yo tenía un helicóptero para venir? Ya no le dije nada.

Después tomamos un bus a Danlí, ahí era donde estaban todos. Ahí estaban Pomares, Víctor Tirado y Joaquín Cuadra y toda la dirigencia. ¿No vendría usted ahí? Era el Frente Norte. Ahí estaba Heriberto Rodríguez y me fui para donde estaba Pomares; y Víctor Tirado me dice: –Su trabajo va a ser traer información de allá, traer gente, porque tenemos un entrenamiento en La Lodosa. Entonces ése era mi trabajo, de informar, y siempre pasaba por esos lugares. Así sacaba a la gente para el Frente Norte, que es ahí donde estaba “El Zorro”, en el campamento de La Lodosa.

Pasé la primera vez y dije yo, a quién le digo. Tenía que decirles a los que habían trabajado en el año 1975, decirle a la gente que yo podía hablarle; porque pueden decirme que sí, y se pueden ir como infiltrados, y van a acabarnos con todo esto, que tanto cuesta, como dijo Pomares.

Yo me emocionaba con las armas que vi. Si hubiéramos tenido estas armitas, no nos hubieran derrotado; entonces yo conquistaba a los que habían salido de la cárcel para que se fueran a agarrar su arma.

Mónica: Las jornadas insurreccionales tienen conexión con todo lo que hicieron luchadores como usted, Gregorio, y como Manuelito, ambos de larga y combativa trayectoria. Todo esto es un proceso, un acumulado. Por ejemplo, en la represión del año setenta y cinco, nosotros sacamos a Carlitos Jarquín, que era uno de los chavalos estudiantes de las células, lo pasamos a la clandestinidad. Cuando se dan los ataques en el norte y se forma el Frente Norte, Carlos Jarquín era uno de los que conocía Ocotal. Otro fue Heriberto Rodríguez. Ellos contactan a la gente de Ocotal que había colaborado, algunos desde tiempos de Sandino. Carlos Jarquín se convirtió en un jefe guerrillero del Frente Occidental y cayó después en la masacre de Veracruz, León.

Gregorio: Yo conquisté a Leonardo Matute.

Mónica: Ahí está otro ejemplo. Durante la represión del año 1975, Leonardo se quedó en Ocotal. Toda su familia era sandinista. Nosotros llegábamos y dormíamos ahí, su papá era armero y, como tal, su casa vivía llena de guardias por las armas que llegaban a reparar. Muchas veces estuvimos en un pequeño cuartito, piso de tierra, y varios guardias ahí. Les escuchábamos las voces.

Y aquí un paréntesis: me contaron que don Joaquín está muy mal de salud, está muy viejito y ya tiene como cincuenta años de trabajar como armero; y no lo van a creer, pues, con esa experiencia, se le fue un tiro desarmando una pistola, y se hirió. Su hijo Leonardo Matute era de los mejores cuadritos que nosotros teníamos; trabajaba en el movimiento cristiano de Ocotal, y es de la gente que se quedó después que todos los clandestinos salimos, debido al desmantelamiento de las estructuras. Salió a Honduras y de allá lo mandan de nuevo clandestino para reabrir el trabajo y lo captura la Guardia; lo asesinaron de una manera atroz.

Gregorio: Lo arrastraron para que los otros tuvieran miedo.

Mónica: Sí, lo amarraron a un jeep, lo arrastraron por toda la calle, y murió arrastrado en las calles, completamente despellejado, supuestamente como una lección para todos los demás.

Era un chavalo lindísimo, de aquéllos que recuerdo como si los estuviera viendo hoy: sus ojos verdes en un rostro moreno, su mística, su pureza, su convicción, su ejemplo que nos grita todos los días. En Ocotal lo querían muchísimo.

Gregorio: ¡Ay, hombre! Yo lo llevé por Mata de Plátano, y después pasé al de Masaya, a Beto. Y le dije a la Rosario Antúnez: –Consígame otro. Me consiguió a otros y yo los pasé, porque ya no hallaba gente. Y de ahí me vine al final de la guerra. Ahí me contacto con Marvin Corrales que ¡casi me lleva!, mire..., porque con él hay una cosa oscura.

Mónica: ¡Nada de cosa oscura! Es una cosa súper clara. En esas redadas de 1975, Marvin Corrales cayó preso. Le ofrecieron dejarlo libre a cambio de que se convirtiera en informante. Hombre débil, aceptó; es decir, fue reclutado por la OSN, por la Seguridad de Somoza. Cuando él sale de la cárcel, ya está trabajando para una unidad especial que se llama Servicio Anti-comunista (SAC), que dirigía Enrique Canales. Marvin informaba de todos nuestros movimientos, en particular de los dirigentes del FSLN. Él pasó la información que permitió el quiebre en el que caemos presos el doctor Moisés González y yo, en junio de 1977. En esa ocasión, el objetivo era matar a Bayardo Arce.

Luego informa que iba a entrar José Benito Escobar, en un viaje en que finalmente él no entra; pero le caen y capturan y asesinan a Juan de Dios Muñoz y al ingeniero Raúl González, en agosto de 1977; y luego es directamente responsable de la muerte de José Benito Escobar el 15 de julio de 1978, pues él lo señaló, lo entregó para que lo ametrallaran.

Gregorio: Y de la muerte de Cajina también.

Mónica: ¡Claro! Es que Marvin era el chan, cuando entran con Doris Tijerino. Y ahí sí realmente entró José Benito, quien era el objetivo, pero logró escapar en el tiroteo. Ahí matan a Mauricio Cajina, en abril de 1977. La SAC operaba sólo contra la Dirección Nacional.

Gregorio: Para descabezar.

Mónica: Exactamente, de manera que incluso yo dormí varias veces en su casa con Socorro Sirias, quien estuvo trabajando un tiempo en Somoto, y no nos quiebran a nosotras porque ellos andaban buscando a la Dirección Nacional. Cuando matan a Juan de Dios Muñoz, supuestamente también venía Daniel Ortega y José Benito Escobar. El SAC pensaba que ahí venían dos. La emboscada era para ellos.

Gregorio: Pues a mí casi me lleva porque me contacto con Marvin Corrales, y él me dice: – ¿Cuál es tu trabajo? –Mi trabajo es llevar gente. Entonces, me dice: –Yo tengo dos campesinos que no te van a dar problema, te los voy a traer ahí al mercado de los salvadoreños a las ocho. Ahí tenémelos, que ahí voy a llegar –le digo. Llego a buscarlos y ahí estaba el tal Marvin. –Ajá, amigo, como está, ¿quiere una gaseosa? Seguramente para estarme investigando, pero me la bebo toda y entonces me pongo con cara de pendejo. Yo lo estaba semblanteando y me decía, este jodido puede hacer una tontera. Él pensaba que yo era baboso y que me podía sacar todo, entonces para un tonto un vivo.

Entonces, me dice: –Hombré, fijate que no vinieron, porque uno debe seiscientos pesos y el otro también está enjaranado. Como quien dice, yo andaba comprando gente. Bueno, pensé, ¿y este jodido? No le dije nada y entonces me dice: –Hombré, ¿quién es el responsable ahí? Ya está, pensé de nuevo, ¡qué jodido!

Yo no era que desconfiara, pero en ese momento lo agarré. Fue trabajo de un ratito. – ¿Quién es el jefe? –Hombré, yo no sé. Entonces me dice: – ¿Ya viene el penqueo? Entonces le digo: –No, hombre, sólo hay un entrenamiento. – ¿Y quién es el instructor ahí? –Fijate que yo no sé quién es.

Entonces se me raja y me dice: –Hombré, la verdad es que no puedo poner gente en manos irresponsables. Así me dijo. ¡Ah sí!, entonces está bien –le dije. Hombré, si esta babosada ni yo la conozco, si yo no soy nada. Y fue cuando le pedí a Manuelito que le dijera a Marvin que yo ya no trabajaba. Pero en el instante detecté que el hombre no servía.

Mónica: Cuando triunfó la Revolución, Bayardo me entregó todas las pruebas de que Marvin era un agente de la SAC. No tuvieron ni la creatividad para escoger el seudónimo, que era “Macoi” (Marvin Corrales Irías). Nosotros ya sospechábamos, y se le había separado de la GPP. Cuando veo todos los papeles, todos los informes que él pasaba, todas las pruebas irrefutables, detalles que sólo nosotros conocíamos, de común acuerdo con algunos mandos, me fui a capturarlo.

Todavía estaba bajo mi responsabilidad el Batallón Rolando Orozco, en la Escuela Carlos Agüero. Escogí a un pelotón de compañeros de confianza, les expliqué la misión y nos fuimos a capturarlo a Somoto en dos vehículos y una chata de las de la Guardia. Los compañeros me recomendaron no fusilarlo, porque siendo de la SAC, podía darnos información valiosa sobre otros infiltrados. Recuerdo a un asesor cubano que me decía: – ¡Coño, chica, este tipo debe de tener información, no vayas a matarlo, tienes que traerlo vivo!

Marvin estaba entonces como miembro de la Junta de Gobierno de Somoto. ¡Vean qué experto en el engaño!, y por eso su captura no era sencilla. Decidí que no le explicaría, sino que me lo traería con ardides, diciéndole que quería que se encargara de unos equipos de refrigeración, en los que él era experto. Y así fue. Pero desde que me vio, empalideció, se puso verde, morado, empezó a sudar. Me pidió ir a su casa a explicarle a su mujer, pero yo no lo dejé.

Yo sólo le expliqué de qué se trataba, al jefe militar de Somoto, y así me lo traje. Durante el trayecto, comenzó a tratar de justificarse. Estaba completamente claro de por qué yo había ido a buscarlo, sin haberle mencionado aún una sola palabra. Todavía nos detuvimos en Estelí, a almorzar donde los Barreda, que para mí eran como mis padres. Lo dejé montado en el vehículo y no pude evitar confiarle a doña Mary: –Ahí llevo capturado al traidor Marvin, el responsable de la muerte de José Benito. Doña Mary entonces me dijo que aunque era cristiana, no tenía hígado para darle de comer.

Entre Sébaco y Ciudad Darío, estuve a punto de detener los vehículos y ordenar su fusilamiento. Yo no le había dicho nada, pero trataba de explicarse, y eso me daba más rabia. Cuando lo puse en manos de los interrogadores, le dije: –Estás detenido, por esto y esto y esto; pero lo único que le reclamé enfáticamente, fue por la muerte de Juan de Dios.

Cuando Marvin conoció a Juan de Dios Muñoz, después que éste perdió su ojo en un combate en la montaña, me decía que “Juancito” era un santo. Porque Juan de Dios había dormido en su casa varias veces. Marvin se emborrachaba y le pegaba a la mujer, y Juan de Dios lo recriminaba. Le decía que un revolucionario no golpea a su mujer. Lo hacía de tal manera que a Marvin le daba pena, y algunas veces me dijo: –Juan de Dios es realmente el hombre nuevo que dice el Che. Entonces yo lo único que le dije fue: – ¿Cómo pudiste entregar a Juan de Dios?, después de tenerlo en tu casa, de conocerlo, de saber cómo era. Sos un cerdo, el ser más despreciable que puede haber sobre la tierra, sólo de verte me dan ganas de vomitar.

Ya no lo vi más. No quise ser parte del proceso, y en los interrogatorios solamente aceptó el asesinato de José Benito. Lo condenaron a treinta años de cárcel y salió indultado por gestiones de Monseñor Miguel Obando y Bravo. Entonces yo pensé que mejor lo hubiéramos fusilado como se merecía.

Cambiemos de tema don Gregorio, ¿cómo está viviendo usted ahora, de qué vive, le dieron tierra, tiene casa?

Gregorio: Yo vivo de la nada. No conseguí tierra ni nada. Por la misma mística que traía es que no tengo nada; la mística fue la que me fregó, porque tuve la oportunidad no sólo de agarrar una casa, tal vez más.

Mónica: ¿Está viviendo en Totogalpa, tiene su casita?

Gregorio: Sí, sólo mi familia. Mis hijos no me pueden ayudar porque hay mucha dificultad, estoy de brazos cruzados.

Durante los primeros años de la Revolución yo estuve de coordinador de la Alcaldía, pero a mí no me apoyó el Frente Sandinista, y tuve que dejar la Alcaldía. Tuve una casa que le habían confiscado a la última alcaldesa somocista. Esa casa me condenó, porque se la devolvieron. Yo creía que los procuradores eran nuestros, y eran somocistas, y por eso se cagaron en mí. Me hicieron un trabajo ordinario, me echaron de enemiga a esa mujer, y ahora es enemiga mía esa mujer.

Mónica: Ustedes que han sido dos hombres ejemplares, don Gregorio un fornido roble, Manuelito un consecuente dirigente popular, hoy Alcalde de Somoto, ¿qué mensaje les darían a los jóvenes?

Gregorio: Yo les daría el mensaje de que sigan los ideales de Sandino, porque no hay otra lucha, pues nuestra lucha es una lucha de clases y es el único camino; por eso tenemos que luchar por él, no hay otra alternativa para nosotros los pobres.

Manuel: Hay que seguir dentro del Frente Sandinista, hay que retomar el programa histórico del Frente Sandinista. Ahí estoy basado. Pase lo que pase aquí, pleitos que pasen, yo estoy cumpliendo con el programa histórico del Frente Sandinista, que es el único. Nosotros nos basamos en el programa histórico, el que apenas comenzamos, pero no lo hemos llevado a cabo.

Mónica: Eso significa que hay que luchar contra este gobierno de manera cotidiana.

Manuel: Sí, claro, contundente la lucha y no como lo estamos haciendo ahorita. A la gente no le gusta ese acercamiento con este gobierno, porque nos volvemos cómplices de sus acciones. Sí, y este gobierno ha traído más millones de dólares que cualquier otro gobierno, y ha sido repartido entre poca gente, y nuestra gente está sufriendo, está padeciendo.

Entonces, a veces la Dirección debe reflexionar en ese sentido, porque han venido haciendo diálogos, se han sentado en las mesas de negociación. He estado participando en todas esas tomas que hizo el Frente Sandinista después de la derrota electoral, donde se sacrificaron un montón de cosas para poder enderezar el comportamiento de estos gobiernos. Y no se ha logrado nada.

Llegamos a la mesa de negociación y ahí te convencen; pero luego quedamos en la misma situación. Quisiera preguntar de los acuerdos que se han dado a través de la lucha después de 1990. ¿Cuáles son los que han cumplido? Ninguno.

Entonces no se ha luchado verdaderamente. ¿Dónde están los resultados de esas negociaciones que ha habido? Estoy seguro de que todo eso que ha pasado, no van a cumplir, es mentira; aquí se viola la ley a cada momento, la violan los de arriba, pero si la violan los de abajo, te aprietan. Entonces yo creo que hay que volver de nuevo a lo que era el Frente Sandinista.

Si usted se fija, el departamento de Madriz ha sido pobre, pero hoy está súper empobrecido, y yo decía anteayer, aun con el neoliberalismo, con el ESAF17 en Nicaragua, el Frente Sandinista puede transformar el país aun con esas medidas que ponen los organismos multilaterales. La muestra es Somoto.

Hay que retomar el Programa Histórico del Frente Sandinista. Considero que los mejores tiempos del sandinismo fueron los de la clandestinidad, donde verdaderamente éramos hermanos, donde compartíamos todo. Recuerdo que me apeaba de mi cama, porque era la única que tenía, para dársela a los guerrilleros, y me tiraba al suelo, y compartíamos los mismos frijoles que teníamos, los compartíamos juntos.

Tenemos que volver a esa mística revolucionaria, no a estar miserables, porque no estamos aquí señalando a nadie, porque las revoluciones se hacen para transformar, para cambiar. Hombre, el que tiene su finca, el que tiene su casa, bienvenido sea, pero sigamos luchando para que todos tengamos esas mismas oportunidades. Y ahí está la cosa.

Ya está el norte, el norte se llama el Programa del Frente Sandinista; lo que hay que hacer es ser consecuentes con ese Programa; por ese Programa hay miles de muertos, hay miles de lisiados de guerra, hay miles de madres que están abandonadas; entonces ese Programa sigue vigente, no hay que cambiarlo, hay que hacerlo una realidad tomando el poder político, de otra forma no se puede. Entonces allí está esa oportunidad que no hay que perderla.



30 de octubre de 1999





NOTAS


1 Gregorio Olivas muere en su pueblo en el año 2007.

2 Se refiere a Alberto Ríos, quien fue parte del Comando Juan José Quezada, que asaltó la casa del Ministro somocista José María Castillo.

3 Suponemos que Gregorio Olivas se refiere a la masacre contra los garífunas, durante la dictadura de Tiburcio Carías Andino (1932-1945). En San Juan, contiguo al Puerto de Tela, Honduras, el 19 de junio de 1937, el Ejército masacra a la mayoría de la población masculina adulta. Con la ayuda de un Capitán de marina, las mujeres y los niños escapan a Belice y fundan la aldea de Hopkins.

4 Manuel Mora Valverde (1909-1994), político de importante trayectoria en las década de los 30 y 40, en la República de Costa Rica. Promotor intelectual de las Garantías Sociales y el Código de Trabajo. Conocido político de tendencia comunista, fundador del Partido Vanguardia Popular y luego del Partido del Pueblo Costarricense, y uno de los personajes más importantes dentro de la Revolución de 1948. (Fuente: Wikipedia).

5 Fallas fue uno de los líderes más visibles del Partido Comunista. Impulsó la gran huelga bananera del Atlántico en el año 1934, que llegó a movilizar a más de quince mil trabajadores, y que conmovió al país entero. Fue electo por los obreros regidor municipal en 1942 y diputado del Congreso Nacional en 1944. Además, participó como jefe militar de batallones comunistas en la Guerra Civil de 1948. (Fuente: Wikipedia).

6 Teodoro Picado fue Presidente de Costa Rica en el período 1944-1948, representando una Alianza integrada por el Partido Vanguardia Popular (Comunista)y el Partido Republicano Nacional, jefeado por Rafael Ángel Calderón.

7 Efectivamente, en Costa Rica se organizó un grupo jefeado por el General Alfredo Noguera Gómez, que planificó una nueva acción contra el régimen de Somoza. Al grupo le llamaron “Los Osados”.

El 7 de octubre del año 1944, se encontraban en San Jorge, a orillas del Río Sabogal, dentro de Costa Rica, y fueron atacados por un fuerte grupo de la Guardia de Somoza. En el combate murieron el General Rivera Gómez, Gerardo Guillén Largaespada, Simón y Gilberto Santos, Guillermo Flores y su esposa Ángela, y fue herido Chéster Lacayo. La oposición al gobierno costarricense acusaba a Teodoro Picado de haber avisado a Somoza y de permitirle a la GN de Nicaragua entrar a territorio tico a atacar a los insurgentes. (Tomado de internet, del libro La Guerra de Figueres, de Guillermo Villegas Hoffmeister).

8 Don Gregorio se refiere, con sus recuerdos un poco confundidos, a la intentona contra Leónidas Trujillo que se organiza en 1945-47 desde Cayo Confites. Ésta fracasa al enterarse el tirano, quien amenaza: “Desde que el primer invasor pise tierra dominicana, comenzaremos a bombardear la ciudad de La Habana”.

Dos años después, y con parte de las armas de Cayo Confites, el 19 de junio de 1949, se realiza otro intento contra Trujillo. De tres aviones que van en esta expedición, sólo llega el hidroavión Catalina; logran desembarcar en las costas de Luperón quince expedicionarios comandados por Horacio Julio Ornes, pero el hidroavión fue atacado por un guardacostas dominicano que lo incendia en el acto, y mueren carbonizados algunos de sus ocupantes. De los quince expedicionarios, diez murieron en el curso de la operación y cinco sobrevivieron.

9 Se refiera a José Antonio Remón Cantera, Presidente de Panamá que fue matado en el Hipódromo Juan Franco, en la capital de ese país, el 2 de enero de 1955.

10 Empresa maderera Yodeco.

11 A Marvin Guerrero “Felipe” lo menciona Carlos Fonseca en sus declaraciones, como enlace entre Nicaragua y Honduras. Es asesinado en Chinandega, después de ser torturado, en 1966.

12 Este apellido no se escucha muy bien en la grabación.

13 Se refiere al fortalecimiento de la escuela de entrenamiento guerrillero, que se organizó en el cerro El Copetudo, Macuelizo.

14 Se refiere a Carlos Manuel Morales.

15 Terminal de buses de la Compañía de Transporte del Norte, COTRÁN, para el transporte de pasajeros.

16 Se refiere al cerro La Picona, cerca de Danlí, Honduras.

17 Enhanced Structural Adjustment Facility (ESAF). Programas de ajuste estructural, acordados entre el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI). 

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