Memorias de la lucha Sandinista

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Nuestra generación lo dio todo

Ramón Cabrales y Luis Gaitán


Ramón Cabrales “Nacho”, nace en Managua el 12 de octubre de 1954. Estudiaba Economía en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, cuando se casó y fue reclutado por su esposa para el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Se integra al trabajo clandestino a finales del año 1977. Llegó a ser responsable de las unidades militares de la Tendencia Guerra Popular Prolongada en la capital. Es uno de los jefes militares en la insurrección de Managua y en las tomas de Jinotepe y Granada. Recibió el grado honorífico de Comandante Guerrillero en 1980, y durante los años ochenta fue Ministro de Comercio Interior y Ministro Delegado de la Presidencia en la IV Región. A la fecha trabaja en su profesión y sigue vinculado al FSLN.

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Luis Antonio Gaitán Rodríguez “Esteban”, nace el 31 de agosto de 1955 en La Paz Centro, León. Estudia secundaria en los institutos Nacional Ramírez Goyena y Modesto Armijo, de Managua, y se bachillera en su pueblo después que tiene que regresar por el terremoto que destruyó la capital. Es reclutado para el FSLN en 1974 y pasa a la clandestinidad en octubre de 1977, mientras estudiaba Economía, incorporándose a la organización de redes clandestinas en San Judas y Ciudad Sandino. Asume responsabilidades en las acciones insurreccionales de 1978 en Ciudad Sandino, y en los barrios occidentales en junio de 1979.

En los años ochenta hasta la fecha de esta entrevista, es parte de las estructuras políticas del FSLN en el departamento de León. 

En octubre de 1975, Luis Carrión y Roberto Huembes son expulsados del FSLN por decisión de la Dirección Nacional en el país, entonces integrada de hecho por Pedro Aráuz, Tomás Borge, Carlos Agüero y Henry Ruiz –quien estaba en la montaña–. Roberto Huembes era el responsable del FSLN en Managua y Luis Carrión era una figura muy reconocida en los movimientos cristianos que tenían fuerte presencia en los colegios, universidades e incluso en los barrios.

La expulsión generó el alineamiento de una serie de militantes que habían trabajado con todos ellos, e inició el proceso de formación de la Tendencia Proletaria. El FSLN en Managua sufre un proceso de desarticulación. En el transcurso, la mayor parte de los militantes y activistas terminaron alineándose, no sin cierta angustia en algunos casos, de acuerdo con la amistad, el conocimiento personal, a quien lo había reclutado; y en menor medida, por los planteamientos políticos e ideológicos de cada una de las agrupaciones. En las bases populares, los alineamientos se correspondían de acuerdo con quien te contactaba o reclutaba, pues a la mayor parte lo que le interesaba y le motivaba, era luchar para acabar pronto con la dictadura, menos, los detalles o énfasis de las tendencias1.

En Managua, la disputa por conseguir una mayor parte de las estructuras en ese alineamiento, fue bastante fuerte. Se expresó con gran vigor en las universidades, los colegios y los barrios. La división golpeó seriamente el trabajo organizativo del FSLN-GPP. La labor de reorganización de los barrios populares es descrita por dos de sus actores participantes en esos años, Ramón Cabrales y Luis Gaitán.

Mónica: A todos mis invitados siempre les hago inicialmente la misma pregunta: ¿Cómo te integrás a la lucha y al Frente Sandinista?

Luis: Mi familia es de origen proletario. Mi papá, nacido en San Judas, era un fumigador del SNEM, Sistema Nacional de Erradicación de la Malaria. Mi mamá era una ama de casa de La Paz Centro. Después que aprobé la primaria en La Paz Centro, me vine a estudiar al Instituto Ramírez Goyena en 1969, precisamente el año en que cae Julio Buitrago, ex-alumno de este Instituto. Sus estudiantes tenían tradición combativa, participaban en huelgas y marchas de protesta. En 1970, se dio aquella famosa huelga de los maestros, y las protestas por el incremento del precio de la leche. Estaba en segundo año, y participé en esa huelga.

Mónica: Explicá a nuestros oyentes qué es eso de la huelga de la leche.

Luis: Le iban a subir 0.10 centavos al litro de leche. Valía unos 0.50 centavos y el gobierno pretendía, con las empresas, subirlo a 0.60 centavos; entonces se realizaron manifestaciones de protesta, que coinciden con la huelga de los maestros y expresiones de solidaridad de los estudiantes. En Managua, fueron muy fuertes las protestas en los institutos Maestro Gabriel y Ramírez Goyena.

Respondieron con represión. La famosa Nicolasa Sevilla con el AMROCS, Asociación de Militares Retirados, Oficiales, Clases y Soldados, dirigiendo la represión en contra de la Federación Sindical de Maestros de Nicaragua (FSMN) y de los estudiantes del CERG, Centro Estudiantil Ramírez Goyena, que era donde yo estaba, que era como el brazo legal del Frente Estudiantil Revolucionario. En ese FER estaba Valdivia y otros compañeros con experiencia. Ese año fui expulsado del Ramírez Goyena por el famoso Juan Doña y por “El Gato” Núñez, y me tuve que ir a estudiar al Modesto Armijo.

Me expulsaron del Goyena porque había participado en estas dos protestas y estábamos colorados. Había un Director que había sustituido a Reinaldo Núñez, y Juan Doña, un connotado oreja del somocismo, junto con Víctor Canales. Estudié ahí hasta el año 1972. Por el terremoto, me tuve que ir de nuevo a La Paz Centro a concluir mi bachillerato.

En La Paz Centro, fui destacado como el mejor alumno del colegio. He notado que el Frente se nutrió por lo general, en aquellos años, de los mejores estudiantes. Es claro el ejemplo de Julio Buitrago. Eran compañeros con calidad estudiantil. Así se fijaron en mí, y en 1974, fui reclutado por Bayardo Linarte, quien en ese momento era un estudiante universitario en León. Me integré en una célula con este compañero que está vivo, con el compañero César Jiménez, quien está fuera del país, y con Martha Angélica Quezada, caída en 1977.

Entiendo que en ese momento existían otras células; pero como había compartimentación, yo no podía saber, ni me imaginaba quiénes eran los otros compañeros. Siempre en un pueblo la gente se conoce; yo estaba en un comité pro-deporte que era progresista, y era como una cantera. Después comprendí lo que significaba para el Frente el trabajo legal dentro de las masas.

Mónica: Recuerdo que recluté a Martha Angélica en León, pues ella llegó a estudiar al Colegio La Pureza y era compañera de una de mis hermanas. Me imagino que le dieron luego trabajo en su propio pueblo. Ahora contanos, “Nacho”, ¿cómo entraste a esta cosa?

Ramón: Realmente, mi integración al Frente es un proceso bastante distinto a los que otros compañeros han contado. Entro al Frente siendo un estudiante universitario. Es más, cuando el Frente me planteó que era necesario que me fuera clandestino, era estudiante de quinto año de Economía, me hacían falta cuatro clases para graduarme en la universidad.

Esto lo digo porque mucha gente piensa que nosotros éramos muchachos estudiantes o gente que no teníamos ninguna preparación. Pero muchos tomamos la decisión de integrarnos a la lucha, teniendo ya niveles universitarios o incluso siendo profesionales.

Provengo de un barrio más o menos humilde que es el San Luis, en Managua. Ahí nací y crecí. Mi familia tenía una pulpería que era manejada por mi madre. Mi padre era, primero, oficinista en el Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, pero después se transformó en vendedor ambulante. Todos los días recorría las calles de Managua con su venta ambulante en su inseparable motocicleta. Así, con los aportes modestos de ambos, nosotros tuvimos estudios en los colegios públicos del barrio y después en los institutos René Schick y Ramírez Goyena.

Por supuesto, en todo este período de estudiante uno va adquiriendo conciencia e inquietudes revolucionarias; pero pese a que yo fui Presidente de sección en el Ramírez Goyena, realmente no tuve una vinculación directa con el Frente ni con ningún organismo, en secundaria.

Posteriormente entré a la universidad. Por el terremoto tuve que abandonarla, me dediqué a trabajar y comencé a tener contacto con la gente de los barrios orientales, en particular de la Colonia Nicarao. Fui miembro de la Selección Nacional y capitán de la Selección Nacional de Voleibol, y al tener que convivir en esos barrios, entro en contacto con el Movimiento Juvenil de la Nicarao, donde había un montón de compañeros que ya estaban vinculados con el FSLN. Después de la toma de la casa de Chema Castillo, ya de vuelta en la universidad, comienzo a jalar con Aura Ortiz, nos casamos, y es ella la persona que me recluta para el Frente Sandinista.

Algo anecdótico es que ella no me quería reclutar, porque creía que yo era del MAP-ML, Movimiento de Acción Popular Marxista-Leninista, que eran trotskistas. Ella creía que yo era trotskista por mis expresiones, por mi radicalismo, e incluso me decía que estaba convencida de que si yo me metía al Frente Sandinista, iba a ser capaz de llegar hasta las últimas consecuencias. Ella tenía temor de que yo pasara a esa etapa.

Cuando fui reclutado, trabajaba en la empresa ENACAL, como jefe de contabilidad de costos. Comencé a realizar trabajo político en la empresa. En ella conocí, precisamente, a un hermano de Martha Angélica Quezada. Nos hicimos muy buenos amigos y a la muerte de Martha Angélica el 17 de octubre de 1977, tuve la oportunidad de incorporarlo, más o menos, como un colaborador del Frente Sandinista.

El Frente Sandinista estaba dividido en tendencias y me tocó reconstruir, junto a tres compañeros, el trabajo de organización popular en los barrios de Managua. No tuve experiencia en el trabajo estudiantil, sino que pasé directamente al trabajo en los barrios.

Luis: Quiero recordar algo que se me había escapado, es importante. Decía que mi papá era un trabajador del SNEM; ahí era chiva, porque era empleado del gobierno. El SNEM andaba dando pastillas, se introducían a las casas fumigando contra la malaria. Aparte de hacer el trabajo contra el paludismo, eran como agentes especializados ad-honórem del somocismo. Era bien seleccionada la gente que iba a trabajar ahí, tenían que pedir cartas de recomendación. Mi papá manejaba un montón de revistas Bohemia de los años 1959-19622, y yo no sé cómo hacía para andar con esas revistas, porque nosotros alquilábamos casa y nos movíamos frecuentemente de La Paz Centro a Managua, de San Judas a Altagracia.

Cuando matan al Che, mi papá siempre andaba un radio y escuchaba Radio Rebelde, en la onda corta. Le gustaba escuchar a Fidel, al Che; por eso fue que yo me di cuenta a temprana edad cuando mataron al Che, pues él estaba apesarado. Teníamos también otros familiares que habían sido opositores a Somoza, eran conservadores, mi tío, mi tía, mi abuela. En 1967, cuando la masacre del 22 de enero en la Avenida Roosevelt, a dos cuadras de los Mercados Central y San Miguel, yo estaba pequeño; pero mis tías y mis tíos eran comerciantes de estos mercados y vivieron eso.

En la Paz Centro pasé desde 1974 hasta 1977 en una célula, estudiando, entrenándonos en las cañadas, haciendo tiro al blanco con fusiles 22, con pistolitas. Recuerdo una anécdota del 76. Habíamos estado unos días antes, en una cañada con Bayardo, con César y Martha, y cuando ya veníamos de vuelta, me mandan adelante para que no venga oyendo lo que platican ellos. Me habían pedido que revisara el fusil a ver si no había quedado ningún tirito 22. No lo revisé, se me olvidó, se me pasó por alto, pero ellos se fijaron; y allá cuando faltaba un kilómetro para llegar al pueblo, vino uno de ellos, César, me agarró el fusil y lo disparó, y ¡bang!, salió el balazo. Me llamó la atención porque tenía que ser disciplinado, que eso era peligroso, que podía haber matado a alguien en cualquier momento, que me había ganado una sanción y que me iban a decir cuál era mi sanción.

Pasó un mes y yo pensé que se les había olvidado el asunto y me alegré; pero allá un día llegan los dos a levantarme para que nos fuéramos de La Paz Centro al Momotombo, en trote, corriendo a las cinco de la mañana. ¡Juepúchica! Cuando me llegaron a levantar, yo me puse ahuevado, me tuve que ir con ellos corriendo; cuando ya íbamos como a ocho kilómetros, ya no aguantaba, iba cansado y sin beber agua, nada de eso, así llegamos hasta el Momotombo. Son diecisiete kilómetros.

Cuando ya venía de vuelta, pedí cacao, y les dije: –Miren, yo ya no aguanto; si no me dan agua, yo no sigo porque, ¡ideay!, no aguanto, me voy a morir aquí. Nada, tenés que aguantar. Y me hicieron caminar como un kilómetro más. Cuando ya veníamos casi a la mitad de vuelta, parece que se compadecieron, se les ablandó el corazón, y me hicieron beber un guacal de agua de pozo que hay en La Paz.

Lo que te quiero decir es la disciplina, la rigidez con que nos formaron en esos años, previos a que nos fuéramos a la clandestinidad. De los años 1974 a 1977, pasé tres años en células, estudiando Y las casas quedaron llenas de humo3 y todo lo que había que estudiar, como marxismo-leninismo, entrenando, haciendo ejercicio y toda esa cuestión.

Mónica: ¿Martha Angélica llegaba a La Paz Centro los fines de semana? ¿Ella estaba en la universidad?

Luis: Sí, ella primero estudió en La Pureza, en León, y después en la universidad; con nosotros estuvo hasta en 1976, y se nos desapareció. Ahí no se podía preguntar nada, vos sabés; nos dijeron que la compañera pasó a la clandestinidad y ya está, nada más. La compartimentación era tan fuerte, que no podías andar preguntando mucho. Cuando Martha Angélica cae, el primero que la ve en la televisión soy yo, esa noche del 17 de octubre. Eso me impactó mucho. Yo la quería mucho porque habíamos sido del Comité muy jóvenes, desde diecisiete o dieciocho años, y me impactó verla en la televisión. Yo la reconocí aun cuando andaba con el pelo afro.

A los dos días la llevaron, no la velaron, sólo la llevaron para enterrarla, y yo estaba bien conmocionado. Escondido se me salieron las lágrimas y mi mamá sospechó entonces que yo era del Frente. Esa noche que me miró en el patio bien acongojado, me dijo: –Mirá, yo creo que vos sos del Frente Sandinista. Cuidado te van a matar como mataron a la Martha Angélica, salite de eso si es que andás metido.

Yo estaba en tercer año de Economía en la universidad, y como a los cinco u ocho días que a ella la matan, me dice mi jefe que el Regional había decidido que mi persona era la que iba a sustituir a la compañera en la clandestinidad; no porque fuera de La Paz, sino porque era el compañero que más o menos tenía ciertas características para eso.

Yo prácticamente vivía aquí en Managua porque estudiaba, y sólo viajaba los fines de semana para La Paz; entonces me dejan aquí en Managua, me prohíben volver a llegar, me dicen que me despida de mi familia al suave, nada más de mi mujer y de mi mamá, cero comentarios, y que voy para San Judas, semi-legal todavía.

Me mandan a que haga una contraseña para que me contacten. Yo mismo la elaboré. Iba a estar con un pantalón verde y una camisa blanca manga larga, un disco de Palo de Mayo en una mano y con un periódico La Prensa debajo del brazo. Entonces se me iba a acercar alguien a preguntar: – ¿Tenés la Quinta Sinfonía de Beethoven? Y entonces le iba a decir yo: –No, sólo el Palo de Mayo.

Me mandaron a fines de octubre y yo me pongo en la esquina a las seis de la tarde cuando los obreros están saliendo. Entonces, pasa el primer miércoles, porque eran cinco minutos los que tenía que estar ahí, de 6 a 6:05, y yo, a todo el que miraba venir, varón, mujer, obrero, estudiante, pensaba que ése era mi contacto. Pasó el primer miércoles y nada. Pasa el segundo miércoles, tampoco. Al tercer miércoles, cuando ya pensé que nadie me iba a contactar, se me apareció un flaquito, blanquito, como de unos dieciocho o diecinueve años y me preguntó: – ¿Tenés la Quinta sinfonía de Beethoven? –No, sólo el Palo de Mayo. –Caminá. Y ya comencé a caminar. Ese flaquito era el compañero Walter Mendoza “René”, el compañero “101” en la vida militar. Con él comenzamos a desarrollar un trabajo desde octubre hasta el mes de mayo de 1978, clandestino; comencé a atender las estructuras de San Judas, ahí se comenzaron a formar los CAP, Comité de Acción Popular.

Mónica: De eso vamos a hablar después; queremos que le prestés la guitarra a “Nacho”, porque es el que menos quiere hablar.

Luis: Y en la clandestinidad era bien tímido, poco hablaba. Era hombre de pocas palabras.

Ramón: Y de mucho accionar. Estaba recordando a Walter Mendoza “René”, quien fue un personaje que marcó mucho mi vida, incluso uno de mis hijos se llama Walter René.

Efectivamente, después de mi reclutamiento para el Frente, como pareja con Auri, vivíamos en una casa en el barrio María Auxiliadora, y no sé por qué razón, de repente llegaron de inquilinos, Margine Gutiérrez y Walter Mendoza. Ellos eran parte de otros equipos de trabajo, ambos trabajaban en la universidad. Aunque todos sabíamos que éramos sandinistas, en la casa no hablábamos de eso, todo el mundo tenía un trabajo compartimentado. Era una situación risible: dentro de la casa comíamos, cada quien lavaba sus platos, pero nadie hablaba ni de lo que hacía, ni de cómo estaban las cosas, ni nada por el estilo.

Mónica: ¿Quién fue exactamente tu responsable después que te recluta Aura?

Ramón: Se llamaba Carlos, pero no conozco el apellido. Su seudónimo era “Antonio”, quien llegó a ser mayor o teniente coronel en el Ejército. Estaba casado con una sobrina de Irma Guerrero, de Chinandega, era de esos lados. El compañero pasa a la clandestinidad porque a alguien le encontraron unas fotos, creo que en una casa de la Colonia Centroamérica, también una bandera del FSLN que lo comprometían.

Comentario de la autora: Margine Gutiérrez nos explicó que desde finales de 1976 vivieron en una casa de la Colonia Centroamérica, Noel Escobar, Zenobia García, Carlos Herrera y ella. Eran el Comité Ejecutivo del FER y hacían también otras tareas. Por ejemplo, Margine, además del FER, atendía Nagarote por el Frente. En marzo de 1977 llega Charlotte Baltodano a esa casita, porque en mayo, que es cuando la capturan, se iniciarían acciones de la guerrilla urbana con aquel operativo famoso “Ródrigo no ha muerto”.

A los días de haber llegado ella, una veintena de jeeps BECAT, de la Guardia, se ubicó en la parte delantera de la casa, y los ocupantes tuvieron que escaparse por techos y patios traseros, hasta salir a la otra cuadra. Margine tuvo que sacar un enorme saco de tiros por una tapia. No me puedo imaginar a la Margine, tan flaca entonces, en esa misión; aunque como dice ella, “con la Guardia detrás, todo eso era posible”. Se especuló que la casa había sido detectada porque vieron a Charlotte en la puerta de entrada, o que la casa estaba quemada desde antes que ellos la habitaran.

Margine explica que no es ahí donde encuentran las fotos, sino en poder de Carlos Herrera, quien también tuvo que pasar a la clandestinidad, y fue enviado a la montaña, de donde se bajó casi de inmediato, por lo que fue considerado un desertor. En este tiempo es que también sale el otro compañero del mismo nombre que era procedente de Chinandega.

Carlos Herrera es hijo de don Rafael Herrera, a quien yo recluté en el Barrio Laborío, cuando hacia labores de vendedor de hilos. Don Rafael fue un extraordinario compañero, muy convencido de la lucha, estudioso y analítico. Después del triunfo trabajó en la Seguridad del Estado.

Ramón: Los otros miembros de mi célula eran Napoleón Loáisiga y Guillermo Arce. Al irse Antonio, Quincho y Carlos Arroyo deciden hacer una reorganización; me hacen responsable del trabajo popular, y posteriormente reubican a Guillermo y a Napoleón en otras tareas.

En ese tiempo parecía que se habían desaparecido los responsables4. Había un compañero que habían herido o matado. Era alguien que se había bachillerado en el Goyena y estudiaba en León, creo que era Iván Montenegro. Después quedó Egda Vélez, y luego Quincho Ibarra5.

Mónica: A principios de 1977, cuando Pedro Aráuz plantea que viene una jornada ofensiva y que el que quiera salir del país se puede ir, sin sanciones ni consecuencias, Quincho Ibarra, quien convivía con Rosario Murillo que estaba embarazada de él, plantea que quiere salir del país y ambos se van.

Ahí vuelven a juramentar a todos los que nos quedamos. Me di cuenta porque desde nuestras estructuras en el norte tuvimos que organizar el operativo para que salieran por puntos ciegos, Quincho y otros compañeros que luego se integraron al trabajo internacional.

Ramón: Después que se va “Quincho” Ibarra al exterior, el primer clandestino con quien hacemos contacto es con Carlos Arroyo. Pero entonces éste decide que Walter y yo reconstruyamos un nuevo equipo de trabajo en los barrios. Lo que dice “Esteban” Luis Gaitán es correcto; había un crecimiento mínimo en el Frente Sandinista, entonces.

Mónica: Es importante que la gente sepa que realmente el salto a la masividad en el FSLN se da realmente en 1978. Después de 1974 la represión golpea las ciudades, las redes se destruían, y tenía que volverse a empezar el trabajo de base y a recontactar a la gente.

Ramón: Yo me percato de que somos realmente un grupo pequeño, cuando hacemos la campaña para liberar del aislamiento a Tomás y Marcio. Me acuerdo que nos da la orden Carlos Arroyo de que todas las unidades y todas las células de los sectores populares y todo el Frente Sandinista en Managua, va a colocar banderas en la capital para demostrar la fortaleza del Frente y exigir que cese el aislamiento de Tomás y de Marcio. Entonces, el equipo nuestro que es de cuatro, decidimos colocar banderas en Ticuantepe, en el Estadio, en la Nicarao, en un montón de sitios. Posteriormente sale un comunicado del Frente donde decía que las células sandinistas habían operado en todo Managua colocando banderas y mencionaba todos los sitios donde nosotros habíamos andado. Me percato de que efectivamente esos éramos todos los que estábamos en el trabajo popular.

Bayardo Arce andaba por aquí, habían sustituido a Quincho Ibarra. Deciden entonces hacer un nuevo equipo para los sectores populares, en el cual integran a Walter. Nosotros decidimos dividir Managua para el trabajo de reclutamiento en dos partes: los sectores orientales y los occidentales. Él se va a Ciudad Sandino que era el Open 3, San Judas y todos esos barrios, y yo agarro para el lado de Las Américas.

Mónica: También él trabajaba en Monseñor Lezcano y Altagracia.

Ramón: Ésa era una parte donde él tenía que reclutar. Nosotros dijimos que era como nuestra Ruta Sandino6. Él iba a arrancar desde el Open y venir hacia el centro; y yo arrancaba desde Las Américas y la Carretera Norte, hasta que posteriormente nos encontráramos con un ejército de gente, que realmente al final eso fue lo que pasó.

Entonces, en esta reorganización de Managua, me percato que la única forma de hacer ese trabajo que nos habían puesto, era dejar una de las cosas que hacía. En Managua, yo creo que después de la división y las Tendencias, a la GPP nos habían quedado muy pocas estructuras, y además los que nos quedaban estaban indecisos, porque de repente comenzó la idea de que la gente podía estar en una tendencia o en otra. Yo llegué a la conclusión que la única forma de poder trabajar para la revolución era dejar de estudiar, entonces estaba en quinto año de la universidad, me faltaban cuatro clases para graduarme de economista y decidí dedicar por completo el tiempo que me quedaba después de la jornada laboral. No podía renunciar al trabajo porque requería la plata para mantenerme, y además la vivienda que yo alquilaba era casa de seguridad para Carlos Arroyo.

Comencé a trabajar para el lado del Reparto Schick, donde conocí gente que era de las Comunidades Cristianas de Base, y con la gente que yo había conocido en mis andanzas en la Nicarao, comencé a reclutar estudiantes que estaban trabajando con estas comunidades cristianas, y ahí comenzamos a abrir todo un camino.

Mónica: En estas jornadas reclutan a Harry Chávez en San Judas y a Manzanares.

Ramón: Sí, a Harry Chávez lo reclutan en San Judas. A Oswaldo Manzanares, lo recluto yo. Es decir, depende de dónde venga el personaje o el compañero, prácticamente así estaba definido quién lo pudo haber reclutado.

Mónica: Tal vez habría que explicar que lo que se hacía era formar células y que cada una, a la vez, tenía que ir reclutando a más y a más y a más, como una multiplicación.

Ramón: En el primer momento nosotros dábamos el visto bueno y nos entrevistábamos con cada persona. Posteriormente eso fue más masivo. Ni conocías quiénes eran los compañeros que estaban abajo, ni ellos tampoco, hasta que llega la represión de octubre7.

Después del Barrio María Auxiliadora, yo viví en Ciudad Xolotlán. En mi casa estuvo la “Genoveva”, Juno Rodríguez, de Estelí, que también murió con Martha Angélica. Juno atendía el sector estudiantil.

Con esa represión de 1977 quedamos sin contactos, porque además no conocíamos exactamente que Carlos Arroyo había muerto, hasta que, reconstruyendo las fotografías que habían salido en el periódico, donde aparecía alguien con el rostro totalmente desfigurado, entonces nos percatamos de que era él. Con Walter, buscamos nuevamente el contacto, a ver qué es lo que estaba pasando, y de esa manera llegamos hasta Noel Escobar, que sale del movimiento estudiantil y lo pasan como responsable de Managua. Nosotros ya lo conocíamos y nos pareció una temeridad haberlo dejado en ese instante a cargo de Managua, porque era un personaje sumamente reconocido. Cuando vemos a Noel, el clandestino, que viene, Walter y yo nos tiramos la carcajada. Lo conocíamos, estaba súper quemado y todo lo demás. Después ya viniste vos, Mónica, a encargarte de Managua.

Así, de esta manera, Walter y yo comenzamos a formar el movimiento popular. Nos nutrimos con cuadros buenos, llegaron Luis Gaitán “Esteban”, Harry Chávez, Eduardo Cuadra, Danilo Norori, y otros compañeros que eran una camada de gente que estaba en el FER, en el movimiento estudiantil o vinculados ahí, y que nunca los soltaban para pasar al trabajo de barrios.

Eso que contaba “Esteban” de la forma cómo lo contactaron, era típica. A mí me tocó con Eduardo Cuadra. Me acuerdo que lo pusieron sobre la calle principal de Las Américas. Él tenía el seudónimo de “Julio”, por Julio Buitrago, y entonces estaba el chele flaco, narizón, y cuando lo vi, le digo la contraseña, pero estaba de una manera tan cómica, parado ahí, en un sitio peligroso –no sé quién le había dado la idea de pararse ahí– que cuando le digo la contraseña y él me contesta algo, me pongo a reír y le digo: –Vámonos de aquí, que te van a matar. Entonces nos metimos a las calles de Las Américas, y lo dejé en ese sector. Ya con Eduardo y José Ángel Benavides, comenzamos a consolidar el trabajo en los barrios.

Mónica: ¿Te acordás de la compañera de Estelí que muere en Monseñor Lezcano, Urania Zelaya Úbeda? Cuando yo salgo de la cárcel, ella ya está clandestina. ¿Te acordás cómo vino ella? ¿Tenés datos de cómo vino ella aquí a Managua?

Ramón: Urania tenía como dieciséis años, era estudiante de secundaria y aparece aquí a hacerse cargo de la Asociación de Estudiantes de Secundaria, del movimiento estudiantil que teníamos nosotros. Era un muchacha blanquita, pelo amarillo, pecosa, que además hizo una escuela militar conmigo, con Walter Mendoza y con Noel Escobar en marzo-abril de 1978.

Mónica: ¿Quién se las impartió?

Ramón: El hoy gordito William Ramírez, que estaba más o menos atlético, y el hoy General Glauco Robelo, fueron mis dos instructores. Además, yo me gané el premio de William Ramírez para ser el oficial permanente. Posteriormente a nosotros nos dieron la tarea de reproducir las escuelas. Después se llamaron “clínicas”, porque eran más cortas, se impartían en un día. Con toda esa gente entrenada realizábamos las acciones.

Gente de los barrios Schick, Valentín Barrios, por ejemplo, la misma Urania Zelaya Úbeda, quienes luego caen con Manuel Olivares, Marcos Sequeira y todo el Comité Ejecutivo de la AES, mueren en Monseñor Lezcano8. Eso impacta de una manera tremenda en la vida de todos estos muchachos del movimiento estudiantil y me parece que permitió la consolidación de la mayoría de ellos; fue algo muy fuerte pasar de la bomba de contacto y todas esas cosas, a un combate violento con la Guardia, que le costó la vida a muchos de ellos.

Mónica: A propósito de esta época, quiero contar la historia de Mario Elvir Maldonado (1954), un compañero que formaba parte de las estructuras legales en los momentos más difíciles de la reorganización de la Tendencia GPP en Managua. En julio de 1977 había participado en un operativo en Radio Mundial junto a Carlos Arroyo, Noel Escobar, Margine Gutiérrez y Glauco Robelo9. Después estuvo incorporado a un equipo que atendía el trabajo en el sector obrero, él impulsó el Movimiento Sindical Pueblo Trabajador. Silvio Ramírez “Donaldo”, Sergio Hernández “Paco” y María Teresa Fernández “Xiomara”, hacían el trabajo abierto; y Mario el conspirativo. Posteriormente el equipo fue fortalecido con Guillermo Avendaño “Oliverio”, Manuel Loredo Rugama y el obrero Manuel Lezcano.

En junio de 1978, después de visitar a varios obreros del barrio Acahualinca y de entregarles comunicados y materiales del FSLN, Mario Elvir iba saliendo del barrio, ya cayendo la noche, cuando dos agentes de la OSN montados en una motocicleta, lo detuvieron, le quitaron sus documentos personales, lo vapulearon brutalmente y quisieron llevárselo del lugar. Temiendo que lo llevaran a asesinar, Mario prefirió resistirse confiando en que los pobladores, que se fueron acercando al lugar, lo auxiliaran. Mario los embistió a patadas, sorprendiéndolos. Los agentes desistieron de su captura debido a que la población asumió una posición amenazante hacia ellos. Incluso, algunos niños les lanzaron piedras demandando que no siguieran golpeando al muchacho. Mario salió de Acahualinca hacia Las Américas No. 2, en donde unos colaboradores, don Julio Bordas Lacayo y su esposa Adayna Sanders Escobar, lo curaron.

A pesar de insistir que lo pasaran a la clandestinidad, pues sus documentos habían quedado en manos de la OSN, Mario debió seguir realizando su trabajo semi-legal y, mes y medio después, en julio de 1978, cerca del Parque de Villa Esperanza y Reconstrucción fue violentamente detenido mientras se movilizaba junto a dos obreros de la Coca Cola, Agenor Guerrero y Durman Carranza.

Detenidos los tres, fueron llevados a la Loma de Tiscapa y sometidos a torturas. Cuando los esbirros de Somoza identificaron que uno de ellos, Mario, era el muchacho que había recientemente pateado a dos de sus miembros en Acahualinca, se enfurecieron y arreciaron sus golpes contra él, fracturándole dos costillas. Veinticuatro horas después de detenidos, en un momento de desorden, Mario fue dejado en calzoncillos, sin esposas y completamente solo. Observó que la puerta de la celda de tortura estaba entreabierta. Estaba muy entrada la noche y pronto amanecería, entonces decidió jugársela.

Salió de la celda de tortura sin que nadie lo viera, se lanzó hacia las laderas de la Laguna de Tiscapa rodando, y emprendió el cruce de la Laguna hasta que, minutos después, notó que se acercaron varios guardias en su búsqueda. Audazmente renunció al cruce y nadó hacia una de las orillas donde se enterró entre hojas y tierra. Ya amaneciendo y una vez que los guardias desistieron de su búsqueda, concluyó que sólo tendría chance de escapar de noche, entonces se mantuvo semi­enterrado, sin moverse, durante todo el día. Al caer la noche, salió por el lado donde hoy queda el Restaurante Tiscapa, y logró escapar en un taxi que lo llevó a casa de un amigo en Bello Horizonte. Su relato, escrito a máquina poco después de los sucesos en 1978, me fue entregado recién el triunfo de la revolución, y ahora quiero incorporarlo en estos testimonios como un detalle de la audacia y la calidad de la que estaban construidos los jóvenes sandinistas.

Como habrán observado, las historias de “Nacho” y “Esteban” se cruzan aquí en Managua, en el trabajo de los barrios por parte de la Tendencia GPP. Cabrales explicó la división del trabajo que hizo con Walter Mendoza, ahora es importante que “Esteban” explique el trabajo de base en San Judas. ¿Cuáles eran tus tareas principales? ¿Dónde estabas durante la insurrección?

Luis: Contacto con Walter en el momento en que, como decía “Nacho”, estábamos impulsando a nivel nacional la campaña por la libertad de Marcio y Tomás. Entonces ya había en San Judas, no un trabajo organizado, pero sí bastante efervescencia; de tal manera que recuerdo que desde octubre de 1977 hasta mayo de 1978, pasando por la muerte de Pedro Joaquín Chamorro y toda esa jornada de “Navidad 1977 sin reos políticos”, todo ese tiempo vivíamos en San Judas, y ya había un buen trabajo alrededor de los CAP.

San Judas fue, y creo que sigue siendo, un bastión revolucionario. Era un hormiguero de sandinistas, de tal manera que reclutábamos familias enteras. Cuando me dijeron que era el último día que iba a estar en San Judas y que iba a pasar al Open 3, que hoy se llama Ciudad Sandino, hicimos un acto espectacular en la Iglesia católica de San Judas. Casi más de mil personas, el 30 de mayo de 1978. Ya los CAP tenían bastante desarrollo. Era envidiable el trabajo que había en San Judas. Ya para entonces vos, Mónica, estabas como responsable de Managua.

Me trasladan a Ciudad Sandino precisamente porque tenía características propias de un barrio obrero. “René” me llevó a las casas de seguridad, una era de la compañera Rosa Taleno, mamá de varios militantes del Frente, quien murió de una enfermedad natural después del triunfo de la Revolución. Uno de sus hijos se llamaba Edgard Taleno “Colocho”, y dormíamos en una litera; él dormía en la camita de arriba y yo en la de abajo.

Taleno era Tercerista y yo era el Jefe de la GPP, pero nosotros, sin romper la compartimentación, nos sentimos identificados y conversábamos mucho. No estuvimos mucho tiempo junto, él se desapareció un mes después. Participó en el asalto al Palacio Nacional del 22 de agosto, fue a Cuba, volvió a ingresar por el lado de Chinandega, y cayó en la insurrección final de 1979 en esa ciudad.

Ustedes dos –Cabrales y Mónica– me encomendaron ser el jefe de la insurrección de Ciudad Sandino el 9 de septiembre. La hicimos con gente que apenas había pasado una clínica de un día, a veces de medio día; pero era un barrio muy combativo, compuesto sustancialmente por gente obrera. El Estado Mayor eran obreros como Miguel y Francisco.

Mónica: Nosotros orientamos hacer acciones como fuera y sumarnos a la insurrección.

Luis: Me recuerdo, Mónica, que nosotros fuimos con “René”, con vos, con Danilo Norori y con “Nacho”, a una reunión a Bello Horizonte, como unos tres o cuatro días antes, que supuestamente ya el Comandante Henry, los Terceristas y todo el mundo iban a la insurrección final, para nosotros era la final.

Después de esta reunión en que leímos una carta de “Modesto”, vos me dijiste que Ramón iba a llegar con unas armas y yo me fui alegre. Me monté en un camión de aquéllos en los que se pagaba un peso. Iba alegre por Dios, fijate que yo iba soñando que dentro de dos o tres días ya éramos libres, y que íbamos a entrar así como cuando entró Fidel a La Habana y todo eso. Yo me soñaba eso y llegué alegrísimo allá, y reuní a mi Estado Mayor; me dicen que me van a mandar a un compañero militar y que ese compañero viene capacitado para desarrollar clínica todo el día, y noche y día, completo.

Vos sabés que Ciudad Sandino es un barrio obrero; entonces, cuando me mandan al cuadro militar clandestino, yo me esperaba un compañero campesino así como yo, con características de chapiollo; y me encuentro a un hombre alto, más alto que lo que es, lo vi yo, chele, pecoso, pelo rojo. Era “Maynor”, Julio César Avilés.

Mónica: Como vikingo lo viste.

Luis: Como vikingo, con una camiseta pull over, de esas que estaban de moda y con una chochada como capucha. Entonces digo yo, a la gran puta, ahora me van a matar, a mí y a todo el Estado Mayor, porque me mandan a un clandestino que no tiene pinta de ser de Ciudad Sandino, pero ni por pasada, y en una casa humilde, un chele ahí. Entonces le digo: –Mirá, chelé, me vas a hacer un volado, aquí vos te vas a meter y no vas a asomar la cabeza para nada, porque si alguien te mira así pecoso, chele y esto, vamos a despertar sospecha y nos van a venir a quebrar. Después, cuando llegó “Nacho” a dejarme las armas, casi al mismo tiempo, al día siguiente, le digo: –No jodás, ese maje que me mandaste lo tengo que tener allá en el último cuarto dando las clases militares y si lo saco, lo saco después de las diez de la noche, para que se me vaya a otra escuela.

Es decir, estuvimos tres o cuatro días que el Chele anduvo dando clínica, escuela a diestra y siniestra. Recuerdo que nosotros teníamos ahí esta experiencia de Ciudad Sandino, y yo quería recordar esto porque ahí hubo compañeros que cayeron en esta insurrección, compañeros valiosos a los cuales hay que rendirles un homenaje desde aquí, a estos compañeros que dieron su vida en esta primera insurrección, en este barrio heroico.

Mónica: El espacio en estas entrevistas se hace corto para tantas cosas vividas. “Nacho” nos ha contado de sus experiencias en el trabajo político, pero no ha dicho que fue nuestro principal cuadro militar en los últimos dos años en Managua. También es importante señalar que su esposa Auri, Aura Ortiz Padilla, cae en acciones insurreccionales. Y debemos recordar que Cabrales fue uno de los jefes principales de la insurrección de Managua, donde destacan Marcos Somarriba, Walter Ferreti “Chombo”, entre otros.

También Cabrales participó en una operación conjunta de las tres tendencias, en marzo de 1979. Se necesitaba divulgar los acuerdos de unidad sandinista y rechazar un intento de golpe de Estado que significaba un somocismo sin Somoza. Para garantizar que tuviera repercusión, se debía hacer con un golpe espectacular, así que se decidió realizar un secuestro de un local donde serían reconcentrados periodistas que fuesen corresponsales extranjeros, y para que un representante de cada una de las tres tendencias del Frente Interno pudiera brindarles una conferencia de prensa. Ahí intervinieron Carlos Núñez (TP), Joaquín Cuadra (TT) y Mauricio Valenzuela (TGPP).

Pero además, “Nacho” mostró una serenidad y capacidad extraordinarias para la realización de operativos de todo tipo. Si vemos la historia que nos ha contado, no es de los que tuvo entrenamiento en Cuba o con los fedayines en Palestina. Tampoco estuvo en la escuela de la montaña. Su entrenamiento se lo dan William Ramírez y Glauco Robelo; sin embargo, tenía un don para lo militar y las operaciones especiales como los asaltos de bancos. Él hizo los principales asaltos de bancos en los últimos años de la lucha, con su maletín, con su corbatín. Entraba con una serenidad a realizar operaciones muy complicadas.

Ramón: Yo te había pedido que de eso no comentáramos mucho. La escuela que recibí fue con William Ramírez y Bayardo Arce. Nosotros multiplicamos las clínicas, y una de las cosas que se enseñaban a los muchachos era “el golpe de mano”. Era explicarles a ellos y hacerles ensayos de cómo podían organizar un operativo para recuperar fondos o cosas por el estilo; es decir, una forma un poco sistemática para que no fuera una cuestión de salir a ver qué hacían en la calle, sino que planificaran el asalto, planificaran la recuperación, que observaran el objetivo, que actuaran con un cierto método lógico de cómo hacer las cosas.

Me preguntabas sobre los bancos. Yo creo que nosotros reiniciamos la etapa de recuperaciones económicas con Walter Mendoza, Cecilia Toruño y su hermano Frank Toruño, quien cayó en El Coyotepe. La otra persona fue Glauco Robelo y un compañero que ya murió, que fue de la Policía, de apellido Cordero. Fuimos los que reiniciamos estas actividades. Entramos a una sucursal del Banco Nacional aquí en Managua, cerca del Parque Las Madres, posteriormente hicimos otros operativos en el BANIC y los demás. Y cuando estuve en Matagalpa realmente ayudé también en esas actividades.

Mónica: Cuando cae Crescencio Rosales, trasladamos a “Nacho” a Matagalpa, con tan mala suerte, que cayó preso, y lo trajeron para Managua; pero parece que la Guardia no tenía mucho en su expediente y pronto pudo salir libre.

Ramón: Sí, en realidad, las cosas que me quitaron, una cadena de oro y el arma que me hallaron, nunca aparecieron. Cuando me trasladaron a Managua ni siquiera sabían por qué me habían capturado. Me tuvieron un mes y me sacaron con dinero, con una fianza.

Sobre la insurrección, como decía “Esteban”, nos dijeron tantas veces que nos íbamos para la insurrección final. Por ejemplo, cuando se da la toma del Palacio Nacional, yo estaba dando una escuela militar en San Francisco Libre, con Glauco Robelo y “Maynor”. Estábamos entrenando gente para la insurrección y, cuando los compañeros se toman el Palacio Nacional, nosotros nos quedamos atrapados en San Francisco Libre, porque no podíamos entrar a Managua con las armas y, con todo lo demás. A mí me habían comentado que se iba a dar esta actividad en conjunto, las tres tendencias, que marcaba el inicio de actividades conjuntas, y que iban a seleccionar a compañeros de la tendencia nuestra para lograr hacer un comando conjunto, pero nos quedamos oliendo el dedo.

Oyente: Le habla una vieja de sesenta y dos años10… (Llora)

Inicié mi carrera en el Frente Sandinista, con Enrique Lorente, José Ángel Benavides, Álvaro Centeno, con todos aquellos chavalos de la Colonia Nicarao; con Patricio Lorente Ruiz, que todavía está vivo.

Recuerdo, Comandante, aquellos chavalos de la Nicarao. No sé si ustedes saben de eso: hay un callejón que se llama “El Callejón del Desconocido”. Pues en ese callejón yo tuve cinco hijos, una mujer y cuatro varones. Todos mis hijos pertenecían a la lucha, eran estudiantes del Instituto Ramírez Goyena, y entonces, cuando estábamos en la lucha con Carlos Matamoros, otro chavalo invencible, cuando estábamos en aquella gran ofensiva de la Guardia en la Colonia Nicarao, que andaban aquellos salvadoreños del CONDECA, Consejo de Defensa Centroamericano, ahí chaparreamos a uno.

Cuando la Guardia iba a tomarse la Nicarao, entonces nosotros caminamos al fondo, hacia la avenida Río Seco, y ahí nos paramos; venía un chavalo como de unos diez años con un tarro en las manos y un billete, no recuerdo el billete, pero todavía existen los pedacitos de ese billete; entonces, a ese chavalo lo agarró la Guardia, y yo estaba con mis hijos y ocho chavalos más, escondidos en unos matorrales de aquella flor blanca que huele, que mucho le ponen a los muertos, no me acuerdo cómo se llama.

Y entonces fíjese que a ese muchachito lo agarró la Guardia, le arrancó el pescuezo, las piernas, lo mataron con una bayoneta, cómo tiraba aquel esófago, cómo se disparaba la sangre de aquella criatura, y nosotros viendo y nosotros sabíamos que íbamos a morir también, porque eran unas bestias. Pero yo no sé qué hubo atrás de ellos, que ellos regresan a agarrar aquí para el lado de Rubenia, y nosotros pudimos correr más adelante y capearnos.

Después regresamos, recogimos a ese niño en un saco, hicimos un hoyo, y ahí lo enterramos, y desde ese entonces se llama “Callejón del Desconocido”. Ese niño ahí quedó, nunca se supo quién fue, ¡jamás!

Y yo poco oigo esas anécdotas, aquellos chavalos, aquel José Ángel Benavides, cuando cubría la retirada allá en Rubenia y la tanqueta lo desbarató y salieron tucos de brazos por todos lados, la cabeza. Todos ésos son héroes, todos esos chavalos que tanto sufrieron, en esa Colonia Nicarao, las torturas de la Guardia.

Yo me acuerdo del “Macho Negro”, cómo les daba en la rabadilla a los chavalos con la culata de un arma, y ahí los dejaba inválidos, tirados, arrastrándose aquellos chavalos. Eso era terrible, toda esa gente que sufrió cuando el repliegue: Ronald y aquel Carlos Matamoros, que lo llevaron guindado con las tripas de fuera, de a rastras hasta el hospital de Masaya, y miles de chavalos.

Oyente: Doña Ana López. Le llamo recordando a los chavalos que cayeron en la insurrección.11 Aquí tenemos tres compañeros que la Guardia los venía siguiendo y se metieron a un manjol, los pobrecitos, para poder sobrevivir; pero el pastor evangélico los denunció y, allí debajo del puente, la Guardia los asesinó. La estoy llamando para hacerle ese recuerdito, pues, que aquí en Villa José Benito Escobar cayeron tres compañeros. El 11 de junio del 1979, Jimmy González, José Gregorio Alemán, y otro no le sabemos el apellido, porque no vivía aquí en Las Américas 2, como se llamaba antes.

Comentario de la autora: La ciudad de Ticuantepe fue atacada varias veces por los revolucionarios. Su ubicación geográfica la convirtió en un importante objetivo para impedir que la Guardia desplazara refuerzos en dirección a Masaya.

El 11 de abril de 1979, miércoles santo, a las siete de la noche, mientras en Estelí combatía Francisco Rivera “El Zorro”, en Ticuantepe se realizó un importante operativo jefeado por Ramón Cabrales. Los jefes de escuadra eran Eduardo Cuadra y Marcos Largaespada.

Se decidió que el operativo lo realizaran combatientes del mismo municipio, aunque también participaron varios combatientes de Managua, entre ellos Alí Tinoco Fonseca, quien había sido responsable de la Tendencia GPP en Nagarote. Pedimos a Henry Gutiérrez, uno de los participantes, que nos relatara la acción y aquí tenemos su testimonio:

Henry: Entre los participantes del municipio de Ticuantepe estaban: Dámaso Vargas, Rosario Martínez, Salvador Ampié, Antonio Marín, Pedro Joaquín Artola, Ramón Gutiérrez, Héctor Pérez, Roberto Reynosa, Trinidad Flores, Alberto Escobar, Denis Larios, Eduardo Reynosa y quien les habla, Henry Gutiérrez.

En el kilómetro 13 de la Carretera a Masaya, un kilómetro al sur, vivía María Elena Espinoza, quien era casa de seguridad de Nidia Escobar, y a la que llegaban Walter Mendoza, Luis Gaitán y después “Emilio”. En esa casa se discutieron detalles del ataque al cuartel, estando yo presente, ya que conocía bien la zona. Se acordó que las escuadras de Managua llegarían como pasajeros en los buses de Ticuantepe, y los combatientes del municipio, por nuestros propios medios. Nos reuniríamos por separado en distintos puntos, no muy lejos del Comando de la Guardia. Las armas llegarían en vehículos a los puntos previamente definidos.

El ataque al cuartel no fue masivo, es decir, con todas las fuerzas participantes, sino que éstas se dividieron: las más experimentadas, las escuadras de Managua, llevaron el ataque principal y directo contra el cuartel, y los combatientes del municipio levantaron una barricada a la entrada del pueblo, para contener posibles refuerzos. Otro grupo estaba apostado en la entrada este y otro más arengaba y cerraban las cantinas del pueblo que estaban atestadas de gente.

El ataque fue exitoso, resultando varios guardias heridos. Se tomó todo el pueblo de Ticuantepe, y por parte nuestra resultó herido el compañero Antonio Marín, quien posterior al triunfo llegó a ser Alcalde de este municipio. La respuesta de la Guardia fue rápida, por lo que tuvimos que abandonar el pueblo.

La retirada, ya planificada, fue en dirección a Las Cuchillas, quedándose escondida una parte de los combatientes en la Finca San José, propiedad de Roberto Reynosa, y otra en la casa de seguridad del kilómetro 13 de la Carretera a Masaya, por lo que tuvieron que caminar cerca de seis kilómetros, sin mayores contratiempos.

Antes del amanecer, como a las 4:30 de la mañana, se apareció Ramón Cabrales en la casa de seguridad diciéndome que teníamos que regresar a Ticuantepe a buscar a un compañero herido que había sido dejado en una casa, ya que la Guardia lo podía encontrar. Regresamos con Cabrales a pie, por montes, y a ratos en caminos, acercándonos a Ticuantepe. Los jeep con tropas de la BECAT ya patrullaban el lugar. Faltando unas cuatrocientas varas de la casa donde habían dejado al compañero herido, escuchamos el ruido de varios vehículos que llegaban en dirección nuestra. Corrimos al divisar una casita de varillas y paja encima de un barranco, y sin saber cómo, subimos el barranco y entramos sin pedir permiso. El dueño de la casita nos vio asustado, pero se quedó callado mientras los dos jeep BECAT pasaban a la orilla de su casa.

Recuperados del susto, salimos del aposento de la casa donde habíamos entrado, y pedimos disculpas. Cuál fue nuestra sorpresa de ver que el dueño de la casita era Memo Cura, ayudante de los buses de Ticuantepe, amigo de mi papá, Hermógenes Gutiérrez, quien también había sido busero cubriendo la ruta Ticuantepe-Managua. Sonriendo entonces, y comprendiéndolo todo, sin explicar nada nos despedimos.

No había que perder tiempo, teníamos que continuar hacia la casa donde estaba el compañero herido, ya el peligro había pasado. No habíamos caminado ni doscientos metros cuando otros vehículos bajaban y se acercaban. Ya no hubo dónde meterse, en un segundo otros dos jeep BECAT nos rodeaban y los guardias nos apuntaban con sus armas, se acercaron, nos empujaron contra el paredón del camino y nos registraron. Con las manos arriba, nosotros temblábamos, pensé que hasta ahí no más llegaba.

Los guardias preguntaban de dónde veníamos, qué hacíamos ahí, hacia dónde íbamos y todo lo que suelen preguntar en estos trances, y por supuesto, yo era el que respondía, porque yo conocía a la gente del pueblo. Medio convencidos, los guardias le preguntaron a Cabrales por qué estaba pálido. Ramón contestó: – ¿No ves que estoy desnutridito? La Guardia nos dejó ir con la condición de que nos retiráramos y que nos fuéramos a nuestras casas, y no a ningún otro lugar.

Después supimos que los dueños de la casa donde quedó el compañero Marín, eran somocistas, y habían avisado a la Guardia, quienes le hicieron dos disparos de revólver 38 al compañero herido, y dándolo por muerto lo dejaron en el lugar. Los dueños de la casa avisaron a los familiares, quienes al llegar, se dieron cuenta que todavía vivía, y lo llevaron al hospital donde fue curado. Posteriormente al triunfo fue Alcalde de Ticuantepe, muriendo tiempo después de enfermedad natural.

Mónica: Para la insurrección final Cabrales fue encargado de operar en conjunto con las otras tendencias, ¿cómo se desarrollaron las acciones que desataron la insurrección de Managua?

Ramón: Nosotros teníamos una serie de coordinaciones, nos habíamos estado reuniendo con Marcos Somarriba en una casa en la Colonia Luis Somoza. Ahí conocí a Oswaldo Lacayo, a “Payo” Gabriel Cardenal y a otros compañeros Terceristas. Primero había una coordinación política, y después nos pusieron a los militares a hablar. Nos volvimos a ver en la casa de Altamira y después me mandaron a hacer un reconocimiento para Bello Horizonte y esos lados. Y ahí me percaté que la gente ya estaba en la calle, mientras que nosotros seguíamos dándole vuelta a la insurrección. Ahí conocí a un compañero que estaba haciendo las últimas coordinaciones con Marcos Somarriba y conmigo, creo que era de apellido Guzmán. Lo matan frente a la fábrica de tejidos El Porvenir, hoy INPASA. Estaba conmigo en Bello Horizonte, vi que la cosa estaba complicada, y le dije: –Hombré, no te vayás, quedate aquí en una casa de seguridad. Decidió ir a ver a sus compañeros que estaban en El Dorado, y la Guardia lo asesinó ahí, como a las seis de la tarde. Ahí no estaban perdonando a nadie a esa hora.

Mónica: Doña Elba Chávez nos escribió pidiéndonos recordar a su hijo Harry Vado Chávez, y al combatiente Carlos Escobar Benítez “Carlos Lico”:

Pertenecían a la Unidad Móvil Oscar Pérezcassar y cayeron el 24 de junio en Residencial El Dorado, pero sus cuerpos nunca fueron encontrados. A mis setenta años tengo la seguridad de que ustedes no se han olvidado de los mártires.

Este es un resumen de la biografía que nos entregó:

Nace el 15 de abril de 1959 en el Barrio Meneses, Managua. Desde temprana edad comienza a sentir los golpes rudos de la vida cuando pierde a su padre en manos de un industrial somocista. En vez de detenerlo, un juez le ordenó ayudar económicamente a la familia doliente, pero él burló la orden judicial y jamás ayudó a los huérfanos de su víctima, cinco niños que quedaron en el desamparo.

La pobreza y la miseria desde su infancia encallecieron las frágiles manos de este niño que tuvo que trabajar para ayudar a su madre. No tuvo Harry Vado la oportunidad de soñar que jugaba con juguetes en las noches navideñas de diciembre.

En 1977 ingresa al Frente Sandinista de Liberación Nacional, haciendo trabajos organizativos en los barrios orientales y en las fábricas. Para la insurrección de septiembre, participa en hostigamientos y en acciones de propaganda armada. En la insurrección final, se destaca en los combates de Las Américas, por lo que es llamado a integrar la Columna Oscar Pérezcassar en los días más duros de la guerra, y un 24 de junio cae heroicamente.

Oyente: Yo pertenecí a la columna y recuerdo perfectamente cuando cayó Douglas Duarte, quien era el segundo jefe de los “Caza Perros”. Días después Harry Vado y otros compañeros cayeron fuera de la línea de barricadas, mientras operábamos, y después que mueren, la Guardia quemó sus cadáveres, por eso nunca se encontraron.

Mónica: Como ven, entre todos estamos reconstruyendo datos que son importantes para la historia. Contanos “Nacho”, ¿cómo te diste cuenta de la muerte de Walter Mendoza y de tu compañera Auri?

Ramón: Cuando nos vamos en el famoso repliegue. Este episodio es una decisión que dicen que históricamente salió bien. Nosotros decimos que fue una de las cosas más costosas, porque se trató de arrancarnos de algo que nos habían dicho además, que iba a durar tres días, que era la insurrección en Managua. Cuando se nos da la orden, cumplimos; pero a Walter se le orienta quedarse en Managua para reconstruir el trabajo clandestino. Posteriormente recibe la orden para irse a Masaya.

Nosotros estábamos marchando para la toma de Jinotepe, después se da la toma de Granada, y Walter no aparecía. Una vez, después del triunfo de la revolución, yo estaba de guardia en el Hotel Intercontinental, pues nosotros constituimos la primera fuerza de seguridad personal de la Junta de Gobierno; cuando llega la familia de Walter y me dice que estaba muerto. Yo creía que estaba en cualquier otro sitio y, de esa forma, nos enteramos de la muerte de él y de Frank Toruño, iban con Ismael Castillo.

De la muerte de Auri sólo tengo la versión que me da William Ramírez, porque es cierto que nosotros éramos compañeros casados y teníamos un hijo; pero en 1977, nos tenemos que ir a la clandestinidad, ella por un lado y yo por el otro.

Mónica: A ella la mandaron a Chinandega.

Ramón: Estuvo de responsable en Corinto, y después la mandaron a Jinotepe; de eso me entero posteriormente. En ese período, sólo la vi dos o tres veces. ¿Qué es lo que William me dice? Me encuentra en Masaya, me llama aparte y me dice que tiene que darme una noticia, que Auri había muerto; y me cuenta que fue en un combate en la torre de los bomberos. Al día siguiente, además, me dan otra noticia dramática, y es que el hermano de ella, que era mi correo en la insurrección, también había muerto en el repliegue. Entonces, a mí me toca mandar a avisar a la mamá y a la familia de Auri, que han muerto los dos hijos que andan en la insurrección, Auri y Róger, que es el otro compañero que muere ahí.

Mónica: Tenemos que ir cerrando, ¡su mensaje final!

Luis: Para el pueblo en general, y para los jóvenes en particular, mi mensaje es que deben estar prestos a luchar. Que tengamos claro que la lucha no solamente es de un día o es de un mes, la lucha es permanente contra todas las actitudes neoliberales de este gobierno y del sistema; creo que ahí tenemos que estar todo el pueblo, los jóvenes y toda la gente que crea que hay algo por qué luchar.

Ramón: Quiero terminar este relato diciendo que creo que la generación nuestra, como vos, Mónica, tenemos hijos que ya han asumido responsabilidades civiles. Creo que la primera batalla que estamos librando ahorita es la batalla porque nuestros hijos vean que las acciones nuestras, fueron realmente las acciones que eran necesarias en ese instante para defender al país, para sacar adelante a nuestro país; y me parece a mí que esta generación, que son nuestros hijos, está ahora en la incertidumbre de la pérdida de valores, de la pérdida de motivaciones.

Nosotros lo notamos con los resultados, por ejemplo, académicos. Es decir, hay muchachos a quienes les da igual salir como salen, o sea, no tienen orgullo, como el orgullo que sentía aquella generación de sandinistas que se incorporaban al Frente Sandinista como los mejores estudiantes, porque creíamos que la culminación de nuestro mejor esfuerzo académico era servir a la Patria. Ahora es problema común en los jóvenes la falta de interés por sacar adelante al país; esto es realmente alarmante.

Nosotros nos lanzamos a una huelga y a una jornada de lucha porque el gobierno pretendía aumentarle diez centavos al litro de leche y logramos parar el incremento. Ahora las alzas de los alimentos básicos es cuestión de todos los días y ni el mismo movimiento estudiantil protesta. No tiene aquella fortaleza que teníamos nosotros de lanzarnos a la calle de trece, catorce años, y asumir responsabilidades que personas más adultas no las asumieron. Es decir, nuestro ejemplo y nuestra actitud permanente, creo que para algo debe servir, como parámetro. Aquella generación de Walter, de Auri, de Urania, de Marta Angélica, de Idania Fernández, y de tantos otros que tenían una visión, un compromiso, que lo dieron todo por algo que creían que era justo, que era correcto y fueron consecuentes hasta las últimas responsabilidades en este asunto.

Me parece, que para el futuro esta es la tarea de la juventud, que realmente tiene que asumirla, igual que nosotros asumimos el reto de la Revolución de 1979.



25 de septiembre de 1999






NOTAS


1 En algunos departamentos, los Proletarios nunca pudieron organizar estructuras de su tendencia, pero en el Pacífico lograron hacer presencia, sobre todo en Chinandega, Managua y Carazo, de donde salieron los Comandantes guerrilleros de esa tendencia del FSLN.

2Bohemia era la revista oficial del gobierno de Cuba.

3 Se refiere al libro de Carlos Guadamuz en el que relata la muerte de Julio Buitrago. Fue publicado por el Centro Universitario de la Universidad Nacional en esos años.

4 Es una época en que la división golpea fuertemente las estructuras de la Tendencia GPP, pues la Tendencia Proletaria tenía mucho mayor control de las estructuras de Managua.

5 Bayardo Arce explica que después que se da la división, Pedro Aráuz le pidió apoyo para re-contactar estructuras. Bayardo conocía mucha gente de su período 70-74. Carlos Vicente Ibarra, “Quincho”, estaba en Honduras y pasó a atender Managua. Bayardo se comunicó con Rosario Murillo, y le solicitó alojar a Quincho.

6 La Ruta Sandino en el norte arrancaba de Las Segovias, mientras desde la Cordillera Isabelia bajaban los contactos de la guerrilla, para encontrarse en el centro montañoso.

7 Caen Pedro Aráuz Palacios, Carlos Arroyo Pineda, Róger Langrand, Martha Angélica Quezada y Juno Genoveva Rodríguez; son capturadas Margine Gutiérrez, Rosa Argentina Ortiz, Gloria Campos y Auxiliadora Cruz.

8 En septiembre de 1978, dimos la instrucción de realizar acciones ofensivas. Urania Zelaya era la responsable del equipo de jóvenes que dirigía la AES, y se fue con ellos a montar una emboscada a la Guardia. Se tomaron una casa en Las Palmas, pero el dueño resultó ser un oreja; así que los denunció, y de inmediato llegó una gran cantidad de guardias.

Los jóvenes se enfrentaron pero en el desigual combate cayeron René Herrera, Manuel Olivares, Urania Zelaya, Rolando López, Valentín Barrios, Marcos Sequeira y Mariano Sediles. 

9 Según Margine Gutiérrez, esa operación fue el 11 de julio de 1977 para exigir el cese del aislamiento de Tomás Borge y Marcio Jáenz. Carlos Arroyo informó a los participantes que el comunicado fue grabado por Pedro Aráuz. En las cronologías del IES en 23 años de lucha sandinista no aparece este operativo. En cambio, se afirma que en abril de ese año dos escuadras sandinistas se tomaron la Radio Mundial, en Managua y Radio Centro, en León.

10 Esta compañera intervino el 15 de julio de 2000, cuando entrevistábamos a Elías Noguera; pero por la temática y los nombres relacionados con los barrios de Managua, la ubicamos aquí. 

11 Llamada que hizo al programa del 17 de junio de 2000.

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