Memorias de la lucha Sandinista

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Unidad construida en la acción

William Ramírez*


* Los datos biográficos de William Ramírez aparecen en “Llegar a la montaña era la ilusión” en el Tomo I.

Dentro de los planes insurreccionales, Managua debía realizar operaciones sobre las vías, para afectar los desplazamientos de la Guardia hacia los otros frentes de guerra, y solamente cuando los otros frentes hubiesen dominado totalmente la situación, nos correspondía insurreccionar la capital, para permitirle a los demás frentes avanzar. Se calculaba que deberíamos resistir tres días, para que todas las fuerzas avanzaran al asalto final.

Para el 9 de junio de 1979, los demás frentes aún no dominaban, ni mucho menos, sus lugares. El Cuartel de Estelí cayó hasta el 16 de julio; Matagalpa desalojó el último punto, la Catedral, el propio 19 de julio; León aún tenía fuertes contingentes de guardias en el Fortín de Acosasco, de donde los desalojaron hasta el 7 de julio; Masaya tenía de frente un fuerte dispositivo de guardias en El Coyotepe, el cual incluso disparó morteros el 18 de julio por la noche; las fuerzas principales del Frente Sur no pudieron entrar a Rivas hasta después del 19 de julio; y ciudades importantes no se insurreccionaron porque las fuerzas militares insurgentes no pudieron operar exitosamente.

Así que cuando entramos a los barrios orientales, la consigna de resistir tres días ya no era viable; aunque pensamos que en un poco más de tiempo, los otros frentes estarían en condiciones de hacer lo suyo. La verdad es que resistimos diecisiete días. La distancia entre nuestras posiciones y la Loma de Tiscapa, donde se encontraba Somoza y las reservas del Alto Mando, en línea recta era menos de dos kilómetros. Esa resistencia pudo ser posible no sólo por los ciento veinticinco fusiles que pudimos reunir entre las tres tendencias, sino por el respaldo sin discusiones de los pobladores de todos los barrios populares de Managua, aun de aquellos que no estaban en la zona de operaciones, y por las acciones que dentro de los barrios y otros puntos de la capital desarrollaban las fuerzas organizadas de los combatientes populares.

Para el 27 de junio ya estábamos desabastecidos de municiones y comida, pues muchas familias ya habían salido de los barrios, impelidos por el terror a perder sus vidas, pues la Guardia utilizaba la aviación lanzando rocket, bombas de quinientas libras, y también morteros y todo tipo de armamento, buscando como ablandarnos.

El Estado Mayor del Frente Interno, integrado por Joaquín Cuadra, William Ramírez y Carlos Núñez, y el Estado Mayor de Managua, conformado por Raúl Venerio, Oswaldo Lacayo y Mónica Baltodano, en consulta con los principales jefes militares, decidimos realizar el repliegue táctico hacia Masaya. La decisión era muy dura, pues significaba aceptar que ya no teníamos capacidad de resistencia en la capital, significaba que no habíamos llegado al triunfo en la propia ciudad en que nos había tocado combatir, y lo más duro, que tendríamos que dejar en sus hogares a mucha población que corría un gran riesgo.

Sobre los preparativos de Managua para la insurrección final y el repliegue táctico a Masaya, conversamos con William Ramírez, uno de los partícipes de esta gesta.

Mónica: Cuando pasé a la clandestinidad, recibí entrenamiento en Telica; después me trasladan a Managua, donde debía participar en un operativo junto con Edgard Lang, Tito Chamorro –luego traidor– y Charlotte Baltodano. En espera de ese operativo, viví clandestinamente en la casa de Manuel Eugarrios. Ahí te conocí, cuando todavía trabajabas legal.

William: Luego nos volvimos a ver cuando saliste de la cárcel, creo que en abril de 1978. Yo te recibí cuando saliste de la cárcel. Me dice Bayardo: –Mirá, va a venir la Mónica; encargate y garantizame que todo salga bien; entonces yo organicé toda tu recepción. Te trasladamos donde Adán Morales “Paco”, casado entonces con Rosalinda Cuadra. Bayardo ya era de la Dirección Nacional. Cuando muere “El Ronco”, asume “Federico”; cuando muere “Federico”, asume Bayardo; y a mí me encarga las escuelas militares y se va ampliando mi trabajo. Después me hago cargo de Managua, Masaya, Granada, Carazo y Rivas. Todavía en Rivas hicimos una escuelita militar.

Cuando salís de la cárcel, llegás a reforzar el trabajo. Estuviste un tiempo en Carazo, donde estaba Ana Isabel Morales con Cristhian Pérez Leiva, “El Inca”, que fue quien elaboró los planos de la insurrección de Managua, y luego te encargás de la capital. Desde Managua, yo estaba coordinando varios departamentos; entonces Bayardo me dice que haga las pláticas con los compañeros de las otras tendencias, Carlos Núñez por los Proletarios, y Joaquín Cuadra, por los Terceristas.

Mónica: Carlos Núñez ha explicado que había un plan general de la insurrección nacional, diseñado desde el Frente Interno. Ese plan contemplaba hacer primero las operaciones del norte para descongestionar o dispersar a las tropas especializadas de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), que eran las fuerzas selectas de la Guardia Nacional; y después, que entrara a operar el Frente Sur.

El plan incluía, una vez que entraran el Frente Norte y el Frente Sur, iniciar operaciones en el Frente Occidental, Chinandega y León y luego el lado Oriental, es decir, Masaya, Diriamba y Jinotepe. Por último entraba Managua. Es decir, él habla de todo un esquema de desarrollo de la insurrección en el cual trabajaste vos, Carlos Núñez y Joaquín Cuadra. ¿Qué es lo que vos considerás importante resaltar sobre estos preparativos en esa etapa?

William: He estado reflexionando sobre todo esto, y antes quiero enfatizar que el estudio de la historia es muy importante para todos los nicaragüenses, para toda persona que quiera analizar el presente, tener alguna perspectiva del futuro y una idea de lo que ocurrió, por qué ocurrió y quiénes fueron los protagonistas de los hechos, de los sucesos históricos, las circunstancias que rodearon esos sucesos, para poder interpretar correctamente la historia.

Muchos de nosotros decimos muy claramente, si las condiciones fueran las mismas, lo volveríamos a hacer. Eso es lo que queremos decir cuando nosotros optamos por analizar la historia y las circunstancias. Si vemos los hechos históricos aislados de las circunstancias, estamos haciendo un mal análisis. El somocismo fue un sistema. No fue Somoza, no fue una figura, no fueron las personas, sino un sistema. Es en tiempos del somocismo que la economía nacional alcanzó los niveles económicos más altos de rendimiento, llegó a su punto culminante en la historia de Nicaragua en 1977; sin embargo, teníamos una dictadura feroz, una represión tremenda y una inconformidad muy acentuada, que se fue profundizando en 1978 y en 1979. En 1977, los compañeros de la Tendencia Tercerista comenzaron a operar, tratando de forzar, de crear las condiciones para una insurrección.

Los que estábamos en la Tendencia GPP decíamos que la preparación principal era fortalecer la montaña para culminar en una insurrección, siempre se planteó eso.

No obstante, las condiciones en la montaña eran muy difíciles, porque la Guardia se movía con bastante soltura, puesto que no había en otros frentes de lucha, la actividad revolucionaria suficiente que permitiera dispersar a la Guardia en el territorio y mantenerla ocupada. Realmente, en la montaña estábamos solos, la represión estaba acentuada, el abastecimiento estaba bastante limitado y controlado, y la Guardia ahí tenía concentrados todos sus esfuerzos.

Estados Unidos e Israel seguían abasteciendo a Somoza de municiones, de fusiles Galil y M-16. Tenía todo el avituallamiento militar, el abastecimiento estaba fluido. Somoza no tenía grandes problemas. Tenía una economía bastante fuerte, pero ya comenzaban las tensiones con el sector privado. Las primeras contradicciones se habían dado después del terremoto de 1972, pero no salieron a flote sino hasta años después.

“El Chigüín”, Anastasio Somoza Portocarrero, estaba haciendo mucho dinero, compitiendo deslealmente con la empresa privada a través de las empresas constructoras después del terremoto. La ayuda de España, conocida como el famoso “Paquete España”, que fue una corrupción de primera por parte del gobierno, todo eso fue centralizado por “El Chigüín”, “el demócrata” que hace poco dio declaraciones en La Prensa.1

Mónica: Sí, es increíble cómo se olvida la historia y precisamente para eso es este tipo de programa; porque de pronto sale “El Chigüín”, casi como el más demócrata de los demócratas, el más bueno de los buenos, cuando fue el jefe de las fuerzas más represivas de la guardia, la EEBI.

William: ¡Dándonos lecciones de democracia! Por eso es la importancia de recordar. No olvidamos la consigna de los EEBI, cuyo jefe era “El Chigüín”. Cuando los entrenaban, les gritaban: – ¿Qué son ustedes? ¡Somos tigres, somos tigres! –respondían. – ¿Y los tigres qué beben? – ¡Sangre, beben sangre! Sangre del pueblo.

Esas cosas no debemos olvidarlas. En esas condiciones, ser joven era absolutamente prohibido. No se podía salir a la calle después de las siete o las ocho de la noche.

Muchos de nuestros compañeros fueron asesinados; pero también muchas personas que no tenían ningún vínculo orgánico con el Frente Sandinista, ni a ninguna de nuestras organizaciones, ni los Comandos, ni a los Comités de Acción Popular, nada, ¡simplemente eran jóvenes! Les preguntaban qué andaban haciendo, los capturaban, y si no daban una repuesta satisfactoria, los encarcelaban o los asesinaban.

En esas condiciones, fue que se dieron los intentos insurreccionales de 1977, y luego las insurrecciones de 1978. Estas ofensivas permitieron abrir negociaciones con otros sectores políticos y económicos del país; y cuando las negociaciones, iniciadas y desarrolladas por los compañeros Terceristas, tuvieron éxito, los políticos locales criollos ya estaban apoyando lo que sería una ofensiva final.

Tal vez no tenía ese nombre, pero había la idea central de derrocar a Somoza, de quitar a Somoza, de acabar con Somoza. Cuando digo que todos esos planes ya estaban marchando, con sus altibajos por supuesto, el Frente Sandinista con un plan estratégico y los políticos locales con sus planes tácticos, coincidíamos mucho, y el punto básico de coincidencia de todo el pueblo nicaragüense fue: ¡No más Somoza!

Mónica: Precisamente en estas circunstancias es que surge el Grupo de los Doce, como iniciativa de la Tendencia Tercerista o Insurreccional. Este grupo se forma en el año setenta y siete, con la idea de que ahí surgiría una junta de gobierno revolucionario. Cuando la ofensiva de 1977 se pasma, ellos se convierten en el Grupo de los Doce y pasan a jugar un importante papel político, en particular en el campo nacional e internacional, especialmente después del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro en enero de 1978.

También es importante recordar que, en la medida en que se arreciaban las acciones armadas, la burguesía y los grupos políticos de derecha se dan cuenta de la posibilidad de una victoria sandinista, y tratan de convencer a los norteamericanos de que es preferible que quiten a Somoza y queden ellos, a que lleguen los comunistas, que así nos decían a nosotros. A finales del año setenta y siete, Somoza hizo hasta un diálogo con la oposición.

En la medida que Somoza se aferra al poder, el embajador norteamericano, Mauricio Solaún, llegó a considerar la posibilidad de un Golpe de Estado a Somoza, en complicidad con cierto sector de la oposición. Hablan y hacen planes, que nos llegaron a nosotros, en los que Estados Unidos aparece maniobrando para quitar a Somoza e instalar un gobierno provisional.

En esta coyuntura, ustedes como Estado Mayor Insurreccional del Frente Interno, Carlos Núñez, Joaquín y vos, creo, no sé si todavía estaba Bayardo aquí en la ciudad, deciden lanzar un comunicado que decía “Golpe de Estado No, Insurrección Sí”, precisamente porque, como se miraba que el movimiento popular iba en ascenso, entonces los Estados Unidos trataron de maniobrar. ¿Podrías exponernos un poco sobre eso?

William: La información así es. Pero no hallábamos cómo hacer, cuál sería el canal para divulgar nuestro comunicado. Entonces me acordé de un profesor de la Escuela de Periodismo, Leonardo Lacayo Ocampo, que era corresponsal de la Agencia UPI (United Press International), un señor muy respetado, que en ese momento ya estaba muy viejo, pero con mucho prestigio, seguía trabajando como periodista. No participé en eso porque me conocían, éramos colegas; entonces participaron otros compañeros, y creo que fueron Joaquín Cuadra y Carlos Núñez. Fue un comunicado.

Comentario de la autora: Los que recibieron la denuncia fueron Oscar Leonardo Montalván, Filadelfo Alemán y Filadelfo Martínez. Leonardo Lacayo Ocampo, por una casualidad no se encontraba en Managua. Por la Tendencia GPP participó Mauricio Valenzuela, a William se le dispensó por su condición de periodista.

William: Ampliando sobre este tema de las circunstancias y por qué nos decidimos por la lucha armada, sintetizo: porque ya no había posibilidades de otras formas de lucha para alcanzar la democracia.

Desde 1934, con el asesinato de Sandino, y desde antes, siempre las elecciones las ganaban los conservadores o los liberales, no había ninguna otra alternativa en el poder; había interrupciones en las elecciones, golpes de estado y pactos.

Desde entonces había componendas, el país estaba repartido entre liberales y conservadores, y no ofrecía mayores esperanzas de cambio. La represión institucionalizada, es decir, oficial, se mantenía a sangre y fuego, sofocando los intentos por derrocar a la dictadura desde 1947, con el golpe de la mina La India; en 1954, la rebelión del 4 de abril y en 1956 se da el magnicidio, cuando Rigoberto López Pérez decide que el mal es el viejo Somoza y toma la decisión de ofrendar su vida y acabar con la del dictador.

En 1958, 1959 y 1960 se dan diversos movimientos, incluyendo los de Ramón Raudales; Chale Haslam; el de Manuel Díaz y Sotelo, el periodista que es asesinado en Estelí junto a otros compañeros; y el movimiento armado de El Chaparral.

Los del 4 de abril no eran sandinistas; Rigoberto López Pérez no era sandinista, más bien era del Partido Liberal Independiente. Pero bueno, la gente honrada tenía una gran conciencia por tratar de salir adelante, tampoco era sandinista el Movimiento de Chale Haslam. De todos estos movimientos, sólo el de Raudales era de la gente de Sandino. Tampoco lo eran los de El Chaparral ni el de 1960, conocido como Movimiento 11 de noviembre, en Jinotepe y Diriamba.

Después sigue 1961, ya comienza el Frente Sandinista, también el movimiento de Juventud Patriótica Nicaragüense (JPN). En ese momento había un periódico muy importante que se llamó Impacto, cuando Ignacio “Nacho” Briones era opositor a la dictadura de Somoza; ahora es aliado de Arnoldo Alemán. Y luego aparece 1963 con Raití y Bocay, la primera gran experiencia del Frente Sandinista.

Fijate desde hace cuánto tiempo: desde la muerte de Sandino, la gente ha venido peleando, organizándose. En 1963 se da la primera gran expedición, ahí está Tomás Borge, están todos los fundadores del Frente Sandinista, compañeros nuestros, amigos, hermanos muy queridos; muere gente valiosísima, gente de buena calidad, como decía Martiniano Aguilar, cuando le preguntábamos: – ¿Cómo se siente, compa? ¡Calidad! –decía. Expresión de lo mejor, ¿verdad? ¡Increíble Martiniano!

Entonces, después de 1964 se dan expresiones de lucha urbana, asaltos a bancos en 1965 y 1966, hasta que en 1967 se da el otro gran movimiento: Fila Grande y Pancasán, y además mueren otros compañeros valiosísimos en la ciudad: Casimiro Sotelo, Hugo Medina.

Entre 1969 y 1970 la cosa no es fácil, y en ese padecer llegamos hasta 1979. Durante esa época la gente sufrió mucho, y ¿por qué sufría mucho? Porque vivía muy mal, porque no tenía salud, porque no tenía educación, porque había mucha represión.

La Guardia, los amigos de Somoza, acaparaban la tierra. Me acuerdo de Victorino Lara, el Coronel ayudante de Somoza, quemaba los ranchos de la gente, les quemaba las cosechas y que la gente se fuera más adentro, para apropiarse de las tierras.

Nos encontramos en la montaña con compañeros colaboradores del Frente, a quienes les preguntábamos: –Compá, ¿y qué anda haciendo aquí?, ¿por qué está aquí? Entonces nos comenzaba a contar la historia de dos quemas de casas, ¡dos quemas! Después de una quema, se habían internado en la montaña; y donde los encontraban, les volvían a quemar las tierras. ¡Qué increíble! Entonces esa clase de represión en el área urbana, en el área rural, fue la que a nosotros nos formó, nos forjó, nos hizo honrados, y nos hace no perder ese sello de gente buena, de luchadores sociales.

Para 1977, la montaña sigue aislada, sigue sola, hasta que se comienzan a dar los operativos de 1977 y 1978, que logran descompresionar la montaña, y es cuando se hace el plan de la insurrección final, que en el caso de Managua, se nos adelanta.

Mónica: ¿Cómo se articuló el plan insurreccional aquí adentro, entre las tres tendencias del FSLN?

William: Hicimos las pláticas, las conversaciones y toda la historia que ya se conoce de que nos peleábamos, de que discutíamos, que los acuerdos, que la desconfianza. Al final cuando comenzamos a golpear a la Guardia, fue la guerra la que nos unió, el combate, la acción, nada de discursos ni de politiquería ni de discutideras.

Creo que ésa es una lección que todos los sandinistas debemos aprender: es trabajando que se une la gente ante las dificultades. Porque me acuerdo que cuando me hirieron a uno de los muchachos en la emboscada de la Olla de Barro2, en donde murió el jefe, que era Bermúdez, entonces le dije a Joaquín que me prestara una casa de seguridad, y Joaquín me la prestó; y ellos me pidieron dos rifles Garand, y yo se los presté, y con municiones. 

Mónica: O sea, es en la dinámica del combate y de la lucha, que realmente se fue dando la unidad, y lo que se firmó en marzo fue como la parte protocolaria; pero la unidad ya se venía haciendo en base al enfrentamiento a la Guardia de manera conjunta, colectiva y hermanada.

William: Cuando comenzamos las pláticas, a finales de 1978, vos ya estás a cargo de Managua. Yo quedo a cargo del Frente Interno y Bayardo se va al campo, al norte. De la Dirección Nacional los únicos que estaban aquí en Nicaragua eran: Bayardo Arce, Carlos Núñez y Luis Carrión. Henry Ruiz estaba en Honduras con Jaime Wheelock. Después Henry entra y llega a Matagalpa, se reúne con Bayardo; y Jaime entra por Chinandega y llega hasta León; el resto de los compañeros estaba en Costa Rica: Tomás, Tirado López, Daniel y Humberto. El puesto de mando “Palo Alto” era allá, en Costa Rica.

En esas condiciones, Mónica, fue que se elaboró ese plan que culminaría con una insurrección en Managua. Se había visto la ofensiva del Frente Norte, que inicia desde mayo; se interrumpió un poco por la muerte de Germán Pomares en Jinotega, pero después las columnas guerrilleras estaban preparándose para la insurrección.

Se diseñó esa estrategia pensando que en el Frente Sur, que era donde se suponía iba a estar el mejor abastecimiento y el grueso de los combatientes, podía jugar un papel determinante. El Frente Nor­oriental, que era la gente de la montaña, iba a entrar a contactarse con Matagalpa. El Comandante Luis Carrión, que es de los pocos miembros de la Dirección Nacional que estaba en el país durante la ofensiva final, iba a estar con la Columna Oriental, al lado de Juigalpa, Chontales. La gente de León, donde estaba Dora María, Mauricio Valenzuela, Leticia Herrera y Leopoldo “Polo” Rivas, que llegó al final.

Entonces, todos esos frentes iban a actuar sobre Managua, y los comandos del Frente Interno en los departamentos, iban a estar esperando en Carazo, Granada y Masaya. Nosotros íbamos a estar por tres días en Managua. Esa fue la locura más grande que nos dijeron.

Mónica: Hablemos de la insurrección de Managua. Yo, originalmente coordino acciones con Rafael Solís, Tercerista, y Gabriel Cardenal “Payo” de los Proletarios. Gabriel era muy lindo, fraterno, de lo mejor como compañero. Pero cuando se acerca la insurrección, cambiaron los representantes. Aparece Raúl Venerio, por los Terces, y Oswaldo Lacayo, por los Proles. Juntos éramos el Estado Mayor de Managua.

Aun no teníamos las fechas de la insurrección, pero sí los planes generales y los planos. En la masacre de Xiloá, la Guardia Nacional asesina a los compañeros Cristhian Pérez Leiva, Omar Hassan y Ricardo Orúe y también captura los planes de la insurrección de Managua.

En estos planes, el teatro principal de la insurrección estaba en los barrios occidentales, mientras los barrios orientales serían el teatro secundario. Al caer los planos, la EEBI se acuartela en el Estadio Nacional e inicia unos patrullajes salvajes en ese sector. Decidimos voltear los planes, y el teatro principal estaría en los barrios orientales; por ello iniciamos el traslado de armas y combatientes que estaban en casas y buzones de los barrios occidentales. Era una carrera de locos, porque era trasladar armas en medio del despliegue de la Guardia, en carros, carretones y yo me acuerdo que decidimos trasladar toda una unidad que teníamos en Altagracia en medio de retenes y el guardierío patrullando.

William: En el plano que había hecho Pérez Leiva “El Inca”, los cauces que bajan hacia el lago eran utilizados como fortificación. Esos cauces tienen puentes, eran los puntos principales a defender, para que no pudieran entrar los tanques.

Mónica: A principios de junio, como aún no era el momento de tomarnos los barrios, decidimos hacer varios operativos contra la Guardia para empantanarla e impedir que desplegara su apoyo a los otros frentes. Además, necesitábamos mantener en acción a nuestra gente. Nosotros teníamos unidades de combate encerradas en cuartos y se estaban desesperando.

Planificamos un ataque en el reparto Las Brisas, pues la Guardia usaba mucho la Cuesta del Plomo para movilizarse a occidente. Me acuerdo que habíamos orientado que no se tiraran cohetes por el peligro de que estallara la Refinería. Otra operación se realizaría en la Carretera Sur. Por parte nuestra estaba “Willy”, Marcos Largaespada. Desde hacía meses habíamos abierto trabajo en las faldas de El Crucero, cerca de La Casa Embrujada. Ahí entrenamos gente y teníamos un campamento a cargo de “Willy”. En la Carretera Norte, por la empresa de transportes Rocargo, estaba Marcos Somarriba, de los Proletarios. Por el aserrío de Carlos Morales Orozco, estaba Ramón Cabrales “Nacho”. El grupo de El Crucero cortó la carretera derribando grandes árboles y ahí montó una emboscada exitosa contra la Guardia.

Por esos días, le doy al Estado Mayor una casa de seguridad donde nos reconcentramos y empezamos a operar como un solo mando. Quedaba de La Vicky, como siete cuadras al lago y una cuadra arriba. Ahí instalamos los radios de comunicaciones, los planos, y teníamos reconcentradas a las que serían luego las unidades de apoyo y respaldo del Estado Mayor. Me llevé a “Venancia” Isabel Castillo, Francis Araica y a “Ernesto”.

Había una gran efervescencia, hasta el punto que, con cualquier acción, mucha gente pensaba que ya era la insurrección. Cuando se dan estos ataques el nueve de junio, la gente se lanza a las calles creyendo que ya es la insurrección, y empiezan a hacer barricadas. Cabrales me manda a decir que el asunto es incontenible, ya la gente comienza a hacer barricadas, aunque algunos les decían que se retirara. Igual cosa le reporta Marcos Somarriba a Oswaldo Lacayo. Así comenzó la insurrección de Managua. Todavía no habíamos terminado de trasladar las armas que estaban en los barrios occidentales.

Entonces decidimos meternos al teatro de la insurrección el día 10 de junio por la tarde. Vos pasaste buscándome en un vehículo de tu estructura, ahí metimos fusiles y sub-ametralladoras del Estado Mayor; pero casi no pudimos usarlo, porque ahí no más ya no se podía pasar. Estaba lleno de barricadas con gente desarmada. El compañero tuvo que dejar su vehículo, y luego la Guardia se lo quemó.

Cargamos todas las armas, los radios y lo que llevábamos, y entramos a pie atravesando el Barrio Riguero; cruzamos el cauce por un puente peatonal, llegamos a la Pista El Dorado y entramos a ese reparto. La gente se puso eufórica cuando nos vio llegar, vestidos de verde olivo, con nuestros pañuelos rojinegro en el rostro y con buenas armas. La Carreta Norte era más complicada, porque era asfaltada, no de adoquines, teníamos que trasladarlos. El Edificio de Armando Guido fue un punto donde se apostó la Guardia con francotiradores, y desde ahí nos pasó martirizando un buen tiempo.

William: Lo que nos habían dicho era que teníamos que resistir tres días, para impedir que le EEBI avanzara hacia el Frente Sur y hacia el Frente Norte; mientras, en Estelí, costó muchísimo tomarse el cuartel, lo cual sólo ocurrió hasta el 16 de julio. León también nos atrasaba.

Mónica: La toma de los cuarteles no era cosa fácil; vos podías tener controlado todo el territorio, pero ellos se acuartelaban. El ataque a una posición es siempre muy complicado, te puede llevar meses rendir una posición.

William: Siempre y cuando tengan abastecimiento, municiones y una fortificación adecuada.

Mónica: Todas las tendencias del FSLN teníamos tres tipos de organización: pública, legal y política. Hacíamos la coordinación de las organizaciones públicas por medio del MPU, el Movimiento Pueblo Unido. Se coordinaba la acción sindical, las organizaciones de mujeres, de maestros, etcétera. Ahí estaba la Asociación de Mujeres ante la Problemática Nacional.

William: En el Frente político estaba Julio López Campos, Glenda Monterrey, Moisés Hassan, Lea Guido, así como el profesor Pedro Ortiz y Lucío Jiménez.

Mónica: Después estaban formas de organización militar amplias, del pueblo. En el caso nuestro eran los CAP, Comités de Acción Popular; los Proles les llamaban Brigadas Populares, y los Terces, Milicias Populares. Las tres eran modalidades para permitir la participación más amplia de los jóvenes. Éstos tenían autonomía operativa, y podían accionar muy pegado al territorio, al barrio.

Entonces se combinaba todo tipo de acciones con un solo objetivo: desgastar al enemigo, fortalecer la lucha militar y prepararnos para las sucesivas insurrecciones que dieron realmente al traste con la dictadura.

Después, a lo interno, teníamos las unidades militares. En la GPP se les llamaron Unidades Tácticas de Combate (UTC), en Managua el responsable era Ramón Cabrales “Nacho”. Los Terces les llamaban Escuadras, y los Proles, Comandos Revolucionarios. Estas unidades tenían un poco más de entrenamiento y armas de guerra, como rifles Garand, carabinas, algunos fusiles FAL y sub-ametralladoras.

Nuestra tendencia entró más o menos con unos cuarenta fusiles, los Proles un poco menos, y los Terces como con setenta, pero tenían RPG-2 y ametralladoras. Me acuerdo de Carmen “La Chilena” corriendo en La Liebre con el cohete. Una mujer heroica. En total no pasamos de ciento veinticinco armas orgánicas, como les decíamos. Lo que la GPP tenía era bastantes combatientes, pero nunca nos llegaron las armas.

William: Nosotros teníamos en Masaya la Unidad de Combate Rufo Marín, y había una escuadra con el nombre de otro mártir. En Granada teníamos dos escuadras pequeñitas que hicieron algunas acciones, pero no gran cosa. En Jinotepe había cuatro escuadras guerrilleras: dos en la ciudad y dos en el campo.

Cuando nosotros nos metemos a los barrios orientales, se levantan también los occidentales: Altagracia, Monseñor Lezcano, San Judas, siempre fueron combativos.

Mónica: Es que en esos barrios todos los combatientes populares tenían la orientación de levantarse, en cuanto sonaran las primeras acciones. Y ellos hacen un levantamiento en esos barrios, pero no tenían suficientes armas. En Altagracia, estaba de responsable Perla María Norori, que muere precisamente en esos días, y no sé cómo, nunca he podido aclararme.

William: Que era la compañera de Lumberto Campbell.

Mónica: Metemos una unidad de combate a El Dorado, en la casa de Jaime Ocón, y los Prole, igual; y otra unidad en Bello Horizonte. Los Terces también tenían sus unidades en esos sectores. Los barrios occidentales se levantan y no pueden resistir. Los compañeros con más experiencia militar orientan realizar un repliegue, pero durante el mismo se produce la masacre de Batahola el 15 de junio. Hubo más de cien muertos. Buscaban ir hacia el sur, para llegar a Diriamba.

Recuerdo que en plena insurrección, me encontré con “Payo” Gabriel Cardenal, y me abrazó levantándome en el aire, eufórico: – ¡Lo hicimos, “Isabel”! Es como que lo esté viendo, cuando lo recuerdo con su enorme sonrisa. Le pregunté dónde estaba, pues no lo había visto; y me respondió que en San Judas y todavía andaba metiendo armas.

William: La gente del barrio El Riguero fue increíble cómo nos recibió; cuando nosotros entramos, éramos Joaquín, Carlos Núñez y yo, después estabas vos, Oswaldo y Raúl, que íbamos juntos todos, los pasamos llevando, más otro compañero que andaba con nosotros, en total éramos unas diez o doce personas que llegamos, que éramos los jefes de la insurrección. Y entonces la gente se entusiasmó, comenzó a levantar barricadas, y de allí nosotros seguimos organizando a la gente en escuadras, la gente comenzó a buscar medicamentos, y los muchachos comenzaron a entusiasmarse y a organizarse, son como las primeras escuelitas. En los Repuestos La 15, se hizo una gran barricada.

Comentario de la autora: William tuvo una confusión que ya no pudimos aclarar, porque el Estado Mayor del Frente Interno entró un día después que el Estado Mayor de Managua. No recuerdo si “Aureliano” entró con nosotros o con Carlos Núñez. Recuerdo bien que el Estado Mayor de Managua entramos el 10, porque todavía no había caído Sierra 13, la sección de Policía que estaba por el Mercado Periférico, frente al Cementerio Oriental, y esa noche estuvimos volándole tiros como parte del acoso a esa unidad. Al día siguiente, nos encontramos con Carlos Núñez y Joaquín Cuadra, en El Dorado.

Mónica: Mi actual suegro, Virgilio López, en ese entonces como de setenta y cinco años, tenía una pistolita 22, y se la dio a los compañeros que levantaban barricadas en los Repuestos la 15, y ahí estuvo el viejito ayudando a llevar piedras para hacer la gran barricada que la gente levantó. Realmente, el apoyo de toda la población de estos barrios fue fundamental, toda esta gente se movilizó.

La primera noche, nosotros nos vamos a la calle central de Ducualí; en la Sagrada Familia, ahí nos organizamos un poco. Recuerdo que ya estaba sitiada la Sierra 13, fatídica Unidad de la GN desde donde operaba el “Macho Negro”. Se dieron fuertes combates hasta que logramos desalojarlos totalmente. La Guardia resistió el acoso de nuestras fuerzas hasta el día siguiente. Incluso, la Guardia metió un fuerte grupo de infantería y un tanque por la Carretera Norte, sobre la calle principal de la Colonia Salvadorita, para sacar los pocos guardias vivos que quedaban. Fueron feroces los combates de los milicianos y nuestras fuerzas sobre esa calle.

La gran aspiración de la gente era encontrarse al “Macho Negro” tendido; encontraron otros cadáveres, pues la Guardia sólo se llevó el cadáver del oficial, un teniente Gaitán. Cuando fui a ver lo que fue la temible Sierra 13, ya casi en la noche, encontramos cadáveres quemándose y el cuartel con el techo prácticamente inexistente, pues los milicianos lanzaron bombas al por mayor. El comando no cayó porque tenía fuertes paredes de concreto. Dejaron algunas armas, lo que nos llenó de alegría. Eso fue el 11 por la tardecita. Es mismo día entró el Estado Mayor del Frente Interno.

Al día siguiente, prácticamente todos esos barrios estaban liberados, conforme el plan. Nuestras fuerzas pudieron organizarse mejor. Orientamos el reforzamiento de barricadas en los puntos convenidos e hicimos la distribución de las unidades militares. En buena medida, los puntos se distribuyeron por tendencias, pero en realidad eso quedó a nivel de mandos, porque después cada punto tenía combatientes procedentes de las tres tendencias. Lo que hicimos fue definir los mandos de acuerdo con las calidades y el entrenamiento; en algunos casos, el mando se definió en el propio terreno, pues surgieron muchos buenos combatientes populares con un gran liderazgo.

Recuerdo el caso de Jorge Roustan “Norman”, que se me presentó con un lindo fusil 22 con mira telescópica, explicándome que era experto tirador. Y fue clave contra los francotiradores. Él comandaba un grupo de milicianos y llegó a ser un gran jefe. Los puntos claves eran los puentes sobre las pistas La Resistencia y El Dorado, y luego, Transportes Modernos, o sea Rubenia, y los puntos de entronque con la carretera Norte, como IMPASA.

Los barrios exteriores eran como un anillo, donde operaron varios días unidades de milicianos: Riguero, El Paraisito, Tenderí, Larreynaga y San Luis, por el lado Occidental. Por el lado Oriental: Villa Progreso, Xolotlán, lo que es hoy Georgino Andrade, Rubenia. Por el Sur: 14 de Septiembre y Santa Bárbara. De manera que la Guardia sólo pudo acercarse a la línea de defensa principal varios días después, cuando desplegó todo su plan de acoso.

Oyente: Dos preguntitas rápidas; una, al Comandante Ramírez, ¿qué posición o qué función tuvo la famosa Columna Walter Ferreti?, creo que le llamaban la Columna Móvil, en los barrios orientales.

Y una pregunta, para ambos: ¿No creen ustedes, Comandantes, que a veces se crea en el ambiente que hay sandinistas buenos y sandinistas malos?, ¿cómo que unos pelearon y otros no pelearon? Yo considero que, como parte de la unidad, hay que resaltar las virtudes de todos, porque todos pusieron algo en la lucha.

William: Bueno, yo quería decirle que cuando estábamos posesionados del teatro de operaciones, cuando estábamos en Ducualí, nosotros organizamos varias unidades a iniciativa del Comandante Walter Ferreti. Primero fue una unidad móvil, que los mismos combatientes le pusieron los “Caza Perros” o “La Liebre”, por su agilidad, que se infiltraban en las filas enemigas, es decir, fuera del área de operaciones nuestras, e iban a emboscar a los guardias que andaban patrullando cerca de nosotros. Esa era como nuestra primera línea de defensa móvil.

Era lo que se llama militarmente hablando, una defensa activa. Es decir, vos tenías unidades móviles defensivas que andaban en ofensiva táctica y en una defensiva estratégica. Eso es lo que podríamos decir así, en términos militares.

Y después se formó otra unidad, más grande, estructurada con unos cuarenta compañeros valiosísimos, algunos de ellos me los he encontrado, como Armando Martínez, por ejemplo, que es una persona que llama a este programa, y llama también a la 580, a mis programas.

Mónica: Esta Unidad se llamó Oscar Pérezcassar y fue la que nos permitió resistir tantos días, porque la Guardia se desconcertó. Nosotros no estábamos defendiendo los puentes y otros puntos nada más. Ellos no podían saber por dónde, fuera de nuestras líneas de defensa, les atacarían. Esta unidad, cuyo Responsable era Walter Ferreti, “Chombo”, salió a hacer operaciones súper arriesgadas. “Chombito” me contaba que en una ocasión salieron a lanzarle morteros a la Loma de Tiscapa, a la propia Casa Presidencial. Todo perseguía llenar de zozobra a la Guardia. Fue una operación de un pequeño grupo. Llegan, instalan el mortero, le lanzan tres descargas y se van a todo gas.

William: Yo quería referirme al señalamiento de que podemos estar siendo injustos sobre si unos participaron y otros no. Cuando estamos hablando de los papeles históricos en los tiempos, tenemos que ubicar quién es quién. Cuando se da la ofensiva final, hay compañeros de la dirigencia del Frente Sandinista que están en el país y otros que no están. Eso es objetivo, eso pasó en ese momento. Hay compañeros valiosísimos dentro del Frente Sandinista, que no participaron de la ofensiva final, porque estaban presos o haciendo tareas en el exterior, de solidaridad.

Por las circunstancias históricas que se dieron en ese momento, había gente que nosotros teníamos en Honduras, por ejemplo, y que después nos reclamó por qué no le habíamos autorizado el ingreso al país.

¿Quiénes estaban dentro en ese momento? Estaban Bayardo, Luis Carrión y Carlos Núñez; sólo ellos, el resto, no. Henry estaba en Honduras y se había ido para Costa Rica, estuvo en Panamá, fue a Cuba, regresó cuando la insurrección final, él entró por Honduras, llegó hasta Matagalpa y ahí se unió a Bayardo. Jaime Wheelock entró por Chinandega. Esos son los compañeros de la Dirección Nacional que participaron, algunos plenamente, otros no.

Ahora, ¿eso le quita mérito a Daniel, a Tomás, por su trayectoria revolucionaria? Para nada. Nadie va a dudar, ni de la trayectoria de Daniel ni de la de Tomás, ni de la los otros compañeros como Víctor Tirado. Lo que pasa es que en ese momento no estaban, ahí los agarró la historia. A unos dentro y a otros fuera, pero no estamos diciendo, ni que son buenos ni que son malos; ni que son mejores, ni que no son mejores, no. Para nada. Estamos relatando lo que ocurrió. Es como una fotografía, ahí está, esos son los que estaban a la hora de la foto; el que no está, no está, no salió. Eso lo queremos decir, para que no se mal interprete; ni queremos en lo absoluto tratar de ser tendenciosos y decir que unos sí y otros no; para nada, no es ésa la intención.

Mónica: El compañero también dijo que queremos dar a entender que hay sandinistas buenos y sandinistas malos. Aparte que eso de calificar de buenos y malos no es nuestro estilo, yo debo enfatizar que lo importante no es lo que se hizo en el pasado. Como William dice, tenemos que presentar una fotografía y sus circunstancias. Fulano estaba ahí en ese momento y en esas circunstancias, y por eso sale en esa fotografía. Muchas veces he reflexionado en este programa sobre el hecho de que nos haya tocado a nosotros estar en los momentos gloriosos de la insurrección final y del triunfo de la revolución, de alguna manera es circunstancial. Lo fundamental no es eso, sino lo que uno está dispuesto y sigue haciendo en el presente, lo que hizo después y lo que se mantiene haciendo ahora. Y en eso sí, yo quiero decir que hay compañeros que han abandonado la lucha, y que ya no están en la lucha. Eso es verdad. Otros, porque tienen otras concepciones.

Creo que la historia es la que al final de cuentas y seguramente no ahorita, sino más adelante, va a decir quiénes se mantuvieron firmes en los objetivos históricos hasta el final y quiénes no; quiénes se desviaron hacia otro tipo de concepciones, hacia otro tipo de opciones, incluso de carácter personal. Porque alguien puede decir, hombré, yo ya di, me retiro, me voy a dedicar a mis negocios. Y eso ha ocurrido.

Entonces, no se le puede negar que históricamente participó en la insurrección; pero tampoco se puede creer, que porque lo hizo, la condición de revolucionario se mantiene eternamente. Creo que la condición de revolucionario se confirma todos los días en la acción, y obviamente que eso no se puede medir en lapsos de tiempo muy cortos. No podés descalificar a alguien, porque se retiró un año, dos, no; puede ser que por problemas personales, que sé yo, no tuvo un gran protagonismo en tal o cual circunstancia; pero si su vida sigue consagrada desde distintos tipos de escenarios, porque también eso ocurre, a unos les toca ser periodistas, a otros les tocó estar en la lucha política, y a otros estar en la lucha social, por ejemplo.

Hay muchos compañeros que están en organismos no gubernamentales, que están luchando contra la pobreza, que están luchando por la organización popular, en el movimiento comunal, los que están en los sindicatos, están en distintas trincheras, pero al final están con el mismo objetivo. Creo que tiene que haber capacidad histórica de medir esa consecuencia en un período de tiempo mucho más amplio.

Oyente: Julio César Miranda Aguilar. Recordemos que mañana es cuatro de junio: es cuando realmente se inicia la huelga a nivel nacional que jugó un papel fundamental, ese día se paralizó este país.

Algunos andábamos en diversas tareas de apoyo, organizando a los trabajadores. Me acuerdo que yo estaba en ese tiempo en el Movimiento Sindical Pueblo Trabajador, que jugó un papel importante en el tramo de la Carretera Norte, entre los kilómetros cuatro y siete. Recuerdo que el que atendía ahí era Chico Meza Rojas y lo asesinaron por la Kativo. Estaba organizado el Frente Patriótico Nicaragüense, el Movimiento Pueblo Unido y otras ramificaciones organizativas que atendía el Frente Sandinista.

Entonces, yo quería aportar que un día cuatro de junio se paralizó totalmente este país; ahí está el comunicado de la Dirección Nacional Conjunta de esa época, que hacía el llamado a todas las fuerzas progresistas de esa época, porque ahí participó la empresa privada, los sectores más progresistas y algunos otros partidos que estaban en contra de la dictadura, porque ése era el enemigo que estaba identificado plenamente, el enemigo principal: la dictadura somocista.

William: Efectivamente, hubo un gran movimiento nacional para centrar todos los esfuerzos y derrocar a Somoza. Había preparativos y no eran únicamente militares, eran políticos también, con las fuerzas de los políticos nacionales respaldando con una grande e intensísima solidaridad internacional, fabulosa.

En Nicaragua, el esfuerzo que se hacía con los demás sectores se expresó a través del Frente Patriótico Nicaragüense. Esa gran unidad nacional fue determinante para terminar con la dictadura. Igualmente fue determinante el que varios países del mundo, y países de América Latina, le retiran el apoyo a Somoza, cuando la OEA en su famosísima reunión resuelve que Somoza tenía que renunciar. Le mandaron un emisario, y después la tarea nos tocó a nosotros, empujar hasta el final. Incluso, hasta los Estados Unidos le quitaron el apoyo que lo había sostenido durante los cuarenta años que duró esa dictadura.

Mónica: Ahora reflexionemos, William. ¿Cómo resistimos ahí diecisiete días? ¿Por qué hacemos el repliegue?

William: Nosotros ya no teníamos municiones. De Costa Rica nos informaron que ya no nos iban a mandar más, que el próximo era el último envío. Nosotros no hacíamos nada estando en los barrios orientales sin tener municiones, y la Guardia se había mantenido contra nosotros sin poder entrar. Pero, si muy poco íbamos a hacer, sería un sacrificio inútil para toda la población que estaba allí.

Nos reunimos y hablamos con la gente que estaba en Costa Rica. Nos dijeron que pensáramos en la posibilidad de irnos para León, para que nos encontráramos con el Frente Occidental Rigoberto López Pérez. Pero ir a León, atravesando noventa kilómetros en despoblado, no nos parecía. Les planteamos ir a Masaya, que era más corto, que conocíamos la ruta, y que no iríamos en despoblado. Nos dijeron que la decisión la tomáramos nosotros, que éramos los que estábamos en el terreno.

El único que se opuso fue “Chombo”, quien lloró; se opuso porque decía que cómo nos íbamos a ir sin la gente, que no podía ser que sólo los combatientes. Y fue ahí que nosotros dijimos que el que se quería ir con nosotros, que se fuera: Y se fueron como seis mil personas. Una cosa extraordinaria para un movimiento militar.

La población civil junto con guerrilleros, avanzando bajo un bombardeo salvaje, incesante, inclemente, combinado los ataques de los push and pull y los T-33. También había un carguero DC-10, que apodamos “El Dundo Eulalio”, y que hoy nos da risa. Así tomamos la decisión y nos distribuimos las responsabilidades. Yo iba adelante con Joaquín Cuadra, en medio iba Carlos Núñez, y atrás estabas vos con Raúl Venerio.

Mónica: La larga columna la cerrábamos nosotros “El Manchado”, Rolando Orozco. Recuerdo que fuimos los últimos en salir del puente El Edén, donde se había decidido que nos íbamos a volar ese puente con una carga de dinamita que instaló Federico López, quien era explosivista; pero al final no supe por qué no explotaron las tales cargas. Creo que fue mejor, porque tal vez con la explosión hubiéramos alertado al enemigo.

Realmente lo más importante fue, que a pesar de que fue una marcha de seis mil personas, fue absolutamente secreta. La Guardia no se da cuenta de que nos habíamos ido de ahí. Dejamos las barricadas, y en algunas de ellas, pusimos muñecos con gorras y con palos, para que pareciera que estábamos allí. La Guardia se da cuenta después del ataque que hacemos al día siguiente a una patrulla en Veracruz, cuando recuperamos una ametralladora 50.

Entonces comienzan a reportar a través de la radio comunicación: –Van miles de piricuacos, van miles de yeicos. No entendían qué pasaba. Hasta el mediodía, es que ellos se dan cuenta que esa gente que va ahí, somos los que estábamos en Managua, y entonces comienzan a bombardear con los push and pull. Después que recuperamos la ametralladora 50 en Veracruz, cada vez que pasaba un avión, algunos compañeros le disparaban ¡y nunca le dieron!

William: Un asunto positivo fue el hecho de llegar a Masaya con municiones, porque cuando nos vino el último cargamento, fue el día antes; eso nos permitió llegar a Masaya, donde los compañeros estaban en situaciones delicadas. Los guardias de El Coyotepe estaban dándole duro a los compañeros que combatían en La Barranca. Entonces, nosotros llegamos a fortalecer realmente, no llegamos a ser un problema, sino una ayuda.

Mónica: Porque además, con las fuerzas que nosotros llevábamos de Managua, se organiza la toma de Jinotepe, después los demás pueblos y la toma de Granada. Es decir, que esa fuerza se convirtió en una fuerza móvil que permitía que, mientras los compañeros del lugar defendían sus posiciones, nosotros ayudábamos a la liberación de más pueblos.

En la toma de Jinotepe caen Martín Castellón Ayón, Erick Castellón, Rufino Garay, “Vikdar”, de la columna de “Chombito” y Rolando Orozco “El Manchado”, en cuyo honor conformamos el Batallón Rolando Orozco, que durante varios días pasamos entrenándolo en las calles de Jinotepe. Con este batallón fuimos a la toma de Granada.

William: Con Oswaldo Lacayo y vos. Carlos Núñez y yo nos quedamos en Jinotepe.

Mónica: Sí, pero Oswaldo y Raúl Venerio se quedaron en Masaya; del Estado Mayor de Managua, sólo yo voy con el Batallón. Me incorporo al pelotón de Claudio Picasso, a quien le correspondía atacar las unidades de la Guardia que estaban en el centro de Granada, el Palacio de Comunicaciones y los campanarios de Catedral.

Cada pelotón tenía su objetivo de ataque. Todos los objetivos fueron cumpliéndose el primer día, pero no pudimos tomarnos el Comando de La Pólvora. Nosotros cercamos el Comando el día 17, pero los guardias se acuartelan. En Jinotepe nos costó dos días tomarnos el edificio de Comunicaciones. Allí es donde mueren nuestros compañeros, en el caso de Jinotepe, en ese punto, porque del comando salió Rafael Lola el mismo día 5. No aguantó nada.

William: Nosotros, Joaquín y creo que Carlos Núñez también, interrogamos al Coronel Ruiz; pero ante quien se rindió la Guardia, fue ante vos. ¿Qué fue lo que pasó? Yo no me acuerdo de eso porque no estaba allí.

Mónica: En el caso de La Pólvora, había como trescientos guardias. Toda la tarde y la noche habíamos estado disparándoles. En la mañana del 18, los tenemos totalmente rodeados. Nosotros estamos muy cerca del comando, comienzo a conminarlos a que se rindan; ellos contestan, y yo argumentándoles que no tiene sentido más derramamiento de sangre, que se rindan; les decimos que ya se fue Somoza. Ellos tenían un parlante y nosotros contestábamos a gritos.

Finalmente sale el Comandante, envuelto en una bandera de Nicaragua y con una bandera blanca. Se acerca y dice: –Vengo a negociar las condiciones de rendición, quiero hablar con el jefe. Entonces le digo: –Yo soy la jefa. Y dice indignado: – ¡Ah, no!, ante una mujer yo no me rindo. Entonces, le dice “Chombito”, quien se había acercado adonde nosotros: –Pues te vas a tener que rendir, porque ella es la jefa. Y no tuvo más remedio, aunque andaba muy empurrado.

Y nos retiramos unos metros a hacer la negociación. Yo les mandé un mensaje a ustedes para que se encargaran del asunto, porque la situación militar no estaba resuelta. Todavía quedaban unos guardias en el mercado, que no querían dejar de disparar. Aquí ocurrió algo curioso. Me llevo al Comandante a una casa donde ustedes llegaron, como a una cuadra de La Pólvora, y luego me regreso al comando. Ya “Chombito” había conseguido que muchos guardias le dieran los fusiles; pero cuando llego sale del cuartel un militar, un hombre joven, me dice que es teniente, de hablar culto, y me empieza a hablar como grandes amigos, como si simpatizara con nosotros. El teniente me dice que quiere entregarme su arma. Y me da una sub-ametralladora checa, lindísima, pequeñita. Yo no sabía que era checa. Y cuando me llegan a decir que había un grupo de guardias que no dejaban de disparar en el mercado, le pido a él que vaya conmigo a convencer a los guardias para que se entreguen, que todo acabó, que no tiene sentido seguir derramando sangre. Y acepta y me voy con él y con un grupo, y ahí estuvo convenciéndoles a gritos, diciéndoles quien era él. Nunca supe quién era ni me lo volví a encontrar.

William: Por su parte, el Comandante propuso que quería salir fuera de Nicaragua y lo sacamos hacia la frontera con Costa Rica; los otros guardias pasaron a la Cruz Roja. Cuando lo iban sacando, la Guardia de El Coyotepe mortereó al convoy. ¡Pero éste es otro tema!

En la insurrección de Managua se destacan gente como Claudia Picado, como Ramón Cabrales que era el jefe, como Walter Ferreti “Chombo”.

Mónica: William y yo hemos reconstruido una lista, muy incompleta, de los que ya no están con nosotros. No podemos olvidar a Carlos Núñez, hecho de un material especial, siempre muy fraterno y persuasivo; un Marcos Somarriba valiente; Walter Ferreti, muerto después del triunfo, “Chombito” era excepcional, dulce, tierno, de hablar suave pero muy combativo, sensible con su tropa, se dio a querer y le obedecían con respeto. William Duarte fue segundo de la Oscar Pérezcassar y cayó en uno de los primeros combates en los barrios orientales.

El Comandante “Julio”, Oscar Lino Paz Cubas, tenía su cuartel en unos billares; arrojado y con liderazgo natural evidente, se movía con sus milicianos como pez en el agua. “El Sobrino”, Carlos Sánchez, jefeaba un grupo y andaba con una ametralladora 30 porque era un hombre grandote. Lo hirieron en una pierna y así anduvo hasta que ya no podía caminar. Quedó herido en un hospital y parece que allí lo asesinaron. Aristeo Benavides, creo que había andado en la primera insurrección de Estelí. Murió en un operativo en La Pedrera, en Veracruz, cuando íbamos replegándonos, fulminado por una ametralladora cincuenta.

De los que cayeron en Piedra Quemada recuerdo a Martha Lucía Corea, pero tengo una lista oficial de casi cincuenta compañeros, entre ellos seis mujeres.

Justo Rufino Garay cayó dentro de la Catedral de Jinotepe; había formado parte de grupos de teatro, era fuerte y cetrino y formaba parte del grupo selecto que acompañaba a William Ramírez. Erick Castellón, otro extraordinario combatiente, cayó en el primer asalto a Telcor. Rolando Orozco era un combatiente ejemplar. También se ganaba el cariño de los compañeros porque mandaba con voz calma pero firme. Había sido despachador de un supermercado. No lo había conocido antes, era Tercerista y nos hicimos grandes amigos y andábamos juntos de arriba abajo. Cuando lo mataron, no sé porque circunstancias no estábamos juntos. Por eso no podía creer cuando me dijeron que en uno de los intentos de toma del edificio de Telcor, una bala lo mató instantáneamente. Después pensamos que nos empeñamos demasiado en ese jodido edificio que, de todos modos, estaba condenado a caer.

De Managua también salió el obrero César Augusto Silva, caído en Masaya. Con las fuerzas que quedaron ahí, se constituyó otro Batallón, que se bautizó con su nombre. Alguien especial era Martín Castellón Ayón “Paco”, quien había combatido en el Frente Norte y en la insurrección de 1978 en Estelí. Perteneció a la unidad Liebre o Caza Perros, y luego a la Oscar Pérezcassar. Nunca me voy a olvidar de él en el repliegue. Como recordarás, William, pretendimos que el repliegue fuera ordenado, pero no fue tan así. “Nacho”, quien iba a la retaguardia, llegó de primerito; y nosotros, que también éramos de la retaguardia, nos juntamos en Veracruz con parte de la vanguardia.

Caminamos toda la noche, íbamos súper cansados, y yo escuchaba en el camino a alguien contando chistes, y todos nos reíamos. Cuando comenzó a amanecer, él seguía contando chistes, pero ahora ya lo podía hacer con gestos, con mímicas. En un momento dado, se puso a imitar a un renco. Y en medio de las dificultades y la tensión, nos mantuvo alegres. Ese era “Paco”, Martín Castellón. Para la toma de Jinotepe, participó con gran coraje y valentía, y fue herido en uno de los primeros combates. Me conmovió verlo herido en el estómago. Lo trasladamos al Hospital de Jinotepe y peleó duramente contra la muerte. Lo iba a ver y me daba cuenta que se estaba deteriorando. Se le sacó en un avión a Costa Rica, y no pudo llegar con vida. “Paco” se distinguía por su compañerismo, su coraje, su convicción en la victoria y por su alegría.

De los que sobrevivimos: Joaquín Cuadra Lacayo, Oswaldo Lacayo, Raúl Venerio, Ramón Cabrales Aráuz, Walter Ferreti, Marcos Largaespada, Róger Cabezas, Eduardo Cuadra Ferrey, Marcos Somarriba. La Comisión Política: Moisés Hassan Morales, Julio López Campos, Glenda Monterrey Vásquez, Lea Guido y Marcos Valle. Jefes de pelotón: Isabel Castillo “Venancia”, Javier López Lowery, el “99”, el misterioso “JC”, Edgard Guerrero, José Ángel Nicaragua, William Antonio Pascasio, Claudio Picasso, Harry Chávez, Jorge Roustan “Norman”, Francisco Guzmán, Chico “Garand”, Iván García, Danilo Norori y Rafael Solís. Combatientes en las primeras líneas de combate: “Huesito” Mairena, Elizabeth Pinell, Ibis Hernández “La Negra”, “La chaparrita” chilena, la del RPG, “Carmen”; Mayra González, y también Pablo Emilio Barreto, Margarita Montealegre disparando sus cámaras. Estos son los nombres que recordamos ¡porque fueron cientos!

Y no podemos olvidar a Walter Mendoza, quien fue el que le puso el nombre al periódico Barricada, porque cuando estábamos en Masaya, él nos llevó un periodiquito que tenía ese nombre.

William: Walter era un muchacho flaco con unas grandes cualidades, como casi todos los revolucionarios. Cuando llegué a Managua, él estaba bajo la responsabilidad de Noel Escobar. Walter atendía parte del sector estudiantil y parte del trabajo de los barrios occidentales. Había participado en varias acciones militares. Cuando se da esta situación del repliegue, lo responsabilizamos de que garantice que la gente de los barrios occidentales pueda buscar cómo protegerse y evitar pérdidas humanas, que deje las indicaciones para que todo mundo pueda cusuquiar. Habíamos dicho en aquella oportunidad que era volver a la clandestinidad, no quedar abierto, y que nos alcanzara en Masaya.

Walter Mendoza efectivamente deja organizados los barrios occidentales con las orientaciones que habíamos dado, y se va para Masaya; en la entrada de El Coyotepe, lo capturan con Frank Toruño e Ismael Castillo. Los matan y los entierran allí mismo, al pie de El Coyotepe.

Mónica: Varios oyentes nos han pedido hablar de algunos caídos, como Idania Fernández y Araceli Pérez. Vamos a dejar pendiente ese tema porque cayeron en Veracruz, León, junto a Oscar Pérezcassar.

William: Sobre Araceli quería comentar que era mexicana. Yo le voy a dejar flores a dos personas: a Araceli y a “Chombo”. Ahorita, Día del Padre, le pasé dejando un ramo de flores a “Chombo”. Siempre voy a León a que le limpien la tumba a Araceli Pérez y a dejarle unas flores, porque su hermano trabajó conmigo aquí, el mexicano César Pérez Darias. Tengo comunicación con ellos vía internet.

Mónica: El tiempo se ha agotado. Tus reflexiones finales William.

William: Quiero que lo que contamos sobre una parte de la organización pre-insurreccional, la insurrección y el repliegue, les sirva para que investiguen, para que pregunten, para que sepan cómo fue.

Seguramente no lo dijimos todo, ni lo dijimos bien; así que pregunten a otros, que les cuenten parte de lo que nosotros dijimos, que les completen, que les complementen. Busquen libros, busquen archivos, para que sepan qué fue lo que pasó para llegar al derrocamiento de Somoza.

Que les cuenten cuáles eran las condiciones económicas en que vivía la gente, cómo estaban organizados los bancos, cómo era que la gente hacía para tener sus casas; cómo era la Policía de entonces, cómo era la Guardia Nacional, que si era distinta o si era la misma; pregunten quién abastecía a Somoza, quién era el que lo mantenía, que si era bueno o si era malo. Todo eso pueden preguntar los chavalos. Es importante que los padres de familia cuenten lo que saben. Es importante que hagan comparaciones, que expliquen las causas didácticamente, pedagógicamente, con calma, diciéndole a cada niño, a cada estudiante por qué esto, por qué lo otro. Que los padres de familia se den su tiempo para explicar, no les va a llevar mucho. ¿Por qué? Porque los niños no preguntan todo de una sola vez, ahí van preguntando poco a poco. Entonces cada vez que les pregunten, deben tener la paciencia para agotar el tema que les toca. No agoten todos los temas; si le preguntan sobre una cosa, sólo contesten sobre esa cosa. Ahí les van a preguntar otro día sobre otra cosa.

En los colegios, en la medida en que pasan las materias o los grados, los niños y jóvenes van aprendiendo temas distintos y esos se van relacionando. Otra cosa es sobre la actualidad. Creo que hay que reflexionar sobre cómo se dio el proceso de unidad en el Frente Sandinista durante la guerra de liberación; y la tolerancia y el derecho que tenemos todos los sandinistas a expresar nuestros puntos de vista y a fortalecernos.

Creo que la única manera de hacer la unidad del Frente Sandinista es trabajando: menos discursos y más acción.



26 de junio de 1999 y 3 de junio de 2000






NOTAS


1 En marzo del 2000, el Diputado Liberal Enrique Quiñónez declaró a La Prensa que Anastasio Somoza Portocarrero, El Chigüín, retornaría a Nicaragua. Frente a la reacción que desató esta afirmación, el hijo del último dictador Somoza que dirigió la EEBI y personalmente cometió muchos crímenes contra patriotas nicaragüenses, escribió una carta que se reprodujo en algunos medios de comunicación. En dicha carta, se atrevió a emitir juicios sobre la democracia y el estado de derecho en Nicaragua.

2 La emboscada en la Olla de Barro fue el 17 de abril de 1979. La unidad de combate de Rufo Marín, provocó diecisiete bajas a la Guardia. Cayeron los combatientes Henry Bermúdez y Anibal Galán. Ese mismo día, se produjo un ataque al Comando GN de Catarina por una columna de cincuenta guerrilleros. En esa acción cayeron Emiliano Alarcón y Carlos Espinoza.

Últimos comentarios del relato
  • rolando jose mondragon villalta :

    Me gusto mucho conocer memoria inedita de nuestros compañeros de lucha ya que nos demuestra como lucharon ,murieron y vivieron fui guerrillero del f.s.l.n del frente oriental carlos roberto huembes de la columna camilo chamorro y nunca supe que nadie haiga escrito las memoria y vivencia de muchos combatiente de los frente de guerra ya que he buscado por Internet y no sale la memoria de miles de combatiente que participaron en el derrocamiento de la dictadura de somoza en particular de mi frente

    06 Aug, 15

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