Memorias de la lucha Sandinista

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La masacre de los héroes de Veracruz

Ana Isabel Morales


Ana Isabel Morales nace el 20 de febrero de 1956 en Managua, en el seno de una familia acomodada. Se bachillera en la capital y se traslada a León para realizar estudios universitarios. En esa ciudad la reclutan para el Frente Sandinista de Liberación Nacional y se incorpora a tareas estudiantiles y como apoyo en tareas clandestinas. En 1977 pasa a la clandestinidad y de ahí asume tareas de organización en Carazo. Forma parte de las estructuras de dirección de la Tendencia Tercerista en León, hasta el triunfo revolucionario. Durante la Revolución fue segunda responsable de la Dirección de Migración y Extranjería. Concluye estudios de Derecho y a la fecha trabaja en la Corte Suprema de Justicia.

El 16 de abril de 1979 son asesinados por la Guardia somocista, en el Reparto Veracruz, seis compañeros que formaban parte del Estado Mayor del Frente Occidental Tercerista. Su muerte conmovió a todo el país, que para entonces ya vivía un ambiente insurreccional. Para esos días se había orientado una nueva ofensiva en varios frentes y se produjo la segunda insurrección de Estelí. Algunos de ellos tenían poco tiempo de haber sido trasladados a León para fortalecer el trabajo de la Tendencia Tercerista. La muerte de estos formidables compañeros afectó los planes del FSLN en León, pero no detuvo la marcha incontenible de los acontecimientos históricos que desembocaron en la victoria aplastante sobre la dictadura.

Edgard Lang Sacasa “Aurelio”, nace en Managua el 21 de julio de 1955 en una familia de extracción burguesa. Estudia primaria y secundaria en el Instituto Pedagógico de Managua. Sale a estudiar Agricultura en California y a los dos años regresa para integrarse al Frente Sandinista de Liberación Nacional. En 1974, y en 1975 pasa a la clandestinidad. Me voy para la montaña –decía a sus padres en una carta de despedida– porque en ella están los patriotas, los hombres honestos, los que todo lo están sacrificando por su pueblo.

Edgar ya había participado en algunos operativos como la toma de Radio Corporación, donde se transmite una proclama con motivo de los combates de El Sauce, en 1975. En noviembre de 1977, cuando bajaba de la montaña enfermo y con una herida en una mano, fue capturado. Logra recuperar la libertad con el operativo del asalto al Palacio Nacional; luego vuelve a entrar al país y forma parte del Estado Mayor del Frente Occidental, condición que ostenta cuando es capturado y asesinado.

Idania Fernández “Angelita”, nace en Managua el 23 de julio de 1952. Concluye estudios secundarios en el Colegio Francés el Sagrado Corazón, en Managua.

Después del terremoto de 1972 se traslada con su familia a Panamá. Se casa en 1975 y da a luz a su hija Claudia. En 1977 trabaja en el Comité Panameño de Solidaridad con Nicaragua. En 1978 decide renunciar a sus estudios y dejar a su pequeña hija para integrarse a la lucha revolucionaria. Se incorpora al Frente Sur, donde se destacó como morterista. En Peñas Blancas sufrió un accidente en una operación de hostigamiento a la Guardia, cuando intentaba usar el mortero con disparos tipo vietnamita (usando el mortero sin placa). Ahí casi pierde la mano, por lo que pasa a rehabilitación. En 1979 se integra al Comité Regional de Occidente, a los preparativos de la insurrección final.

Oscar Pérezcassar “El Gordo Pin”, nace el 13 de noviembre 1953 en León. Se bachillera en el Colegio La Salle y es fundador del Movimiento Cristiano Revolucionario de León. Participa en los movimientos de finales del sesenta, toma de colegios, huelgas, tomas de iglesias. Se incorpora al FSLN en el año 1972, trabajando en los barrios populares de su ciudad. En 1975 pasa a la clandestinidad y tiene algunos problemas con la conducción de la GPP.

Viaja a Costa Rica y estudia Sociología e Historia. Se pone en contacto con la Tendencia Tercerista en 1977. Reingresa al país en 1978, como responsable del Frente Interno e impulsa la insurrección de septiembre. Es capturado en noviembre y liberado mediante una amnistía que se vio obligado a promulgar el dictador en medio de presiones políticas. Compañero con gran experiencia política, “Pin” era acucioso y muy crítico. No aceptaba las órdenes sin razones; por eso siempre tenía choques con algunos jefes. A principios de 1978 es enviado a León para hacerse cargo del Regional de Occidente.

Róger Deshón Argüello “Rogelio” o “El Chele”, originario de Managua, nace en el año 1940. Involucrado en actividades anti-somocistas desde finales de los años cincuenta, en las incursiones de Indalecio Pastora. Posteriormente viajó a Moscú a realizar estudios universitarios, y en 1967 forma parte del grupo que abandona los libros en la capital soviética, para dedicarse a la lucha armada dentro del Frente Sandinista. Viaja a Cuba y recibe un largo entrenamiento en el grupo que entonces integraba Henry Ruiz. En 1971 regresa clandestinamente a Nicaragua y atiende distintas tareas, primero en Estelí y luego en Chinandega.

Es escogido para formar parte del Comando Juan José Quezada que asalta la casa de José María Castillo. Es el único que recibe una herida de bala en esa victoriosa acción. En 1975 regresa a Nicaragua y entra a la montaña a la Brigada Pablo Úbeda. Forma parte del grupo que sale de la montaña hacia Honduras con Hugo Torres, y se integra a la Tendencia Tercerista. Le asignan la responsabilidad de trabajo organizativo en Chinandega. Participa en la insurrección de septiembre de 1978 en León.

Araceli Pérez Darias “Tere”, “Argentina”, “Pilar”, “Martha”. De Araceli se sabía poco, pero recientemente en México se publicó un libro de Emma Yáñez Rizo del que extraemos estos datos: Nacida en España en 1945 nacionalizada mexicana. Era psicóloga con alta experiencia en ese ramo. Inicia su colaboración con el FSLN a través del Comité Mexicano de Solidaridad que se había formado en 1975, bajo la coordinación de la poetisa Thelma Navas. Araceli ofrece su departamento como casa de seguridad y se hospedan en la misma importantes cuadros de esa organización…

Con el seudónimo de “Argentina”, se traslada inicialmente a Honduras, a finales de 1976. Ahí recibe preparación militar, se encarga del trabajo con colaboradores del FSLN, maneja casas de seguridad, es correo con Costa Rica y Panamá, y se responsabiliza de la educación política de colaboradores y cuadros del Frente. Posteriormente Araceli ingresa a Nicaragua por la montaña para incorporarse a lo que se conoció como la ofensiva de octubre como miembro del Frente Norte, y participó en acciones militares como la emboscada de San Fabián y la toma del poblado de Dipilto.

A principios de 1978 se le encarga el trabajo clandestino en la ciudad de León y Chinandega con miras a la insurrección final. A principios de 1979 forma parte del Estado Mayor del Frente Occidental, función que cumplía cuando es asesinada en Veracruz.

Carlos Manuel Jarquín “Jacinto” o “Chinto” nace el 2 de junio de 1956 en el barrio La Joya, en Ocotal. Su familia se traslada a Quilalí, donde concluye estudios primarios y estudia tres años de secundaria en el Instituto de Ocotal y en el de Condega. Se vincula a los movimientos cristianos del norte y luego ingresa al FSLN en 1975. Debido a la represión de ese año en Las Segovias, pasa a la clandestinidad. Realiza tareas organizativas en Masaya y de ahí pasa a Honduras a las escuelas de entrenamiento militar creadas en 1977. Participa en las primeras operaciones de la columna que entró por Dipilto y que realizó importantes operativos ofensivos entre los meses de octubre y diciembre como Frente Norte. A mediados de 1978 es enviado a trabajar en el Frente Occidental.

Ana Isabel Morales, la única sobreviviente de esa masacre, cuenta los últimos minutos de la vida de estos compañeros y compañeras que fueron capturados e inmediatamente asesinados a sangre fría. Ninguno estaba armado al momento de la masacre, lo que constituye un descuido que pagaron con su preciosa vida. El asesinato mostró nuevamente el carácter sanguinario de la Guardia, su irrespeto y desprecio por la vida, los derechos humanos y las normas internacionales que deben respetar las fuerzas en conflicto.

Mónica: Ana Isabel, ¿cómo ingresás al Frente Sandinista?

Ana Isabel: Soy de Managua y estudié en el Colegio Pureza de María toda la primaria y la secundaria. Mi interés social comienza a partir de una película que nos lleva a ver Joaquín Cuadra Lacayo, hoy General del Ejército, porque desde el colegio soy muy amiga de su hermana Cristina. La película era la historia de Sacco y Vanzetti1. Para mí fue una sacudida moral increíble. Después de la película, ya en la casa de los Cuadra, Joaquín nos sienta y nos da toda una charla política. Él ya estaba en el Movimiento Cristiano y su propósito era comprometernos. Era más o menos el año 1972-1973.

A raíz de eso, Cristina, yo y varios compañeros, nos organizamos en un grupo del movimiento cristiano, donde nuestro responsable era Carlos Carrión; y la que nos daba orientación cristiana y de compromiso social era la monja Luz Beatriz Arellano.

Con Fernando Cardenal asistíamos a los retiros en la casa de los papás de Vanessa Castro, en El Crucero. Era un lugar clásico de retiro, reflexión cristiana y compromiso. Así es que comienza toda mi integración. Recuerdo que Luz Beatriz, cuando nosotros nos bachilleramos, nos dijo: –Ahora que ustedes entran a la universidad, hay dos opciones: seguir dentro del compromiso en el Movimiento Cristiano Revolucionario o integrarse al Frente Estudiantil Revolucionario. Ustedes van a decidir qué línea van a seguir. En realidad, es una sola opción, seguir comprometidos.

Llego a León en 1973 y casi inmediatamente comencé a trabajar con el FER. Me recluta Carlos Roberto Huembes.

Mónica: ¿Y cuáles fueron tus primeras actividades como militante del FER?

Ana Isabel: Uno de mis profesores en la universidad fue Iván Montenegro, militante del Frente. Así comienza mi trabajo, como apoyo y colaboradora. Por ejemplo, Iván me decía que necesitaban urgentemente un vehículo y yo se lo aseguraba. Recuerdo que en el grupo de amigos que estudiaban en León, estaba el hoy General del Ejército Javier Carrión, a quien le dije un día que me prestara el carro. ¿Para qué? –me dice. No me preguntés para qué, pipito, pero prestámelo, es urgente –le dije. Pero para desgracia, la primera vez que me lo presta, Iván Montenegro me lo devuelve chocado. Varias veces me prestó “Cuqui” Javier Carrión su carro, hasta que lo reclutaron directamente y pasó a trabajar con Pedro Aráuz.

Mónica: Contanos lo del auto-asalto en el Banco de América. ¿Quién te dio la orientación y quiénes participaron?

Ana Isabel: Bueno, yo trabajaba como cajera en el Banco de América. Este operativo se da en el marco de recuperaciones económicas que se hicieron hasta la insurrección final. Para entonces, la situación de la montaña era muy difícil, y los compañeros tenían mucha urgencia de abastecimiento de comida, medicinas, armas, municiones y otras cosas.

Inicialmente, se había planificado que iba a ser una escuadra la que iba a llegar al banco. Les hago el croquis del banco, de cómo podían hacer la entrada, la salida, en qué lugares las ubicaciones y todo. Se trabaja en eso, pero de repente, ya acercándonos a finales de agosto de 1977, el compañero “Wilfredo”, que era Bayardo Arce, nos dijo que era urgente que le enviáramos dinero a los que estaban en la montaña porque se estaban muriendo de hambre.

También “Federico”, Pedro Aráuz Palacios, insistía y urgía en la necesidad del dinero. Me dijo que ideara la manera de garantizar eso y, además, que tenía que hacerlo sola. En eso estoy cuando se da la casualidad que la jefa de caja, que era una gran compañera y también colaboradora del Frente, salió de permiso para tener un hijo. Para no comprometerla y que quedara siempre la estructura de colaboración en el banco, decidí que había que aprovechar esos días.

Escojo el día de pago de planilla para el operativo, para justificar la salida de bastante dinero de la bóveda. Tomé unas bolsas del supermercado que estaba pegado al Banco de América en Plaza España. En ese tiempo era muy común que las mujeres hicieran sus compras en el súper y dejaran las bolsas, unas kraft grandes, en el banco, y después las mandaban a retirar con sus choferes o sus maridos.

Comienzo a echar dinero en una bolsa. Lleno una, después lleno la otra y al medio día, cinco minutos antes que terminara mi hora laboral, ya había quedado que Carlos Arroyo iba a llegar sin lentes, y con el que le estaba chofereando, que era Róger Langrand. Carlos tenía una miopía profunda, pero como ya había salido fotografiado en los periódicos, decide quitarse los anteojos para que nadie lo reconociera. Ya me había advertido: –Mirá, pipita, cuidado te quitás del lugar donde me dijiste, porque yo ya sé que vas a estar ahí, por la sombra; y si llego y no está la sombra, no sé qué voy a hacer.

Carlos llegó solo y con unos sobres, pero segundos antes me llaman y tengo que salir; regreso en el preciso momento que Carlos llega y no ve la sombra en el lugar donde debería estar. Le veo los ojos desorbitados y la intención de retirarse, y en la desesperación le llamo: –Ingeniero, aquí dejó sus cosas, para que por la voz me reconociera y poderle entregar los paquetes. Así fue, le entregué las bolsas; pero cuando va saliendo, yo voy un poco más atrás con aflicción, porque decía, a qué hora se cae y se le cae todo el dinero. Porque va sin ver y además, va con unas bolsas grandes, hermosas, y así sale. Nos encontramos diez minutos después en una ventecita, tal como habíamos acordado. De inmediato pasé a la clandestinidad.

Después eran los chiles porque, además, nos bromeábamos mucho entre los compañeros clandestinos o no clandestinos. Me decía Carlos: – ¿Y cuánto sacaste? – ¡Qué voy a saber yo, si no los estaba contando! –Si no llegan a cien mil, te devuelvo.

Mónica: Y bueno, no te devolvió.

Ana Isabel: No, fueron ciento diez mil córdobas los que se recuperaron. Desgraciadamente, parte de ese dinero lo capturó la Guardia en la casa donde cayó “Federico”, porque ahí estaba el dinero.

Mónica: Recuerdo que en el año 1978 te encuentro, Ana Isabel, trabajando en Carazo con Cristian Pérez Leiva, a quien llamábamos “El Inca”. Después te asilás y pasás a la Tendencia Tercerista. ¿Cómo fuiste incorporada en este trabajo?

Ana Isabel: En enero de 1979, estando en Panamá, Hugo Torres me dijo: –Te vas, te vas conmigo para Honduras. Vas a entrar por Honduras, nos vamos mañana. Fue de un día para el otro. Ellos ya habían arreglado todos los documentos. Entonces quedo con Hugo que, en el avión, nosotros nos sentamos en diferentes lugares. Vamos viajando con pasaportes panameños, yo nacida en Chiriquí, según el pasaporte. Me tenía que aprender toda esa leyenda que llevaba, todo mi personaje clarito.

Entonces, recuerdo que las autoridades hondureñas, como en otros países en esa época, pedían a la hora de ingresar al país, aparte del pasaporte, que presentaras dinero; si no, no te dejaban entrar. Era para poder justificar tu permanencia en el país. Entonces habíamos quedado en que Hugo me iba a dar el dinero que yo tenía que presentar a la hora de entrada. El asunto es que entre una y otra cosa, se me olvida pedirle el dinero a Hugo. Llegamos a Tegucigalpa, Honduras, y no ando ni un centavo.

Mónica: ¡Típico, siempre andábamos palmados! A mí me daban un billete de cincuenta córdobas que siempre debía andar doblado, por cualquier emergencia. El billete se ponía planchadito de tanto andarlo en una pequeña billetera, al lado de la cartuchera de la pistola, pero no lo usábamos para nada.

Ana Isabel: Todo el tiempo andábamos palmados. Yo recuerdo que, para colmo, nos ubicamos en filas distintas. Porque además, ya estamos hablando de 1979, los hondureños le caían a uno y eran redadas de nicas que capturaban.

Entonces pasa Hugo por Migración. Yo veo que Hugo va largo, y cuando ya estoy frente al oficial de Migración, le enseño el pasaporte y comienzo, ¿qué hago?, si no tengo ni un centavo. Bueno no hay de otra que utilizar ciertas mañas como mujer, y entonces comienzo a sonreírle al hombre, a hacerle ojitos. Por supuesto, el oficial se olvidó de todo y no me pidió dinero. Al final me salió dando su tarjeta. De allí nace mi vinculación y amor al tema migratorio, años después.

Llegamos a Honduras a finales de febrero. Recuerdo que el 21 de febrero entró Joaquín con Javier Carrión y otros compañeros, y una semana después entramos nosotros con otro grupo, a la casa de seguridad de Hugo Torres en Tegucigalpa. Hugo Torres era el que manejaba todo y el que organizaba todas las entradas.

Mónica: ¿En qué circunstancias ocurre la brutal masacre de Veracruz?

Ana Isabel: En abril se lanza “El Zorro” a otra insurrección en Estelí, la segunda. Nos orientan hacer algo para poder distraer a la Guardia y quitarle la presión militar que hay sobre Estelí. Entonces planificamos operaciones insurreccionales en León.

Esa planificación se hace con los integrantes del Estado Mayor del Frente Occidental: Róger Deshón, Edgard Lang Sacasa, Carlos Manuel Jarquín, Idania Fernández, Araceli Pérez Darias –mexicana que era la compañera de Joaquín– y Oscar Pérezcassar, el inolvidable “Pin”. Con ellos se elaboran los planes de la insurrección en León.

En esos días estábamos entonces en constante comunicación. Los compañeros que tuvieron experiencia de clandestinidad sabían que era prohibido que nos juntáramos dos o más clandestinos en una misma casa. Pero el día 15 de abril, por la noche, por circunstancias de la vida, decidimos juntarnos. Primero Idania y yo en la casa de una colaboradora en el barrio El Laborío. Después llegaron Carlos Manuel y Edgard, y por último Róger Deshón, que era como la gallina: Llamaba todas las noches para saber dónde estábamos todos los pollitos. Él no descansaba hasta saber dónde estaba cada uno de nosotros y si estábamos bien.

Recuerdo que tuvimos una noche amena y linda. Llegó también Leticia Herrera. Idania cantó y tocó la guitarra. Fue una noche en la que compartimos como nunca en toda mi vida. Fue como una premonición. Una noche bellísima. Pasamos toda la noche contándonos de nuestros hijos, de nuestros amores, de nuestras experiencias, nuestras amarguras, sinsabores, alegrías, esperanzas, compartiendo, cantando canciones revolucionarias.

Estábamos en un cuarto con aire acondicionado que tenía doble piso; era de una compañera cuyo marido era Guardia, pero trabajaba en Chinandega. Ella nos dejaba una seña en la casa, cuando estaba y no estaba el guardia. La casa era súper segura, una seguridad absoluta.

Al día siguiente, por la tarde, yo estaba en Sutiava, cuando me llega a decir Carlos Manuel Jarquín que “Pin” estaba convocando a una reunión urgente en Veracruz, a las cuatro de la tarde.

Mónica: ¿“Pin” no estuvo esa noche?

Ana Isabel: No, en la noche maravillosa no estuvo “Pin” porque estaba en Veracruz. Ese domingo sí estuvo Dora María y al día siguiente por la mañana, ella había estado en Veracruz; por eso la Guardia cree que una de las compañeras muertas es Dora María, pero Dora María se regresó a Managua.

Entonces “Pin” cita a una reunión urgente y comenzamos en el carro a recoger a los compañeros. Andábamos Edgard Lang, Carlos Manuel Jarquín, Idania y yo, dando vueltas, esperando que llegara la hora de la reunión. Idania tenía un gran dolor de cabeza; le dijimos que se quedara pero no quiso. Llegamos a Veracruz, ya está Róger Deshón, está “Pin” Oscar Pérezcassar. Después llega Araceli, quien vivía en esa casa que era de Francisco Quiñónez.

El chofer de Edgard Lang salió a buscar a Leticia Herrera, cuando en eso llamó Fanor Urroz2, otro de los compañeros del Estado Mayor de León. “Pin” levantó el teléfono, y Fanor le dijo que estaba saliendo de su casa para ir a la reunión; pero que acababa de ver pasar un convoy de la Guardia con una tanqueta adelante.

“Pin” dice: –Fanor avisa que viene la Guardia. Recuerdo clarísimo. Son cosas que no se te olvidan nunca en la vida. Abrimos la cortina de la sala y vimos que, efectivamente, una tanqueta va en dirección a la casa. Un jeep BECAT de donde ya se están bajando unos guardias, y vienen pegados a la casa de Quiñónez.

Hay que recordar, porque es importante, que después de la insurrección de 1978, en el día vos te movías tranquilamente en la ciudad, sin armas. Eran dos situaciones completamente distintas. En el momento de esa reunión, que no estaba planificada, y por eso no había una escuadra de apoyo, no andamos con armas.

Contiguo a la casa de Chico Quiñónez había otra casa de seguridad, y ahí sí había armas del Frente. “Pin” le dice a Araceli que salgamos para el otro extremo, y que ellos, con Róger Deshón, van a buscar las armas. Salen en dirección a la casa de al lado, y Araceli nos saca a nosotros hacia las otras casas.

En esa época, las casas de León se comunicaban con huecos entre cada casa para no salir por la calle. Entonces, pasamos por una piscina donde están unos niños y ya la Guardia está haciendo el cerco, y comienza a disparar al aire, una cuestión psicológica para sembrar el terror, mientras están terminando el cerco. Nosotros pasamos y detrás de nosotros van todos los niños con las empleadas.

Llegamos a la última casa del tope, donde ya no hay salidas, y en lo que nosotros entramos por la parte posterior, la Guardia está rompiendo el portón del frente y diciéndole a la gente que salgan con las manos arriba.

Una de las cosas que nos decían, cuando pasabas a la clandestinidad, era que en un momento de tensión, lo que había que hacer era confundirte con la gente, es la única alternativa de salvación. Entonces les digo a los muchachos: –Confundámonos con las empleadas. Agarro a una niña que está gritando histérica porque ya la Guardia está con una balacera terrible. La niña, de los nervios, obviamente me agarra y me abraza, y todos salimos a la calle, menos los muchachos porque se metieron en un cuarto. Estoy hablando de Edgard, de “Chinto” Carlos Manuel Jarquín, Idania y Araceli. La Guardia se mete al cuarto y los saca, pero los ponen como a unos quince metros de distancia más o menos de donde estábamos nosotros.

Yo estoy con los niños, pero para ese entonces las empleadas no usaban lentes, yo atraje su atención, entonces un Guardia me pregunta quién era, y yo contestaba que era empleada. Las compañeras que estaban trabajando de niñeras, todas sabían que nosotros éramos sandinistas. Ellas eran colaboradoras del Frente y una me pregunta calladita mi seudónimo. “Julia”, le digo yo, y entonces les decía a los niños: –Es la tía Julia, la tía Julia. Entonces los niños decían: –Mi tía Julia, mi tía Julia. Como la Guardia no estaba convencida de que yo era empleada, entonces ellas decían que era familiar de los dueños de esa casa.

Todo el mundo está arrodillado, los niños también, y con las manos sobre la cabeza, mientras la Guardia disparaba. Era una situación terrible, y en eso llega la dueña de la casa y ve su casa inundada de guardias, a sus hijos arrodillados, amenazados por la Guardia. Mira a cuatro jóvenes que en su vida ha visto, otra que dice ser su familiar, a la que un guardia la tiene agarrada del pelo. A ella la bajan del pelo también y le preguntan que quién soy yo. La señora con la mirada de terror porque en su vida me había visto, cuando va a hablar y decir que no me conoce, se le desgaja la quijada.

Mónica: No podía hablar. Se le desgajó la quijada del terror, de ver a los guardias en su casa. El poder de Somoza también se basaba el terror psicológico que representaba la Guardia Nacional.

Ana Isabel: Además es horroroso ver a una persona que se le desgaja la quijada hasta el pecho, es un impacto horroroso. El guardia y todo mundo se quedaron impactados. Ella se estaba ahogando en su propia saliva, y le gritamos al guardia que con el casco le echara un poquito de agua para que no se ahogara, para tratar de encajarle la mandíbula, pero al final el guardia desistió.

Para entonces, todavía estoy viendo vivos a los cuatro compañeros: a Idania, Araceli, Edgard y Carlos Manuel. A ellos los regresó la Guardia por el mismo lugar por donde pasamos, y ésa es la última vez que los veo. Después sólo escucho una gran balacera. Después a esa casa entran unas camionetas de tina, y posteriormente, en las investigaciones que hacemos, se determina que allí iban los cadáveres de los muchachos. Nosotros no logramos ver a los compañeros, lo que sabemos es que los asesinaron a sangre fría.

Unos cinco minutos después que la Guardia se fue, llegó una columna del Frente Sandinista. Eso fue una cosa muy linda y da una idea del impacto que esa masacre tuvo en la gente de León, porque cuando la población se da cuenta que le están cayendo a Veracruz y que en la casa está la gente del Estado Mayor, sin ninguna orden de nadie, las columnas de León, las escuadras de combatientes, empezaron a sacar las armas, se organizaron delante de todo el mundo. Así fue en Sutiava, en las calles públicamente salieron para Veracruz; pero cuando llegaron, la Guardia ya se ha ido.

Cuando me preguntan por los muchachos, yo sólo sabía que Róger y “Pin” se habían ido para la otra casa, y que a los otros muchachos se los habían llevado presos.

Mónica: ¿A ellos también los asesinaron allí?

Ana Isabel: A ellos los asesinaron en la piscina de esa casa. Cuando ellos están entrando a la otra casa, ya la Guardia había entrado, porque nosotros encontramos en la piscina, en el jardín, en el césped, los anteojos y la cartera de “Pin”, varias cosas y documentos de ellos. Nosotros pensábamos que estaban vivos.

Mónica: Vos te salvaste por un pelito.

Ana Isabel: Realmente fue gracias a los niños y a la señora que se le desgajó la quijada. Leticia se salva también porque no llega a tiempo a la reunión, y Fanor porque va tarde a la reunión, y es el que nos avisa que va la Guardia.

Por eso es que cuando se da la insurrección, el mismo plan que habían diseñado los “Héroes de Veracruz”, nosotros lo implementamos; con la única salvedad que, para abril de 1979, la Guardia no estaba en el Banco Central, pero ya para la insurrección sí. Eso lo hacen a raíz de una emboscada que hace “El Chele Marcos” Oscar Cortés, con Luis Manuel Toruño, el famoso “Charrasca” de León. La famosa emboscada Pedro Aráuz Palacios.

Mónica: Decía Hugo Torres que “Charrasca”, más que valiente, era temerario. Que “Charrasca” persiguió a balazos por los patios de León al esbirro “Chele Aguilera”. Él se salvó de muchas situaciones peligrosas y balazos que le pegaron.

Ana Isabel: Audaces, increíble la audacia. Ellos eran de la zona de San Felipe y yo trabajaba en Sutiava y El Laborío, y hacíamos competencias en emboscadas. Nosotros hicimos una emboscada en San Pedro, ellos hicieron la Pedro Aráuz. Era una competencia de barrio a barrio.

En la insurrección, a la primera tanqueta que se recupera en León se le pone el nombre de Araceli y al primer tanque Sherman se le puso Róger. A un cañoncito de 57 milímetros que se recuperó en un jeep BECAT, el 19 de junio cuando se toma el Comando y se controla ya todo León, se bautizó como “Chinto”, que era el seudónimo de Carlos Manuel. Todo relacionado con los compañeros de Veracruz.

Ustedes saben que El Fortín de Acosasco es como un cerro todo pelado, y nos costó muchísimo entrarle, sobre todo porque la Guardia estaba bien atrincherada. Leticia Herrera, quien es experta explosivista, llegó en una avioneta con unos tanques de gas con explosivos; pero el piloto tenía tan mala puntería, que cayeron en otro lado y no en El Fortín. Entonces decidimos usar el famoso cañoncito “Chinto”. Recuerdo que estábamos en una casa por el Cementerio General Guadalupe, de León, frente al Fortín. Era la casa de un colaborador y estábamos estrenando el “Chinto”. Con el disparo del primer morterazo del cañoncito, comienza a caer polvito de la casa, con el segundo más polvo, y con el tercero, se desplomó toda la casa.

Mónica: O sea que la onda expansiva del cañoncito afectó la casita.

Ana Isabel: Afectó toda la casa y se desplomó por completo; después nos ahogábamos en polvo.

Mónica: Lamentablemente, tenemos que despedirnos, Ana, pero como siempre pedimos un mensaje para nuestros oyentes.

Ana Isabel: El mensaje que le daría a los jóvenes es que uno tiene que comprometerse en la vida desde sus diferentes niveles, ya sea como estudiante de secundaria, comprometerse a ser responsables. Nosotros vemos que a veinte años, las condiciones siguen siendo las mismas. Hay acciones que se pueden hacer como cristianos, como revolucionario cristiano o no cristiano. Puede uno tener una acción social de ayuda.

Hay que rescatar los valores de la solidaridad, del verdadero valor de la amistad, de la hermandad, el compañerismo que nosotros vivimos y que se ha perdido en las generaciones. Con tristeza lo digo, y hay que rescatarlo, vivirlo, porque la vivencia es lo que te permite darle esa continuidad, el mantenimiento de esos valores enormes que tenemos.




10 de julio de 1999






NOTAS


1 Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, inmigrantes italianos, zapatero y vendedor de pescado, respectivamente, fueron dos luchadores anarquistas acusados injustamente de un crimen, y ejecutados en la silla eléctrica, en la ciudad de Boston, Estados Unidos. Se convirtieron en símbolos de la lucha por la justicia.

2 Fanor Urroz cayó el 18 de julio en Nagarote, después de la toma de ese poblado.

Últimos comentarios del relato
  • Eliar Calero :

    Honor y Gloria a nuestros Heroes y Mártires que ofrendaron sus vidas por la Patria, gracias a ellos hoy en dia vivimos tiempos de Paz, son un ejemplo a seguir, me siento orgulloso de ser Nicaraguense.

    12 Apr, 16
  • Eliar Calero :

    Honor y Gloria a nuestros Heroes y Mártires que ofrendaron sus vidas por la Patria, gracias a ellos hoy en dia vivimos tiempos de Paz, son un ejemplo a seguir, me siento orgulloso de ser Nicaraguense.

    12 Apr, 16
  • Gonzalo Mendiola Urbina :

    Bendiciones a todos, fui combatiente del FORLP, mi jefe fue el chele Marcos, estuve a cargo de la escuadra de la emboscada en la entrada a Salinas Grande, carretera León Managua, en esa emboscada se capturo un tanque sherman y yo le emtregue a la compañera Isabel Morales los listados de los compañeros integrantes de la escuadra, el tanque fur llevado a León y si mal recuerdo los bautisaron como "Toño"

    24 Feb, 16
  • Admin :

    Gracias por tu aporte!

    21 Jun, 16

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