Memorias de la lucha Sandinista

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La participación de las mujeres: Recuento histórico


Mónica Baltodano 

Cuando recordamos la larga lucha del pueblo sandinista contra la dictadura somocista, con frecuencia se in visibiliza o se pone en planos irrelevantes a miles de sus protagonistas. Se repiten siempre los mismos nombres, particularmente de hombres, como sus principales actores. 

En estos días se ha agolpado en mi memoria una lista enorme de las anónimas o muy poco reconocidas protagonistas. Si quisiera hablar un poquito de cada una, en particular de las que conocí personalmente, tendría que llenar demasiadas cuartillas. Pero antes que la memoria me haga malas pasadas, he querido al menos hacer un rápido recuento de ellas, para motivar al lector a no dejar que sus nombres sean olvidados; y también a que otras mujeres escriban sobre su contribución a la lucha. 

Una de las primeras mujeres asesinadas después de la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), fue la sindicalista y militante del Partido Socialista de Nicaragua (PSN) Lidia Maradiaga, en Santa Rosa del Peñón, el 22 de abril de 1966. En la militancia clandestina sandinista, la combatiente que cae primero es Luisa Amanda Espinoza, de origen proletario, en León, el 3 de abril de 1970. Tenía entonces 22 años.

La mayoría de las campesinas asesinadas y violadas en la montaña han quedado en el anonimato. En el año 1970 la tiranía desató grandes oleadas represivas. En la cronología del Instituto de Estudio del Sandinismo (IES), 23 años de lucha sandinista, se registra que en el mes de enero de ese año la Guardia Nacional asesinó en Wamblán, Jinotega, a diecinueve personas de la familia Moncada. ¿Quiénes eran? ¿Cuáles eran sus nombres? En esos mismos días, en Kilambé, guardias del régimen violaron a dos muchachas de la familia Martínez.

El 9 de mayo de 1974 es asesinada la campesina María Castil, incorporada en la montaña desde años atrás a tareas clandestinas. En 1975 asesinan a un grupo de doce campesinos acusados de colaborar con la guerrilla, entre ellos María Felicia de García, su esposo Luis y un hijo de siete meses; Abelina Muñoz de Martínez, junto a su esposo Lucío Martínez, y Teresa Zeledón. En otro lugar, asesinan a los niños Luciano y Mateo Páiz.

El 2 de agosto de 1975 es descubierta una escuela guerrillera, y entre un importante grupo de militantes, cae Arlen Siú, la dulce chinita jinotepina proveniente de los movimientos cristianos, mujer con una gran capacidad de análisis. Poseía, además, una linda voz y creatividad como compositora y cantante. Ya había creado una canción denominada María Rural, y arreglado otras para adecuarlas a la lucha sandinista, por ejemplo, La caja de mi guitarra, o coplas revolucionarias que cantaba Daniel Viglietti, que entonamos juntas en conciertos estudiantiles, leyendo los nombres de nuestros caídos, en lugar de los nombres de los muertos en la Resistencia Española, a como decía la canción original. Arlen tenía 21 años cuando cayó en El Sauce.

En ese mismo día 2 de agosto, es asesinada Julia Herrera de Pomares, originaria de El Viejo, esposa de Germán Pomares. Era una mujer decidida que se había incorporado al FSLN desde el año 1973, en que se reanuda el trabajo en Chinandega. El testimonio de Germán Pomares Herrera, dice que Julia, su madre, fue entregada a la Guardia por un amigo de la casa. Fue capturada viva y asesinada, y como siempre, la GN emitió un comunicado mentiroso diciendo que ella había muerto en combate.

Mildred Abaunza era investigadora social y una de las colaboradoras más firmes de la red de Tomás Borge. Ella muere en combate con una patrulla de la Guardia, el 4 de febrero de 1976, mientras Tomás es apresado.

Hay dos chavalas militantes que murieron en accidentes de tránsito, no pudieron ser reivindicadas de inmediato, aunque murieron en misiones revolucionarias. Las dos eran del movimiento cristiano: Lourdes Mayorga e Ileana Gómez. Ambas fueron ejemplares, llenas de mística revolucionaria.

Lourdes muere en Managua el 6 de mayo de 1973, bajándose de un bus en la parada de la Universidad Centroamericana (UCA). En el comunicado del asalto a la casa de Chema Castillo, fue reivindicada como militante sandinista.

Ileana Gómez muere en un accidente el 29 de enero de 1975, tenía entonces 21 años. Ileana transportaba parte del archivo del Movimiento Cristiano y papeles del FSLN, los cuales se regaron en el lugar del accidente. Ello alertó a la Oficina de Seguridad Nacional (OSN), que luego desplegó una represión brutal contra su familia. Sus amigos y amigas no pudieron asistir al sepelio por orientaciones militantes, para no ser detectados, y eso multiplicó las circunstancias dolorosas de su muerte.

En mayo de 1976 asesinan a Doña Juana María Montoya, esposa de Bonifacio Montoya, ambos campesinos colaboradores desde tiempos de Sandino, en Totogalpa. Juana María fue asesinada por la Guardia en su propio ranchito. La viejita estaba hirviendo agua para hacer café negro, cuando el Teniente que jefeaba la patrulla le dijo: –Vieja hija de puta sálgase para afuera. La viejita le contestó: –Salga usted, miserable. Agarró la jarra de agua caliente y se la aventó, quemándole el pecho. Ahí mismo la ataron a un árbol y la asesinaron junto a Don Bonifacio, “Bacho” Montoya, y un hijo de ambos de nombre Sebastián.

De Claudia Chamorro puedo decir que además de bella, tenía un gran corazón y una impresionante capacidad física. Fue de las pocas mujeres de la ciudad que aguantó la montaña, porque además, estaba llena de convicción y tenacidad. Cayó el 9 de enero de 1977 a la edad de 22 años. Fue un año en que las fuerzas represivas del régimen capturaban y asesinaban sin miramientos.

Merceditas Avendaño era una extraordinaria obrera de León, vivía en el Barrio El Laborío, hermana de Julio, quien cayó en la montaña. Merceditas pasa a la clandestinidad para ser parte del comando que asaltó la casa de Chema Castillo, pero finalmente no participó porque se enfermó durante los entrenamientos. Merceditas tenía 22 años cuando cayó en una casa de seguridad, en las inmediaciones de la Iglesia Monseñor Lezcano, el sábado 14 de mayo de 1977. Ahí mismo cayó la intelectual Angelita Morales Avilés, de 28 años, quien tenía un importante nivel académico. En La Habana formó parte del equipo de Carlos Fonseca que investigaba sobre Sandino. Jaime Wheelock le hace este reconocimiento a Angelita en la introducción del libro Viva Sandino. También sabemos que parte de la fase investigativa para elaborar el libro de Humberto Ortega, 50 años de lucha sandinista, fue realizado con la minuciosa y científica eficiencia de esta mujer. En este mismo día cayeron Luz Marina Silva y Candelaria Ocampo, quien era campesina, y tenía una hermana que cayó en Rivas durante la Ofensiva Final1.

El 17 de octubre de 1977, como parte de un mismo operativo, caen en las inmediaciones del Cine Cabrera, Managua, las compañeras Martha Angélica Quezada y Genoveva Rodríguez. Martha Angélica estudiaba en el Colegio La Pureza, de León, con una de mis hermanas, cuando la reclutamos para el Frente en el año 1973. Entonces tenía 15 años, había llegado de La Paz Centro, era menudita y de lindas formas juveniles, con su pelo negrísimo y brazos velludos. Se integró con absoluta pasión. Cuando me fui a la clandestinidad, ya era un cuadro importante que trabajaba en tareas clandestinas. Volví a saber de ella años después, pero sólo la vi en las fotografías del periódico, ya muerta, cuando yo estaba en la cárcel.

Junto a Martha Angélica murió Genoveva Rodríguez “Juno”, quien había sido reclutada por Luis Alberto González en Estelí, e incorporada a las tareas revolucionarias en 1976. Fue trasladada a Managua para reforzar tareas clandestinas.

Cuando salí de la cárcel conocí a una chelita, quien había pasado a la clandestinidad después de las jornadas de 1977 en Estelí: Urania Zelaya Úbeda. Era una niña valiente y terca de no más de 17 años.

Mientras algunas ciudades se insurreccionaban, en Managua se realizarían ataques a la Guardia. Dentro de esos operativos Urania decidió hacer un ataque a una patrulla en el Reparto Las Palmas. Se fue con todo el equipo de la Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES), se tomó una casa, pero con tan mala suerte que el dueño, un soplón, avisó inmediatamente a la Guardia. Casi todos cayeron. Fue un duro golpe para nosotros. Lloré desconsoladamente por su muerte y la de los otros niños. Era el 18 de septiembre de 1978.

María del Pilar Gutiérrez “Pilú” o “Jessica”, se había integrado a los movimientos estudiantiles a finales de 1974. Es de la misma generación de Miriam Tinoco, con quien compartió jornadas de lucha. Fue incorporada a las estructuras clandestinas y cayó en San Benito, Chinandega, el 31 de octubre de 1978, antes de cumplir 21 años. Sus padres y hermanos se habían marchado hacia Panamá, pues sufrían por los cateos de parte de la GN, así que a Mayra Gallo le correspondió recuperar su cadáver y sepultarlo.

El primero de enero de 1979, en el barrio Waspán, Managua, la Guardia asesina a cinco compañeros, entre ellos dos mujeres, Bertha Díaz y Martha Gioconda García. Ellas pertenecían a las Brigadas Populares. América Libertad Vidaurre describe a Bertha como una combatiente de primera calidad, rápida en la acción y con un gran coraje.

La dictadura no sólo se ensañaba en las que combatían con las armas en la mano. Mercedes Peña murió en la Colonia Centroamérica en marzo de 1979, asesinada por la GN de Somoza luego que ella protestara en la puerta de su casa tocando cacerolas. Estas jornadas pacíficas y cívicas eran impulsadas por la Asociación de Mujeres ante la Problemática Nacional (AMPRONAC) y el Movimiento Pueblo Unido (MPU). Su hijo Lenin Peña cayó en San Carlos en enero de 1979.

Silvia Ferrufino nació el 27 de abril de 1943, y desde que comenzó a trabajar en el Hospital El Retiro, se involucró en las luchas por los derechos de los trabajadores. Participa primero en la Huelga del Pan Duro. En 1973 en la huelga nacional de Trabajadores de la Salud, y en 1974 en la huelga histórica, por medio de la cual consiguieron el primer convenio colectivo a nivel nacional. En julio de 1978, buscando el cumplimiento del convenio, realizan otra huelga nacional que fue reprimida por la Guardia, siendo despedidos miles de trabajadores de la salud.

En enero de 1979, Silvia participa, junto a otros compañeros de la Federación de Trabajadores de la Salud (FETSALUD), en una huelga de hambre en demanda del reintegro de dos mil colegas suyos de los hospitales, que habían sido injustamente despedidos. Silvia se mantuvo inclaudicable en la huelga durante 33 días, hasta que entró en un deterioro irreversible de su salud. Los médicos la sacaron del local de la Cruz Roja, llevándola a casa de sus padres, en Jocote Dulce. Su agonía se extendió hasta el 25 de mayo de 1979. Antes de morir reafirmó que estaba convencida de que su sacrificio no fue en vano.

Martina Alemán cayó en León el 29 de marzo de 1979, mientras participaba en un operativo llamado ¡Viva la Unidad Sandinista!, cuando fue abatida por el disparo de un guardia en las inmediaciones de la esquina de los bancos. Nació el 5 de noviembre de 1957 en Matagalpa, siendo sus padres Elsa y Alfonso Alemán Montoya. Se había bachillerado en el Instituto Eliseo Picado, en donde se involucró en las luchas estudiantiles. Fue fundadora de la AES y participó en la insurrección de los niños, en agosto de 1978 en Matagalpa. Se fue a León junto a otras muchachas de Matagalpa que se replegaron después de esa insurrección. Martina se matriculó en la Facultad de Medicina, pues, como dicen sus padres, le gustaba el estudio, aunque ya estaba comprometida en la lucha. Hacía vida semi-clandestina, incorporada en la unidad de combate Benito Castillo, Escuadra Otto Casco.

El 13 de abril de 1979, en Estelí, con el doctor Alejandro Dávila Bolaños, es asesinada la enfermera Clotilde Moreno. Tres días después, en León, sufrimos las muertes de casi toda la Dirección de la Tendencia Insurreccional, en el Reparto Veracruz. Ahí cayó la compañera mejicana Araceli Pérez2, así como Idania Fernández. Araceli había dejado profesión, trabajo y estatus, en México, para integrarse a la lucha desde 1976. A Idania la conocí en el movimiento cristiano de Managua, cuando aún estudiábamos secundaria, yo en el Colegio La Pureza y ella en el Colegio Francés3.

Mientras se producía la segunda insurrección de Estelí, “El Danto”, al mando de la columna Oscar Turcios, avanzaba en un intento de tomar Wiwilí. El intento falló porque la Guardia estaba alertada y se había emboscado. En ese intento cayó combatiendo, en La Polvosa, Wiwilí, el 15 de abril de 1979, Laura Sofía Olivas Paz, quien nació el 11 de junio de 1963. No había cumplido 16 años. Laura Sofía era hija de José Mateo Olivas y María Elsa Paz, colaboradores del FSLN que conocí y visité en esa zona varias veces. José Mateo Olivas cayó preso en la represión de 1975. A Laurita la conocí cuando ella tenía 12 años. Ella se involucró en tareas del movimiento estudiantil y se había contactado con los grupos guerrilleros que operaban en el entorno, incorporándose a la vida guerrillera en octubre de 19784.

En mis andanzas por Ocotal en el año 1975, también conocí a otra niñita que luego caería. Era hija de la profesora Rosario Antúnez, una colaboradora incondicional de nuestra lucha, portadora de altos valores y de una gran firmeza. Yelba María Antúnez “Verónica”, al cumplir 16 años ya formaba parte de la columna Jacinto Hernández. Cayó el 17 de mayo de 1979 con casi todos los integrantes de esta unidad militar, en lo que se conoce como la masacre de Nueva Guinea.

Nunca se deberá olvidar lo que se conoció como la masacre de Condega, ocurrida el 3 de mayo de 1979, donde la Guardia asesinó a los matrimonios de Aura Velia González Almendárez y Juan Francisco Guillén, y a Vilma González Almendárez y su esposo, el profesor Julio César Castillo Ubau, además a la pequeña mártir, la niña Rebeca Guillén González, de once años, única hija de Aura Velia y Juan. Las dos hermanas González estaban organizadas en AMPRONAC, y habían sido activas dirigentes en el norte. Cuando asesinaron a su hermano, el ingeniero Raúl González, con coraje ellas denunciaron públicamente la brutalidad de la Guardia.

Marlene Lagos fue asesinada en el Cerro Cuba, donde vivía junto a su único hermano, y su madre Isadora Lagos. Marlene, junto a Luisa Centeno, realizó trabajo organizativo de base en las zonas donde operaría la unidad de combate Bonifacio Montoya, en las comunidades de El Jocote, El Bramadero y Las Cuchillas. Todos lugares que sirvieron de entrenamiento y posteriormente como campamentos guerrilleros, como el Cerro Cuba, en la construcción de la Ruta Sandino, hacia el Kilambé.

En El Viejo se incorporaron muchos sandinistas en las distintas etapas del combate, pero la familia Real Espinal dio hombres y mujeres valiosos. Dos de ellas cayeron en la lucha: Nydia Espinal y Aura Rosa Espinal5. Nydia formaba parte de la unidad de combate que jefeaba Luis Alberto González, y fue asesinada junto a él, cuando ambos venían de realizar trabajo organizativo en la comarca Los Lechecuagos. Fue el 24 de mayo 1979 a las cuatro de la mañana, en el Barrio El Coyolar6.

Ese mismo día fue asesinada Ruth Rodríguez. “Cayó cuando estábamos en un festival ahí en la Nacional de Comercio en Granada. La Guardia llegó y le pegó un balazo en la cabeza y nos agarró y por nada nos elimina a todos”7.

El 28 de mayo de 1979 más de cien guerrilleros de la columna Pablo Úbeda se toman Bonanza y Rosita. Al replegarse hacia las montañas, se van con ellos cientos de pobladores, en especial jóvenes estudiantes que se sumaron a la lucha. Días después se produce una masacre contra estos jóvenes desarmados y mueren más de sesenta muchachos, es la masacre de La Rampla. Entre los pocos nombres de mujeres caídas que hemos podido recoger está el de Lucía Montoya Zeledón. Esta masacre no está registrada en ninguna cronología y es un desafío incorporarla como parte de la historia de lucha de todo el pueblo por su libertad8.

La estudiante goyenista Ruth del Carmen Palacios fue masacrada y su cadáver tirado en la Cuesta del Plomo, hoy Cuesta de los Héroes y Mártires. Ruth también era bailarina, y durante un tiempo una compañía de ballet folclórico llevó su nombre. “Le cortaron sus pechitos, la masacraron junto a su hermano también joven goyenista, todo porque no denunciaron al otro hermano de ellos, que era maestro del Goyena y que con orgullo se fue a la lucha también”9

El 2 de junio debía comenzar la insurrección de Chinandega. Ese día, en el Barrio La Cruz cayó Silvia Marlene Ramírez Tapia, una compañera de Masaya que se fue a vivir con su familia a las calientes tierras de occidente. Tenía varios años de laborar en la organización del trabajo clandestino. Según Quxabel Cárdenas, era una compañera abnegada y eficiente. El día fijado, cumpliendo la misión de reconcentrarse para actuar, fue masacrada más de una docena de combatientes. Ahí cayó combatiendo la valiente Silvia Marlene “María de los Ángeles” o “Paola”. “Cayó en Chinandega, murió peleando desangrada con su pierna herida”10. Y junto a ella cayeron más de diez compañeros, incluyendo a otra muchacha de nombre Matilde Chavarría.

Lucrecia Lindo cayó el 3 de junio de 1979. Era bella, dulce, una mujer revolucionaria. Encarnaba los ideales por los que luchábamos, porque no admitía dobleces ni ambigüedades. En lo político, en lo moral, en la consecuencia con lo que predicábamos. Lucrecia se había incorporado primero a los movimientos cristianos, y al llegar a León a estudiar Medicina, fue reclutada para el FSLN. Siguió contribuyendo mientras terminaba su carrera, cuidando a su hijo, pues quedó embarazada de Luis Chávez, antes que éste saliera para Cuba a entrenarse en medicina de guerra.

De pura casualidad la encontré poco antes de su muerte. Era previo a la insurrección, y nos movíamos descaradamente de día en la calle principal de Altamira. Yo iba disfrazada con una larga peluca, y al cruzarnos nos reconocimos inmediatamente. Nos dimos un largo abrazo y lloramos lágrimas de alegría. Me contó que tenía un niño, Luis Jonathan, de más de dos añitos, y que andaba dejándolo en casa de un familiar, porque se iba a la clandestinidad. Yo le conté que había tenido en Estelí a mi niño Pancasán, y que él estaba con mi madre. Éramos dos mujeres comunes y corrientes hablando de sus hijos, que tenían casi la misma edad, y de sus dolores. De ahí, Lucrecia partió hacia la muerte11.

Aura Ortiz, estudiante de Periodismo, se comprometió sin ninguna reserva. Reclutó a su esposo Ramón Cabrales, con quien tenía un niño. Se fue a la clandestinidad, primero en El Viejo, Chinandega, y luego en Carazo. Mientras se inicia la insurrección de Diriamba, a ella le correspondió contener a los refuerzos que saldrían de Jinotepe. Ahí cayó combatiendo el 7 de junio de 1979 en la torre de los bomberos.

Después de contactarse con Harry Chávez en la Colonia Nicarao, y en plena insurrección, murió María Linnette Martínez “Rita”, una morena de esbelto cuerpo y gran capacidad organizativa. Era responsable del Reparto Schick. No preciso la fecha exacta de su muerte. Su nombre tampoco aparece en las cronologías del IES. En la Nicarao dicen que hay un “Callejón de las Marías”, porque además de María Linnette, también cayó ahí María de los Ángeles Moreira.

En Masaya, en el Paseo La Reforma, el 6 de junio es detectada una casa de seguridad y mueren once compañeros integrados a la escuadra táctica de combate que atacaría el Comando de Masaya para iniciar la ofensiva final en esa ciudad. Entre ellos estaba Laura Caridad Espinoza Sánchez.

Debido a que los combatientes tuvieron que replegarse temporalmente de la ciudad de Masaya la tarde del 8 de junio, la Guardia se ensañó en la indefensa población. El 19 de junio la GN asesina a la valiente enfermera Rafaela Padilla, quien era colaboradora e iba a su trabajo en el hospital. Los muchachos habían tenido que replegarse unos días, y algunos estaban heridos en el hospital. Rafaela llevaba ropa para varios de ellos. La capturan, la llevan al Colegio Salesiano y después de ultrajarla brutalmente, la asesinaron a sangre fría.

La insurrección de León comenzó el 4 de junio. Para impedir los refuerzos se instalaron varias emboscadas de contención. En Quezalguaque, en un sitio llamado La Pedrera, cayó Verónica Lacayo el 9 de junio. Era hija de Rafael Lacayo y doña Alicia Peñalba, de los primeros colaboradores del FSLN.

Después del ataque a Jinotega y de la caída de Germán Pomares, el 11 de junio de 1979 se produjo un combate en Asturias y cayeron ocho compañeros, entre ellos, Ivania Gutiérrez Rizo. La oyente que nos brindó esa información señala que capturaron a un hijo de Francisco Zeledón Herrera, otro de los caídos, que apenas tenía diez años, y lo torturaron salvajemente poniéndole chuzos eléctricos en el ano.

En ese mismo sector, el 10 de junio, junto a un grupo de jóvenes, Lilia Velásquez Garay es capturada. A todos les aplicaron brutales torturas hasta matarlos.

Una militante y combatiente sandinista de la columna Catalino Flores, Lina Herrera, murió en la toma de Jinotega de mayo de 1979, cuando cayó Germán Pomares “El Danto”, al ser impactada terriblemente por un tanquetazo de la Guardia, en las inmediaciones de la bodega de la MILCA.

En Managua, la Guardia se ensañaba principalmente con la población desarmada. Domitila Lugo fue asesinada la noche del 9 de junio frente a sus vecinos en el barrio que hoy lleva su nombre. Mientras el 10 de junio Rosa Emilia de González, enfermera del Hospital Vélez Páiz, fue asesinada en Bello Horizonte, cuando intentaba poner una estufa como barricada.

Los barrios occidentales se levantaron al llamamiento a la insurrección que hacían los combatientes populares. En la resistencia de estos barrios, en el sector de El Cortijo y Linda Vista, cae Lupita Camacho el 10 de junio. Perla María Norori cae también en estos días. Había formado parte del Movimiento Cristiano de León. La recuerdo con su larga cabellera y su rostro grave. En los primeros meses de 1979 la trasladaron a Managua, y le dimos la responsabilidad de los barrios occidentales, donde supuestamente sería el teatro de la insurrección. Nunca he podido precisar cómo murió, aunque me han dicho que cayó en una casa cerca del Cementerio General. No he visto su nombre en las cronologías oficiales del IES. Recién graduada en Medicina, era la compañera de Lumberto Campbell, y habían tenido un niño, Iyas. Recuerdo que cuando me encontré con ella en la casa de Roberto García, platicamos de recuerdos comunes en León, de la lucha, de nuestras esperanzas y de nuestros hijos.

El 13 de junio de 1979, cayó en Managua, Nordia Esther González Hidalgo “Estiliana”, en la masacre de la Colina 110 en el actual barrio Los Laureles. Era parte de la unidad táctica de combate Manuel Fernández. (Agüero Aguilar, Arnulfo: pp. 73).

El 14 de junio, durante la insurrección final, cae en combate en Catarina, Masaya, la monimboseña Martha Navarro “Cony”. Ya había participado en la insurrección de septiembre de 1978, en la que combatió valientemente. Se incorporó con mucha convicción y tenía tanta pasión por el estudio, que operando ya en la clandestinidad, se presentó a la Escuela Normal de Jinotepe a realizar su última prueba, y en 1978 recibió el título de Profesora de Educación Primaria. Junto a Miriam Tinoco había participado en el hostigamiento a Catarina en abril de 1979, y en otros operativos. El día en que cayó, le correspondía participar en la toma definitiva del poblado.

El 15 de junio de 1979, en la masacre de Batahola, murió mi hermana Zulema Baltodano “Claudia”, de 17 años, junto a más de cien jóvenes, incluyendo a decenas de militantes organizados de los barrios occidentales que habían combatido durante varios días, se replegaban hacia San Judas, buscando ir a Diriamba-Masaya u otras zonas liberadas. Tengo una lista de más de cincuenta nombres, entre ellos quiero destacar a las mujeres: Alba Luz Portocarrero “Martha”; Soraya Hassan Flores “Flor”; Jazmina Bustamante Peña “Violeta”; Linda Barreto; Mary José Sáenz “Silvia” y Reina Carballo “Dora”. Todas eran combatientes del FSLN integradas a las unidades populares de las distintas tendencias. Zulema estaba incorporada desde las tareas estudiantiles, y ya había sufrido una carceleada cuando fue capturada a la entrada de Matagalpa llevando fotografías de compañeros caídos en la lucha, que habían sido expuestas en una actividad del FER12.

En el repliegue a El Vapor, cayó la niña de 14 años Gioconda Guevara Delgado, con los compañeros Policarpo Gutiérrez y Tomás Padilla Machado.

Guadalupe Jirón Rodríguez, es otra muchacha asesinada por la Guardia el 16 de junio de 1979, en “El Vapor”. Era oriunda de San Judas y apenas tenía 16 años13.

El 16 de junio, día en que los combatientes de León se tomaron la fatídica cárcel de La 21, encontraron los cadáveres ultrajados de tres mujeres sutiaveñas: Santos Bárcenas, dirigente de los mercados, su cadáver fue encontrado con una bayoneta clavada en su vientre; su hija Lorena Bárcenas, y otra muchacha que era nuera de doña Santos. (Cortés Domínguez, Guillermo: pp. 251).

Bertha Calderón Roque (1937-1979), fue otra enfermera que no sólo participó en las luchas sindicales, como la huelga de julio de 1978, sino que colaboró con la lucha sandinista atendiendo y curando a combatientes.

En su propia casa en el Barrio El Recreo, alojó a guerrilleros heridos y precisamente eso hacía cuando fue denunciada por unos orejas y capturada violentamente el 18 de junio de 1978, junto con un combatiente desconocido. Con visibles heridas y golpes, ambos fueron llevados en un jeep de la GN con rumbo desconocido. Nunca se volvió a saber de ellos. En honor a Bertha, el hospital donde laboraba al morir, fue bautizado con su nombre en el año 1983, y es hoy Hospital de la Mujer, de referencia nacional.14.

No pudimos establecer en qué fecha fue capturada y luego asesinada la doctora Erlinda López de Osorio cuyo cadáver apareció luego en las Lomas de Mokorón. La sede de la Asociación de Mujeres Nicaragüenses Luisa Amanda Espinoza, AMNLAE de Managua, lleva su nombre.

El 20 de junio, combatiendo valientemente en el Parque Central de Estelí, embarazada de su compañero Elías Noguera, cayó la hermosa Fátima Pavón “Johana”. Fátima era originaria de Niquinohomo, tenía tres hermanos y su padre era oficial de la Guardia Nacional. Según relato de la propia Fátima, su padre también era un terrateniente que cultivaba café, que se había apropiado, por la fuerza, de las tierras de varios campesinos. También explotaba a los obreros agrícolas manteniéndolos en la miseria.

Cuando Fátima inicia sus estudios universitarios en 1973, entra en contacto con el FER y participa en actividades de protesta, por lo que su padre la sacó de la universidad. Esto provocó la separación de sus padres, empezaron a tener dificultades económicas y tuvo que buscar trabajo. En uno de ellos, Fátima sufrió chantaje sexual y por ello aceptó trasladarse al Puesto de Salud de La Trinidad, donde se organiza con los demás trabajadores hasta que la detienen por veinticinco días.

En la insurrección de 1978 en Estelí, se incorpora al combate integrándose a la columna Facundo Picado, jefeada por Elías Noguera. En la columna se distinguió por su bravura, disciplina y don de mando, pero también por su espíritu fraterno. Llegó a ser muy querida y respetada por los combatientes, aunque en los entrenamientos era dura y mordaz. En una acción audaz, cayó Fátima Pavón, dejando una gran tristeza en su columna y en su compañero Elías.

Cuando las unidades guerrilleras de León desalojaban a la Guardia del Comando el 20 de junio, se encontraron los cadáveres de dos estudiantes universitarias: Sandra Ríos y Rosa Balladares, estudiante de Farmacia. Las circunstancias de sus muertes no están claras, porque Rosa había sido sandinista, algunos han señalado que tenía relaciones maritales con el general Gonzalo Evertz “Vulcano”, Comandante Departamental de la GN. En todo caso, su muerte forma parte de la larga lista de mujeres víctimas de la dictadura.

Rosario Luna Quintanilla es una mujer envuelta en una inmensa tragedia. Fue correo sandinista de Efrén Ortega “El Callado”, de Homero Guatemala y Denis Ortega Flores “Macondo”. Capturada por la Guardia, fue torturada brutalmente por el mismo Gonzalo Evertz, entonces comandante GN de la plaza de Jinotega. La metieron en una pila de excrementos, la violaron y le introdujeron objetos en sus genitales. Salió de la cárcel en libertad condicional. Cuando iba a misa, nadie se le acercaba, como si fuera una apestada. Se esparció el rumor de que había sido delatora. Rosario no soportó la tensión y se fue a vivir a Matagalpa, donde se casó por segunda vez. Durante la insurrección de los muchachos en Matagalpa, un grupo de combatientes, entre los que estaban dos jinoteganos, la capturaron y la fusilaron junto a su esposo, estando ella embarazada. Los cadáveres quedaron a media cuadra de su vivienda en el Barrio El Progreso. Pese a las sombras que rodearon su personalidad, Rosario fue una luchadora anti-somocista cuando pocas personas se integraban directamente al Frente Sandinista15.

El 23 de junio, en plena insurrección, caen en Managua, en el combativo Barrio Santa Rosa, la combatiente sandinista y enfermera Francisca Delgado Nayre, su hija Dominga y su hermana Marina.

El 28 de junio de 1979 fue un día contradictorio. Mientras miles de combatientes y el pueblo que los sigue llegan a Masaya en el repliegue táctico, más de cincuenta combatientes populares desarmados, caen víctimas de rockets y ametrallamientos de parte de la GN. Entre esos nombres encontramos el de mujeres como: Martha Lucía Corea, Cela Patricia Amador Cisneros, Marlen de Fátima Aguilar Usaga, Marlene Mena Peña, María Teresa Orozco Peñalba y Gioconda Sequeira Vega16.

Miriam Tinoco Pastrana era una luchadora aventajada, sobrina de Carlos Tinoco, caído en Pancasán. Su padre Ricardo Tinoco y su mamá Dora Pastrana fueron colaboradores desde antes de la gesta heroica de Pancasán, brindando refugio a Carlos Fonseca, José Benito Escobar, Jacinto Baca, Camilo Ortega, entre otros.

En 1974 Miriam se integra a realizar tareas organizativas y conspirativas. Trabaja en la organización del Movimiento Estudiantil de Secundaria (MES), y ahí mismo integra a su hermano menor Julio César Tinoco “Róger”, quien cae en la retirada de la insurrección de 1978 en Chinandega. Miriam formó parte de las columnas que se entrenaron en Honduras y penetraron a Nicaragua en octubre de 1977, realizando la emboscada de San Fabián y otras operaciones del Frente Norte17. En septiembre de 1978 participa en la insurrección de Chinandega y forma parte de los contingentes que salen hacia Honduras. Retornó al país y luego pasó a trabajar a Masaya. Participó en importantes acciones como el ataque a Catarina en abril de 1979 y en el asalto a una sucursal del Banco Nicaragüense a la que penetró ella sola. En la insurrección final tuvo una destacada participación y se distinguió por su valor y firmeza. Cayó junto a sus entrañables hermanos Paúl González y César Augusto Silva el 7 de julio de 1979, abatida por las balas de un grupo de militares del Consejo de Defensa Centroamericano (CONDECA).

Carolina Osejo Sacasa “Melina” cae heroicamente en los ataques de Villanueva, protegiendo la retirada de sus compañeros aproximadamente el 7 de julio de 1979, en el sitio denominado Cerco de Piedra. (García Meza, José Domingo: pp. 139).

El 15 de julio se produjo la toma de Villa Salvadorita, hoy Villa 15 de julio. En un cruento combate en el que la Guardia tuvo muchas bajas, las fuerzas sandinistas tuvieron once heridos y dos muertos, entre ellos, Jamileth, una compañera de Villanueva.

Mujeres caídas en Masaya en las masacres de la Guardia, en bombardeos o circunstancias que no pude identificar, son: Verónica López, Nubia López, Yadira Sequeira, Auxiliadora Vega, Coronada M. viuda de Cortez, Ana Mercado, Rosa Antonia Useda, Xiomara y Carolina Miranda Salas, María Auxiliadora Vásquez y Auxiliadora de Dávila18. Marta Conrado “Susana” o “Susi”, combatió heroicamente en el Frente Sur, donde fue capturada y vejada brutalmente por la Guardia, que la torturó hasta la muerte.

Lourdes Auxiliadora Guzmán Bolaños se había incorporado al FER (ML) Proletario en el año 1976 y después del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro es trasladada a Masaya. Participa como combatiente armada en la insurrección de febrero en Monimbó. Forma parte de los Comandos Revolucionarios del Pueblo (CRP), y participa en acciones de recuperación, así como de ajusticiamiento de esbirros somocistas.

Participa en la toma y quema de la desmotadora SAIMSA, en Masaya. Debido a dificultades en la retirada, es herida de un machetazo en el brazo y capturada por los jueces de mesta. Fue trasladada prisionera al Hospital Militar, y posteriormente recluida en las cárceles de La Aviación, hoy Complejo Ajax Delgado, en Managua, donde permanece hasta inicios de diciembre de 1978. Por problemas de comunicación, su nombre no fue incluido en las listas de prisioneros a ser rescatados por la operación de asalto al Palacio Nacional el 22 de agosto de 1978. Por ello, junto a otros prisioneros sandinistas, sale de la cárcel debido a la presión social que obliga al régimen a dictar un decreto de amnistía a finales de ese año, y es trasladada a la meseta de los pueblos, donde fue reconocido el coraje y arrojo de la “Comandante Martha” en el enfrentamiento militar.

En junio de 1977 como jefa de pelotón de la columna Bosco Monge, participa en la toma y liberación de la ciudad de Diriamba, y luego de su toma el 20 de ese mes, persigue a grupos de guardias que van en retirada. En estos combates es herida gravemente en el cuello, tráquea, pecho y brazo. Con el apoyo de la población, Cruz Roja y estructuras del FSLN, es trasladada en estado grave a Managua. Logra sobrevivir y luego es atendida en Cuba y la URSS. Logran salvar su vida pero no recupera la voz, que aún resuena, y muchos recuerdan su potente grito en el Auditorio 12 de la UNAN: ¡Todos contra la dictadura! Después de muchas intervenciones quirúrgicas y padeciendo de innumerables secuelas, finalmente muere el 19 de septiembre de 1985. (Escrito por sus hijos Myoska y Miyoli Payán Guzmán, a solicitud de la autora).

Un desafío para que vivan siempre entre nosotros

La lista de los hombres y las mujeres que cayeron en combate o fueron asesinados no ha podido ser reconstruida. No se trata sólo de recobrar los nombres sino de conocer un poco de sus biografías y las circunstancias y fechas de sus muertes. Eso requiere de un trabajo que sólo podría completarse a través de monografías municipales. En mis investigaciones encontré que sólo en algunos gobiernos locales han realizado un esfuerzo de reconstrucción de los principales eventos de la lucha contra la dictadura, a través de grupos focales, entrevistas en las comunidades y consultas con periódicos de la época. Un ejemplo en ese sentido es el municipio de Condega. Además de Vilma y Rosa Velia González, la niña Rebeca, Marlene Lagos e Isidora Lagos, de las que hemos hablado, cayeron en ese municipio: Romelia Ruiz, Mildred Centeno, Juanita Vizcaya, Milagros Catín, y Mercedes Galeano.


Las que sobrevivimos: Las primeras

Antes que se fundara el FSLN, sobresale la doctora Concepción Palacios, relacionada desde México con los semilleros de revolucionarios, las células de estudio y los movimientos precursores del FSLN, en particular El Chaparral y el Frente Revolucionarios Sandino (FRS).

Hortensia Tijerino, la Tenchita, en Tegucigalpa, siempre fue refugio para los sandinistas, comenzando por el general Ramón Raudales, el coronel Heriberto Reyes, Julio Alonso Leclaire y tantas generaciones de luchadores contra la dictadura.

Lila Aguilar y Auxiliadora Parrales fueron combatientes del Movimiento 11 de noviembre, que protagoniza los cuartelazos de Jinotepe y Diriamba en 1960, y luego se incorporaron a tareas de apoyo en el FSLN, durante sus largos años de resistencia. Comprometidas de manera integral con lo que se conoce como “La generación del 23 de julio”, destacamos a la doctora Vilma Núñez de Escorcia, y la doctora Haydee Flores, esta última experta en Derecho Agrario, maestra de maestros, y a quien, a mi juicio, se les debía otorgar al menos la Orden Carlos Fonseca.

Tina Fonseca, mamá de Carlos Fonseca, no fue ajena a su compromiso y lucha. Nunca le exigió que se retirara, y le acompañó moralmente, como fue también el caso de la esposa de Carlos, María Haydee Terán, quien siempre apoyó al FSLN.

Velia Peralta, la ejemplar, firme y fraterna luchadora militante que realizaba todas las tareas que le encomendaban. Entregó tres hijos a la lucha: David y René Tejada Peralta, y luego a Erving Vargas Peralta “Ernesto”, quien después de combatir exitosamente en el Frente Sur, quedó incorporado al Ejército Popular Sandinista (EPS) y cayó junto al comandante Vanegas en un helicóptero derribado por la contrarrevolución, cuando sobrevolaban Pantasma. Erving tenía el grado de Capitán.

Doña Nicolasa Escobar, quien laboró conmigo en la Casa de Gobierno después del triunfo del 19 de julio, no sólo fue hermana de José Benito e Inocente Escobar, sino que ella misma era una luchadora inclaudicable junto a su madre, la viejita Irene de Escobar.

De las primeras mujeres de la fase 1960-1979, hay que decir que para mí siempre jugó un rol moral Doris Tijerino. La vimos varias veces en la universidad, junto a Ricardo Morales, pero sólo pude conocerla a fondo después del triunfo. Así conocimos también a Gladys Báez, que siempre nos cautiva con sus sonoras carcajadas y su sencillez a prueba del poder. Otra mujer de una gran firmeza hasta hoy, es Rosi López Huelva, quien es una fundadora sobreviviente del FSLN. De esta primera cosecha es también la luchadora inclaudicable Michele Najlis, dirigente estudiantil, poeta y a quien tenemos presente desplegando una manta en el Estadio Nacional, junto a otros, para decir: Basta ya, no más Somoza. Y luego, como parte del grupo sandinista que participa en la marcha del 22 de enero de 1967.

De éstas primeras es también Olga Avilés “La Tía”, quien tuvo responsabilidades y jefaturas importantes en esa etapa, incluyendo su participación en el comando de la operación Diciembre Victorioso que tomó por asalto la casa de Chema Castillo, por lo que siempre he dicho que ella debió ser Comandante Guerrillera. Es precursora también Benigna Mendiola quien, fiel a su origen campesino, hasta hoy sigue luchando por el derecho a la tierra y al progreso en el campo.

Juanita y Ernestina Navarro, así como Luz Danelia Talavera, fueron de las mujeres que siempre estuvieron al lado de la lucha desde los primeros años de la década de los sesenta.

En el movimiento estudiantil también fueron pioneras Marlen Chow y Mayra Vega, y también en tareas clandestinas. Ocupa una página importante en esa primera etapa María Esperanza “Tita” Valle, quien estuvo mucho tiempo asilada después de una operación militar contra el teniente José Ernesto Abaunza Whitford, en abril de 1970.

Una de las colaboradoras más firmes, de las que aportaba casas de seguridad a Carlos Fonseca, es Mariana López, su esposo don Peter Avilés, y todas sus hijas, entre ellas Flor Avilés. Por ahí pasaron los más importantes cuadros del FSLN. Cuando Carlos Fonseca entró por última vez a Nicaragua, estuvo varios días en esa casa que luego usamos William Ramírez, Glauco Robelo y yo. Otra casa de seguridad histórica, donde estuvo Germán Pomares “El Danto” era de Rigoberto López y doña Coquito de López, situada en Carretera Norte, de Calzado ROLTER como cinco cuadras al lago, por donde murió Selim Schible.

Ligia Trejos, nacida en Costa Rica, se hizo nicaragüense por derecho propio, participó en todas las etapas de esta hermosa lucha, y calladamente en algunas acciones heroicas. En una de esas acciones compartió con Ana María Fuentealba “Rosita”. Ambas fueron parte del comando internacionalista dirigido por Carlos Agüero que rescató a Carlos Fonseca, Rufo Marín y Humberto Ortega de las cárceles de Costa Rica. Las dos, Ana María y Ligia, también formaron parte del equipo de Carlos Fonseca en La Habana. Ligia Trejos también se ha distinguido por su pasión por la historia.

De las primeras colaboradoras fueron Natalia Ramos, Mélida Escobar, Aurorita Rosales y Aurorita Núñez, en León; y en otros lugares, Jeanine Pereira, Lesbia Carrasquilla e Indiana Valle. Yadira Centeno contribuyó, y no sólo en la defensa de los presos políticos, junto a su padre el gran Aquiles Centeno Pérez.

En los años setenta hay que destacar mujeres con altas jefaturas, como Dora María Téllez, no sólo por su papel en el asalto al Palacio Nacional, sino por su participación en el Frente Norte y luego en León, en el Frente Occidental Rigoberto López Pérez. A Leticia Herrera casi no le gusta hablar de su vida, pero a lo largo de los relatos de otros, hemos constatado que realizó importantes misiones, no sólo el Asalto a la casa de Chema Castillo, sino que atendió tareas políticas demostrando una gran calidad en su trabajo.

Norita Astorga fue fundadora de la Asociación de Mujeres ante la Problemática Nacional, y también fue conocida por un golpe espectacular en 1978, como fue el secuestro y ajusticiamiento del general Reynaldo “El Perro” Pérez Vega, un 8 de marzo, coincidentemente, el día Internacional de la Mujer. Pero su principal ejemplo fue la renuncia a una vida cómoda en pos de asumir sin vacilaciones las tareas que se le demandaron. Murió de cáncer el 14 de febrero del año 1988.


Campesinas luchadoras en la montaña: Lo más duro de la guerrilla

Desde los años sesenta en que se realizaron varios intentos guerrilleros, y durante el período de acumulación de fuerzas en silencio, la represión en la montaña tuvo entre sus víctimas a una gran cantidad de mujeres campesinas, muchas de ellas fueron torturadas, violadas y finalmente asesinadas.

Reconstruir la lista de mujeres campesinas partícipes de la lucha y asesinadas por dictadura, es un desafío, porque generalmente en las cronologías no aparecen con sus nombres y apellidos, y en los relatos no son rescatadas en detalle. Son conocidas las denuncias de las campesinas del Cuá, pero antes y después hubo masacres que no se registraron. Sofana es una comunidad que fue desaparecida del mapa, pero no hay datos sobre ella. De las denuncias que se presentaron públicamente reconstruimos la siguiente lista:

“Amanda Aguilar”, cuyo verdadero nombre es Petrona Hernández López, otros dicen que era realmente María de la Cruz Hernández López. Fue cocinera del General Sandino. Su hijo Jacinto Hernández fue uno de los grandes combatientes de la guerrilla de la montaña, miembro de la Dirección Nacional, que cae en combate en 1975. Amanda se desplazaba con agilidad en la guerrilla de Zinica, a pesar de que ya era anciana. Murió casi desamparada en un hospital de Matagalpa.

María Venancia, Angelina Díaz Aguilar, Cándida Martínez, Martina González Hernández, Aurelia Hernández, Facunda Catalina González y Natividad Martínez Sánchez, fueron capturadas y torturadas en 1970, y siguieron apoyando la lucha guerrillera. Estas familias venían de ser organizadas en los sindicatos de La Tronca, El Bijao y Uluse, en tiempos de Bernardino Díaz Ochoa. Su desgarrador relato fue recogido en los poemas de Ernesto Cardenal y de Alejandro Dávila Bolaños, y musicalizados por Carlos Mejía Godoy en ese bello canto Las campesinas del Cuá.

De estas montañas jinoteganas fue igualmente firme la mamá del dirigente sindical, guerrillero campesino sandinista Catalino Flores, cuyo nombre no recordamos, como muchos otros nombres de campesinas jinoteganas integradas a la lucha en El Sarayal, El Laberinto, Kilambé, Wiwilí, El Cuá, Bocay y Peñas Blancas.

Amada Pineda fue capturada el 9 de mayo de 1974 en su rancho ubicado en la comunidad de El Carrizal, Matagalpa, por una patrulla al mando del Sargento Soto. Amada no quiso decir el paradero de su esposo, el dirigente sindical Bernardo Aráuz Díaz. En la Hacienda Santa Rita, propiedad de un colaborador de la Guardia llamado César Castro Centeno, convertida en cárcel, fue violada repetidamente por once guardias delante de los otros prisioneros, mientras la golpeaban y torturaban durante siete días. Fue liberada el 15 de mayo, y el 17 puso la denuncia públicamente ante la Oficina de Leyes y Relaciones Públicas de la Guardia Nacional. Su denuncia conmovió al pueblo de Nicaragua, y fue un ejemplo de coraje y valor que desnudó lo que estaba pasando en las zonas rurales. Amada era dirigente organizada en las mujeres del Partido Socialista Nicaragüense.

La participación en la montaña era muy dura. Las condiciones sólo podían resistirlas mujeres con temple especial. Ana Julia Guido, de origen campesino, se incorporó muy joven a la vida guerrillera; en los entrenamientos en una escuela en San Jacinto, Telica, después del asalto al banco de Abisinia, me dio una lección feminista. Nunca mostró debilidad en los ejercicios, “para que los hombres no digan que las mujeres no podemos”, ni temor en los combates. Ana Julia sufrió los horrores de las cárceles somocistas en 1977, y cuando recuperó su libertad se incorporó a la lucha en Matagalpa y en las tomas de Pueblo Nuevo y El Sauce.

De este temple fue también Marlene Chavarría “Yaoska”, quien se incorporó a los quince años y fue parte de las escuadras rurales de la columna General Pedro Altamirano (GPA) y luego de la escuadra Bonifacio Montoya, cuya base estaba a orillas del Kilambé. Hizo trabajo de organización en Wiwilí y se distinguió por su firmeza y capacidad política.

Rosa Argentina Ortiz anduvo en la montaña y fue herida de un escopetazo en el combate en que pierde su ojo Juan de Dios Muñoz. Menuda físicamente, siempre conserva hasta hoy una grandeza moral ejemplar. Otra que resistió la montaña fue Raquel Balladares, la dentista que le sacó todas las muelas podridas a guerrilleros y campesinos.

Una campesina que nunca se me olvida es Celestina López “Mayra”, quien estuvo también de correo con la ciudad. Victoria López “Norita”, también fue otra campesina integrada a la Brigada Pablo Úbeda, hasta sus operaciones finales. Marlene López Alonso “Mayra”, se incorporó en 1974, a los catorce años, a la guerrilla en la Comarca El Chile, al este de Waslala. Era parte de una familia de doce hermanas que se comprometieron en la lucha, al igual que su padre Gregorio López, un viejo colaborador desde la época de la guerrilla de Pancasán, en 1967.

Papel de valiente correo hacia la montaña jugó Beatriz Picado Sánchez. Otras campesinas reclutadas en la montaña, que participan después en el Frente Norte, son Ramona Campos “Normita” y Leoncia Granados Martínez “Esmeraldita”, campesina de Kuskawás, quien junto a su madre Leoncia Martínez Salgado, se traslada hacia El Sarayal huyendo de la represión en que cayeron varios miembros de la familia. Esmeraldita luego se casó con Francisco Rivera “El Zorro”.

Ligada a la montaña como colaboradora en Rosita, Bonanza y Siuna, reconocemos a la entonces monja, Dorotea Wilson, quien después de colaborar se incorporó como combatiente junto con otras misioneras que también tomaron las armas sin abandonar los hábitos, como Adelaida González “Úrsula”, y Juanita Contreras. Otra misionera que colaboró fue Sandra Prince, mientras que Fátima Avilés fue correo de la montaña y luego formó parte del contingente guerrillero que, a bordo de un avión, intentó aterrizar el 28 de mayo en Rosita. Siempre se distinguió por su firmeza y su coraje, según relata “Modesto”.


Después del terremoto de Managua en 1972

León era un hervidero de inquietudes y compromiso político. Las organizaciones estudiantiles como el FER eran un mecanismo de trabajo en las universidades, en los sindicatos y en los barrios. El movimiento cristiano que se organiza a finales de los años sesenta se concentraba principalmente en los colegios, y hacía mucho trabajo en las comunidades urbanas y rurales. En esos años era indiscutible la activa participación de mujeres.

Recuerdo a María Haydee Sequeira y Alba Luz Ramos, en apoyo al FER. Ellas habían entrado a la universidad unos años antes.

Para mí siempre fue un  ejemplo viviente el caso de Mercedes Torres, mamá de Silvia, a cuya casa llegábamos Oscar Pérezcassar, Oscar Robelo y otros dirigentes del Movimiento Cristiano,  ya vinculados al FSLN. Siendo empleada de la UNAN, logró bachillerarse y titularse de farmacéutica. Trabajaba de bedel, con Sócrates Flores. Empezó a colaborar en 1970, con María Rivas –entonces novia de Sócrates ̶ Chuno Blandón, Liliam García que era secretaria del Año Básico. Con esta última Mercedes se coordinó para esconder a Óscar Flores, Leticia Herrera y otros guerrilleros, y realizar otras tareas como llevar mensajes entre clandestinos, mimeografiar y distribuir propaganda, guardar armas en las propias oficinas de Ciencias y Letras. Mercedes era además sindicalista del primer sindicato de la UNAN León, ejemplo que siguió luego Silvia quien fue también sindicalista en Managua en 1975. Mercedes reclutó a Sonia Uriarte, quien estuvo clandestina conmigo en Estelí entre  1976 y 1977.

Del movimiento cristiano salieron mujeres que combinaban la acción social con trabajo de concientización, mujeres de extracción popular como Silvia Torres, María Amparo Mendoza, Ivania Pineda, Marisol Espinoza, Mercedes Prado, Petrona Benavides y Argentina Parajón; y también de clase media como Emilia Torres, Aurora Zamora, Martha y Felicia Medina, y Martina Meyrat. En estos movimientos también reclutamos a Janette Currans, de familia ligada al régimen somocista. En el FER se destacaron muchas mujeres como Mary Bolt, Martha Magaly Quintana, Gilda Bolt, Damaris Vásquez y Milagros Leytón.

Ana Isabel Morales llegó a León a estudiar, vivió en la casa de Oscar Pérezcassar y ahí la reclutamos para el Frente. Es sobreviviente de la masacre de Veracruz. Luego se distinguió en la ofensiva final como miembro del Estado Mayor del Frente Occidental Rigoberto López Pérez.

También la osada Luz Marina Acosta, a quien una vez la perseguía un “oreja”, se agazapó en el dintel de una puerta leonesa y le cayó al guardia a patadas. Le di en los huevos –me dijo– porque esa es la parte más débil de los hombres. Cuando pasó a la clandestinidad, tuvo la desdicha de enamorarse de Pedro Aráuz, quien hay que decirlo, la mantuvo “cusuquiada” y truncó su desarrollo como guerrillera, porque la puso a su lado en tareas de apoyo.

Un lugar especial en mis recuerdos lo tiene Lourdes Jirón. Cuando conocí a “La Chinita” en los movimientos cristianos de León, era tan entregada al trabajo, que en una ocasión sufrió un shock por el cansancio de estar mecanografiando día y noche un texto que le encargó Carlos Roberto Huembes. “La Chinita” llegó a tener gran responsabilidad político-militar, coordinando la Tendencia GPP en el Departamento de León.

Del FER recuerdo también a las hermanas Gioconda y Arlene Mendoza, participando en apoyo a diferentes jornadas como la huelga de la construcción, de los trabajadores de la salud, la toma de iglesias, etcétera. Algunas mujeres que llegaban de Managua a hacer algunos trabajos, son imborrables para mí, como Isabel Turcios, la Chabela, otras aparecían en labores clandestinas como Auxiliadora Huembes o Mirna Cunnigham, que hizo sus primeros contactos en esta ciudad.

Pero no sólo eran estudiantes, había mujeres como Santitos Bervis, que vendía diariamente carne en vaho. Ella nos fiaba, sobre todo a los militantes sandinistas, que en muchas ocasiones no andábamos ni un peso para comer. También participaron otras mujeres de esa misma familia como Gloria y Alicia Bervis, quienes ayudaban a dar cobertura a la casa de seguridad de Nandaime, donde cayó Ricardo Morales Avilés y otros valiosos compañeros. De este mismo tiempo son Martha Berríos y la dirigente magisterial Estela Sandoval.

De la fase final de León no puedo dar mayores datos. Es urgente escribir sobre la historia de lucha de este heroico departamento, con todos sus municipios, para que no queden en el olvido los nombres de tantos luchadores, hombres y mujeres.

He recogido nombres sueltos, como el de Aura Hernández, en cuya casa vivió un tiempo David Blanco. Después del triunfo supe de Dora Argüello y de Luisa Duarte. Mucha gente recuerda a la organizadora Bertha Argüello, cuya madre también fue muy comprometida y perdió a su hijo Jorge en la insurrección final. Bertha fue una mujer clave en la organización de los Comités de Acción Popular (CAP) en León. Ella promovía la incorporación de los jóvenes de El Coyolar, como me recuerda Danelia Lanzas, quien se integró y luchó al igual que sus hermanas y su madre que era colaboradora, y luego mamá de uno de los asesinados en la masacre de El Calvario.

De estas generaciones son Benita Cabrera, Diana María Espinoza y María Elena Cabrera, integradas desde temprana edad a los CAP. Y como combatientes populares hemos recogido los nombres de Lucía Fuentes “Flor”, María Toruño Montenegro “Estrellita”, hermana de Luis Manuel Toruño “Charrasca”, Lucía Ramos Roque “Segoviana”, que combatieron con arrojo en los tiempos de la insurrección final19.

Las Segovias

Cuando llegué a Ocotal a principios de 1975, me vi rodeada de mujeres. La firme profesora Rosario Antúnez; toda la familia de don Lucío Martínez, en la que destacaban su esposa Petrona Martínez, sus hija Libia Martínez, Lucía y Martha, sus tías Tila, Caya y Antonia. La profesora Eva Sofía Olivas, nerviosa pero firme y cariñosa, y Lucía, Martha y Luisa Molina. Mientras, en Jalapa trabajaba con ahínco Violeta Jiménez, quien luego se incorporó al Frente Norte y participó en jornadas heroicas.

En Condega la gente se había comenzado a organizar, motivada por la Teología de la Liberación, en grupos cristianos donde estaban varios sacerdotes como Chico Luis Espinoza, Wesber López, asesinado por la Guardia posteriormente, y Madre Juanita, todos colaboradores de la lucha guerrillera. Había mujeres que iniciaron el trabajo de concientización en las comunidades, como Amanda Talavera, Manuelita Guevara “Ducuale Grande”, Carmelito, Alicia “Licha” Aráuz, Carmela, Adelita Martínez, Aurora Talavera y María José.

En Condega había varias familias cuyos numerosos integrantes estaban de lleno en la lucha. Recuerdo a la familia Centeno, donde hombres y mujeres se involucraron. Amanda Centeno se había distinguido por liderar con Fidelina Gómez, Alcides Centeno, Telma Corrales y Gioconda Ordóñez “Navy Machado”, la primera huelga en contra del Alcalde Magdaleno Cerrato, a quien acusaban de corrupto por robarse las donaciones que llegaron al pueblo para los damnificados del terremoto de 1972. Algunas de ellas fueron las primeras prisioneras de esta etapa. En junio de 1975, fueron capturadas Thelma y Gioconda, y además las profesora Vilma Corrales y Noemí Olivas, a quienes tuvieron presas en Yalí. Todas ellas eran militantes que mantuvieron su compromiso inalterable en las distintas etapas del proceso revolucionario.

El 8 de diciembre de 1975 Amanda fue detenida durante una semana, por lo que posteriormente se asiló, y realizó trabajos de apoyo en el exterior. Luisa Centeno fue reclutada por Carlos Manuel Jarquín en 1974. Formaba célula con otros compañeros entre las que estaban María Elena González y Marlene Lagos, esta última caída en la lucha. También reclutó a Ángela Gómez, para la realización de trabajo de organización y de creación de redes clandestinas en las comunidades donde luego operaría la unidad de combate César Augusto Salinas Pinell. En la casa de Alicia Centeno permanecimos en el año 1975 varios militantes clandestinos.

Otras mujeres condegueñas fueron Rosa Adilia Vizcaya, Corina Benítez, María Alicia Espinoza, Fidelina Gómez, Aleyda, Julia Castellón, Zaida Rodríguez y Esperanza Ríos. Ya más cercanamente a la insurrección, se organizaron Aura María Montoya, Mercedes Torres y María Luisa Talavera. Para las tareas insurreccionales y la organización de Comités de Defensa Civil, se incorporaron también, Luzmila Molina y Miriam Centeno.

En Somoto, la Guardia había capturado a varios militantes después de la escuela guerrillera de El Copetudo. En el departamento, había contactos desde la guerrilla del Patuca. De entre los primeros colaboradores destacan dos mujeres, una de ellas, Esther Maldonado, murió en 1973 y después cayó uno de sus hijos. A su casa llegaron José Benito Escobar, Filemón Rivera, Fausto Heriberto García, Igor Úbeda y Mauricio Hernández Baldizón. También Elena Maldonado, de Cacaulí, a cuya casa llegó Germán Pomares a organizar una guerrilla que no ha sido registrada en la historia, un intento de levantamiento que tuvo su sede en Wiwilí.

A mediados de los años setenta, cuando se reconstruyen las estructuras, se contó con el apoyo de una joven y comprometida militante que además bailaba ballet, cuyo nombre es Rossana Espinoza, hija de don Reynerio Espinoza, de una firme familia de colaboradores. Otras mujeres que luego se comprometieron pertenecían a la familia Armijo y a la familia Talavera, donde se destaca Luz Danelia Talavera.

En Estelí tuvimos una colaboradora inclaudicable, Rosario Altamirano. Toda su familia, su mamá doña Susana viuda de don Ramón Altamirano “Zapatón”, quien había andado con el Frente Revolucionario Sandino, y sus otras hijas, Melba, Lesbia y Zaida, todas de apellido Altamirano.

Otras colaboradoras históricas de Estelí, con cuya participación se sembraron las posibilidades de las insurrecciones, fueron América Rodríguez, Dolores Arróliga “María” y su hija, la profesora Reyna Arróliga. También reclutamos a la trabajadora doméstica Paz, Pacita, quien se integró a todas las tareas; luego fue funcionaria del Sistema Penitenciario Nacional y actualmente vive en Tipitapa. También María Elena, una mujer humilde, trabajadora doméstica, lamentablemente no recuerdo el apellido, en cuya casa pernoctamos muchas veces, y dio cobijo a José Benito Escobar.

Un roble estiliano fue doña Paulina Alonso “Mama Inés”, desde finales de los años sesenta. En su casa vivió Carlos Fonseca. Venancio, su hijo, quien la reclutó, también incorporó a María Auxiliadora Cruz, su sobrina, con quien compartimos meses de cárcel. Además, estaban mujeres como Martha Marina González, quien luego estuvo clandestina en Carazo, y otras de la misma generación que cayeron en la lucha.

Angelita Rugama, hermana de Leonel, nos dio refugio y apoyo, al igual que María Rivera, hermana de Filemón y Francisco. María Alicia Chacón fue fiel durante toda su vida a la causa sandinista. También colaboró doña Magdalena Úbeda y su hija Saramelia; y fue insustituible el apoyo de doña Mary Barreda y toda su familia, incluyendo su esposo don Felipe y sus hijas Vicky, Indiana y Ana Barreda. Doña Mary vivía cómodamente de la joyería de su marido, y además, tenían fincas, pero era una mujer cristiana consecuente. Para mí no eran solo ejemplares colaboradores, llegué a quererlos como a mis segundos padres, y cuando nació mi hijo Pancasán, me lo cuidaron como si fuera un nieto. Después del triunfo fueron capturados mientras participaban en una brigada de corte de café. Doña Mary fue violada, ambos fueron torturados salvajemente y degollados. Nunca acepté que su asesino y torturador confeso, “El Muerto”, fuera puesto en libertad en 1989, al ser incluido en el paquete de prisioneros beneficiados por una amnistía que gestionó el Cardenal Miguel Obando, hoy socio de Ortega.

En los años 1975-1978, en Estelí hubo mujeres con grandes responsabilidades, como Socorro Sirias y Sonia Uriarte, ambas de León, y trasladadas clandestinas a las tareas político organizativas en esa ciudad. Socorro también reabrió Somoto después de la represión de 1975.

Siempre que se reivindica a Estelí como la ciudad heroica, hay que recordar que lo que Francisco Rivera y Julio Ramos cosecharon en el terreno de la lucha insurreccional, no puede entenderse sin este trabajo de hormiga que durante varios años desarrollamos hombres y mujeres en estos lugares.

Miriam Corea acababa de parir a Sasama cuando llegué a dormir a su casa en Estelí, donde convivía con el poeta Ciro Molina. Yo acababa de mandar a mi hijo donde mi madre, así que me encantaba chinear a la bebita, y alguna vez le conté que yo también tenía un varón. Miriam también dejó a su hija con su familia y se fue a la guerrilla. Siempre ha sido una mujer optimista, muy solidaria y cariñosa. Nuestros hijos después se hicieron amigos. Formaban un círculo amistoso Pancasán, mi hijo, Luis Jonathan, de Lucrecia Lindo, Sasama, de Miriam, y Selim, hijo de Eleonora Rocha “Clarita”, quien fue parte del comando de la casa de Chema Castillo en 1974.

En la fase final de la lucha, algunas de las unidades que se organizaron en la Ruta Sandino, llegaron a ser verdaderas columnas durante la insurrección final: la General Pedro Altamirano (GPA), la César Augusto Salinas Pinell (CAS) y la Bonifacio Montoya, “Bacho”. También incorporaron mujeres en todo tipo de tareas. Todas las columnas Terceristas tenían valientes mujeres, algunas de las cuales cayeron, como Laura Sofía Olivas y Fátima Pavón, de las que ya he hablado.

Es necesario recopilar y ordenar por etapas los nombres de tantas mujeres participantes como combatientes y de apoyo. Algunos que he conseguido a través de compañeros, son: Marlene Corea y Martha Úbeda, estuvieron en los campamentos de El Tular, Cerro Cuba, y combatieron con coraje en las insurrecciones de Estelí.

Otras estilianas luchadoras fueron Flavia Rodríguez, a quien conocí siendo una niña; Carmen Agurcia, quien funcionó como correo y luego se integró como combatiente; Myriam del Socorro Pérez “María Libertad”20; Thelma Rodríguez “Yaoska”; Dominga Rivera “Arlen”, esta última, de la columna General Pedro Altamirano, son algunas de las combatientes en Estelí, pero seguramente hay muchas más.

Rosalpina Membreño de Tijerino fue casa de seguridad en Wiwilí. Así mismo, la hija del general Juan Gregorio Colindres, la esposa de César Barahona y las Balladares Colindres conocidas como “Las Pacas”. Nereyda Sánchez “Soraya”, quien se incorpora después que los combatientes atacan Yalí. Adela Cardoza “Cándida”, que se incorporó a muy temprana edad en el municipio de San Isidro y que hoy es Jueza.

Jinotega y Matagalpa

En 1976 me ordenaron atender el recién reabierto trabajo en Matagalpa y Jinotega. Viajaba de Estelí a Matagalpa con alguna frecuencia. No puede hablarse de las mujeres luchadoras de Jinotega sin mencionar a doña Panchita Zeledón Jarquín, protagonista de las primeras manifestaciones anti-somocistas, dirigente de los movimientos cristianos y miembro de la primera Junta de Gobierno de Reconstrucción Municipal.

Como precursoras de la lucha sandinista en la Ciudad de Las Brumas están las profesoras Gladys Dallatorre y Alba Estrada, integrantes de la Juventud Patriótica Nicaragüense (JPN). Está también la maestra de generaciones Conny Mendoza, de larga trayectoria sandinista, y posteriormente su hija Mirna Mendoza, casada con un militante sandinista, Ramón Rizo Espinoza.

Francisca Espinoza, “Panchita”, quien tiene una larga militancia sandinista, colaboradora, casa de seguridad y dirigente hasta hoy de la causa de las mujeres. En 1978 fue apaleada por un oficial de la Guardia Nacional.

Entre otras colaboradoras, están Julieta Jarquín y Reyna Tercero, así como la costurera Josefina Rodríguez, quien en varias ocasiones elaboró pañuelos y capuchas rojinegras para que los combatientes ocultaran su identidad en sendas incursiones que hicieron en la ciudad de Jinotega y en una localidad del interior del departamento21.

En Matagalpa mi principal casa de seguridad era la de Diógenes Martínez, un hermano de Fabio Martínez, y estaban integradas a las tareas su esposa Elietta Matus y sus hermanas, entre las que recuerdo a Martha Matus. Otra casa era la de la Ferretería El Sol, de Jorge Adán Rodríguez y su esposa; y la familia de Moisés González, en particular su esposa Ana Julia Illescas, otra gran colaboradora.

Fueron pilares del trabajo conspirativo en Matagalpa, la esposa y la hija de Don Ricardo Castro, asesinado después de la insurrección de 1978; la viejita María Méndez y la hija Mayra Castro. Doña María nos acogía en su humildísima vivienda de cartón, tablas y piso de tierra, quitándose el bocado de la boca para compartirlo con nosotros.

De Matagalpa contribuyeron Velia Rodríguez y ese roble llamado doña Magda Torres, inquebrantable colaboradora histórica; también la trabajadora de la salud organizada hasta hoy, Ana Julia Gutiérrez, y todas sus hijas: Ivania, Flor y Margine, todas integradas a la lucha. Ir a la casa de Ana Julia siempre fue muy reconfortante. Además de la firmeza de su cooperación, nos atendía con rosquillas y buen café, y unos frijolitos con crema que nunca olvido. Ya había nacido Arlen, hija de Flor, y también me gustaba jugar con ella. Ahí llegó Margine Gutiérrez, quien ya estaba estudiando y militando en Managua, e inauguramos la costumbre de hablar toda la santa noche sin parar. Eso lo hicimos una y otra vez en la cárcel, donde estuvimos juntas seis meses y desde entonces nos hicimos verdaderamente hermanas.

Eran grandes colaboradoras Norita Hawking, esposa de Rafael Tijerino, y Martha Julia Lugo, de extracción burguesa, pero muy comprometidas en la lucha. Igualmente firme fue Sara Tijerino, en cuya casa siempre bebimos un exquisito café y conversábamos de nuestras intimidades de mujeres.

De ahí era la dulce Sadie Rivas, muerta hace unos años en un accidente. Esta chavala para mí es una heroína. Además de participar en la insurrección de los niños, trabajó clandestina en arriesgadas tareas, y tomó acción en los combates de la insurrección final, contra las posiciones de la Guardia. Se distinguió por su valentía y osadía. Los hombres no tenían más alternativa que seguirla en arriesgadas operaciones de ataque casi suicidas. Con sus ojazos azules y su piel de niña, sorprendía a todos.

De la insurrección de los niños salen Janette Castillo, que fue a reforzar el trabajo en León; Isabel Castillo “Venancia”, que combatió en la insurrección de Managua y en las tomas de Jinotepe y Granada; Alexa Lugo y María Antonieta Gutiérrez. Esta última, después de estar un tiempo en la columna General Pedro Altamirano, reforzó el trabajo en León, al igual que Luisa Azucena Mejía.

No me olvido de Martha Kraudy, intrépida y osada, organizó a un grupo de chavalos entre los cuales estaba mi hermana Zulema, y realizaban operativos casi diariamente. Doña Irma Picado viuda de González, colaboradora y madre de varias compañeras, y otros jóvenes combatientes: Lucy González y Mayra González “Carla”, quien después de participar en la insurrección de agosto de 1978, combatió en Managua en la insurrección final.

Otras chavalas militantes fueron Sandra López “Amalia”22 y Norma Zeneida López, cuya madre, Norma Fernández, fue fundadora de AMPRONAC y colaboradora del FSLN; mientras Corina Morazán y su esposo Ramón Morazán, daban su casa para alojar a compañeros clandestinos, además, todas sus hijas se integraron a la lucha: Ileana, Ivania, Patricia y Martha.

Recuerdo a Lourdes Muñoz y Chepita Rodríguez, cuyo hijo José Hugo Rodríguez, “Chepito” cayó en Managua. También a doña Ileana Quintero, cuyo hijo Robertito Sacasa fue acribillado por la Guardia somocista. A Ernestina Aráuz le decían “La Hormiguita”. Ellas daban sus viviendas como casa de seguridad en el Cerro Apante. También estaba la casa de Angelita Cruz y todas sus hijas colaboradoras. Su hijo Fanor Cruz, fue un guerrillero destacado que cayó en la lucha.

Militantes, es el término más preciso para hablar de compañeras colaboradoras como Rosa Emilia Büschting “Mamá Becha” y Petronila García, mamá de Ródrigo González, uno de los más osados y valientes comandantes de la insurrección de León, jefe de la columna Carlos Agüero. Amanda Torres es una formidable ceiba sandinista de Matagalpa.

Doña Olga Larios Frech y su mamá, doña María López. Esta última era una colaboradora con una gran convicción y lectora incansable, en particular de la lucha de Sandino. Toda la familia de doña María se involucró en la lucha revolucionaria: Olguita, Martha, Magaly. La familia de doña Vilma Castillo, incluyendo todos sus hijos, destacándose Rodolfo Castillo “Payín” y Coda Castillo. La familia de doña Haydecita Téllez Miranda, mamá del ingeniero Harold Miranda, quien muere asesinado en la masacre del Hotel Soza, en agosto de 1978.

También las mujeres de la familia Canizales y la valiente familia Silva Montoya, entre quienes destacan Lolita Montoya de Silva, esposa del doctor Clarence Silva. Norma Fernández, quien además de ser organizadora de AMPRONAC, era firme colaboradora junto con varios de sus hijos. Lilí Montoya, en el Barrio Palo Alto, dio su casa como cuartel sandinista durante la insurrección.

Como militantes combatientes recordamos a Maritza Travers, María Mercedes Tijerino, Ileana Morazán; los hijos de Gladys Báez, entre ellos Irasema Miranda, quien usaba el seudónimo de “Yun”, integrada a la AES; Martha Mairena “La Chela”, novia de Salvador Amador, caído en la lucha; Thelma Blandón Altamirano, Chilo Larios y la mamá de Sadie Rivas, Mirna Reed, combatiente también, junto a sus hijos.

Cuando fui capturada y mientras se realizaba el juicio en Matagalpa, conocí y recluté a una de mis carceleras, la policía Carmen Azucena Rodríguez Prado, la Prado, como le decían en la Policía. Ella comenzó sacando correspondencia, y luego “recuperó” la subametralladora UZI de un hermano suyo, lo que para nosotros fue una gran adquisición.

Un jurado de conciencia me absolvió de los cargos que me imputaban y se dio la orden de liberarme. Debía salir el 13 de octubre, pero ese día el país amaneció incendiado por los ataques simultáneos en San Carlos, en el sur, y San Fabián, en el norte. En San Carlos participa Nubia Arcia y varios miembros de la familia Guevara, entre ellos Gloria y Miriam Guevara.

En la Central de Policía de Managua, donde me trasladaron después de hacerme “el pisa y corre”, me encontré con Rosa Argentina Ortiz, Martha Isabel Cranshaw y Charlotte Baltodano. A todas las conocía de antes. A Rosa Argentina, en la universidad; a Martha Isabel, yo la había reclutado para el Frente y era de los movimientos cristianos. Martha siempre fue como la conocemos hoy, con una mente muy crítica, con una vida sin dobleces y una gran espiritualidad. Creo que esas cualidades le permitieron desafiar a su duro padre, somocista hasta más no poder.

Conocía a Charlotte desde la legalidad, pero cuando pasé clandestina, estuvimos integradas en un grupo que haría una recuperación de armas. Charlotte fue capturada en un operativo en el que a ella le tocaba lanzar una granada a un jeep BECAT en movimiento. Luego llegaron Margine Gutiérrez, Auxiliadora Cruz y Gloria Campos. Esta última es un ser especial, ya había estado presa cuando “las casas quedaron llenas de humo”, pues ella estaba con Julio Buitrago y Doris Tijerino, en Las Delicias del Volga. Era de una gran firmeza y lealtad, y con una disposición a cualquier tarea que se le encargara. También llegaron Carmencita Gómez, embarazada, quien dio a luz en la cárcel; Yadira Baltodano, capturada en un asalto al Banco Nicaragüense y quien terminó integrada en el Frente Sur; y Dominga, que cantaba a viva voz Jalisco, como parte de nuestras actividades recreativas. Nunca he vuelto a saber de ella. También había estado presa Estela Soto, activa colaboradora del Barrio Santa Ana.

Antes de esta camada de mujeres prisioneras, habían estado detenidas Liana Benavides Grutter, de origen costarricense, Ruth Marcenaro y su hija Rina Campos Marcenaro. Rina se había integrado a la lucha desde 1974, en Jinotepe, trabajando con Mauricio Duarte, Mario Estrada y Arlen Siú, los tres caídos. Luego pasó a Managua y cayó presa en 1976, cuando siguieron a Tomás Borge hasta su casa, en la Colonia Centroamérica. En esa operación somocista cayó Mildred Abaunza. Rina y su madre se integraron cada una por su lado, pero ese día cayeron presas juntas, sufrieron el Consejo de Guerra y la Corte Militar junto al resto de los más de cien presos políticos que en ese entonces estaban en la Cárcel Modelo.

Rina recuerda una huelga de hambre de un mes, realizada por las mujeres, cuando las trasladaron a la Central de Policía. Reivindicaban mínimas condiciones carcelarias. Estuvo un año presa y después se reincorporó a la lucha. El 2 de junio de 1979, cuando salía de una reunión con Chico Meza y René Cisneros, entre otros, fue nuevamente capturada y salió después del triunfo.

Jinotepe

Cuando salí de la cárcel trabajé un breve período de tiempo en Jinotepe. Ahí conocí a muchas valientes jinotepinas, tanto colaboradoras como militantes. En Carazo se escenificaron importantes pasajes de resistencia contra la dictadura, pero en esos meses, los jóvenes se mostraron indomables y sus ciudades eran un hervidero de protestas. Dentro de las casas clandestinas que recuerdo, están la de Alma Nubia Zúñiga y Zeneyda Cruz de Espinoza, Doña Ney. Las sobrinas, entre las que recuerdo a Juanita, mostraban entusiasmo en las tareas. Tal vez este recuento anime a las compañeras del combativo departamento de Carazo a levantar las listas de tanta mujer patriótica y decidida, para que sus nombres no queden olvidados de las páginas de la historia.

Managua

Después de esa breve estancia en Carazo, me responsabilizaron del Regional Managua. Por ese tiempo tuve que usar distintos disfraces, en especial pelucas, porque había salido en los periódicos y muchos agentes me conocían de la cárcel. Conocí a Cecilia Toruño, firme militante en la lucha clandestina y quien combatió en la insurrección final en Matagalpa. Me volví a encontrar en medio de una inmensa alegría a Mercedes Borgen. Mercedes, además de otras tareas, fue responsable del taller de impresiones Urania Zelaya Úbeda. El taller consistía en unos buenos mimeógrafos y un quemador de esténcil, que nos permitían sacar folletos de propaganda y formación política. En una habitación con aire acondicionado, forrada con poroplast, trabajábamos toda la noche, sin parar. Según nosotros, en el vecindario no se daban cuenta. Primero lo tuvimos en Los Robles, donde le daba cobertura Janette Vega, y finalmente en Altamira.

Alicia Sáenz, economista y profesora de la UNAN, colaboraba transportando armas y clandestinos, y en su casa nos albergó muchas veces. Ahí realizamos las primeras reuniones de coordinación con las otras tendencias.

Francis Araica, convivía con su novio, Ernesto. Le dijimos que debía casarse para montar una casa de seguridad. Nos instalamos en Santa Clara y varias personas nos regalaron muebles. Ana María Sánchez, una firme colaboradora y Jaime Ocón, nos dieron su primer comedor de casados. Moisés Hassan, una refrigeradora. Francis y su esposo también fueron excelentes combatientes de las escuadras de Managua y del Batallón Rolando Orozco. Ernesto murió a consecuencia de unos tiros que accidentalmente se le fueron a un compañero mientras limpiaba su fusil Galil dos días después del triunfo. Fue una muerte absurda.

Había mujeres expertas en dar cobertura a casas, como Nubia Salvadora Aguilar, quien enmascaraba la casa de Pedro Aráuz, y fue capturada el 17 de octubre de 1977; o colaboradoras, como Sara Torres, quien vivía en Bello Horizonte, y después se incorpora también como combatiente.

En el Programa Entre Todos y Todas, fuimos enriqueciendo nuestro conocimiento sobre la participación de las mujeres. En una ocasión nos llamó por teléfono el conocido periodista Stalin Vladimir Centeno, quien afirmó que su madre, Marlene Centeno, fue una mujer humilde que dedicó su vida a la causa sandinista, colaborando en distintas tareas. Expresó que siente orgullo porque ella trabajó por el pueblo sin buscar ningún beneficio personal.

En Managua, al igual que en muchas otras ciudades que se insurreccionaron, ya había mucho camino recorrido antes de lograr los alzamientos masivos del 78 y 79. Tuvieron que pasar muchos años de trabajo político organizativo entre el pueblo. Las organizaciones de base, comunitarias, las comunidades eclesiales, los grupos juveniles, los sindicatos, jugaron un importante papel.

En 1978 cosechamos esos frutos en la organización político militar. En ese trabajo de hormiga hay que reconocer, además de las pioneras que ya mencionamos, a mujeres como Martha Lucía Cuadra y Mary Jane Mülligan, quienes habían sido de las primeras mujeres de clase burguesa en incorporarse; Yolanda Huembes, Susi Guillén y María Lourdes Casco. Vivian Torres y Esther Gómez fueron de las primeras de esa etapa. Y desde el movimiento cristiano revolucionario, salió una constelación de mujeres: Vanessa Castro, Luisa Molina, Flor de María Monterrey, las hermanas Mireille, Etelvina y Mercedes Vijil, cada una desde sus propias tareas y militancia; y también Adilia Eva Solís, Nelly Castillo, Dulce María Guillén, Nadine Lacayo, Dharma Lila Carrasquilla, Janette Gutiérrez, Rose Mary Vega, Eva María Téller, Miriam Blanco, Rosa Marina Zelaya, Anelly Molina, Egda Vélez quien fue responsable del Regional Managua durante un tiempo, Ana María Morales la última en ver con vida a Roberto Huembes, y Virginia Cordero. Igualmente Martha Sandoval, Bertha Inés Cabrales, Rosario Barreda “Chayito” y más luego Patricia Orozco.

Del Partido Socialista, en labor sindical y organizativa, tengo presente en León a Merceditas Espinoza, en Managua a Eva Sacasa, Patricia Delgado y Esmeralda Dávila, entre muchas otras compañeras, cuyos nombres no recuerdo en este momento.

Entre las fundadoras de AMPRONAC, la principal fue Lea Guido, a quien le encargaron la misión. Lea también fue del Movimiento Pueblo Unido y, para la insurrección final, miembro de la Comisión Política. Lea nos apoyó en la reconstrucción de listas de las mujeres en esas jornadas. Leonor Argüello de Hüpper, mujer de extracción social alta, que también colaboró como casa de seguridad de dirigentes clandestinos. Milú Vargas, Mayra Pasos y Anita Velásquez, miembros también de AMPRONAC. Fátima Real, Zoila Guadamuz y Gladys Gómez, del sindicato de la UNAN y militante de FSLN en los barrios occidentales. Todas ellas trabajaron para preparar condiciones en San Judas y Ciudad Sandino.

Lea Guido recuerda a Esperancita “quien fue la que nos consiguió los medicamentos y el médico que estuvo con nosotros en los barrios orientales y organizó el hospitalito, y que nos siguió en la tercera columna con los heridos hasta Masaya”. También a Tere Delgadillo Cardenal, Carmen Brenes, Adela Castillo, Alba Luz Aragón Dávila, Antonina Vivas, Ángela Saballos y Olympia Briceño, todas colaboradoras y fundadoras de AMPRONAC, al igual que Edda López, una mujer de unos 50 años que tenía un hijo caído. Edda se enfrentó a la Guardia después de la toma de las Naciones Unidas, regresándoles una bomba lacrimógena.

También desempeñaron papeles fundamentales mujeres como Silvia Villagra, Amparo Gutiérrez y Marianita Aburto, miembros del grupo de los profesores progresistas de la UNAN y colaboradoras del FSLN. Asimismo, Silvia McEwans, la señora Amador Küll, en Matagalpa, y en Chinandega, Magda Henríquez.

En Managua también Vicky Belli fue casa de seguridad, correo y participó en la insurrección de los barrios occidentales. Fue fundadora de la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC), al igual que la dulce Laura Amanda Cuadra, quien también fue fundadora del Grupo Pancasán; reconocida organizadora de los trabajadores del campo, murió el 10 de julio de 1980 en un accidente automovilístico, mientras iba a un taller con campesinos de Matagalpa. Aminta Granera, quien desde su condición de novicia, estudiando en Guatemala, comenzó a colaborar con la lucha del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) y, al regresar a Nicaragua, trabajó a tiempo completo en los barrios de esta ciudad ya como militante del FSLN. Zenobia García por su parte tuvo a su cargo importantes tareas conspirativas en Managua y después en el exterior.

Fueron cientos de mujeres colaboradoras como la doctora Doris Aguilar y su hermana Sonia Aguilar, en cuyos hogares vivía siempre alguna mujer clandestina, también la doctora Alma de Izabá; Yolandita Morales, quien además de trabajar en la Universidad apoyaba con su casa para reuniones; Amy Rivas, hija del humorista Gonzalo Rivas Novoa (GRN) y quien fue mi gran amiga. También colaboró Ana Silvia Flores, casa de seguridad en donde además escondíamos armas.

Buenas colaboradoras fueron Jeannette Calderón, esposa de Manuel Eugarrios, Jeannette Chávez, en cuya casa estuvimos con “Modesto”, José Benito, Bayardo y otros dirigentes sandinistas, y Rosalinda Cuadra, de clase media alta, con quienes compartimos muchísimas y largas pláticas en sus casas. No sé cómo podían aguantar a tanta gente. Alguna vez estuvimos hasta cinco clandestinos en sus casas, y a todos nos daban de comer.

La arquitecta Rosaura Jerez hacía de todo. Nos movilizaba en su carro, nos daba alojamiento en su casa. Llevaba correspondencia, armas, explosivos. También vivimos en la casa de Tere Lugo, quien además de seguridad, siempre nos dio afecto. Otra arquitecta que hacía de todo fue Gertrudis Palacios, originaria de El Sauce, y Marcia Rodríguez, quien también fue nuestra casa de seguridad. En las Américas No. 2, doña Adayna Sanders colaboraba en todo lo que podía, cuidando a los combatientes con un gran amor, junto a su esposo Don Julio Bordas.

Xhanthis Suárez participaba de las actividades en la UNAN-Managua y en el Periodismo de Catacumbas, además hizo sustanciales aportes desde su rol de miembro de la Cruz Roja, e impartía cursos masivos de primeros auxilios en las iglesias de Ducualí y Altagracia. Organizó la unidad Juventud de Altamira Dispuesta a Ayudar (JADA), que abasteció de medicinas a los barrios orientales. En esta organización participaban, entre otros, la joven Eva Bonilla, asesinada, cuyo cuerpo nunca apareció. María Elsa Suárez también era parte de los Comités de Acción Popular (CAP) de la Colonia Centroamérica y doña María Elsa apoyó con su camioneta el traslado de heridos en el repliegue.

Yadira González “Mildred” nos fue enviada de Estelí, y le celebramos sus 15 años en una casa de seguridad oyendo canciones de los Bee Gees y bailando música de la época. Combatió en la insurrección de Estelí, en la de Managua y en las tomas de Jinotepe y Granada. Es hermana de “Julita”, otra extraordinaria compañera cuyo nombre es Cándida González, que también había estado en Managua en labores de cobertura de casas de seguridad. Igualmente llegó del Frente Norte. Una compañera mejicana que ocupó responsabilidades militares importantes es Eugenia Monroy. En nuestra estructura destacaban mujeres como Glenda Monterrey, dirigente activa del magisterio, de los trabajadores de las universidades, del MPU y también de la Comisión Política del Frente Interno.

América Libertad Vidaurre, combatiente desde los 14 años, fue capturada en el Puente Riguero, en Managua, pero su ejemplo se había multiplicado en cientos de chavalos de la Carretera Norte. En las tareas político-militares estaban Martha Roque y Claudia Pineda, chavalita estudiante del Instituto Maestro Gabriel, integrada a las brigadas populares que se enfrentaban con arrojo a la Guardia. Casi niñas también dieron sus aportes María Ivette Fonseca, Jenny Soto y Janette Díaz, hermana de William Díaz, quien fue asesinado en plena insurrección de Managua.

En una de las tantas tomas de Radio Mundial participó una compañera que se llama Rosa Rodríguez Maradiaga, una morena alta que vivía de Transportes Rocargo en la Carretera Norte, seis cuadras al lago.

Martha Moreno Menocal fue una de las principales organizadoras y soportes del trabajo de la GPP, vivía por la antena de Radio Mundial.

Nidia Escobar López “Pilar” y Jeannette Escobar “Marina” tenían una gran capacidad para el trabajo organizativo, y firmeza y audacia para las operaciones militares. Francis Sevilla, además de su trabajo político, se destacó como combatiente del Batallón Rolando Orozco. En los barrios orientales estuvo Ligia Alemán, quien además fue excelente combatiente en la insurrección; era dura y con disciplina de hierro para la organización y el combate. En la primera promoción de oficiales del Ejército, le dieron el grado de Teniente Primero.

En la insurrección, el repliegue y el Batallón Rolando Orozco, recuerdo como combatientes de línea a Susana, Claudia Picado, Casilda Sampson “Muchachito”, Elizabeth Pinell, Ibis Hernández “La Negra” de origen proletario, tenía una gran audacia para el combate. Siendo correo de William Ramírez, fue capturada por una patrulla de guardias, quienes la violaron en la costa del lago, donde muchas veces aparecieron cadáveres de jóvenes asesinados. Después de ultrajarla, la montaron en un jeep BECAT, pero ella saltó audazmente y a toda carrera logró escapar. Decidimos que debía dar una conferencia de prensa en la Casa del Periodista de la UPN denunciando los hechos. Luego de eso pasó a la clandestinidad. También combatió con nosotros y fue miembro de la Unidad Oscar Pérezcassar.

En la unidad móvil, una compañera chaparrita, chilena, andaba con un RPG-7, que era vital contra las tanquetas; creo que se llamaba Carmen, una verdadera internacionalista. En las tareas de apoyo, tengo vivos recuerdos de María Isabel Maltez, Rosa Pasos, Ana Patricia Lacayo y Berta Cuadra.

Cristina Cuadra, se incorporó, al igual que otras mujeres que fueron parte de la primera promoción del Ejército Popular Sandinista, como Luisa Molina Mayorga, Rosa Barahona, Ana Briones, Lucía Fuentes, Martha Mairena y Raquel Navas.

Y no podemos dejar de mencionar a una combatiente ejemplar, que con su cámara y su pistola al cinto, se jugó la vida corriendo entre las balas para captar imágenes imborrables de las lucha, Margarita Montealegre. Y como expresión de un ejercicio profesional del periodismo, junto a nuestros combatientes estuvo por meses, cámara en mano, la extraordinaria fotógrafa estadounidense Susan Meiselas.

Algunas mujeres de Chinandega

En El Viejo tuvieron activa participación muchas mujeres, destacándose Doña Celia de Pomares, Carmela Pomares, madre y hermana respectivamente de “El Danto”; y las hermanas Espinal, de la familia de Blas y Leonardo Real Espinal, que cayeron en la lucha, como expliqué anteriormente.

Teresa, madre de Julia Herrera de Pomares, también dio a la causa a su hijo Carlos, asesinado por la Guardia en Somotillo. Doña Teresa, como la mamá y las hermanas de Germán Pomares, fueron corajudas frente a la adversidad y los peligros que entrañaba la militancia destacada de sus hijos.

Desde la organización de base, obrera, campesina, estudiantil y de movimientos cristianos, en Chinandega se incorporaron muchas mujeres. Celina Meza había sido dirigente comarcal desde 1974. Dora Pastrana de Tinoco también fue fundamental desde antes de la guerrilla de Pancasán. Doña Dora perdió a sus hijos Julio César y Miriam, de la que hablé antes. En este período emerge el trabajo en la comarca San José del Obraje y Cony Castellón “Juanita”, recluta a sus hermanas.

Rosalba Carrasco fue monja, dejó los hábitos por la lucha y tuvo participación ejemplar. Doña Zela Díaz de Porras, desde 1974 fue un pilar como colaboradora, y luego fue una de las responsables de organizar AMPRONAC.

Liana Benavides Grutter realizaba trabajo de organización en Chinandega, cuando fue capturada en un despliegue inusitado de fuerzas en octubre de 1975, procesada y condenada. Angelita Ríos, Flor Delgadillo y Marcelina Castillo, colaboraban desde los mediados del setenta; mientras Mayra Gallo colaboró con el FSLN en la formación de la Asociación Nacional de Educadores de Nicaragua (ANDEN) y en los Comités de Defensa Civil (CDC).

Quxabel Cárdenas “Carolina”23, originaria de Honduras, fue la que dio continuidad al trabajo de la GPP desde principios de 1976, después de algunos efectos negativos de la división y el debilitamiento causado por la brutal represión a que fue sometido siempre este departamento. Quxabel tuvo participación heroica en la etapa insurreccional, y a mi juicio debía ser distinguida como Comandante Guerrillera.

También ahí se incorporaron las jovencitas Dulce María Zepeda y Tirsa Sáenz, quienes andaban a sus quince años, firmes en sus tareas; también Carmen Moreno, una gran compañera que muere unos años después del triunfo. Tirsa nos ha contado de la importancia de la participación de Emigdia y Auxiliadora Ferrufino, vitales en esa etapa.

Martha Isabel Cranshaw trabajó mucho tiempo en Chinandega, fue capturada en 1977 y después que sale en libertad con el asalto al Palacio Nacional, estuvo apoyando tareas de organización de las unidades que entraron por Somotillo para la insurrección final y fue fundamental en el trabajo de organización en Villanueva y Somotillo, junto a Miriam Cáceres “La Mami” y Claudia Belli.

Masaya

Doña Esperanza Porras cayó presa en 1967 por hacer circular tarjetas electorales que comprueban el fraude de ese año. Fue obligada por la Guardia a caminar veinticinco kilómetros, desde Pío XII hasta el cuartel, y sufrió otras torturas físicas y sicológicas. Su hijo Norman de Jesús López Porras cayó en el kilómetro 14, entrada a Ticuantepe, conteniendo los refuerzos somocistas, como parte del ataque al Cuartel de Masaya, en 1977. Para entonces, Camilo Ortega estaba en Granada y una de las principales bases de apoyo que tuvo fue Ondina López, junto a Esther Membreño, compañera de Ulises Tapia.

En el asalto al Cuartel de Masaya el 17 de octubre de 1977, participaron varias mujeres: María Eugenia Ferrey, es parte de la unidad de combate, mientras Patricia Brenes coopera en tareas de apoyo, y cae presa con Esther Membreño. Ellas fueron procesadas después del ataque al cuartel. Adela Tapia ya estaba integrada en la lucha en ese departamento, mientras la mamá de Juan Carlos Herrera era una gran colaboradora en Nindirí.

En los años insurreccionales 1977-1979 fueron vitales Ana Bolaños, quien era la responsable del movimiento estudiantil universitario de Masaya, hija del Dr. Alejandro Dávila Bolaños; Leyla Duarte, hermana de Mauricio y Modesto Duarte; Vilma Monje, quien dio su casa para cientos de tareas, y además perdió a su hijo Bosco Leonel y a su esposo Bosco Monge, dirigente del Sindicato de taxistas. Muchas colaboraron para las distintas tendencias como Isabel Peña “La abuela”, en Monimbó. Había veces que esa señora daba de comer hasta a cuarenta o cincuenta guerrilleros en los días de sublevaciones.

Otras grandes colaboradoras fueron Felipita Cermeño, Ana Isabel Castillo, Lourdes Bolaños, Elizabeth Castillo, María Jacaranda Fernández y Lesbia Murillo. Algunas mujeres integradas a unidades de combate fueron Adela Aráuz Palacios, hermana de Pedro, y Esther Fernández Tapia, quien estuvo en la columna Rufo Marín.

Jóvenes que se organizaron y dirigieron las luchas estudiantiles en Masaya y luego se incorporaron a otras formas de combate como Damaris Cárdenas, organizada en el Instituto Nacional de Masaya. En el Colegio Santa Teresita, la dirigente era María Teresa Silva “Mayté”. También Blanca Callejas, Chepita Torres, Adelaida Toribio y Petra Turcios, hermana de Oscar. Fueron vitales dos mujeres con el mismo nombre y apellido, Ángela Valle, una conocida como “Chorro” y otra como “Cruz Roja”. Martha Collado había sido capturada pocos días antes de la insurrección, y pasó detenida hasta el triunfo. Dentro del Comando podía escuchar las arremetidas de sus compañeros, rogando por su victoria y a la vez consciente de que la toma del cuartel significaba su propia muerte.

Lubby Morales Alfaro “Reinaldo” nació el 4 de noviembre de 1953, en Somoto, Madriz, siendo sus padres Ramón Alberto Morales Gómez y Modesta Alfaro Cáceres. Estudia primaria en Somoto y en el año 1968 se traslada a León a estudiar secundaria en el Instituto Nacional de Occidente, donde se bachillera. Entra a la UNAN a estudiar la carrera de Biología, la cual es truncada por irse a la clandestinidad el 16 de junio de 1978. El 20 de junio llamó a su mamá y le solicitó que le llevara ropa de frío. Su mamá la cuestionó y le rogó que se saliera de la guerrilla, que ya le tenían el pasaporte listo para que se fuera a Costa Rica, y ella le respondió: –Ya entré en esto y lo tengo que finalizar; según datos aportados por sus hijos.

Lubby fue traslada a Masaya bajo la responsabilidad de Mario López y participa en la insurrección de septiembre en esta ciudad. Luego se va al norte, pues su deseo era participar en las unidades de combate que operaban en la parte rural. Es retornada a Masaya y participa en varios operativos. En enero de 1979 se le nombra responsable General de Masaya, teniendo como Primer responsable Militar a Glauco Robelo. Después del triunfo quedó incorporada al Ejército, y se le otorgó el grado de teniente primero. Luego pasó a la vida civil, y trabajó en el Comité de Dirección Departamental del FSLN de Managua. Tuvo tres hijos después del triunfo: Glauco Rufo, Arlen Verónica y Lubby Tamara. Muere de cáncer en 1993.

Eva María Samqui se inició en los movimientos de protesta, cantando en las iglesias de su natal Jinotepe con Arlen Siú. Al trasladarse a estudiar a Managua, también trabaja en el Barrio San Judas, y realiza operativos para la insurrección de 1978. Después de esa insurrección la capturan junto con Modesto Munguía. Luego que sale de la cárcel, es trasladada clandestina a Masaya a finales de ese año. Fue parte de la conducción de la Tendencia GPP e integrante de los equipos que trabajan con el Estado Mayor de la insurrección en esa ciudad.

De la Tendencia Proletaria recuerdo a Francis Cuadra. También tengo presente a Virginia Cordero y Mercedes Vigil, desarrollando tareas organizativas tan importantes en toda la insurrección.

Del Frente Oriental no he tenido mucha información, pero recuerdo que de allá vino con su uniforme verde olivo Martha Turcios. En 1977, la estructura de la Tendencia Tercerista tenía integrada a Gloria Bolaños, Soledad y Josefa García, quienes participarían en el ataque de Rivas en octubre de 1977, pero éste se abortó porque la Guardia descubrió el plan. (Ortega, Humberto: pp. 324).

Rivas fue un lugar de resistencia heroica, pues como Chinandega, departamento limítrofe, el dictador empeñó sus mejores esfuerzos en impedir la insurrección en estos dos lugares, destacando hacia ahí fuerzas élites y refuerzos del CONDECA, los cuales, como se puede apreciar en otros testimonios como el de la masacre de Belén, actuaron brutalmente contra la población civil indefensa. Los belemitas recuerdan a una combatiente aguerrida, Lidia Hernández, conocida como “Tania del Sur”. El 13 de julio de 1979 ella fue herida, cuando disparaba desde un arbolito de guayaba. Le quebraron el brazo, pero con el fusil tiro a tiro disparaba a los guardias antes que éstos perpetraran la masacre de Belén, logrando sobrevivir en esos combates. Varios compañeros del Frente Sur mencionan a Aída Alemán “Josi”.

También están pendientes los nombres de mujeres que se incorporaron desde las luchas gremiales, como maestras, enfermeras; por ejemplo, aquella gran luchadora y enfermera de apellido Chinchilla. Porque las mujeres, a pesar de la discriminación y el machismo, también estuvieron presentes en esas formas de lucha. El Sindicato de Maestros de Managua, que fue la primera organización de los maestros en este país (1948), tuvo al frente a doña Clementina Cabezas, doña Lolita Téllez y la profesora Ofelia Morales. Cuando se editó La Tribuna del Magisterio en los años sesenta, en el Consejo Editorial de ese periódico estaba doña Mina Zamora. Para las jornadas magisteriales de 1969 y 1970, sobresalieron mujeres como Rosita Pereira, quien negoció en nombre de los maestros después de la toma de la Casa del Maestro el 20 de agosto de 1969.

En la fase de reorganización del magisterio, Eva Conrado y Silvia Villagra fueron vitales para esa titánica labor. En la estructuración de la primera organización de los maestros de secundaria, que se llamó COPEM, Colegio de Profesores de Educación Media, estuvo, entre varios hombres, una mujer, Violeta Barreto. Y en 1977, Gloria Cerna (Coordinadora de ANDEN en Bluefields) se destacó por su coraje; igual otras mujeres educadoras como Milena Núñez, Thelma Uriarte, Odilí Robles Ríos, Cony Parajón Alejo, Marcelina Castillo Venerio, Alba Luz Robles Rocha y Reyna Arróliga Zamora, esta última, también casa de seguridad en Estelí.

En los años insurreccionales se articulaban las luchas gremiales con la lucha militar. Los maestros organizaron células sandinistas. Dentro de esta etapa estaban, junto a dirigentes como Pedro Ortiz Sequeira, Darwin Juárez, Frank Espinoza, Ronald Broock y otros, mujeres como Concepción Palacios, Zaida Rugama, María Ángeles Urtecho y Magali Salinas. En otros terrenos de la organización gremial estaban Sandra Ramos, Alba Palacios y María Teresa Fernández “Xiomara”, esta última en la organización del Movimiento Sindical Pueblo Trabajador, en Managua.

En el Periodismo de Catacumbas, hay que recordar a Martha Sandoval, Ada Luz Monterrey, María Elena Artola, Lily Soto, Vilma Areas, Mercedes Solís de Hernández, Thelma Nidia Guerrero, y la voz que nos animaba en Radio Sandino, Maritza Cordero, de una familia leonesa ciento por ciento comprometida.

Muchas otras formas de participación no armada también fueron sustanciales para la liberación de Nicaragua. La lucha gremial, la poesía, los cantos, la denuncia, la solidaridad internacional. Debemos mencionar a monjas como Luz Beatriz Arellano, o la poesía mezclada con la colaboración y la militancia de Gioconda Belli, Daysi Zamora, Rosario Murillo y Gloria Gabuardi. El canto militante de Marlene Álvarez en el Grupo Pancasán, y también Patricia Mülligan, y el trabajo internacional de mujeres como Thelma Navas, Rosa Hilda Cornejo, Betty y Alba Mara Baldovinos, Matilde Rocha, Gladys y Mónica Zalaquett, Leana Núñez, Ruth Selma Herrera, Carol Baragnello, Martha Yllescas, Ritha Aráuz, María Mercedes Andara, Vanessa Castro, Mayra Rosses, Ivania Ríos, María del Socorro Gutiérrez, Juanita Bermúdez, Gina Chamorro, Carmen Lucía Reyes y Nérida Larios, cuya casa había alojado a varios dirigentes clandestinos; también laboró en la logística que se organizó en Honduras. Y la firme y ejemplar Cuta Salaverry de Castillo, cuyo hijo Ernesto cayó en la insurrección de septiembre de 1978 en León.

Por supuesto, también decenas de mujeres que participaron contraviniendo sus orígenes familiares, como Marisol Castillo, la hija de Chema Castillo, y Vida Luz Meneses, poetisa, hija del General Guillermo Meneses Cantarero, ajusticiado en Guatemala.

En Estados Unidos también había extraordinarias compañeras, algunas vitales para la Red Nacional de Solidaridad: en New York, Kay Stubbs, norteamericana que se hermanó para siempre con la causa sandinista; Yadira Ortiz, poniendo siempre gran pasión a sus misiones, y Daysi Moncada, quien desde su puesto en la Secretaría de Naciones Unidas, contribuía en todo lo que se le pedía. También contábamos con Ana Lorena Rondón, en Seattle; y en San Francisco, California, Aura Beteta, cuyo hijo, Sergio Ramírez Martínez, cayó en Nueva Guinea.

Entre los datos que he podido recoger incluyo los del Comité de Solidaridad en Panamá. No tengo datos de los Comités de Costa Rica, Honduras y México, que fueron de los más importantes. En Panamá existía uno muy activo. Una de las principales tareas era la de comunicación, en la que se destacaron la periodista y militante revolucionara argentina, Stella Calloni; las hermanas Gabriela e Irene Selser, hijas del escritor Gregorio Selser; las chilenas María Eugenia Saúl y Graciela Muñoz; la cubana María López Vigil; la boliviana María Martha González; las españolas Mariuca Lomba y Raquel Fernández; y la ecuatoriana María Sol Yépez24.

Y como “hacelo todo”, Esther María Osses, Pilar González, esposa de Juan Jované, Bertilda Jurado Noriega y su madre Gilma Noriega de Jurado; las hermanas Gloria Rosas y María Isabel Aramburu. En Costa Rica, la poeta y pintora Virginia Grutter fue una firme colaboradora del FSLN.

No puedo dejar de mencionar a las madres, y son miles de mujeres ejemplares que se incorporaron a las tareas, impelidas por el ejemplo de sus hijos. Como no dispongo de sus nombres, menciono a título de muestras a la madre de Julio Buitrago, Santos Buitrago; a doña Albertina Serrano, quien junto a otras madres hacía huelgas de hambre para protestar, o participaba en movilizaciones populares; la heroica Mamá Gilma, doña Gilma Molina, madre de Marcos Sequeira; Gilma Pereira de Pérezcassar, mamá de “Pin”. Doña Mary Adelma Ramírez Solís, mamá de los Comandantes Guerrilleros Cristian y Javier Pichardo y Douglas, a quien el triunfo sorprendió en la cárcel. Doña Adelma, también hermana de Erick Ramírez, caído en la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959, fue quien dibujó los planos del Palacio Nacional que sirvieron para la “Operación Chanchera”, en agosto de 1978. Doña Esperancita Cruz de Cabrera, mamá de Cabrerita; doña Lidia Saavedra de Ortega, mamá de Camilo, caído en Los Sabogales, y de Daniel y Humberto; y también mi madre, Zulema Marcenaro de Baltodano, que participó junto a otras mujeres de AMPRONAC en la toma del edificio de las Naciones Unidas, para denunciar al régimen.

Y no quiero dejar de mencionar a mis hermanas que valientemente se incorporaron a la lucha: Anita, como colaboradora; y en los barrios occidentales, Amparo Baltodano, incorporada en los operativos y dos veces encarcelada. La victoria la sorprendió en La Modelo, después de su última captura junto a Marcia González, y en esa ocasión sufrieron vejaciones y torturas. En León se incorporó, casi niña, mi hermana Adilia Guadalupe “Aracelly”.

Mi hermana Alma Nubia, a sus quince años me dio una gran lección. Ella andaba en operativos con los Comités de Acción Popular, integraciones irregulares que se formaban con gran autonomía para accionar contra los somocistas y contra las patrullas BECAT que aterrorizaban los barrios. Preparando bombas de contacto para uno de esos operativos, le estalló una en sus manos y automáticamente perdió ambas. Pequeños trozos de huesos se incrustaron en sus pechos ensangrentados y parecía que también los había perdido. William Ramírez me llamó a la casa de seguridad donde estaba con “Venancia” y Francis Araica, y tal como era él, me dijo sin ninguna pausa ni preparación: –A tu hermana Alma Nubia le acaba de estallar una bomba y perdió sus manos y sus pechos… Me causó un gran impacto, porque Alma Nubia era la cumiche, y siempre fue mimada entre los nueve hermanos que somos. Lloré en la casa de seguridad y pensé para mis adentros, pobrecita mi hermanita, sin sus manos, sin sus pechos… mejor sería que se muriera.

A los días, Ramón Cabrales me llevó a verla en una casa donde un colaborador generosamente accedió a tenerla mientras se recuperaba, en las propias residencias del INCAE. Ella estaba muy animada, con los ojos brillando de resolución, me contó los detalles del accidente y me dijo que la dueña de la casa donde se fabricaban las bombas, al verla mutilada le dijo: –Niñita, qué horrible, sin tus manos… mejor te murieras… Entonces ella, quien dice que no acertaba aún a sentir dolor, por el shock inicial de las amputaciones brutales, le contestó: – Cómo me puede decir eso, señora, si tengo mi voz, mis ojos, mi cerebro y todo mi cuerpo para seguir luchando contra la dictadura. Yo miraba sus muñones vendados mientras la escuchaba y para mis adentros sentí una enorme vergüenza. Después del triunfo se fue a alfabetizar a La Rica, en Yalí, departamento de Jinotega, y montada en una yegua se movilizaba a las casas campesinas a enseñar a leer y escribir.

La lucha por derrocar a la dictadura somocista implicó la labor de miles de mujeres con las armas en la mano o colaborando a riesgo de sus vidas, en las labores intelectuales, en las tareas domésticas y también en las más grandes responsabilidades. La viuda del Mártir de las Libertades Públicas, Pedro Joaquín Chamorro, Violeta Barrios de Chamorro, se puso al lado de la historia en momentos cruciales de la lucha, cuando aceptó ser parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN), al final de una gesta que fue realmente de todo el pueblo, y por tanto es también de las mujeres que lucharon porque queríamos una patria libre.

Este trabajo es sin lugar a dudas incompleto. Seguramente he cometido importantes omisiones. Pero intenta ser un comienzo. Otros trabajos, con el apoyo de las mismas participantes, deberán ver la luz, antes de que sus nombres se los trague el olvido. Ese es el compromiso.   


19 de julio de 200825




NOTAS


1 Son mencionadas con ese apellido en el libro La Marca del Zorro, las andanzas de Francisco Rivera. (Pp. 118).

2 La doctora Emma Yanes Rizo publicó en Puebla, México, el libro Araceli, Nicaragua 1976-1979: la libertad de vivir, en el que cuenta la historia de esta valiente mujer.

3 Más datos de ellas aparecen en el relato de la masacre de Veracruz, diálogo con Ana Isabel Morales, en el Tomo II de esta obra.

4 Ana Julia Olivas Paz, hermana menor de Laura Sofía, brindó estas informaciones.

5 Datos brindados por Victoriano Arteaga Núñez.

6 Este dato fue brindado por Osman Espinal, originario de El Viejo. Es sobrino de Nidia. Osman llamó por teléfono al programa el 27 de mayo de 2000.

7 Un oyente que llamó por teléfono al programa del 27 de mayo de 2000 y afirmó que él estaba en el Festival donde la joven fue asesinada brutalmente.

8 Más datos de esta masacre en la entrevista a René Vivas, Dorotea Wilson y David Blanco, en el Tomo I de esta obra.

9 Testimonio brindado por María Haydee Sequeira –quien era profesora de Ruth–, mediante una llamada telefónica que hizo al programa Entre Todos y Todas.

10 Llamada telefónica de una madre de Chinandega, quien pedía no olvidar a Silvia Marlene.

11 Los detalles de sus últimas horas están en el relato de Quxabel Cárdenas, que aparece en este Tomo.

12 Detalles de los combates en los barrios occidentales y de la masacre de Batahola aparecen en entrevista a Amílcar Ocampo y Alma Nubia Baltodano, en el Tomo II de esta obra.

13 Información brindada por Onofre Guevara

14 Ver información completa en

15 Estas informaciones fueron suministradas por Guillermo Cortés Domínguez.

16 La lista de cincuenta compañeros que cayeron en El Repliegue, se encuentra en el libro Porque Viven Siempre entre Nosotros.

17 En la recopilación sobre los caídos en Masaya, publicada por el IES con el título Porque viven siempre entre nosotros no se incluye la participación de Miriam en el Frente Norte; pero Guillermo Sánchez afirma que ambos formaron parte de esta columna y que posteriormente fueron enviados a Chinandega.

18 Todas estas mujeres están incluidas en listas de caídos presentadas por el Instituto de Estudio del Sandinismo, en la recopilación Porque Viven Siempre entre Nosotros.

19 Estos nombres están referidos en la obra De León al Búnker de Guillermo Cortés Domínguez.

20 Sus datos están en una conversación que compartimos con Elías Noguera y José Ángel Vindell, en el Tomo II de esta obra.

21 Guillermo Cortés Domínguez contribuyó con informaciones valiosas sobre mujeres luchadoras de Jinotega.

22 Más datos de ella, en entrevista sobre la insurrección de Matagalpa, en el Tomo II de esta obra.

23 Detalles de Quxabel aparecen entrevista, en este mismo Tomo.

24 Datos obtenidos del artículo “Los Otros Protagonistas”, de William Grigsby Vado, publicado en la Revista Envío.

25 Escribí este artículo en julio de 2008 para su publicación en un diario local; pero por su extensión, no lo publicaron, así que lo envié por correo electrónico. Muchas compañeras y compañeros se congratularon por este esfuerzo, y varios contribuyeron mandándome información que ya fue incorporada, pero el recuento está pendiente de completarse.


Últimos comentarios del relato
  • Javier Nicaragua :

    Excelente recopilación, la felicito por ese tiempo dedicado en honor a las Divas de la Revolución!! Me entristeció la muerte de la compañera Rosario Luna Quintanilla, no debió ser así, pero me conforta que usted le da el reconocimiento que se merece y que todo nicaraguense le debemos de respetar pues ella sufrió ante la GN esas torturas crueles, para mi ella no fue delatora, no, ella una valiente mujer era ella!!. Saludos y bendiciones!!

    14 Jun, 16
  • Admin :

    Gracias por sus palabras que nos animan a seguir trabajando en este desafío de la Memoria Historica

    21 Jun, 16
  • davidromero60@hotmail ,com :

    participe en la lucha del heroico pueblo nicaraguense en el frente sur benjamin zeledon 1979 sapua ciudad de ribas con el desaparecido comandante ezequiel y el batayon gaspar garcia laviana en onor al saserdote y pude conprender que el idealismo no la matan las harmas mas bien la agrandan tenia 17 años en ese entonces recuerdo a la conpañera tania al conpañero trancito y su escuara fueron enboscados serca de belen y asecinados por los esbirros de somosa en la cincuenta donde cayo el comandate di

    20 Jul, 15
  • Admin :

    Muchas gracias!

    21 Jun, 16
  • Angel Suazo :

    Pregunto si save de marha ubeda companera de pedrito el hondureno

    22 Oct, 14
  • Sonia Uriarte :

    Doy gracias a Dios por permitirme entender que "nuestro encuentro" por el transito en esta vida, ustedes( vos y Bayardo) hayan sido también mis maestros de lo que entendí como dureza de la vida, dada mi poca preparacion( no académica,por que la tenia) sino por mi escasa experiencia fuera de mi hogar. Agradezco a Dios,antes que a nadie,por haber puesto ángeles en mi vida durante ese trayecto de mi vida,como Pedro Arauz( mi big brother para siempre) por cuidar de mi cuando le fue propicio,era un hombre pulcro,muy conservador en los conceptos sobre la mujer y por eso cuido de mi,sin haberse aprovechado nunca( como te lo aclare en su momento en la clandestinidad) ,Federico fue mas un hermano que otra cosa. Tengo que agradecer a la Lolita Arroliga por enviarme cosas de necesidad femenina cuando estaba en el monte y a espaldas de ustedes. Pido perdón a la familia de Luis Alberto Gonzalez por que lo reclute y finalmente murió en León,mientras que yo sobreviví gracias a la protección del padre de mis hijos:Venancio. Eso me duele aun, y me duele tanto que Venancio haya manchado de sangre sus manos y puesto tantas veces en peligro su vida,sin haber recibido un mínimo reconocimiento de la entrega desde su niñez que perdió tras un ideal que llevo al poder y las riquezas a unos que solo supieron enviar a los demas. Me entristece que su espíritu haya sido nublado tanto que casi llegara a pensar que los problemas entre seres humanos solo se pueden resolver con las armas de la guerra,con sangre de otros, que haya sufrido tanto oprobio por lo que ustedes hicieron correr como rumores entre los que fueron nuestros compañeros para deslucirlo ante las ambiciones. Pero no me toca a m juzgar a nadie, Dios quiso que aprendiera el verdadero compromiso del cristiano "PUESTOS LOS OJOS E CRISTO,único autor y consumador de la fe,el que no tenia ni una roca para poner su cabeza, y que como Sandino," no quería ser presidente" ,ni tener propiedades,ni aun un palmo de tierra para su sepultura, ESE es mi comandante. Mónica,como quisiera que recordaras tu cristianismo( o nolo era?) que veas lo que vos misma has escrito sobre lo que ha pasado con la "revolución", pero que solo fuera del contexto del poder podes ahora reconocer. Yo supe de todas las necesidades que el pueblo soporto con las medidas tomadas por la revolución,desde abajo como dijo Daniel, me subieron por la espalda gentes que queriendo subir a un bus a Esteli, a ver a mis hijos mientras volví a la universidad a terminar la carrera que abandone por la revolución y que tantos sacrificios significo para mis padres. No extraño nada de lo que no he tenido, Dios me ha ayudado siempre, aun en medio de la descalificación que ustedes hicieron de nosotros,quisiera que veas que se ha repetido en la revolución de lo que tantas veces criticamos y pensábamos en contribuir a resolver. Se que no puedo cambiar lo que ya paso, pero se que puedo enmendar mis errores con mi presente, y eso he hecho mientras he buscado mas de DIOS en mi vida y en la de mi familia, ya no quiero criticar,ahora quiero construir con los que construyan, por que es la única manera de tener partecon DIOS,te invito a que decodifiques lo que escribis como heroicas historias, como logros y éxitos. No soy valiente,y porque soy débil Dios me hace fuerte. Quisiera visitarte si me recibís,eso puede ayudar a dañar las heridas infligidas en el pasado,y te lo pido por favor.Que el Dios de toda misericordia te bendiga.Sonia. Pdata. No es que sea santa, soy una pecadora que lucha con su parte carnal,mientras tanto corro a la meta con el ejemplo del Pablo convertido. Un abrazo. Creo que es bueno, que los jóvenes sepan que las guerras,ni los grandes "heroísmos" de papel liberan a ningún pueblo,por falta de conocimiento,muchos cristianosnos vimos incluidos en una lulucha que empezó con " buenos propositos" (tal y como decía Bayardo: los caminos al infierno están llenos de buenas intenciones.) cuando me toco salir cada noche a pintar las paredes de las casas de los estelianos,mientrasel viejo Filemón cuidaba mis espaldas mientras colocaba banderas y hacia las pintas

    10 Mar, 14
  • Myrna Reedni :

    Monica, es increible como describe la lucha de la mujer, muchas de las nombradas, sobre todo las caidas en combate ni siquiera sabiamos de sus existencias, de su heroismo, colaboradoras historicas, combatientes etc., ya era hora que se escribiera sobre ellas. Felicidades por sus escritos cuyos conocimientos nos lleva a conocer la gran historia de las mujeres en cuyas espaldas se soporto el peso de la causa sandinista. Su admiradora de siempre Myrna Reed

    08 Mar, 14

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