Memorias de la lucha Sandinista

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La macabra masacre de Belén

José Antonio Molina


José Antonio Molina Quintanilla “Leonel”, nace en Rivas el 13 de junio de 1963, pero vivió siempre en Belén. Ahí estudia primaria y luego inicia estudios técnicos en el Instituto Técnico Nacional (INTECNA). Se integra el 13 de junio de 1979 a la columna de “Ezequiel”, Álvaro Diroy Méndez, perteneciente al Frente Sur. Luego del triunfo de la revolución participa en la Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA), en La Ñoca, Río San Juan, y empieza a trabajar en el Ministerio del Interior.

Luego va al Servicio Militar Patriótico (SMP) y después queda incorporado como permanente en el Ejército Popular Sandinista, siendo su jefe inmediato Adolfo Zepeda Martínez. Se retira en 1992, con el grado de teniente primero. Después de la derrota electoral del Frente Sandinista en 1990, ocupó el cargo de presidente del Comité Electoral de Belén; después, secretario político del FSLN en ese municipio, y jefe de campaña en las elecciones municipales del 2000.

La Guardia somocista había empeñado fuerzas importantes en dirección de Rivas para impedir el avance del Frente Sur que, en un segundo empuje, había penetrado desde Costa Rica, por Peñas Blancas, sobre la Carretera Panamericana, hasta las riberas del Río Ostayo, en una guerra casi convencional, con un tren de abastecimiento militar que incluyó armas de grueso calibre. El Frente Sur, en efecto, logró empantanar a fuerzas élites de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), al mando de Pablo Emilio Salazar “Comandante Bravo”1.

Como parte del plan insurreccional para el Frente Sur, Álvaro Diroy Méndez “Ezequiel” debía atacar el Comando de Rivas y tratar de insurreccionar la cabecera departamental, lo que logró parcialmente. Los combates fueron durísimos. Mientras, otros grupos y columnas actuaban sobre otros poblados.

Belén fue tomado el 13 de junio por una escuadra sandinista y mantenida bajo control por un mes. El 30 de junio siguen los combates en Rivas, y las fuerzas del FSLN dominan el sur de la ciudad y las principales vías de comunicación. El 2 de julio una escuadra sandinista dinamita el puente sobre el Río Gil González, en Belén. El 6 de julio la Guardia atacó con morteros el hospital de Rivas, asesinando a internos, mujeres y niños, violando todas las convenciones internacionales.

Belén, ubicado en el kilómetro 102 sobre la Carretera Panamericana, a escasos diez kilómetros de Rivas, era una posición importante para el abastecimiento de la Guardia. El mismo día que las fuerzas guerrilleras que combatían en Rivas realizan un repliegue táctico hacia los alrededores, ubicándose en Tola, los combatientes que tenían tomado Belén desde hacía un mes, deciden replegarse a las colinas cercanas, frente al avance de tropas de la Guardia que exhiben una clara superioridad en armamento y pertrechos. Al irse los guerrilleros, la Guardia procedió a castigar a los pobladores que se quedaron, tendiéndoles una mortal y terrorífica trampa.

El propósito, como se verá, era aterrorizar a los pobladores, e impedir que las fuerzas sandinistas se volvieran a apoderar de esa posición. En varias cronologías oficiales se afirma equivocadamente que la masacre fue el 13 de junio, y además se afirma que la Guardia disparó sobre los pobladores. La verdad es que los torturaron salvajemente antes de dar muerte a la mayor parte, por medio de degüello.

La criminalidad de la Guardia, en particular de las tropas de la EEBI reforzadas con mercenarios que contrataba directamente Anastasio Somoza Portocarrero, El Chigüín, queda totalmente al descubierto en estos relatos, que además son acompañados de anécdotas de los jóvenes combatientes, que reflejan cómo el coraje y el optimismo que despierta una noble lucha por la libertad, no se perdió a pesar del terror.

El relato sirve también para corregir las versiones oficiales2. La fecha de la masacre fue el 15 de julio y los hechos reales son relatados con contundencia por la propia población martirizada. José Antonio Molina no era un avezado guerrillero entonces. Apenas se integró en la fase insurreccional de la lucha, como miles de jóvenes milicianos. Él ilustra el entorno y las circunstancias vividas, y ofrece informaciones recabadas después del triunfo de la revolución a partir de las declaraciones frente a los tribunales de uno de los cómplices de la masacre.

José Antonio reconstruye la matanza de civiles en la iglesia y el centro de salud, con datos proporcionados por el testimonio de sobrevivientes y familiares de los mártires, junto a las escenas vistas cuando él y otros combatientes entraron al centro de salud y abrieron los depósitos donde los guardias criminales almacenaron los órganos sexuales de los hombres, mujeres, niños y niñas, masacrados cuatro días antes.

Para completar esta historia, mi hermana, Alma Nubia Baltodano, viajó a Belén para conversar con algunas personas sobre sus recuerdos de esta terrible masacre. Algunas madres de masacrados se juntaron para hablar, pero muchas no pudieron hacerlo, pues rompieron en llanto. El alcalde de Belén, Félix Peña, también dio su testimonio. Todos se presentan aquí, como un diálogo colectivo.

Mónica: Nos acompaña en cabina el compañero José Antonio Molina del municipio de Belén. Él perteneció a la columna del Frente Sur, a la que se integró el 13 de junio de 1979. ¿Cómo te integraste a la guerrilla? ¿Cómo era el ambiente de Belén en esos días?

José Antonio: En aquellos tiempos, ser joven era un delito, y no quedaba otra alternativa que integrarse a la lucha insurreccional para desterrar de nuestro país a la oprobiosa dictadura que nos tenía sometidos, que nos tenía humillados, que nos venía matando al pueblo.

Como un sinnúmero de jóvenes de mi edad, de quince y hasta dieciocho años, al llegar las columnas guerrilleras del Frente Sur al poblado de Belén, el 13 de junio, decidimos integrarnos a esta lucha. Hasta cierto punto, muchos lo hicieron moralmente, porque la verdad es que no había suficiente armamento para dotar a todos los que nos estábamos integrando. Nosotros sentíamos que de esta forma estábamos haciendo una mayor presión a la dictadura, para que cesara su oprobiosa masacre, para quitarnos esa bota de encima, que nos tenía oprimidos.

Mónica: ¿Qué pasa el 13 de junio? ¿Cómo se da la insurrección de Belén?

José Antonio: El 13 de junio, las columnas del FSLN se ubicaron sobre la carretera y entraron al poblado lanzando vivas al Frente Sandinista, llamando al pueblo a unirse a la insurrección. Hubo respuesta de la población, se armaron los grupos de colaboradores, de abastecimiento de alimentos, de defensa de la población y otros que nos integramos a las columnas. Formamos diferentes estructuras y luego pasamos a los campamentos de Tola. Después de entrenarnos, un grupo de compañeros regresamos al municipio de Belén para mantener la presencia guerrillera en la zona, que se había declarado territorio libre a partir del 13 de junio.

Mónica: ¿Ustedes logran estar en posesión del pueblo casi un mes, porque el repliegue de fuerzas se da el 13 de julio?

José Antonio: Sí. El grupo que quedamos –porque no queda toda la columna que entró el trece de junio, sino una presencia nada más, porque la otra gente pasa a reforzar los campamentos– estamos en un pequeño campamento tipo Puesto de Mando en el casco urbano, en la casa San Andrés. El 13 de julio nos comunican que están desembarcando tropas aerotransportadas de la Guardia en el Ingenio Dolores, que hoy se llama Benjamín Zeledón. Nos dicen que vienen en avanzada por Potosí, con la misión de recuperar Belén, ya que la presencia guerrillera ahí, les impedía abastecer a sus tropas en Rivas. Y por eso tiraban toda esa fuerza.

Nosotros calculamos que esa fuerza era súper mayoritaria. Avanzaban mortereando hacia el poblado, hacia nuestras posiciones. En ese ataque son heridos los compañeros Dagoberto Siézar, de Potosí, y en la propia plaza pegan a otro compañero que iba para el campamento donde teníamos el Puesto de Mando, Pascual, al que nosotros cariñosamente le decíamos “Pascualón”.

Yamil Ríos muere haciendo resistencia para que la Guardia no barriera a las tropas guerrilleras; se coloca adelante de las tropas que estaban sobre la carretera, en la entrada a Belén, se posiciona en un árbol como francotirador, y empieza a detener a la Guardia que va entrando por un callejón de Potosí a Belén. Yamil muere heroicamente ahí y fue uno de los compañeros que demostró mayor coraje. Se sacrificó para que nosotros pudiéramos replegarnos.

La Guardia, por temor a que nosotros estuviéramos posicionados más hacia el poblado, no penetra el 13 de julio. Se ubica en la carretera, y empieza con su artillería a disparar; entra el día 14, por la tarde, hace sus incursiones, y se empieza a apoderar de todo el casco urbano.

Félix: El trece de julio, realmente se inician horas amargas, de dolor, en Belén. Por la guerra que nos desató la dictadura de Somoza, el pueblo belenita se vio obligado a integrarse a la guerrilla, como única forma de sobrevivencia. En la lucha cayeron muchos pobladores de Belén, hasta que se llega a los momentos amargos del 15 de julio, cuando guardias nacionales disfrazados de soldados sandinistas, soldados del pueblo, llegan a la Plaza de Belén; se toman la iglesia católica y comienzan a sonar las campanas, diciendo que ellos son guerrilleros del Frente Sandinista y que la población tiene que asistir porque ahí está el comandante Edén Pastora.

La población llega. Se calcula que llegaron por lo menos ochenta y cuatro pobladores, a los cuales encerraron. A las mujeres empezaron a torturarlas, a violarlas dentro de la iglesia, y se dice que posteriormente pusieron a personas, obligadamente, a cortarles los pechos a las mujeres, a cortarles los brazos, y a matar persona por persona entre los mismos pobladores, prometiéndoles que el que tuviera valor de matar al compañero, al ciudadano de Belén, le perdonaban la vida.

Y todo eso fue una mentira. Realmente murieron todos. Luego fueron acarreados todos los cadáveres y tirados a un pozo, donde hoy es el Centro de Salud, en este pueblo de Belén. Este pueblo ha sufrido, lógicamente, por esta masacre de estas bestias. Yo no creo que haya una persona que haya vivido esto, que no le dé escalofríos cuando recordamos estos momentos de terror inolvidables. Todo este pueblo sufrió esa masacre, lo sentimos en carne propia.

Y todavía a estos años, en calidad de alcalde, he recibido llamadas de muchos lugares de este país, preguntándome que qué pensamos hacer nosotros, no desde un aspecto partidario, sino desde el dolor de la población, de integración ciudadana, para conmemorar algo que la población no puede olvidar, como fue esta masacre. Yo expreso muchísimo dolor a las madres aquí presentes y a todos los familiares de los cadáveres que todavía se encuentran en este sumidero.

José Antonio: Efectivamente, en la mañana del 15, la Guardia utiliza la táctica engañosa, macabra y criminal de disfrazar a un grupo de soldados como si fueran guerrilleros, con pañuelos rojinegros y boinas. Hace sonar las campanas de la iglesia y se posiciona en las principales esquinas que conducen a la plaza. Los guardias disfrazados llamaban “compita” a todo el que pasaba, y lo invitaban a ir a la iglesia a conocer al comandante “Cero”. Algunos, con mayor conocimiento, al ver que había gente con pañuelos rojinegros y más allá elementos con cascos, tendidos sobre la plaza, dudaron y se regresaron, detuvieron a algunas personas, pero la mayoría de ciudadanos se fueron, por engaño, adentro de la iglesia.

Alma Nubia: Doña Socorro Cortez, es madre de uno de los asesinados. ¿Cuéntenos, doña Socorro, qué recuerda de esa masacre y cómo se llamaba su hijo?

Socorro: Para mí es como que si fuera hoy, no se me podrá olvidar nunca. Fue el 15 de julio de 1979, cuando entraron las bestias somocistas al pueblo y tocaron las campanas de la iglesia. Al sonar de las campanas, mi hijo, que también cooperaba con el Frente Sandinista, fue a la iglesia para conocer a “Cero” y porque también lo invitaron a ir a Nandaime a sacar a las fuerzas de la Guardia, diciendo que el Frente Sandinista ya había tomado todo el departamento de Rivas.

Mi hijo se llamaba José Omar Cortez Quintanilla y tenía diecisiete años. Él se equivocó, al igual que toda la gente, porque los guardias andaban con pañuelos rojinegros, como andaban los del Frente. En el camino se encontró con Agustín Morales, y ése fue el que los llevó a la muerte. (Relato entre lágrimas).

Alma Nubia: ¿Agustín Morales era de la Guardia?

Socorro: No, era hijo del pueblo; y se valieron de él, porque él vivía en la entrada de aquí, de Belén, y entonces él llamó a la gente. Pasó ese hombre, estuvo donde una señora de la misma calle, y llevaba a un hijo de ella; lo llevó directo a la muerte. Nosotros vivimos en la última calle, soy vecina de esta señora.

José Antonio: Alguna gente no se dejó engañar, dijeron, yo no quiero saber nada de ellos, y sobrevivieron; ellos nos han relatado cómo fue. Según la señora Rosa Cerda, ayer mismo platiqué con ella, miró a esos elementos apostados con pañuelos rojinegros, pero más allá habían otros elementos con cascos, había un convoy, y ella sabía que la guerrilla no caminaba convoy, lo que la hizo sospechar. Entonces ella se chiveó y dijo, esto no es nada del Frente, esto es la Guardia. Dice que logró alertar a algunos, pero que a otros que pasaban por donde era la Alcaldía, los llevaban los mismos guardias a la iglesia, y a otros, al Centro de Salud.

Agustín Morales, mencionado por doña Socorro Cortez como quien anduvo llamando a algunas personas para que fueran a la iglesia, fue acusado por algunas madres de cómplice de la masacre, después del triunfo de la revolución. Este tipo relató sin asco que observó cuando a una madre le quitaron a su hijo, lo tiraron hacia arriba y lo esperaron con una bayoneta calada, donde quedó ensartado. Dijo que la madre les gritó: – ¡Asesinos! ¡Criminales! Y por eso le sacaron las uñas, le quitaron los pechos, le cortaron sus partes íntimas y después fue degollada. El mismo Agustín Morales dijo que había un guardia negro que era el que, con un cuchillo bien filoso, les cortaba sus partes a hombres y los pechos a las mujeres.

Por las declaraciones de este hombre, que sí sabe, algunas de las madres lograron recuperar los restos de sus hijos. Él mentó algunos de los nombres, atestiguó que ahí estaban. Por eso es que se recuperaron para la historia algunos de los nombres de la gente. Este Agustín Morales estuvo preso y salió porque no sé qué enfermedad tenía, y lo dejaron libre. Este señor atestiguaba que de la iglesia, la gente era trasladada al Centro de Salud: ahí le sacaban las uñas. Que había un guardia negro, tipo verdugo, quien con un cuchillo bien filoso empezaba a cortar las partes de los hombres, las partes de las mujeres y los pechos. Después, los cadáveres fueron acarreados y tirados al sumidero del Centro de Salud.

Cuando el pueblo fue recuperado, cuando ya estas hordas criminales dejaron el poblado y la gente bajó a estos lugares buscando a sus hijos, se encontró que en el Centro de Salud, en un estante que tenía un depósito en la parte del centro, al abrirlo, se encontró todo tipo de partes: de niños, de hombres, de mujeres.

Mónica: Eran unos asesinos, depravados, enfermos.

José Antonio: Era terrorífico, típico, prototipo de los paladines sanguinarios que conforman ese tipo de ejército. Daba rabia, terror y pesar, ver cómo se ensañaron con una población desarmada y humilde; porque esa gente francamente no tenía con qué defenderse cuando cayeron en manos de estos criminales.

El mismo Agustín Morales, en sus relatos terroríficos ante la justicia, contó que alguna gente se desmayaba, y así la tiraban al sumidero, donde después se asfixiaban porque le caía otro cuerpo encima. Me parece que él mismo comentaba que los primeros que entraron a Belén fueron los más asesinos, porque estas tropas venían reforzadas con tropas del CONDECA, y todos dicen que andaban individuos que no se correspondían con la fisonomía del nicaragüense.

Esta primera tropa que entró fue la que mayormente se ensañó en la población. Fue como que lanzaron primero a las hordas más asesinas. Cuando quedó libre la vía de Belén, pudieron entrar los convoyes, hubo relevo3. Para el dieciséis, ya permitían el saqueo a los delincuentes.

Se calcula que fueron ochenta y cuatro las personas asesinadas. Pueden ser más, porque había unos pobladores que estaban en la casa Cural de la iglesia, que dicen que fueron los primeros que tomaron. Ahí había niños, mujeres, ancianos, que nosotros desconocemos. Nosotros tenemos una lista de mártires, pero no llega a esa cifra. Ahí había gente de otros municipios y otros departamentos que, por la guerra, estaban refugiados, y nosotros no los conocíamos.

Mónica: Me imagino que en los interrogatorios a los guardias, les sacaron información; ¿qué era lo que motivaba ese nivel de tortura?

José Antonio: Bueno, se dice que el aceptar ir a ver a Edén era delito suficiente para ser asesinado. O sea, que andaban con una gran sed de asesinar, que les bastaba sólo con provocar y someter a esta gente a esas barbaridades.

Mónica: Por supuesto que ahí no iban los combatientes, porque se habían replegado. Era población civil, indefensa, colaboradores, simpatizantes; porque los combatientes habían logrado escapar en el repliegue hacia Tola. ¿Así es?

José Antonio: Sí. Nosotros nos tuvimos que retirar el 15 de julio, por escasez de municiones. El mando superior de la guerrilla nos ordena que nos retiremos y que avisemos a la población que íbamos en retirada y que venía la Guardia. La mayoría cumplió esta orden de avisarle a la gente; muchos pobladores decidieron replegarse hacia el río, en el lado oeste del poblado, y ahí permanecieron en unas fincas. Entonces, cuando entra la Guardia, al no ver presencia de población, usaron ese vil engaño de sonar las campanas para que la gente se preocupara, viera qué era y se acercara.

Los primeros pobladores que bajaron fueron los capturados; algunos que venían detrás de éstos, escucharon gritos, y también fueron avisados por otros para que se retiraran, que no se acercaran porque era la Guardia. Eso impidió que fuera una masacre mayor.

En la iglesia se hallaron restos de ropa de niños, mujeres y hombres. Se supone que de ahí eran trasladados desnudos en fila. ¿Quién se iba correr? No se iba a correr nadie, si estaba posesionada toda la plaza, tendido de puro guardias. Era un hormiguero. Todas las calles tomadas, circulando guardias por todos lados.

Mónica: Conversamos con el comandante Julio Ramos, y nos comentaba que hay pruebas fehacientes de que en la parte final de la guerra, en 1979, vinieron a Nicaragua soldados coreanos, salvadoreños, guatemaltecos, del CONDECA. Eran individuos entrenados para los actos más crueles, como la masacre de La Arrocera, en León; La Rampla, en Siuna-Rosita; la masacre de Batahola; la masacre de Nueva Guinea; la masacre de Chinandega; es decir, estamos hablando de asesinatos masivos.

En este programa, Tirsa Sáenz nos contó cómo fue la masacre en Chinandega, cuando la Guardia se iba a ir del Comando de Chinandega, donde hubo prisioneros que murieron carbonizados. Se oían los gritos espeluznantes a la redonda, porque los dejaron en sus celdas; la gente quería darles auxilio y no podía porque estaban enverjados. Esto lo hicieron un día antes de la victoria revolucionaria.

Oyente: Comandante, le habla Noel Rayo. Solamente quería recordarle que entre las masacres que perpetró la genocida, también se encuentra la de Solectra, que fue el veinte de abril de 1978. Tal vez usted recuerda eso.

Fue una protesta que tenían los obreros de Solectra, por donde era la lechería La Completa, yendo para Ciudad Sandino. El veinte de abril hay una protesta ahí de los obreros de Solectra y Emensa, y llegaron como catorce patrullas BECAT a reprimir, y masacraron a más de diez obreros.

Mónica: Gracias, Noel, por ese aporte a este recuento de las masacres. Contanos, José, ¿qué pasó después?

José Antonio: Después, Belén parecía un pueblo fantasma y estuvo en silencio del 15 al 17. La masacre se dio el 15, pero la gente, ya sabiendo que estaba la Guardia somocista ahí, no quería arrimarse, y siguió refugiada. En los alrededores, la población vivió aterrorizada, porque se corría la voz, se decía: –Viene la Guardia avanzando. La gente se ponía más temerosa todavía, porque ya sabía que habían asesinado a pobladores.

El retorno a los campamentos para recuperar municiones, para volver después a tomar el poblado, empezó el 17 de junio, cuando enviaron observadores a los cerros para conocer las posiciones de la Guardia y calcular cuántos efectivos se movían en el casco urbano.

Me imagino que, ante la huida de Somoza, el día 17, el temor empezaba a correr en las filas de la Guardia, pues para entonces ya no había mucha presencia de guardias en el casco urbano de Belén, según cuentan los pobladores que bajaron y miraron de largo. Ya para el 17, cuando se anuncia la huida del tirano, las ratas buscan cómo abandonar el barco. Los guardias empiezan a buscar cómo embarcarse, porque había puntos de embarque en el Ingenio Dolores y por La Rumbo, le decían “La Pista”.

Entonces, las columnas avanzaron, y el día 18 la gente empezó a retomar el pueblo. Lo que notamos es que los guardias andaban en estado de ebriedad, como drogados, y desarticulados. Encontramos botellas de ron y paquetes de cigarros extranjeros por todos lados; dos cadáveres en estado de descomposición, y no se sabía si eran pobladores, guerrilleros o guardias. Sólo se pudo reconocer a un poblador que estaba en el centro de la plaza, un carretonero que trabajaba en una finquita cercana llamada La Granja, era un cuidador que tal vez, al ver a la Guardia, se quiso correr, y le dispararon.

El mayor asombro no era por esos dos cadáveres que se encontraron en el camino, sino porque donde la Guardia había tenido a la gente secuestrada, se había producido una masacre. Comenzamos a avanzar hacia la iglesia y el Centro de Salud, donde había sucedido todo, y al entrar fue impactante. Las escenas eran macabras, todo aquello que ya describimos.

Mónica: Hay compañeros que aseguran haber encontrado cajas con órganos sexuales.

José Antonio: Sí, ahí estaban. Vos abrías un estante en el Centro de Salud, y mirabas todo tipo de órganos, mirabas el reguero de sangre, por allá las uñas, donde fueron torturados estos ciudadanos. Ni siquiera eran elementos armados, ni siquiera eran integrantes de las columnas guerrilleras, eran simplemente pobladores que al oír que los muchachos estaban ahí, que los muchachos se habían tomado el pueblo, tuvieron simpatía con la columna y tuvieron la curiosidad, por el engaño, de conocer al comandante “Cero”, que en ese tiempo era un personaje popular por la toma del Palacio y por el Frente Sur. Había sangre por todos lados, uñas y otros desechos, cadáveres en total estado de descomposición. Eso fue del 18 para el 19.

Mónica: ¿Qué hicieron con los cadáveres?

José Antonio: Para evitar una epidemia, el mando superior, encabezado por el comandante “Ezequiel”, ordenó que no se sacaran los cuerpos, había moscas; se decidió que se sellara el lugar, y ahí se declara monumento de los mártires. Las madres se organizaron en un comité y se construyó el monumento que contiene todos esos cadáveres. Una de las madres, doña Socorro, decía que había muchos mártires desconocidos.

Alma Nubia: Quería describir un poco para que los oyentes se ubiquen. Belén es un pequeño pueblito a orillas de la Carretera Panamericana. Todo el municipio, que incluye las comarcas, no tenía más de diez mil habitantes. El casco central tendría tal vez tres o cuatro mil. Todos esos pueblitos tienen una plaza con un parquecito al centro y la iglesia. A esa iglesia fueron llevados; y al otro costado del parque está el Centro de Salud, en cuya letrina o pozo, los enterraron.

José Antonio: A menos de cincuenta metros, venís dando la vuelta y te encontrás con el Centro de Salud. Más para acá, también a escasos treinta metros, está la casa de San Andrés, que es la que ocupó la columna guerrillera como Puesto de Mando. La gente fue tirada en un sumidero. Agustín afirmó que vio muchos que se desmayaron y que así los arrastraban hacia ese hoyo. Los echaban y ahí terminaban de morir por asfixia.

Mónica: Y este Agustín Morales, ¿quedó vivo?

José Antonio: Él quedó vivo después del triunfo de la revolución, pero se fue de Belén. Este Morales también dijo que usaron una bayoneta afilada para sacarles las uñas a la gente y luego degollarlas; porque para esto, Mónica, no utilizaron ni siquiera balas, ni siquiera gastaron balas, fueron atrozmente asesinados.

Oyente: Sí. Yo no quiero dar mi nombre. Yo conozco al compañero y él debe de conocer a Santana. Le quiero recordar que ahí también hubo una familia completa que estaba en el colegio, que fueron muertos con los barriles de gasolina que lanzaban los aviones de la Guardia. Es la familia Lúquez. Y soy de ahí, de Rivas, de Belén, conozco todo de esta masacre, y de la muerte de Bayardo Talavera, también, ahí en el puente Gil González, de la voladura del puente, y todo eso.

José Antonio: Sí, Jorge Antonio “Toño” Cubillo era un compañero originario de El Rosario, combatiente, murió cubriendo el trabajo de minado del puente Gil González. Fue una operación realizada por una brigada organizada por “Ezequiel”.

Entonces, vos combatiste ahí; fuiste de los que se insurreccionó en Belén, ¿así es?

Oyente: Podría ser así, pero no quiero dar mi nombre. También, los que me conocen saben que fui militar hasta el ochenta y cinco, ¿ya? Entonces, yo soy desmovilizado del Ejército. Me gusta dar mi aporte porque esa gente apoyó bastante. José Ugarte fue colaborador histórico, y el compañero Félix Peña y todos sus hermanos que participaron en la insurrección. Es muy importante tocar este tema. Yo lo estoy escuchando porque es bueno revivir esos sentimientos; ahorita yo me siento hasta como impresionado, porque ahí pasaron unas cosas bien terribles.

Mónica: Claro. Y lo importante es no olvidar nunca toda esta sangre derramada por una sola causa, la de la libertad y la justicia. Mientras no tengamos una sociedad en donde prevalezca la libertad, la justicia, la equidad, no podemos olvidar a esos muertos, tenemos que seguir esa lucha que ellos iniciaron y por la que dieron sus vidas algunos de ellos en condiciones atroces, como las de estos masacrados en la iglesia de Belén.

Oyente: “Chico Bulla”. Quiero recordar algo que pasó en este tiempo, cuando la Guardia se ensañó en el pueblo de Belén. Resulta que en las fuerzas revolucionarias estaba organizado Agustín Aguilar “Lenin”; andaba también “Polvorón”, un brother que se ponía una boina, un sombrerito; estaba aquel altote, piernas largas, que jugaba béisbol, y se llama Yamil Ríos, que andaba en un caballito pequeño, y eran tan largas las piernas, que le arrastraban.

José Antonio: También tuvimos el honor de tenerlo en las profesionales de los Orioles de Baltimore. Estuvo en las ligas profesionales, siendo ya militante del Frente, y se vino a integrar a la ofensiva final porque lo llamaron a la lucha... Y cayó heroicamente.

Chico Bulla: Y estaba también “Ezequiel”, Álvaro Diroy Méndez, que fue comandante guerrillero. Era colaborador fuerte, Manuel Estrella, el “Loco Estrella”, él tenía una tierra.

José Antonio: Y su camionetita siempre estaba a la disposición. Era un compañero mayor, pero aventado; no se negaba a ninguna misión, trasladando armamento, avituallamiento. Llevó un montón de botas.

Chico Bulla: Y en las tierras que tiene aquí por Ochomogo, tiene chagüitales, cañales, y ahí estuvo un tiempo Omar Halleslevens “Pedrito”. Estuvo como veintidós días el Comandante Bayardo Arce.

José Antonio: Omar Halleslevens estuvo trabajando en este sector, antes de la insurrección. Según entiendo, fue como en 1977. Y de tránsito, estuvo el comandante Tomás Borge.

Chico Bulla: Sí, el Comandante Borge y creo que Víctor Tirado. No recuerdo muy bien. Por otro lado, sé que hacían unas pancartas en cartulina y las rayaban con semilla de aguacate, y después las poníamos. El mismo Manuel Estrella le ayudaba a Juan Pancho Álvarez; él era infiltrado en el Partido de Somoza, era profesor de la escuela de Potosí. Mis padres son rivenses. Yo nací aquí en Managua, pero sí nos criamos una parte en Potosí, departamento de Rivas, y ahí andábamos organizados con Chanito Aguilar.

Tenía un hermano que se llama Efraín. Dicen que hace poco murió. También estaba organizado Wilfredo Chamorro hijo, quien murió después del triunfo en el Servicio Militar. Wilfredo Chamorro padre es profesor y en ese entonces era Alcalde de Potosí. ¿Te recordás de la “Tania”?

José Antonio: Lidia Henríquez “La Negra Tania”, una combatiente histórica. Allá en Pica Pica la hallamos. Era de la columna de “Ezequiel”. Está viva.

Chico Bulla: Exacto, la “Tania del Sur”. Quedó enganchada en un árbol de guayaba, y con el brazo quebrado, porque le perforó el brazo y le pasó el seno; y con una sola mano, le voló pija a la Guardia, tieso y parejo. ¡Tremenda loca, oíste! Locazazaza.

José Antonio: A la salida de la iglesia, en la resistencia ahí en la iglesia, fue en la retirada, hermanito. Ella nos cubrió la retirada, herida combatió y luego logró retirarse exitosamente por un cañal y la mandaron para el campamento. Es una compañera súper valiente, está viva.

Chico Bulla: Sí. Ahora yo soy ciego, maestro. ¿Ya? Y resulta pues que “Polvorón”, “Lenin”, y Yamil, agarraron a un guardia. Antes de pasarle la cuenta, por supuesto, le quitaron un radio y le preguntaron cuáles eran las claves, y entonces le dijeron que hablara; habló y comprobaron que eran las claves, y entonces estaba la Guardia en Monte Redondo. Esto no lo has apuntado, no lo has dicho, maestro.

Y entonces con el mismo radio, llamaron a la Guardia y le dijeron: –Los sandino-comunistas están en Monte Redondo. Pero era una tonelada de guardias los que había ahí. –Los sandino-comunistas están en Monte Redondo. Manden a bombardearlos. No tenemos salida. Manden a bombardearlos. Entonces la misma Guardia mandó a bombardear a su gente en Monte Redondo.

Mónica: ¿Así es la cosa? ¿Implementaron esa estratagema?

Chico Bulla: Sí. Entonces, de esta manera se revirtieron las cosas, y se vengó a tantos muertos que hubo en la iglesia, porque quien dio la idea, quiero recordarte esto, no sé si vos esto lo sabías: había un hombre que vendía raspados, le decían “El Burro”, era “oreja” y fue fusilado. Pero antes, él fue el que dio la idea, en San Luis.

José Antonio: El Raspadero, le decían.

Chico Bulla: Ajá. Y bueno, pues, la cosa es que yo ya estaba aquí en Managua, porque para ese entonces ya estaba ciego. Bueno, quiero decirte algo. De muy cara de tiesto yo, ya ciego, organizado, me fui a hacer operativos.

Había tres guarditas en Potosí. Entonces Wilfredo Chamorro, hijo del Alcalde de Potosí, Giovanny Valle Quiroz, Chanito Aguilar, Segundo Acevedo, Jorge Acevedo “El Sapo”, Augusto, Reynaldo González “El Abuelo”, Manuel Quiroz, Pepe y un muchacho que murió en una torre que estaba por Radio Rumbos, Justo Castillo, el colegio de Potosí lleva su nombre. Entonces les digo: –Miren, un momento, a mí no me van a sacar de la nota. Yo voy a ir. –Compadre, vos ya no podés. – ¿Cómo que no voy a poder? ¡Claro que sí! Entonces nos fuimos y agarramos una llanta. El pueblo no tenía trabajo definitivamente, no tenía pegue. Entonces agarramos una llanta, la rociamos de gasolina; yo agarré la llanta y en cuanto oí el fogonazo donde se encendió la llanta, la tiré al cañal para que se quemara.

¿Qué conseguíamos?: Uno, estábamos hostigando a la Guardia; y dos, le dábamos trabajo al pueblo, que no tenía en esos momentos. El cañal estaba a la par del cementerio, y enfrente del cementerio vivía una señora somocista; entonces, la señora cayó desmayada, pues, al ver la onda.

Y nosotros explicábamos que ya venía la fuerza revolucionaria, que el Frente Sandinista venía a cambiarlo todo, porque definitivamente traía concepciones totalmente distintas a lo que la Guardia presentaba. Yo quería contar esa experiencia, que ya estando ciego, de muy fuerte, yo andaba metido en la nota, pues. O sea, no quería aceptar que tenía que estar en mi casa, ¿verdad? Posteriormente me vine para acá, a Managua, a estudiar, y ya me quedé aquí. En la etapa final, yo ya no pude participar, porque ya estaba ciego.

Mónica: Contanos “Chico Bulla”, ¿y cómo perdiste la visión?

Chico Bulla: Yo la perdí de un golpe en la cabeza. Nosotros tuvimos una reunión una noche, y nos desvelamos. Entonces, por cosas de la vida, sufrí un accidente, un golpe me desprendió la retina... Yo no soy ciego de balazo. Walter Ferreti, quien me conoció perfectamente bien, pues él se movía mucho en la Colonia 10 de junio, donde tiene una prima hermana que se llama Yolanda, me aconsejó, al igual que Tomás Borge, que me inscribiera en el Seguro Social como lisiado de guerra, porque fue apoyando al Frente que me pasó tal cosa.

Mónica: Pero siempre optimista, “Chico Bulla”, te oigo, metiendo bulla.

Chico Bulla: Yo sí, mano. Y pienso que todos los discapacitados debemos darnos cuenta. Recordemos la casa donde estaba el Colegio de Ciegos, el Centro de Rehabilitación Carlos Fonseca; en realidad, eran dos casas: una de María Elena de Porras, y la otra era de Samuel Genie. De donde fue la casa de Salvadora Debayle, media cuadra hacia el sur. La cosa es que cuando el Frente Sandinista pierde las elecciones, agarraron las dos casas y las vendieron como propiedad de ellos. Y los ciegos quedaron en el aire, pues, sin un lugar donde pudieran aprender el Sistema Brayle, trabajos manuales y otras cosas. En otro orden de cosas, donde estaba el Gaspar García Laviana, que era un centro de rehabilitación de hombres y mujeres sobre sillas de ruedas, también lo vendieron como propiedad de ellos.

Donde estaba el Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos (CRAC), donde atendían a los lisiados de guerra, lo vendieron como propiedad de ellos y ahora existe una empresa naviera; y después quisieron quitarle la casa a la Organización de Revolucionarios Discapacitados (ORD) para venderla, pero los discapacitados no lo permitieron. Entonces, ese llamado: que debemos recuperar los lugares donde los discapacitados podemos aprender.

José Antonio: Sobre la situación que hablaba “Chico Bulla”, de Monte Redondo, mis respetos para él, y le agradezco que me haya recordado este episodio. Es verdad, la Guardia entre ella misma se atacó en un momento en Belén, por esta acción. Supe que hubo ese ataque, pero no tenía la información de cómo había surgido el engaño. A mí me contaba una señora que bajó al pueblo, que la Guardia estaba bombardeándose, y que ellos decían: –Hijo de la gran puta, decile a estos majes que somos nosotros. Nos van a joder.

Mónica: Podemos recordar a la familia que murió en una escuela, ¿cómo fue eso?

José Antonio: El bombardeo fue en el colegio de primaria, mucho antes de la masacre. Ahí estaban refugiadas las familias Lúquez y Bustos. El helicóptero dejó caer un barril, que creo que era fósforo blanco, venía encendido y, al caer, salpicaba4.

Las familias, para capearse, corrieron sobre el corredor de la escuela, y fue precisamente ahí donde cayó el barril. En este bombardeo murieron dos hijos y un nieto de la señora Bustos, y ella salió en carrera por las calles de Belén como una llama humana, quemándose y pidiendo que le echaran agua, porque no aguantaba. La verdad es que iba muerta en vida. Todo el material que llevaba esta bomba, la bañó, iba en pedazos. De los Bustos hubo una sobreviviente, una de las hijas de la señora, que después fue mandada a Cuba a reconstruirle el rostro con operaciones de cirugía plástica. Vive aún en Belén.

Mónica: ¿Qué están haciendo ustedes ahora para mantener vivo ese recuerdo de lo que pasó en Belén? ¿En los colegios se habla de esto?

José Antonio: El colectivo de madres de mártires está solicitando a la Alcaldía que los apoye para hacer una misa campal para recordar a estos mártires del 15 de julio, y también para que los jóvenes que no lo saben, conozcan lo que fue el somocismo, su forma de atemorizar al pueblo, el trato que le daba a la población, cómo se ensañaban con los civiles y cómo eran preparadas estas tropas para matar. Y también para que los habitantes memoricen la historia de Belén, ya que todos estos hechos son parte de esa dolorosa historia, que es necesario que perdure por todos los tiempos.

Mónica: Esta es una lista parcial de los torturados y asesinados el 15 de julio de 1979, en Belén de Nicaragua:

(Voz de una madre): José Omar Cortez Quintanilla, Martín E. Paniagua, Luis López, Francisca Bermúdez, Vicente Ríos, Vida Zúniga, Erasmo Cortez, Juan José Martínez, Ramiro Avellán, Denis Trinidad, Ramón Silva, Julio Martínez, Adrián Peña, Ricardo Vargas, Julio Norori, Juan Marcos Bustos, Carlos A. García, Carlos Fajardo, Rafael Zavala, Mariano Castillo, Marcos Norori, héroes y mártires desconocidos que lucharon el 15 de julio de 1979. ¡Nuestros muertos en Belén viven en el corazón de sus familiares!

Nos despedimos con una canción de Víctor Jara, que es precisamente sobre una masacre cometida por los mismos enemigos de la justicia, nada más que en un lugar llamado Puerto Montt, en Chile5. Es la misma lucha y la misma historia que nos unifica a todos los que luchamos y seguiremos luchando por la justicia en el globo terrestre, desde todos los confines de la tierra. ¡Las manos de los asesinos no las puede limpiar nada ni nadie! Oigan esta canción:

Muy bien, voy a preguntar,

por ti, por ti, por aquél

por ti que quedaste solo

y el que murió sin saber…


¡Murió sin saber por qué

le acribillaban el pecho!

Luchando por el derecho

de un suelo para vivir.

¡Ay, qué ser más infeliz,

el que mandó a disparar,

sabiendo cómo evitar

una matanza tan vil!


Puerto Montt, oh Puerto Montt.

Usted debe responder, Señor Pérez Zujovic,

por qué al pueblo indefenso

contestaron con fusil.

Señor Pérez, su conciencia

la enterró en un ataúd

y no limpiarán sus manos

todas las lluvias del sur.



16 de junio de 2001





NOTAS


1 Pablo Emilio Salazar fue ejecutado en Honduras por un comando internacionalista, en octubre de 1979.

2 En la cronología del IES, se dice textualmente: “El 13 de junio de 1979 se produjo una masacre en el barrio San Luis, de Belén, departamento de Rivas”. Se afirma que los guardias, disfrazados de sandinistas, llamaban a la población a reunirse en la plaza a distribuir alimentos; cuando la gente se reunió, la Guardia disparó contra la multitud, asesinando a ochenta personas. Muertos y heridos fueron enterrados en fosas comunes. Varias mujeres fueron violadas.

3 La Guardia abastecía a sus tropas que resistían en el Frente Sur a través de la carretera Panamericana que pasa por Belén.

4 El uso de fósforo blanco por parte de la Guardia fue corroborado por expertos de Amnistía Internacional entre ellos Jorge Masetti.

5 Masacre ocurrida el 9 de marzo de 1969, durante el gobierno demócrata cristiano de Eduardo Frei Montalva, en la cual murieron diez personas humildes, incluyendo un niño de nueve meses de edad. Se trataba de un grupo de noventa toma tierras, paracaidistas, les decimos en Nicaragua.

Se acusó al Ministro del Interior, Edmundo Pérez Zujovic, de haber sido quien dio la orden de disparar. La diputada comunista Gladys Marín dijo entonces: “Una vez más se ha lanzado la fuerza policial contra el pueblo. Ni las amenazas ni las balas impedirán que el pueblo use el derecho legítimo que tiene de exigir un lugar donde vivir”.

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