Memorias de la lucha Sandinista

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Pedro Aráuz fue mi maestro

Glauco Robelo


Glauco Robelo Choening nace en León el 8 de junio de 1957. Sus primeros años vive en Estados Unidos y luego estudia parte de su primaria en el Colegio Dulce Nombre de Jesús, conocido como Colegio del padre Hernández, y secundaria en el Calasanz y en el San Ramón. Se incorpora adolescente al Frente Sandinista de Liberación Nacional a partir de los contactos de su padre, luchador anti-somocista y temprano colaborador del Frente.

Realiza funciones de correo y otras actividades conspirativas, directamente bajo la responsabilidad de Pedro Aráuz Palacios, a quien siempre vio como un mentor. Pasa a la clandestinidad y realiza tareas como instructor de escuelas militares y constructor de unidades de combate en Managua, Carazo y Masaya. En esta ciudad, fue miembro del Estado Mayor de la insurrección final y responsable militar de la Tendencia Guerra Popular Prolongada, teniendo bajo su mando la unidad de combate Rufo Marín, así como la Pedro Aráuz Palacios.

Después del triunfo de la revolución, fue fundador de la especialidad de artillería en el Ejército Popular Sandinista. Formó parte del primer grupo de oficiales del EPS, graduados en la Academia Máximo Gómez, en Cuba. El 15 de julio de 1980 fue ascendido a subcomandante. Fue fundador de la Inteligencia y la Contra Inteligencia, que era una especialidad conjunta. En el año 2005, siendo Director de Inteligencia, se retira del Ejército con el grado de general de brigada.

Después de la insurrección de septiembre de 1978, se planteó la urgencia de dar saltos cualitativos en la organización militar de las fuerzas insurreccionadas en todos los departamentos. En Masaya, que había vivido dos insurrecciones y una efervescencia continuada, se volvía impostergable la estructuración de fuerzas militares. Glauco Robelo, quien había recibido un entrenamiento de gran calidad en Honduras, fue trasladado a esta ciudad. Ya conocía a los responsables, pues había impartido escuelas de entrenamiento y participado en la fundación de la unidad de combate Rufo Marín, en junio de ese año. Había impartido escuelas en varios pueblos de Masaya, y sobre todo, tenía disposición y temple para el combate.

Su llegada al departamento de Masaya permitió acelerar la organización de las unidades de combate de la Tendencia GPP, poner a las fuerzas en ofensiva con la realización de diversos operativos militares, y estructurar una red especial de apoyo a las estructuras armadas. Fue importante el trabajo realizado en los municipios y sus comunidades, así como en la propia ciudad, cabecera departamental, y la labor de coordinación con las demás tendencias en que estaba dividido el FSLN.

El testimonio de Glauco Robelo es una contribución indispensable para la comprensión de la lucha de Masaya en el período más agitado y combativo que se vivió en Nicaragua: la ofensiva ininterrumpida desde principios de 1979 hasta la victoria del 19 de julio. En esta entrevista presentamos también algunas aclaraciones y aportes que nos hiciera Roberto Rivas Guatemala “Mario” en diálogo posterior.

Mónica: ¿Cuándo hacés tus primeros contactos con el Frente?

Glauco: Mi infancia la viví en Estados Unidos, desde los nueve meses a los ocho años, donde la única hermana de mi papá y de mi tío Mincho, María Robelo Murillo. Como toda la familia era anti-somocista, ella tuvo miedo de que nos mataran y se llevó a varios familiares, porque mi papá y mi tío Mincho eran de los que gritaban ¡muera Somoza! en cualquier parte.

Mi tío Benjamín, Mincho Robelo Murillo, estuvo diez años preso. Mi casa era una farmacia muy conocida en León, la Casa del Pueblo, que tenía doble modalidad: era farmacia y botica. Mi papá, Rafael Robelo Murillo, era ingeniero químico y médico general. Murió en 1977, estando yo clandestino, de lo cual me di cuenta hasta después del triunfo.

La Casa del Pueblo era un lugar al que llegaba todo el mundo. Cosa curiosa, fue la primera casa en Nicaragua que vendió condones; entonces, todos los estudiantes llegaban y buscaban al doctor Robelo, todos chivas, porque no les podían decir a las dependientas qué querían. Mi casa era enorme y detrás tenía unas piezas donde él dejaba un pizarrón, unas barras de tiza, borrador, un pichel con agua helada, y una cumba de café, para que los estudiantes llegaran ahí a estudiar. Después me di cuenta de que algunos de los que llegaban eran luchadores contra la dictadura.

Ahí conocí a una serie de personajes en la historia del Frente como “La Gata” Munguía, al “Ronco” Turcios, que era novio de Mélida Escobar, hermana del chaparro Noel Escobar. Conocí a Carlos Fonseca, que por cierto era medio enamorado de mi hermana Violeta Indiana, antes de casarse con su esposa María Haydee. Ahí conocí a Pedro Aráuz, a Lumberto Campbell y Agustín Lara. También al doctor Oscar Danilo Rosales, quien era mi vecino, pues vivía como a setenta y cinco metros de mi casa.

Mis simpatías con el Frente me las transmite de primero un primo mío que muere en Pancasán, era como el más aventado, Francisco Moreno, hijo de mi tía, Estela Fornos. Tenía un montón de primos involucrados: Oscar Robelo, hijo de mi tío Mincho; los Langrand Hernández: Róger cayó con Carlos Arroyo, el 17 de octubre de 1977 y Marcelo, que fue un cuadro importante y estuvo preso en Honduras. Los “Chamberto”, hermanos de Francisco Moreno, Julio Evenor Avilés Fornos y un tío sacerdote, el padre Hernández Fornos, dueño de un colegio con internado. A todos nos metieron internos donde el padre Hernández. Mi tío Mincho en esa época estaba preso, y nosotros, los primos, nos turnábamos para irle a dejar el desayuno, el almuerzo y la cena, todos los días a la cárcel de La 21. Así comencé a rechazar al régimen.

Mi papa y mi tío fueron fundadores de la banca de los políticos en el parque San Juan, frente a mi casa. También tenía de vecino a Rafael Lacayo, conocido como “Payo Loco”, uno de los primeros hombres de ideas comunistas, “ideas exóticas” decían, fue el primer Embajador de Nicaragua en Cuba en los años 79-80. Su casa fue una de las primeras casas de colaboradores del Frente, su hijo Arturo era muy amigo mío, y su hija Verónica Lacayo cayó en la insurrección final. Una de mis hijas se llama Arlen Verónica, por Arlen Siú y por Verónica Lacayo. Lo que te quiero decir es que vivía en un sector de gente muy integrada a la lucha.

En nuestra cuadra, también estaba la casa de los Alegría, que era visitada por el General Somoza, por gente de la OSN y la alcurnia del somocismo, porque todos eran funcionarios, uno era Embajador, el otro era Magistrado, el otro era un Coronel que le servía las copas al General Somoza, el otro era Sub Director del Hospital Militar.

Arturo Lacayo me comenzó a hablar del Frente para que le ayudara a vigilar cualquier cosa que mirara extraña en la cuadra, porque yo era líder en mi barrio y en León. Entonces ahí hicimos un grupito: Arturo, Ildefonso Chavarría “Vulrapid”, así le decíamos porque su papá era el dueño de la única vulcanizadora que había en León, y creo que era primo hermano de Juan José Quezada, o hermano, no estoy muy claro.

Comenzamos, pues, a chequear a qué hora pasaban las patrullas, cuánta gente pasaba, las modalidades. Eso fue como a inicios de 1972. Comencé a llevar y traer papelitos a un “tío grande” que había en mi casa, pues mi papá prestaba un área de mi casa en un traspatio, donde estaban unos cuartos. Habían un montón de “tíos nuevos”, encerrados todo el día, leyendo y, entonces, uno de los “tíos” resultó ser Pedro Aráuz. Él me dijo que no le dijera nada a mi padre, que eso era una cosa entre él y yo. Yo dejaba y traía papelitos a Sutiava donde el famoso Magnus Bervis, dueño de El Fuerte, su casa de habitación, donde mantenía un gran arsenal de armas.

Después de eso, yo siempre hacía los chequeos; a veces lo llevaba a Amatitán, a Chácara Seca, en un Land Rover que tenía mi papá. En ese tiempo no era tan necesaria la licencia de conducir, porque todo el mundo me conocía, y la Guardia era tan corrupta, que le dabas dos pesos y te dejaban.

Luego “Federico”, “Pepe”, “114”, “Eustaquio”, “Eulogio”, el hombre de las mil caras y las mil vueltas, me dio un entrenamiento básico de arme y desarme. Incluía una Browning, una pistola 45 de las viejas y una carabina recortada pequeña. Me enseñó a manejarlas; las medidas de seguridad, me tuvo como seis días en chequeo, contra chequeo; me sacó a la calle a comprobarme, todo lo básico, porque trabajaba para él. Después me pusieron a trabajar de correo a Managua; mi contacto en la capital era la Gloria Campos Traña.

Yo estaba muy joven, pero miraba la pobreza del Frente Sandinista: entonces Pedro me hizo ir a entrevistar a varios políticos conservadores, a varias gentes que le indicaba mi papá, y comencé a conseguir colaboradores económicos.

Posteriormente me juramentó oficialmente como militante del Frente y me pasaron a trabajar a otra estructura, que era de reproducción de documentos. Los hacíamos con una máquina de escribir en la oficina de mi papá; picábamos un esténcil y reproducíamos en un mimeógrafo rústico, de madera. Quedaban todos chorreados, y nos pasábamos días para sacar unos cuantos números.

Yo siempre fui muy inquieto y le decía: –Hombré, si vamos a seguir así, nos va a matar la Guardia y jamás vamos a llevar un comunicado. Yo iba de vez en cuando a Estados Unidos, ya sabía manejar mimeógrafos, entonces le conté: –Mirá, hombré, allá reproducen los materiales por miles, con sólo apretar un botón.

Como vi uno de esos aparatos en el Hospital de Chinandega, esa fue mi primera misión: me robé el mimeógrafo de ahí, con gente a ciegas. – ¿Y para qué querés eso? –A vos te vale verga, es una maldad que yo quiero hacer. Llegué con un jeep del hijo del Comandante de la plaza de León, Benjamín Campos, y en él trasladé el mimeógrafo.

Pedro no sabía, fue una operación por mi cuenta; y la siguiente vez que me mandó a hacer un comunicado como de cuatro páginas, yo lo agarro y pras, pras, le pongo una silueta del General Sandino, y un número, y entonces sacamos dos mil ejemplares. Y se queda aquel… – ¡Jueputa, nos fuimos arriba a Managua y a los de Matagalpa! ¡No jodás, Pepe!, ¿vos crees que nosotros somos majes? –le digo. Yo pensé durante un buen tiempo, que la pobreza era para desinformarnos, pero era de verdad. No había para ni mierda, era una pobreza increíble.

Después me mandó a México a traer una correspondencia de Cuba; y así me fui desarrollando, hasta que llegué a trabajar con Julio Ramos y Arnoldo Quant Ponce, en el año 1975. Ellos eran los encargados de mandar todo el abastecimiento a la montaña, y yo, de recuperar armas en Managua, en armerías, para mandar al monte.

Pero Arnoldo tenía problemas de asma, era como medio desnutrido, y Julio Ramos, obviamente, no podía ir allá; entonces me metieron en ese grupo. En ese grupo subí una vez al hijo de un colaborador histórico de Sutiava, lo subimos con otra gente, que se la entregamos adelante de Yalí, a Salomón Moreno Cordero “Samoco”, que en paz descanse. Era el hombre más grande que tenía la Unidad Bacho Montoya, un compañero increíble.

Creo que fue un error que cometió Pedro conmigo, porque él cuidaba mucho de que me conocieran, ya que como legal, yo podía hacer mil cosas. Y pasó el tiempo. Como a los seis meses, este hombre que yo subí, se desertó de la montaña, y comenzó a entregar gente, señalar casas, y señaló donde vivía yo. Me salvé por un pelito de que me capturaran.

Después supe que lo fusilaron en el Puente La Leona. Fue el único comunicado público en la historia del Frente en el que se informa de un fusilamiento. Y luego regañaron a los encargados, porque lo dejaron sin camisa, y se dijo que no era un tratamiento correcto. Pero su padre participó en el fusilamiento, porque mataron a dos hermanas de él por su traición; la OSN las desapareció y además mató a una tía del traidor, y al papá lo metieron preso. Fue una cosa bien dura.

Cuando Pedro tomó la decisión, todos tuvimos que ir a la clandestinidad: Julio Ramos, “El Náhuatl” y yo. A mí me mandó para Honduras. Me dice: –Mirá, yo llego en quince días. Vos conocés dos rutas, voy a entrar en una ruta; me esperás tal día. Y yo lo fui a traer y lo metí con Marcelo Langrand, que era el “103”. Marcelo era el jefe Regional del Frente en Honduras, junto a Rafael Mairena “El Pueta”. Marcelo se clandestiniza, cuando matan a Arlen Siú en 1975, en El Sauce. Matan a una serie de compañeros en una escuela ahí, y capturan a Luis Guzmán “El Chiri”, en Rota. Entonces yo voy a caer a esas estructuras, y ahí es donde me hago guerrillero de verdad.

Yo antes era de los que miraba una armería, ¡pas! me meto por el techo, saco lo que puedo y ¡jalo!, como ladronzuelo. Pero esa escuela me cambió, fue de gran calidad, te lo digo ahora, después de recibir muchos entrenamientos. Esa escuela se llamó Selim Schible; la dieron Pedro Aráuz, Juan de Dios Muñoz, y Charlotte Baltodano, quien era la instructora militar. También llegó “El Danto” Germán Pomares Ordóñez, a darnos charlas, todavía no se había tercereado, y nos regaló unas armas.

En esa escuela participan Mauricio Valenzuela, Arnoldo Quant, “El Pelón” Rostrán –un obrero de León que vos reclutaste–, Marcelo Langrand, Lucío Gutiérrez –es comisionado de la Policía, un buen compañero, el más fraterno de todos–, Felipe Escobar, Reinaldo Díaz y Luis Alberto González. Luis Alberto era de Estelí y hubo un momento en que le planteó a Pedro que él era cristiano y que todavía no se sentía preparado para matar. Era un hombre muy honesto. Le pidió un chance, un tiempo para pensarla. Pero después socó.

Esa escuela no la pudimos terminar porque, cuando nos íbamos a graduar, capturaron a Marcelo y al poeta Mairena. Ese día se fue “El Danto”. Reinaldo, con un gran nerviosismo, comenzó a cuestionar a Pedro y a Juan de Dios Muñoz, y entonces Pedro se paró y le dijo: –Mirá, el día que comencemos a desconfiar de nosotros mismos, estamos perdidos; el compañero no es traidor, y si yo voy a morir por confiar en él, aquí nos quedamos. Si usted se quiere ir, váyase.

Luis Alberto González es uno de los hombres más valientes que he conocido. Cuando le dijo a Pedro que no se sentía preparado para matar porque era cristiano, lo dijo sinceramente, no por cobardía. Recuerdo que le dije a Pedro: –Ve, este hombre sí tiene coraje, dejalo que viva su proceso. Y así fue. Después Luis socó y cayó por la causa. Pero este otro hacía cuestionamientos escudándose en cosas teóricas, pero hizo chanchadas. Se desertó y se le llevó una pistola a Julio Ramos.

Y realmente Marcelo no habló; a él lo golpearon, lo torturaron y todo. El grupo de dirección se pasó a una casa de los Reyna, que eran colaboradores, y que uno de ellos llegó a ser del Congreso y Presidente. Bien socones.

El último grupo salió prácticamente combatiendo de una casa en la Colonia Kennedy. Después se organizó la entrada al país por grupos: el primero fue el de Pedro; el segundo, el de Mauricio; y el tercer grupo fue el mío con Juan de Dios Muñoz. Después nos distribuyeron a nivel nacional. Nosotros veníamos como responsables militares a formar estructuras militares, a hacer escuelas, a capacitar a una serie de cuadros que tenía la organización en ese momento, que les decíamos “La Empresa”, no sé si te acordás.

Mónica: Tenía rato de no escuchar esa expresión, pero así es. Al FSLN le decíamos “La Empresa” y al Frente Estudiantil Revolucionario, “La Empresita”.

Glauco: Entonces vine a Managua con Charlotte. El regional de Managua era Vicente Ibarra, más conocido como “Quincho”; el segundo de él era Carlos Arroyo; la delegada para la universidad era Margine Gutiérrez; el delegado operativo, el ejecutivo de ellos era Noel Escobar, y el hombre de confianza para manejarle las estructuras de colaboradores de casas, de carros, ése era Róger Luis Langrand, mi primo.

Además, nos conocíamos perfectamente, pues teníamos otra casa de seguridad en Las Mercedes; de ahí saldría más tarde Carlos Arroyo, cuando lo asesinan. A Róger y a Carlos los matan a media cuadra de diferencia. Ahí capturaron a Auxiliadora Cruz, a Gloria Campos y a Margine. Creo que sólo Zenobia García se escapó de esa redada.

Cuando vinimos a Managua, la estructura estaba muy débil, y yo vengo de responsable militar de Managua, con la Charlotte. Para nosotros, como ya venimos con otra formación, fue como un shock venir a una estructura débil, a una ciudad como Managua. Un lugar con una organización fuerte por parte del enemigo, con bastante trabajo de seguridad e inteligencia. Ahí comprendimos la importancia de esa escuela, en la que se invirtió bastante dinero. No teníamos ni idea de las capacidades que tenía el enemigo y la pobreza nuestra. Llegábamos a un lugar y nos bolseábamos un peso, dos pesos. Andábamos mal armados, unas pistolas malas y cinco tiros que no sabíamos si explotarían o no. Y entonces ahí comenzamos a inventar unas como encuestas, por barrio, para saber la situación. Porque lo primero que observo cuando llego, es que “Quincho” nos da, a la Charlotte y a mí, una serie de documentos donde la gente tenía nombres y apellidos. ¡Ellos no sabían ni fichar!

Mónica: Nosotros, en el norte, usábamos cifrados.

Glauco: Aquí, no. En el cuartelito, que era una casa de Mario Mejía, en la Colonia Centroamérica, frente al portón donde está el Cuerpo de Bomberos, lo primero que pregunto es: –Hombré, y esta casa, ¿cuál es el origen? ¿La alquilamos, nos la prestan? Enfrente quedaba la casa de la mamá del doctor Mejía, quien era un cuadro quemado también con el Frente. Era abogado de los sandinistas. Y nos damos cuenta que ahí habían reuniones del FER y del MES. Nosotros teníamos cuatro días de estar ahí, cuando rodean la casa. La detectan o ya la tenían detectada.

Suerte que, en la noche que llegamos, como yo no conozco el terreno, no digo nada; pero me quedo a la orilla de la puerta, entre despierto y dormido. Nosotros aprendimos, en la misma escuela, que en la ciudad hay que turnarse a hacer posta. Allá donde estábamos, y ya era como una norma en cada cuartel sandinista, donde estábamos dos, vos te sacrificás un rato y yo otro rato, para que no nos agarraran dormidos.

Entonces, en la mañana hice un rol de postas y los metí a todos. A Margine Gutiérrez la pongo de posta, y comienza a pasar un carro Nova sin placas y señalando la casa. Después pasaron otros vehículos y, dentro, majes tipo OSN: zapatos Florsheim, guayaberas, anteojos oscuros Ray Ban colgados en la faja, esclava y el reloj Oris. Entonces ella me hace el reporte.

Esa mañana, se acerca un tipo disfrazado de bombero y pasa de viaje, abre la persiana de madera, y yo estoy cerquita y lo quedo viendo: ¿Qué pasó, amigo? –le digo, aquí es privado, ¿nos va a robar?, aquí tengo una tranca. No, no, no, tranquilo, tranquilo –me dice. Estaba curioseando, es que hay una mujer aquí que me gusta. – ¡Ah!, ¿sí? Y se regresa.

Nosotros veníamos de un entrenamiento brutal; además, me sentía que tenía un poco más de nivel que los otros que estaban ahí. En primer lugar, yo tenía mi mochila y mi arma de guerra, una carabina que me habían dado, porque en la escuela tuve alguna participación; ya tenía mi granada, ya era un “Rambo”.

Entonces tomé la decisión: Doy la orden de retirada de esa casa a todo el mundo, incluyendo al jefe regional que era Vicente Ibarra. Entonces le digo a una de las compañeras, no recuerdo si era Margine: –Llevate tu arma, caminá, chequeate; si no regresás en diez minutos, nos vamos; y si te van a capturar, dispará. Entonces ella salió, se chequeó, se metió en una pulpería donde la conocían, y ahí la escondieron.

Entonces, al no regresar, sale todo el mundo y yo me quedo quemando papeles. Me pongo mi mochila, que ya venía entrenado a traerla, una mochila de sacos Macén con unas chochadas, mis tiros, mis papelitos, mis cosas, pues, para hacer granadas, y otras cosas.

Cuando la Guardia se baja, yo hago un disparo. Y entonces, por supuesto, ellos hicieron cien mil disparos, comenzaron a disparar a lo loco, parampampán. Y yo esperando que se quemara toda la información que teníamos ahí, porque era una responsabilidad de nosotros.

Ahí me hice famoso en Managua, porque: uno, no me capturaron; dos, fue mi primera acción de frente al enemigo, con guardias que nos tenían rodeados; tres, probé mi carabina con la que sólo había hecho disparos en seco, con un triangulito; y cuatro, tiré mi primera granada a la Guardia Nacional. Eso fue como en febrero o marzo de 19771.

Después me salté los muros, hasta caer donde es el Auto-cinema. Secuestré un carro, le dije a la señora: –Mire, soy del Frente Sandinista, no se ponga nerviosa; no la voy a matar, si usted no comete una imprudencia. –No, tranquilo, papacito tranquilo, ¿dónde te llevo? Entonces me fui allá por la UNAN, todos esos eran predios vacíos, y de ahí me fui a la casa de seguridad que quedaba detrás de Julio Martínez, que me la había entregado Pedro.

Mónica: ¿Era la de “Peter”? Ahí te encontré varias veces, incluyendo una vez que llegué, y Flor, una de las hijas de “Peter”, te estaba tiñendo el pelo.

Glauco: La casa de don Pedro Avilés “Peter” y doña Mariana López. Eran de la gente de más confianza del Comandante en Jefe de la Revolución, Carlos Fonseca Amador. Ellos alquilaron alrededor de veinte casas, cuando Carlos se hizo famoso de casa en casa. Él vivía en el Camino de Bolas, que ya no existe, que estaba por donde Julio Martínez, había un aserrío y un caminito charrula. La tercera casa era donde habitaban.

Me retiré por caminos y llegué ahí. En esa casa ocurrió una famosa fajeada que me dio Pedro Aráuz. Cuando llego a la casa, el jodido primero me abraza, y después me putea. Me dice: – ¡Idiay! Una excesiva defensa –le respondí. – ¿Cómo que una excesiva defensa? –Sí, ahí todos estaban mal armados, el jefe regional andaba con tres tiros. Le tuve que pegar fuego a toda la información que había, ¿a cuánta gente hubieran capturado? –le digo. ¿Entonces cómo vamos a proteger a la gente nosotros? – ¡No, ni mierda! Y ¡juás!, me pega mi fajazo. Enturcado, porque él era encachimbado.

Después él se dio cuenta de que reaccioné adecuadamente, porque aunque era un lugar urbano, había un turcazo de guardias, era la Guardia Nacional en contra de un cuartelito sandinista, ¿me entendés? Sólo faltó que nos llevaran. Si yo me quedaba ahí, hubiera habido otras casas llenas de humo2.

Entonces nos dice a mí y a todos los que estuvieron ahí: –A hacer el informito con lujo de detalles. En la sesión de crítica y autocrítica, se miraron todos los problemas, la falta de entrenamiento y de aplicación de las medidas de seguridad. De ahí comienzo un proyecto de Pedro, que era dar escuelas y en las que después participé.

Mónica: ¿Cómo fue la Operación “Ródrigo no ha muerto”, que te correspondía realizar a vos con Charlotte?

Glauco: Llegó Pedro a explicarme la misión, que era simultánea con otros operativos en los departamentos de Estelí y León. El operativo consistiría en lanzar una granada a un jeep BECAT. Yo manejaría la moto y Charlotte lanzaría la granada dentro del jeep.

Me dejó una granada y una pistola 45 para mí, así como una 9 mm para la Charlotte, ambas con un magazín. Me quitó la pistola Astra que yo andaba, era una mierda.

Yo era especialista en desarmar las granadas, y todos se cagaban porque yo me metía en el baño y las desarmaba, porque tenía tanto miedo de que no estallaran, que las desarmaba para cerciorarme. Así me encontró un día Pedro y me dio otra puteada. –Hijuelagranputa “112”, ¿qué voy a hacer con vos? Estoy revisándolas, jefe –le contesté. Porque era verdad. ¿Qué es lo que hacíamos? Llovía y había truenos, y entonces pa, pa, pa, pa…, disparábamos cuando tronaba, para probar si el arma que andabas era buena. Nos pasó varias veces. Recuperamos una ametralladora 30, le pusimos la cinta, sólo con unos cuantos tiros para hacer la bulla. ¿Ideay? ¡No tenía percutor! ¡No sé cuántos compañeros habrán caído creyendo que andaban el mejor cuete!

Después volvió a llegar Pedro, como a las diez de la noche, y me dejó dos granadas más. Entonces yo le dije: –Voy a ir a recuperar la moto. La moto te la entregan a las cinco de la mañana –me dice, en la Rotonda Bello Horizonte, va estar un compañero con una gorra blanca, con un pañuelo amarrado aquí y un libro en la mano izquierda. Llegó un compañero, pero cuando miro la moto, me doy cuenta al vergazo que era una moto vieja que tenía Julio Ramos, una 125. Y entonces le pregunto al compa: – ¿Las placas de esta moto son buenas o fayucas? Yo no sé –me dice.

Me llevé la moto donde un amigo mío que tenía tiempo de no ver. No sabía en qué andaba yo, y le dije: –Mirá, hermano, guardame la moto; ahí vengo más tarde por ella, me anda dando un problemita.

Entonces me fui a robar una placa a la Colonia Salvadorita; ahí se mantenía un cachimbo de motos en las carnes asadas. Boté la placa que andaba la moto, y le puse la robada. Me fui para el Barrio Riguero, a la casa de seguridad de la Charlotte, que era cerquita de la parroquia del padre Uriel Molina, y le digo: – ¡Vamos a practicar! Porque Charlotte era perfeccionista, y no podíamos fallar.

Era un operativo simultáneo, y yo no quería quedar mal con el operativo de Managua, porque Pedro decidió hacerlo frente a la casa de Somoza. Así de sencillo. De la esquina de El Retiro a la esquina del semáforo donde ahora es la Rotonda de El Periodista. Ahí. Y si te podés meter a la entrada, te metés. Esas eran mis órdenes. Entonces fuimos a practicar.

A las seis, las siete y las ocho de la mañana, de El Retiro salía siempre una patrulla; cada hora le daba la vuelta a El Retiro, pasaba por el hueco, tenían un puentecito y volvían a entrar; entonces yo ya la tenía bastante controlada. No había variación en eso. Lo que acordamos fue que Charlotte tiraría la granada al lado del chofer porque éste, al llevar las manos ocupadas, tendría dificultad en maniobrar. No lo hizo así. Nosotros pasamos los dos BECAT, entonces ella soltó la granada, pero no entra al jeep, sino que estalla en la capota.

Vamos en una moto hecha turca, sin breque trasero, sólo delantero, y encendía empujada, no tenía patada. No me autorizó Pedro a conseguir una moto buena porque tenía miedo que el operativo simultáneo le fallara.

Entonces acelero y me meto entre los taxis, cuando comienzan a disparar, y le digo a la compa, la “120”, yo era el “112”: –Ve “120”, disparales. – ¡Pero me voy a quedar sin tiros! Disparales –le digo. Ella les comienza a disparar y entonces brequearon, sabían que íbamos dispuestos a todo. Eran dos BECAT, nosotros le tiramos al primero; entonces el de atrás nos sigue; pero como era una calle de dos carriles, no era tan amplia, nos metimos entre los carros y en la vuelta, pues, seguimos.

Cuando nosotros llegamos al Zúmen, tenemos a la Guardia Nacional en vivo y a todo color. No había nadie, sólo guardias y nosotros dos. Pasamos los Raspados Loli, yo me iba a meter ahí, pero dije, ahí hay dos cauces, el de Altagracia y el de El Retiro. Y yo quería salir del anillo de seguridad de Somoza. Entonces miramos los jeep con las luces de Policía. Ahí hay un puentecito que si agarrás así a la derecha, vas para Altagracia, seguís así, y te metés a lo que eran los ministerios de Somoza.

Lo que hago es doblar a la orilla del cauce; pero en una de esas, nos salen tres diablos más, nos chocan por detrás y salimos en el aire, la moto, la Charlotte y yo. Caigo desarmado y ella también. Lo que hago es darle la orden de retirada: –Retírese. Toda chimada y hecha turca, iba en carne viva. Entonces, uno de los guardias me dice: –Entréguese, Comandante, le vamos a respetar su vida. Entonces agarré uno de los magazines que no llevaba tiros, y se lo tiro con fuerza en el pecho, y se tendieron todos los hijueputas. Agarro el fusil del maje que se cae, y me meto donde es la Alcaldía de Managua, que eran los ministerios, y me voy.

Mónica: ¿Cómo pudiste recuperar ese fusil?

Glauco: Él soltó el fusil porque creyó que yo le estaba tirando una granada. Le tiro lo único que tengo, que es un cargador vacío, y además grito: “¡Patria Libre o Morir!” Entonces el maje, instintivamente, buscando como protegerse, se tira al suelo con los brazos cubriéndose la cabeza, y todos los guardias se tienden. No fue mi intención, es el síndrome de la granada. Entonces agarro el fusil y me voy, me voy parapetando y hago tiros sueltos, ¡prá! Y entonces parapapapapá, a ellos les tirabas un tiro y, como tenían municiones en puta, armaban una gran balacera.

Me voy caminando como cuatro cuadras, de cruzada, buscando donde están los camiones del Distrito Nacional, de la Alcaldía, ahí hay como un hueco, y ¡pang!, me metí en una venta, la cerré. Me le hago el bravo a la señora: –Mire, yo soy guerrillero, métase en el fondo de su casa. Y ahí desarmo el Gárand, le quito un saco, lo meto y me voy con el saquito. Sigo caminando, y de repente viene la Guardia y ¡pung!, me meto en un cuarto.

Entonces armo el Garand y pongo a una familia contra la pared. –Miren, yo soy del Frente, me están buscando, aquí no sale nadie; no voy a matar a nadie, sólo si hay necesidad, mato. Como a las seis de la mañana en punto fue el operativo. Esto que te digo ocurre como las ocho y media de la mañana. Yo comienzo como a desvanecerme, comienzo a sudar, ¿y qué puta…? Entonces me dice la señora: –Yo soy enfermera. ¿Por qué? –le digo. –Es que usted tiene sangre. No me había dado cuenta. Me pegaron en un costado pero salió limpia la bala, sin tocarme nada vital. Cuando me dice eso, comienzo a respirar y ya me siento como caliente, caliente, y después helado, helado, helado. Jueputa, ¿qué hago? La señora llega, tranquilo –me dice, y me soba la cabeza. – ¡Ay, compa, lo van a matar! Entonces yo, ¡pung! ¿Compa?, lenguaje nuestro. Pero yo no digo nada tampoco. –Mire, le agradezco, ¿no tiene alguna ropita limpia? Porque yo llevo la ropa deshilachada, la chaqueta de azulón la andaba pegada en la carne. –Sí, sí, no de tu talla. Y me regaló un pantalón y una camisa, y entonces yo salí. Dejé el Gárand ahí. –Mire, voy a dejar esto escondido, porque no puedo salir con esto cargándolo.

Comencé a caminar para Altagracia, en la última calle, y sólo miraba los jeep que se paraban, y el corazón me hacía bangán, bangán, bangán. ¡A qué hora se bajan esos hijueputas! Pero en ese tiempo yo era audaz y, además, imaginate, estaba entrenado a matar, estaba entrenado a quitarle el arma y darle con ella; o sea, la escuela de nosotros fue una escuela para cualquier tipo de combate. Entonces se paraban y yo sereno, sereno, sereno, seguí y seguí y seguí, hasta que llegué a La Racachaca. Ahí paré un taxi, no andaba dinero, le digo: –Llevame a Acahualinca. Ahí había una casa de seguridad de don Rafael Herrera.

Mónica: ¿Don Payo? Yo lo recluté en El Laborío, en León. Era súper conspirativo, y además, era un hombre con formación marxista, firme, recto, con una gran moral.

Glauco: Fue el primer compañero que anduvo vendiendo y sacando información. Tenía una bicicleta con una canasta como de panadero, y vendía: hilos, agujas, relojes, cualquier chanfaina; y él llegaba al cuartel de la Guardia y se ponía a vender cualquier cosa, y era un excelente conspirador el señor. Era disciplinado y te hacía unos informes que parecía que era uno de aquellos agentes de la KGB.

Entonces llegué a la casa de don Payo y ahí me desmayé. Él me trasladó a la casa de la tía Coco, que era una casa de seguridad del “Danto”, que él la usaba. Al verme herido, él tuvo miedo de que me pasara algo, y me trasladó de la Rolter como cinco cuadras al lago, que por ahí murió Selim Schible; iba para esa casa pues esos eran colaboradores don Rigoberto López y doña Coquito de López. Me llevaron ahí, y luego llegó Pedro con José Víctor Moreno. Ahí no me pudo putear.

Me sacaron y me llevaron a la casa de José Víctor Moreno, en Bello Horizonte, de la Aduana al tope, como media cuadra, y la mujer de él se puso súper nerviosa. Yo no sé si fue “El Chivo” René Darce o un Gutiérrez de León, quien me vino a curar. Me vendó y me dio pastillas y ¡calmate!

Mónica: ¿Y qué pasó con Charlotte?

Glauco: A la Charlotte la hallaron en un cauce; ella se mete en un cauce y ahí la capturan. Pero la misión de Pedro se cumplió. Lanzamos una granada a una patrulla a la orilla de la casa del dictador. Somoza oyó el vergazo, oyó los tiros, y el mensaje en su perímetro de su seguridad. ¡Por ahí salgo y por ahí entro, es mi casa! Y entonces, lógicamente, la Guardia ha de haber dicho ésos están en serio. Además, ese mismo día fue otro operativo en Estelí.

Mónica: Ambos operativos, el 4 de mayo, Día de la Dignidad Nacional. La operación en Estelí la hicieron Ismael Lanuza “Charralito” y Felipe Escobar, con una escopeta 12 y una sub-ametralladora. Fue un éxito total, aniquilaron completamente una patrulla en el boulevard de Estelí. Fue de un gran impacto. El operativo “Ródrigo no ha muerto” lo hicieron hasta el 6 de junio en León, frente al Parque de La Merced. Fueron Mauricio Valenzuela y Lumberto Campbell. Aniquilaron otra patrulla. Eran operaciones comando. Dos personas y éxito absoluto.

Glauco: El 4 de mayo, en León, también se iba a pasar el comunicado de los operativos de Estelí y Managua, a través de la toma de Radio Centro. Era una acción dirigida por Julio Ramos y participaría Carlos Soza, pero éste se rajó. Carlos era casado con una ahijada de la diputada somocista Irma Guerrero, en Chinandega. Yo lo había entrenado en una escuelita en Sutiava, en donde participaron él, Julio Ramos y unos compañeros de Sutiava, y quien llevaba la comida era Félix Pedro Carrillo. Posteriormente, Carlos Soza, creyendo en un comunicado que había sacado Somoza diciendo que los guerrilleros que se entregaran los iba a perdonar, llega a entregarse a la casa de Irma Guerrero, y se encuentra una patrulla, lo capturan, le dieron una gran vapuleada, y estuvo preso varios meses.

Después de la operación de Managua, nos quisimos alojar en la casa de un colaborador que nos corrió. Andábamos Pedro Aráuz, Juan de Dios Muñoz, Zenobia García y yo. Ese supuesto colaborador, que vivía en El Dorado, estaba cagado, y su esposa histérica. Tuve que quedarme casi a la fuerza. Entonces decidí irme a una casa de seguridad que estábamos fogueando, la casa de “La Pulguita”, en San Judas. Él murió con Urania Zelaya Úbeda. “La Pulguita” era perro a tirar bombas de contacto, buen compañero, joven. Yo me fui a esa casa para no tocar ninguna casa nuestra. Este colaborador, después del triunfo de la Revolución, fue Embajador de Nicaragua en un país amigo3.

Después de ese operativo, pasé atendiendo una pequeña estructura militar, consiguiendo armitas, haciendo operativitos, chochadas.

Cuando Pedro Aráuz cae, me habían trasladado unos días a León. Allá escuché de la muerte de Pedro, y lloré como un niño la muerte de mi maestro. Después me vuelven para Managua. Trabajaba con William Ramírez, quien había bajado de la montaña, y él me llevó a Masaya. En ese lapso di como siete escuelas en Managua, en una de ellas estaban Noel Escobar, Urania Zelaya Úbeda, Walter Mendoza, Ramón Cabrales, Cecilia Toruño y su hermano Frank.

En otra escuela que impartí estaban Irving Larios y “El Cabezón” Zepeda4. Esa la dimos en Rubenia, en un cuartito. Yo caminaba con un saquito de diferentes armas, ya tenía mi Gárand, mi carabina, mi UZI, para entrenar en los diferentes tipos de armas que usaba la Guardia.

Cuando llegaste vos, nos coordinábamos bien, y empezamos a instruir a todo el mundo. Entonces agarramos a todos estos cuadritos que eran legales, estudiantes, y les enseñamos hasta a hacer su ficha con número, mandar los nombres con números. No éramos desarrollados, pero si caía en manos del enemigo, tenía que trabajar un buen rato para descifrarlo. Después de cada escuela, se hacía el juramento del Frente a cada graduado. Cada uno ponía la mano sobre la bandera, tal como decía el juramento.

Mónica: ¿Cuándo comenzaste a trabajar en Masaya?

Glauco: Primero fui a impartir escuelas militares. Para entonces, por la GPP trabajaba ahí Mario López Machado, que le decían “Mini Capi”, porque se vestía y hablaba igual que “El Capi” Antenor Rosales, nada más que chaparrito y muy inteligentísimo. Él era compañero de la chinita Eva María Samqui; para entonces, él tenía un grupo de gente y había reclutado a Lourdes Bolaños, a Felipita Cermeño, a doña Jenny, a don Juan Marenco, a Ronald Bolaños.

En Masaya había una casa de seguridad desde los tiempos de Oscar Turcios Chavarría, que quedaba en la pollera; ahí estuvo Daniel Ortega, todos los históricos. Moisés Rivera era de esa familia de históricos colaboradores, eran los dueños de esta casa.

Ronald Bolaños Ortega fue uno de los hombres más valientes que he tenido yo a la orilla mía; sigue siendo valiente, además que era un hombre graduado con un doctorado, en Puerto Rico, un hombre bien preparado que se integró con nosotros con disciplina y entrega.

Por otro lado, Pedro Aráuz me había dado contactos en su ciudad natal, Diriomo. “Federico” quería mucho al papá de Manuel Rivas Guatemala, al “Brujo Mayor”, el doctor Manuel Rivas Aguilar. Él era un gran colaborador y el único que tenía clínica en Diriá. Ahí se curaba la mayor parte de los guerrilleros que no podían llevar a León. Curó no sé a cuántos guerrilleros, y a su mismo hijo, Roberto. Manuel Rivas Guatemala había estudiado Ingeniería con Pedro y tenían una buena relación personal.

A mí me mandan primero a hacer una escuelita en el Diriá. El entrenamiento fue en la finca de Mauricio Sándigo, quien estudiaba en México con Manuel Rivas Guatemala. Ahí se funda la primera Rufo Marín.

Esa escuela la di con Cristian Pérez Leiva, quien me quiso reclutar para el Tercerismo. Entonces le digo: –Mire, compañero, están bonitas sus ideas pero yo soy GPP; yo soy de la gente de Carlos Fonseca, así que yo no lo quiero aquí, lo voy a mandar a dejar. Contacté a Paúl González, y mandé a Cristian para Managua, a la casa de la economista Alicia Sáenz, una casa donde vos me llevaste y usamos los dos, ¿te acordás? Ahí llegó William Ramírez, y Cristian se voló verga con él5.

Después de los entrenamientos en Masaya, me regresaron a Managua, de vuelta a la casa de “Peter”. Así llegué hasta septiembre de 1978, que llegaron Bayardo y vos a darme una grabadorcita para tomarme Radio Mundial el nueve de septiembre. Estaba grabado un mensaje en el que la GPP hacía un llamado a sus fuerzas a la insurrección6. Entonces, a las seis de la mañana, cuando estaba al aire el Noticiero Hoy, de Guillermo Treminio, nos tomamos Radio Mundial, con una compañera que se llama Rosa Rodríguez Maradiaga, una morena, alta, que vivía de la Rocargo como seis cuadra para el lago. Después salimos, tiramos tiros, hicimos cuatro locuras, porque no teníamos capacidad de hacer más, sin armas.

Mónica: ¿Hiciste algún operativo con Cabrales?

Glauco: Sí. Antes de irme definitivamente a Masaya, hicimos dos asaltos bancarios espectaculares, y recuperamos armas al papá de una compañera. Él era coleccionista de armas. Eso fue en la Colonia Luis Somoza. Una parte de las armas no nos sirvieron, pero sí sacamos unas cuantas. Sacamos un comunicado público de esa operación. Después hicimos dos ajusticiamientos a unos esbirros en Ciudad Sandino.

También hicimos un operativo contra Alesio Gutiérrez. Antes de irme de Managua, comenzamos a hacer, en unos tarritos, unas minas con fórmulas de dinamita. Como Alesio era un esbirro muy odiado, queríamos golpearlo. Hicimos un operativo con un muchacho de seudónimo “Julián”, quien vivía de la Foto Técnica como tres cuadras al lago, no me acuerdo del nombre. Era una casa de seguridad vieja, ésa me la pasó a mí “Federico” como en enero, cuando vinimos de la Escuela Selim Schible.

Este “Julián” era huevón, aventado, y se metía en todos lados. Con él pusimos una mina en la acera de la casa de Alesio. No era de mecha, sino con dos alambres y un detonador eléctrico, con una batería. “Julián” se fue con un carretón, se vistió como vendedor y se ubicó en la esquina, y ahí estábamos. Yo, como comensal, en un taburete con una gorrita. Pero el hijuelagranputa salió por un portón que nosotros no conocíamos. Entonces, cuando sale un carro a toda mierda, reventamos la chochada. Se les cayó el muro, pero no le hicimos nada.

Después yo llego a Masaya, y me parece que Alesio tenía una casa de seguridad ahí por El Coyotepe y enfrente vivía Azarías Gallo “Marcón” y la esposa Jeannette Chávez. Entonces Hilario hizo un operativo contra Alesio.

Todo eso hicimos hasta que me arreché con William y pedí mi traslado. Me tuvo como dos meses encerrado, sin hacer ni mierda. Yo tenía mi disciplina, todos los días hacía ejercicios, posiciones de tiro, prácticas con los hijos de don “Peter”. William era buena persona, el problema es que era muy tosco para tratar a la gente. En un par de escuelas que yo había dado, él había llegado a la juramentación y quiso como avasallar a alguien y yo me metí, y le dije: –Hombré, parala, calmate que esto no es así.

Finalmente, como ya tenía un vínculo con Masaya, me mandó allá y comencé a organizar unidades de combate. Había una estructura pequeña, buena, socona. Estaban de responsables Mario López y Eva María Samqui, por la GPP, y su bastión principal era la hija mayor del doctor Alejandro Dávila Bolaños, Ana Bolaños, quien era la responsable del movimiento estudiantil universitario de Masaya. Estaba Paúl González, que era el hombre público del Frente.

Breve biografía de Paúl González:

Paúl González Gutiérrez “Ramiro”, nace en 1958. Desde muy joven se había visto impresionado por los acontecimientos de Nicaragua, en el combativo Barrio San Antonio, de Managua. Participa en tomas de colegios y empieza a involucrarse en varias formas de apoyo al FSLN.

En 1972 emigra con su familia a Masaya y luego inicia estudios de Odontología en la UNAN León, involucrándose también en el FER. Participa junto al pueblo de Masaya en la sublevación de febrero de 1978 y en las distintas movilizaciones estudiantiles de esa ciudad. Se reincorpora al trabajo en los barrios de Masaya en 1978, y participa en la insurrección de septiembre. Cae en la insurrección final, el 6 de julio de 1979.

Glauco: Lubby Morales regresó de Estelí como dos semanas después que yo, porque se había ido al norte después de la insurrección de septiembre de 1978.

Masaya había sido una plaza somocista, pero los mismos desmanes de la Guardia la fueron cambiando. La represión fue brutal. En febrero de 1978, más que una insurrección, lo que ocurrió fue un estallido político social en contra de la dictadura, que nosotros le pusimos insurrección, porque andaban cuatro compitas, y entre todos, pues, ahí hicieron algo, pero no fue una insurrección planificada, organizada y meditada.

Después de eso, el somocismo perdió ¿por qué? Ametrallaron sin miramientos, y mucha gente pensante de Masaya, incluyendo a aliados del régimen, empezaron a colaborar decididamente con nosotros. Después de la insurrección de Monimbó, llegó el Cardenal Obando. Mario López puso a todas las madres en primera fila con las fotos de sus hijos muertos; entonces el Cardenal Obando se conmovió y dijo “¡Monimbó es Nicaragua!”, con lágrimas en los ojos.

Comentario de la autora: En consultas realizadas se concluye que no fue el Cardenal Obando el autor de esa expresión. En la edición de La Prensa del 27 febrero de 1978, un día después de la masacre de Los Sabogales, Mario Cajina Vega publicó un artículo con el título Monimbó es Nicaragua, y lo finaliza diciendo:

Monimbó ha reivindicado a la ciudadanía de Masaya del degradamiento impuesto (sobornos y amenazas) por los Somoza y sus secundores. Monimbó es ahora un barrio en pie, Monimbó es ahora Nicaragua y los nicaragüenses, que ya hemos empezado nuestra reconquista.

Por su parte, el historiador Roberto Sánchez afirma que esa frase fue popularizada a través de su repetición constante en Radio Mi Preferida, de Manuel Jirón, como parte de la lucha. Esta radio jugó un papel de rebeldía en la lucha contra la dictadura, al punto que fue incendiada por órdenes de Somoza.

Glauco: Lo cierto es que, a partir de la sublevación de Monimbó, a nivel internacional todo mundo asociaba Monimbó-Masaya-Nicaragua. Entonces, cada vez que se golpeaba en Masaya, había una gran repercusión.

La insurrección de septiembre del 78 en Masaya fue corta, pero quemaron el Cuartel de Monimbó y capturaron una 50; y a partir de eso, ya no volvió a haber un cuartel de la Guardia ahí. Después de eso, Somoza comenzó a reforzar Masaya, mandaron a un General que era Fermín Meneses7, activaron El Coyotepe como cárcel clandestina, porque no era legal desde ningún punto de vista. Ahí asesinaban a quienes capturaban. Hicieron también un cuartel y un centro de abastecimiento para mandar cosas para el Comandante Bravo en La Virgen (CIBALSA).

William Ramírez estaba a cargo de lo que era el Frente Interno; se movía en Jinotepe, en Diriamba, en Granada. Ya en el 78 nosotros habíamos dado entrenamiento a los de Carazo, cuando estaba ahí. Ana Isabel Morales, Julio Avilés, el Cabo Sánchez, Carlos López Landero y Charles Quintana, entre otros.

También había un grupo en Nandaime, en Ochomogo. En Santa Teresa estaba Roberto Rocha “Pepe”, era un monimboseño que se destacó y lo mandamos a Santa Teresa. En Belén, teníamos gente y también teníamos un muchacho de San Francisco Libre que era ¡buenísimo!, “Filiberto” era su seudónimo, “Nacho” debe de saber el nombre, yo no me acuerdo…

Mónica: Roberto Rivas Guatemala, acotó lo siguiente:

Yo fui parte de la Unidad Rufo Marín. De ahí se desprende la Escuadra Pedro Aráuz Palacios que opera específicamente en los pueblos blancos. Cuando crecimos esta escuadra pasó a ser otra unidad de combate y participamos en el ataque a Catarina. Esther Fernández Tapia, quien ahora es mi esposa, estaba incorporada también y militaba en el FSLN desde 1978.

Glauco: La unidad de combate Pedro Aráuz Palacios, la comandaba Miguel Ángel Vásquez, el “100”. Para la insurrección, esta unidad de combate controló todos esos pueblos y reforzó Masaya.

Como detectamos que la guardia movía refuerzos y abastecimiento contra el Frente Sur desde el Coyotepe, la orden de William, que transmití a mis unidades, era golpear cualquier refuerzo de la Guardia que fuera para el sur. Entonces hicimos una red con los vende frutas de las orillas de las carreteras, los reclutamos y nos pasaban la información sobre los convoyes que pasaban.

Entonces comenzamos a golpear a la Guardia para que no se fuera tan fresca al Frente Sur, con la idea de bajarle el gas. Porque, prácticamente, Bravo manejó la Guardia Nacional. El único Comandante en la historia de la Guardia Nacional que mandó tropas, fue Bravo; de ahí toditos eran guardias panzones, que les enseñaban a tirar, a culatear y a torturar, ése era el ejército de Somoza.

La EEBI la fundan el 1 de febrero de 1977, con la concepción de hacer una tropa y un soldado preparado, calificado, bachiller o al menos ciclo básico (tercer año de secundaria) y con un entrenamiento refinado. Cuando se dan los operativos Terceristas en San Carlos, el norte y Masaya, a estos muchachitos que tienen tres, cuatro meses de estar en entrenamiento, los mandan a un lado, los mandan a otro y se convierten en los apaga fuego de la dictadura. Resultado: muertos, asesinos, desertores y su Escuela de Entrenamiento Básico no resultó.

Ejemplo sencillo para cualquier persona: cuando se fue su patrón, el General Somoza, el 17 de julio de 1979, a medianoche estaban botando los fusiles, los uniformes y era guinda de todo el mundo. ¡Un ejército profesional se queda! De ahí nace mi teoría de que Somoza pierde por tener un ejército de familia, no un ejército profesional.

Bravo mimaba a sus guardias. San Juan del Sur era prácticamente tomado por él. Tenía plata y mandaba a traer prostitutas a Costa Rica para sus soldados; tenía poder, yates, aviones, helicópteros. Él logró mantener la hegemonía hasta el final, y después se lleva todos los barcos de la Mamenic Line, de Somoza, que estaba en San Juan del Sur. Franklin Montenegro, quien iba en una embarcación, pasa por San Martín8, recogiendo a Cornelio Hüeck, pero lo abandona; se le lleva la plata, como dos millones de dólares, y se va huyendo. Luego se queda sin combustible en Puerto Sandino, que es cuando lo captura el “Chele Marcos”, y agarraron la plata. Francis Jiménez, mediante acta, entrega los dos millones de dólares al gobierno revolucionario. Una compañera de León, hija de un joyero honrado, billete sobre billete entregó esos dos millones de dólares.

Volviendo a Masaya, tuvimos mucho apoyo. Desde la insurrección, orientamos a todas las casas del centro de la ciudad y fuera de la ciudad, que abrieran huecos entre una casa y otra, que hicieran refugios. Podíamos cruzarnos de una cuadra a otra, sin ser vistos. ¡Asustate! ¡Hasta los perros amarraban cuando íbamos a operar, para que no nos delataran sus ladridos!

Había organización, teníamos estructuras en todos los barrios, ya teníamos una estructura grande en el campo, colaboradores, fincas, casas de seguridad, cuartelitos, buzones en toda el área de los alrededores de Masaya, en Tisma, El Comején, la Laguna de Apoyo, Diriá, Diriomo, Catarina, San Juan de Oriente, el camino viejo de Niquinohomo, Nandasmo, Masatepe, Pío XII; toda esa zona teníamos estructuras fuertes, eran zonas donde nosotros nos movíamos con libertad de día o de noche y el enemigo, no. Sabíamos cuándo patrullaba la Guardia, pero lógicamente la Guardia todavía era fuerte; los Comandos más importantes eran Diriomo y Catarina.

Con estas fuerzas golpeábamos los convoyes de la Guardia sobre la carretera, y a Bravo se le volteaban todas las rutas; pero nuestros operativos no sólo eran con la idea de quitar algún oxígeno a estas fuerzas de Somoza, sino también de abastecernos nosotros mismos.

A nosotros prácticamente no nos dieron armas. La mayor parte las recuperamos en esas operaciones. Y hasta nos dimos el lujo, cuando hicimos lo de la Olla de Barro, de mandar de regalo a la Bacho (unidad de combate Bonifacio Montoya) y a León, fusiles de guerra nuevecitos, municiones en sus cajitas nuevecitas, ¿por qué?, porque esa era la ruta principal del enemigo y su principal frente fue allá en el sur, no en el norte.

Los abastecimientos de la Guardia eran cada dieciséis días: armas, municiones, botas, comida y siempre iban en convoy. También venían en convoy de Jinotepe, ahí estaba Rafael Lola, que era un asesino. Así surge la emboscada de La Olla de Barro, de la que hablaré más adelante.

Entre las insurrecciones, nosotros hicimos muchos operativos; en uno de ellos salió herido Mario López; que entonces era el responsable del departamento, herida grave. Fue como el 10 de enero de 1979. Nosotros desbaratamos un cuartelito que había en la subestación eléctrica que está sobre la carretera, después de la empresa INCA. En ese punto, cada vez que pasaba por ese camino, a los campesinos que iban a Tisma, los jodían, les quitaban sus productos, los cateaban. Nosotros teníamos bastantes colaboradores en esa zona, a pesar que era una zona somocista; porque la Guardia reprimió y fueron perdiendo gente, mientras nosotros la fuimos reclutando.

Mario el “3”, la Lubby “Cero” y la “China” la “3”, se quedan en la carretera, frente a la subestación, y yo me voy con un grupo por detrás. La idea era que ellos dispararan para que la Guardia se fuera a su trinchera y nosotros caerle por detrás, que realmente lo hicimos, pero caímos en fuego cruzado de la Guardia y de ellos. En el nerviosismo, Mario se va a media carretera a agarrar una Browning y ahí lo pegan los guardias que quedaron vivos. Se le dieron los primeros auxilios, se le estabilizó y después lo mandaron para otro lado.

Mónica: ¿Cómo se dio la unidad en la acción con las demás tendencias del FSLN?

Glauco: El papá de Bismarck Centeno, un compañero que cayó en la insurrección final, era carpintero y vivía en el barrio El Cocal, en la calle principal en Masaya, frente a la INCA. Era de esos colaboradores que te decían, a mí me importa un pito de qué tendencia son, ustedes son mis muchachos. Nos recibía a todos. Resulta que en una represión que hubo en Masaya, Hilario sale en guinda de una casa de seguridad y va a caer ahí; yo salgo en guinda de otra y voy a caer ahí; César Delgadillo andaba controlando porque era como el jefe militar de toda la zona de los pueblos y va a caer ahí. Los tres nos encontramos y comenzamos a platicar. Yo conocía a Hilario, porque jugamos béisbol en León, en Sutiava, su barrio, y a Delgadillo porque cuando el terremoto de Managua se fueron a León y allá nosotros le decíamos “El Gurrumino”. A Hilario le decían “Camión” porque cargaba sacos, se echaba hasta dos quintales, era arrecho a cargar.

Ahí ya nos identificamos cada quien. A los Proles les acababan de matar a unos compañeros en un asalto a CAPSA. Parece que la Guardia ya los estaba esperando. Y cada vez que hacíamos operativos, la represión era brutal. Eso fue antes que saliera el comunicado de la Dirección Conjunta, pero ahí acordamos que nos avisaríamos de cualquier operativo y dejamos a Bismarck Centeno como enlace.

Hilario tenía problemas de armas cortas, pero tenía fusiles FAL en puta. Delgadillo tenía su ametralladora y algunas pistolas; no tenía armas de guerra ni granadas. Nosotros sí teníamos un poquito de todo: que Gárand, que escopetas, que pistolas, pero no teníamos FAL; entonces hicimos un intercambio. Mirá, te doy pistolas por FAL. Comenzamos a intercambiar para mejorar la correlación de todos, y comenzamos a avisarnos para protegernos.

En Masaya, la estructura de colaboradores fue prácticamente compartida, pues, la gente te decía: –Mirá, aquí no me hablés de Proletarios, ni de Terceristas ni de GPP, aquí son FSLN. Porque, por ejemplo, donde la abuela Isabel Peña, en Monimbó, ahí convergíamos todos. Esa señora muchas veces le daba de comer a cuarenta o cincuenta guerrilleros.

Después hicimos una operación conjunta. Nosotros necesitábamos armas para toda la gente que se estaba incorporando; entonces combinamos dos cosas: ataque a los cuarteles y emboscada a los convoyes. Así caímos sobre El Guanacaste, había un cuartelito de tres guardias; San Juan de Oriente, dos guardias; Catarina, doce; Diriomo, once; Diriá, seis; Niquinohomo, dos; el comandante de Niquinohomo era infiltrado de nosotros, es el famoso “Rosita”, y después del triunfo lo mató un compañero por gusto. Lo vio en un lugar, ¡ah, éste era el guardia de Niquinohomo, y pung, lo ejecutó!

César Delgadillo, que era como un Regional de los Proles, tenía fuerzas en Diriamba y Jinotepe. A los Terceristas les tocaba tomarse Catarina y San Juan de Oriente. A César le tocaba tomarse Niquinohomo, y a nosotros nos tocaba hacer el retén en La Olla de Barro y reforzar el grupo de Catarina. Ahí mandamos a Miguel Ángel Vásquez López, el “100”, que es casado con la Adela Aráuz Palacios, hermana de Pedro, que también ella era combatiente.

Mónica: Hablé con Roberto Rivas Guatemala, y dice que a él le tocó ir a Catarina de refuerzo de los Terces, iba también Rosa Esther Fernández Tapia. En la recopilación sobre los caídos de Masaya, Porque viven siempre entre nosotros, se establece que por parte de los Terceristas este ataque a Catarina lo dirige Javier Moncada, como segundo Bayardo López Mercado, y participan Miriam Tinoco y Teófilo González Alemán “Teodoro”, los tres últimos caídos en distintos momentos de la lucha. (Pp. 191 y 201).

Glauco: Nosotros también pusimos una emboscada en El Guanacaste. En esa emboscada, yo pongo de jefe a Manuel Rivas Guatemala, quien después fue jefe de la Fuerza Naval del EPS.

La emboscada de La Olla de Barro era sólo de la GPP, pero al final participan fuerzas Proles porque César traía combatientes que venían de Diriamba, de San Marcos y de Masatepe para la toma de Niquinohomo; como se atrasa y se topa con nuestras fuerzas, se integra a nuestra emboscada. El ataque era a las siete en punto de la noche, hora sincronizada con la Radio Mundial.

Por suerte se nos integró César porque era un convoy de seis camiones y no hubiéramos podido hacerle frente con las fuerzas que teníamos. La emboscada fue absolutamente exitosa, tanto que los guardias que no cayeron en la primera embestida, gritaban: – ¡No disparen, nos rendimos! Nos dio tiempo de revisarlos y tomar todo. Los compañeros que cayeron fue después, cuando ya nos íbamos, que llegó una patrulla y nos sorprendió. Ahí caen Henry Bermúdez, el “12” de la Rufo Marín y un muchacho de apellido Galán9, que era de la gente de César Delgadillo.

Yo le informé a William que íbamos a hacer un operativo conjunto, pero no se ha relevado la magnitud del operativo, nadie menciona que hubo combate en el Guanacaste, combate en Diriomo, en Diriá, en Catarina. Todas las tendencias involucramos a nuestros mejores combatientes para atacar simultáneamente varios objetivos; pero el operativo fundamental terminó siendo la emboscada de la Olla de Barro, porque ahí venían seis camiones de la Guardia Nacional bien armados, bien apertrechados.

Aparte de las bajas, capturamos a todos los que quedaron vivos y les quitamos todo lo que andaban, dejándolos ir en calzoncillos10. Por eso, a los días recibí una carta de “Modesto” a través de William Ramírez, llamándome la atención y recordándome que tenemos que ser generosos en la victoria, como implacables en el combate. No le pareció correcto que los hayamos dejado en calzoncillos.

Lo que ocurrió fue que les quité el carné y constaté que eran reclutas de un mes, dos meses, así que sólo les quité las botas, los pantalones, las camisas, porque todo eso necesitábamos. No por humillarlos. La China, Eva Samqui estaba en otra emboscada sobre el Camino Viejo, donde íbamos a guardar todo lo que recuperamos. Entre Niquinohomo y Monimbó, teníamos una finca estratégica que era del compañero “46”, no me acuerdo del nombre ahorita, un monimboseño que era el mayor de la Rufo Marín, de unos treinta y seis años, obrero, zapatero y artesano. Ahí vivían su mamá y sus hermanos, y habíamos hecho como tres escuelitas. Ahí íbamos a embuzonar todo lo recuperado. La China fue la responsable.

Después nos retiramos todos a Masaya a la casa del “11”, nos arrastramos por unos terrenos baldíos en un cauce. Luego llegó Juan Pavón que era el “7”, con un carretón donde metimos todas las armas desarmadas y los uniformes que habíamos usado, le puso bananos encima y se lo llevó por toda la Calle Honda, hasta casi frente a la INCA, donde vivía él, y él embuzonó las armas. Así era, más o menos, como se realizaban los operativos.

Mónica: Antes dijiste que el guardia que era comandante de Niquinohomo era un infiltrado de nosotros. ¿Cómo lo infiltraron?

Glauco: Este compañero, cuyo nombre no recuerdo, tenía el seudónimo “Rosita”, para confundir al enemigo y que creyeran que era mujer. Nosotros lo metimos a la Guardia. En los meses finales de la lucha, la Guardia comenzó a reclutar en esos pueblos. Nosotros teníamos un túnel, era una loma pegada al cementerio de Diriomo, que era un campamento, y la propiedad era de unos colaboradores. En ese lugar teníamos siempre diez o veinte hombres armados, diez permanentes que eran los que podíamos mantener nosotros con la estructura de colaboradores. Todo bajo el mando de Miguel Ángel Vásquez López, el jefe de la Pedro Aráuz.

“Rosita” informa un día que la Guardia Nacional anda reclutando a la gente a huevo, que estaban por la zona de atrás de Pío XII, por la zona rural Masatepe, Niquinohomo y Diriomo, la parte este, buscando Jinotepe. Entonces lo llamo y le pregunto: –Mirá, ¿y cómo sabés eso? –Ayer me llevaron esto. Y me muestra una hoja de reclutamiento que andaban repartiendo en las casas.

Consulté con Miguel que era el jefe de esa estructura, y le decimos: –Bueno, agarrá el curso, metete. – ¿Y cómo me voy a meter? No estaba muy de acuerdo, “Rosita”. –Metete, y cuando te den salida, hablamos. Vos le decís a tu mamá, porque su mamá era colaboradora, a tu hermana, y que ella nos avise, y nos vemos a escondidas. Entonces él se gradúa de soldado en los cursos que estaban dando en la recién creada EEBI. Él tenía como hasta sexto grado de primaria; entonces termina el curso, y comienza a pedir que lo manden a Niquinohomo, porque él conoce bien ahí, y argumenta no sé qué cosa, y resulta que el que estaba de Comandante en Niquinohomo era un sargento más borracho que el guaro, y se había metido en muchos problemas. Entonces a “Rosita” lo dejan en vez de este sargento.

Fue un período breve, como de cuatro meses; pero a nosotros nos sirvió, porque él tenía radio, y nos avisaba por dónde venía la Guardia. Incluso, cuando lo de La Olla de Barro, él se fue del Comando, porque yo no le podía decir a Delgadillo “El Bambi”, mirá, el jefe de ahí es mío. Entonces yo lo saco del Comando y le digo que se vaya, que sólo deje a los más malos. Por suerte que todos huyeron porque oyeron una balacera, y como era un comandito de cuatro, cinco, se fueron. De ese comandito, lo que nos interesaba a nosotros era el radio, tener comunicación.

“Rosita” era medio pariente de doña Mariana López, la de la casa de seguridad de Carlos Fonseca, de la que hablamos antes. Doña Mariana es originaria de Diriomo y don “Peter”, de Nagarote.

Mónica: ¿Decías que después del triunfo a la “Rosita” lo ejecutó otro combatiente?

Glauco: Me cuentan los mismos compañeros de la Pedro Aráuz, quienes se concentraron en Diriamba en el Colegio Pedagógico, que ahí era el Cuartel General, después del triunfo. “Rosita” vino a un entrenamiento aquí a la ECA, a un curso, y se puso a esperar un bus en el Camino de Oriente para ir para allá, para Catarina. Ahí en la parada, se bajó alguien y le dice: –Guardia, hijueputa. ¡Pong!, le pegó un tiro y se fue. Ahí murió “Rosita”. Entonces, todos lastimados, nunca se reivindicó, fue muerto como guardia, y como en ese tiempo la Guardia no valía un centavo... Hilario Sánchez sabía quién era. ¡Un caso muy triste!

Mónica: ¿Cómo estaba conformado el mando para la insurrección final?

Glauco: Nos reunimos Hilario Sánchez, la Francis Cuadra por los Proles, Lubby y yo por la GPP. Ésa fue la primera reunión a nivel de mando; después hicimos una, ampliada, con otros mandos intermedios. Los otros Proles no estaban porque antes de la insurrección se los llevaron a Diriamba; sólo quedaron Francis Cuadra, Erick Marín “Chu” Marín, Octavio Caldera y Roberto González, que era de ahí.

Después, en el Estado Mayor quedaron Hilario Sánchez, Lubby Morales, Glauco Robelo, Ramón Moncada Colindres “Macaco” y creo que hasta a Róger Miranda lo metieron. Tuvimos contradicciones con Miranda Bengoechea, pero las decisiones las tomaba Hilario, en consenso con nosotros. Miranda siempre nos metió bulla.

El segundo de Hilario, cuando la insurrección de septiembre del 78, era Mario Alemán; era un hombre de batalla pues, pero fue herido y capturado. Después, ya en la insurrección final, el segundo de Hilario es Jerónimo, pero se dieron problemas con él, por intrigas de Miranda.

Te voy a hablar de este Miranda. El propio día de la insurrección, el seis, como a las 11 de la mañana, por orientaciones de William, yo fui a traer a Roberto Sánchez, el periodista. Como era muy conocido, lo fui a meter a la casa del jefe político de Somoza, Don Luis González, quien era colaborador y fuera de sospecha.

Ahí nosotros teníamos armas, municiones y todo. Esa casa quedaba sobre la calle La Reforma, casi enfrente de la ferretería que tenía don Olinto Valle, a unas cinco cuadras de donde estaba la casa de seguridad donde se reconcentraba la unidad de combate de los Terceristas y que estaba bajo la responsabilidad de Róger Miranda Bengoechea “Faustino”.

Ese día, yo tuve que trasladar unas armas que me había mandado William Ramírez, treinta carabinas nuevecitas. Me fui en el carrito de la colaboradora de la GPP, Angelita Valle “Chorro”, que vive en el centro de Masaya. Aclaro que es “Chorro”, porque también teníamos una Angelita Valle “Cruz Roja”, que es la de Monimbó, y que colaboraba con todas las tendencias. Fui con Lubby, a quien le decíamos “Reinaldo”, a buscarlas hasta Sabana Grande.

Roberto Sánchez fue testigo de que yo parqueé el carro que casi pegaba al suelo… del peso de las armas. Yo estaba en la puerta con un maletín con una UZI, como a las dos de la tarde, y me quedo con don Luis González, su esposa, y vienen los BECAT con las ametralladoras y los guardias registrando casa por casa. Pasan por donde don Luis, se le cuadran y le piden permiso para seguir. Yo le acababa de dar una pistola a Roberto y dentro del cuarto la tenía sostenida y le temblaba terriblemente la mano, y yo lo miraba y decía, ¿a qué hora me pega un tiro este jodido?, porque le hacía la mano brrri, brri brri… No era para menos. Y al ratito, oímos la masacre. Como a los veinte minutos, pasó Róger Miranda, bien bañadito… Pero de eso te puedo ampliar después.

Mónica: Es interesante que el propio jefe político colaborara con el Frente, ¿no?

Glauco: Don Luis, además, era hombre de riales, nos había hecho un cuartito al fondo…También su hijo, del mismo nombre, era combatiente de la Rufo Marín. En Masaya nosotros tuvimos otra casa estratégica, la de don Eulogio Trejos, frente a Cornelio Hüeck. Ahí tuvimos incluso archivos de Pedro Aráuz, y nos metían en la valijera, porque esa cuadra era cerrada por la Guardia. Ahí es donde dormíamos tranquilos.

También colaboraba Domingo Bolaños Gayer, el hermano mayor de Enrique Bolaños, él fue un colaborador que siempre dijo, “yo no soy sandinista, pero soy anti-somocista”.

Mónica: Hablemos un poco de la insurrección final. ¿Qué misiones tenían las unidades que estaban bajo tu mando?

Glauco: Para la insurrección yo hice dos divisiones. La Rufo Marín se divide en tres unidades, una, al mando de la China Samqui, debía tomarse el instituto que queda frente al Cuartel de la Guardia Nacional en Masaya, o sea detrás de la iglesia. Extrañamente, el instituto está tomado por la Guardia y hay combates, ahí a lo interno, nos hieren a algunos compañeros. La otra estructura se va conmigo para los pueblos, y la otra estructura queda con la Lubby en la zona de Nandasmo, La Vuelta de El Chivo, Niquinohomo. A Paúl, lo dejo de responsable de toda la estructura de Santa Rosa, detrás de El Coyotepe, ahí se llama El Comején, Tisma y El Chagüital, toda esa parte Paúl queda a cargo de gente que ya teníamos estructurada, con sus armas, baqueanos y colaboradores.

Como he explicado, nosotros teníamos una fuerza considerable, reclutada en los mismos pueblos. Entonces a nosotros nos corresponde controlar los refuerzos que pueden venir por la carretera de los pueblos, Catarina, Diriomo, Diriá, San Juan de Oriente, Niquinohomo. Y en la noche entrábamos al asalto en Masaya. Al final, el único cuartel que no nos tomamos fue el del Diriá y Diriomo, porque en vez de haber doce guardias, había treinta y seis. Fue hasta que controlamos Masaya, que pudimos tomarlo.

Mónica: En el libro La insurrección popular sandinista en Masaya, del Instituto de Estudio del Sandinismo, se afirma que ustedes no tomaron esos pueblos porque su misión era contener a la Guardia y tomárselos siempre y cuando hubiera insurrección en Granada; pero ésta no pudo ser insurreccionada hasta finales de la guerra.

Glauco: Para atacar Granada, los Terces mandaron a Salvador Bravo Sáenz “Sinforosito”, y nosotros teníamos a Luis González García “El Chapiollo”, que era responsable de la GPP allá. Nosotros sabíamos que no había posibilidades de insurrección en Granada, era imposible. “El Chapiollo” estuvo en la reunión en una casa de seguridad de Justo Rufino Garay, con Bayardo Arce y todos los regionales. Ahí estabas vos también. Ahí se analizó el caso de Granada, y se vio clarito en el plan general, que era difícil que se insurreccionara. Y así pasó efectivamente, tuvieron que llegar fuerzas de afuera.

Sobre esa reunión hay una anécdota, Justo Rufino que era extraordinario jodedor, siempre andaba de buen humor, me anduvo como dos horas en la valijera del carro para que no supiera dónde quedaba la casa. Cuando llego, le digo: – ¡Hijuelagranputa, si yo monté esta casa! En esa reunión estaban todos los que mandaban.

Después de las tomas de esos pueblos, ahí dejamos gente; quedaron Miguel Ángel Vásquez, Manuel Rivas Guatemala, Mauricio Sándigo “El Chapiollo”, “Filín” Roberto Rivas Guatemala, que había sido herido accidentalmente poco antes. Ellos quedan ahí y yo me voy a Masaya a reforzar el asedio al comando.

El punto más difícil de los pueblos, como te dije, fue Diriomo. Cuando ustedes se toman Jinotepe, Lola y su guardia se retiran por caminos y llegan a Diriomo; los cuatro guardias que se habían mantenido firmes, él se los lleva. Diriomo, tenía mucha guardia, incluso desertores del comandante Bravo que atacaba por el sur, ellos se iban a meter a Diriomo y se iban a meter a Granada. Por eso es que Granada cuando se entrega, tenía montón de guardias, porque todos los desertores de la Guardia se fueron a Granada, porque ahí no hubo guerra.

Mónica: Al respecto, Roberto Rivas Guatemala, acotó lo siguiente: Buena parte de la gente que atacó el Comando de Masaya, salió de Diriomo, de una finca donde los entrenamos, Punta Delgado se llama y queda entre Nandaime, Jinotepe y Diriomo. De ahí salió toda la gente y al frente iba Glauco; pero en ese entrenamiento me dieron un disparo por accidente. Éramos la Pedro Aráuz Palacios y la Rufo Marín, salimos las dos unidades de combate para la insurrección de Masaya.

Al final, en Diriá se reconcentró la Guardia. Llegó de Jinotepe, Masatepe, parte de Masaya y se ubicaron en un cerro llamado La Flor, ahí estaba toda la Guardia. Cuando se produce la toma de Masaya, el 24 de junio, toda la gente que estaba en Catarina fue a tomarse Diriá. El que dirigió ese combate fue Glauco. Ahí murieron como treinta guardias, fue un combate grande. Ellos tenían una tanqueta y tanquetearon la casa de mi papá, porque él era médico y atendía a los heridos. Una M-50 la pusieron contra la casa antes de desbandarse. Fue el final, porque la Guardia se desbandó.

Glauco: La insurrección de Masaya el 6 no comenzó bien. Se había producido la masacre de La Reforma, a mí me pegaron unos tiros, entonces a mí me sacan y me llevan ahí por Los Sabogales. La unidad de combate la asumen la Lubby y la China, se dividen las dos para atacar el cuartel.

El día 8, Somoza mandó los refuerzos, pero los copamos. “Macaco” había conseguido una RPG-2. La Guardia tenía una tanqueta que la mandó con ese refuerzo, que llegó en la tarde; entonces “Macaco” hizo resistencia buscando pegarle a la tanqueta.

El primer tiro lo disparan y no le pegan; entonces la Guardia los repliega, los pone frente al cuartel y los sacaban hasta la esquina que va para Países Bajos, donde está el Supermercado Palí, ahora, era un cine antes. Disparaban y disparaban y en una de esas ¡bung!, le pegaron a la torreta, entonces ya no daba la vuelta la torreta y sólo disparaba en la dirección de Países Bajos; entonces la Guardia se cagó y se metió al Comando. Nosotros nos replegamos en la noche del 9, que hicimos una especie como de tregua.

El 9 de junio llegaron refuerzos del CONDECA. La Guardia llegó y limpió el centro; al centro llegaron los medios periodísticos, el vocero de la Guardia Nacional hizo el parapeto y se fueron esa misma noche.

Sobre la presencia del CONDECA hay varios testimonios, incluyendo el de la periodista y fotógrafa famosa, Susan Meiselas, quien se pegó a la unidad de combate Rufo Marín, y anduvo con nosotros bastante tiempo; incluso, llegó un momento en que miré que peligraba su vida, le ofrecí un arma, una pistola, y le dije: –Si te capturan estos hijueputas, te violan y te matan. Susan me respondió: –No, no, yo soy fotógrafa, yo soy periodista, yo no uso armas. Y se arrastró con nosotros. A mí me impresionó la chelita, porque era bien bonita la jodida, hasta le eché el ojo y todo.

Mónica: La toma de Ticuantepe era clave para dificultar el envío de refuerzos de la Guardia a Masaya. Veo en esta foto, que estuviste en Ticuantepe, ¿cómo fue eso?

Glauco: Esta foto en el atrio de la iglesia, es de la toma de Ticuantepe. Yo ando herido, me pegaron un balazo el 8, en la toma de la casa de Cornelio Hüeck. Esa muchacha llega y dice que están masacrando a los compañeros, y que sólo hay como quince guardias. Hilario me dice: –Yo me voy a quedar aquí con el cuartel y parte de tu gente; y me dice que vaya en refuerzo de los compañeros.

Como nosotros teníamos un camino que es por El Raizón, de cruzada, por donde está el polígono de tiro impacto, se va a salir directo al parque central de Ticuantepe, y entonces nos metimos por los lados. Los compañeros estaban prácticamente solos enfrente del cuartel, porque no los dejaron moverse; claro, nosotros llegamos por detrás y jodimos a la Guardia. Ese fue otro alivio de nosotros en municiones, porque nos llevamos todas las municiones que recuperamos ahí.

Mónica: ¿En el repliegue del 9, hacia donde se movieron tus fuerzas?

Glauco: Yo me fui para la Vuelta de El Chivo, que es la mitad del camino entre Niquinohomo y Masaya, ahí era la casa de un combatiente de la Rufo Marín, el “47”; era un lugar estratégico porque cogías para La Concha, para El Crucero, para la laguna de Masaya, bueno para salir para cualquier lado, incómodo para entrar en vehículo y en helicóptero, una mini selvita.

Ahí decidimos después que la gente descansara todo un día; llegamos ahí como a las siete de la noche. Yo andaba como con sesenta personas, porque se nos habían sumado milicianos. Después del replieguito, nos reagrupamos en Monimbó, y de inmediato, sostengo una reunión con Hilario en donde se replantean las misiones, y a las seis de la mañana del 11, yo me tomo la Calle Honda de Monimbó, que va a salir de las cuatro esquinas, un poquito más para allá, hasta El Calvario y después allí cortamos hasta la Shell, hasta la salida.

La Guardia controla el comando y se toma la calle central de Masaya, la calle de Cornelio Hüeck, donde está hoy la Alcaldía, y la parte del Estadio, o sea, como una ele, hasta El Coyotepe.

Lubby y la China con sus unidades se hacen fuertes en la calle Honda de Masaya. La Calle Honda viene de detrás del cementerio de Monimbó y llega hasta como por los rieles, pasa frente a El Calvario y muere en los rieles. Así se llama la Calle Honda de Masaya, y ahí nos hicimos fuertes e Hilario se hizo fuerte en el centro de Monimbó, hacia la plaza de Países Bajos, un barrio de Masaya. Era una línea en forma de ele.

En otras palabras, la Guardia se reconcentró, nosotros logramos reducirla al cuartel; nos tomamos la parte de Países Bajos, toda esa parte se quemó, y de ahí logramos tener desde donde era la fábrica de Guayaberas Guandique que era una parte del torreón de la Guardia, que ahora hay un parqueo de un supermercado. Nosotros logramos llegar hasta ahí, teníamos un retén. Hilario está detrás con otra ele así, o sea, detrás del cuartel con otra ele, y teníamos los tres francotiradores charrulones hacia el frente.

La Guardia, el 22 hace un empuje y nos hace retroceder; nosotros creíamos que venía un refuerzo a pie porque no había forma de entrar ni en vehículos, ni en tanques. Por eso fue que hubo bombardeos.

Durante varios días, nosotros tampoco teníamos capacidad para hacer más. Teníamos en puta clorato de potasio, bombas, 22 en puta; entonces tirábamos unos tiritos allá parapapaparapapa, hasta que pasó un convoy de la Guardia hacia Cibalsa y le pegamos una turqueada. Ahí volvimos a tener vida.

Entonces yo le di a Hilario una buena cantidad de esa munición y de Gárand y de 30, porque ellos sólo tenían FAL y les prestamos unas armas. Le pegamos fuego a toda la manzana para sacar a la Guardia. Eso fue el 23 para amanecer 24. En la madrugada, Fermín Meneses agarró a toda la población de la orilla, se metió en la tanqueta, le pusieron cadenas y mecates y así se fue. Parecido a lo que hizo “Vulcano” en León.

Mónica: Nada más que “Vulcano” lo hizo a la luz del día. Meneses lo hizo mejor, porque en realidad ustedes no se dieron cuenta. Claro, porque en Masaya la Guardia controlaba parte de la ciudad, debido a que El Coyotepe domina toda la ciudad, y está muy cerca. En León, El Fortín queda realmente en las afueras.

Glauco: Otra diferencia es que “Vulcano” mató a los prisioneros; Fermín Meneses no, los llevó al Coyotepe y los dejó libres.

Mónica: Pero no hay que olvidar que, desde El Coyotepe, mortereaban diariamente a la población civil de Masaya. Cada vez que comenzaba el mortereo, la gente tenía que meterse en los refugios. El mortero es una de las armas más terribles, porque no hay manera de advertirte, no se escucha nada, y de repente cae y mata a quienes estén cerca. Lanzado contra la población civil, es un verdadero crimen.

Glauco: Así es. Después que sale la Guardia del Comando, tomamos la ciudad, la cercamos, pusimos a los mejores combatientes de jefes de un sector, ya la gente era totalmente con nosotros. Los teníamos en La Barranca, reducidos a una especie de media luna, y después Paúl entró por atrás; los teníamos cercados, les quitamos el agua y la luz.

Pero la Guardia siempre mantuvo la presión sobre Masaya, y en ciertos momentos nos debilitó. Nos bombardearon todos los días, lo que impactó a todo el mundo. En uno de los bombardeos, nos mataron a un montón de combatientes en una casa, lanzaron una bomba de quinientas libras11. Antes de eso, todos los días se levantaba un avioncito de la FAN y pasaba rocketeando Masaya; todos los días en la mañana comenzaban a morterear desde El Coyotepe, cuadra por cuadra en Masaya, con un mortero de 120 milímetros. Entonces la gente se afligía. Y nosotros ya no andábamos municiones.

Antes que bajara el primer abastecimiento por aire, estábamos en una situación sumamente crítica: sin tiros, cinco tiros por hombre; y yo creo que tenía unos cien de reserva por cualquier cosa, porque no los soltaba, pero eran tiros de carabina: ésas eran las armas que me había mandado William. Hasta que comenzaron a caer los tiros. Como sabés, venían todos chateados y los teníamos que sacar con un desarmador y un martillo; pero algunos quedaron buenos y entonces ésos los teníamos como estratégicos, con ésos logramos sacar a la Guardia del Cuartel de Masaya el 23 de junio. Ellos dejaron botado un montón de avituallamiento, porque salieron huyendo. Fermín Meneses agarró gente del Barrio San Juan de Masaya, los puso halar la tanqueta, y se fue a meter a El Coyotepe, eso nos ayudó también.

Después de eso, a “Pancho” Guillermo Sánchez le dan una información de un buzón que estaba en la casa de Cornelio Hüeck, pero esa casa la teníamos nosotros. ¿Recordás que cuando llegaron del repliegue, yo te entregué esa casa a vos y a Rolando Orozco, para toda tu gente?

Cuando “Pancho” quiere entrar a sacar las armas, nosotros le dimos el acceso a la casa, a condición que nos dieran parte de lo que hallaran; pero lógicamente, como Hilario había quedado ya en los acuerdos de la unidad como jefe superior de todos, él hizo una distribución distinta. Ahí se halló una colección de armas, carabinas 30, fusiles 3.08, fusiles 2.22, era un arsenal, y con eso aguantamos.

Después vino toda la organización para recibir El repliegue de Managua. Llegó Marcos Valle “El Llanero”, que es el que lo organiza, por orden de Joaquín Cuadra. Nos reunimos en la casa de don Alejandro Porta Bermúdez, el papá de Martina, en Nindirí. Era colaborador de los Proles, la casa principal de César Delgadillo. Marcos Valle llegó con Miranda Jaime “El Socio”, un bandidazo, pero eficiente. Entonces ahí nos reunimos la Francis Cuadra, Hilario, la Lubby, la China, Octavio Caldera; y cuando nos dicen que ustedes se repliegan, nos ahuevamos.

Nos dicen que preparemos condiciones. Todo aquí estaba tomado, pero pensábamos, si derrotaron a los de Managua, seguimos nosotros, ¿me entendés? Nos reunimos ahí a preparar condiciones. ¿Cuál era la garantía de nosotros? Asegurar desde El Raizón para abajo hasta el camino viejo de Los Altos, copar El Coyotepe, para que todo el repliegue entrara por La Barranca, por abajo, por donde es el Tip-Top, por donde está pavimentado ahora. Tener limpio Nindirí y buscar cómo sacar a toda la gente para Catarina y dar escuela a toda la gente de la población, y crearles condiciones a los dirigentes, a todos, pues. A la Mónica yo le tenía preparado un Land Rover con aire acondicionado, y viene y me dice: –No, no, se lo vamos a dar a éste. Nada menos que al delicadito de Payo Solís.

Y después te llevé a un lugar con un grupo de gente tuya para que descansaran y comieran bien. Más adelante, ahí estuve con vos y con Rolando Orozco y toda tu gente, en la casa de Cornelio Hüeck. Después me fui en moto, de explorador, por caminos hasta Diriamba, para meter a la gente que iba a tomarse Jinotepe.

Mónica: Contanos un poco de Lubby Morales.

Glauco: Lubby Morales “Reinaldo” es de León, y sus padres, doña Modesta y don Julio, son de Somoto. Era graduada en Biología, mucho mayor que yo. Lubby trabajaba desde los tiempos de “La Gata” Munguía, y se destacó en el trabajo partidario, en cosas estudiantiles, reclutamientos. Cuando llegó a Masaya, ella venía del norte. Después nos dicen que viene un nuevo jefe que se llama “Reinaldo” y nosotros creíamos que era un hombre. Ha de ser vago ese hijueputa –decíamos nosotros; y cuando miramos, viene la flaquita, morena, pero era brava y muy ideológica. Después del triunfo, estuvo en el Ejército, y terminó de segunda de la Dora María Téllez en el Regional de Managua.

Mónica: Lubby es de las mujeres a quienes les dieron grado de teniente en la primera promoción del Ejército Popular Sandinista, en julio de 1980.

Glauco: Yo metí una carta de protesta, porque a Roberto Sánchez le dieron de capitán y a ella sólo teniente primero; y la Lubby era superior en historia, en trayectoria, en responsabilidades, y además, había sido jefa de Roberto.

Mónica: En las órdenes y ascensos, siempre operaron criterios machistas. Yo he estado analizando esta primera promoción del Ejército y a ninguna mujer le dieron más arriba de teniente; y muchas de ellas tenían más trayectoria que otros a quienes les dieron capitán e incluso rangos más altos. Igual fue con el tema de los comandantes guerrilleros. Vos agarrás la historia de Quxabel Cárdenas y de otras mujeres, y la comparás con algunos hombres que fueron comandantes guerrilleros, y ves claramente que hay discriminación a las mujeres. Pero esa es otra historia. Contanos, ¿qué hiciste el 19 de julio de 1979?

Glauco: Entré a Managua con la columna de Marcos Somarriba. Después que ustedes se tomaron Granada, se pararon en Masaya, ahí estábamos nosotros. Luego del desfile y la concentración en la plaza, el 20 me encontré con Jacinto Suárez, ahí donde estaban todos los capachones. Les dejé un grupo de la Rufo Marín en la seguridad de la Comandancia del Ejército, y pedí permiso para ir a León. Mi gente de la Rufo Marín, dijo: –Ni verga, vamos con vos. Y me fui con la ilusión de ver a mi papá. Y ya mi viejo había muerto.

En León me fui a reportar con Polo Rivas, Dora María y Mauricio Valenzuela. Fui a decirles que llegaba a ver a mi familia y que andaba con mi gente de más confianza. Entonces Mauricio me dio un abrazo y me dice: –Tu papá está muerto Chele, murió hace como dos años, no te pudimos avisar, ¡tranquilo!

Entonces me fui al cementerio y ahí estuve un ratito. Sólo le di un abrazo a mi tío Mincho, el papa de Oscar Robelo. Nos tomamos esa foto con él, y no pude ver a nadie más que a mi tío. Nos vinimos de regreso a Masaya. ¡Ya el amor estaba más en Masaya que en León jodido!

Cuando veníamos de regreso, nos paró “Charrasca”, que yo no sabía ni quién era, vulgar, loco, y nos dice que nos va a desarmar. Ahí tuvimos un rifi rafe en lo que se apareció el Chele Cortés, con quien nos conocíamos desde chavalos.

Mónica: Cuando estabas en Managua, como eras hiperactivo, Cabrales decía que vos necesitabas una mujer que te aquietara. Y parece que la Lubby lo logró. ¿Cuándo nació Glauco Rufo tu primer hijo?

Glauco: El 31 de diciembre de 1979. Y la Susucayán, de la China y Mario, nació como el 17 de septiembre. Ella andaba combatiendo con la gran panza. Yo le decía que no, pero era terca. Andaba cuidando yo a las panzonas, pero eran bravas y respetables. En Masaya todavía las recuerdan.

Mónica: Al inicio de la insurrección, Felipe Escobar era el segundo de Hilario, y luego se me desaparece del escenario ¿Cuál fue el problema, qué pasó?

Glauco: Había una contradicción dentro de los Terces. Íbamos a la guerra el 6 de junio, y el 1 de junio llega “114”, Felipe Escobar. Él y yo éramos de la misma escuela guerrillera de Pedro Aráuz, la Selim Schible, somos amigos. Llega Hilario y me lo presenta como su segundo; eso fue en la casa de Omar Carballo, en El Cocal. Lubby también conocía a Felipe.

Recién llegado Felipe, va a la casa de Carlos Caldera, frente al teatro González, lo manda Hilario ahí, esa es casa de seguridad mía. La señora de Carlos Caldera se llama Leyla Duarte, hermana de “Mauricio”, Modesto Duarte, y colaboradora. Entonces me encuentro ahí con Felipe “Jerónimo”. Mirá, ya sabés que estoy aquí. No sabía que eras vos, pero estoy enterado de que estás trabajando de segundo de “Claudio”, que era el seudónimo de “Camión” en Masaya.

Comenzamos a hablar. –Hombré ¿y qué te hiciste? Me contó que cayó preso, que tuvo su problema en Estelí, que no le dieron entrada Bayardo y William y toda la GPP, que no pudo volverse a integrar y que a huevo se había hecho Tercerista, es su explicación.

En medio de la guerra, cuando Hilario cae herido, y lo sacamos no me acuerdo para dónde, queda al mando Róger Miranda. Entonces Miranda le dice a “Macaco” que va a fusilar a Felipe; yo le digo que no tiene autoridad para eso, o sea, no es un cuadro destacado como para fusilar a un compañero de ninguna manera. ¿Me entendés?

Mando a contactar a Felipe y entonces me cuenta el cuento: Mirá hermanó –me dice, este hombre tiene influencia aquí en la gente; él me está acusando de que yo soy el responsable de la muerte de los compañeros de La Reforma, y yo nada tengo que ver con esa estructura, y quiero que vos como compañero me ayudés. Entonces hermanito, vos te quedás conmigo –le digo. Lo dejo en la calle principal de Pochotillo, desde Sánchez Calvo hacia arriba, todo es El Pochotillo, y como cuartel principal, la casa de doña Anita Calero y de don Abraham López.

En una ocasión, Róger Miranda se había confrontado con Roberto Sánchez porque quería quitarle todas las municiones y todas las armas que teníamos en la casa de Domingo Bolaños. Yo, de casualidad llegué a traer unas ametralladoras 30 que habían recuperado en Ticuantepe. Tuvimos un altercado y hasta nos sacamos pistolas y toda mierda. Le digo: –Mirá, hijueputa, no te metás en mi estructura, que yo no sé ni quién sos vos. Y este compañero, Roberto Sánchez, está aquí con órdenes de que sólo yo, la Lubby y la China, pueden autorizar salida de armas. Vos nada tenés que ver con nosotros.

Al día siguiente llega Miranda donde doña Anita Calero, y me dice: –Mire, el compañero “Jerónimo”, se refería a “114” Felipe Escobar, pertenece a mi organización, y yo quiero que me lo entregue. No hay ningún problema –le digo yo, traeme un documento firmado por “Claudio” y yo te lo entrego. Él anda combatiendo aquí, allá está –le digo. Efectivamente Felipe estaba volándose verga con un franco tirador.

Mira qué cosa: Ramón Moncada Colindres “Macaco” era jefe de la escuadra táctica de combate (ETC), así le decían los Terceristas, que debía concentrarse en esa casa de La Reforma el 6 de junio. Esa unidad era la que iba de frente al cuartel y los matan a toditos, y el responsable de esa casa era Róger Miranda Bengoechea. Humberto Ortega jamás me quiso creer que ahí había gato encerrado, hasta que se produce la traición. Pero ése es otro tema.

Después del triunfo, a Felipe Escobar le hicieron un juicio, porque ellos lo estaban acusando. Ahí está la China de testigo. Todos ellos saben. Pero yo no iba a permitir que Róger Miranda lo fusilara. Después se integró el tribunal de El Chipote. Estaban Luis Carrión, Jaime Wheelock, Humberto Ortega y Bayardo Arce. Jacinto Suárez estaba de Secretario de Actas de ese Tribunal. Llegamos a declarar la China Samqui, la Lubby, Roberto Sánchez y yo. Después lo dejaron libre y se fue al Ministerio del Interior.

Entonces es mentira que “Jerónimo” se desapareció de la insurrección de Masaya. Él estuvo con nosotros. Yo consulté con la Lubby, consulté con la China, que éramos el Estado Mayor de la GPP, y además, miembros del Estado Mayor. Hilario estuvo de acuerdo, porque él no iba a aprobar el fusilamiento de ningún compañero. Después del triunfo, Hilario queda como jefe máximo y me dice: –Mirá, vamos a trasladarlo allá y que allá se encarguen de averiguarlo. Pero el que jodió a Felipe fue Miranda.

Mónica: ¿No sería que Miranda estaba molesto porque Hilario puso a Felipe de segundo, en vez de nombrarlo a él?

Glauco: Es que a Felipe lo manda la estructura superior de Hilario, y lo manda como segundo de él; en cambio, Róger Miranda aparece en Masaya sin contacto, sin estructura. ¿Cómo llega Miranda donde Hilario? Bosco Peña Miranda es hijo de una colaboradora, doña Chayo Peña. Bosco es un gran combatiente, huevón, fue herido en la toma de Ticuantepe. La señora tuvo ese hijo natural con el papá de Róger Miranda, en Granada, donde ella trabajaba como doméstica. El señor nunca lo reconoció.

Entonces Bosquito, que era un combatiente a quien todos lo queríamos, nos lleva a su hermano y dice: –Mirá, ahí hay un compañero que es economista, viejo bolchevique. ¿Cuáles son sus antecedentes? Mirá, Róger Miranda Bengoechea se recibe de economista en México, viene a Nicaragua a finales de 1969 y se junta con los cabezones de Marvin y Róger Ortega, fundadores del movimiento trotskista en Nicaragua.

Después del terremoto la compañera Gloria Campos Traña estaba en el Regional de Granada, trabajando con Oscar Turcios y con todo este grupo; conoce a Róger Miranda, se enamora, y tienen un hijo.

En una ocasión, Róger Miranda se agarra a balazos con Marvin y Róger Ortega en el Parque Central de Granada. Los Ortega caen presos; Róger Miranda, no. ¡Pang! Se va para Chile, allá en Chile conoce a Alfonso García, que le decían “M-3”. Se hizo famoso en Boaco, porque una vez que llega Bayardo allí, Alfonso le dice: –No jodás, yo creía que me traías una M-3 para aventar verga. Le encajaron“M-3” para toda la vida. Éste es Alfonso, de Boaco; no confundir con Alfonso García, de León, a quien le dicen “El Prole”. Este “M-3” fue presidente del CEUCA. Un viejo y respetado sandinista. Por cierto, la muerte de él es extraña también. Alfonso García es hijo de señores campeches de billetes. Se va a estudiar a Chile, donde lo que menos hizo fue estudiar, pues andaba en la farándula con intelectuales, con los hermanos Ricardo y Jaime Wheelock. Era bohemio con reales, estudiaba en la universidad, pero nunca iba. Él andaba socializando. Entonces Miranda llega y le dice: –Mirá, brother, estoy vergueado, no tengo para pagar un cuarto. Y entonces, Alfonso, de buena gente, lo ayuda: –Bueno, pues, traé la cama y vamos mitad y mitad en todo. En Chile, con Allende en el poder, está todo un grupo de revolucionarios de América Latina, de México a la Patagonia, incluyendo varios nicaragüenses: Roberto Calderón, los Wheelock, Carlos Manuel Morales, “El Chaparro” Leonel Espinoza, quien era el representante del Frente en Chile, creo que estaba también Ramiro Contreras.

Carlos Fonseca está al tanto de su representante que tiene allá. Había un movimiento que se llamaba Patria y Libertad, que era como una contrarrevolución interna del Ejército chileno contra Allende, que la había detectado la inteligencia cubana, la G-2, y les informan que hay un nicaragüense vinculado a Patria y Libertad. Carlos Fonseca se chivea y manda a buscar a Ricardo Wheelock a Chile. Le dicen que su tarea es averiguar quién es el tipo y en qué tareas y actividades anda este tipo, que si está o no con nosotros.

Todo esto me lo cuenta Ricardo, porque Julio Ramos y yo éramos de la Comisión Superior de Cuadros del Ejército. Esto que te estoy diciendo está en un informe archivado en el Instituto de Estudio del Sandinismo. Yo leí el informe y todo eso lo puse en el expediente de Miranda. Y te sigo contando, en esa investigación está Ricardo, cuando de repente a Róger Miranda le pegan un tiro; y Alfonso, con sus reales, con sus desgracias, soborna no sé a quién, y lo saca para Argentina, por la triple frontera, lo saca herido, ¡imaginate! Lo pasa por Argentina, donde hay otra dictadura, y se lo lleva a México.

A Ricardo lo mandan a México, y allá Alfonso “M-3”, comienza a acusar a Miranda de ser de la CIA, por contactos y chochadas raras: de repente, palmado; de repente, con un turcazo de reales, con vehículo. Y de pronto se le desaparece Miranda y lo deja en la perra calle, porque imaginate todo lo que habrá gastado Alfonso, quien vendió todo para llevárselo, cuidarlo y salvarlo.

De repente Miranda se desaparece y se va a estudiar a Puebla, donde estaba estudiando en primer año, Elías Noguera, quien era amigo de “M-3”, porque los dos son de Boaco. También lo acusa de CIA, porque Alfonso le cuenta todo. Además, Elías no lo quería, porque Miranda era prepotente, inteligente y todo lo que vos querrás, pero era un granadino clásico, como caballo real. Cuando lo acusan de CIA, le cierran las puertas en todos lados. La Regional de ahí era Doris Tijerino; los que le manejaban a la Doris Tijerino eran Frank y Paúl Atha hijo, y varias veces detectaron a Miranda chequeando a la Doris.

Es una historia bien rara, pues. Alfonso García ya estaba jodido con cirrosis y murió en el Hospital Militar, con aire en la sangre. Su última visita fue Róger Miranda.

El comandante guerrillero y teniente coronel del Ejército de Nicaragua Elías Noguera, cayó en desgracia con Humberto Ortega, por el azote de Róger Miranda. Todo el que se le puso a su alrededor, él lo destruyó. Salvador Bravo, bebiendo guaro con Miranda, se pegó un tiro. Y Alvarito Hernández, ¿qué andaba haciendo en el norte Alvarito Hernández, siendo Secretario General de la Comandancia? Humberto Mendoza Pizarro era el jefe de despacho de Joaquín Cuadra, le gustaba echarse sus traguitos; lo quemó y lo mandó a la verga. No necesitás tener cuatro dedos de frente para saber que el hombre estaba haciendo algo.

Mónica: ¿Cómo llegó a ser el ayudante de Humberto?

Glauco: Róger Miranda quería ser ministro de Economía. Hilario lo aterrizó y Humberto se lo pidió. Entonces lo mandaron de oficial ayudante de “La Maravilla” Augusto Montealegre, quien era el ayudante de Humberto Ortega. Miranda le comenzó a serruchar el piso. Entonces un día, están varios chinandeganos reunidos, bebiendo guaro en la oficina de la Auditoría, entre ellos, Luis Martínez, Raúl Venerio “Willi” y “La Maravilla” Montealegre. Róger Miranda se da cuenta y se lleva a Humberto Ortega donde están ellos, y le dice: –Mire, eso es lo que hacen todos los días estos hijueputas. ¡Delante de ellos! Suspendidos toditos. ¡Destituidos!

Todo el que le hizo sombra, ¡a la verga! Así pasó a ocupar el puesto de Montealegre. El mayor trabajo de penetración a máximo nivel que pudo haber hecho el imperio contra nosotros, fue Róger Miranda.

Omar Halleslevens, Julio Ramos o su segundo, Salvador Muñoz, y yo, llegábamos donde Humberto Ortega, enseñábamos cualquier informe: –Mire Comandante en Jefe. Lo leía, ponía sus anotaciones, y nos llevábamos los papeles; no los pasábamos por donde Miranda. Y él tenía su expediente en Inteligencia.

En cambio, jodió a Lenin Cerna y a Renán Montero. ¿Por qué nos matan a todos los centros de inteligencia de México para abajo? ¡Porque él los vendió! Era imposible que el enemigo supiera de esa gente. Claro, me imagino que Renán le mandó algún informe a Humberto con toda la piedra, y por supuesto, él lo interceptó.

Ya les habíamos estallado el escándalo Irán-Contras, y ahí está uno de los espías de la Rufo Marín, Enrique Espinoza Peña “El Chocorrón”, a él lo capturan, a los cubanos, a todos los que prepararon los documentos que nos permitieron demostrar en el Congreso la vinculación de la Contra con el Irangate.

Ya les habíamos pegado ese vergazo, cuando ocurre el incidente de que Róger Miranda le está exigiendo a Humberto Ortega que lo haga teniente coronel. Y todo el Consejo Militar dice que no. Y se levanta como muchachito malcriado y se sale. Él no era del Consejo, era el que tomaba las notas, pero se levanta como muchachito malcriado, y se va.

Mónica: ¿Y qué pasó con “El Chocorrón”, después que lo capturaron los norteamericanos?

Glauco: “El Chocorrón” es nieto de doña Isabel Aguilar, abuela de Bosco Peña Miranda y de Antonio Espinoza Peña, combatientes. Todos ellos colaboradores. Era la casa de seguridad principal de la China. Ahora él es abogado. Se hizo una negociación con los gringos, y lo expulsaron por espionaje. Es el único nicaragüense en la historia de los Estados Unidos, expulsado por espionaje.

Humberto Ortega y toda la cúpula del Frente Sandinista y del Ejército de Nicaragua, estaban quince días haciendo “La Tripartita” en Cuba, con los rusos, los cubanos, viendo todo el tema del armamento que teníamos allá, que no lo habíamos trasegado, un cachimbo de mierdas.

Sólo quedamos Denis Moncada Colindres, que había repuesto a Humberto Mendoza Pizarro en el despacho de Joaquín Cuadra, Joaquín Cuadra y yo. Ese era el Estado Mayor que quedó. Entonces descubrimos una operación, que está en video en los archivos de la Contra Inteligencia, donde van a matar a Luis Carrión, a Julio Ramos, a Daniel Ortega, a Humberto Ortega y a Jaime Wheelock. La orden de Humberto Ortega es que yo me ponga al frente de las medidas contra esa operación, para mientras viene Halleslevens, y que hable con Joaquín Cuadra.

No encuentro a Joaquín, y yo despliego toda la artillería, agarro los mejores oficiales, las mejores gentes de la técnica, y Róger Miranda aparece filmado, en reunión con tres oficiales CIA de operaciones encubiertas, y el contacto, que era el Gerente del Barlovento, ahorita no recuerdo el nombre. Por desgracia mía, por falta de comunicación, él me encuentra. En una de las pasadas en San Juan del Sur, cuando él contacta con la gente ésta, yo voy pasando y me para. – ¿Idiay Chele, qué pasó, brother? Entonces yo me cago. Cuando yo llego al final del lugar, hago un movimiento, me voy, bajo a un oficial y le digo: –Andá buscate a Sevilla, que ahora es Coronel, es el jefe de la Primera Sección de la Contra Inteligencia. Sevilla me dice: –Mire jefe, esto es grave; si no tomamos medidas, nos pegan un turcazo que nos va a doler.

Me vengo a Managua, hablo con Denis Moncada Colindres, y le digo: –Mirá Denis, hay un problema serio, grave. Buscame al General Cuadra donde esté, que quiero hablar con él. En lo que voy saliendo, va entrando Róger, ya bien afeitadito. – ¿Idiay maje, qué andás haciendo? ¿Qué estás haciendo aquí? Me salís hasta en la sopa. No hombre, es que yo tengo un problema, y el General Cuadra me va a resolver –le digo. A vos te atiende el Ministro, no te charruliés, ¿qué querés? –me insiste. Nada hombré –le digo, pues ya hablé con el General Cuadra. Todavía me replica: –Se va a enturcar el Ministro. Entonces me salí, y llamo a la gente para que activen todas las medidas y que si hay que matar, hay que matar. Desgraciadamente, Moncada, sin saber nada, le hace el comentario a Róger: –No jodás, el Chele (se refería a mí) anda metido en una mierda chiva. Como me había visto en San Juan, a las seis de la tarde, el hijueputa despacha a todo el mundo y comienza a fotocopiar todos los documentos de la reunión Tripartita, que fue lo que más se llevó.

Moncada la cagó, porque cuando le enseño el video a Joaquín, éste reacciona y me dice: – ¿Quién ordenó esta mierda? –Yo, mírelo primero. ¡Ese día se fue el jodido! Dos meses antes nos había quitado a nosotros el control del Escuadrón Ejecutivo. Omar Halleslevens y yo habíamos manejado hasta entonces el Escuadrón Ejecutivo; cuando pasó a su control, Róger estuvo dos meses preparando condiciones por cualquier mierda.

Él se fue en el jet presidencial “19 de julio”, ubicado en el Escuadrón Ejecutivo. El jet iba a traer a Sergio Ramírez, venían también Javier Carrión, su esposa Jenny Soto y Guillermo González, y lo saludaron: –Idiay, ¿qué andas haciendo? –Es que ando enfermo, voy a darme una chequeadita, y aproveché el avión, el raid.

Al día siguiente aparece en el Congreso Norteamericano, traje impecable azul, corbata con la bandera de los Estados Unidos, elegantísimo, declarándonos enemigos y volándonos verga. Le dieron dos millones de dólares, diez años de protección, ciudadanía y casa. Al jefe de los espías rusos y de la Stassi, de Alemania, con costo le dieron permiso de trabajo, ¡con costo! Hombre, ese maldito vive en una casa de seiscientos mil dólares en Miami, da clases en la universidad, tiene salario, tiene todo. ¿Cómo es que era un pobre pinche traidor?

Mónica: Definitivamente que parece como que ya era agente desde antes. Porque Guillermo Sánchez dice que para la toma de Ticuantepe el día 6, la cantidad de guardias que estaban en el cuartel, y los refuerzos que llegaron de inmediato, era como que los estaban esperando.

Glauco: Sí, y a la principal unidad de Hilario, la matan en La Reforma. Yo no sé hasta dónde Hilario le comentó los planes, pero cuando nosotros nos tomamos el Instituto el 6 de junio, tuvimos heridos y combates adentro. ¿Cómo la Guardia sabía que nos íbamos a tomar el instituto?

Además, el jefe de la escuadra de La Reforma era Róger Miranda “Faustino”. ¿Por qué matan a toda esta gente? Todos estaban armados, ahí hubo un combate, pero claro, era desproporcionado. No llegaron diez guardias, llegaron cien. ¿Por qué? ¿Me entendés? Entonces hay una serie de cosas…

Como ves, hay una serie de antecedentes de Miranda Bengoechea, vinculados con el enemigo. Con mi experiencia en el trabajo de Contra Inteligencia e Inteligencia, no me queda la menor duda de que el mejor trabajo de penetración al máximo nivel en el sandinismo, fue el del traidor Miranda.

Incluso Humberto habló con Halleslevens, conmigo y con todos los oficiales: –No quiero más escándalo, yo estoy claro de que este hijueputa era difícil. Bueno, nos jodió, nos jodió. Yo no quiero más escándalo. Porque yo le dije: –A este hijueputa hay que matarlo. ¿Por qué? Porque él se fue y al día siguiente nos mataron al de Honduras, que era agente de Renán Montero, era de Chontales; a los dos días nos escaparon de matar al hijo de don Juan Marenco, a Rooney Marenco, quien era agente de Renán y nuestro, pues, trabajábamos en conjunto; a los dos días nos mataron al centro de Guatemala; a los cuatro días nos hicieron turca al centro de los cubanos y de nosotros, que trabajamos juntos en Panamá. Nos hicieron verga pues.

Por eso no lo perdono. Yo puedo saludar a un Guardia, ¿qué tal, cómo estás? Vos en tu lado y yo en el mío. Pero un hijueputa que fue nuestro, que esté manchado de sangre de gente mía, con facilidad me enjarano.

Mónica: Glauco, vos que conociste tan de cerca a Pedro Aráuz, ¿podés contarnos un poco sobre él y cómo recibiste la noticia de su muerte?

Glauco: Mirá, como te decía, yo conocí a Pedro Aráuz cuando tenía catorce años. Él era amigo de mi papá. Me lo presentaba como que era mi tío. Un día él me oye que yo le pregunto a mi papá: – ¿Y estos tíos nuevos? Entonces él me dice: –Sos un curioso. Y me sentó en sus piernas, porque yo era chiquito y flaquito.

Él era un hombre con grandes anteojos, el pelo se lo cambiaba y andaba siempre diferente, y entonces yo le decía: –Y usted, ¿en qué trabaja? ¿Por qué se cambia? –Yo soy visitador médico. Esa era la fachada de él en mi casa, que era una farmacia. A veces yo estaba haciendo mis tareas y él llegaba, y me ayudaba, sobre todo con el español, con el que tenía dificultades, porque yo había estado mis primeros años en Estados Unidos.

Pedro tenía una gran disciplina. Me llamaba la atención que siempre, todas las mañanitas, él se levantaba a hacer ejercicios físicos, sentadillas, abdominales. Él me enseñó a hacer pechadas. Era un hombre que nunca lo miraba boludeando, siempre estaba en una máquina escribiendo, leyendo, sacando anotaciones. Nunca lo vi sin hacer nada.

Mónica: Yo lo recuerdo como un hombre muy ordenado en su vida, metódico. Estuve con él en una casa de seguridad en Telica, durante el golpe de Chema Castillo. Como decís, era muy cuidadoso. Estudioso. Ahí me dio a leer De la Guerra, de Clausewitz, explicándome que había que conocer la teoría del enemigo sobre la guerra.

Glauco: En la tarde, por ejemplo, él me decía: –Andá a dar una vuelta por ahí afuera, andá a ver si no hay gente rara. Entonces yo salía y me sentaba, porque como frente a mi casa estaba el parque, pues era normal que yo saliera. Pedro salía como a las seis y media, y regresaba a las diez, era un tipo súper ordenado. Luego trabajaba en una máquina aprovechando la noche, con dos dedos trabajando a máquina, era incansable.

Después estuve en una escuela en Honduras, y él era el “100”, Juan de Dios Muñoz era el “130”, la Charlotte era la “120”, y nosotros todos numerados del “103” al “118”.

Mónica: Algunos compañeros tenían fama de andar seduciendo a cuanta compañera se les cruzara enfrente, de tener novias por aquí y por allá. Pedro era bien respetuoso con las mujeres. Tuvo sus compañeras, por supuesto, pero no andaba obsesionado con cogérselas a todas o usar su poder para manipularlas.

Yo lo conocí súper enamorado y melancólico, cuando una compañera lo dejó. Estábamos en una casa de seguridad en Estelí. Él portaba siempre un gran termo de café, pero se le enfriaba. Yo aprendí que el café se puede tomar frío, viéndolo a él. Cuando la compañera lo dejó, se ponía a oír las canciones de Cuco Sánchez, de una grabadora con audífonos. En una ocasión Bayardo, que era jodedor, le despegó el audífono para saber qué escuchaba; y era una canción de Cuco Sánchez: “...pero si yo ya sabía, que todo esto pasaría, cómo diablos fui a caer...” Le comenzó a dar bromas, y él muy afectado.

Glauco: Si, era respetuoso con las mujeres. Por ejemplo, en Honduras, donde él se movía con un poquito más de tranquilidad en la estructura de ese país, llegábamos a una casa donde yo comenté, qué bonita la compañera tal. Entonces él nos decía: –Compañero, no la mire como mujer, véala como hermana de lucha. Porque sabía que podía haber dificultades.

Recuerdo que una vez estuve con Julio Ramos en Amatitán. El dueño de la casa nos decía: –Miren compitas, todo conmigo, con mi mujercita, con mis cuñaditas y con mis hijas, nada; son sagradas. Y esa era la mentalidad de la gente. Vos llegabas a una casa de seguridad y, lógicamente, te estaba negado lo que en otro contexto es parte de la normalidad, porque, hombré, te gustaban las mujeres, y a las mujeres les gustaban los hombres. Pedro siempre te inculcaba el respeto, no pasar más allá.

Además, fue un conspirador increíble y muy frío. Aprendí mucho de él. Yo me movía con un saco de armas para entrenar y pasaba un jeep BECAT y si me decían adiós, les decía adiós, si me paraban: – ¿Qué pasó brother? No iba a salir corriendo, pues, cosa que le aprendí a él.

Mónica: ¿Qué pasó a Glauco en su corazón y su mente cuando se da cuenta que la persona que él tanto apreciaba y que lo había hecho lo que es, estaba muerta?

Glauco: Me mandaron ese mismo día en la tarde a León. No sabía que había muerto Pedro. Me llevan a una casa que tenía una pulpería, en Sutiava, y me encontré con Lumberto Campbell, y me alegro. Todavía andaba convaleciendo de un tiro accidental en la rodilla, y la pantorrilla me había quedado delgada.

En esa casa, con Lumberto escuchamos la noticia de la muerte de Pedro. Bueno, mirá, yo lloré como muchachito. ¡Se me pasaron tantas cosas por la mente! Recordé cuando me decía: –“112”, con un arma y una granada es difícil, hay que cuidarse mucho y hay que cuidar a los compañeros, colaboradores, la vida misma de uno. Él siempre me hablaba como un hermano, como guía, dándome orientaciones pero de la forma más tranquila; así como era encachimbado, también era un hombre de mucha visión. Murió joven, con mucha responsabilidad.

Le agradezco que me diera el privilegio de conocer al comandante Carlos. De tener la confianza de pedirme que lo fuera a recoger y llevarlo a la casa de Marcos Somarriba, en Bello Horizonte. Estuve haciendo guardia, mientras ellos hablaban. Yo ni lo reconocí, porque llegó con unos dientes que lo hacían ver con una gran guayaba, y sin anteojos. Me impresionó mucho. Y después me hicieron irlo a dejar a una parada de buses; ahí estaba la Gloria Campos Traña, que caminaba con él. Pedro confió en mí y me agarró chiquito a formarme. Entonces fue como mi padre, en lo que fue todo mi proceso. Él me hizo instructor y le di entrenamiento a una serie de cuadros revolucionarios. Conocí a un montón de compañeros, prácticamente llegué a conocer toda la estructura de la guerrilla y de la GPP; en esos tiempos, casi nadie tuvo ese privilegio, por la confianza que él depositó en mí. Y por él tuve el privilegio de trasmitir lo que él me había trasmitido en escuelas. Era un compañero extraordinario, un hombre firme.

Mónica: Quisiera que dieras un mensaje final después de esta entrevista, a treinta años del triunfo de la revolución. ¿Qué cosas creés que todavía es importante enfatizar a los jóvenes de las nuevas generaciones?

Glauco: En primer lugar, quiero felicitarte por el esfuerzo que estás haciendo de escribir. Porque cada quien escribe la historia como quiere, y vos has hecho un esfuerzo por entrevistar gente, gastando tu tiempo, tu energía, en recopilar todo ese mar de cosas que no es una tarea fácil. Son cientos de cabezas, cada una haciendo su enfoque. Yo, por mi parte, no soy bueno con el tiempo ni con las fechas; por eso también estoy escribiendo, para dejarle algo a la juventud.

La revolución nuestra es una revolución inconclusa, porque en nuestro país hay pobreza, desigualdad, nos falta educación, nos falta transformar y hacer mucho. Todavía en Nicaragua hay muerte infantil, un gran déficit de educación, y nuestro pueblo vive en una miseria bárbara. Y nosotros no luchamos sólo por derrocar a la dictadura, sino para que este pueblo tuviera una vida digna en todos los sentidos: salud, educación, vivienda... En ese sentido, me parece que todavía estamos en pañales.

El error más grave que cometimos fue no trasmitirle a la juventud todo el sacrificio que hicieron un montón de compañeros que no están con nosotros, decirle que de nuestra generación derramamos sangre nuestra y ajena, porque nos tocó perder a nuestros mejores amigos, a gente que quisimos, a compañeros que tal vez los conociste un ratito pero lo sentías como tu hermano, y también recibimos tiros, cárceles, persecución.

No tuvimos el privilegio de jalar normalmente, de ir al cine, de hacer cosas propias de los jóvenes. Era pecado ser joven, y nosotros, que nos comprometimos con la causa, tuvimos una vida bien difícil. A mí me parece hoy que fue como una película. La recuerdo vívidamente. Pero vos hablás con jóvenes que no están vinculados a nosotros, que no saben nada de lo que fue la dictadura, tal vez porque ahora tienen libertad.

Hay que contarles que aquí todo el pueblo de Nicaragua estuvo comprometido en contra de la dictadura de una forma u otra. Incluso algunos somocistas se le voltearon, pero que la masividad fue hasta el final, que antes fuimos un puñado, porque cuando triunfó la Revolución, la primera promoción de militantes del FSLN se le dedicó a los muertos, a los caídos, y la segunda promoción, a los vivos que habían estado comprometidos antes de septiembre de 1978. Y no llegábamos ni a tres mil.

Esos tres mil jóvenes vanguardizaron y expresaron la voluntad de un pueblo, después de cuarenta años, de botar al dictador. Esa voluntad de cambio en alguna medida la desaprovechamos por cuadradencias y por falta de visión. Pero creo que tenemos que trasmitirle a los jóvenes que aunque están en paz, que pueden salir a un baile, que pueden salir a un cine, que tienen el privilegio de hablar lo que les dé la gana, que todavía queda mucho por hacer para Nicaragua.



15 de noviembre de 2009





NOTAS


1 Margine Gutiérrez refiere que eso ocurrió en marzo de 1977 y que la casa de la Colonia Centroamérica fue rodeada por veintiún jeeps BECAT que se ubicaron en la parte delantera de la casa. Los ocupantes salieron por los techos y el patio trasero de la casa. Ver entrevista a Ramón Cabrales, en el Tomo II de esta obra.

2 Se refiere al texto Y las casas quedaron llenas de humo, escrito por Carlos Guadamuz, en el que describe la heroica resistencia del Comandante Julio Buitrago en una casa de Las Delicias del Volga.

3 Hemos omitido el nombre del colaborador que corrió de su casa a Pedro Aráuz, Juan de Dios Muñoz y Glauco Robelo.

4 Hoy, General de Brigada Adolfo Zepeda, jefe de Relaciones Públicas del Ejército Nacional.

5 Cristian fue mandado a la unidad de combate Bonifacio Montoya en enero de 1978, pero tenía dificultades físicas y fue regresado a la ciudad. Estaba trabajando con Ana Isabel Morales en Carazo. Durante un tiempo compartí trabajo con ellos, después que salí de la cárcel, entre abril y julio de 1978. Al poco tiempo de esta escuela en el Diriá, que relata Glauco, Cristian Pérez se incorporó a los Terceristas; posteriormente, Ana Isabel Morales se asiló y también se integró al Tercerismo.

Cristian cayó en la masacre de Xiloá, el 12 de mayo de 1979, junto con Omar Hassan y Ricardo Orúe

6 Ya se habían dado las primeras pláticas de las tendencias y se había firmado un primer documento. Henry Ruiz envió un comunicado de exhortación a sumarse a los esfuerzos insurreccionales.

7 En febrero, Somoza sustituyó al Coronel Gonzalo Martínez con el Coronel Adolfo Solís Bojorge, quien había juzgado a los sandinistas en el Consejo de Guerra instalado después del asalto a la casa de Chema Castillo. En julio de ese mismo año envían a Fermín Meneses.

8 La Finca San Martín, propiedad de Cornelio Hüeck, diputado somocista muy allegado a Somoza, estaba ubicada a orillas del Océano Pacifico, cerca de la playa de Chacocente.

9 Se trata de Aníbal Galán.

10 Según las cronologías oficiales del IES, en la emboscada de La Olla de Barro se le hicieron 17 bajas a la Guardia.

11 El día 30 de junio, después de la juramentación oficial de la Junta de Gobierno Municipal por Moisés Hassan, un helicóptero sobrevoló Masaya y dejó caer una bomba de quinientas libras, la cual cayó detrás de la Iglesia San Jerónimo. Esa bomba destruyó completamente una manzana en ese barrio, y se reportaron veinte víctimas, incluyendo algunos de los recién replegados de Managua. (Cronología oficial del IES).

Últimos comentarios del relato
  • RAUL :

    Hay que divulgar esta historia tierna en el tiempo, llena de coraje

    24 May, 16
  • Juan Raul Rivera Olivas :

    La felicito Monica por el impetu que ha mostrado en el proceso de recopilacion de datos y remenbranzas por compañeros que su participacion en la lucha es indiscutible y que ademas la versatilidad de la informacion que expresan es muy coherente ,me gusta en particular la entrevista al general Robelo, que aunque no cubre todo lo que quisieramos por problemas de tiempo , es amena .

    31 Jan, 16
  • Arturo Ernesto Lacayo :

    Muy bonito, soy hijo de Arturo Lacayo

    07 May, 14
  • omar vogl :

    hay que hablar la verdad, la captura o entrega que se efectuo a Farnklin Montebegro en las aguas de puerto sandino, fue comandada por un grupo que no participo Oscar Cortez el jefe era Omar vogl, fueron capturados el capitan Manuel Lopez y el Tnte Walter Maynard, el Franklin ayudo a ubicar a mas de 150 guardias que venian a la deiva en el transito. si se va escribir la histori tiene que ser con la verdad.

    28 Feb, 14

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