Memorias de la lucha Sandinista

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Voy a morir luchando

Heriberto Rodríguez


Heriberto Rodríguez, fundador del FSLN, nace en Ocotal el 8 de mayo de 1933. Siendo adolescente participa como correo en uno de los grupos organizados por el General Ramón Raudales entre 1957 y 1958. En 1959 iba en uno de los grupos destinados a reforzar la guerrilla de El Chaparral, cuando ocurre la masacre. Se incorpora a la Columna 15 de septiembre, comandada por Julio Alonso Leclaire, y participa en varios combates. En 1962 se integra al Frente de Liberación Nacional, desde sus primeras acciones armadas; participa en la guerrilla de Raití-Bocay, en los preparativos de Pancasán y en distintas jornadas de lucha, a pesar de padecer una enfermedad que le causaba serios problemas físicos.

En 1975 se incorpora a los esfuerzos guerrilleros, participa en la Escuela de El Copetudo y en 1977 en el Frente Norte Carlos Fonseca. Al triunfo de la Revolución Popular Sandinista, es delegado del Ministerio del Interior (MINT) en Ocotal; luego, delegado del Instituto Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (INAA), también fue miembro del Ejército Popular Sandinista y diputado propietario del Frente Sandinista de Liberación Nacional de 1984 a 1990, y suplente de Francisco Rivera de 1990 a 1996.


El diálogo con Heriberto Rodríguez se reviste para mí de circunstancias dolorosas. Hice esta entrevista en mayo del año 2000. No puedo dejar de mencionar que él se sintió profundamente estimulado por haberlo entrevistado, y después de ello, en varias ocasiones me buscó para darme algunos documentos que complementaran mis investigaciones. El 14 de agosto del año 2003 llegó a la recepción de Radio La Primerísima, pues se enteró que era mi cumpleaños. Me dejó una nota de felicitación y un legado de papeles que sólo pude ver unos días después. Parte de estos documentos aparecen insertos en este texto. Ya para entonces, Heriberto había muerto. Salió de la Radio ese día hacia un cuchitril que tenía en el Reparto Memorial Sandino, y ahí se suicidó, pegándose un tiro. Los papeles que me dejó eran una despedida que había escrito un mes antes. Parece que estaba profundamente deprimido.

Heriberto murió convencido de que ya no podía auto sostenerse, y no quería ser carga para nadie. No quería pasar de la pobreza en que había vivido toda su vida, a la miseria más absoluta. Eso lo dijo con claridad en su carta, en donde acusa al sistema capitalista de su situación; pero no puedo dejar de indicar las diversas circunstancias que la agravaron, como el hecho que le hayan quitado una pequeña pensión que le pasaba el Ejército, que le dieron una propiedad, pero sin sus papeles legales, que le invadieron una parte de la misma, sacándole todos sus bienes a la calle, y que se sentía solo, enfermo y abandonado.

Heriberto luchó toda su vida en medio de profundas limitaciones físicas, pues desde muy temprano padeció una extraña enfermedad que le producía graves inflamaciones en sus piernas, provocándole dolores espantosos. No obstante, participó en importantes misiones guerrilleras, siempre a costa de su salud y su estabilidad material.

Del diálogo que sostuve con él, dejé de manera íntegra sus intervenciones en torno al tema de la unidad, la disciplina y la libertad de disentir.

Mónica: El General Ramón Raudales salió hacia Honduras después de los masivos asesinatos de combatientes de Sandino; pero desde ahí siguió conspirando y manteniendo contacto, principalmente con los segovianos. En esas conspiraciones, Heriberto Rodríguez participó, siendo niño, como correo del General Raudales. ¿Cuántos años tenías cuando realizaste estas tareas, Heriberto?

Heriberto: Un poquito más de catorce años. Somoza desató una ofensiva y desarticuló todos los movimientos que se trataron de organizar en Las Segovias, y muchos de los combatientes cayeron presos. Por eso tuve que venirme a Managua. Pero cuando Raudales1 comienza nuevamente a organizar el movimiento armado en 1957, me vuelve a llamar. Ya estoy más crecido y funciono como correo de logística y comunicación.

Mónica: Dice aquí en tu pequeña biografía que después formaste parte de un grupo que se iba a incorporar a la guerrilla de El Chaparral en el municipio hondureño de El Paraíso. ¿Cómo te involucraste en El Chaparral?

Heriberto: Como acaba de triunfar la Revolución Cubana, se entusiasman los que combatían al somocismo en Nicaragua. Estaban reorganizando una nueva etapa, un nuevo empuje contra la Guardia represiva somocista. Se organizan dos movimientos. Se veía el ánimo de todos estos combatientes, incluyendo al doctor Pedro Joaquín Chamorro, quien era de los conservadores que entrarían por Costa Rica; y los liberales, que entrarían por Honduras.

La gente que estaba dispuesta al combate, al avance revolucionario armado, comenzó a unirse en Honduras, y son los que formaron la guerrilla de El Chaparral, mientras que los del Sur avanzaban desde Costa Rica, en lo que después se conoció como Olama y Mollejones2. En el Chaparral participamos unos sesenta hombres, y el Jefe era Rafael Somarriba. También andaban cubanos. La guardia de Honduras y de Nicaragua les cayó en masa y destruyeron esa unidad.

Mónica: ¿No andaba ninguna mujer?

Heriberto: Ninguna, era otra mentalidad que de 1960 en adelante tomó otro carácter. Las mujeres se incorporan con la nueva organización revolucionaria, el Movimiento Nueva Nicaragua (MNN).

La columna principal de El Chaparral estaba a la espera de un grupo de apoyo para entrar a Nicaragua. En ese grupo iba yo, con dieciséis hombres. Íbamos como refuerzo, a levantar armas, porque ellos tenían suficientes; las llevaríamos al interior del país para repartirlas entre los que, supuestamente, se nos iban a sumar en el camino. En esa espera, sorpresivamente les cayó el Ejército de Nicaragua.

Al que dirigió esa acción lo repudiaron los estudiantes de Honduras, y a partir de entonces le llamaron “Chaparral”. Fue un capitán del Ejército quien dirigió esa acción el 24 de junio de 1959. El ataque dejó nueve muertos y una cantidad de heridos.

Comentario de la autora: Es necesario explicar a nuestros lectores que después del triunfo de la Revolución Cubana, muchos nicaragüenses anti-somocistas, de distintas tendencias, viajaron a La Habana, entusiasmados por el triunfo de los revolucionarios sobre Fulgencio Batista.

Ernesto Che Guevara fue encargado de apoyar los esfuerzos de los nicaragüenses en la organización de nuevos intentos guerrilleros contra el dictador Somoza. El Che tuvo que lidiar mucho tiempo con los conflictos políticos que había entre los distintos grupos y las reyertas por el liderazgo. En ese proceso, el Che respaldó la jefatura de Rafael Somarriba (un ex teniente de la Guardia, que se había revelado a Somoza y que se encontraba en el exilio), para que encabezara el nuevo esfuerzo guerrillero que se internaría en Nicaragua desde Honduras. La diferencia ahora era el firme respaldo de la Revolución Cubana, que se expresó de muchas formas: con entrenamiento, dinero y las armas que fueron enviadas en dos aviones C47, que aterrizaron en una pista clandestina. Incluso, en esa expedición participaron varios revolucionarios cubanos.

Durante varios meses se organizó la guerrillera en Honduras con el respaldo del Presidente Ramón Villeda Morales, a escondidas de los militares hondureños proclives a Somoza. Cuando tuvieron las armas, iniciaron un lento avance hacia territorio nicaragüense, recorrido al que, el 21 de junio, se incorporó Carlos Fonseca, quien no había tenido ningún tiempo para entrenarse. Estaban por entrar a Nicaragua, cuando decidieron pernoctar en la parte sur del sitio conocido como El Chaparral, límite territorial entre los dos países, para esperar a un nuevo grupo que se sumaría. Ahí fueron atacados por el Ejército de Honduras, al mando del Capitán Andrés Espinoza, y por el Ejército de Nicaragua.

El combate duró varias horas y cayeron nueve patriotas, incluidos dos cubanos, e hirieron a otros tantos, entre ellos a Carlos Fonseca, quien estaba en tan mal estado que lo dieron por muerto. Los nicaragüenses caídos fueron: Antonio Barbosa, Aníbal Sánchez Aráuz, José Manuel Aróstegui, Manuel Canelo, Manuel Baldizón, Enrique Morales Palacios y Adán Suárez Rivas. Los internacionalistas cubanos caídos fueron: Onelio Hernández y Marcelo Fernández. (Blandón, Jesús Miguel “Chuno”: 2008: pp. 443-467).

Mónica: ¿Cómo supiste que Carlos Fonseca había resultado herido?

Heriberto: Él era un combatiente más que se había sumado al grupo que se movilizaba por Danlí y El Paraíso (Honduras), en los mismos lugares y casas de seguridad donde estaba yo. Cuando salió herido, los estudiantes de Honduras pelearon para que la Guardia Nacional no lo terminara de sacrificar, porque lo miraban muerto. Por la herida que tenía, lo trasladaron a Tegucigalpa, y después a Cuba, pero un año después regresó a formar la nueva organización, llamada Movimiento Nueva Nicaragua.

Oyente: Buenos días, Mónica, habla Gertrudis Palacios. Yo escucho tu programa todos los sábados, y estoy oyendo de los sucesos de El Chaparral, donde murió un primo hermano mío, llamado Enrique Morales Palacios, ingeniero, de 23 años, que vivía en México. Mi familia me entregó documentación muy valiosa sobre los sucesos de El Chaparral, cosas que se desconocen y están muy apegadas a la realidad, porque México fue prácticamente la casa de donde salió toda esta gente del movimiento para Honduras. Estaría en disposición de enseñarte toda la información que tengo para ampliar todos esos sucesos, porque tengo todos los nombres de los compañeros cubanos que venían ahí, de los compañeros heridos, de los muertos, incluso un militar del Ejército hondureño, pagado por Somoza, que hacía labores de seguridad y estaba esperando a la gente que venía.

Mónica: Vamos a buscarte para ver esos documentos, porque es importante reconstruir con toda la base documental más amplia posible, estos datos de la historia. Gracias, Gertrudis, y gracias por escucharnos. ¿Ves que importante es recoger testimonios, Heriberto? Porque todavía la historia está regada en documentos, en testimonios, fraccionada, y es necesario armarla, como un gigantesco rompecabezas de miles de piezas.

Vos ibas en una columna a incorporarte a la guerrilla de El Chaparral y finalmente no pudiste integrarte a la columna principal. Después de eso, en septiembre de ese mismo año 1959, vos te incorporás al Movimiento 15 de septiembre, de Julio Alonso Leclaire ¿Cómo fueron las acciones de ese movimiento?

Heriberto: En el Movimiento 15 de septiembre participaron cincuenta hombres3, siempre sólo hombres. Se le llamó 15 de septiembre por el mes en que fue organizado. Había nueve cubanos de un grupo que vino con una persona que después estuvo presa durante bastante tiempo en Cuba. Lo acusaban de ser agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y fue juzgado y condenado a prisión en Cuba.

Comentario de la autora: Se refiere a Chéster Lacayo, quien después de organizar en La Habana una fuerza de diecinueve cubanos con los cuales supuestamente iba a liberar a Nicaragua, sale en una lancha rumbo a Honduras, donde cayó preso. Luego aparece en Estados Unidos entregando información al Departamento de Estado sobre el involucramiento de Cuba en la expedición a Nicaragua. Chéster Lacayo fue capturado en La Habana, juzgado y condenado por un tribunal a dieciséis años de cárcel. (Blandón, Jesús Miguel “Chuno”: pp. 564-571).

Heriberto: Como parte de ese Movimiento, participé en los combates de Santa Clara, Susucayán y Quilalí. En esos lugares nos tomamos los cuarteles de la guardia y luego hablamos con los pobladores. Dos meses después, hubo retirada a Honduras.

Mónica: ¿Duró dos meses este Movimiento?

Heriberto: Sí. No se pudo avanzar, porque el empuje de la Guardia era demasiado. Concentraban todas las fuerzas posibles donde apareciera algún movimiento y lo aniquilaban. En éste, sólo resistimos dos meses, para volver a salir a Honduras.

En ese momento, paralelo a la salida, se estaba organizando lo de Las Trojes, el Movimiento que se llamó Frente Revolucionario Sandino4, de Alejandro Martínez, su hermano Harold y Edén. Creo que Edén estaba firmemente dirigiendo ese movimiento. En enero y febrero de 1960, hubo un movimiento de unos veinticinco hombres al mando de Heriberto Reyes; entonces, las armas de este Movimiento de Reyes pasaron a ser parte del Frente Revolucionario Sandino.

Mónica: Entonces, ¿vos no participás en el Frente Revolucionario Sandino?

Heriberto: En el Frente Revolucionario Sandino no, ni participé en el ataque a Las Trojes, pequeño municipio del Departamento El Paraíso, Honduras, que entonces pertenecía a Nicaragua y fue parte del territorio en litigio, sino que quedé de enlace en El Paraíso para la gente que venía, para servirles de contacto, de comunicador.

Entre los compañeros que estaban en Las Trojes, estaba Bayardo Altamirano. Luego ellos, en 1960, fueron capturados por el Ejército de Honduras, y hubo una forma de traslado, porque Honduras no los quería tener. Hubo un momento que Cuba dio todas las facilidades para que los trasladaran a Cuba, dieron hasta un avión.

Mónica: Aquí lo importante, Heriberto, es que vos tenés trayectoria desde los catorce años de edad, y te incorporás como colaborador, como contacto y como combatiente en los más importantes movimientos guerrilleros rescatados por la historia, y que son parte esencial de los antecedentes del FSLN. Luego te contactás con Carlos Fonseca Amador y pasás a formar parte de lo que fue la guerrilla de Raití-Bocay5.

El Frente es primero Frente de Liberación Nacional (FLN) y después FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional). Ya estás en la primera acción dentro de la historia del Frente Sandinista, que fue el movimiento de Raití. Contanos de Raití-Bocay. ¿Qué es lo que más recordás de esa jornada? ¿Qué fue lo que más te impresionó?

Heriberto: Lo que más recuerdo son las recomendaciones, casi una orden, de no separarse, y coger el camino que seguimos hacia Raití. Debíamos concentrarnos en Wiwilí, que era donde podíamos tener más ayuda y darle más vida a la guerrilla. Tener más base social en los lugares donde combatió Sandino. Eran las recomendaciones del Coronel Santos López, quien dirigía en ese momento la parte militar, indicaciones y órdenes que no cumplimos.

Mónica: ¿Tuviste tiempo de conocer un poco al Coronel Santos López?

Heriberto: Había un grupo, entre los que estaba Germán Pomares, que nos interesábamos en que nos contara toda su historia, salidas de los combates, formas de organización, formas de hacer emboscadas que, claro, eran los mejores maestros, y por eso tratábamos de hacerlo hablar, que comenzara contando sus acciones y su forma práctica de vencer, porque ellos vencieron, y creo que lo más importante era su dedicación.

A sus cincuenta años había que andarlo cuidando, porque no había otro que nos enseñara la mejor forma de hacer una emboscada. De esos cincuenta años, buena parte los hizo en la lucha guerrillera, y a esa edad ya comienza el cansancio, el sueño, los dolores y los malestares de todo tipo.

Mónica: Cincuenta años bien traqueteados, combatiendo y andando en guerrilla tras guerrilla. Una guerrilla húmeda, con muchos zancudos y muchas enfermedades.

Heriberto: Totalmente a la intemperie, por supuesto, enormes cantidades de zancudos y húmedo, en fin, ¿cuándo iba a estar seco? Porque aunque fuera verano, andás húmedo por el sudor o por la lluvia.

Mónica: Heriberto, en tu biografía decís que en 1965 participaste en una reunión con Silvio Mayorga, Germán Pomares, Chicho Zepeda y otros compañeros en una casa en el Barrio Monseñor Lezcano, donde acuerdan empujar la jornada heroica de Pancasán en las montañas de Matagalpa, y que en ese contexto te envían a buscar a Daniel García, a quien le decían “Wiwilí”, este vivía en San Andrés de Bocay, había participado en la guerrilla de Raití-Bocay, y a localizar unas armas que había dejado escondidas el Coronel Santos López. El compañero “Eulalio” nos contó que una de sus misiones fue trasladar unas armas que habían dejado enterradas en la guerrilla del Patuca (Raití-Bocay). Comentaba que estaban completamente sarrosas. ¿Serían esas mismas armas?

Heriberto: Yo no miré esas armas, pero fueron las que dejó enterradas el Coronel Santos López. En esa reunión de Managua, aquí en Monseñor Lezcano, yo estaba comisionado de ir a visitar a Daniel, “Wiwilí”, porque él sabía dónde estaban enterradas las armas, y que tenía que hacerlas llegar a Matagalpa. Las sacaron, pero no pude verlas. Me quedé hasta cierto punto, pues no podía movilizarme tan tranquilamente, porque habíamos venido de México bajo una amnistía que nos dio el Presidente René Schick, y no podía abusar de ella. Tenía que caminar en las sombras de la noche. Hice tres viajes, no pude encontrar nunca a “Wiwilí”, y total, no fui yo el que sacó las armas, sino que fueron otros que se podían movilizar fácilmente; pero seguro que estaban sarrosas.

Mónica: Cuando escuché hablar de vos, fue en Ocotal; decían que estabas muy enfermo, que tenías un problema en las piernas. ¿Qué era exactamente?

Heriberto: ¡Ah!, es que me había salido una inflamación, una hinchazón en una rodilla. Eso me inutilizó, y ya no me dejó seguir, aunque hice el esfuerzo después para participar en una escuela militar en el cerro El Copetudo, en Macuelizo, en 1975. Debido a mi problema, yo transmitía mis experiencias guerrilleras.

Después de la represión de El Copetudo, logré llegar a Estelí, con Omar Cabezas y Carlos Manuel Morales. Creyendo aguantar, todavía pasé a hacer un trabajo en Yalí; pero cuando habían pasado unos cuatro meses, ya no fue posible continuar. Estaba demasiado hinchado y solicité salir a Honduras.


Parte de la documentación que Heriberto entregó a Mónica:


A mis amigos y compañeros quiero contarles algo:

En 1973, a la edad de 40 años, comencé a sentir que algo raro afectaba mi salud. Cualquier trabajo o ejercicio, por moderado que pareciera, me daba mucho cansancio, inflamación, dolor en los pies y mucho sueño. La receta de los médicos que me atendieron fue la aplicación de anti-inflamatorios y hacer mucho ejercicio. Confiando en que una de las formas de recuperación era el ejercicio, no dudé en seguir de frente en la vida guerrillera y me incorporé en julio de 1975 a la escuela político-militar de El Copetudo, en Macuelizo.

Las seiscientas horas programadas, en los veinticinco días que duró la escuela, las sentí demasiado agotadoras. No por eso dejé de seguir haciendo el esfuerzo por continuar, y apoyado por compañeros de Totogalpa, Somoto, Palacagüina, Estelí y Yalí, pude entrar a la zona montañosa de Jinotega, solamente para darme cuenta, en poco tiempo, que ya no podía continuar en la lucha guerrillera y que tenía que salir de la montaña, aunque no quisiera.

En enero de 1976, con los pies muy inflamados, salí para Honduras, con la idea de encontrar un lugar donde trabajar y producir. Mi conocimiento ha sido la producción en el campo y por eso dirigí mis pasos hacia la zona cafetalera, donde tenía amigos que me darían una mano.

Con el apoyo de don Francisco Romero, de la ciudad de El Paraíso, estaba por formalizar la compra de una finca de café en la localidad Las Champas, frontera con Nicaragua, cuando recibí aviso de que corría el riesgo de ser atrapado por la Guardia de Nicaragua, si no me retiraba rápido de la frontera. Un ciudadano de Ocotal, pariente mío que servía al régimen de Somoza, se había dado cuenta de mi paradero, y solicitó colaboración a las autoridades del Ejército de Honduras, acantonadas en Danlí, para que una patrulla de la GN incursionara libremente a la localidad hondureña Las Champas.

Fracasaron en el intento por atraparme, al no encontrarme en el lugar donde, tres días antes estaba, gracias a la oportuna participación de amigos y compañeros que se movilizaron rápido y así me pude retirar a tiempo, evitando por lo menos haber sido mal matado por la Guardia.

Salí de carrera hacia Tegucigalpa por unos días, mientras me organizaba de nuevo. Moncho Raudales me consiguió trabajo en Danlí, en el mismo aserradero donde él trabajaba, teniendo por lo menos la comida asegurada.

Logré hacer comunicación con unos viejos compañeros de la Jornada de Raití y Bocay, que vivían en Suecia, les expliqué lo que pasaba con mis pies para ver si podían hacer algo por mi causa. Me contestaron diciéndome que habían planteado mi problema en Amnistía Internacional, en Estocolmo, y que Amnistía había aceptado la solicitud de apoyo, y que fuera preparándome para el viaje a Suecia.

Comenzaba el año 1977. Recibí mensaje de unas monjitas representantes de Amnistía Internacional en Tegucigalpa, para tener una entrevista con ellas. Querían saber si estaba siendo perseguido por las autoridades hondureñas, pero también querían saber si estaba en condiciones para viajar, pues el billete de viaje a mi nombre estaba en la Embajada de Suecia, en Guatemala.

Al mismo tiempo de los preparativos del viaje a Suecia, surge la formación del Frente Norte Carlos Fonseca en los primeros meses del año 1977. Logré que hicieran una espera para el viaje y me dediqué a colaborar en la apertura del Frente Norte.

Salí para Suecia a finales de septiembre de 1978, cuando Nicaragua estaba con brotes de insurrección por todos lados. En Suecia fui protegido por la Caja del Seguro Social desde el primer día de mi llegada, y fui también atendido en hospitales donde concluyeron que padecía una polineuritis, con la que tendría que convivir el resto de mis días.

El triunfo del 19 de julio de 1979 sucedió estando yo todavía en Suecia. Se había cumplido la primera parte del esfuerzo de los nicaragüenses después de tantos años de lucha. Somoza y su ejército habían sido derrotados, a continuación vendrían otras tareas que serían impulsadas para la construcción de la nueva Nicaragua.

Al darse el triunfo armado, tenía que decidir si me quedaba a vivir en Suecia o regresar a Nicaragua. Si me quedaba, continuaría disfrutando de las conquistas sociales logradas por los trabajadores de Suecia. Regresar a Nicaragua significaba comenzar a trabajar en el proyecto de la nueva Nicaragua y continuar trabajando sin parar, hasta lograr una vida digna para todos los nicaragüenses, como lo afirmara Carlos Fonseca al dar los primeros pasos en la formación del Frente Sandinista de Liberación Nacional, en 1961.

Opté por regresar a Ocotal, mi pueblo. Traté de trabajar lo mejor posible, pero las dolencias me acosaron. Entonces decidí hablar con los compañeros de lucha de Managua, para pasar a vivir a la capital con miras a seguir insistiendo en lograr curación y a la vez asumir alguna responsabilidad adecuada a mi conocimiento.

Mónica: Pero en 1977 te contactás con Germán Pomares y Joaquín Cuadra, y con todo y la dolencia te integrás al Frente Norte Carlos Fonseca.

Heriberto: Me decía un viejo amigo sandinista que murió en Honduras, Aquilino Moncada –mirando que prácticamente no podía moverme– que el sandinista es como la vaca brava: cuando le sacan un trapo rojo no se detiene, y va de viaje. Así somos los sandinistas –decía– que aunque no pueda, lo quiere hacer.

Así fue que en Danlí, Honduras, un día fui a visitar a una colaboradora, una señora, a una casa de seguridad, y ahí encontré a Joaquín Cuadra y a Germán Pomares. Entonces en ese mismo momento me dicen: –No, no, de aquí vamos juntos, de aquí en adelante vamos juntos, vamos a conseguir unos médicos, te vamos a llevar y te vas a aliviar, te vas a mejorar y vas a ver que vamos bien. En ese momento me hicieron sentirme que tenía que decir “sí o sí”. Podía decir que no, pero pudo más el sí, sin saber a lo que me iba a meter posteriormente. Eso sí fue serio.

Mónica: ¿Tuviste problemas de nuevo con tus piernas?

Heriberto: ¡Ah, sí hasta la cara se me inflamó! Y Pomares me dijo: – Realmente estás muy mal, hermano. Porque hasta la cara la tenía totalmente hinchada.

Mónica: ¿Participaste en las acciones de San Fabián, que realizó el Frente Norte?

Heriberto: No, pero tomé parte en la organización y en el diseño del ataque a Ocotal, porque yo conocía perfectamente la ciudad. Ya no podía estar en la montaña, pero participé porque todavía me sentía útil. Entonces éramos nueve los que nos reunimos por tres días en una casa. Tomaron en cuenta lo que yo decía, naturalmente. Vos sabés, en lo militar se ponen variantes para ver cuál de ellas es mejor y tenerlas como opciones de ataques exitosos. Escogimos una, pero no llegamos a Ocotal por unos problemas que hubo. La idea era que, en cuanto hubiera vehículos, yo viajaría en ellos, porque no podía estar en la montaña.

Mónica: Dicen que vos mandaste a contactar gente colaboradora, como los Martínez.

Heriberto: Ahí lo que pasa es que en 1975 habían echado presa a una cantidad de gente que, en ese momento, se llamaban Guerra Popular Prolongada (GPP). En esas cosas fuimos bien respetuosos con las estructuras de la GPP, y yo, siendo de Ocotal, tenía que hacer una línea separada. Y lo logramos. Reclutamos a Martha Adriana Peralta, y ella hizo contacto con Lucío Martínez; así fue que, aunque éramos Terceristas, entre nuestros colaboradores estuvieron compañeros de la GPP. Lucío Martínez, a su vez, extendió el trabajo a Totogalpa, Jalapa, El Jícaro, y por todos lados, incluso Estelí.

Mónica: Lucío Martínez era un excelente y extraordinario colaborador. En la casa de él, su esposa Petrona, sus hijas Libia, Lucía y Milagros –a quienes visito cada vez que puedo–, pasó mucha gente. Ahí estuvieron Fabio Martínez, Leonel Espinoza, Carlos Manuel Morales, Omar Cabezas, Bayardo Arce y el compañero Manuel Mairena –”Juancito” le decíamos nosotros–, era una casa donde pasó media guerrilla.

Cuando el quiebre de El Copetudo, se desató una represión donde cientos de ocotaleños cayeron presos, y Lucío también. Me acuerdo que cuando lo llegaron a capturar, yo estaba enfrente, en la casa del doctor Saúl López, el hijo de doña Caya. Entonces salí, y vi que iba llegando una patrulla desplegada en posición de combate; pasé entre los guardias con mi pistola en la cintura, sin que lo notaran, y ahí capturaron a don Lucío, lo torturaron fuertemente, incluso creo que le hirieron la lengua. Decían que se la querían cortar y él no habló nada.

Oyente: La otra vez que llegó el ingeniero Bayardo Altamirano, no le dio tiempo de referirse a Eduardo Medina Borgen, quien fue uno de los mejores estudiantes del Instituto Ramírez Goyena, donde fue compañero mío, y reclutado por Carlos Fonseca, que era el bibliotecario. Medina Borgen desde estudiante era casado, tenía hijos pequeños, se fue para México y de allá entró a Nicaragua con un grupo. Lo mataron en El Dorado. Durante la Revolución nunca lo mencionaron.

Otro Oyente: Sólo quería preguntarle al compañero Heriberto si conoció a mi hermano Reyneri Escorcia. Tal vez él tenga conocimiento de donde quedó, porque él quedó en manos del Coronel de la Guardia Nacional, Agustín Bodán, y desapareció. No lo pudimos encontrar. Quiero decirle que, en la toma de Ocotal, yo tuve el gusto de conocer al General Sandino, en la casa de doña Carmen Ponce, madre de Arturo Ponce. Yo sé que él es de Ocotal, yo soy también de allá. Me llamo Ramón Rodríguez, hermano de Susana Rodríguez.

Heriberto: Mucho gusto y un saludo. Referente a Nery, él murió en El Guano, por Yamales, con Manuel Pastrana, quien lo reclutó.

Oyente: Sí, lo hemos buscado, y es imposible encontrar sus restos. Adelina, la mamá de él, murió, y no pudo encontrarlo.

Mónica: Gracias, don Ramón, por su importante llamada. Como con Reyneri así pasó con los muertos de la Masacre de Batahola, en donde cayó mi hermana Zulema; con Mary y Felipe Barreda, asesinados por la Contra en Honduras, y no se han podido encontrar sus restos, como el del propio Sandino. Lo más importante, aunque hay que seguirlos buscando, es ser fieles a esa sangre, a ese ejemplo, y asumir el reto de seguir luchando por el sueño de transformar Nicaragua, en una Nicaragua para todos y no para unos cuantos.

En este programa hay muchos compañeros que nos llamaron, preocupados por el tema de la unidad, ¿cuál es tu opinión sobre todos estos conflictos que se están viviendo hoy en el FSLN?

Heriberto: El revolucionario es capaz de resolver todos los problemas por incómodos que sean, y más temprano que tarde tendrá sus frutos positivos.

Mónica: La única posibilidad es la unidad, pero no una unidad cualquiera, sino una unidad sin exclusiones, aunque tengamos opiniones diferentes.

Heriberto: Exacto.

Mónica: Nos costó bastante conquistar la libertad para hablar. Antes no podíamos hablar sin que estuviéramos expuestos a cárcel, al destierro o a la muerte. La Revolución Sandinista fue la que trajo la libertad real de opinión. Independientemente de que en los años 80 haya existido un período de censura –una de las cosas más cuestionadas de la Revolución– no se puede negar el hecho histórico de que la Revolución trajo la libertad para decir y opinar, para no callarse cuando uno cree algo.

La palabra disciplina, si la buscás en el diccionario, quiere decir obediencia, ¿y la palabra libertad? Tiene que haber un equilibrio entre disciplina, libertad de expresión, libertad de conciencia y principios; porque si vos le das todo el peso a la disciplina, entonces ya no somos una organización política, ni un partido político, sino que somos una organización castrense, ¿no?

Heriberto: Si, yo así lo creo, porque se tendría que aceptar todo lo que emane de la organización, y tiene que ser así como disciplina partidaria. Lo que pasa es que nosotros entendimos la disciplina a todo aquello que estaba en bien y protección de nuestra línea revolucionaria, ¿no es así? No es la protección de los individuos, sino del Programa, del proyecto revolucionario, que es nuestro; y entonces, a ése es al que le debemos disciplina, con una dirección por supuesto, que son los compañeros designados para los cargos de dirección.

Mónica: Sí, eso es cierto, lo principal es la disciplina al Programa, la disciplina a los principios, no a las personas, porque las personas nos podemos equivocar. La disciplina es consciente, porque no podés hacer algo que no pase por tu conciencia. Porque estamos en una organización política. Y así era aún en tiempos de la organización guerrillera, que combatíamos bajo disciplina militar, era una disciplina crítica. Te doy un ejemplo: en 1977, Pedro Aráuz Palacios nos re-juramentó, tuvimos que confirmarnos. Nos dijo que el que no quisiera seguir, lo podía sacar sin sanciones, y así sacamos a varios compañeros al exterior.


Parte de la documentación que Heriberto entregó a Mónica:

Tratando de resolver la cuestión económica, en 1993 decidí trasladarme a León, donde la vida es más barata que en Managua. Llevé el ganado, instalando el ordeño en un lugar llamado Abangasca Norte, a ocho kilómetros de la ciudad de León, con la desventaja de tener que andar alquilando rastrojos para alimentar el ganado.

En 1998, los estragos causados por el huracán Mitch me dejaron en muy malas condiciones. Murieron reses arrastradas por violentas correntadas. La producción de leche quedó casi en cero, y se adelgazó lo que quedó de ganado. Tuve que recurrir a la ayuda de un amigo de Estelí para llevar el ganado a que se recuperara en su finca, donde cuatro meses después estaba restablecido. El amigo de Estelí no insinuó que me fuera de su finca, pero yo no debía abusar de su confianza. Bastaba con haberme sacado de un momento crítico. Decidí vender lo que tenía de ganado.

La nueva modalidad económica neoliberal no apoya el crecimiento económico en el agro, puesto que los negocios de los bancos son las inversiones de capital a corto plazo y con intereses muy altos, lo que no está al alcance del ritmo de crecimiento en el campo. Por esa razón yo no podía intentar hacer ningún compromiso por la obtención de alguna propiedad por pequeña que esta fuera, porque trabajaría para el banco.

Tomando en consideración que andaba casi en los setenta años, cuando las enfermedades a esta edad aparecen como salidas de la nada, más el eterno padecimiento de mis pies, me incliné por la decisión de usar el dinero de la venta del ganado para proporcionarme yo mismo una renta mensual por un lapso de tiempo de tres años, creyendo encontrar en ese tiempo una salida satisfactoria a la continuación de una vida sin estrechez económica. En esa espera terminé mis reservas sin poder encontrar solución alguna.

Mónica: Heriberto, para cerrar, contamos que hacés ahora. ¿Tenés un terrenito?

Heriberto: Sí, seguro, ahí lo que estoy haciendo es sembrando arbolitos cada vez que puedo, ya que el árbol es vida. Claro, todavía me siento útil en esta sociedad.

Mónica: Heriberto, vos con semejante trayectoria, con semejante historia, con una vida que llevás tan llena de humildad, ¿qué mensaje querés mandar a los oyentes?

Heriberto: Yo lo he pensado, y lo que puedo decir es que en estos tiempos en que nos ha metido el capitalismo, donde el mercado es el papá de todo, se está viendo que no se ha resuelto ningún problema. Más bien es peor. Lo que se promueve es el consumismo. Cada vez es peor. Fíjate, la comida es la vida, y es lo que más están descuidando: hay pocas habilitaciones y ayuda para que el campesino tenga la oportunidad y el apoyo y pueda sembrar, para que todos tengamos comida.

Es peligroso que dentro de un tiempo nos empujen a salvar a la nación, y mi mensaje sería que como revolucionarios debemos incorporarnos a una lucha por nuestro futuro, eso es lo que puedo decirles en pocas palabras.

Mónica: Tenés cincuenta años de lucha revolucionaria, desde aquella vez que fuiste correo de Raudales. Ahora ya tenés sesenta y siete años y ¡hablás de lucha todavía!

Heriberto: Es que tiene que haber lucha siempre. No hay que rendirse nunca, porque las necesidades son iguales o peores. Parece que vamos a morir luchando.



29 de enero del 2000





NOTAS


1 La guerrilla de Raudales estaba integrada por el Coronel Julio Alonso Leclaire, Jefe del Estado Mayor; Coronel EDSNN Heriberto Reyes, Jefe de Operaciones; Coronel EDSNN Hilario Salinas, Capitán Manuel Baldizón, Teniente Luis Moncada, Adolfo Evertz, Ramón Romero, Klaus Khül, José de la Cruz Maltés, Ramón Morán, Manuel Raudales, José Melgar, Alberto Rodríguez Rugama, Miguel Ángel Talavera, Apolinar Carcenas, Mercedes López, Santos Teófilo García, Francisco Raudales, Alcides Granera, Julio Velásquez y Mario Avilés, entre otros. El General Raudales fue herido en una de las acciones, y falleció días después. (Barbosa: 2009: pp. 263).

2 Olama y Mollejones: guerrilla conservadora de mayo de 1959, dirigida por Napoleón Ubilla Baca, Enrique Lacayo Farfán, Luis Cardenal, Reynaldo Antonio Téffel, Freddy Hernández y Pedro Joaquín Chamorro. En Punta Llorona, Costa Rica, instalan el campamento de entrenamiento de donde sale la invasión hacia Nicaragua. (Barbosa: 2009: pp. 264).

3 Entre sus integrantes se encontraba Julio C. Molina, Julio Velásquez, Bayardo Altamirano, Heriberto Rodríguez, Renán Montero, William McCoy, Pedro Pablo Ríos, César Cortés, entre otros. El jefe guerrillero, Julio Alonso Leclaire, murió en combate. (Barbosa: 2009: pp. 263).

4 Se forma en 1959, en Guadalajara, México. Es el primer movimiento guerrillero que toma el nombre del General Sandino. Lo integran, entre otros: Alejandro Martínez, Harold Martínez, Edén Pastora, Leónidas Rodríguez, Santiago Mateo Jirón, Hugo Cuadra, Rogelio Hernández, Porfirio Molina, Pedro Pablo Ríos, Justino Ruiz, Francisco Bazanta, Virgilio Godoy, Bayardo Altamirano, Julio Alonso, Juan José Ordóñez, Luciano Vílchez, Renán Montero. (Barbosa: 2009: pp. 274).

5 En 1963, y después de preparar durante dos años a un destacamento en las montañas de Patuca, Honduras, se realiza esta primera experiencia guerrillera en Bocay, Raití y Río Coco. Realmente, fue un revés militar, pero permitió que el FSLN abandonara la táctica de invasiones desde el exterior. (Barbosa: 2009, pp. 275).


Últimos comentarios del relato
  • ariel :

    La forma de morir de este luchador increíble (Heriberto) es propiciada pr el egoísmo que como malnacido virus permeó la mísitica revolucionaria de muchísimos de nosotros, para ese año 2003 incontables compañeros tenían medios materiales para resolver la situación de Heriberto. Faltó voluntad humana..revolucionaria.

    21 Nov, 13

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